El Brexit y la visión imperial.

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Santiago Pitarch
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Desde: 5 Ene 2011

 El Brexit y la visión imperial.

¿Por qué es tan importante la Historia? Se trata de una pregunta recurrente y habitualmente contestada de forma simplona y superficial. Sostengo, aunque sé que es una postura polémica, que “la Historia en sí” no tiene ningún valor real. Podríamos vivir perfectamente desconociendo nuestro pasado. Sin embargo, eso es conceptualmente imposible para cualquier civilización: el pasado o se conoce o se inventa, creando el “discurso histórico”. Mientras que la “historia en si” es insignificante, el “discurso histórico” determina profundamente la actuación de cualquier sociedad. Los hechos pasados son inalterables, pero la visión de los mismos crea unas normas -y una cultura no es más que un conjunto de normas- que condicionan profundamente el funcionamiento de la misma. De ahí, la importancia radical de la Historia como disciplina.

Para ejemplificar lo anterior, un artículo aparecido recientemente en la prensa. Invito a su lectura completa, pero cito algunos párrafos significativos.

Había algunos  buenos motivos para votar a favor de salir de la Unión Europea si bien la campaña a favor del Brexit casi nunca se libró con estos argumentos y tampoco ganó en base a los mismos. Y también se ha respirado esta nostalgia por una visión particular, y peculiar, de la historia del país, que ha ido gestando el Brexit durante décadas.

En alusión a la consigna "dos guerras mundiales y un Mundial" (de fútbol), que se podía oír en los partidos de Inglaterra contra Alemania, el profesor Paul Gilroy escribió en After Empire (tras el Imperio) que "esta muestra de vanagloria es uno de los muchos elementos que integran la actitud británica de negarse a aceptar la realidad. Declara que durante el siglo XX el Reino Unido no ha protagonizado ninguna otra hazaña digna de mención. Estamos obligados a reconocer que la nación que triunfó en 1918 y en 1945 ocupaba un lugar invisible pero palpable".

La afirmación de Ammon solo es verdad en parte, ya que si bien es cierto que en el voto a favor del Brexit subyace el melancólico recuerdo de un pasado glorioso, la época que se anhela no es tanto la Segunda Guerra Mundial sino más bien el periodo del imperio británico; un periodo más largo y que no se celebra tan abiertamente.

Si el recuerdo de la guerra hace que algunos muestren una actitud más desafiante, la evocación del imperio los lleva al engaño. Nuestro pasado colonial, así como la incapacidad de aceptar su desaparición, hizo que muchos tuvieran la impresión de que éramos mucho más importantes, fuertes e influyentes de lo que realmente somos. En algún momento se convencieron de que la razón por la que estamos en el centro de muchos mapas del mundo es porque la tierra gira alrededor del Reino Unido cuando en realidad estamos en el centro porque fuimos nosotros los que dibujamos esos mapas.

Y fue a través de este lente distorsionado (hagamos que Gran Bretaña vuelva a ser Grande) que una mayoría optó a favor de salir de la UE. Ammon cree que estas fantasías se remontan a las batallitas sobre la guerra mundial que les explicaron a los partidarios del Brexit durante su infancia. "Obviamente, los países se definen por su historia y algunos se definen por lo que sus padres hicieron en la guerra y eso les da un gran orgullo personal".

En este caso se puede ver claramente cómo una particular visión de la Historia, enraizada profundamente en la sociedad inglesa, ha contribuido de forma decisiva a tomar una decisión que en principio parecía sorprendente. No voy a juzgar si el Brexit fue un acierto o un descalabro, porque no es esa la intención de este artículo. Lo relevante es como el discurso histórico que esta sociedad hace suyo determina un comportamiento que, en otras sociedades europeas, resulta sorprendente. La “Historia en sí” no explica el Brexit, aunque muchos intenten buscar ahí las respuestas, en demasiadas ocasiones forzando los hechos históricos para demostrar que éstos encaminaron a Inglaterra siempre fuera de Europa. Esa es la senda equivocada en la cual se buscan las respuestas históricas, obteniendo resultados negativos por lo absurdo de la propia búsqueda. Esta búsqueda infructuosa contribuye al descrédicto de la Historia como disciplina útil. No podemos preguntarle al pasado histórico por qué los británicos decidieron de una forma y no de otra en el presente. Lo que debemos preguntarnos es cómo la imagen que los británicos tienen de sí mismos y de su Historia, esto es, que discurso histórico es el mayoritariamente aceptado, ha condicionado su decisión. Esta sí es la pregunta correcta y nos encamina al uso correcto de la disciplina histórica.

 


Lo único seguro es el cambio.