El utillaje óseo del Paleolítico Inferior y del Paleolítico Medio
Uno de los tópicos historiográficos comunes a la investigación en Prehistoria afirma que no existe una verdadera industria ósea antes del Paleolítico Superior. Ese tópico presupone que el trabajo del hueso es una de las aportaciones presentes en el “kit” mental de las poblaciones que sustituyen, a partir de 40.000 BP, a los últimos neandertales del Musteriense.
Es decir, los Homo sapiens, o Humanos Anatómicamente Modernos. En este texto ofrezco una visión sintética, no exhaustiva. Recojo las evidencias del trabajo del hueso desde los australopitecinos africanos hasta el final del Paleolítico Medio. Se repasan los principales hitos de la investigación y las evidencias disponibles en el registro europeo, con algunas referencias a otras grandes regiones, como África o el Oriente Próximo.
A la hora de explicar, y valorar de manera crítica, el concepto de industria ósea poco elaborada, se abordan también los inicios del Paleolítico Superior (Auriñaciense). La industria ósea reviste particular interés. Es un elemento esencial en varios modelos de sustitución de poblaciones neandertales por otras de Homo sapiens, en la frontera entre el Paleolítico Medio y Superior.
No se trata de poner en duda las diferencias que se han constatado, entre neandertales y las poblaciones posteriores (Paleolítico Superior). Tampoco se discute la existencia de novedades simbólicas y tecnológicas de trascendencia, en el marco de la transición.
Mi enfoque se centra en el análisis de las evidencias disponibles, que contradicen a una parte de los modelos propuestos para la transición (cambio biológico y cambio cultural). En particular, se contrapone a las teorías que se apoyan en caracterizar a los neandertales como homínidos llenos de incapacidades, respecto a los “humanos modernos”.
Los orígenes de la industria ósea: El Paleolítico Inferior.

A lo largo del siglo XX y hasta la década de los 80, hay además de la industria osteo-donto-querática, una serie de propuestas de posibles útiles del Paleolítico Inferior y Medio.

El utillaje en materias óseas del Paleolítico Medio
Para este periodo, existe una industria de hueso que, por diversas razones, no ha sido estudiada en detalle. El vacío investigador ha creado un tópico historiográfico: la ausencia de industria ósea en el Paleolítico Medio.
Para abordar el tema, en primer lugar, es necesaria una reflexión sobre la idea de “industria ósea poco elaborada”. A continuación, revisaremos las industrias y materiales del Paleolítico Medio.
El concepto de “industrias óseas poco elaboradas”
A lo largo de los últimos veinte años se ha ido afianzando el término “industrias óseas poco elaboradas”, que proviene de la historiografía francesa, para denominar al utillaje en hueso del Paleolítico Medio e Inferior.
Este concepto tiene un origen que no es ingenuo y por ello debe ser explicado. Se basa en la comparación directa de los materiales del Paleolítico antiguo con las industrias de elaboración o conformación del hueso en el Paleolítico Superior. Su propia definición parte de la comparación con otra industria que se califica, a priori, como más avanzada.
En ese marco, las industrias Auriñacienses y posteriores se asocian a una superioridad cognitiva y simbólica del Homo sapiens, frente a las incapacidades neandertales (Noble y Davidson, 1996). La elaboración cuidada, con gran inversión de trabajo, de la materia ósea se considera parte del “kit” técnico e intelectual de la especie superior, junto con los elementos propiamente simbólicos, como las representaciones mobiliares y parietales, o los adornos personales (Vanhaeren y d’Errico, 2006).
