Cuando era pequeño -de edad, que de estatura jamás lo he sido -mi padre me regaló, entre muchos otros libros, una colección de cantares de gestas de Ramón Menéndez Pidal. La obra era fenomenal.
Siglo IX de nuestra era. Los vikingos llevaban varias décadas devastando las costas de Europa. Su horror se propagaba; su leyenda de muerte pagana recorría Europa de extremo a extremo acrecentada por el odio visceral que les profesaban los monjes y sacerdotes cristianos.