La Familia en la Edad Media

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alexgabriel
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Autor: Galland, 06/May/2006 22:59 GMT+1:



La estructura familiar de la Alta Edad Media recuerda a la que se manifestaba tanto en la sociedad romana como germánica al estar integrada por el núcleo matrimonial -esposos e hijos- y un grupo de parientes lejanos, viudas, jóvenes huérfanos, sobrinos y esclavos. Todos estos integrantes estaban bajo el dominio del varón -bien sea de forma natural o por la adopción-, quien descendía de una estirpe, siendo su principal obligación proteger a sus miembros.

No en balde, la ley salia hace referencia a que el individuo no tiene derecho a protección si no forma parte de una familia. Como es de suponer, esta protección se paga con una estrecha dependencia. Pero también se pueden enumerar una amplia serie de ventajas como la venganza familiar o el recurso a poder utilizar a la parentela para pagar una multa ya que la solidaridad económica es obligatoria. No obstante, si alguien desea romper con su parentela debe acudir a los tribunales donde realizará un rito y jurará su renuncia a la protección, sucesión y beneficio relacionados con su familia. La familia vive bajo el mismo techo e incluso comparte la misma cama. Tíos, sobrinos, esclavos y sirvientes comparten la cama donde la lujuria puede encontrar a un amplio número de seguidores en aquellos cuerpos desnudos. Esta es la razón por la que la Iglesia insistirá en prohibir este tipo de situaciones y favorecer la emancipación de la familia conyugal donde sólo padres e hijos compartan casa y cama. El padre es el guardián de la pureza de sus hijas como máximo protector de su descendencia. Las mujeres tiene capacidad sucesoria a excepción de la llamada tierra salia, los bienes raíces que pertenecen a la colectividad familiar. Al contraer matrimonio, la joven pasa a manos del marido, quien ahora debe ejercer el papel de protector.

El enlace matrimonial se escenifica en la ceremonia de los esponsales, momento en el que los padres reciben una determinada suma como compra simbólica del poder paterno sobre la novia. La ceremonia era pública y la donación se hacía obligatoria. Entre los francos alcanzaba la suma de un sueldo y un denario si se trataba de un primer matrimonio, aumentando hasta tres sueldos y un denario en caso de sucesivos enlaces. La ceremonia se completaba con la entrega de las arras por parte del novio a la novia, aunque el enlace pudiera llevarse a cabo incluso años después. Los matrimonios solían ser concertados, especialmente entre las familias importantes, por lo que si alguien se casaba con una mujer diferente a la prometida debía pagar una multa de 62 sueldos y medio. La joven tenía que aceptar la decisión paterna aunque conocemos casos de muchachas que se han negado a admitir el compromiso como ocurrió a santa Genoveva o santa Maxellenda. Lo curioso del caso es que diversos concilios merovingios y el decreto de Clotario II (614) prohiben casar a las mujeres contra su voluntad.

Esta libertad vigilada motivaría que algunas mujeres tomaran espontáneamente a un hombre, en secreto, o que se produjeran raptos de muchachas, secuestros que contaban con el beneplácito de la víctima que rompía así con la rígida disposición paterna. Como es lógico pensar, todos los códigos consideran a estas mujeres adúlteras mientras que el hombre se verá en la obligación de pagar a los padres el doble de la donación estipulada. En caso de que no se pague, el castigo es la castración. Si un muchacho se casa con una joven sin el consiguiente mandato paterno, deberá pagar a su suegro el triple de la donación determinada. Si esto se produce, el matrimonio ya es irreversible por lo que debemos preguntarnos si el matrimonio no dejaba de ser un pequeño negocio para los progenitores. Tras los esponsales se realiza un banquete donde la comida y la bebida corren sin reparo -siempre que la economía familiar lo permita-. El jolgorio se acompañaba de cantos y bailes de talante obsceno para provocar la fecundidad de la pareja.

Durante el banquete la novia recibe regalos tales como joyas, animales de compañía, objetos del hogar, etc. El novio también le hace entrega de un par de pantuflas, como símbolo de paz doméstica, y un anillo de oro, símbolo de fidelidad de clara tradición romana. Los romanos llevaban el anillo en el dedo corazón de la mano derecha o en el anular de la izquierda -continuando la tradición egipcia según la cual desde esos lugares había un nervio que llevaba directamente al corazón-. Las damas nobles también solían llevar un sello en el pulgar derecho, una muestra de la autoridad que poseía para administrar sus propios bienes. La ceremonia concluye con el beso de los novios en la boca, simbolizando así la unión de los cuerpos. Tras este rito, la pareja era acompañada a la casa y se quedaba en el lecho nupcial. El matrimonio debe consumarse para que alcance su legitimidad, consumación que se produce en la noche de bodas. Al mañana siguiente el esposo entrega a su mujer un obsequio llamado "morgengabe" para agradecer que fuera virgen al matrimonio, dando fe de la pureza de la joven desposada y asegurándose que la descendencia es suya. Esta donación post-consumación no se realiza en caso de segundas nupcias.

De este "morgengabe" la viuda se queda con un tercio y el resto será entregado a la familia en caso de muerte del marido. La edad de matrimonio debía de estar próxima a la mayoría de edad, es decir, los doce años, según nos cuenta Fortunato al hacer mención del matrimonio de la pequeña Vilitutha a la edad de trece años, quien falleció a consecuencia del parto poco después. Ya que la virginidad suponía el futuro de la parentela, se protege a la mujer de raptos o violaciones, al tiempo que se reprime la ruptura del matrimonio y se castiga contundentemente el adulterio y el incesto. Los galo-romanos castigan la violación de una mujer libre con la muerte del culpable mientras que si la violada era esclava, el violador debía pagar su valor. Los francos castigaban este delito con el pago de 200 sueldos en época de Carlomagno.

Podemos considerar que se trataba de una mujer "corrompida" por lo que carecía de valor, incluso deben renunciar a la propiedad de sus bienes. La única salida a la violación era la prostitución. El incesto estaba especialmente perseguido, a pesar de no tratarse de relaciones entre hermanos. Los matrimonios con parientes se consideran incestuosos, entendiendo por parentela "una pariente o la hermana de la propia esposa" o "la hija de una hermana o de un hermano, la mujer de un hermano o de un tío". Los incestuosos eran separados y quedaban al margen de la ley, a la vez que recibían la excomunión y su matrimonio era tachado de infamia. El adulterio era considerado por los burgundios como "pestilente". La mujer adúltera era estrangulada y arrojada a la ciénaga inmediatamente mientras que los galo-romanos establecían que los adúlteros sorprendidos en flagrante delito serían muertos en el acto " de un solo golpe".

Los francos consideraban el adulterio como una mancha para la familia por lo que la culpable debía ser castigada con la muerte. También entendían que el hombre libre que se relacionaba con una esclava de otro era un adúltero por lo que perdía la libertad, lo que no sucedía en el caso de que fuera su esclava con quien se relacionara.

Curiosamente los burgundios hacían extensión de la definición de adulterio a aquellas mujeres viudas o jóvenes solteras que se relacionaban con un hombre por propia voluntad. Si el violador o el raptor son duramente castigados, el adúltero apenas recibe castigo ya que los posibles hijos de esa relación son suyos. La mujer sí es culpable porque destruye su porvenir. Afortunadamente, la influencia del Cristianismo cambiará estos conceptos. En palabras de Michel Rouche "mientras que el paganismo acusa a la mujer de ser el único responsable del amor pasional, el Cristianismo lo atribuye indiferentemente al hombre y a la mujer (...) Se abandona la idea pagana conforma a la cual el adulterio mancilla a la mujer y no al hombre". Cierta idea de igualdad de sexos empieza a despuntar en el Occidente europeo. Buena parte de la culpabilidad a la hora de no considerar al hombre adúltero debemos encontrarla en la práctica por parte de los germanos de la poligamia, mientras los galos-romanos mantenían el concubinato. Las relaciones con las esclavas parecen habituales tanto en un grupo como en el otro, naciendo abundantes descendientes de estos contactos. Los hijos nacidos de esa relación eran esclavos, excepto si el padre decidía su liberación. Ya que las mujeres eran elegidas entre personas cercanas al linaje familiar, la costumbre germánica permitía al marido tener esposas de segunda categoría, siempre libres, añadiéndose las esclavas. La primera esposa era la poseedora de los derechos y sus hijos eran los receptores de la sucesión. Si la primera esposa era estéril, los hijos de las concubinas podían auparse al rango de heredero.

Los enfrentamientos en los harenes nobiliarios y reales serán frecuentes. Chilperico llegó a estrangular a su esposa, Galeswintha, para poder dar a su esclava Fredegonda el puesto de favorita, lo que desencadenó la guerra civil entre los años 573 y 613. El papel de la Iglesia respecto a la poligamia supondrá la más absoluta de las prohibiciones, apelando a la indisolubilidad matrimonial y a la monogamia, llegando a prohibir el matrimonio entre los primos hermanos. Será en el siglo X cuando los dictados eclesiásticos en defensa de la monogamia empiecen a surtir efecto. La ley burgundia y la ley romana autorizaban el divorcio, mientras que la Iglesia lo prohibía. Evidentemente existen condicionantes que lo permiten, siempre desfavorables con la mujer.