Para esa línea argumentativa, la industria ósea del Paleolítico Superior constituye una prueba de la superioridad cognitiva del Homo sapiens frente a los neandertales. Y del mismo modo, las industrias óseas poco elaboradas prueban la Inferioridad de los pobladores del Paleolítico Medio. A ese respecto, se debe trazar una divisoria entre la evidencia arqueológica y la argumentación en el marco teórico. Es cierto que el registro arqueológico muestra la presencia de una industria ósea, de creciente complejidad y riqueza simbólica. Esa industria aparece en Europa en algún momento temprano del Auriñaciense y se extiende a lo largo del Paleolítico Superior. Esa cuestión queda fuera, por mi parte, del debate.
Ahora bien, es necesario matizar el modelo propuesto, en lo referido a los comportamientos neandertales, y a la industria ósea musteriense.
En primer lugar, el propio concepto de utillaje se hace depender del grado de estandarización de los trabajos, como si solo fueran “útiles” aquellos objetos fabricados “en serie”.
En un trabajo de síntesis sobre industrias óseas del Paleolítico antiguo se caracteriza la industria ósea como repetición de gestos técnicos que llevan a la creación de piezas idénticas o muy próximas (Patou-Mathis, 1999). Eso constituye una definición ad hoc para el Paleolítico Superior. Como es previsible, deja fuera del concepto a todo el utillaje óseo del Paleolítico antiguo.
La visión seriada del utillaje, fuertemente tipológica, deja de lado las cuestiones que revisten mayor interés, como la obtención y selección de los soportes, o el uso y la función del utillaje, o su papel respecto a la organización social del grupo.
Siendo “la otra cara de la moneda”, la industria ósea musteriense, ha quedado oscurecida bajo la etiqueta de “poco elaborada”. Por ello. no ha recibido la atención de los investigadores. Sin emabrgo, tiene un amplio potencial informativo, sobre los comportamientos tecnológicos y sociales de los neandertales.
Parte de las argumentaciones sobre la transición entre Paleolítico Medio y Superior inciden en que hay una sustitución de las industrias óseas poco elaboradas, por otras más elaboradas y simbólicas en el Paleolítico Superior (Delporte, 1998; White, 1999). Esta tecnología ósea llega a Europa con las nuevas poblaciones de Homo sapiens provenientes de África (Mellars, 2002). Eso supondría la imposición de una industria “superior” o más eficaz (Mellars, 2004). En este punto se detecta un segundo aspecto que debe ser matizado.
La idea de sustitución de la industria ósea “poco elaborada”, en sentido estricto, es errónea. Lo que se produce es la aparición, en paralelo, de un conjunto de utillaje obtenido mediante la conformación o transformación técnica del hueso. Ese utillaje va a convivir, a lo largo de todo el Paleolítico Superior, con una importante industria poco elaborada.
Una postura inteligente es la línea sugerida por Vincent (1988: 185-186) de no tratar de probar la existencia o ausencia de industrias óseas en uno u otro periodo, usando ejemplos y contra-ejemplos. Por el contrario, es necesario valorar cada evidencia, y los diferentes agentes tafonómicos que pueden haber afectado a los materiales. Debe evitarse el llamado “síndrome Binford” (Vincent, 1988): esta autora lo define como el descartar todo el utillaje óseo anterior al Paleolítico Superior por principio.

Un tercer matiz, algo más genérico, se incluye por su importancia en los modelos para explicar la transición Paleolítico Medio-Superior. Me refiero al problema de la autoría de las primeras industrias del Paleolítico Superior, dado que los neandertales son, a día de hoy, firmes candidatos para ello. Esa autoría ha sido demostrada para el caso del Chatelperroniense francés. Y de confirmarse la evidencia en otras culturas del Paleolítico Superior inicial, haría insostenible la asociación directa de Homo Sapiens e industria ósea elaborada.
A la izquierda, industria ósea de Blombos Cave (sudáfrica) datada h. 75-70 Ka BP
Por otro lado, las poblaciones que han sido propuestas como antepasados directos de los H. sapiens del Auriñaciense europeo (los H. sapiens africanos o próximo-orientales anteriores al 40.000) no consta que tuvieran industrias de hueso y asta similares al utillaje -más elaborado- del Paleolítico Superior europeo. Las evidencias en ese sentido, de una industria ósea más elaborada, en fechas anteriores a 40.000 provienen del extremo sur de África (Henshilwood et al., 2001).
