Orígenes de la Revolución Industrial Inglesa

Sin respuestas
eljoines
Imagen de eljoines
Desconectado
Dictator-Administrador
Admin ForoModerador
Desde: 25 Ene 2015

Autor:              jBismarck

 

El desarrollo del capitalismo financiero, la necesidad de dar empleo a los capitales y de obtener materias para el tráfico de mercaderías, habían transformado la industria artesana medieval. El siglo XVIII es el de la introducción del maquinismo en el proceso de la producción industrial. Donde las innovaciones técnicas se observaron prioritariamente fue en la industria inglesa de los tejidos de algodón: el primer progreso técnico se produjo cuando Kay descubrió la lanzadera volante que abreviaba en la mitad el tiempo requerido para tejer una pieza. Luego Crompton lograba producir un hilo delicado para poder tejer las más finas muselinas. Finalmente en 1785 Cartwrig creaba un telar aplicando todas las innovaciones. Pero la revolución maquinista consistió en la aplicación de la fuerza del vapor de agua a esta máquina, esto fue perfeccionado por James Watt. Otro adelanto importante fue la sustitución de la madera por la hulla en la fundición de metales. A fines del siglo XVIII el industrial se vuelve comerciante. El mismo se preocupa de hallar mercados y de comprar las materias primas que le son necesarias; establece sucursales y puestos de venta; pide préstamos a los bancos. En resumen la industria pasa a dirigir la vida económica.
 
 
Autor:      Histoconocer
 
 
Las últimas décadas del siglo XVIII y primeras del siglo XIX suponen la aparición, sobre la superficie de la tierra, de formas de vida radicalmente nuevas que son producto de las profundísimas transformaciones semejantes a las que tuvieron lugar con el descubrimiento de la agricultura. Una sociedad industrial es aquella en que la energía es proporcionada por máquinas, y no por músculos humanos o animales, ayudados por turbinas y por la fuerza del viento actuando sobre aspas de los molinos. Las consecuencias son enormes. En este escrito se verá la manera como la revolución industrial modificó el comportamiento de los seres humanos de forma radical, introduciendo un proceso de crecimiento económico autosostenido. También se verá las profundas transformaciones sociales que se produjeron en consecuencia y como esa transformación llegó también a suponer la presencia sobre el planeta de más seres humanos, como resultado de la mejora de las condiciones higiénicas y la mayor producción de alimentos.

 

¿Por qué comenzó en Inglaterra la Revolución Industrial? No hay razón alguna para suponer que los ingleses fuesen individualmente más inventivos, imaginativos o laboriosos que sus vecinos del continente. La explicación radica en la combinación de condiciones sociales, económicas, políticas, legales y psicológicas que hicieron de Inglaterra un país único.

 

Inglaterra era el país más rico de Europa per capita con la excepción de Holanda, ya antes de la industrialización. Sus pobres, aunque numerosos y miserables, lo eran menos que los pobres del continente.

 

Los salarios eran altos, comparados con los niveles del siglo XVIII. Había una clase próspera y experimentada de comerciantes, que se fortalecía gracias al comercio interior y a unas exportaciones cada vez más cuantiosas.

 

La agricultura era productiva y la tierra pertenecía a pocas personas y los propietarios podían elegir como  granjeros a los mejores. Muchos propietarios eran suficientemente ricos para poder hacer inversiones de capital en sus terrenos (introducción de nuevas cosechas,  cría selectiva de ganado, etc.) y todo ello requería un desembolso inicial de dinero.

 

En Inglaterra, donde el Parlamento era soberano  y los propietarios controlaban ese Parlamento, pudieron extinguír los antiguos derechos señoriales y comunales. El aumento de producción de artículos alimenticios no solo enriqueció a los terratenientes, sino que permitió que la población aumentase sin empobrecerse, e hizo posible el mantenimiento de una creciente fracción de la población dedicada a otras ocupaciones.

 

Las formas de gobierno y las leyes favorecían la actividad económica. Los ricos terratenientes pagaban una gran proporción de los impuestos, sin los privilegios de que gozaban en la mayor parte de Europa. Se fundo el Banco de Inglaterra que contribuyó a proporcionar una base de estabilidad fiscal que favorecía las iniciativas privadas. Además Inglaterra nunca tropezó con la bancarrota en que acabó hundiéndose la monarquía francesa.

 

Las guerras no se libraban en su propio territorio y se libró de los daños en la agricultura. El país se unificó y no había tarifas interiores. A pesar de su corta población, en comparación de Francia, presentaba el más amplio y libre comercio nacional de Europa. A partir de 1700 hubo una gran mejora de carreteras y en la construcción de canales.