El divorcio es automático si la mujer es acusada por su marido de adulterio, maleficio o violación de una tumba. El marido será repudiado en caso de violación de sepultura o asesinato. El mutuo acuerdo sería la fórmula más acertada para el divorcio, siempre y cuando los cónyuges pertenecieran a la etnia galo-romana. Esta fórmula incluso será aceptada, a regañadientes, por la Iglesia, al menos hasta el siglo VIII. Siempre era más razonable que el llamado "divorcio a la carolingia", consistente en animar a la mujer a que de una vuelta por las cocinas y ordenar al esclavo matarife que la degollara. Tras pagar la correspondiente multa a la familia, el noble podía volver a casarse porque quedaba viudo. No tenían igual suerte las viudas ya que las leyes germánicas intentarán poner todo tipo de impedimentos a un segunda matrimonio de una mujer viuda. Conserva su dote y el "morgengabe", por lo que mantiene independencia económica. Pero si vuelve a contraer matrimonio, perderá esta independencia al caer en el ámbito familiar del nuevo marido y revertir el patrimonio en su propia parentela.

Los hijos eran especialmente protegidos en la época altomedieval. En numerosos casos se intenta atraer hacia el niño las cualidades de aquel animal querido y envidiado, por lo que se impondrán nombres relacionados con la naturaleza: Bert-chramm, brillante cuervo, que hoy se ha convertido en Bertrand; Wolf-gang, camina a paso de lobo; o Bern-hard, oso fuerte, del que ha surgido Bernardo. De todas maneras se siguen produciendo casos de exposición de hijos, ahora a las puertas de la iglesia. Afortunadamente para el neonato, el sacerdote anunciaba su descubrimiento de manera pública y si nadie reclamaba al pequeño pasaría a ser esclavo de quien lo había encontrado. El niño sería confiado a alguna nodriza, siendo amamantado hasta los tres años entre el pueblo. En caso de guerra los niños se convertían en un preciado botín. Si una ciudad era conquistada, los conquistadores asesinaban a "cuantos podían orinar contra la muralla" y se llevaban a las mujeres y los niños menores de tres años. A pesar de la enorme natalidad, la mortalidad infantil también era elevada por lo que el núcleo familiar no debía de contar con numerosos niños.

Alguno solía ser entregado a un monasterio para su educación, lo que equivalía entregar a Dios aquello que más se ama. La educación estaba vinculada al mundo violento que caracteriza la Alta Edad Media. El deporte y la caza serán los ejes educativos que se inician tras la "barbatoria", el primer corte de la barba del joven. La natación, la carrera o la equitación formaban parte de las enseñanzas fundamentales del joven germano que tiene en el animal y en las armas a sus estrechos colaboradores. Subir al caballo era todo un ejercicio gimnástico al carecer de estribo hasta el siglo IX, siendo el animal uno de los bienes más preciados, tal y como podemos comprobar en el caso de un joven llamado Datus, quien conservó su caballo y dejó a su madre prisionera de los musulmanes durante un ataque de éstos a Conques en el año 793. El joven no entregó su caballo a pesar de que los islámicos arrancaron los senos de la madre y luego le cortaron la cabeza ante sus propios ojos.

En un mundo tan marcado por la violencia parece cargado de lógica que la preparación militar sea la elegida para los jóvenes nobles, si bien en las escuelas monásticas podían aprender los rudimentos de la lectura y la escritura. Los ancianos ocupan un curioso papel en el entorno familiar altomedieval. Ya que la media de vida alcanzaba los 30 años, no debía ser muy común ver a ancianos en la sociedad. Su escaso número es proporcional a su utilidad, excepción hecha de los jefe de clanes o tribus, los llamados "seniores". Si el anciano mantiene sus fuerzas será aceptado por la sociedad. Si esto no es así, su futuro sólo le depara donar sus bienes a una abadía donde se retirará. En la abadía recibirá comida, bebida y alojamiento.


Autor: Moon.less, 07/May/2006 00:55 GMT+1:



Muy buen artículo Galland, hay que ver nada más
como era la vida de las mujeres en aquellos días,
ni un gustito se podían darVacilando, que caían sobre ellas
todas las penas. Y que me dicen de ese tal Datus que
prefirió su caballo a su mamá, a ese si que se le debería
aplicar un castigo ejemplarArdiendo

saludos.


Autor: capellancastrense, 07/May/2006 09:22 GMT+1:



Oh, Moonless, el tema es mucho más poligonal de lo que imaginas... Hay mucha literatura al respecto. Yo sugiero normalmente Regine Pernoud (imagino que allá en Argentina llegará alguno de los libros que le han editado en español). Es algo "feminista" pero pone el punto en subrayar el papel tan importante que ejerció la mujer en ese período tan interesante de la historia.
Les dejo a ambos a modo de agradecimiento por este estupendo foro una "primicia" de la traducción de un texto medieval latino que estoy preparando para publicar (entiendo que no ha sido traducido al español hasta la fecha). Se trata de la exhortación de Dhouda (era el nombre de la señora, no es culpa mía...) a su hijo.

Puesto que Dios y tu padre Bernardo han escogido a Carlos, tu señor, para que le sirvieras en la flor de tu juventud, conserva lo que posees por tu raza, ilustre por ambas líneas. No sirvas únicamente de modo tal que sólo plazcas a los ojos de tu amo, sino en toda ocasión manténle en plenas facultades, a su servicio, una fe intacta y cierta de cuerpo y espíritu... Por ello, hijo mío, te exhorto a mantener fielmente, en cuerpo y espíritu durante toda tu vida, lo que tienes como carga... Que jamás te puedan reprochar la locura de la infidelidad, que jamás germine el mal en tu corazón hasta el punto de volverte infiel a tu señor, sea lo que sea. No creo que deba temerse una traición por tu parte ni por parte de los que sirven contigo... Así, pues, Guillermo, hijo mío, que has nacido de su raza, sé, como ya te he dicho, sincero, vigilante y útil hacia tu señor y el más pronto a su servicio; y en todos los asuntos que interesen al poder del rey, en el interior o en el exterior, aplícate, conságrate a mostrar tu prudencia en la medida de las fuerzas que Dios te ha dado. Lee las vidas y los pensamientos de los Santos Padres del pasado y en ellos encontrarás el modo como debes servir a tu señor y serle útil en todos los aspectos. Y cuando hayas encontrado cómo, aplícate a ejecutar fielmente las órdenes de tu señor. Considera también, y contempla a los que dan prueba de la mayor fidelidad, sirviéndole con perseverancia, y aprende de ellos el modo de servirlo.


Autor: Calique1000, 07/May/2006 18:24 GMT+1:



El matrimonio en la Edad Media entre princips de diferentes reinos hizo que algunos ganaran mucho territorio de manera pacifica. Mucho mas eficiente que ir a la guerra. Tambien se vio en epocas posterioes.


Autor: Moon.less, 07/May/2006 19:45 GMT+1:



Regine Pernoud... tuve un libro suyo en mis manos,
uno que trataba de Hildegarda de Bingen, pero me
acuso de haberlo dejado escapar sin haberlo leído,
pero leí un artículo suyo en la revista Humanitas.

Muchas gracias, Capellan, por ese trozo de historia
que nos regalas y cuando la traducción esté completa
queremos la primicia en el foroSonrisa Gigante

Saludos.

P.D por si acaso te aclaro que no soy argentina, pero cerca...
cruzando los Andes me encuentras.


Autor: Sotonik, 08/May/2006 03:12 GMT+1:


 

Yo es que no me contengo y te lo repito: eres único y gracias por el texto.

Yo mas modestamente pongo un texto que está ya publicado pero que es muy poco conocido. Y digo con modestia faltando a la humildad porque os largo todo un pedazo de sermón de Santo Tomás sobre el adulterio (el sexto mandamiento) pero que es para hacernos una idea de como la evangelización hacía mejores las relaciones familiares en aquellos días. La risa contenida de los hombres al llegar a la parte: "Así es que la mujer adúltera es sacrílega, traidora y ladrona." debió ceder paso al estupor y risas de las féminas cuando les largaba: "Pero los varones no pecan menos que las mujeres, aunque a veces se hacen ilusiones" y a continuación se basaba en los mismos principios "tan machistas" de la Edad Media para dejarles al pairo. En fin toda una clase magistral y no exenta de ironías graciosas y hasta de un cierto feminismo (Sin embargo, atiendan las esposas a lo que dice Cristo en Mt 23, 3: "Haced y guardad lo que os digan, pero no los imitéis en las obras) sobre lo que debe ser la virtud de la castidad en la pareja, en la que la unión carnal es meritoria y necesaria para la salvación y todo un ejemplo de como se concebía la igualdad de hombre y mujer a este respecto en el siglo XIII.




No adulterarás. Éxodo 20, 14.

Tras de la prohibición del homicidio se prohíbe el adulterio; y justamente, porque marido y mujer son como un solo cuerpo. "Serán (dijo el Señor, Gen 2, 24) dos en una sola carne". Por lo cual después de la injuria que se infiere a una persona no hay otra mayor que la que se infiere al cónyuge.

El adulterio se le prohíbe a la esposa y al esposo.

