Los Generales Españoles de la Guerra de Independencia española

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eljoines
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En este tema quiero ir dando apuntes de vez en cuando sobre los principales generales que comandaron los ejércitos españoles en la GdI.

Antes de empezar es conveniente comentar un par de cosas.

1. Uno de los principales problemas es la falta de un general en jefe durante buena parte de la contienda. No sería hasta el nombramiento en 1812 de Wellington como comandante en jefe de los aliados, que habría un mando único para los ejércitos españoles. Si al final el elegido fue un extranjero no lo fue sólo por su habilidad y por la importancia vital de la ayuda inglesa, sino por la determinación española a que ningún general patrio sobresaliera demasiado en la contienda, no fuera a tratar de implantar una dictadura militar. En ese aspecto un general inglés con escaso apego por España era lo ideal para ejercer de generalísimo.

2. A la hora de valorar la actuación de los generales hay que tener en cuenta que el ejército español no estaba preparado para la guerra que se iba a avecinar. Ya antes del estallido de la guerra a España le costaba mantener un ejército de 140.000 hombres al que le faltaba equipo y sobre todo entrenamiento moderno en maniobras con unidades superiores al batallón. La guerra empezó con un alzamiento ya que los franceses ya estaban dentro de España por lo que España no gozó de la suerte que tuvo Francia en su época revolucionaria de poder entretener a sus enemigos en las fortalezas fronterizas mientras ponía a punto su nuevo ejército. El ejército regular hizo lo que pudo en 1808 pero no se tuvo tiempo ni dinero para equipar y entrenar adecuadamente a los nuevos reclutas de los que se necesitaba una cantidad ingente, ya que tras los primeros reveses los franceses tuvieron del orden de 200.000-300.000 en España. El resultado es que no se podía hacer gran cosa salvo aferrarse a la estrategia del "no importa" y lanzarse a las batallas con tropas sin preparar. Sólo al final cuando el ejército inglés asumió el papel protagonista y los españoles tuvieron algún respiro pudieron entrenar de manera adecuada. Asi por ejemplo el hecho de que en el Sur los derrotados ejércitos españoles acabaran sitiados en Cádiz, les dio precisamente la oportunidad de usar el tiempo del sitio para entrenar adecuadamente.

3. El caos original del alzamiento de 1808 también provocó un seismo en el generalato español: algunos se quedaron en el bando josefino, otros fueron arrestados por los franceses por no jurar a José I y en el bando patriota varios perdieron la vida y bastantes el puesto ante la desconfianza de las Juntas que asumieron el mando. Las Juntas, sobre todo al principio, se tomaron bastante libertades con el nombramiento de generales y ascendieron vetiginosamente a varios de su confianza o simplemente a aquellos que tenían más a mano.


P.D. No hay que confundir el grado de capitán general del ejército (o de los Reales Ejércitos como se decía) con el cargo de capitán general de una capitanía (Cataluña, Galicia, Andalucía, etc) De los 6 capitanes generales del ejército que había al comenzar la guerra ninguno desempeñaba el cargo de capitán general de un territorio ya que casi todos eran ancianos (menos el Príncipe de Castelfranco) más o menos retirados a los que se había recompensado con el grado por sus muchos años de servcio al Rey. Ninguno de los 6 jugó un papel relevante en la contienda. Por tanto la comandancia de las principales capitanías generales era desempeñada normalmente por un teniente general del ejército. 


Listado:

  1. Francisco Javier Castaños y Aragorri, duque de Bailén.

  2. José Rebolledo de Palafox y Melzi, duque de Zaragoza.

  3. Gregorio García de la Cuesta y Fernández de Celis.

  4. Pedro Caro y Sureda, marqués de la Romana.

  5. Joaquín Blake y Joyes.

  6. Juan Miguel Vives Feliu y San Martín.

  7. Vicente María Cañas y Portocarrero, duque del Parque.

  8. Manuel de La Peña y Ruiz del Sotillo, marqués de Bondad Real.

  9. Teodoro Reding von Biberegg.

  10. José de Urbina y Urbina, conde de Cartaojal.

  11. Francisco Javier Venegas y Saavedra.

  12. Juan Carlos Areizaga y Alduncin, Barón de Areizaga.

  13. José Miguel de la Cueva Velasco y la Cerda, duque de Alburquerque.

  14. Nicolás Mahy y Martín.

  15. Gabriel de Mendizabal e Iraeta, conde del Cuadro de Alba de Tormes.

  16. Enrique José O´Donnell y Anethan, conde de la Bisbal.

  17. Francisco Ballesteros González.

  18. Luis (Roberto) de Lacy y Gauthier

  19. Manuel Freire de Andrade, marqués de San Marcial.

  20. Francisco de Paula Copons y Navia, conde de Tarifa.

  21. Pedro Agustín Girón y las Casas, duque de Ahumada.

Flavius Stilicho
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Francisco Javier Castaños y Aragorri, duque de Bailén.

Nacido en Madrid en 1758. A los 16 años ingresa en el ejército como capitán (su padre le compró el rango a los 10 años).

En los comienzos de su carrera militar participa en el asedio de Gibraltar (1780-1782) y la toma de Menorca (1781-1782); así como en los sitios de Orán y Ceuta (1791).

El estallido de la guerra contra la Francia Revolucionaria (1793-1795) encuentra a Castaños como coronel del regimiento de infantería de línea “África”. A la cabeza del regimiento se distingue en los combates de los Pirineos Occidentales en 1793, resultando herido dos veces. En la segunda de ellas (defensa de un reducto en las alturas de Santa Marcial) es herido de gravedad y se salva gracias a los esfuerzos de los granaderos del regimiento que consiguen evacuarle de una posición difícil; en agradecimiento seguiría portando el uniforme del regimiento “África” (blanco con divisa negra) aun después de ascender a general. En octubre de 1793 asciende a brigadier y al año siguiente está al frente de una brigada en el valle navarro de los Alduides. En 1795 es ascendido a mariscal de campo.

En 1800 está al frente de una división destinada a atacar las posesiones inglesas en el Caribe pero que al final acaba defendiendo (con éxito) el Ferrol de un ataque inglés. En 1802 asciende a teniente general y pasa a ocupar el cargo de comandante general de las tropas del Campo de Gibraltar (San Roque).


Iniciado el alzamiento Castaños ofrece rápidamente sus servicios a la Junta de Sevilla, a la vez que entable conversaciones con los ingleses en Gibraltar para pedirles apoyo para la causa patriota. Habiendo caído asesinado el Marqués del Socorro, capitán general de Andalucía, en Cádiz; Castaños es nombrado comandante del “Ejército de Sevilla” que pronto se transforma en “Ejército de Andalucía” con la incorporación de las tropas enviadas por la Junta de Granada. Al poder disponer de un sólido núcleo de tropas regulares formado en torno a las tropas del campo de San Roque y de la guarnición de Cádiz, el de Castaños es uno de los principales ejércitos de los patriotas.


