El Teatro Romano

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alexgabriel
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Guardia Pretoriano
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Autor: Galland, 29/Dic/2005 11:56 GMT+1:



ORGANIZACION Y FINANCIACION

En Roma, el teatro no existió como institución cultural autónoma, ni hubo como en Grecia concursos públicos entre autores por determinar la excelencia entre varias obras. La palabra theatrum, tomada del griego, significaba para los romanos el edificio en el que se celebraban las representaciones teatrales, a las que llamaban «espectáculos escénicos» (ludi scaenici), porque constituían una parte de los juegos públicos celebrados en honor de los dioses.



Elemento esencial de la identidad romana y de su cultura, la importancia de los juegos para la comunidad se aprecia en el hecho de que, en los días destinados a su celebración, se suspendía toda actividad profesional, comercial y pública, lo que facilitaba la asistencia de la población a los diversos actos programados. Los juegos no deben ser vistos sólo como un fenómeno lúdico: celebrados a la vez ante dioses y hombres, representaban un espacio de comunicación social en el que se inscribían formas de relación del romano con el mundo. Integradas en ese ritual, las representaciones teatrales no eran simplemente una actividad artística, sino una expresión de la vida cívico-religiosa, y como tales eran precedidas siempre de sacrificios rituales.



Ese aspecto religioso permaneció siempre en mayor o menor medida, y es precisamente su relación con los cultos tradicionales romanos lo que impulsaría a los primeros padres de la Iglesia cristiana a condenar a los que asistían a espectáculos teatrales y circenses, no sólo por verlos como ámbitos de corrupción moral, sino sobre todo por considerarlos idólatras

Los juegos comenzaban con una solemne procesión (pompa), que abría las ceremonias. Durante los días de fiesta se alternaban actos de diverso género: juegos circenses, juegos gladiatorios en el anfiteatro y espectáculos escénicos en el teatro, que se insertaron cronológicamente entre la pompa y las carreras en el circo. Contaban con representaciones teatrales de comedia, tragedia, mimo y pantomimo, en proporción que fue variando con el tiempo en función de los gustos del público.



Había diversos juegos públicos oficiales. Los más relevantes eran los que se celebraban en honor de Júpiter Óptimo Máximo, el dios supremo del panteón romano: los Juegos Romanos (Ludi Romani), los primeros en instaurarse y anuales desde el año 366 a.E., y los Juegos Plebeyos (Ludi Plebeii), programados cada año
desde el final del siglo III a.E.

Junto a éstos, existían otros juegos celebrados regularmente: los Seculares, que conmemoraban el final de un siglo y el comienzo del nuevo; y los que honraban a diferentes divinidades: Flora, Apolo, Cibeles y Ceres. En todos ellos, durante la época republicana, predominaron los espectáculos escénicos sobre los circenses. Junto a los juegos regulares, existía la posibilidad de que se organizaran otros extraordinarios, celebrados para señalar eventos particulares, como un éxito militar (Suetonio, Vida de César, 39), la inauguración de un templo o el final de un desastre natural. También existían ocasionalmente juegos privados, pagados íntegramente por algún individuo con el deseo de impresionar al pueblo con su generosidad y obtener así popularidad. Durante el Principado, se añadieron los celebrados con motivo de los aniversarios de los emperadores y en otras ocasiones relacionadas con los máximos gobernantes del Imperio.



De esta manera, el número de días dedicados anualmente a los juegos fue creciendo considerablemente, y dentro de ellos las jornadas dedicadas a las representaciones escénicas. Si al final del siglo III a.E. no debía de ser superior a doce, al comienzo del Principado, de los setenta y siete días programados en la ciudad de Roma para la celebración de juegos públicos, cincuenta y seis estaban dedicados a funciones teatrales. Desde entonces el teatro hubo de hacer frente a la competencia creciente del anfiteatro y, sobre todo, del circo, de modo que, mientras el número de días de juegos públicos fue aumentando, el porcentaje de los dedicados a espectáculos teatrales disminuyó.

Del mismo modo que la religión estaba en Roma dirigida por la aristocracia, también el contenido y el desarrollo de los juegos estaban sometidos a su control. En consecuencia, todas las obras teatrales que eran representadas en público -basadas con frecuencia en los mismos mitos que formaban parte de las creencias religiosas o referidas a episodios históricos, o supuestamente históricos, que se remontaban al mismo origen de Roma- debían ser autorizadas por los magistrados que organizaban los juegos y, en última instancia, por el senado. De ello se encargaron durante la mayor parte del período republicano los ediles.

Si bien buena parte de la financiación corría a cargo de fondos públicos, era habitual que los ediles, que estaban al comienzo de su carrera política, añadieran dinero propio para asegurar la brillantez de los juegos y agradar así a sus potenciales votantes en futuras elecciones. Desde el año 22 a.E., Augusto encargó la organización de los juegos públicos a los pretores. Sin embargo, desde entonces fueron por lo general los mismos emperadores los patrocinadores de unos juegos cuya celebración estaba cada vez más relacionada con la exaltación de su figura en el contexto del culto imperial. Puesto que cada emperador se esforzaba por superar a sus antecesores, los costes en la organización de los juegos llegaron a ser inmensos.