Pero primero debemos hablar del adulterio de la esposa, porque parece que ésta comete mayor pecado.


Al adulterar la mujer comete tres pecados graves. Los insinúa el Eclesiástico, 23, 32-34: "Cualquier mujer que abandona a su marido... en primer lugar desobedeció la ley del Altísimo, en segundo lugar pecó contra su marido, y en tercer lugar se ha manchado con el adulterio y se ha dado hijos de varón extraño".


Así pues, primeramente peca por infidelidad, porque se hizo infiel a la ley: en efecto, el Señor prohíbe el adulterio. Además, lo hace contra un decreto de Dios, Mt 19, 6: "A quienes Dios unió no los separe el hombre". Además, contra los ordenamientos de la Iglesia y contra el sacramento. En efecto, el matrimonio se efectúa en presencia de la Iglesia, por lo cual se pone a Dios como testigo y garante de la fidelidad jurada: Mal 2, 14: "Dios es testigo entre tú y la mujer de tu juventud, a la que tú has despreciado". Así es que se peca contra la ley, contra el reglamento y contra el sacramento de Dios.

En segundo lugar peca por traición, porque deja a su marido. Dice el Apóstol en I Cor 7, 4: "La mujer no es dueña de su propio cuerpo, sino el marido". Por
lo cual ni siquiera puede guardar la castidad sin el consentimiento del marido. Y por lo mismo, si adultera, comete traición, al entregarse ella misma a un extraño,
como el esclavo que se entrega a otro dueño. Prov 2, 17: "Deja al compañero de su mocedad, y olvida la alianza de su Dios".

En tercer lugar [peca] porque comete un robo, pues se da hijos de un extraño; y este es el robo máximo, porque da toda la herencia a hijos extraños.


Y obsérvese que tal mujer debería ver la manera de que los hijos se hiciesen religiosos o que hicieren alguna otra cosa de modo que no heredaran de los bienes del marido.


Así es que la mujer adúltera es sacrílega, traidora y ladrona.

Pero los varones no pecan menos que las mujeres, aunque a veces se hacen ilusiones. Lo cual es evidente por tres motivos:



Primeramente por razón de la igualdad, porque "el varón no es dueño de su propio cuerpo, sino la mujer", como se dice en I Cor 7, 4: por lo cual ninguno de los dos puede hacer nada sin el consentimiento del otro en cuanto al matrimonio. Y para darlo a entender, Dios no formó a la mujer de un pie o de la cabeza, sino de un costado. Y por eso nunca tuvo el matrimonio una condición perfecta sino en la ley de Cristo; porque un solo judío tenía muchas mujeres, pero la mujer no tenía muchos maridos, por lo cual no había igualdad.

En segundo lugar, por la fortaleza del varón; porque la pasión propia de las mujeres es la concupiscencia: I Pedro 3, 7: "Igualmente vosotros, maridos,
tratadlas con discreción, como a delicado vaso más frágil, honrándolas". Por lo cual si exiges de tu mujer lo que tú no quieres observar, quebrantas la fidelidad.

En tercer lugar por su autoridad, porque el varón es la cabeza de la mujer: por lo cual las mujeres no deben hablar en la Iglesia, sino preguntar al marido
en casa, como se dice en I Cor 14. Es pues el marido el maestro de la mujer; por lo cual Dios dio su precepto al varón. Ahora bien, más peca el sacerdote que el lai-
co, el Obispo más que el sacerdote, si no observan lo que deben, porque a ellos les pertenece el enseñar a los demás. De manera semejante, si el varón peca, quebranta la fe no guardando lo que debe.


Sin embargo, atiendan las esposas a lo que dice Cristo en Mt 23, 3: "Haced y guardad lo que os digan, pero no los imitéis en las obras".

"No adulterarás". Como está dicho, tanto a los varones como a las mujeres Dios les prohibió el adulterio. Pero debe saberse que aun cuando algunos creen
que el adulterio es pecado, sin embargo no creen quesea pecado mortal la simple fornicación. Contra ellos dice el Apóstol en Hebr 13, 4: "Dios condenará a for-
nicadores y adúlteros"; y en I Cor 6, 9: "No os engañéis: ni los fornicarios, ni los adúlteros, ni los muelles, ni los sodomitas poseerán el reino de Dios". Ahora bien,
a nadie se excluye del reino de Dios sino por el pecado mortal. Luego es pecado mortal [la fornicación].

Pero quizá digáis: no hay razón para que sea pecado mortal por no darse un cuerpo propiedad de una mujer, como en el adulterio. Respondo que si no se
da un cuerpo propiedad de una mujer, sin embargo se da un cuerpo de Cristo, que se le dio y consagró en el bautismo. Así pues, si nadie debe hacer injusticia contra su mujer, con mayor razón tampoco contra Cristo. I Cor 6, 15: "¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Y voy a tomar yo los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una meretriz? Ni lo quiera Dios". Es pues una herejía decir que la simple fornicación no es pecado mortal.

Por lo cual conviene saber que con el precepto de "no adulterarás", se prohíbe no sólo el adulterio sino toda corrupción carnal, excepto los actos del matrimonio.

Además debe saberse que algunos dicen que la unión del varón y la esposa no es sin pecado; lo cual es herético. Dice el Apóstol en Hebr 13, 4: "El matrimonio sea tenido por todos en honor, y el lecho conyugal sin mancha". Ahora bien, tal unión no sólo se hace a veces sin pecado, sino que también es para merecer la
vida eterna los que poseen la caridad; a veces se hace con pecado venial; a veces con pecado mortal.


En efecto, cuando es con la intención de procrear un hijo, entonces es una obra de virtud; cuando es con la intención de pagar el débito, también entonces es una obra de justicia; mas cuando es un modo de ejercitar la sensualidad, entonces es con pecado venial, si no traspasa los límites del matrimonio; y cuando los traspasa, de modo que si pudiera se pasaría a otra mujer, entonces es mortal.

Mas debe saberse que el adulterio y la fornicación se prohíben por muchas razones.

En efecto, primeramente dan muerte al alma. Prov 6, 32: "El adúltero pierde el alma por pobreza del espíritu". Y dice "por pobreza del espíritu", lo que ocurre cuando la carne domina al espíritu.

En segundo lugar priva de la vida: en efecto, el adúltero debe morir según la ley, como se dice en el Le-vítico 20 y en Deut. 22. Y que a veces no sea castigado corporalmente es para su mal; porqué la pena corporal que se sufre con paciencia es para la remisión de los pecados; pero será castigado en seguida en la vida futura.

En tercer lugar disipa sus bienes. Por lo cual en Lc 15, 13 se cuenta que el hijo pródigo disipó su hacienda viviendo lujuriosamente. Eccli 9, 6: "De ninguna manera te entregues a meretrices, para que no te pierdas y pierdas tu hacienda".

En cuarto lugar, hace despreciables a sus hijos. Sab 3, 16-17: "Los hijos de los adúlteros serán destruidos, y la raza que procede del lecho criminal será exterminada; y si algunos viven largamente, serán tenidos en nada, y sin honor". I Cor 7, 14: "De otro modo vuestros hijos serán impuros, y ahora son santos". En la Iglesia no se les honra, si es que pueden sin deshonra ser clérigos.

En quinto lugar, deshonra, y especialmente a las mujeres. Eccli 9, 10: "Toda mujer pública es pisoteada como el estiércol en el camino"; y del varón se dice en Prov 6, 33: "Va acumulando para sí oprobios e ignominias, y jamás se borrará su infamia". Gregorio dice también que los pecados carnales son más infamantes pero menos culpables que los espirituales. Y la razón es que el pecado carnal es común con las bestias. Salmo 48, 21: "El hombre, constituido en dignidad, no entiende: se ha igualado con los insensatos jumentos, y se ha hecho ellos".


He utilizado la traducción de Salvador Abascal en la Editorial Tradición

Autor: capellancastrense, 08/May/2006 15:16 GMT+1:



Perdona, Moonless por cambiarte de nacionalidad: eso de decirle a Sotonik "sos grande" me llevó a confusión. Yo leí de Pernoud el libro que mencionas y otro muy interesante que se llama "La mujer en el tiempo de las catedrales"...
Te dejo una entrevista que le hicieron cuando publicó este libro (vaya mujer: tiene las ideas demasiado claras... no me gustaría tenerla enfrente en un debate...)

Una antigua desconfianza hacia la mujer

http://www.interrogantes.net/includes/documento.php?IdDoc=1183&IdSec=149

En casi toda Europa,
la conversión de un pueblo
comenzó por la acción de una mujer.
Régine Pernoud



¿Inferioridad de la mujer?

—Muchos piensan que, aunque hayan mejorado bastante las cosas en los últimos tiempos, quedan en la Iglesia rastros de una antigua desconfianza hacia la mujer. Incluso he oído decir que la Iglesia tardó algunos siglos en reconocer que las mujeres tuvieran alma.

Desde luego, lo de la ausencia de alma en la mujer nunca lo pensó la Iglesia católica, y esto lo desmiente con rotundidad la historia: las santas y las mártires fueron veneradas desde los primeros siglos del cristianismo, y su glorificación brilla en todos los templos cristianos de la antigüedad, y siempre hubo tanto mujeres como hombres en el catálogo romano de canonizaciones.

