El 22 de agosto de 1568 muere a consecuencia de una insolación el heroico Gran Maestre de la Orden de Malta. Jean Parisot de la Valette, que se distinguió durante el terrible sitio contra la isla en el año 1565 y que fue el alma de la defensa, ya no esta entre los vivos.
Los caballeros han de reunirse para nombrar nuevo Gran Maestre. El elegido será un italiano: Pietro del Monte.
La vida de la galera
Dele Dios a quien la quiera”.
Fray Antonio de Guevara. Libro de los Inventores del Arte de Navegar y de muchos trabajos que se pasan en galeras.
“La Armada de España: dos galeras y una tartana”. Dicho popular español de fínales del siglo XVII.
Entré los que se han presentado como candidatos destacaba un caballero Gran Cruz que se ha demostrado como capaz, además es “Pelier”
[1]del Albergue de la Lengua de Aragón. Pero dicho caballero no es demasiado popular ya que tiene bien ganada fama de tacaño, algo que puede ser una virtud cuando se es administrador pero que no hace amigos entre los administrados. El Albergue de la Lengua de Aragón es famosa por que sus caballeros pasan hambre.
El nuevo Gran Maestre de la Orden esta necesitado de dinero. Hay que reconstruir las fortificaciones y murallas que todavía muestran las cicatrices del gran combate, también necesita dinero para reconstruir la flota. Esta le produce beneficios con las presas tomadas al turco cortando el comercio de Alejandría y otros puertos hacia Constantinopla. Pero en 1570 llegan inquietantes noticias el sultán Selim esta preparando una flota, sus galeras son cada vez más numerosas en el Mediterráneo.
Preocupado el Gran Maestre llama a los caballeros y consigue un préstamo de 70.000 ducados para levar tropas y almacenar alimentos necesarios para un nuevo sitio. En junio de 1570 los turcos desembarcan en Chipre, la escuadra de su almirante Ulúch Alí es avistada cerca de Sicilia. El papa Pio V convoca una coalición para ir en socorro de Chipre.
El 26 de junio una flota compuesta por cuatro galeras parte de Malta para reunirse con la flota de 51 galeras del almirante Juan Andrea Doria en Mesina, la flota maltesa esta al mando del general de galeras el aragonés Frey Francisco de San Clemente y la componen; la galera Capitana al mando del propio San Clemente, la galera Patrona llamada “Santa Maria de la Victoria” al mando del italiano frey Prospero Pignone, la “San Juan” al mando del caballero francés frey Pierre de Montauban Voguedemar y la “Santa Ana” capitaneada por el caballero frey Francisco de Labata.
Cuando las naves de San Clemente llegan a Mesina se encuentran que el puerto esta vacío. Doria ha partido hacia Bizerta con intención de atrapar a Ulúch Alí que se halla en esas aguas. El Virrey de Sicilia, el marques de Pescara, solicita a San Clemente que le lleve a Trapani a donde ha de dirigirse y que luego continúe su viaje hasta Bizerta para alcanzar a la flota. En Trapani la actitud del almirante cambia: van a regresar a Malta. Ante la extrañeza de los capitanes de las otras galeras San Clemente expone sus argumentos: como almirante de la flota de la Orden no se siente autorizado para ir a Bizerta, necesita confirmación superior o recibir ordenes claras.
Por otra parte hace unos pocos días ha fallecido por enfermedad el comandante de la galera “Santa Ana”, frey Francisco de Labata, y aunque su compatriota el caballero frey Jerónimo de Foces ha asumido el mando como capitán temporal de la galera esto de ser comunicado a Malta para que el Gran Maestre o el consejo nombren nuevo comandante de la dicha galera.
El motivo real a nadie escapa, en Malta los alimentos están caros y escasos y San Clemente ha aprovechado su estancia en Trapani para, contraviniendo las Ordenanzas de la Orden, llenar su galera con gran cantidad de alimentos incluyendo vacas, ovejas y cerdos con destino a la despensa del Albergue de la Lengua de Aragón.
Cuando se hallan discutiendo, pues el general tiene prisa por abandonar el puerto, llega noticia del Virrey. Acaba de entrar a puerto la nave de un corsario cristiano que ha avisado que las naves del terrible Ulúch Alí están en la zona. El marques de Pescara desaconseja a San Clemente que parta ya que el argelino se acompaña por gran numero de barcos. Los consejos de los marinos, el obispo de la ciudad, sus capitanes nada hace cambiar la decisión de San Clemente; partirán al anochecer.
-Al menos espere al amanecer para poder navegar con visibilidad - suplican sus capitanes.
- ¡No!.