Las industrias óseas en el Paleolítico Medio
Desde el origen de la disciplina se han propuesto todo tipo de materiales como posibles útiles óseos, o huesos modificados intencionalmente, en el Paleolítico Inferior y Medio. En buena parte de los casos, dichos materiales han sido discutidos a partir de los años ochenta, mediante la crítica tafonómica de las evidencias.
En el siglo XIX Daleau (1874), en la Grotte des Fées (Gironde, Francia) hace una de las menciones más antiguas a la industria ósea del Paleolítico Medio. La constante de los momentos iniciales de la investigación de las industrias óseas, es la preeminencia de los yacimientos franceses y la potencia investigadora de ese país. Esta situación general sólo se ve salpicada por aportaciones más discretas, realizadas desde otros ámbitos.
H. Martin, a partir de los restos óseos de La Quina, determina la existencia de un tipo de útil en esquirla diafisiaria de ungulado, posiblemente utilizado para retocar las piezas líticas musterienses (Henri Martin, 1906). Sin embargo, en aquellos primeros años, esos retocadores, junto con materiales similares provenientes tanto de La Quina como de otros yacimientos (Rebiéres) se publican casi siempre como “yunques” o percutores durmientes, para el trabajo de diversas materias, en particular del hueso (Baudoin, 1906, 1907). Los Mortillet (1910) definen para el Solutrense el tipo “compresor”, un útil de hueso o asta asociado al retoque por presión. De manera indirecta, esa definición va a motivar que, a falta de estudios específicos para el Paleolítico Medio, las esquirlas diafisiarias con impresiones, descritas por Henri Martin, se denominen “compresores-retocadores”.
En 1914, Breuil y Obermaier señalan la presencia de algunos huesos utilizados en los niveles musterienses de El Castillo (Cantabria). Passemard (1922) cita diáfisis con impresiones provenientes de Isturitz (Pyrénées-Atlantiques). L. Siret experimenta (¡en los años veinte!) con el uso del hueso en percusión sobre útiles líticos, para retocar piezas similares a las musterienses. Su investigación concluye que los fragmentos diafisiários con impresiones son retocadores para el trabajo del sílex, y no elementos pasivos del trabajo del hueso (Siret, 1925).
En la década de los 30, se consideran “compresores” una serie de fragmentos óseos de los niveles musterienses de La Ferrasie (Peyrony, 1934). En 1935 Vezian ofrece una descripción de esquirlas de hueso utilizadas en Saint-Jean-de-Verges: Una superficie piqueteada en uno o ambos extremos, y estrías finas que parten de la zona piqueteada hacia el borde del hueso.
Los estudios soviéticos de los años cincuenta (Semenov, 1956) son un impulso decisivo para la expansión del método experimental y del estudio de huellas de uso. Tuvieron una influencia directa en los estudios de la industria ósea musteriense, con una aportación decisiva: las herramientas metodológicas y técnicas para analizar las improntas y marcas de las diferentes actividades humanas.
F. Bordes cita en sus tipologías los compresores óseos solutrenses, pero no considera que respondan al mismo tipo de utilización que las esquirlas diafisiarias musterienses con impresiones (Bordes, 1961: 108). La confusión o variabilidad de términos al referirse a los retocadores musterienses, se va a mantener hasta los 60, cuando los avances de la disciplina y las visiones de síntesis, dan una idea más clara de la naturaleza de los conjuntos. En esa década se caracterizan la mayor parte de los objetos musterienses como “retocadores”, es decir, elementos de percusión utilizados para el retoque de instrumentos de piedra (Patou-Mathis, 2002). Sin embargo, la denominación largamente establecida de “compresores-retocadores” se ha mantenido hasta épocas relativamente recientes (Barandiarán, 1987).