Los costes de los espectáculos escénicos se repartían fundamentalmente entre la adecuación de los edificios teatrales y la contratación de los actores. Hasta que se inauguró en el año 55 a.E. el primer teatro permanente en piedra de Roma, promovido por Pompeyo, era preciso construir en madera para cada ocasión una escena y un espacio para los espectadores con filas de asientos. Desde entonces, varios cientos de teatros fueron construidos en todo el Imperio romano. En general, tanto la construcción como el mantenimiento de los edificios teatrales, en Roma y en las provincias, correspondía al Estado, aunque era frecuente que magistrados y particulares contribuyeran con sus propios medios.

Los actores profesionales (histriones) estaban organizados en compañías (grex, caterva) poco numerosas -por lo general cuatro o cinco actores se repartían todos los papeles de una obra- bajo la dirección de un patrono (dominus). La mayoría tenían la condición jurídica de esclavos o libertos, y procedían sobre todo del Mediterráneo oriental, si bien también hay atestiguados actores occidentales, en particular de Italia. Recibían dinero por sus actuaciones, pero los salarios variaban sustancialmente en función de la fama de cada uno de ellos, y muchos debían de vivir en el umbral de la mera supervivencia. Al cabo del año, sólo se celebraban unas pocas representaciones teatrales en cada ciudad, de modo que los actores debían complementar sus ingresos con otras actividades artísticas y mediante giras teatrales por diversas ciudades.

En general los actores eran vistos como personajes vulgares y moralmente repudiables, hasta el punto de que fueron tratados por la ley romana como infames y su profesión como ignominiosa. Sin embargo, existieron notables excepciones. Se conocen en época tardorrepublicana actores como Roscio Galo y Clodio Esopo que llegaron a ser famosos en su época, convertidos en estrellas capaces de reunir grandes fortunas y bien vistos incluso entre los círculos aristocráticos. Durante el Principado, sobre todo durante el siglo II, los actores de mayor éxito fueron los pantomimos de la familia Caesaris, quienes, al servicio del emperador, no sólo actuaban en Roma, sino que realizaban giras por Italia y por las provincias occidentales del Imperio. Algunos de ellos llegaron a recibir honores municipales e inscripciones honoríficas en lugares públicos en ciudades provinciales. Grafitos de Pompeya muestran hasta qué punto el público podía entusiasmarse por los actores, llegando incluso a crear grupos de partidarios de uno u otro.


Autor: Moon.less, 29/Dic/2005 22:11 GMT+1:



Muy bueno tu artículo Galland y que lindas las fotosTodo Ok
En aquellos lejanos tiempos los actores les era bastante difícil
adquirir el status de estrella, no como ahora que cualquiera se
hace famoso Sonrisa Gigante

saludos


Autor: Pr3toriano, 09/Ene/2006 22:26 GMT+1:



Realmente el "primus inter pares" de los teatros griegos y romanos es el teatro griego de Epidauro, ejemplo de la maravilla griega.

Primero por la perfección nunca igualada de la acústica, luego por la perfecta visibilidad, geometría basada en líneas rectas y el aprovechamiento de la colina donde está situado. Si tiras un alfiler en la escena, lo escuchas desde la sumacavia.

Los teatros griegos eran ultrasemicirculares, los romanos semicirculares; los griegos se basaban en líneas rectas asociados a colinas o elevaciones; los romanos utilizaban bóvedas, arcos de medio punto....Los griegos eran los maestros del teatro, en los dos sentidos.


Autor: Dagda80, 10/Ene/2006 07:17 GMT+1:



El epidauro impresiona imaginemos se le llama el teatro del mundo.Junto con Olimpia y Micenas, Epidauro es uno de los lugares más
vistados del Peloponeso. El santuario de Asclepio debe su éxito
tanto al teatro como a su increible emplazamiento.Del propio santuario
de Asclepio quedan pocas cosas, sólo algunos trazados más o menos visibles
en el suelo. El estado es bastante evocador. Todavía se pueden observar las
líneas de salida y de meta. Frente al tolos se encuentran los cimientos del
templo de Asclepio, construido a principios del siglo IV a.C. siguiendo las normas
del orden dórico. También en el recinto se encuentra una casa romana de la que
se conserva todavía el suelo de mosaicos.

Teatro de Epidauro
El teatro no tiene igual en Grecia ni en Asia Menor. Ni siquiera los de Efeso en Turquia o de Dodona en Epiro rivalizan con él. Fue construido en el siglo IV a.C. por Policleto el joven y se encuentra casi intacto actualmente. Se celebran festivales en verano y su aforo es de 14.000 espectadores. Desde lo alto de las gradas situadas en la ladera del monte Kynortion se puede disfrutar de unas maravillosas vistas de la campiña que lo rodea.



Actores de una comedia
Del teatro de Epidauro hay que decir que tiene una acústica sorprendente. Desde cualquier punto se oye la voz de los actores. Nuestra guia nos hizo una demostración con unos pasajes de la Odisea de Homero. Comenzó hablando alto, y cuando consiguió el silencio del "publico" que se encontraba en el graderío, fue bajando el tono y se oía perfectamente. También encendió una cerilla y el sonido producido se escuchó como si la prendieran a tu lado. Increible la acústica del Teatro.