 

La existencia de una amplia clase media, con muchos miembros de la clase trabajadora por encima del nivel de pobreza, significaba un mercado potencial para los artículos de consumo corriente y de uso diario como el vestido y el menaje del hogar. Se aumentaba la población, pero sin perder el nivel de vida. Sus colonias importaban también de Inglaterra muchos artículos corrientes como tejidos y ferretería.

 

La industrialización comenzó en Inglaterra, a causa de las mejoras en la producción de objetos corrientes de amplia utilización práctica, y en especial con la producción de tejidos de algodón.

 

 

 


 

DEMOGRAFIA:

 

 

El siglo XIX puede considerarse como la época histórica en la que triunfa el hombre europeo, de tal forma que algunos historiadores se atreven a afirmar que la historia universal, de ese siglo, es la historia de Europa. Este triunfo puede explicarse por varios motivos, tales como el progreso técnico, la superioridad de las armas, el desarrollo de la economía, la confianza absoluta en la superioridad de su civilización, etc. Pero todos los acontecimientos políticos y sociales ocurridos durante el siglo XIX, residió en el crecimiento de la población europea.

 

A lo largo de todo el siglo la población europea creció más del doble, siendo su tasa de crecimiento superior a la de la población mundial. Lógicamente ese crecimiento no fue igual en todos sitios. En Rusia y Gran Bretaña la población se triplicó, mientras que en Irlanda incluso descendió.

 

Este crecimiento se basó, fundamentalmente en una disminución continua de la mortalidad. Este descenso de la mortalidad se debe a los progresos de la medicina y de la higiene.

 

En la primera mitad de siglo se descubrió la vacuna contra la viruela y en la segunda mitad, se utilizó por primera vez la anestesia. También los trabajos e Pasteur y Koch produjeron una revolución microbiana y a partir de ese momento se supo el origen de muchas enfermedades y estas perdieron el carácter misterioso que poseían.

 

A principios del siglo surgió la polémica sobre la naturaleza contagiosa de las enfermedades y a medida de que se fue imponiendo que la mayor parte de esas enfermedades eran contagiosas, se intentó limitar su difusión por medios higiénicos.

 

En el siglo XIX se transformó los hospitales, se practicó la desinfección de los lugares habitados por enfermos, se multiplicó las medidas sanitarias preventivas, como la cuarentena. Hubo una mejora en la higiene de las calles mediante la construcción de redes de alcantarillado, se hizo un esfuerzo `por crear un sistema de agua potable en la ciudades, etc.

 

No obstante no se pudo vencer algunos males ancestrales como la mortalidad infantil, las hambres y las epidemias. La mortalidad infantil fue extremadamente importante y se explica en parte por la mediocridad de la higiene alimenticia de los niños, al no ser hervida la leche de vaca para los biberones y era el causante de numerosas enfermedades  gastrointestinales que hacían auténticos estragos durante el verano. Esta mortalidad alcanzaba principalmente a las clases populares y en especial a la beneficencia pública.

 

La disminución continua de la mortalidad se vio también perturbada por las persistencias de las hambrunas. Europa conoció las últimas hambrunas durante ese siglo. La más celebre fue la que sufrió Irlanda de 1846 a 1848 y que provocó una gran ola migratoria hacia los Estados Unidos.

 

También jubo epidemias y entre ellas destaca la del cólera, mal nuevo particularmente temible. La opinión pública estaba impresionada por loa velocidad de propagación en una época en que las relaciones se multiplicaron y también por los estragos que hizo en el medio urbano. A pesar de la vacunación, todavía persistía la viruela. Esta enfermedad produjo mas víctimas que el cólera, pero al ser mejor conocida su causa, el impacto sobre la opinión pública fue menor.

 

Con respecto a la natalidad, había algunos países como Gran Bretaña y Francia que experimentaron un descenso.

 

Una parte considerable de la población se concentraba en las ciudades, dando lugar a la urbanización. Lo típico de la urbanización contemporánea es que la ciudad y en especial la gran ciudad, rompe sus lazos con el campo.

 

Las causas que explican el crecimiento de las ciudades son múltiples y variadas. Lo más típico del siglo XIX es la ciudad fábrica, como Manchester, una ciudad que creció debido a la presencia de industrias, vamos a la industrialización. También puede deberse al comercio, como ocurrió con Marsella que gracias a su puerto quintuplicó su población en un siglo. Pero no siempre se debe astas causas como ocurrió con Burdeos. Allí se debió a la presión demográfica que se ejerció por las zonas circundantes.