Movimientos durante la campaña


Castaños quiere inicialmente más tiempo para cohesionar y disciplinar su ejército (+35.000 hombres), preocupándose de que no se mezclen en exceso los nuevos reclutas con los regulares, llegando incluso a mandar de vuelta a sus casas a varios miles de voluntarios. Sin embargo las presiones políticas para actuar son muy grandes y finalmente acepta marchar contra el cuerpo francés de Dupont (+21.000 hombres) que ha penetrado en Andalucía. El plan inicial español (plan de Porcuna) para atacar a Dupont en Andújar, es fruto de una junta de generales y demasiado audaz para Castaños ya que supone fragmentar excesivamente el ejército en un intento de cercar a Dupont. Al final Castaños propone un nuevo plan que sigue siendo arriesgado (dadas las capacidades del ejército español) pero menos: se sigue intentando desbordar y cercar a Dupont pero el ejército principal -sin contar las columnas de milicianos irregulares, que deben tratar de amenazar la retaguardia francesa (o al menos no estorbar a los regulares)- sólo se fragmenta en dos partes relativamente fuertes; Castaños con una mitad fijará por el frente la posición de Dupont en Andujar y la otra mitad (Reding) le atacará por la retaguardia.

El intento de aplicar dicho plan desembocó en la Batalla de Bailén (19-VII-1808), que fue el resultado de un cúmulo de errores tanto por parte de los mandos españoles como franceses (que también dividieron sus fuerzas). En la batalla en sí, el papel de Castaños no fue excesivamente brillante ya que Dupont se escapó de Andújar durante la noche y Castaños fue muy lento en ponerse en marcha para perseguirle, por lo que el peso de la batalla que le haría famoso lo llevaría su subordinado Reding. Incluso se dice que Castaños se encontró prácticamente hecha la capitulación francesa en la que se incluía a las tropas de Dupont que no habían combatido en Bailén y estaban en posición de escapar.

La sonora y decisiva victoria de Bailén, le supuso además del título nobiliario homónimo, el ascenso a capitán general (de los Reales Ejércitos).


La rendición de Bailén (Casado del Alisal)


Castaños entra en un Madrid abandonado por los franceses (23-VIII) y es nombrado presidente de la Junta Militar; sin embargo Castaños no consigue convencer a sus colegas de lo imperativo de una acción para expulsar a los franceses antes de que se refuercen. El propio Castaños no se libra de participar en riñas políticas y es parte en la caída del general Cuesta, al que la Junta le quita el mando de su ejército.

A Castaños se le da el mando general de las operaciones pero sin llegar a nombrarle comandante en jefe, por lo que los otros generales simplemente reciben la “recomendación” de concertarse con él.

Tras muchas discusiones el plan español para otoño de 1808 da al Ejército del Centro (+/- 45.000) de Castaños la misión de fijar al cuerpo francés de Moncey (+/- 37.000), para que el Ejército de Aragón (+/-24.000) pueda flanquear a Moncey. Un arriesgado plan que trata de repetir el éxito de Bailén pero que no llega siquiera a ponerse en marcha porque la llegada de Napoleón a la Península con refuerzos traslada la iniciativa a los franceses.

Entrada de Castaños en Madrid (Dionisio Álvarez Cueto)


Mientras los españoles están dispersos en una amplia zona entre la sierra del Moncayo y Tudela (línea del Queiles) Napoleón lanza sobre ellos por un lado al cuerpo de Ney que debe marchar a través de Soria hacia el flanco español (+/- 20.000) mientras el mariscal Lannes (que asume el mando directo de las tropas de Moncey) los ataca. Napoleón confía en que Lannes derrote a los españoles y Ney remate el trabajo.

Castaños se alarma al tener noticias del avance de Ney pero se enreda en una discusión con el comandante del Ejército de Aragón (O´Neille), que se niega a obedecer sus ordenes sin consentimiento de su superior: el general Palafox. Castaños ha solicitado a la Junta que se le deje asumir el mando también de las dos divisiones “aragonesas”, pero la respuesta afirmativa llegaría demasiado tarde. Cuando por fina Castaños y Palafox se reúnen hay una tensa discusión ya que éste último es partidario de que se retiren “a defender Aragón”. Castaños replica que hay que “defender a España” y consigue a regañadientes (con protesta escrita) que Palafox le ceda sus divisiones.

Sin embargo en esas rencillas se habían perdido un par de días preciosos y para cuando el Ejército de Aragón se puso en marcha era demasiado tarde para formar una línea defensiva coherente. En la Batalla de Tudela (23-XI-1808) los de Lannes se abatieron sobre las dos divisiones “aragonesas” y una de las del ejército del Centro. Castaños que intentó sin éxito reclamar al resto de sus divisiones pero estaban todas demasiado lejos salvo la del general Lapeña que sólo se decidió a moverse en el último momento. El resultado son cerca de 4.000 bajas españolas por poco más de 500 francesas.

Afortunadamente la derrota de Tudela no es decisiva ya que el Ejército del Centro consigue realizar inicialmente una meritoria retirada, librando una brillante acción en Bubierca. Eso no evita que el “clan Palafox” (Francisco Palafox, era el representante de la Junta en el Ejército del Centro y una espina permanente en el costado de Castaños) consiga echarle las culpas de la derrota de Tudela. El 30 de noviembre tiene que dejar el mando del Ejército y marcha a Sevilla a responder de su actuación. Aunque absuelto, la Junta le ordena retirarse a Algeciras en 1809. La destitución de Castaños supuso un golpe letal para el Ejército del Centro que había empezado a desordenarse en el último tramo de su retirada y que tras perder a su general se acabó de deshacer en jirones.

La Batalla de Tudela (diariodenavarra.es)


La caída de la Junta Central a comienzos de 1810 le supuso un vuelco a Castaños ya que fue nombrado uno de los Regentes del nuevo gobierno. Sería regente hasta octubre de 1810, presidiendo la Junta de Regencia hasta mayo. A comienzos de 1811 se le vuelve a confiar el mando de un ejército, marchando hasta Extremadura para hacerse cargo del 5º Ejército. Se trataba de un ejército maltrecho reducido a una fuerza efectiva de 4.000 hombres. Castaños tomó el mando el 1 de abril y aceptó colaborar con el general inglés Beresford. Cuando se plantearon dar batalla conjunta a los franceses, un generoso Castaños renunció a hacer valer su superior rango y aceptó que Beresford, como comandante del ejército principal, asumiera el mando supremo de la operación.