Esto no significa, por otro lado, que debamos asumir que todos los fragmentos de diáfisis óseas con huellas, de cronología musteriense, son necesariamente retocadores. Cada conjunto ha de ser estudiado dentro del contexto tafonómico y arqueológico del yacimiento del que proviene.
Un trabajo de síntesis (Taute, 1965) recogió una gran colección de retocadores en materias óseas (hueso, dientes y asta), con una perspectiva cronológica amplia, que va del Paleolítico antiguo hasta el Neolítico. Su trabajo incluye la publicación de los retocadores encontrados en yacimientos alemanes. Para las esquirlas diafisiarias y epífisis con huellas impresas, del Paleolítico Medio, Taute concluye que se trata de utillaje para el retoque lítico, por percusión.
Desde los años setenta, se constata una presencia, cada vez más densa y habitual, de los retocadores de hueso en yacimientos musterienses. Se localizan y citan estos útiles en yacimientos franceses, como en Bois-Roche, en Charente (Vincent, 1987) y de nuevo en Isturitz, (Leroy-Prost, 1974), aunque se utiliza el término “compresores” para los retocadores musterienses del yacimiento.
Pero también, y cada vez de con más frecuencia, aparecen esquirlas diafisiarias utilizadas en yacimientos de Paleolítico Medio de otras zonas del continente europeo. En Kulna, Moravia (Valoch, 1988), en el Abrigo Tagliente, en Verona (Leonardi, 1979), en Bacho-Kiro, Bulgaria (Kozlowski, 1982) y Peña Miel, en La Rioja (Barandiarán, 1987).El trabajo de I. Barandiarán sobre los retocadores de Peña Miel es el primer esfuerzo sistemático, en el ámbito de la Península Ibérica, de estudiar con una metodología propia un conjunto de utillaje óseo musteriense. La muestra de I. Barandiarán es de 67 retocadores del nivel G de Peña Miel. Analiza su origen anatómico, las dimensiones de los soportes y las características de las huellas de uso. Aplicó un enfoque morfométrico, que toma en consideración las dimensiones de los materiales (peso, longitud, anchura y espesor) y valora los datos en conjunto. I. Barandiarén señala la vinculación directa de los retocadores con el trabajo de la piedra. Los niveles E-G han sido presentados como Musteriense Quina (Utrilla et al., 1987) y datados como más antiguos de 40.000 BP (Montes et al., 2001).
En Peña Miel, se señala también la presencia de una serie de materiales óseos, junto con los “compresores-retocadores”, para los niveles musterienses. Se mencionan huesos con frentes de retoque intencionales, cuñas/cinceles o “chasse-lames”, y “tensores” (Barandiarán, 1987: 91-96). El “tensor” es un tipo de útil definido para el Paleolítico cantábrico (Corchón, 1981), que será objeto, en los años noventa, de una crítica tafonómica que desestima su relevancia como utillaje (d’Errico, 1993). La crítica de D’Errico a los tensores clasifica las hipotéticas zonas de uso, como malformaciones de crecimiento, naturales en los ciervos adultos.
Los trabajos experimentales también continúan a lo largo de estas décadas. Se estudia en profundidad la relación de los percutores y la industria lítica, así como aspectos más generales de la modificación y fragmentación de la materia ósea (Daubois, 1974; grupo ETTOS, 1985; Vincent, 1985).
La creciente presencia de retocadores musterienses en yacimientos, discurre paralela a la crítica tafonómica de posibles artefactos propuestos para el Paleolítico Medio. En la Región Cantábrica, se suceden las propuestas (Freeman, 1971) y críticas (Binford, 1983; Straus, 1992) para Cueva Morín (Cantabria). Frente a la propuesta del primero de una serie de artefactos de hueso de origen antrópico, en el nivel 17 (Musteriense), Binford y Straus consideran que se trata de pseudoartefactos. Binford caracteriza las hipotéticas huellas de fabricación, como productos de la fractura del hueso para obtener el tuétano. Por otro lado, en las publicaciones sobre Morín (Freeman, 1971) se recogen 63 huesos, que son fragmentos de diáfisis con “machacamientos” en los extremos. Es probable que se trate de retocadores óseos.