 

En la población urbana la miseria es mas evidente que en la población rural. No solo porque en el campo la miseria está especialmente diseminada, sino porque la ciudad recoge a los pobres que ya no tenían la posibilidad de encontrar medios de vida en el campo. Además el obrero sufría el subempleo tanto por falta de trabajo como porque este era irregular. En la industria textil, solo cuando el dueño tenía los pedidos en firme es cuando se distribuía el trabajo. En las minas o fábricas toda disminución de gastos se traducía en el despido de obreros. El trabajador de origen rural no estaba preparado para soportar una disciplina constante y un horario de trabajo y los patronos se quejaban del absentismo y de la movilidad de la mano de obra. Todo ello confluyó a acrecentar la irregularidad de los salarios.

 

Las clases populares vivían al margen de la ciudad y su instalación tenía algo de provisional. Vivían en cuchitriles y no se podía hablar de vivienda, el hacinamiento era extremo, la higiene inexistente. La alimentación popular era deplorable, el agua raramente era potable. Los poderes públicos eran conscientes de esta falta de higiene y se esforzaron por vigilar los mataderos y por hacer desaparecer a los vendedores de las calles. Las clases populares estaban a merced del accidente o de la enfermedad. Esta suponía no recibir ningún salario.

 

Todo ello fueron los motivos para el alcoholismo, la mendicidad, la prostitución e incluso el crimen. La consecuencia más lamentable fue el aumento de la natalidad ilegítima y con los tornos en las fachadas de los hospicios, la sociedad facilitaba el abandono de estas criaturas que estaban predestinadas a una muerte cierta.

 

La burguesía urbana pasaba de lado junto a esta miseria. Se protegía de esos peligros retrayéndose en sus inmuebles y veía el mal donde fundamentalmente había miseria y pobreza.

 

El crecimiento de una población no depende exclusivamente del crecimiento natural, diferencia entre nacimientos y defunciones, sino también de las migraciones. Se calcula en unos 40 millones de emigrantes los que abandonaron Europa desde 1800 hasta 1930, aunque no siempre fue constante y esa evolución se explica principalmente por la revolución de los transportes. La expansión de los ferrocarriles europeos permitió una mayor movilidad dentro de Europa. El viaje por mar fue más fácil y cómodo desde mediados de siglo por la creación de las primeras compañías inglesas de navegación a vapor. En Canadá y Estados Unidos la recepción de los emigrantes fue favorecida por el tendido de las nuevas líneas férreas  transcontinentales.

 

Esta enorme masa de emigrantes provenía fundamentalmente del Reino Unido y en menor escala de Italia, Alemania, Austria-Hungría y Rusia. En cuanto a la emigración española y francesa es casi testimonial, en comparación con las anteriores. La mayor parte de estas personas fueron acogidas por Estados Unidos con más del 75%, después Canadá con un 7%, el resto fue la América latina.

 

Las causas de los movimientos migratorios son varias y complejas. La emigración pudo  tener un motivo estrictamente demográfico, como en Italia. También hubo un factor económico, la dificultad de hallar  trabajo en su país de origen, el deseo de encontrar una buena posición económica, el probar fortuna. También se justifican por la evolución hacia una liberización de las sociedades europeas, al ceder las viejas estructuras de las sociedades rurales, los hombres fueron muchos mas libres para desplazarse; tal y como ocurrió en Rusia al abolirse la servidumbre.  

 

Ciertos Estados enviaron lejos de su territorio a aquellas personas consideradas indeseables, por ejemplo a Australia o a Argelia. También, aunque no hubo persecuciones religiosas graves, también los judíos de Europa central y oriental huyeron de sus países para escapar de las persecuciones y, después de una breve estancia en Inglaterra, se instalaron en Estados Unidos.

 

La inmigración plantea un problema de historia social muy interesante, el de la asimilación del emigrante en la nueva comunidad nacional. Como es lógico hay de todo, desde el rechazo total hacia el inmigrante, como el de la actitud francamente acogedora de otras comunidades. Desde el punto de vista del inmigrante pasaba lo mismo, el del aislamiento total o el de la rápida asimilación.

 

El mejor medio para lograr una permanente asimilación de los inmigrantes fue la obligatoriedad de la escolarización, ya que los niños see integran más fácilmente que las personas adultas.
 