En la Batalla de Albuera (16-V-1811) Castaños combate bajo Beresford al mando de parte de su propio ejército (+/- 2.500 hombres) y también del recién llegado 4º Ejército (+/-12.000) del T.G. Blake (al que Castaños supera en rango). Beresford y Castaños, son sorprendidos por una maniobra del mariscal Soult que está a punto de darle una victoria sobre un enemigo superior en número (23.300 vs 35.400). La tenacidad de las tropas aliadas les proporciona una costosa victoria

Posteriormente sigue la colaboración entre Castaños y los ingleses como por ejemplo cuando parte de sus tropas luchan junto a las de Hill en la batalla de Arroyomolinos (28-XI-1811) en la que la división francesa Girard es aniquilada, aunque el propio Castaños no esté presente.

Castaños tras la guerra (Anónimo)


En 1812 Castaños recibe el mando combinado de los 5º, 6º (Santocildes) y 7º “guerrillero” (Mendizabal) Ejércitos. Castaños instruye al 6º y al 7º para operar en apoyo de la ofensiva de Wellington, distrayendo tropas francesas que puedan reforzar al mariscal francés Marmont. El principal objetivo del 6º va a ser la Toma de Astorga que tras varios meses de asedio cae el 19-VIII-1812, rindiéndose al propio Castaños. A finales de 1812 los 3 ejércitos se refunden en un nuevo “4º Ejército”, que para la campaña de 1813 ascendía a 20.000-25.000 hombres.

Castaños seguiría colaborando con los ingleses eficazmente en la campaña de Vitoria, hasta ser cesado en agosto de 1813, para gran disgusto de Wellington tanto por perder a un colaborador eficiente y diplomático como por el hecho de que oficialmente se le había concedido a Wellington la facultad de nombrar (y quitar) a los generales españoles en su condición de comandante en jefe de los ejércitos españoles.

Castaños es cesado por la Regencia, en teoría para nombrarlo Consejero de Estado pero no se trata mas que de una forma educada de las Cortes de apartar del mando a un general de prestigio que no acaba de comulgar con las tendencias liberales de las Cortes.

En 1815, durante los Cien Días (regreso de Napoleón), recibió el mando del Ejército de la Derecha y ocupó Perpiñán. Durante el reinado de Fernando VII desempeñó además otros cargos como el de C.G. de Cataluña y de Castilla la Nueva. Además sería presidente del Consejo de Regencia a la muerte de Fernando VII. Murió en 1852.


Rendición de Astorga (Francisco Vela)

 


Flavius Stilicho
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José Rebolledo de Palafox y Melzi, duque de Zaragoza.

Nacido en Zaragoza en 1775, José era el tercer hijo del marqués de Lazán y de una noble italiana (Paula Melzi, dama de la Reina).

Antes de la guerra, desarrolló toda su carrera en la elitista Guardia de Corps, en la que ingresó en 1792 (cadete en 1794). El peculiar sistema de rangos de la unidad permitían progresar en rango al margen de una carrera militar normal. Por ello en 1805 recibe el ascenso a brigadier de caballería, aunque dentro de los guardias sólo es alférez. En 1808 (33 años) ejerce de 2º teniente y participa en la detención del valido Godoy (motín de Aranjuez, 19-III).

Hombre cercano a Fernando VII, Palafox intenta reunirse con Fernando en Bayona como emisario de las últimas noticias de un Madrid controlado por el francés Murat. No puede pasar la frontera en Irún y tras enterarse de los sucesos de mayo en la capital parte para su Zaragoza natal donde contacta con los partidarios de Fernando. Palafox se niega a reincorporarse a los Guardias de Corps en Madrid y se esconde cerca de Zaragoza ante el temor de ser arrestado por el capitán general de Aragón: Guillelmi. Zaragoza se alza (24-V-1808), arresta a Guillelmi y como desconfía también de su segundo: el italiano general Mori, la Junta decide buscar a Palafox y nombrarle capitán general de Aragón (26-V) con el rango de mariscal de campo (6-VI).


Palafox con uniforme de brigadier


Las fuerzas de Palafox se limitaban a unos 1.400 regulares que imprudentemente despachó a proteger las fronteras del Reino de Aragón, confiando en que reforzadas por paisanos armados a toda prisa serían capaces de defenderse de los franceses. La fuerza francesa encargada de eliminar la espina de Zaragoza era la columna de Pamplona del general Lefebvre-Desnouettes (6.000 hombres), que arrolló a las fuerzas aragonesas (lideradas por el mariscal de campo Luis Palafox, hermano mayor de Palafox) en las acciones de Tudela (8-VI) y Mallén (13-VI).

Palafox insiste en detener a los franceses en campo abierto y se une a una fuerza de 7.000-8.000 hombres (casi todos paisanos sin instrucción) para combatir en la Acción de Alagón (14-VI). Tras una meritoria resistencia inicial frente al ataque francés, se impuso la lógica y los paisanos echaron a correr. Palafox llegó a ser herido durante una de las cargas que realizó con su escasa caballería.




El 15 de junio empieza el Primer sitio de Zaragoza. Palafox había buscado detener a los franceses antes de que que llegaran a la ciudad que carecía de fortificaciones modernas y desconfiaba de sus murallas medievales. Palafox da la ciudad prácticamente por perdida y la abandona, camino de Belchite. A pesar de ello el ánimo de la población era alto y luchar tras las vetustas defensas de Zaragoza no dejaba de ser infinitamente mejor que la lucha en campo abierto. El asalto francés del día 15 terminó en una estrepitosa derrota con 700 bajas francesas, a manos de los jubilosos paisanos.

Tras retirarse a Belchite a organizar un nuevo ejército, Palafox envía parte de sus fuerzas a Épila para cortar las comunicaciones francesas, pero los franceses toman la población con facilidad (22-VI). Palafox es conminado a regresar a Zaragoza por la Junta de Defensa y entra en ella el 1 de julio en medio de un feroz bombardeo francés. El ejército sitiador, ahora al mando de Verdier, se ha reforzado y lanza un gran asalto (2-VII) que de nuevo fracasa. Durante el sitio Palafox vuelve a dar muestras de su coraje personal realizando personalmente una salida de caballería contra un destacamento francés en la zona del Arrabal.

Sin embargo Palafox da una de cal y otra de arena. Ante la intimidación de Verdier a capitular responde “guerra a cuchillo”, pero él abandona de nuevo la ciudad -con la autoimpuesta misión de organizar refuerzos-, en un momento crucial ya que está muy cerca de caer por completo en el asalto del 4 de agosto. Nuevamente los zaragozanos dan la cara, mantienen el ánimo, y triunfan in extremis cuando los franceses ya estaban en el corazón de la ciudad. Ciertamente Palafox regresa con refuerzos unos días después y también con la noticia de la victoria de Bailén y la evacuación francesa de Madrid. Finalmente, Verdier tiene que levantar el sitio (14-VIII).