A la derecha, diáfisis de un mamífero de talla grande con una escotadura de lascado múltiple procedente de Cueva Morín
En el País Vasco, se revisan con nuevo enfoque crítico otras posibles industrias óseas musterienses (Múgica, 1983) provenientes de Lezetxiki, niveles VI, V y VI, y Axlor IV y V. Entre los materiales de las excavaciones antiguas de Axlor, J. M. Barandiarán menciona utillaje óseo en sus memorias de la excavación (J. M. de Barandiarán, 1980), después discutido por Martínez-Moreno (2005).
A finales de los ochenta varios trabajos inciden otra vez sobre la crítica tafonómica a los materiales del Paleolítico antiguo. Se hace hincapié en la naturaleza de pseudo-instrumentos de muchos hallazgos considerados como industria ósea musteriense. Se introduce el uso de la microscopía electrónica (Microscopio Electrónico de Barrido - MEB) y de las réplicas en resinas sintéticas de las huellas de uso, para su estudio (d’Errico y Giacobini, 1988).
De modo paralelo, se presentan nuevas evidencias de utillaje óseo y huesos modificados para el Musteriense, que superan una crítica cada vez más rigurosa. Algunos casos bien documentados de materiales óseos musterienses provienen del nivel VIII de Grotte Vaufrey, Dordogne (Vincent, 1988). De los materiales presentados por la autora destacan una diáfisis masiva, probablemente de rinoceronte, con huellas masivas de martilleado; y una diáfisis de gran ungulado que presenta un retoque alterno claro. Otros materiales presentados por Vincent, como una diáfisis de cérvido con huellas de abrasión, una hipotética raedera bifacial, y un hueso perforado, no parecen corresponder a un comportamiento tecnológico. La perforación ha sido criticada (d’Errico y Villa, 1997) y presentada como de origen natural, no antrópico.
En los años 90 hubo un importante desarrollo de las investigaciones, en el marco de las industrias óseas del Musteriense europeo. A principios de la década, Chase (1990) estudia una muestra de 32 huesos utilizados provenientes de La Quina, y concluye que son retocadores.
Sus conclusiones tienen cierto apoyo experimental, aunque con un valor más bien replicativo, para constatar la naturaleza de las huellas documentadas. P. Chase quiere demostrar que los retocadores de hueso son un útil de fortuna, utilizado de forma improvisada, y durante muy poco tiempo en cada caso. Se habrían usado para el retoque de las raederas en el yacimiento. El depósito estudiado, Locus 2, ha aportado una cantidad escasa de industria lítica (12 piezas retocadas, casi todas raederas Quina).
El enfoque propuesto por Chase enlaza con un planteamiento, mas bien simplista, que presenta la variabilidad del utillaje musteriense como producto de la secuencia de talla y retoque de los útiles, sin que medie una voluntad de obtener unas morfologías concretas (Dibble, 1989). En ese modelo, que resalta las incapacidades cognitivas de los neandertales, la morfología variable de las raederas del Musteriense sería producto de la repetición del retoque para reavivar sus filos.
En ese marco, un utillaje óseo utilizado de forma fortuita, sin que medie selección, y que es desechado de manera expedita después cada uso, se adapta bien a la explicación propuesta. En el contexto general de las investigaciones, la hipótesis de Dibble ha quedado anticuada, a la luz de los conocimientos existentes sobre la complejidad de los sistemas de talla y retoque del Paleolítico Medio. El grado de variabilidad que explica su modelo es muy pequeño, y solo afecta al retoque lítico. Quedan fuera de este modelo la captación, talla, gestión de materiales y uso del utillaje en piedra.