 
ECONOMIA

 

 

Este periodo está claramente encuadrado entre dos revoluciones industriales: la primera comenzó en Inglaterra en la segunda mitad del siglo XVIII desde donde se extendió al resto de los países europeos. La segunda se inició hacia 1870 y está señalada por nuevos descubrimientos científico-técnicos. Los caracteres fundamentales de la vida económica durante esta época vienen señalados por el despegue económico y la transformación del modo de producción.

 

Desde el Neolítico la humanidad no había experimentado una transformación tan fuerte como la que se produjo en esta época cuando el hombre comenzó a ser sustituido por la máquina. Aunque siempre los inventos habían tendido a disminuir el trabajo de los hombres, nuca se habían unido como en este periodo para reducir el esfuerzo humano produciendo una masa continua de objetos fabricados.  El fenómeno que explica todo eso sería las nuevas fuentes de energía y el maquinismo.

 

Antes de la primera revolución industrial las fuentes de energía básicas eran la humana y la animal, también se aprovechaba la hidráulica y el viento, pero eran sus aplicaciones limitadas. Con el descubrimiento de la energía liberada por la combustión del carbón se abrió una auténtica nueva era para la Humanidad y el material clave de los nuevos tiempos seria el hierro.

 

Hacia finales del siglo XVIII una serie de inventos, producto de la práctica mas que de las teorías científicas, aportaron al desarrollo de la Humanidad unos artefactos nuevos: las maquinas. El maquinismo iba a transformar por completo los sistemas de producción, primero por su rapidez en la fabricación de los productos y en segundo lugar porque funcionarían con energía natural. La innovación de mayor trascendencia fue el descubrimiento de la máquina de vapor por James Watt en 1769. La combinación de los nuevos recursos energéticos y el empleo de las máquinas modificaron las condiciones del modo de producción de una forma revolucionaria.

 

El sector económico predominante no fue la agricultura ni el comercio, sino la industria; una industria que necesitó cada vez mayores sumas de capitales y de obreros, originando una concentración de la vida económica al reunir en torno a unos cuantos núcleos industriales una gran cantidad de mano de obra. Del desarrollo de la industria dependieron, en buena medida, el de la agricultura, de la que se obtenían materias primas, y el del comercio, que repartía los productos fabricados.

 

Se cambió la herramienta por la máquina. La era del maquinismo ha tenido consecuencias de muy diversa índole para el desarrollo de la Humanidad. Por una parte se va a experimentar un gran avance en la producción, pues la máquina fabrica con mucha más rapidez que los hombres, pero también a una enorme deshumanización, pues cada vez se necesitaba menos una habilidad especial para el desarrollo de las diversas tareas, como era el caso de la artesanía, de forma que el obrero se iba a sentir ajeno a lo que realizaba al no participar en la organización de la producción y al no poder aportar nada humano en su labor, y por lo tanto se vio convertido en una pieza más del mecanismo de la producción. Las relaciones entre el empresario y el trabajador, agravadas por las duras condiciones laborales que se implantaron, provocaron hondos conflictos sociales y afectaron incluso a las mentalidades.

 

El desarrollo que logró la economía se manifestó en la enorme multiplicación de los productos de toda clase; al existir muchos bienes y permanecer mas o menos constantes los medios de pago, posprecios tendieron a bajar a lo largo del todo el siglo XIX. Este movimiento no implico el bienestar de todos los grupos sociales, aunque la revolución industrial permitió mejorar la alimentación y la vida de millones de seres humanos.

 

Durante toda esta evolución hay que destacar la importancia que alcanzaron las crisis. En este nuevo sistema económico se conocieron con una periodicidad casi regular una serie de crisis que condujeron al paro, a la baja de producción, a la bancarrota, etc. Estas crisis periódicas ya eran conocidas con anterioridad y eran consecuencia por alguna catástrofe agrícola. La diferencia con las ocurridas en el siglo XIX es que durante ese siglo las dificultades en las cosechas (normalmente sequías) provocaban la subida del precio del pan y eso hacía que gran parte de la población no pudiera emplear el dinero en productos industriales, con lo que las fábricas se veían obligadas a bajar la producción o cerrar con el consiguiente despido de obreros. Solo los dueños de grandes propiedades podían salvarse y a veces con ganancias ya que sus reservas y excedentes les permitían vender más caro los productos que entonces escaseaban.