Además, la Iglesia católica, como es sabido, venera desde los primerísimos tiempos a una mujer, la Virgen María, como madre de Dios y la más perfecta de las criaturas. Todo ello, como comprenderás, es poco compatible con semejante leyenda.

—¿Y no es cierto al menos que la Iglesia admitió que la mujer era inferior al hombre porque, según el relato del Génesis, fue creada después que él?

Hubo algunos pensadores cristianos lo bastante ridículos como para pretender que la mujer era un ser inferior, haciendo una interpretación realmente sorprendente de ese relato del Génesis. Pero su doctrina fue condenada por la Iglesia. Ya dijo Aristóteles que no había en el mundo idea absurda que no tuviera al menos algún filósofo para sostenerla; y se ve que eso puede extenderse a las muchas afirmaciones absurdas que se han hecho en torno a la teología católica a lo largo de los siglos. Hay que pensar que durante los primeros siglos del cristianismo, los concilios dedicaron mucho tiempo a condenar errores. Uno de ellos fue este. Pero no pueden imputarse a la Iglesia las aberraciones que se vio obligada a denunciar y condenar. Como decía André Frossard, eso sería como responsabilizar al Ministro de Justicia de todas las faltas que castiga el Código Penal.

—Pero San Pablo, por ejemplo, manda en una de sus epístolas que las mujeres se mantengan calladas en las asambleas.

Y con ello demuestra que ellas participaban en esas asambleas, algo absolutamente inimaginable durante muchísimos siglos en nuestras modernas y avanzadas asambleas parlamentarias occidentales.

Porque un sencillo análisis de la historia permite ver que la discriminación de la mujer ha sido un fenómeno muy extendido a lo largo de los siglos. Eso es algo lamentable, pero no es justo achacarlo a la Iglesia.

Por poner un ejemplo bien ilustrativo, el acceso general de la mujer al voto en las elecciones democráticas civiles de nuestras modernas sociedades occidentales comenzó con Finlandia en 1906, y no llegó a Estados Unidos hasta 1920, a Gran Bretaña hasta 1928, y a España hasta 1931. Otros países de nuestro entorno no alcanzaron el pleno derecho de sufragio femenino hasta mucho después: Francia en 1944, Italia en 1945, Bélgica en 1948, Andorra en 1970 y Suiza en 1971. Se ha discriminado mucho a la mujer en la historia de la democracia, pero la culpa no es de la democracia, sino de la visión de la mujer que tenía entonces la sociedad.

Para ser justo, hay que integrar ese comentario de San Pablo en la mentalidad imperante en aquellos tiempos. A nadie de esa época, fuera judío o romano, se le habría pasado por la cabeza dar a las mujeres tanto protagonismo como tienen en el Nuevo Testamento, totalmente impensable por aquel entonces (de hecho, fue durante mucho tiempo objeto de crítica por parte de muchos autores no cristianos). Sería más justo decir, en todo caso, que las fuertes exigencias de la moral cristiana contribuyeron a amortiguar aquella lamentable situación.

¿Por qué las mujeres no pueden ordenarse?
—Pero, ¿y lo del sacerdocio femenino?
Nos salimos un poco del objeto de este libro, porque se trata ya de un problema teológico, y no de una cuestión de razonabilidad de la fe. De todas formas, puedo decirte que la Iglesia católica afirma que hay un sacerdocio común de todos los fieles –varones y mujeres–; y que el sacerdocio ministerial corresponde solo a los varones, entre otras razones, porque no considera la Santa Misa una simple evocación simbólica o conmemorativa, sino la renovación incruenta del sacrificio de la Cruz; y como Jesucristo era un varón, y el sacerdote en la Santa Misa presta su cuerpo a Cristo, lo propio es que el sacerdote sea un varón.

—Entonces, ¿las mujeres no tienen ese derecho?
El sacerdocio no es un derecho, sino una llamada. Jesucristo llamó a los que quiso, y no puede pasarse por alto el hecho de que no eligió entre los doce apóstoles a ninguna mujer. Y es evidente que podía haberlo hecho con facilidad, pues a su lado iban siempre algunas mujeres (que le seguirían hasta la cruz, donde, por cierto, todos los apóstoles menos uno le abandonaron), y no habría extrañado en aquellos tiempos, en los que sí había sacerdotisas.

¿Por qué Jesucristo no eligió a ninguna? No es fácil saberlo. El caso es que tampoco lo hicieron los apóstoles al designar a sus sucesores, y desde los primeros tiempos la Iglesia ha seguido así –sin que esto suponga ningún menoscabo para la mujer–  por fidelidad a la voluntad fundacional de Jesucristo.

Por otra parte, no se requiere ser sacerdote para alcanzar la santidad, ni debe considerarse la ordenación como un premio del que se ha privado a las mujeres. Se trata más bien de un servicio que corresponde a los varones. Por ejemplo, la misma Virgen María, asociada más que nadie al misterio de Jesucristo, no fue llamada al sacerdocio.

La Iglesia reconoce la igualdad de derechos del varón y de la mujer en la Iglesia, pero esa igualdad de derechos no implica identidad de funciones. A su vez, esa diferencia de funciones no concede un valor superior al varón sobre la mujer, pues los más grandes en la Iglesia no son los sacerdotes sino los santos.

—Pero las mujeres no tendrán poder en la Iglesia…
Si contemplamos la Iglesia desde la perspectiva del poder, efectivamente el que no ostente cargos estaría oprimido. Pero ese planteamiento destruiría la Iglesia, y daría una visión falsa de su naturaleza, como si el poder fuera su fin último. En la Iglesia no estamos para asociarnos y ejercer un poder. Pertenecemos a la Iglesia porque nos da la vida eterna, todo lo demás es secundario.

El papel de la mujer
—De todas formas, no parece muy feminista por parte de la Iglesia...
El Papa y los obispos no pueden cambiar el comportamiento de Jesucristo. Reconocen y promueven el papel de la mujer, y han recomendado que participen las mujeres en la vida de la Iglesia sin ninguna discriminación, también en las consultas y en la elaboración de las decisiones, en los Consejos y Sínodos diocesanos y en los Concilios particulares.
«Precisamente porque soy profundamente feminista –decía la escritora Régine Pernoud–, la ordenación de mujeres me parece contraria a los intereses mismos de las mujeres. Se trata de algo que entraña el peligro de confirmar a las mujeres la creencia de que para ellas la promoción consiste en hacer todo lo que hacen los varones, como si su progreso fuera actuar exactamente como ellos.
»Que el hombre y la mujer tienen igualdad de derechos, nos lo ha enseñado el Evangelio. Los mismos apóstoles se quedan perplejos cuando Cristo anuncia la absoluta reciprocidad de deberes entre el marido y la mujer: tan evidente era que eso iba en contra de la mentalidad de la época.
»Esto hace más significativa la decisión de Cristo de escoger, entre los hombres y mujeres que le rodeaban, doce hombres que habían de recibir la consagración eucarística durante la Última Cena en el cenáculo de Jerusalén. Observemos que, en esa misma sala, las mujeres se encuentran mezcladas con los hombres para recibir la irrupción del Espíritu Santo en Pentecostés. Más que reivindicar el ministerio sacerdotal para las mujeres, ¿no habría más bien que recordar que lo que Cristo pidió a las mujeres es que fueran portadoras de la salvación?
»En el inicio del Evangelio está el sí de una mujer; en el final, otras mujeres se apresuran a ir a despertar a los apóstoles para comunicarles la noticia de la Resurrección; las mujeres son invitadas a transmitir la palabra: hay místicas, teólogas, doctoras de la Iglesia. En casi toda Europa la conversión de un pueblo comenzó por la acción de una mujer: Clotilde en Francia, Berta en Inglaterra, Olga en Rusia, por no hablar de Teodosia en España y Teodelinda en Lombardía. Pero el servicio sacerdotal se pide a los varones.
»Hoy se ve a muchas mujeres asumir las más amplias tareas de enseñanza religiosa o teológica. La desconfianza de la sociedad civil hacia la mujer, manifiesta en el mundo clásico, comenzó a disiparse muy recientemente. Lo deseable, al comienzo de este tercer milenio, es que se establezca el esperado equilibrio sin ninguna confusión.»


Autor: Sotonik, 08/May/2006 15:51 GMT+1:



Regine Pernoud es una gran medievalista y única para el tema de la mujer en la Edad Media. La he citado varias veces en este foro también. Pero hoy día parece que le ha salido una antagonista a todos los sentidos en la figura de otra investigadora de la antiguedad: Karen Jo Torjesen, llevada en volandas por las feminstas. ¿Que nos puedes decir de esta última y de su obra capellancastrense?


Autor: capellancastrense, 08/May/2006 21:14 GMT+1:



Conozco algún escrito de ella sobre las deidades femeninas y su teoría sobre el sacerdocio femenino en la iglesia primitiva, pero en realidad, esa señora no es comparable con Regine Pernoud. Pernoud es una historiadora, Torjesen es más bien socióloga. Pernoud ofrece datos desnudos, Torjesen interpreta. Ciertamente, en Torjesen se ve enseguida una lectura ideologizada de los hechos a los que realmente no presta atención. Lo poco de ella que me ha caído en las manos, no es sólido, como los trabajaos de Pernoud, que busca meterse en la mentalidad de la época. Torjesen se acerca a tiempos pasados con una mentalidad de hoy que juzga como si nuestra sociedad fuese el ideal y lo demás no valiese la pena. Además, en Torjesen hay mucho de exoterismo y una desequilibrada atención a la tradición paralela... (esa que ahora salen en Nationa Geographic...)