Zaragoza durante el Primer Sitio


La victoria de Zaragoza le supuso el ascenso a teniente general (2-XI) y el mando del nuevo Ejército de Aragón (+/- 24.000). Palafox trabaja para que su ejército tenga un papel estelar en la ofensiva española de otoño (a pesar de ser de los más débiles) y consigue que se le asigne la vital misión de realizar un ataque de flanco contra los franceses. El hecho de dejar al frente de su ejército a su lugarteniente O´Neille y su escasa compenetración con el general Castaños van a tener un papel relevante en la derrota de Tudela (23-XI), en la que el propio Palafox no está presente ya que abandona Tudela tras ceder en el último momento sus tropas a Castaños y protestar por escrito por la resolución de éste de presentar batalla ante el avance francés. Más tarde Palafox cargará contra Castaños para echarle toda la culpa de la derrota; logrando la destitución de éste, con la ayuda de su hermano Francisco y del conde de Montijo (otro Palafox) que habían servido como observadores de la Junta en el ejército de Castaños.

Parte del ejército derrotado en Tudela se retira hacia Zaragoza. Palafox cuenta ahora con un nutrido ejército de cerca de 35.000 hombres y comete el grave error de encerrarse en la ciudad con todo el ejército. Una guarnición óptima para una defensa de varios meses hubiera rondado los 15.000, permitiendo mantener fuera de la ciudad un ejército de operaciones de 20.000 para entorpecer las operaciones francesas y servir de núcleo a una fuerza capaz de levantar el cerco (aunque sea temporalmente para introducir víveres). El resultado es que la suerte de Zaragoza no depende sólo de su capacidad de resistencia sino de que haya un nuevo Bailén en alguna parte de España.



El Segundo Sitio de Zaragoza empezó el 20 de diciembre. Esta vez los franceses -liderados primero por el mariscal Moncey y más tarde por el mariscal Lannes- disponían de un gran ejército (+40.000) que sobraba para cercar entera Zaragoza. Las proclamas de Palafox mantenían alto el ánimo de los defensores pero las primeras salidas que organizó contra los sitiadores fueron un fracaso. Pronto se hizo evidente que Zaragoza estaba superpoblada y surgió el hambre y epidemias como el tifus, que menguaron rápidamente las filas de los defensores, aunque también afectó a los atacantes. El propio Palafox enfermará.

Los combates por la ciudad fueron encarnizados, luchándose casa por casa y prácticamente “por cada tapia”. Tras la pérdida del Arrabal (18-II), un desanimado y muy enfermo Palafox solicita a Lannes una tregua para enviar mensajeros a averiguar la situación en España e indaga la posibilidad de que se le permita a la guarnición evacuar al ciudad y reunirse con otras tropas patriotas; obviamente Lannes se niega. Tras delegar Palafox la decisión en una Junta, Zaragoza se rinde el 21 de febrero. Las bajas españolas del sitio fueron de unos 54.000 entre civiles y militares; los franceses perdieron cerca de 10.000 hombres.

Palafox es hecho preso y bajo ordenes directas de Napoleón trasladado al castillo de Vincennes. Permaneció preso hasta diciembre de 1813; se le liberó para que tras reunirse con el también preso Fernando VII llevará a España las condiciones del Tratado de Valençay a la Regencia (que no fueron aceptadas).

A su regreso a España fue ascendido a capitán general del ejército, con efectos retroactivos al 1 de marzo de 1809. En julio de 1814 es nombrado de nuevo capitán general de Aragón y en 1815 durante los Cien Días fue el comandante del ejército de Observación del Centro. En 1823 se enemistó con Fernando VII por lo que tuvo que esperar a su muerte para que la regente María Cristina le concediera el nuevo título de duque de Zaragoza. Fallece en 1847.


Palafox en 1814 (Goya)

 


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¡Que bien Flavius!, iré echan un vistazo a los generales que expongas.

 

 

saludos

Flavius Stilicho
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Desde: 23 Ene 2011

Gracias. Poco a poco iré poniendo a los principales comandantes de ejércitos. A ver qué os parece cada uno (o en conjunto).

Saludos.

 


Flavius Stilicho
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Gregorio García de la Cuesta y Fernández de Celis.

De origen cántabro (La Lastra – 1741), Cuesta ingresó en el ejército como cadete en 1758. Participa en el Sitio de Almeida (1762) y más tarde en el Sitio de Gibraltar (1779-1780). En 1782 parte para América recorriendo buena parte del continente sudamericano al frente de un batallón en misión de vigilancia y pacificación (es la época posterior a la revuelta de Tupac Amaru).

Al estallar la Guerra de la Convención (1793-1795) participa en la contienda como coronel del regimiento Extremadura. En 1793 participa en numerosas acciones (Cabestan, Vernet, Peyrestortes, Palalda y St.Ferreol) por lo que ese mismo año es ascendido sucesivamente a brigadier (octubre) y a mariscal de campo (diciembre). En 1794 se hace cargo de la izquierda del Ejército español del Rosellón e invade la Cerdanya sin resultado. En 1795 es nombrado gobernador de Gerona y se distingue en su participación en la batalla de Pontos. De vuelta a la Cerdanya, ese mismo año, tiene éxito en recuperar las plazas de Puigcerdà y Bellver. Finalizada la guerra, es ascendido a teniente general en la promoción de septiembre de 1795.

 

Cuesta en un gabrado de finales/cambio de siglo

 

Tras la guerra ejerció los cargos de capitán general de Mallorca (1798) y de Castilla la Nueva, así como presidente del Consejo de Castilla (1798-1801). Su amistad con el caído en desgracia Urquijo (secretario de Estado) le supuso entrar en la lista negra de Godoy, pasando al retiro. El breve ascenso de Fernando VII en 1808 trajo consigo la vuelta de Cuesta como capitán general de Castilla la Vieja. Cuesta tenía 67 años cuando llegó en mayo a Valladolid para tomar posesión de su cargo. Tras ver los alborotados ánimos de los castellanos, y tratar en la medida de lo posible de apaciguarlos, decidió unirse al alzamiento (2-VI) antes que oponerse al motín popular que se dio en Valladolid.

