Cuando nos quedamos sin poder medir...

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eljoines
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AUTOR: Sotonik

Cuando nos quedamos sin poder medir...
 

A propósito del revuelo montado por la redefinición de planeta, algo que sólo afecta a nuestros atlas de astronomía recuerdo que hubo otras redefiniciones más graves y que tampoco alteraron nuestra vida. Una de ellas es la de la unidad métrica. No menos de ocho redefiniciones de la unidad en ocho épocas distintas. Ocho veces nos quedamos sin poder medir o con metros anticuados y ocho veces no pasó absolutamente nada, porque todo el mundo siguió midiendo normalmente en metros (salvo esos estúpidos anglosajones a los que les gusta llevar la contraria) independientemente de la definición conceptual del mismo.

 

  • 1983-10-21: Se define al metro como la distancia recorrida por la luz en el vacío durante 1/299.792.458 segundo.
  • 1960-10-20: Se define al metro como 1.650.763,73 oscilaciones en el vacío de onda de a la radiación emitida por el salto cuántico entre 2p10 y 5d5 de un átomo de 86kriptón.
  • 1927-10-06: Se define al metro como la distancia entre las dos marcas del patrón de platino con 10% de iridio a 0 ºC y 1 atmósfera.
  • 1889-09-28: Se define al metro como la distancia entre las dos marcas del patrón de platino-iridio a 0 ºC.
  • 1799-12-10: Se define al metro con un patrón de plata (el primer patrón, construido el 23 de junio de ese año).
  • 1795: Se crea un patrón provisorio de latón.
  • 1791-03-30: Se define al metro como la diez millonésima parte de un meridiano dentro de un cuadrante (un cuarto de la circunferencia polar de la tierra).
  • 1790-05-08: Se define al metro con la distancia recorrida por un péndulo determinado que tiene una hemiperíodo de un segundo. 

    El que crea que la cosa es baladí por significar variaciones mínimas, que calcule la diferencia por ejemplo en la órbita plutoniana medida en metros de 1790 y metros de 1983. Peor lo tiene el patrón de peso, que por no haber encontrado un patrón no material como el metro sufre variaciones de más importancia. Pero no nos asustemos, la realidad es la realidad a pesar de lo que diga EL PAIS en su artículo Plutón posmoderno (ver http://miarroba.com/foros/ver.php?foroid=704553&temaid=4938830 ) y durante mucho tiempo se midió en metros y se pesó en kilos sin haber patrón alguno. De la misma manera Plutón seguirá estando ahí para que no se colapse el sistema solar. La res es la res. Lo demás son convenciones posteriores al conocimiento de la realidad.
  • coventin
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    Prefecto de Legión
    Socio MH
    Desde: 30 Ago 2009
    No, Capellán, con Dionisio hay un error al parecer en el cálculo del nacimiento de Cristo por cuatro o seis años que no se modifica, haciendo coincidir el año 1 de la encarnación del Señor o D.C. con el 754 desde la fundación de Roma cuando en realidad fue antes. Para entendernos: Cristo habría nacido el 6 A.C de la era cristiana vigente. 

    El error que sí necesitó de reforma fue el introducido por Julio César en el cómputo de la duración del año, que hacía que cada cuatro años se agregara tiempo de más al año. Julio intentaba así corregir otro error similar.

    Un poco de copiar y pegar nos da las nociones exactas del error del calendario Juliano y su corrección. 

    La reforma gregoriana:

    Sabemos que el año civil está regido por el Sol, por tanto lo podemos definir diciendo que es el tiempo comprendido entre dos pasos consecutivos del Sol por el equinoccio de primavera, lo que en Astronomía llamamos Año Trópico. Este año equivale actualmente a 365,24219879 días, es decir, 365 días medios, 5 horas, 48 minutos, 45 segundos y 98 centésimas de segundo, aunque sabemos, mediante modernas observaciones astronómicas y por observaciones desde satélites artificiales, que la velocidad de rotación de la Tierra no es constante, sino que varía, tanto a corto plazo como a lo largo de los siglos. Concretamente hace 85 millones de años, en el Cretáceo superior, la Tierra se movía un poco más rápido y el año tenía 370,3 días. En el Cámbrico llegó a tener 425. Actualmente la velocidad de rotación tiende a disminuir y por tanto el año medido en días será más corto.

    Como se ve, actualmente, sobran casi 6 horas a los 365 días, es decir, casi una cuarta parte de día. Si hacemos que el año dure 365 días justos, cada cuatro ha de sobrar aproximadamente un día. Esta es la corrección que introdujo Julio Cesar en el año 46 aC, pero la corrección Juliana no es suficientemente exacta, puesto que con ella se añaden 44 minutos y 56 segundos de más cada cuatro años, casi ocho días por milenio (concretamente 7,80).