Una tesis doctoral recoge una síntesis de las industrias óseas del Paleolítico Medio (Vincent, 1993), proponiendo nuevos enfoques metodológicos, que recogen los avances en arqueozoología y tafonomía de los últimos años.
En 1999 un estudio sobre la industria ósea de Salzgitter-Lebenstedt (Alemania), aportó evidencias de la elaboración de útiles de hueso en el Paleolítico Medio (Gaudzinski, 1999). Este yacimiento cuenta con dos niveles sucesivos, de sedimentos fluviales, datados entre 48,000 y 55.000 BP, que proporcionaron 29 útiles, casi todos en hueso de mamut.
El material fue estudiado desde la tafonomía. Se determinó que una parte concreta de los sedimentos había sido crioturbada, pero eso no afectaba a los huesos de mamut. También se probó la ausencia de sesgos importantes por la densidad del hueso (las conservaciones diferenciales son apenas destacables, y sólo para animales de talla menor). Se constató el arrastre por agua de los huesos transportables, como vértebras, calcáneos, tarsos, falanges y astrágalos, lo cual afecta a parte de la muestra.
A la izquierda, costillas de mamut modificadas y utilizadas de Salzgitter-Lebenstedt
A partir del análisis tafonómico, para determinar los distintos agentes de formación y de alteración del depósito, se determinó que el conjunto de la fauna del yacimiento sólo respondería al aporte humano en el caso de los renos, cuyos restos presentan marcas de descarnado y evidencias indirectas de caza (estructura de la población y partes anatómicas representadas).
Los restos de mamut no parecen responder a la caza de los mismos, por lo que se plantea un aprovechamiento de la materia prima disponible, para ser modificada y utilizada como herramienta. Ahora bien, las fracturas en espiral que presentan los huesos muestran que se astillaron en fresco usando elementos de percusión masiva.
Del conjunto de utillaje en hueso, destacan 20 costillas de mamut trabajadas mediante una cadena operativa compleja. Esos trabajos se finalizan conformando útiles distintos, con apuntamientos, puntas planas y romas, y puntas machacadas. Y en algunos casos se constata la fractura del extremo modificado, con posterioridad al uso. Un primer elemento diagnóstico de las modificaciones es la reducción del grosor total de la costilla, mediante la abrasión, o bien mediante fractura longitudinal en el eje principal, que retira parte de la materia ósea. En relación a esa fractura se detectan impactos cónicos en los extremos, para astillar longitudinalmente el hueso. En cuanto a la zona activa, se documenta la abrasión regular y concentrada en un extremo, que modifica la morfología original del soporte. Estos restos sugieren una técnica refinada para trabajar materiales óseos en el Paleolítico Medio (Gaudzinski, 1999).
La importancia de Salzgitter-Lebenstedt radica en que permite desechar, con evidencias de peso, la ausencia de instrumental óseo elaborado en el Paleolítico Medio. Por lo tanto, y como señala Gaudzinski (1999), si retomamos la relación establecida entre carencia de industrias óseas e incapacidades neandertales (Noble y Davidson, 1996), habrá que concluir que esa carencia no se daba en el Paleolítico Medio. Se ha afirmado, según estos autores, que los neandertales carecerían de la capacidad cognitiva para formular el concepto de forma final deseada. Hemos de descartar esa idea. Si no bastan las evidencias musterienses que señalan lo contrario (p.e. la industria lítica de conformación de utillaje), la evidencia se encuentra en la constatación de la cadena operativa de modificación del hueso, presente en Salzgitter-Lebenstedt.