 

También comenzaron a ser frecuentes en Inglaterra las crisis cíclicas en los sectores fabriles y financieros. En la década de los años 30 de ese siglo se empezó a reconocer que estas crisis eran un fenómeno periódico y regular, al menos en el  comercio y las finanzas y se atribuían a errores particulares de los hombres de negocios o a interferencias extrañas en las operaciones de la economía capitalista. A mediados de siglo los ideólogos socialistas convirtieron estas crisis en una pieza clave de su crítica al capitalismo al considerarlas como dificultades internas del sistema.

 

Europa siguió siendo un continente rural y el paisaje agrario permaneció inalterado. La tierra era la fundamental fuente de riqueza, y la preocupación por la lucha contra el hambre hizo que la agricultura fuera eminentemente cerealista. Utilizaba métodos arcaicos como dejar la tierra en barbecho cada tres años o emplear el ganado exclusivamente como fuerza de trabajo o para aprovechar sus excrementos como abono.

 

Sin embargo esta agricultura experimentó unas transformaciones lentas pero importantes hasta el punto deque puede hablarse de la existencia de una revolución agraria. La innovación más importante, que se expandió primero en Inglaterra, fue la introducción de plantas escardadoras, ricas en nitrógeno. Tuvo la doble ventaja de suprimir el barbecho y de alternar sobre el mismo suelo el grano de la alimentación humana con los forrajes destinados a la alimentación del ganado.

 

La segunda innovación consistió en la difusión de plantas que hasta entonces estaban muy localizadas como la patata y el de la remolacha. La tercera transformación fue el avance de la técnica aplicada al campo. En el utillaje agrícola los nuevos arados se introducían más profundamente en el suelo y la cosechadoras fueron extendiéndose lenta y paulatinamente; los progresos de drenaje de las tierras pantanosas y una nueva etapa se preparaba gracias al progreso de la química, en particular los trabajos sobre la composición del suelo, aunque los abonos químicos estaban todavía lejos.

 

Estas innovaciones tuvieron consecuencias importantísimas ya que permitieron intensificar los rendimientos, especializar cada región en lo que podía producir mejor y comercializarlo, liberar a la ganadería, que hasta entonces estaba dedicada al cultivo, especializándola en la producción de lana, carne y leche.

 

Lógicamente la revolución agraria se llevó a cabo mas lentamente que las innovaciones industriales y además muy desigualmente repartidas en la diversas regiones de Europa, porque la difusión de las innovaciones era  tributaria de los medios de comunicación y del régimen social. En primer lugar Inglaterra donde se reemplazaron los campos abiertos sometidos a las antiguas costumbres aldeanas por campos cerrados donde el propietario era el dueño absoluto. Los ricos propietarios agrícolas, poseedores de grandes dominios y de importantes capitales, siguieron de cerca las investigaciones de los agrónomos y la aplicaron con presteza en sus tierras.

 

Una segunda región estaba al este del Elba donde los junkers prusianos o rusos mantenían un riguroso control sobre sus campesinos y siervos. En Francia y el oeste de Alemania predominaba la pequeña propiedad y, aunque, el campesino gozaba de una mayor libertad, permanecía fiel a sus costumbres debido a la falta de dinero y de instrucción. Por último en la Europa mediterránea los grandes propietarios ociosos e indolentes abundaban, reinando la tradicional pobreza campesina, salvo excepciones como Cataluña y el valle del Po.

 

Los radicales cambios de las técnicas artesanales tradicionales por la concentración de los obreros en fábricas y la utilización de un material costoso justifican el término de revolución industrial para designar el proceso de producción originado por estos factores. Esta revolución  tardó los dos primeros tercios del siglo y fue la lucha constante y desesperada del artesano contra la máquina.

 

La primera fase  estuvo dominada por la utilización de la fuerza hidráulica y las transformaciones de la industria textil y ello ocurrió en Inglaterra. La segunda se caracterizó por el avance de estas transformaciones en el continente, mientras Inglaterra entraba en la era del vapor.

 

Estas transformaciones necesitaron importantes sumas de capitales, pero el periodo posterior a 1815 no era muy bueno para eso, ya que la producción de metales preciosos era escasa. Sin embargo, en Inglaterra, poseía importantes disponibilidades debido a varias razones como por ejemplo por los ingentes beneficios obtenidos por el desarrollo del comercio en el siglo XVIII. En segundo lugar, el gobierno, gracias a la recaudación de impuestos, que incidían sobre los asalariados, pudo devolver a las clases acomodadas los préstamos recibidos durantes las guerras napoleónicas, lo que supuso un flujo constante de capitales en el mercado. Además, la existencia de una red de Bancos locales permitió la concesión de préstamos a los industriales y gracias a las relaciones de estos Bancos entre sí, el capital británico tuvo una movilidad que no existía en ninguna otra nación.