El propio Cuesta decidió ponerse al frente del recién formado Ejército de Castilla (+/- 5.000 hombres) que en realidad constaba de apenas unos pocos regulares de caballería (300) y artillería, siendo el resto milicianos sin instrucción. El ejército improvisado de Cuesta -al que apenas éste puede controlar y que probablemente obligó al general a presentar batalla-, es fácilmente derrotado en la Acción de Cabezón (12-VI) por la columnas de los generales Lasalle y Merle (8.000 h.). En dicha jornada se combatió insensatamente con el río Pisuerga a las espaldas de los españoles.

Tras la derrota de Cabezón, Cuesta reclama insistentemente apoyo de las Juntas de Galicia y de Asturias, especialmente de la primera que cuenta en su territorio con un nutrido grupo de regulares. Es un momento de desunión entre las diferentes “provincias” españolas y Cuesta lanza una proclama para la unidad de los españoles en la lucha contra los franceses (encabezada por el lema Virtus Unita Fortior), en la que expresa su opinión sobre el vacío político generado por la ausencia del monarca y como se debía afrontar. Sin embargo la proclama consigue más bien despertar los recelos entre los miembros de varias Juntas que sospechan una intencionalidad política personal y le empiezan a apodar “el dictador de Castilla”.

Retrato anónimo de finales/cambio de siglo

Las Juntas de Galicia y Asturias acabaron respondiendo a la petición de Cuesta (aunque con ciertas reticencias). El Ejército de Galicia comandado por Blake se reunió con Cuesta, aunque sin aceptar someterse a éste (que era un teniente general más antiguo que Blake). Ante el avance del mariscal Bessières (+/- 13.000 h.) decidieron ambos generales dar batalla pero un error en cuanto a por donde vendrían los franceses supuso que el despliegue final español fuera improvisado. En la Batalla de Medina de Rioseco (14-VII) las fuerzas de Blake y Cuesta se desplegaron separadas, quedando el ejército español (+/- 22.000) dividido en dos mitades.

Cuesta contaba con unos 12.000 hombres, gracias a que Blake le cedió una de sus divisiones. En torno a 2/3 de sus fuerzas eran nuevos reclutas (la mayoría con menos de un mes en las filas). Los franceses se abatieron primero sobre las fuerzas de Blake derrotándolas. Cuesta avanzó en su apoyo con un contraataque inicialmente exitoso contra las tropas que tenía enfrente, pero los franceses tras completar la derrota de los de Blake se giran contra él y le obligan a huir. Las bajas en las filas de Cuesta serían relativamente bajas (unos cientos) pero el impacto moral de la derrota supondría que varios miles de hombres abandonaran las filas en los días siguientes.

 

Mapa de la batalla (Researching&Dragona)

 

Tras la derrota de Medina de Rioseco, la Junta de León cuestiona la autoridad de Cuesta pero el anciano general cuenta con el favor popular que se traduce en que los voluntarios leoneses se niegan a servir en otro ejército que no sea el de Cuesta. La victoria de Bailén (19-VIII) trae consigo un repliegue francés generalizado que alivia la situación de Cuesta permitiéndole avanzar hasta la provincia de Soria.

El 5 de septiembre hay una junta de generales en las que Cuesta aboga por la creación de un mando único para el que se propone él mismo en tanto teniente general con mando más antiguo y alegando el hecho de haber sido nombrado directamente por Fernando VII (y no por Godoy o por las “inconstitucionales” juntas provinciales). Su propuesta es rechaza. Poco después ordena la detención de dos vocales castellano-leoneses que iban a formar parte de la Junta Central ya que quiere sustituirlos por diputados afines. Floridablanca (presidente de la Junta Central), con el apoyo de Castaños, se vuelve contra él. Cuesta se niega tercamente a rectificar ante la Junta por lo que se gana la destitución y el arresto (9-X).

 

Cuesta en un grabado de la época, que le muestra bastante rejuvenecido

 

 

La entrada de Napoleón en Madrid ha provocado la huida de la Junta Central. Camino de Sevilla pasan por Extremadura donde la presión popular exige que se libere a Cuesta y éste tome el mando de la defensa de Extremadura. Floridablanca cede a regañadientes, ante el temor de que surja un motín violento: ya habían visto como era asesinado en Talavera el general Benito San Juan, tras la retirada de Madrid. Cuesta es rehabilitado y nombrado capitán general de Extremadura, así como comandante del renovado Ejército de Extremadura (29-XII). Cuesta se esfuerza al máximo (apoyado por un puñado de competentes subordinados) en reorganizar tropas derrotadas y completarlas con reclutas. Los esfuerzos para aprovisionar adecuadamente a dicha fuerza (+/-21.000 h.) se ven lastrados por la pobreza de la zona y las cada vez peores relaciones de Cuesta con la Junta de Extremadura.

Inicialmente Cuesta se aprovecha de la pasividad francesa para expulsar las avanzadillas enemigas de la provincia de Badajoz. Estos reaccionan y finalmente el Cuerpo del mariscal Víctor (+18.000 h.) emprende la ofensiva hacia Extremadura. Víctor consigue cruzar el Tajo burlando la vigilancia del disperso ejército español. Cuesta ordena a la división del duque del Parque resistir en Mesas de Ibor (17-III) pero ésta se tiene que retirar, no sin causar numerosas bajas al enemigo. Cuesta reúne el ejército y decide replegarse. Durante la retirada destaca la buena actuación de la caballería española (algo poco habitual) derrotando a la perseguidora francesa en acciones como la de los Berrocales (19-III) y sobre todo la “sorpresa” de Miajadas (21-III). La llegada de una división de refuerzo (+3.000 h.) procedente de la Mancha y las exhortaciones de la Junta de Extremadura, animan a Cuesta a revolverse contra Víctor

 

Mapa de la batalla de Medellín

 

En la Batalla de Medellín (28-III) Cuesta sorprende a Víctor, cuando éste está pasando el Guadiana por el puente de Medellín. Los españoles se despliegan en un amplio círculo que cubre toda la planicie y empiezan a empujar en dirección al río a las fuerzas francesas. El despliegue español a primera vista es impresionante con todas sus fuerzas en una línea de batalla pero tiene el inconveniente de que su avance es demasiado lento, dando tiempo al resto de las tropas francesas a cruzar el puente de Medellín. El otro problema de tan impresionante línea de batalla es que se carecían de reservas (salvo un batallón) por lo que era una apuesta a todo o nada. En el momento decisivo la caballería francesa hace huir a la española y envuelve por el ala izquierda a una línea carente de reservas. El caos se apodera de la formación española a pesar de los esfuerzos de Cuesta que está cerca de caer prisionero. El resultado es un desastre descomunal (+/-10.000 bajas) y sólo una tormenta esa tarde salvo al ejército de su completa aniquilación.

