No se merece un personaje como Diego Alatriste nacido de la pluma de un esquisito escritor cartaginés que se le maltrate como al perro de un marrano judío de la època. No se merece, nuestro héroe de capa y espada que un actor de buenas intenciones, de un sólo rostro y un acento extranjero meticulosamente disimulado (pero extranjero) lo reencarne en el cine.