A lo largo de los noventa, y hasta la actualidad, se verifica la presencia habitual de retocadores de hueso en numerosos yacimientos de toda Europa. Pertenecen a cronologías de Paleolítico Medio, y también al Superior (ver apartado siguiente). En la Europa centro-oriental, se citan retocadores de hueso en Prolom II, en Crimea (Stephanchuk, 1993), Barakaevskaia, en el Caucaso (Filipov y Lioubine, 1993) y Vindija en Croacia (Ahern et al., 2004). La zona mediterránea queda representada por Fumane, Tagliente y San Bernardino en Italia (Malerba y Giacobini, 1996), y Arrillor (Bermudez de Castro y Sáenz de Buruaga, 1999), Prado Vargas y Valdegoba en España (Diez Fernandez-Lomana y Navazo, 2005). En Francia, están los yacimientos de Lazaret (Valensi, 1996), Chez-Pinaud (Beauval, 2004), Artenac (Armand y Delagnes, 1998), y Abri Laborde/Baume-Vallée (Raynal et al., 2003). Fuera de Europa, se documentan retocadores en Sudáfrica, con un contexto de Middle Stone Age, en Blombo’s Cave (Henshilwood et al., 2001); y en el Paleolítico Medio de Umm-el-Tlel, en Siria (Boeda et al. 1998).
A la derecha, retocador en hueso de Axlor (Dima, Bizkaia)
Un trabajo sobre los procesos de talla y retoque de las raederas Quina (Bourguignon, 2001) recoge un estudio experimental sobre el uso de retocadores de piedra y hueso. En ese trabajo, como en otros casos, se asocia el uso de retocadores de hueso (dentro de la categoría de los percutores “blandos”) con el retoque de los filos Quina. En particular, el hueso tendría las propiedades idóneas para realizar las extracciones que dan como resultado ángulos agudos en el filo de las raederas. Además, la autora señala que las huellas de uso producidas en los retocadores experimentales son idénticas a las observadas en los materiales arqueológicos (Bourguignon, 2001: 37).

Los útiles del Musteriense Charentiense se caracterizan por un retoque escamoso escaleriforme sobre lascas espesas: Es el retoque tipo La Quina. L. Bourguignon relaciona los retocadores de hueso con las distintas fases de ese retoque

En un reciente trabajo se han revisado las industrias óseas “poco elaboradas” halladas en las excavaciones antiguas de Lezetxiki IV, V y VI, y Axlor IV y V (Martínez-Moreno, 2005). Los huesos hendidos con desconchados hacia la cara interna, se atribuyen al efecto de “microflaking” producido con el colapso de la diáfisis. Los huesos modificados por abrasión o perforación se caracterizan como pseudoartefactos, atribuyendo las modificaciones al efecto de otros agentes tafonómicos como el arrastre en seco, el efecto del agua, o los dientes de carnívoros. Para el autor del estudio, los únicos restos óseos utilizados, en dichos yacimientos de Paleolítico Medio, son los retocadores (Martínez-Moreno, 2005).
A la derecha, metatarso de bisonte con marcas de percusión procedente de Lezetxiki IV.
Las “industrias óseas poco elaboradas” en el Paleolítico Superior
No voy a explicar, en este apartado, los rasgos propios de cada una de las industrias óseas del Paleolítico Superior. Dicha cuestión queda, como es evidente, fuera del ámbito de este trabajo. En su lugar, se tratan dos cuestiones de particular importancia para la comprensión de las industrias del Paleolítico Medio.
El primer aspecto es el surgimiento de una industria de hueso elaborada de otra forma en el Auriñaciense europeo, y el papel que se le ha dado en los modelos de transición del Paleolítico Medio al Superior. Y en segundo lugar, la presencia de las llamadas “industrias poco elaboradas” en los diferentes momentos el Paleolítico Superior.
Como ya se ha comentado, el modelo de las incapacidades neandertales se sustenta, entre otros argumentos, en la aparición de una industria del hueso “más elaborada” en los inicios del Paleolítico Superior (Noble y Davidson, 1996). Se suele presentar esta industria en el marco de toda una revolución de cambios en el utillaje (microlitización y leptolitización), y la aparición de comportamientos simbólicos complejos (adorno personal, decoración del utillaje, y surgimiento del arte Paleolítico).