La derrota fue de una escala tal que en casi cualquier otro país hubiera supuesto la rendición de la nación o al menos la destitución del general al mando. España recurrió de nuevo al “no importa”, se valoró el buen trabajo de la infantería antes del desastre final y llovieron los parabienes y los ascensos. La derrota le supuso a Cuesta el ascenso a capitán general de los reales ejércitos por el “valor heroico”. El propio Cuesta -herido en un pie al caerse del caballo durante la batalla- quedó un tanto confundido por esta muestra de aprecio de los que consideraba sus enemigos de la Junta Central.

 

 

Primer encuentro entre Wellesley y Cuesta (Graham Turner)

 

De nuevo Cuesta se puso a recomponer su ejército, recibiendo amplios refuerzos. Su siguiente tarea era cooperar con los 21.000 británicos de Wellesley (Wellington) en una ofensiva a lo largo del Tajo en dirección a Madrid. Cuesta además de su propio ejército de Extremadura (+/-35.000) tenía autoridad sobre el ejército de la Mancha (+/-25.000) de Venegas, cuya misión era distraer tropas francesas. Tanto Wellesley como Cuesta tenían un carácter difícil, por lo que no es raro que no congeniaran; además Cuesta debía sospechar que había en marcha dentro de la Junta Central una maniobra para destituirle en la que estaba implicado el hermano del general británico. Además estaba el hecho de que británicos y españoles veían con diferentes ojos la campaña y los riesgos que cada uno se podía permitir adoptar.

Reunido un masivo ejército, se inició la ofensiva. El primer problema era que la zona (previamente ocupada por los franceses) carecía de suficientes recursos para alimentar adecuadamente a tantos hombres. La falta de provisiones sería un constante reproche entre británicos y españoles. El siguiente sería que la falta de entendimiento entre Cuesta y Wellesley supondría un avance descordinado que a punto estuvo de resultar fatal para los españoles cuando los franceses lanzaron una contraofensiva con los 46.000 hombres que el rey José y el mariscal Víctor habían conseguido concentrar para la defensa de Madrid.

Cuesta y Wellesley decidieron plantar batalla en Talavera (27-28, VI). Los españoles se concentraron en el ala derecha. El primer día de la batalla no dio tiempo para mucha acción y en el lado español lo más destacable fue la huida de un par de regimientos ante lo que parece haber sido un reconocimiento en fuerza de la caballería francesa. El pánico puso en peligro todo el despliegue español pero afortunadamente Cuesta pudo restablecer rápidamente la situación, sin embargo su indignación fue tal que más tarde ordenaría una “diezma” de los huidos que fueron atrapados, haciendo ejecutar a 40 soldados y oficiales. En el segundo día, dado que el ataque francés se concentró en el lado británico, las fuerzas de Cuesta desempeñaron un papel secundario pero eficaz. La batalla se saldó con una victoria anglo-española en la que las fuerzas de Cuesta tendrían cerca de 1.200 bajas, aunque más de la mitad corresponderían a los huidos en el primer día.

Plano de la batalla de Talavera

 

La victoria no terminó en la liberación de Madrid ya que la noticia de la aproximación de nuevas fuerzas francesas desde el Norte llevó al ejército aliado a una retirada ante el temor británico de quedar cortados entre dos fuerzas. Cuesta se retiró también, dejando dos divisiones a defender el paso del Tajo en Puente del Arzobispo (8-VIII), pero los franceses tomaron por sorpresa a los piquetes españoles de guardia e infligieron 1.400 bajas a las tropas defensoras.

Durante la retirada posterior a Talavera, Cuesta sufre un ataque de apoplejía (12-VIII) por lo que tiene que ceder el mando y retirarse poco más de un mes para recuperarse. La Junta toma la oportunidad al vuelo y tras su recuperación en Murcia le deniega volver al mando de un ejército, teniendo que quedarse en Málaga. Tras la invasión francesa de Andalucía en 1810, se decide que lo mejor es alejarlo de la península dándole el cargo de capitán general de Mallorca. Moriría en 1811 tras escribir un manifiesto en el que defendía su actuación durante la guerra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Ya he leído a Castaños y Palafox, interesantes personajes, aunque por lo que parece, no son del tipo que la historia les laureó, aunque claro, tampoco tuvieron tropas de calidad con las que poder demostrar sus dotes, como Wellington y Napoleón pudieron hacer por ejemplo.

Una preguntilla, sobre lo que has comentado sobre Castaños y Palafox, parece que das a entender que en el periodo de los "cien días" de Napoleón, se realizaron operaciones militares en la frontera Sur de Francia., comentas la toma de Perpiñan, ¿hubo más hechos de armas en la zona?.

 

saludos

Flavius Stilicho
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Prefecto Annoa
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Desde: 23 Ene 2011

Eljoines ha escrito

Ya he leído a Castaños y Palafox, interesantes personajes, aunque por lo que parece, no son del tipo que la historia les laureó, aunque claro, tampoco tuvieron tropas de calidad con las que poder demostrar sus dotes, como Wellington y Napoleón pudieron hacer por ejemplo.

Una preguntilla, sobre lo que has comentado sobre Castaños y Palafox, parece que das a entender que en el periodo de los "cien días" de Napoleón, se realizaron operaciones militares en la frontera Sur de Francia., comentas la toma de Perpiñan, ¿hubo más hechos de armas en la zona?.

 

saludos

Empezando por el final. España movilizó en 1815 tres cuerpos en los Pirineos (Castaños, Palafox, O´Donnell). Sin embargo (por lentitud en la movilización o por falta de interés) no se movieron hasta agosto, cuando ya todo había pasado pues Napoleón se había rendido el 15 de julio. Castaños ocupa Perpiñán el 22 de agosto. O sea que no hay en realidad hechos de armas sino una contribución a las fuerzas de ocupación aliada. 

Evidentemente cuando cuentas con tropas de gran calidad los errores tienden a no ser fatales y quedan disimulados ya que las tropas son capaces de sobreponerse o incluso basta con mandarlas a un ataque sencillo que ellas se bastan para barrer la oposición.

Castaños tal vez recibió excesivo mérito por la victoria de Bailén y excesiva crítica por la derrota de Tudela. En líneas generales creo que era competente para dirigir un ejército pero sin llegar a ser brillante.

El caso de Palafox es curioso ya que no hay unanímidad a la hora de valorarlo y nos vamos a los extremos, para algunos es un héroe y para otros un inútil. A mi me decepcionó mucho cuando hace años empece a leer los detalles de su vida y los sitios. Palafox carecía de verdadera experiencia militar, habiendo hecho su carrera de oficial en las Guardias de Corps. El cargo de general creo que le venía muy grande y tomo bastantes decisiones contra la lógica militar. Además tenía esa llamativa costumbre de quitarse de enmedio que le hizo abandonar varias veces a sus tropas. De hecho creo que poco mérito se le puede atribuir en el éxito del Primer Sitio de Zaragoza, ya que en los momentos clave él no estaba. En mi opinión la figura de Palafox se nutrió del heroísmo de los zaragozanos y a estos les hubiera ido mejor sin su presencia.