 

Esta facilidad de encontrar fondos permitió las inversiones en las industrias, los bajos intereses en los préstamos, la exportación de capitales al continente y en especial para la constitución de sociedades para la construcción de ferrocarriles y sobretodo reunir en grandes fábricas a la masa de campesinos que proporcionaron una mano de obra baratísima a los fabricantes.              

 

Durante la primera mitad del siglo XIX, la revolución industrial, se fue extendiendo a otros países del oeste de Europa, pero todos ellos con retraso frente a Inglaterra. Fue siempre la industria textil y la metalurgia donde se realizaron los primeros progresos, pero fue la construcción del ferrocarril lo que constituirá el acontecimiento decisivo para la formación de empresas capitalistas. La Europa mediterránea a este movimiento fue muchísimo más lenta y solo a partir de mediados de siglo, algunos núcleos, como Lombardía, País Vasco y Cataluña lo hicieron, mientras el resto permaneció estancado en las tradiciones rurales. En Europa oriental la sociedad tenía un enorme retraso y parecía estancada en la Edad Media con una burguesía casi inexistente.

 

El progreso conseguido por los transportes en la segunda mitad del siglo XIX hizo más activos los intercambios. Se desarrolló y perfeccionó la construcción de carreteras y canales y aparecieron dos nuevos medios de locomoción como fueron la navegación a vapor y el ferrocarril. Además el telégrafo permitió la transmisión de noticias de manera instantánea, además de otras innovaciones.

 

En 1830 se completó la red de construcción de canales, no solo asegurando la comunicación entre los estuarios y los grandes centros industriales, sino también el transporte de materiales pesados como el carbón y el hierro. En Francia y Bélgica la red de canales fue ampliada a la vez que numerosos cursos de agua fueron habilitados para permitir la navegación fluvial. En Alemania todos los proyectos fueron obstaculizados por el particularismo local, mientras en otra red fluvial natural como el Elba, las múltiples aduanas y la diversidad de impuestos impidieron las comunicaciones. Todo ello fue por la división en múltiples Estados en que estaba dividida Alemania.

 

Paralelo al desarrollo de la red de carreteras, el progreso técnico desembocó en la generalización de la calzada convexa e impermeable. Ello supuso con se construyera la vía en función del tráfico en lugar de construir los vehículos según el estado de las carreteras que debían utilizar, también la velocidad alcanzada por las diligencias. Fuera de Europa occidental estos progresos fueron inexistentes.

 

La navegación a vapor se extendió rápidamente desde Estados Unidos a Europa. Aunque hasta 1838 no se realizó la primera travesía oceánica, los buques de quilla alargada y velamen múltiple, siguieron dominando el mar porque el vapor fue considerado como un elemento auxiliar debido a la enorme reserva de carbón que exigía y a que no se había generalizado el empleo de la hélice. Fue la apertura del canal de Suez lo que ayudó a la implantación definitiva de la navegación a vapor ya que la ausencia de vientos hacía impracticable la navegación por el Mar Rojo.

 

Pero el fenómeno más trascendente fue la aparición del ferrocarril, fruto de la unión de dos inventos: el rail que permitió el fácil desplazamiento sobre una superficie lisa, y la locomotora, el vehículo movido por el vapor. Cinco años después de su aparición, se dieron las primeras soluciones para los problemas de las pendientes como eran los túneles y los viaductos. La importancia del ferrocarril fue enorme puesto que modificó la economía de muchas zonas que sustituyeron una economía cerrada, sin intercambios de productos, por otra economía especializada gracias a lo cual no fue preciso que cada comarca produjera todo lo necesario para vivir, sino solamente aquello para lo que su suelo, su clima, su materia prima o su mano de obra estuvieran especializados, pues el ferrocarril aseguraba que en poco tiempo saldrían los excedentes y se recibirían los bienes precisos. No solo el campesino empezó a modificar su mentalidad, sino que cambió las guerras al permitir el traslado de ejércitos en un tiempo breve. La expansión del tendido ferroviario impulsó también el desarrollo económico debido a que para llevarlo a cabo se requería la fabricación de raíles, locomotoras, vagones y una mano de obra abundante. Se puede decir que el ferrocarril fue el eje económico de la segunda mitad del siglo XIX y por lo tanto el principal motor de la segunda revolución industrial.