Les dejo porque estoy con mi crisis primaveral de migraña... y el rizotriptan me tiene como drogado (aunque no tengo experiencia de esas cosas...)
Un saludo


Autor: canal22, 09/May/2006 09:57 GMT+1:



Al respecto de lo dicho hay muchas teorías bastante interesantes, pero sería mejor que no nos desviarmoas del hilo inicial de este post que era la familia en la edad Media y dejemos lo del sacerdocio femenino, cuestión no menos atractiva, para otro subforo más adecuado...Giño


Autor: capellancastrense, 11/May/2006 15:43 GMT+1:



Gracias Canal. Aprovecho de poner aquí un artículo que escribí y nunca publiqué sobre las "góticas"... Creo que sí pega bastante (es fruto de mis lecturas de Pernoud...) Fumador

A la moda más actual pertenece ese fenómeno que vemos por las calles y que se denomina «las góticas». Se trata de jóvenes o adolescentes que se visten de negro y se pintan también de negro ojos, labios y uñas. Cuando vine a saber de su existencia, me pregunté espontáneamente ¿góticas? ¿por qué?

Gótico es el estilo artístico propio del último período de la Edad Media. Y se refiere a los godos que fueron pueblo germánico especialmente belicoso. Encarna también, y por extensión, a las personas que vivieron en ese período de la historia en los países de Europa. ¿Cómo eran las «mujeres góticas» de la Edad Media?

Clotilde una de las más famosas mujeres de ese tiempo, logró la conversión al cristianismo de su esposo el rey Clodoveo y con él la de Francia. Y digo «logró » porque no fue empresa fácil. No sólo por la barbarie de los reyes de aquella época sino porque, como nos cuenta San Gregorio de Tours, fue necesario un verdadero debate intelectual: «Los dioses que veneráis no son nada, son incapaces de subvenir a sus necesidades y de satisfacer las de los demás... El Dios a quien hay que rendir culto es aquel cuya Palabra sacó de la nada el cielo». Toda una muestra de coraje que ya quisieran tener algunas de las que se autodenominan «góticas».

También hay emperatrices como Matilde de Sajonia que después de muerto su esposo Enrique V, mantuvo el reinado sobre Inglaterra a pesar de guerras civiles y dificultades terribles. O qué decir de Leonor de Castilla que acompañó a su esposo a la octava cruzada y luego le siguió también en el gobierno de Inglaterra.

No me resisto a hablar también aquí de otra mujer del período gótico. Se trata de Leonor de Aquitania, la madre del rey Ricardo Corazón de León. Las narraciones de Scott nos hacen familiares las peripecias del «Caballero negro». Y, sin embargo, Leonor estuvo esos cinco años que duró la fracasada tercera cruzada muy atenta al buen gobierno y preparó la resistencia ante su otro hijo, Juan sin Tierra que venía en unión del monarca francés a usurparle el trono. Ella misma logró la reconciliación entre los dos hermanos y luego, al ver que su misión estaba cumplida, se retiró a una abadía donde murió el año 1204.

Todas ellas fueron mujeres excepcionales que sin duda nos hacen redimensionar nuestra opinión sobre la tan criticada Edad Media y, si ahora pudieran expresarse mirarían con desdén a estas pseudo góticas que tan extravagante y gregariamente caminan por nuestras calles.


Autor: Sotonik, 12/May/2006 06:31 GMT+1:



Precioso artículo por lo conciso. Recuerdo mujeres góticas...

Leonor de Aquitania, la más bella mujer de la cristiandad, según las crónicas. Toda otra figura y precursora de las revistas del corazón si hubieran existido en aquella época, estaría todo los días en boca. Pero y Catalina de Siena, dedo de Dios sobre el papado, y Eloisa, universitaria loca de amor por su maestro al que sigue amando desde su abadía, por citar otras mujeres de otra índole. Marozia misma, Donna Senatrix y personificación de la maldad, hija, amante y madre de papa (triste record nunca más batido). O incluso la madre de Tomás de Aquino, condesa de Torano, de recia ascendencia normanda y de armas tomar a la que sólo le hubiera faltado ir a la cruzada. Su forcejeo contra toda autoridad divina o humana por torcer la vocación de fraile mendicante de su hijo merece ser contado

Tomás al que se le auspiciaba un buen carrgo entre los benedictinos (seguramente abad de Monte Casino) se había hecho "fraile mendicante". Había optado por la pobreza de la vida de la orden de Santo Domingo en el estudio el ayuno y la oración para predicar por los caminos viviendo de limosna. La noticia llegó a Rocca Secca. Y acogióla con despecho la condesa, pues no podía concebir que se hiciera "fraile mendicante" aquel hijo en el cual su orgullo de madre había puesto las más brillantes esperanzas de grandeza humana. Por esto corrió al momento a Nápoles, para disuadirlo de la determinación tomada.

Comienza entonces un amargo drama. Mientras la condesa fuerza los ánimos, con imperiosa violencia, en el convento, Tomás huye a Roma, para refugiarse en otro convento de dominicos. La terrible madre descubre su paradero y llama también a las puertas del convento romano. No se le abren. Lleva ella sus quejas al emperador y al Papa. El hijo no aguarda la decisión: por segunda vez se escapa y emprende el camino hacia París...

Pero en el momento en que sale de los Estados Pontificios, es apresado por una estratagema de sus propios hermanos, que le conducen al castillo materno, acompañados de una ostentosa escolta. Allí sufre los asaltos de toda la familia: de la madre, que sorprendida por la invencible calma de Tomás, le hace encerrar en una de las torres; de las hermanas y de los hermanos, los cuales, para matar su vocación, introducen en su cárcel a una mujer liviana sin resultados... El drama terminó al año de prisión, por la intervención del Papa y del emperador, que se impusieron para que el prisionero fuese soltado. Queriendo la madre salvar las apariencias, cuidó ella misma de que Tomás se escapase de noche muro abajo, metiéndolo en una cesta... Estamos en 1245 y esto parece todo un culebrón de nuestros días.

Definitivamente la realidad de la mujer en la Edad Media (Trono de la Sabiduría en todas las catedrales y asiento así del fundamento del mundo medieval) se nos escapa desde nuestra mirada deformada por el presente.

 


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#2 ·
RE: La familia en la Edad media

Muy buen artículo Galland, hay que ver nada más
como era la vida de las mujeres en aquellos días,
ni un gustito se podían darVacilando, que caían sobre ellas
todas las penas. Y que me dicen de ese tal Datus que
prefirió su caballo a su mamá, a ese si que se le debería
aplicar un castigo ejemplarArdiendo

saludos.
07/May/2006 00:55 GMT+1
capellancastrense
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#3 ·
RE: La familia en la Edad media

Oh, Moonless, el tema es mucho más poligonal de lo que imaginas... Hay mucha literatura al respecto. Yo sugiero normalmente Regine Pernoud (imagino que allá en Argentina llegará alguno de los libros que le han editado en español). Es algo "feminista" pero pone el punto en subrayar el papel tan importante que ejerció la mujer en ese período tan interesante de la historia.
Les dejo a ambos a modo de agradecimiento por este estupendo foro una "primicia" de la traducción de un texto medieval latino que estoy preparando para publicar (entiendo que no ha sido traducido al español hasta la fecha). Se trata de la exhortación de Dhouda (era el nombre de la señora, no es culpa mía...) a su hijo.

Puesto que Dios y tu padre Bernardo han escogido a Carlos, tu señor, para que le sirvieras en la flor de tu juventud, conserva lo que posees por tu raza, ilustre por ambas líneas. No sirvas únicamente de modo tal que sólo plazcas a los ojos de tu amo, sino en toda ocasión manténle en plenas facultades, a su servicio, una fe intacta y cierta de cuerpo y espíritu... Por ello, hijo mío, te exhorto a mantener fielmente, en cuerpo y espíritu durante toda tu vida, lo que tienes como carga... Que jamás te puedan reprochar la locura de la infidelidad, que jamás germine el mal en tu corazón hasta el punto de volverte infiel a tu señor, sea lo que sea. No creo que deba temerse una traición por tu parte ni por parte de los que sirven contigo... Así, pues, Guillermo, hijo mío, que has nacido de su raza, sé, como ya te he dicho, sincero, vigilante y útil hacia tu señor y el más pronto a su servicio; y en todos los asuntos que interesen al poder del rey, en el interior o en el exterior, aplícate, conságrate a mostrar tu prudencia en la medida de las fuerzas que Dios te ha dado. Lee las vidas y los pensamientos de los Santos Padres del pasado y en ellos encontrarás el modo como debes servir a tu señor y serle útil en todos los aspectos. Y cuando hayas encontrado cómo, aplícate a ejecutar fielmente las órdenes de tu señor. Considera también, y contempla a los que dan prueba de la mayor fidelidad, sirviéndole con perseverancia, y aprende de ellos el modo de servirlo.
07/May/2006 09:22 GMT+1
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#4 ·
RE: La familia en la Edad media

El matrimonio en la Edad Media entre princips de diferentes reinos hizo que algunos ganaran mucho territorio de manera pacifica. Mucho mas eficiente que ir a la guerra. Tambien se vio en epocas posterioes.
07/May/2006 18:24 GMT+1
Moon.less
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#5 ·
RE: La familia en la Edad media

Regine Pernoud... tuve un libro suyo en mis manos,
uno que trataba de Hildegarda de Bingen, pero me
acuso de haberlo dejado escapar sin haberlo leído,
pero leí un artículo suyo en la revista Humanitas.