 


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Je,je Flavius, nuevamente nos encontramos con Cuesta con un general de nervio, aunque parece, no un gran táctico., nuevamente como a Castaños y Palafox, las tropas a sus órdenes son también en su mayoría novatas.

Para rematar, su avanzada edad es un handicap de peso, aunque despliega cierto ardor en batalla, lo cual es muy de agradecer en aquella época en la que no brillaron muchos generales españoles.

 

 

saludos

Flavius Stilicho
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Eljoines ha escrito

Je,je Flavius, nuevamente nos encontramos con Cuesta con un general de nervio, aunque parece, no un gran táctico., nuevamente como a Castaños y Palafox, las tropas a sus órdenes son también en su mayoría novatas.

Para rematar, su avanzada edad es un handicap de peso, aunque despliega cierto ardor en batalla, lo cual es muy de agradecer en aquella época en la que no brillaron muchos generales españoles.

saludos

 

Cuesta tenía mucho "nervio" a pesar de su edad. En su caso hay que recordar que contó siempre con ejércitos que se tuvo casi que crear él mismo y en los que no había excesivos veteranos. De Castaños sí hay que recordar que al principio cuenta básicamente con tropas regulares, de ahí el éxito de Bailén. El propio Cuesta consiguió en Medina de Rioseco que le prestaran una división "regular" y esa luchó bastante bien al principio.

En el terreno táctico nos tendríamos que ir a analizar su planteamiento en Medellín, una locuara que podría haber resultado en una genealidad. Lo cierto es que lo de poner una extensa línea "con todo en el escaparate" fue funcionando al principio y los franceses se tenían que ir replegando ya que constantemente se veían amenazados por los flancos al ser la línea española mucho más extensa. Sin embargo y como ya dije era una apuesta a todo o nada, cuando la caballería española echó a huir todo estaba perdido y ni siquiera había reservas para asegurar una retirada límpia. Los jinetes franceses se hincharon a matar aquel día, además con una saña extraordinaria porque no estaban dispuestos a dar cuartel. La pregunta que cabe es si esa táctica tan arriesgada era la única que podía garantizar la victoria con el ejército que Cuesta tenía a su disposición.

 


Flavius Stilicho
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Pedro Caro y Sureda, marqués de la Romana.

Nacido en Palma de Mallorca en 1761, era hijo del segundo marqués de la Romana. Sentó plaza de guardia marina en la Armada en 1778, pasando a ser alférez de fragata en 1780. Formando parte de la Armada estuvo presente en la reconquista de Menorca (1781) y participó en el ataque a Gibraltar a bordo de una batería flotante (1782). Terminada la guerra se dedicó a viajar por toda Europa (Francia, Rusia, Inglaterra, Austria, Prusia, Italia, Suecia, Dinamarca y Flandes). Además a su regreso a España tiene la oportunidad de visitar América en comisión de servicio de la Armada. En 1791 es ascendido a capitán de fragata.

Con ocasión del estallido de la guerra contra la Francia Revolucionaria (1793-1795) abandona la Armada para pasar a servir en el Ejército -con grado de teniente coronel, siendo inmediatamente ascendido a coronel (a los dos días)- bajo las órdenes de su tío: el teniente general Ventura Caro. Tras un par de acciones distinguidas al mando de una tropa de cazadores en los Pirineos Occidentales, fue ascendido a brigadier (octubre,1793) y sólo 6 meses más tarde recibe un nuevo ascenso a mariscal de campo (abril, 1794), combatiendo en el valle navarro de los Alduides. Después pasa al frente de Cataluña, combatiendo de forma destacada en la batalla de Fluvia (junio, 1795). Tras la llegada de la paz es ascendido a teniente general (septiembre, 1795) justo antes de cumplir 34 años.

Tras la guerra continúa con sus estudios particulares y con la formación de una biblioteca que llegaría a tener más de 18.000 volúmenes. En 1799 asume el mando de las tropas concentradas en Mallorca ante una posible invasión británica (Menorca cae en el 1798). Y en el periodo 1800-1801 sirve como capitán general interino de Cataluña.

 

Grabado en el que se cita al marqués como "Gran literato, excelente guerrero (y) verdadero español". De la Romana fue un gran literato en tanto que fue un gran estudioso y coleccionista de literatura.

 

En 1807 se decidió darle el mando de la “División del Norte”: un cuerpo expedicionario de 14.000 hombres destinado a servir como tropas auxiliares de Napoleón. Sería el propio Napoleón el que provocaría el nombramiento de la Romana como comandante, al no aceptar los candidatos iniciales de la Corte española: Castaños u O´Farrill. Irónico, ya que O´Farrill acabaría siendo uno de los más relevantess afrancesados del ejército español.

Las tropas españolas marcharon hacia Hamburgo y Lübeck para concentrarse y unirse al mariscal francés Bernadotte, aunque una parte de ellas (una pequeña división con las tropas precedentes de Etruria) fueron desviadas un tiempo para tomar parte en el asedio de Stralsund bajo el mariscal Brune. La misión de Bernadotte (con casi 47.000 hombres) era guardar el Norte de Alemania y hacer cumplir a las ciudades hanseáticas el bloqueo continental. A comienzos de 1808 (febrero), tras la alianza franco-danesa, Bernadotte queda encargado de proteger también Dinamarca y ver si era posible lanzar desde allí una invasión de Suecia (imposible por la presencia de la Armada británica). Las tropas de la Romana quedan repartidas por Dinamarca tanto en la península de Jutlandia como en las islas de Seelandia, Langeland y Fionia.

Los franceses trataron de aislar a los españoles de las noticias de lo que sucedía en España. Sin embargo a lo largo de junio de la Romana se fue haciendo una idea de los acontecimientos a través de periódicos franceses, contactos con los británicos y de varios oficiales españoles que viajaron a Dinamarca a dar testimonio. De la Romana estableció contactos con los británicos para que su flota acudiera en ayuda y los embarcara con destino a España mientras daba largas a los intentos franceses de que todas las tropas juraran lealtad al rey José por temor a un motín (ofreció un juramento condicionado). La intención de la Romana era tratar de concentrar a las dispersas tropas españolas en la isla de Langeland para su evacuación. Las tropas españolas embarcaron el 27 de agosto pero no desembarcaron en España hasta el 10 de octubre. Al final sólo pudieron ser unos 9.000 hombres, quedando atrás 5.000 que no pudieron llegar a la isla y fueron rodeados por franceses y daneses. La negativa del segundo comandante de la división, mariscal de campo Kindelan, a secundar las órdenes de la Romana fue crucial para la captura de las unidades situadas en Jutlandia.