Al anochecer del día 14 de julio zarparon del puerto las galeras de Malta. Durante la noche costearon la isla y con las primeras luces del albor avistaron el cabo de san Dimitri de Gozzo, desde allí el viaje era directo hasta Malta. Pero a medida que se va levantando la oscuridad unos bultos se perfilan. Uno, dos, tres...así hasta veinte. Algunos de ellos a la distancia de un tiro de mosquete. Son galeotas berberiscas al pairo. ¡La flota de Uluch Alí!.
El pirata argelino no puede estar más preocupado las cuatro galeras armadas de la Orden de Malta pueden hacer muchísimo daño a sus galeotas pues estas últimas están al pairo y sus remeros descansando mientras que las cristianas vienen con sus velas desplegadas y en briosa boga. Y lo que es peor, pueden entretenerles lo suficiente para que de tiempo a que llegue la flota de Doria. Pues, esta convencido, estas galeras solo pueden ser la avanzadilla de la misma.
Y entonces, para su sorpresa, la galera capitana del enemigo, ciñe al viento todas sus velas y ¡vira!. ¡Esta huyendo! No cabe duda de ello. La galera remolcaba una fragata
[2] y han cortado la amarra que la unía. Se están deshaciendo de lastre que les impida la huida. Ulúch Alí ordena a doce de sus galeazas que le sigan, va ha capturar la galera capitana. El resto que persiga a los otros barcos.
Mientras en las naves cristianas reina el desconcierto. Se han dado de narices con la flota enemiga que tanto temían encontrar y el comandante ha virado y huye descaradamente del enemigo. No ha trasmitido ninguna orden, indicación,¡Nada! Cada capitán queda aislado en su barco y hay que tomar una decisión inmediata que puede significar la diferencia entre la libertad o la prisión, la vida o la muerte.
La “San Juan” iza la vela bastarda y sigue la estela de la capitana que va sembrando de pruebas de su desesperación la mar; bultos, gallineros, allá una oveja, fardos de mercancías, los paveses, un esquife...en la capitana han perdido completamente los nervios. La persecución durara toda la mañana, la gran vela bastarda permite que saquen una distancia de cuatro millas a sus perseguidores pero, ¡ay!,el viento amaina.
Sin viento los barcos berberiscos son más ligeros y poco a poco los piratas van ganando terreno. Ya están cerca de la “San Juan” cuando el piloto de esta galera, sin duda traicionado por sus nervios, comete un error, una falsa maniobra y son alcanzados por el enemigo. Están solo a cinco millas de Licata en la costa de Sicilia. El capitán de la galera Montauban Voguedemar rinde la nave sin luchar.
Mientras San Clemente navega decidido a alcanzar refugio bajo el castillo de Licata, esta a punto de alcanzar el puerto. A bordo reina el caos más absoluto, San Clemente no gobierna ya la nave, el cómitre
[3] no se atreve a aplicar el látigo entre la chusma que se halla a los remos. Estos últimos están alborotados, algunos deseosos de remar para alcanzar la huida, otros gritando que se les libere de los grilletes, el resultado es la descoordinación.
Los caballeros que se hallan a bordo ponen orden entre los galeotes y remeros salvando la nave, “in extremis”, de ser abordada. El piloto ha perdido los nervios y la galera entra de popa en el estuario del río Fiumara, bajo la torre de Montechiaro, presta para fondear. Pero el inepto gobierno del piloto hace que dé de través contra la costa y quede encallada.
San Clemente viendo la situación no duda un momento. Cargado con su vajilla de plata salta aun esquife y abandona la galera, la tripulación y el estandarte de la orden remando hasta alcanzar la seguridad de la torre. Desde allí presenciará como los piratas argelinos asaltan la galera y la toman, matando o apresando a cuantos en ella se encuentran.
Solo un acto impidió que la ignominia fuera mayor. El joven griego Miguel Calli, ayudado por el caballero Grafigliassi, arría y dobla el sagrado estandarte de la religión que ondea en la nave, el mismo que ondeó sobre la fortaleza de la isla durante todo el sitio y el mismo que ondeara en la galera capitana de la orden en la jornada de Lepanto, se abren paso a cuchilladas entre los azabs
[4] y los galeotes y consiguen poner a salvo el preciado estandarte.
Pero volvamos con las otras dos galeras. La “Santa Ana” y la galera patrona habían puesto rumbo hacía el canal perseguidas por siete galeazas musulmanas. Durante un buen rato mantienen la persecución hasta que se percatan de un detalle, las galeazas enemigas están distanciadas unas de otras. Deciden aprovechar esta circunstancia para llevar a cabo una arriesgada maniobra; soltar las velas, frenar el avance y atacar las dos galeras a la primera galeaza que se a destacado de las demás. Decididos a combatir liberan a los galeotes y les arman y a una señal abaten las antenas y ponen proa hacía el enemigo dispuestos para el abordaje.