Muchas gracias, Capellan, por ese trozo de historia
que nos regalas y cuando la traducción esté completa
queremos la primicia en el foroSonrisa Gigante

Saludos.

P.D por si acaso te aclaro que no soy argentina, pero cerca...
cruzando los Andes me encuentras.

 


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#6 ·
RE: La familia en la Edad media

Yo es que no me contengo y te lo repito: eres único y gracias por el texto.

Yo mas modestamente pongo un texto que está ya publicado pero que es muy poco conocido. Y digo con modestia faltando a la humildad porque os largo todo un pedazo de sermón de Santo Tomás sobre el adulterio (el sexto mandamiento) pero que es para hacernos una idea de como la evangelización hacía mejores las relaciones familiares en aquellos días. La risa contenida de los hombres al llegar a la parte: "Así es que la mujer adúltera es sacrílega, traidora y ladrona." debió ceder paso al estupor y risas de las féminas cuando les largaba: "Pero los varones no pecan menos que las mujeres, aunque a veces se hacen ilusiones" y a continuación se basaba en los mismos principios "tan machistas" de la Edad Media para dejarles al pairo. En fin toda una clase magistral y no exenta de ironías graciosas y hasta de un cierto feminismo (Sin embargo, atiendan las esposas a lo que dice Cristo en Mt 23, 3: "Haced y guardad lo que os digan, pero no los imitéis en las obras) sobre lo que debe ser la virtud de la castidad en la pareja, en la que la unión carnal es meritoria y necesaria para la salvación y todo un ejemplo de como se concebía la igualdad de hombre y mujer a este respecto en el siglo XIII.




No adulterarás. Éxodo 20, 14.

Tras de la prohibición del homicidio se prohíbe el adulterio; y justamente, porque marido y mujer son como un solo cuerpo. "Serán (dijo el Señor, Gen 2, 24) dos en una sola carne". Por lo cual después de la injuria que se infiere a una persona no hay otra mayor que la que se infiere al cónyuge.

El adulterio se le prohíbe a la esposa y al esposo.

Pero primero debemos hablar del adulterio de la esposa, porque parece que ésta comete mayor pecado.


Al adulterar la mujer comete tres pecados graves. Los insinúa el Eclesiástico, 23, 32-34: "Cualquier mujer que abandona a su marido... en primer lugar desobedeció la ley del Altísimo, en segundo lugar pecó contra su marido, y en tercer lugar se ha manchado con el adulterio y se ha dado hijos de varón extraño".


Así pues, primeramente peca por infidelidad, porque se hizo infiel a la ley: en efecto, el Señor prohíbe el adulterio. Además, lo hace contra un decreto de Dios, Mt 19, 6: "A quienes Dios unió no los separe el hombre". Además, contra los ordenamientos de la Iglesia y contra el sacramento. En efecto, el matrimonio se efectúa en presencia de la Iglesia, por lo cual se pone a Dios como testigo y garante de la fidelidad jurada: Mal 2, 14: "Dios es testigo entre tú y la mujer de tu juventud, a la que tú has despreciado". Así es que se peca contra la ley, contra el reglamento y contra el sacramento de Dios.

En segundo lugar peca por traición, porque deja a su marido. Dice el Apóstol en I Cor 7, 4: "La mujer no es dueña de su propio cuerpo, sino el marido". Por
lo cual ni siquiera puede guardar la castidad sin el consentimiento del marido. Y por lo mismo, si adultera, comete traición, al entregarse ella misma a un extraño,
como el esclavo que se entrega a otro dueño. Prov 2, 17: "Deja al compañero de su mocedad, y olvida la alianza de su Dios".

En tercer lugar [peca] porque comete un robo, pues se da hijos de un extraño; y este es el robo máximo, porque da toda la herencia a hijos extraños.


Y obsérvese que tal mujer debería ver la manera de que los hijos se hiciesen religiosos o que hicieren alguna otra cosa de modo que no heredaran de los bienes del marido.


Así es que la mujer adúltera es sacrílega, traidora y ladrona.

Pero los varones no pecan menos que las mujeres, aunque a veces se hacen ilusiones. Lo cual es evidente por tres motivos:



Primeramente por razón de la igualdad, porque "el varón no es dueño de su propio cuerpo, sino la mujer", como se dice en I Cor 7, 4: por lo cual ninguno de los dos puede hacer nada sin el consentimiento del otro en cuanto al matrimonio. Y para darlo a entender, Dios no formó a la mujer de un pie o de la cabeza, sino de un costado. Y por eso nunca tuvo el matrimonio una condición perfecta sino en la ley de Cristo; porque un solo judío tenía muchas mujeres, pero la mujer no tenía muchos maridos, por lo cual no había igualdad.

En segundo lugar, por la fortaleza del varón; porque la pasión propia de las mujeres es la concupiscencia: I Pedro 3, 7: "Igualmente vosotros, maridos,
tratadlas con discreción, como a delicado vaso más frágil, honrándolas". Por lo cual si exiges de tu mujer lo que tú no quieres observar, quebrantas la fidelidad.

En tercer lugar por su autoridad, porque el varón es la cabeza de la mujer: por lo cual las mujeres no deben hablar en la Iglesia, sino preguntar al marido
en casa, como se dice en I Cor 14. Es pues el marido el maestro de la mujer; por lo cual Dios dio su precepto al varón. Ahora bien, más peca el sacerdote que el lai-
co, el Obispo más que el sacerdote, si no observan lo que deben, porque a ellos les pertenece el enseñar a los demás. De manera semejante, si el varón peca, quebranta la fe no guardando lo que debe.


Sin embargo, atiendan las esposas a lo que dice Cristo en Mt 23, 3: "Haced y guardad lo que os digan, pero no los imitéis en las obras".

"No adulterarás". Como está dicho, tanto a los varones como a las mujeres Dios les prohibió el adulterio. Pero debe saberse que aun cuando algunos creen
que el adulterio es pecado, sin embargo no creen quesea pecado mortal la simple fornicación. Contra ellos dice el Apóstol en Hebr 13, 4: "Dios condenará a for-
nicadores y adúlteros"; y en I Cor 6, 9: "No os engañéis: ni los fornicarios, ni los adúlteros, ni los muelles, ni los sodomitas poseerán el reino de Dios". Ahora bien,
a nadie se excluye del reino de Dios sino por el pecado mortal. Luego es pecado mortal [la fornicación].

Pero quizá digáis: no hay razón para que sea pecado mortal por no darse un cuerpo propiedad de una mujer, como en el adulterio. Respondo que si no se
da un cuerpo propiedad de una mujer, sin embargo se da un cuerpo de Cristo, que se le dio y consagró en el bautismo. Así pues, si nadie debe hacer injusticia contra su mujer, con mayor razón tampoco contra Cristo. I Cor 6, 15: "¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Y voy a tomar yo los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una meretriz? Ni lo quiera Dios". Es pues una herejía decir que la simple fornicación no es pecado mortal.

Por lo cual conviene saber que con el precepto de "no adulterarás", se prohíbe no sólo el adulterio sino toda corrupción carnal, excepto los actos del matrimonio.

Además debe saberse que algunos dicen que la unión del varón y la esposa no es sin pecado; lo cual es herético. Dice el Apóstol en Hebr 13, 4: "El matrimonio sea tenido por todos en honor, y el lecho conyugal sin mancha". Ahora bien, tal unión no sólo se hace a veces sin pecado, sino que también es para merecer la
vida eterna los que poseen la caridad; a veces se hace con pecado venial; a veces con pecado mortal.


En efecto, cuando es con la intención de procrear un hijo, entonces es una obra de virtud; cuando es con la intención de pagar el débito, también entonces es una obra de justicia; mas cuando es un modo de ejercitar la sensualidad, entonces es con pecado venial, si no traspasa los límites del matrimonio; y cuando los traspasa, de modo que si pudiera se pasaría a otra mujer, entonces es mortal.

Mas debe saberse que el adulterio y la fornicación se prohíben por muchas razones.

En efecto, primeramente dan muerte al alma. Prov 6, 32: "El adúltero pierde el alma por pobreza del espíritu". Y dice "por pobreza del espíritu", lo que ocurre cuando la carne domina al espíritu.

En segundo lugar priva de la vida: en efecto, el adúltero debe morir según la ley, como se dice en el Le-vítico 20 y en Deut. 22. Y que a veces no sea castigado corporalmente es para su mal; porqué la pena corporal que se sufre con paciencia es para la remisión de los pecados; pero será castigado en seguida en la vida futura.