    Esta diferencia, aunque pequeña con los siglos se fue acumulando, haciendo que no coincidiesen las estaciones del calendario con las naturales. Ya en el 325 dC el calendario llevaba unos tres días de retraso respecto a las estaciones, de manera que en lugar de caer en el 25 de marzo, el equinoccio de primavera se producía en el 21 de ese mes. Ese mismo año se celebró en Nicea el concilio que lleva el nombre de esta ciudad. De entre las intenciones del concilio estaba la de fijar la fecha de la Pascua, que según las reglas establecidas había de ser celebrada en el primer domingo posterior al plenilunio de primavera, pero a pesar de detectar algún error en el Calendario Juliano no se estableció ninguna reforma ya que, a falta de observaciones precisas, se supuso que los cálculos de Sosígenes podrían haber sido incorrectos al determinar la fecha del equinoccio y por tanto, en lugar de variar la duración del año lo que se hizo fue modificar la fecha del equinoccio de primavera, estableciéndola desde entonces en el 21 de marzo.

    Así pues el Calendario Juliano, a pesar de su pequeña incorrección que hacía que al pasar el tiempo fuese aumentando la distancia entre el equinoccio de primavera y la fecha del 21 de marzo, fue siendo utilizado durante dieciséis siglos, aunque el tema se volvió a tratar en los concilios de Constanza (1414 dC) y Trento (1545-1553 dC). Finalmente fue el 24 de febrero del año 1582 dC, cuando el Papa Gregorio XIII, aconsejado por los astrónomos Christopher Clavius y Luigi Lilio, le introdujo una reforma que consistía en ajustar los años bisiestos de manera que los años divisibles por cien pero no por cuatrocientos dejasen de tener 366 días. De esta manera se evitaba el desfase que se estaba produciendo al intercalar excesivos años bisiestos, ya que se suprimían tres días cada cuatro siglos. Así, el año 1600 fue bisiesto y lo será también el 2000 (todos dos son divisibles por cuatrocientos), pero fueron años naturales el 1700, 1800 y 1900 y lo será el 2100. Es por eso que el jueves 4 de octubre de ese año 1582 dC fue seguido por el viernes 15 de octubre, para eliminar los diez días que ya se llevaban acumulados (haciendo que el equinoccio de primavera, que se verificaba ya el 11 de marzo, volviese a caer el 21 de marzo), a pesar de los graves disturbios que aparecieron en muchos lugares por que la gente estaba convencida de que se le habían quitado diez días de vida. Nacía de esta manera el Calendario Gregoriano, vigente actualmente en el mundo occidental con muy pocas variaciones.

    De hecho, esta corrección del calendario también es incorrecta en dos aspectos:

    Primero: hubiera hecho falta restar trece días al calendario vigente y no los diez en que se ajustó. De esta manera los equinoccios y solsticios seguirían cayendo en los mismos días que en la época romana y no en los días 21 de los meses respectivos, como sucede actualmente.

    Segundo: la diferencia (por exceso) del Calendario Gregoriano (365,2425 días/año) respecto al año trópico (365,24219879 días) es aproximadamente de un día cada 3.320 años, para ser más exactos aún haría falta que los años múltiples de mil sólo sean bisiestos cuando no son divisibles por 4.000. Por tanto el año 2000 y el 3000 seguirían siendo bisiestos, y el 4000 habría de ser natural.

    Hace falta recordar que el cambio de Calendario Juliano a Gregoriano no se produjo conjuntamente en todo el mundo. Fue inmediato en España, seguido poco después por Portugal pero, por ejemplo, en Francia se hizo el 9 de diciembre de ese mismo año (saltando al día 20), la parte católica de Suiza y de Alemania no aceptaron la reforma hasta dos años después, Polonia lo hizo el 1586 dC y Hungría el 1587 dC. En Inglaterra no fue adoptado hasta el año 1752 dC, cuando el 2 de septiembre fue seguido por el 14 de septiembre, once días de corrección. En el mismo año lo hizo también Suecia. Uno de los casos más tardíos fueron los de Grecia, Bulgaria, la antigua Yugoslavia y Rusia que esperó hasta inicios del s. XX, concretamente al 1923. El año siguiente hicieron el cambio Turquía. China esperó al 1912 y Japón hasta el 1873. Esto origina anécdotas curiosas como el hecho de que Cervantes y Shakespeare muriesen el mismo día: el 23 de abril de 1616 dC pero se lleven unos 10 días de diferencia, ya que al morir en países diferentes el calendario no era el mismo.