 

El correo se desarrolló en proporciones fantásticas al asegurar el Estado, este servicio. El aumento de la velocidad de las comunicaciones fue también posible por el desarrollo del telégrafo eléctrico y este sistema se extendió rápidamente por todo el mundo, llegando, gracias a los progresos en los aislamientos de los hilos, al tendido del primer cable trasatlántico. Los progresos también aparecen en los medios de comunicación social. Gracias a la rapidez de las comunicaciones aumentó la tirada de los periódicos, que se difundían por provincias por medio del ferrocarril y que se transmitían a través del telégrafo.

 

Todas estas modificaciones hicieron necesaria una noción más precisa del tiempo, para lo que se fabricaron en serie relojes, que hasta entonces había sido un artículo de lujo. El hombre de la civilización industrial cambio el tiempo natural, de sol a sol, del Antiguo Régimen por el ritmo racional del reloj.
 
 
 
SOCIEDAD

 

 

En este periodo se produjo un profundo cambio de la sociedad estamental del Antiguo Régimen a una sociedad de clases en la que el principio básico fue el papel desempeñado en la producción de bienes materiales y en segundo lugar el dinero ganado a consecuencia de él. La posesión o no de estos bienes de producción estableció la frontera fundamental en los dos grandes clases sociales que se formaron: la burguesía y el proletariado.

 

Los fundamentos de la nueva sociedad era la generalización del criterio igualitario jurídicamente con la consiguiente abolición del régimen señorial, de la servidumbre y de las vinculaciones constituyeron los fundamentos de la nueva sociedad. También son factores a tener en cuenta las fortunas o rentas.

 

Este cambio se operó lentamente con un ritmo que varía entre un país y otro, pero incluso en los más avanzados, el cambio no fue total, ya que existieron vestigios del antiguo orden social en las ideas, en las instituciones y en las mentalidades.

 

Esta sociedad que comienza a gestarse en este periodo poseía su propia forma de ver la vida; cuya primera característica era la libertad e igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, con la consiguiente supresión de las barreras que el nacimiento imponía en el Antiguo Régimen. Esta igualdad jurídica significó un reconocimiento en el que los burgueses pensaban, en la posibilidad de escalar las más altas cimas de la sociedad siempre que no se partiese de condiciones muy adversas, se tuviese talento y riqueza y se estuviese dispuesto a trabajar. Se reconoció y se dignificó el trabajo, frente la prejuicio despreciativo de la aristocracia de la sociedad estamental.

 

La revolución no logró desarraigar completamente a la aristocracia, sobre todo la poseedora de grandes propiedades rústicas. Que siguió manteniendo en numerosas regiones, como el oeste de Francia, el este de Alemania y casi toda España. Esto se tradujo en un influjo sobre el campesinado y también en la ocupación de altos cargos del ejército y de la diplomacia. Frecuentemente la aristocracia continuó detentando el poder político bajo la fachada del liberalismo o de la democracia.

 

Junto a la aristocracia se encontraba la burguesía, clase social que accede al poder con el liberalismo gracias a su trabajo, al dinero que supo ahorrar y a su instrucción. Poco a poco la burguesía tiende a acercarse a la aristocracia, superando el foso que los separaba y existente en el siglo XVIII, las alianzas de familia y la solidaridad de intereses en los consejos de administración de las empresas terminaron por unir a estas dos clases sociales frente al peligro común que representaban las clases populares y el avance de los principios democráticos.

 

Dentro de la burguesía se pueden señalar diversos grupos. En la cima estaba la alta burguesía que tendía a confundirse con la aristocracia. Este grupo se encontraba formado por grandes industriales y financieros, favorecidos por las nuevas condiciones económicas, o por grandes terratenientes que hicieron su fortuna con facilidad como la burguesía castellana y andaluza tras la desamortización. Por debajo está la pequeña burguesía y las clases medias integradas por hombres de profesiones liberales, intelectuales, oficiales del ejército, pequeños comerciantes, etc. Eran defensores de la propiedad individual, amantes de la libertad dentro del orden, pero deseosos de una riqueza mejor distribuida.

 

Los principales caminos de ingreso en la burguesía eran tres: la milicia, los estudios y los negocios. La milicia fue muy importante cuando el país atravesaba un periodo de conflictos bélicos como Francia durante las revoluciones o España en las guerras carlistas.

 

Los estudios universitarios conducían a su vez a la administración pública, a la política y a las profesiones liberales. Respecto a los funcionarios casi ninguno podía esperar más que una decorosa mediocridad, pero la seguridad de no morirse de hambre, las manos limpias y el cuello de la camisa blanco les colocaba simbólicamente al lado de los ricos.