En tercer lugar disipa sus bienes. Por lo cual en Lc 15, 13 se cuenta que el hijo pródigo disipó su hacienda viviendo lujuriosamente. Eccli 9, 6: "De ninguna manera te entregues a meretrices, para que no te pierdas y pierdas tu hacienda".

En cuarto lugar, hace despreciables a sus hijos. Sab 3, 16-17: "Los hijos de los adúlteros serán destruidos, y la raza que procede del lecho criminal será exterminada; y si algunos viven largamente, serán tenidos en nada, y sin honor". I Cor 7, 14: "De otro modo vuestros hijos serán impuros, y ahora son santos". En la Iglesia no se les honra, si es que pueden sin deshonra ser clérigos.

En quinto lugar, deshonra, y especialmente a las mujeres. Eccli 9, 10: "Toda mujer pública es pisoteada como el estiércol en el camino"; y del varón se dice en Prov 6, 33: "Va acumulando para sí oprobios e ignominias, y jamás se borrará su infamia". Gregorio dice también que los pecados carnales son más infamantes pero menos culpables que los espirituales. Y la razón es que el pecado carnal es común con las bestias. Salmo 48, 21: "El hombre, constituido en dignidad, no entiende: se ha igualado con los insensatos jumentos, y se ha hecho ellos".


He utilizado la traducción de Salvador Abascal en la Editorial Tradición



Editado por Sotonik, Lunes, 8 de Mayo de 2006, 03:16

 


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#8 ·
RE: La familia en la Edad media

Perdona, Moonless por cambiarte de nacionalidad: eso de decirle a Sotonik "sos grande" me llevó a confusión. Yo leí de Pernoud el libro que mencionas y otro muy interesante que se llama "La mujer en el tiempo de las catedrales"...
Te dejo una entrevista que le hicieron cuando publicó este libro (vaya mujer: tiene las ideas demasiado claras... no me gustaría tenerla enfrente en un debate...)

Una antigua desconfianza hacia la mujer

http://www.interrogantes.net/includes/documento.php?IdDoc=1183&IdSec=149

En casi toda Europa,
la conversión de un pueblo
comenzó por la acción de una mujer.
Régine Pernoud



¿Inferioridad de la mujer?

—Muchos piensan que, aunque hayan mejorado bastante las cosas en los últimos tiempos, quedan en la Iglesia rastros de una antigua desconfianza hacia la mujer. Incluso he oído decir que la Iglesia tardó algunos siglos en reconocer que las mujeres tuvieran alma.

Desde luego, lo de la ausencia de alma en la mujer nunca lo pensó la Iglesia católica, y esto lo desmiente con rotundidad la historia: las santas y las mártires fueron veneradas desde los primeros siglos del cristianismo, y su glorificación brilla en todos los templos cristianos de la antigüedad, y siempre hubo tanto mujeres como hombres en el catálogo romano de canonizaciones.

Además, la Iglesia católica, como es sabido, venera desde los primerísimos tiempos a una mujer, la Virgen María, como madre de Dios y la más perfecta de las criaturas. Todo ello, como comprenderás, es poco compatible con semejante leyenda.

—¿Y no es cierto al menos que la Iglesia admitió que la mujer era inferior al hombre porque, según el relato del Génesis, fue creada después que él?

Hubo algunos pensadores cristianos lo bastante ridículos como para pretender que la mujer era un ser inferior, haciendo una interpretación realmente sorprendente de ese relato del Génesis. Pero su doctrina fue condenada por la Iglesia. Ya dijo Aristóteles que no había en el mundo idea absurda que no tuviera al menos algún filósofo para sostenerla; y se ve que eso puede extenderse a las muchas afirmaciones absurdas que se han hecho en torno a la teología católica a lo largo de los siglos. Hay que pensar que durante los primeros siglos del cristianismo, los concilios dedicaron mucho tiempo a condenar errores. Uno de ellos fue este. Pero no pueden imputarse a la Iglesia las aberraciones que se vio obligada a denunciar y condenar. Como decía André Frossard, eso sería como responsabilizar al Ministro de Justicia de todas las faltas que castiga el Código Penal.

—Pero San Pablo, por ejemplo, manda en una de sus epístolas que las mujeres se mantengan calladas en las asambleas.

Y con ello demuestra que ellas participaban en esas asambleas, algo absolutamente inimaginable durante muchísimos siglos en nuestras modernas y avanzadas asambleas parlamentarias occidentales.

Porque un sencillo análisis de la historia permite ver que la discriminación de la mujer ha sido un fenómeno muy extendido a lo largo de los siglos. Eso es algo lamentable, pero no es justo achacarlo a la Iglesia.

Por poner un ejemplo bien ilustrativo, el acceso general de la mujer al voto en las elecciones democráticas civiles de nuestras modernas sociedades occidentales comenzó con Finlandia en 1906, y no llegó a Estados Unidos hasta 1920, a Gran Bretaña hasta 1928, y a España hasta 1931. Otros países de nuestro entorno no alcanzaron el pleno derecho de sufragio femenino hasta mucho después: Francia en 1944, Italia en 1945, Bélgica en 1948, Andorra en 1970 y Suiza en 1971. Se ha discriminado mucho a la mujer en la historia de la democracia, pero la culpa no es de la democracia, sino de la visión de la mujer que tenía entonces la sociedad.

Para ser justo, hay que integrar ese comentario de San Pablo en la mentalidad imperante en aquellos tiempos. A nadie de esa época, fuera judío o romano, se le habría pasado por la cabeza dar a las mujeres tanto protagonismo como tienen en el Nuevo Testamento, totalmente impensable por aquel entonces (de hecho, fue durante mucho tiempo objeto de crítica por parte de muchos autores no cristianos). Sería más justo decir, en todo caso, que las fuertes exigencias de la moral cristiana contribuyeron a amortiguar aquella lamentable situación.

¿Por qué las mujeres no pueden ordenarse?
—Pero, ¿y lo del sacerdocio femenino?
Nos salimos un poco del objeto de este libro, porque se trata ya de un problema teológico, y no de una cuestión de razonabilidad de la fe. De todas formas, puedo decirte que la Iglesia católica afirma que hay un sacerdocio común de todos los fieles –varones y mujeres–; y que el sacerdocio ministerial corresponde solo a los varones, entre otras razones, porque no considera la Santa Misa una simple evocación simbólica o conmemorativa, sino la renovación incruenta del sacrificio de la Cruz; y como Jesucristo era un varón, y el sacerdote en la Santa Misa presta su cuerpo a Cristo, lo propio es que el sacerdote sea un varón.

—Entonces, ¿las mujeres no tienen ese derecho?
El sacerdocio no es un derecho, sino una llamada. Jesucristo llamó a los que quiso, y no puede pasarse por alto el hecho de que no eligió entre los doce apóstoles a ninguna mujer. Y es evidente que podía haberlo hecho con facilidad, pues a su lado iban siempre algunas mujeres (que le seguirían hasta la cruz, donde, por cierto, todos los apóstoles menos uno le abandonaron), y no habría extrañado en aquellos tiempos, en los que sí había sacerdotisas.

¿Por qué Jesucristo no eligió a ninguna? No es fácil saberlo. El caso es que tampoco lo hicieron los apóstoles al designar a sus sucesores, y desde los primeros tiempos la Iglesia ha seguido así –sin que esto suponga ningún menoscabo para la mujer–  por fidelidad a la voluntad fundacional de Jesucristo.

Por otra parte, no se requiere ser sacerdote para alcanzar la santidad, ni debe considerarse la ordenación como un premio del que se ha privado a las mujeres. Se trata más bien de un servicio que corresponde a los varones. Por ejemplo, la misma Virgen María, asociada más que nadie al misterio de Jesucristo, no fue llamada al sacerdocio.

La Iglesia reconoce la igualdad de derechos del varón y de la mujer en la Iglesia, pero esa igualdad de derechos no implica identidad de funciones. A su vez, esa diferencia de funciones no concede un valor superior al varón sobre la mujer, pues los más grandes en la Iglesia no son los sacerdotes sino los santos.

—Pero las mujeres no tendrán poder en la Iglesia…
Si contemplamos la Iglesia desde la perspectiva del poder, efectivamente el que no ostente cargos estaría oprimido. Pero ese planteamiento destruiría la Iglesia, y daría una visión falsa de su naturaleza, como si el poder fuera su fin último. En la Iglesia no estamos para asociarnos y ejercer un poder. Pertenecemos a la Iglesia porque nos da la vida eterna, todo lo demás es secundario.

