Corsarios de Levante
«Durante casi dos años serví con el capitán Alatriste en las galeras de Nápoles. Por eso hablaré ahora de escaramuzas, corsarios, abordajes, matanzas y saqueos. Así conocerán vuestras mercedes el modo en que el nombre de mi patria era respetado, temido y odiado también en los mares de Levante. Contaré que el diablo no tiene color, ni nación, ni bandera; y cómo, para crear el infierno en el mar o en la tierra, no eran menester más que un español y el filo de una espada.»
«En eso, como en casi todo, mejor nos habría ido haciendo lo que otros, más atentos a la prosperidad que a la reputación, abriéndonos al mundo que habíamos descubierto y ensanchado, en vez de enrocarnos en las sotanas de los confesores reales, los privilegios de sangre, la poca afición al trabajo, la cruz y la espada, mientras se nos pudrían la inteligencia, la patria y el alma. Pero nadie nos permitió elegir. Al menos, para pasmo de la Historia, supimos cobrárselo caro al mundo, acuchillándolo hasta que no quedamos uno en pie. Dirán vuestras mercedes que ése es magro consuelo, y tienen razón. Pero nos limitábamos a hacer nuestro oficio sin entender de gobiernos, filosofías ni teologías. Pardiez. Éramos soldados.»
Comentarios
Esta vez, en «Corsarios de Levante», lo único que lamento es no haber leído las entregas anteriores de «El Capitán Alatriste». En esta novela hay muchos factores que envuelven al lector, pero el principal es la adrenalina. Si hubiera una película que alcanzara a lograr lo que el autor logra con esta novela, el espectador no respiraría un solo segundo. Y es que eso es lo que el lector siente con esta entrega: batallas navales, escaramuzas, persecuciones por los callejones de Nápoles, expediciones contra aldeas moriscas, luchas de corso contra naves turcas, personajes radicales empapados de humor negro y sentido irónico de la vida, inicios épicos y finales aún más. Todo esto narrado desde la perspectiva de un Íñigo Balboa que se va convirtiendo en un hombre de guerra, al no poder dedicarse más que a la espada y la pluma. De los mares del Mediterráneo a las murallas derruidas de Orán. De las calles bulliciosas de Nápoles a las aguas islámicas de los Dárdanelos. El ritmo de la novela es continuo y cargado de increíbles historias en las que se rememora sobre las hazañas del pasado echando mano de viejos camaradas, como Sebastián Copons, o se adentra en futuras aventuras en las que se inmiscuirán nuevos personajes, como el mogataz Gurriato, así como también está plagado de poesía bélica y satírica que hacen reír al lector en más de una ocasión.
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