La famosa batalla de Dunkerque, en 1940, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, no tuvo el desenlace que conocemos. Hitler no ordenó a sus tanques que frenaran a las puertas de la ciudad y no escaparon centenares de miles de soldados ingleses, franceses y belgas. En realidad, fueron aplastados y hechos prisioneros; sólo pudieron escapar poco más de cinco mil.