 

Por ello, para numerosas familias aldeanas o trabajadoras, para quienes todos los demás caminos de mejora social estaban cerrados, la pequeña burocracia, el magisterio y el sacerdocio, era una cima que sus hijos podían intentar alcanzar.

 

La burguesía consiguió, a mediados del siglo XIX, lo esencial de sus pretensiones y la posesión de los resortes económicos, políticos y culturales del poder dio a la burguesía una seguridad intelectual acrecentada por el éxito y el enriquecimiento.  El contraste entre las buenas costumbres y la decencia que se predicaba y se aparentaba y el olvido real de normas morales elementales condujo al rechazo por parte de la masa de un sistema social que predicando la libertad condujo a su olvido y a una moral que se escandalizaba de hechos que ella misma había contribuido a formar. No es de extrañar que algunos filósofos pusieran su énfasis en la denuncia de unas formas aparentes pero que nada tenían que ver con la realidad.

 

Frente a la aristocracia y la burguesía se encontraba el campesinado y el proletariado. Aún constituyendo la mayor parte de la población, se ha olvidado la importancia del campesinado en la vida de la sociedad del siglo XIX. Evolucionó tan lentamente que los cambios fueron imperceptibles y pasaron desapercibidos. Las condiciones de vida de estas gentes no era muy halagüeña. Las malas cosechas provocaron hambrunas. Junto a las hambres estaba el problema de la posesión de la tierra. La disociación entre propiedad y explotación aumentó con la abolición del régimen señorial y la nacionalización, y la consiguiente venta de los bienes de la Iglesia. Todo ello solo benefició a la burguesía y el campesino solo cambio de un dueño malo en otro peor y terminó convirtiéndose en jornalero. Pero los que soportaban peores situaciones eran los campesinos rusos y los latinos.

 

En la relación bilateral del contrato de trabajo, el proletario estaba obligado a aceptar salarios bajos, pues de no ser así siempre habría otro proletario sin salario alguno dispuesto a aceptar, con lo que en la práctica la libertad individual se reducía para la mayor parte de la población a elegir entre un trabajo agotador con un salario miserable o el paro y el hambre, condiciones en las que no se podía decir que había libertad.

 

A los factores estructurales que el nuevo modo de producción acarreó, se añadieron circunstancias absolutamente deplorables en el que el trabajo se realizaba: interminables jornadas, indefensión en caso de vejez o enfermedad, trabajo de mujeres y niños, salarios miserables cuyo poder adquisitivo tendía a bajar cuando el precio de los productos alimenticios subían. Cuando sobrevenía una crisis económica, el paro llevaba a la catástrofe. El resultado más inmediato fue la enfermedad, la deficiente alimentación, la muerte precoz, la pésima situación cultural. Al estar enfrentados con una situación social que no entendían, empobrecidos y explotados, muchos se hundieron en la desmoralización y los compañeros inseparables de ese proceso fueron, el suicidio, el infanticidio, la prostitución y el desequilibrio mental. Muchos buscaron en el alcohol una evasión frente a una realidad insoportable.

 

Aunque esta situación llevó a muchos a la desesperación o a la apatía, los que no aceptaron esto como parte de un destino final, trataron de salir de la misma mediante el movimiento obrero para conseguir una mejora de su situación mediante su actividad social y política.  No era el “pobre” el que se enfrentaba al “rico”, sino una clase específica, la clase trabajadora, obreros o proletariado, que e enfrentaba a otra, patronos o capitalistas. Este movimiento obrero fue impulsado y dirigido fundamentalmente por el proletariado industrial que, al moverse en un medio urbano,  contó con mayores posibilidades de acción que las que se daban en el medio rural. Los instrumentos fundamentales del movimiento obrero serán la asociación  y la huelga.

 

En la primera mitad del siglo XIX los trabajadores pobres más activos no eran los nuevos proletarios de las factorías, sino los artesanos independientes y algunos otros que trabajaban y vivían como antes de la revolución industrial, pero bajo una presión mucho mayor. Los gobiernos comenzaron tímidamente una legislación de carácter social que se reducía prácticamente a proteger el trabajo de las mujeres y de los niños.

 

A mediados del siglo el movimiento obrero se reorganizó. En Inglaterra se constituyeron los sindicatos y en Francia y Alemania otros derechos Este desarrollo desembocó en la Asociación Internacional de Trabajadores

 

Las relaciones entre las clases sociales no estaban basadas en el diálogo y en la coexistencia, sino en la violencia