Rebelion hungara de 1848
El descontento italiano no era el único problema de Austria. Hungría, de la que se había apoderado arrebatándosela al Imperio otomano ciento cincuenta años antes, también mostraba agitación, y cada vez se resentía más del enorme peso del dominio austríaco.
Este nacionalismo húngaro fue articulado de manera muy efectiva por Lajos (Luis) Kossuth (1802-1894). Durante la década de 1840, sus discursos y escritos mantuvieron el fervor de los húngaros. (Resulta paradójico que mientras consideraba inadmisible que los austríacos dominaran a los húngaros, insistía en que éstos debían dominar a las minorías, como los croatas y los eslovenos.

Esta es una de las muchas ocasiones en que las personas se muestran liberales para lo que les conviene y conservadoras en lo que concierne a los demás.) Cuando llegaron noticias de la Revolución de 1848 en Francia, la elocuencia antiaustríaca de Kossuth se hizo más agresiva, y hubo manifestaciones en la propia Viena. Metternich, aquel símbolo de la reacción, fue obligado a dimitir y se trasladó a Inglaterra. (Regresó a Viena en 1851, y allí vivió tranquilamente hasta su muerte en 1859.) El emperador Fernando I fue obligado a su vez a acatar una constitución el 25 de abril de 1848, por la que se establecía un gobierno representativo. También los checos demandaban un gobierno representativo propio, y en junio se celebró el primer "Congreso paneslavo". Insistió en la igualdad de todos los pueblos, pues los germanos solían sustentar como artículo de fe, entonces y después, que los eslavos eran intrínsecamente inferiores a ellos.

Pero el gobierno austríaco dio el poder a Alfred Windischgratz (1787-1862), dirigente de los reaccionarios, que estuvo a la altura de las circunstancias: bombardeó Praga y aplastó la rebelión checa el 17 de junio de 1848, y el 31 de octubre siguiente bombardeó asimismo Viena hasta reducirla a la sumisión, al tiempo que Radetzky ponía fin a la revuelta en Italia. Windischgratz comprendió la necesidad de un nuevo y joven emperador, pues Fernando I se había comprometido irreversiblemente a causa de su vinculación con el odiado Metternich. El 2 de diciembre de 1848 abdicó. Su heredero era su hermano menor Francisco Carlos, quien renunció en favor de su hijo de 18 años. Este reinó como Francisco José I (1830-1916). El paso siguiente consistió en pacificar Hungría. Un ejército austríaco al mando de Windischgratz invadió ese país el 5 de enero de 1849 y tomó Budapest fácilmente. Pero Kossuth proclamó una "República húngara" en la parte oriental y esto, al menos, brindó una oportunidad a Nicolás I de Rusia. Nicolás no había estado en condiciones de contrarrestar las revoluciones de 1830 o 1848 en Francia e Italia, pero Hungría tenía frontera con Rusia. Ahí, al menos, podría utilizar su ejército para desempeñar el papel que siempre se había atribuido: el de gendarme del mundo en favor de la reacción. Así pues, un ejército ruso irrumpió en Hungría el 9 de agosto de 1849, y la última resistencia fue aplastada. Austria había sobrevivido al fermento revolucionario. En lo sucesivo, Austria trató de germanizar su Imperio, haciendo todo lo posible para desanimar el uso de otras lenguas que no fueran el alemán, y para reprimir todas las culturas no alemanas.
También Austria desempeñó un papel innoble en la guerra que Inglaterra y Francia llevaron contra Rusia en 1855. Austria, en efecto, se alineó con los enemigos de Rusia sólo seis años después de haber aceptado, agradecida, la ayuda rusa para reprimir sus desórdenes internos. Aunque en realidad no peleó en aquella guerra, mantuvo la movilización de sus fuerzas, lo que significó una sangría para sus finanzas. En 1859 se desarrolló la desastrosa guerra con Francia y Cerdeña. Estaba claro que Austria ya no iba a seguir siendo la potencia dominante en Europa central. En este período, Johann Strauss padre (1804-1849) era popular en Viena por sus valses y marchas, la más conocida de las cuales se la dedicó a Radetzky. Estaba destinado a que su nombre lo eclipsara el de su hijo. En Hungría floreció Franz Liszt (1811-1886), compositor y pianista, particularmente recordado por su segunda Rapsodia húngara. El médico húngaro Ignaz Philipp Semmelweiss trató de obligar en 1847 a los médicos de un hospital que dirigía, a lavarse las manos con productos químicos fuertes antes de atender los partos. La tasa de mortalidad puerperal cayó como resultado de esa medida. Pero a los médicos no les agradaba lavarse las manos, y tomando como pretexto la rebelión húngara, repudiaron al húngaro que les atormentaba. La mortandad volvió a aumentar, pero nadie pareció otorgarle importancia.
Autor: Galland
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