Juramento de las tropas españolas (de no cejar en regresar a España) ante el marqués de la Romana (Manuel Castellano)

 

Las tropas de la antigua división del Norte marcharon rápidamente al combate con el Ejército de la Izquierda, pero el marqués de la Romana no recibió el mando de dicho ejército hasta el 10 de noviembre por lo que no lo pudo dirigir en la batalla de Espinosa de los Monteros (días 10 y 11) que se saldo con una derrota y una posterior huida en la que el ejército se desintegró. De la Romana tomó el mando en León (26-XI) de los restos de un ejército. Aunque recibió nuevos reclutas hasta formar un ejército de 16.000-20.0000 hombres (sin prácticamente caballería); de los que sólo unos 8.000 eran aptos para el combate por lo que cuando avanzó para cooperar con el inglés Moore, dejó atrás (sensatamente) al resto.

La planeada cooperación con los británicos se convirtió nada más empezar en ayudarles a cubrir su retirada frente al avance francés. Mal empezó la campaña cuando una división que la Romana había dejado en Mansilla para proteger el paso del Esla fue sorprendida y destruida por los franceses (29-XII). El marqués se reunió con Moore en Astorga y trató de convencerle para resistir en los pasos de montaña del camino hacia Galicia. Sin embargo Moore había caído en un completo derrotismo y su intención era dar la campaña por terminada reembarcando las tropas, a pesar de que sus tropas estaban ansiosas por pelear.

Moore y La Romana se separaron, siguiendo la Romana la ruta de Orense por el camino de Foncebadón junto a 2 brigadas ligeras inglesas (que iban rumbo al puerto de Vigo), mientras que Moore seguía la ruta de la Coruña. La artillería española marchó junto a Moore por ser mejor camino pero los británicos se deshicieron de ella por estorbarles. Las fuerzas de la Romana sufrieron en su camino un nuevo percance cuando una de las divisiones fue prácticamente copada y casi destruida en Turienzo de los Caballeros (1-I) por la caballería francesa perseguidora.

 

Grabado británico de 1812 commerando al marqués de la Romana

 

De la Romana entró en Galicia con sólo 3.000 hombres, aunque pronto reunió unos 6.000 en Orense (9.000 en febrero). Sin caballería ni artillería, se dispuso a colaborar con el establecimiento en Galicia de una fuerte resistencia guerrillera. Mientras tanto lo importante era no ser batido por los franceses por lo que primero se refugió en las montañas de la frontera con Portugal (zona de Monterey). Estando los franceses ocupados en sujetar Galicia (el mariscal Ney) e invadir Portugal por el Norte (mariscal Soult), de la Romana aprovechó para salir de su refugio y marchar hacia Asturias, rindiendo por el camino a la guarnición francesa del castillo de Villafranca del Bierzo (17-III).

Asturias no había sido ocupada y contaba en teoría con un ejército de reclutas que llegaba a los 20.000 hombres para defender los accesos al Principado. Sin embargo a su llegada de la Romana se enredó en las disputas internas del Principado y acabó tomando partido contra la Junta de Asturias, disolviéndola por la fuerza (2-V). Los franceses se organizaron para marchar contra Asturias desde los 3 lados y acabar con las fuerzas de la Romana. Éste optó de nuevo por no luchar en un enfrentamiento directo: mientras las tropas asturianas se dispersaban por las montañas, las gallegas se deslizaron entre los destacamentos franceses rumbo de vuelta a Galicia. De la Romana abandonó Oviedo (19-V) justo cuando Ney iba a tomar posesión de la ciudad, se embarcó en Gijón y marchó por mar de vuelta a Galicia a reunirse con sus tropas.

De vuelta a Galicia se encontró de la Romana con que el mariscal Soult había regresado de Portugal y había acordado con Ney ocuparse del ejército español mientras este último marchaba contra los guerrilleros de la “división del Miño”. El marqués -al que sus tropas apodaban "el marqués de las romerías" por su afición a hacerlos marchar y contramarchar- eludió hábilmente la batalla con Soult hasta que éste se cansó y decidió marcharse de Galicia. La marcha de Soult provocó que Ney -derrotado en Puentesampayo por los guerrilleros- también se hartara y se marchara de Galicia. A su vez se genero un movimiento en cadena y el francés Bonnet abandonó Asturias.

De la Romana reorganizó los ejércitos de Galicia y Asturias, avanzando hasta Astorga donde cedió el mando del Ejército de la Izquierda al duque del Parque (18-VIII) al ser reclamado por la Junta Central para ser nombrado vocal de ella.

Tras la derrota de Ocaña (19-XI) y la subsiguiente invasión de Andalucía, la desprestigiada Junta Central Suprema abandonó Sevilla (23/24-I-1810) para refugiarse en Cádiz. Por su parte de la Romana volvió al campo de batalla y asumió de nuevo el mando del Ejército de la Izquierda a principios de febrero. En total contaba con cerca de 28.000 hombres distribuidos en la frontera hispano-portuguesa entre Ciudad Rodrigo y Badajoz. Su primera acción fue precisamente marchar en dirección a Badajoz para ahuyentar al mariscal Mortier que quería conquistarla. De la Romana se contentó con hacerle huir y dejó a una división (Ballesteros) encargada con bastante éxito de importunar a las fuerzas de dicho mariscal en pequeñas acciones durante marzo-junio.

La Regencia le ascendería el 2 de marzo a capitán general del ejército. El general continuó por un tiempo con su política de pequeñas acciones a cargo de sus diversas divisiones. En octubre ante la invasión francesa de Portugal tomó por su cuenta (sin pedir permiso al Gobierno) la decisión de marchar personalmente con dos de sus divisiones (8.000 hombres) y reunirse con Wellington en las líneas de Torres Vedras. De la defensa de Badajoz dejó encargado al general Mendizabal.

De la Romana falleció tras varios ataques de disnea en la localidad portuguesa de Cartaxo el 23 de enero de 1811, con 49 años, justo cuando estaba organizando un ejército para acudir en auxilio de Badajoz que estaba siendo asedidado. Wellington lamentó mucho su muerte ya que congeniaba con él y le agradecía tanto la decisión de acudir a las líneas de Torres Vedras como el hecho de haber ya propuesto en 1809 que a Wellington se le diera el mando supremo de los ejércitos aliados.

El capitán general Pedro Caro y Sureda (Vicente Lopez Y Portaña)