El papel de la mujer
—De todas formas, no parece muy feminista por parte de la Iglesia...
El Papa y los obispos no pueden cambiar el comportamiento de Jesucristo. Reconocen y promueven el papel de la mujer, y han recomendado que participen las mujeres en la vida de la Iglesia sin ninguna discriminación, también en las consultas y en la elaboración de las decisiones, en los Consejos y Sínodos diocesanos y en los Concilios particulares.
«Precisamente porque soy profundamente feminista –decía la escritora Régine Pernoud–, la ordenación de mujeres me parece contraria a los intereses mismos de las mujeres. Se trata de algo que entraña el peligro de confirmar a las mujeres la creencia de que para ellas la promoción consiste en hacer todo lo que hacen los varones, como si su progreso fuera actuar exactamente como ellos.
»Que el hombre y la mujer tienen igualdad de derechos, nos lo ha enseñado el Evangelio. Los mismos apóstoles se quedan perplejos cuando Cristo anuncia la absoluta reciprocidad de deberes entre el marido y la mujer: tan evidente era que eso iba en contra de la mentalidad de la época.
»Esto hace más significativa la decisión de Cristo de escoger, entre los hombres y mujeres que le rodeaban, doce hombres que habían de recibir la consagración eucarística durante la Última Cena en el cenáculo de Jerusalén. Observemos que, en esa misma sala, las mujeres se encuentran mezcladas con los hombres para recibir la irrupción del Espíritu Santo en Pentecostés. Más que reivindicar el ministerio sacerdotal para las mujeres, ¿no habría más bien que recordar que lo que Cristo pidió a las mujeres es que fueran portadoras de la salvación?
»En el inicio del Evangelio está el sí de una mujer; en el final, otras mujeres se apresuran a ir a despertar a los apóstoles para comunicarles la noticia de la Resurrección; las mujeres son invitadas a transmitir la palabra: hay místicas, teólogas, doctoras de la Iglesia. En casi toda Europa la conversión de un pueblo comenzó por la acción de una mujer: Clotilde en Francia, Berta en Inglaterra, Olga en Rusia, por no hablar de Teodosia en España y Teodelinda en Lombardía. Pero el servicio sacerdotal se pide a los varones.
»Hoy se ve a muchas mujeres asumir las más amplias tareas de enseñanza religiosa o teológica. La desconfianza de la sociedad civil hacia la mujer, manifiesta en el mundo clásico, comenzó a disiparse muy recientemente. Lo deseable, al comienzo de este tercer milenio, es que se establezca el esperado equilibrio sin ninguna confusión.»
08/May/2006 15:16 GMT+1
Sotonik
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#9 ·
RE: La familia en la Edad media

Regine Pernoud es una gran medievalista y única para el tema de la mujer en la Edad Media. La he citado varias veces en este foro también. Pero hoy día parece que le ha salido una antagonista a todos los sentidos en la figura de otra investigadora de la antiguedad: Karen Jo Torjesen, llevada en volandas por las feminstas. ¿Que nos puedes decir de esta última y de su obra capellancastrense?
08/May/2006 15:51 GMT+1
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#10 ·
RE: La familia en la Edad media

Conozco algún escrito de ella sobre las deidades femeninas y su teoría sobre el sacerdocio femenino en la iglesia primitiva, pero en realidad, esa señora no es comparable con Regine Pernoud. Pernoud es una historiadora, Torjesen es más bien socióloga. Pernoud ofrece datos desnudos, Torjesen interpreta. Ciertamente, en Torjesen se ve enseguida una lectura ideologizada de los hechos a los que realmente no presta atención. Lo poco de ella que me ha caído en las manos, no es sólido, como los trabajaos de Pernoud, que busca meterse en la mentalidad de la época. Torjesen se acerca a tiempos pasados con una mentalidad de hoy que juzga como si nuestra sociedad fuese el ideal y lo demás no valiese la pena. Además, en Torjesen hay mucho de exoterismo y una desequilibrada atención a la tradición paralela... (esa que ahora salen en Nationa Geographic...)

Les dejo porque estoy con mi crisis primaveral de migraña... y el rizotriptan me tiene como drogado (aunque no tengo experiencia de esas cosas...)
Un saludo

 


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#12 ·
RE: La familia en la Edad media

Gracias Canal. Aprovecho de poner aquí un artículo que escribí y nunca publiqué sobre las "góticas"... Creo que sí pega bastante (es fruto de mis lecturas de Pernoud...) Fumador

A la moda más actual pertenece ese fenómeno que vemos por las calles y que se denomina «las góticas». Se trata de jóvenes o adolescentes que se visten de negro y se pintan también de negro ojos, labios y uñas. Cuando vine a saber de su existencia, me pregunté espontáneamente ¿góticas? ¿por qué?

Gótico es el estilo artístico propio del último período de la Edad Media. Y se refiere a los godos que fueron pueblo germánico especialmente belicoso. Encarna también, y por extensión, a las personas que vivieron en ese período de la historia en los países de Europa. ¿Cómo eran las «mujeres góticas» de la Edad Media?

Clotilde una de las más famosas mujeres de ese tiempo, logró la conversión al cristianismo de su esposo el rey Clodoveo y con él la de Francia. Y digo «logró » porque no fue empresa fácil. No sólo por la barbarie de los reyes de aquella época sino porque, como nos cuenta San Gregorio de Tours, fue necesario un verdadero debate intelectual: «Los dioses que veneráis no son nada, son incapaces de subvenir a sus necesidades y de satisfacer las de los demás... El Dios a quien hay que rendir culto es aquel cuya Palabra sacó de la nada el cielo». Toda una muestra de coraje que ya quisieran tener algunas de las que se autodenominan «góticas».

También hay emperatrices como Matilde de Sajonia que después de muerto su esposo Enrique V, mantuvo el reinado sobre Inglaterra a pesar de guerras civiles y dificultades terribles. O qué decir de Leonor de Castilla que acompañó a su esposo a la octava cruzada y luego le siguió también en el gobierno de Inglaterra.

No me resisto a hablar también aquí de otra mujer del período gótico. Se trata de Leonor de Aquitania, la madre del rey Ricardo Corazón de León. Las narraciones de Scott nos hacen familiares las peripecias del «Caballero negro». Y, sin embargo, Leonor estuvo esos cinco años que duró la fracasada tercera cruzada muy atenta al buen gobierno y preparó la resistencia ante su otro hijo, Juan sin Tierra que venía en unión del monarca francés a usurparle el trono. Ella misma logró la reconciliación entre los dos hermanos y luego, al ver que su misión estaba cumplida, se retiró a una abadía donde murió el año 1204.

Todas ellas fueron mujeres excepcionales que sin duda nos hacen redimensionar nuestra opinión sobre la tan criticada Edad Media y, si ahora pudieran expresarse mirarían con desdén a estas pseudo góticas que tan extravagante y gregariamente caminan por nuestras calles.
11/May/2006 15:43 GMT+1
Sotonik
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#13 ·
RE: La familia en la Edad media

Precioso artículo por lo conciso. Recuerdo mujeres góticas...

Leonor de Aquitania, la más bella mujer de la cristiandad, según las crónicas. Toda otra figura y precursora de las revistas del corazón si hubieran existido en aquella época, estaría todo los días en boca. Pero y Catalina de Siena, dedo de Dios sobre el papado, y Eloisa, universitaria loca de amor por su maestro al que sigue amando desde su abadía, por citar otras mujeres de otra índole. Marozia misma, Donna Senatrix y personificación de la maldad, hija, amante y madre de papa (triste record nunca más batido). O incluso la madre de Tomás de Aquino, condesa de Torano, de recia ascendencia normanda y de armas tomar a la que sólo le hubiera faltado ir a la cruzada. Su forcejeo contra toda autoridad divina o humana por torcer la vocación de fraile mendicante de su hijo merece ser contado

Tomás al que se le auspiciaba un buen carrgo entre los benedictinos (seguramente abad de Monte Casino) se había hecho "fraile mendicante". Había optado por la pobreza de la vida de la orden de Santo Domingo en el estudio el ayuno y la oración para predicar por los caminos viviendo de limosna. La noticia llegó a Rocca Secca. Y acogióla con despecho la condesa, pues no podía concebir que se hiciera "fraile mendicante" aquel hijo en el cual su orgullo de madre había puesto las más brillantes esperanzas de grandeza humana. Por esto corrió al momento a Nápoles, para disuadirlo de la determinación tomada.

Comienza entonces un amargo drama. Mientras la condesa fuerza los ánimos, con imperiosa violencia, en el convento, Tomás huye a Roma, para refugiarse en otro convento de dominicos. La terrible madre descubre su paradero y llama también a las puertas del convento romano. No se le abren. Lleva ella sus quejas al emperador y al Papa. El hijo no aguarda la decisión: por segunda vez se escapa y emprende el camino hacia París...

Pero en el momento en que sale de los Estados Pontificios, es apresado por una estratagema de sus propios hermanos, que le conducen al castillo materno, acompañados de una ostentosa escolta. Allí sufre los asaltos de toda la familia: de la madre, que sorprendida por la invencible calma de Tomás, le hace encerrar en una de las torres; de las hermanas y de los hermanos, los cuales, para matar su vocación, introducen en su cárcel a una mujer liviana sin resultados... El drama terminó al año de prisión, por la intervención del Papa y del emperador, que se impusieron para que el prisionero fuese soltado. Queriendo la madre salvar las apariencias, cuidó ella misma de que Tomás se escapase de noche muro abajo, metiéndolo en una cesta... Estamos en 1245 y esto parece todo un culebrón de nuestros días.

Definitivamente la realidad de la mujer en la Edad Media (Trono de la Sabiduría en todas las catedrales y asiento así del fundamento del mundo medieval) se nos escapa desde nuestra mirada deformada por el presente.