Hoy en día, carece de sentido negar la existencia de cambios muy sustantivos en las primeras culturas de Paleolítico Superior, respecto al final del musteriense.
Pero nuestro foco de atención se centra en la atribución de una serie de incapacidades cognitivas a las últimas poblaciones del Musteriense, que explicarían la ausencia de industrias óseas elaboradas. Entre las supuestas incapacidades destacan algunas como la falta de concepto de la forma final (Noble y Davidson, 1996) y la reducida capacidad de planificación, que lleva a un comportamiento mucho más elemental (Stringer y Gamble, 1993).
Frente a esta postura, las evidencias del trabajo del hueso (con mayor o menor elaboración) en el Paleolítico Medio europeo son incontestables, a día de hoy, como se ha expuesto en los apartados anteriores.
Asimismo, el escaso interés despertado por las llamadas industrias “poco elaboradas”, que en realidad son objetos tecnológicos implicados en las actividades cotidianas de esos grupos humanos, enmascara una realidad mucho más amplia, del uso del hueso en diversas funciones técnicas y económicas.
La constatación de la falta de estudios específicos nos lleva al segundo punto de interés. En el Paleolítico Superior, desde el Auriñaciense hasta el final del Pleistoceno, existe toda una serie de industrias óseas “poco elaboradas”. Estas evidencias, por lo general, tampoco han recibido la debida atención (Tartar, 2003), para su integración en el estudio de los procesos tecnológicos y económicos de los grupos humanos prehistóricos.
En el Auriñaciense europeo abundan las industrias óseas “poco elaboradas”, junto con otros tipos de utillaje de conformación de la materia ósea, que están relacionados sobre todo con el armamento de caza.
Además de ese tipo de útiles “más elaborados” (p.e. azagayas), en el Auriñaciense de Isturitz se encontraron retocadores muy similares a los Musterienses (Schwab, 2002). En varios yacimientos de Charente (Pont-Neuf, Les Rois, La Ferrasie) se han encontrado caninos de oso en niveles auriñacienses, con huellas de uso que los asemejan a los retocadores (Leroy-Prost, 2002). El mismo tipo de útil aparece en Vogerlherd, con seis casos auriñacienses (Leroy-Prost, 2002). En los niveles del Auriñaciense antiguo de la Grotte des Hyenes (Brassenpouy), se han estudiado muestras de un utillaje “poco elaborado” que incluye retocadores, cinceles (pièces intermediaires), punzones y un alisador (Tartar, 2003).
Por último cabe señalar, con un fuerte salto cronológico, la presencia de retocadores en esquirlas diafisiarias de huesos largos de ciervo, en el Magdaleniense del Rhin, en los yacimientos de Gönnersdorf y Andernach (Tinnes, 2001). Dos series de retocadores (11 en Gönnesdorf y 10 en Andernach) muy similares a los conocidos para el Musteriense, con una o dos áreas de uso bien definidas, y huellas características del retoque de útiles líticos. Esta presencia de retocadores en niveles Magdalenienses ya se conoce de antiguo, como en el caso de Isturizt (Saint-Périer, 1930).
Conclusiones
En cuanto a la metodología, el estudio de las materias óseas en el Paleolítico Medio se encuentra en un momento de gran dinamismo. Se han realizado aportaciones significativas, en los modos de abordar el estudio del utillaje óseo prehistórico. Pero su aplicación al Musteriense ha sido escasa.
Frente a estos argumentos, el utillaje de Salzgitter-Lebenstedt (Gaudzinski, 1999), muestra un conocimiento importante de las propiedades de la materia ósea, y la capacidad de conformar un utillaje predeterminado.
Autor: Axlor
Imágenes: Axlor y Eli_silmarwen
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