Pero la maniobra se ejecuta con torpeza a bordo de la “Santa Ana”. La gran vela bastarda se enrolla en el palo de la mesana y la nave que da al pairo; esta perdida. Frey Jerónimo de Foces envía señal al capitán de la patrona que vuelva a arriar velas y busque refugio, él protegerá la retirada de su galera. La patrona se retira impulsada por la vela y los remos de la nave y rápidamente se aleja abandonando a su desdichada compañera; llegará a Licata sana y salva.
La “Santa Ana” pronto es alcanzada por la primera galeaza enemiga, cruzan fuego y caballeros, galeotes y marineros mantienen a raya al enemigo. Una a una el resto de las naves enemigas abordan a la inmóvil nave maltesa. El combate durará cuatro horas durante las cuales Foces y sus caballeros realizaran prodigios de valor pero la desproporción es abrumadora y el resultado solo puede ser uno. Tras el combate de los 64 caballeros de la orden que a bordo había 20 habrán muerto, entre ellos su capitán el esforzado Jerónimo de Foces, y todos los demás se encuentran heridos de consideración al punto que muchos morirán de sus heridas
[5]. El propio Ulúch Alí reconocerá el valor de los tripulantes del “Santa Ana”, estos recibirán todo tipo de atenciones siendo cuidados con respeto, el resto de los prisioneros serán tratados con desprecio por su cobarde actuación.
San Clemente, mientras tanto, se ha dejado llevar por la desesperación y es trasladado al castillo de Licata. Mientras las noticias llegan a Malta y provoca una ola de indignación general. El Gran Maestre orden designar comisarios para llevar a cabo las investigaciones y que preventivamente se detenga al general San Clemente, al piloto de la capitana de apellido Orlando y al cómitre de la misma de apellido Scarmuri y que sean enviados sin dilación a Malta.
A esta isla llegan el piloto y el cómitre que son juzgados culpables y ahorcados al poco. San Clemente se halla en rebeldía ya que ha huido disfrazado de capuchino. Alcanza la ciudad de Roma y contacta con el embajador de España, D. Juan de Zúñiga. Por el prestigio de su nación, personalmente desprecia a San Clemente, el embajador intercederá ante el Papa a favor del desdichado general de galeras. Al tiempo San Clemente envía una carta al Gran Maestre solicitando su perdón y pidiendo licencia para retirarse de por vida al monasterio de Montserrat.
Tras mucho insistir el Papa consigue que el Gran Maestre prometa que no se le hará daño físico, con esta garantía más un salvoconducto papal, san Clemente parte para Malta. Pero su llegada provoca un motín popular. Tiene que ser protegido por los caballeros de la Orden y, para evitar su descuartizamiento a manos de la multitud, trasladado por mar a la prisión del castillo de san Angelo.
El Gran Maestre, presionado y no a disgusto, decide juzgarlo. Los cargos contra él son muy graves; dejación del mando, cobardía ante el enemigo y, el más grave de todos, abandonar el sagrado estandarte de la Religión. Durante el juicio San Clemente se hará el loco esperando rehuir la pena máxima pero dos médicos de la Sacra Enfermería de la Orden le declaran perfectamente cuerdo. Los jueces lo declaran culpable por lo que se le priva del habito, “miembro infame y pútrido” es la formula utilizada mientras públicamente se le despoja de las insignias de sus cargos y del hábito de la Orden. El Gran Maestre para no incumplir la palabra dada lo entrega a la justicia civil y se desentiende de él.
La castellanía de la isla juzga el día 22 de septiembre a San Clemente y lo declara culpable. El 25 de septiembre es estrangulado en su celda. El cuerpo se introducirá en un saco y, debidamente lastrado, será arrojado desde lo alto de la muralla al mar.
Autor: Hasting
[1] Administrador del Albergue correspondiente a la Lengua. La orden se dividía en diferentes Lenguas que agrupaban a caballeros de distintas nacionalidades que vivían en un edificio común; el Albergue.
[2] Embarcación de remos y vela bastante menor que una galera y con armamento ligero. En siglo posteriores evolucionaría a lo que hoy conocemos como fragata.
[3] Encargado de dirigir la boga y las maniobras del barco a cuyo cuidado estaban los remeros y los forzados.
[4] Soldados irregulares del ejercito turco. Se utilizaban en las galeras como fuerza de combate.
[5] A bordo había siete caballeros aragoneses, cinco castellanos incluyendo a Diego Brochero a quien nos encontraremos más adelante, veintitrés franceses, veintiséis italianos, un polaco y dos alemanes.
Que historia...se lee de un solo tiron y vale la pena alucinar con aquellos tiempos en donde los hombres eran hombres (con el cobarda de turno claro esta).
Excelente