Mitrídates Eupator, rey del Ponto
Uno de los más fascinantes enemigos de Roma fue Mitrídates Eupator también llamado Mitrídates el Grande. Desde su reino en el Ponto intentó crear un Imperio lo cual le llevó a un inevitable choque con una República Romana pujante pero a la vez sometida a grandes tensiones internas y externas. Varias veces Mitrídates lo perdería prácticamente todo y varías veces se volvería a levantar desafiante dispuesto a volver a intentarlo.
El reino del Ponto y la dinastía Mitridática.
A finales del siglo II a. C., el reino del Ponto es uno de los estados que componen Asia Menor; concretamente ocupa la zona de la llamada Capadocia del Ponto. Lo formaban por un lado una franja costera que daba al Mar Negro (Pontos Euxeinos para los griegos o Pontus Euxinus para los romanos) cuajada de ciudades de cultura predominantemente helenística que prosperaban con el comercio; más o menos paralela a la franja costera había una franja montañosa, los Alpes Pónticos, cuyos habitantes estaban más ligados a las antiguas tradiciones persas y cuya riqueza provenía de la presencia de importantes minas y de unas buenas zonas agrícola en torno a ríos como el Halys.
El reino había sido fundado por Mitrídates Ctistes que en el 281 consiguió rechazar un intento de subyugación del nuevo estado por parte del Imperio Seleúcida. La dinastía mitridática se consideraba descendiente de los reyes persas aqueménidas, lo cual no era óbice para que procuraran presentarse ante sus súbditos de las colonias griegas como unas monarcas helenísticos “civilizados” y trataran de mantener buenas relaciones con los poderosos seleúcidas.
A mediados del siglo II a. C. sube al trono el padre de nuestro protagonista: Mitrídates Euergetes (Mitrídates V). Para entonces los seleúcidas ya van cuesta abajo y Roma es el nuevo poder a tener en cuenta en la zona, sobre todo a partir de la muerte de Attalo III de Pergamo en el 133 a. C. ya que éste deja en su testamento el reino como herencia a Roma, formándose la provincia romana de Asia. El Ponto adopta una política pro-romana a la vez que abiertamente expansiva, aunque ésta se va a ver frenada en cierta medida por la propia Roma que no desea ver grandes convulsiones en el área de Asia Menor. En cualquier caso está claro que el Ponto es un reino pujante.

Mapa de las regiones de Asia Menor (Cambridge University Press). La provincia romana de Asia inclía además de la propia Asia a Caria y a las Frigias. Frigia Mayor había sido originalmente cedida por Roma al Ponto como recompensa por ayudar a sofocar la rebelión de sus nuevos súbditos asiáticos pero unos años antes de que Mitrídates VI subiera al trono la reclamó de vuelta.
El camino al trono.
En torno al 120 a. C Mitrídates V es asesinado (algo relativamente habitual en las cortes de la zona) y su esposa, Laodice, se convierte en regente del reino en nombre de Mitrídates que debe tener unos 12-14 años. El joven Mitrídates tenía un hermano menor, por lo que no era descabellado que pensara que si le ocurría “una desgracia” el periodo de regencia de su madre o de algún otro miembro influyente de la corte se alargaría unos cuantos años más.
Mitrídates va a procurar alejarse de la peligrosa corte, realizando extensas excursiones por los bosques del reino lo que le va a convertir en un joven atlético. Es razonable que además de cazar también aprovechara para visitar a los principales potentados del reino para irse ganando su apoyo, además de mejorar su conocimiento de sus futuros dominios. Es posible que ya en ésta época de su vida empezaran sus investigaciones en el campo de los venenos que lo convertirían en leyenda; se nos cuenta que acostumbraba a tomar pequeñas dosis no letales de venenos para que su cuerpo ganara inmunidad, además de experimentar con numerosos venenos y antídotos hasta convertirse en el gran “experto toxicológico” de la época, lo que le salvó la vida en un par de ocasiones.
En algún momento entre el año 116 y el 113 Mitrídates se libra de la regencia de su madre y empieza a gobernar como Mitrídates Eupator (Mitrídates VI). Su hermano menor acabara siendo ejecutado para que no se convierta en amenaza. En cuanto a sus hermanas, una de ellas estaba casada previamente con el rey de Capadocia, el resto son recluidas excepto una a la que elige como esposa (Laodice)i, siguiendo una costumbre bastante arriagada en las cortes de la zona.
Es un joven atlético, carismático y atractivo, al que se compara con la figura de Alejandro Magno, y al igual que Alejandro está dispuesto a dejar su huella. Además se cuenta que hablaba más de una veintena de idiomas.

Busto de Mitrídates Eupator Dionysius. Mitrídates significa “dado por (el dios) Mitra”. Al acender al trono escogió Eupator (padre afectuoso) como adjetivo distintivo y añadió también a su nombre a Dioniso, un popular dios griego.
Expansión por el Mar Negro.
Mitrídates como rey debe elegir qué camino seguir. Tiene a su disposición un reino prospero capaz de mantener un potente ejército, pero Roma ha dejado claro que está decidida a mantener un cierto status quo en la región. Una expansión por el sur o el oeste va a provocar con seguridad la hostilidad romana, pero a su vez el propio Ponto está teóricamente protegido de ataques de sus vecinos del sur y oeste por esa misma política romana, con lo cual Mitrídates puede partir con tranquilidad hacia regiones que estén fuera del “radar” romano.
El primer paso es ir al Este y ocupar Armenia Menor (en torno al año 115) la cual se rinde sin combatir. Un par de años después se presenta una buena oportunidad debido a la demanda de protección de las colonias griegas en el Norte y Noreste del Mar Negro, ya que la llegada a la zona de los pueblos sármatas ha alterado el equilibrio local y estas se ven atacadas por escitas y sármatas. El ejército póntico tiene un éxito notable en la región y los agradecidos habitantes de la zona aceptan que el precio de su seguridad es perder su independencia. De ésta forma Mitrídates incorpora la zona del Quersoneso (costa de Crimea) y el reino griego del Bósforo. También incorporó “a la fuerza” la región de la Cólquida, al Este del Mar Negro. La lucha contra las tribus aledañas al Bósforo supuso que Mitrídates acabara dominando gran parte de la costa del Mar Negro. Probablemente buena parte de las ciudades de la costa occidental también quedaría bajo su control, aunque parece que en muchos casos optó por el mantenimiento de los gobernantes locales y el dominio póntico se limitaría al hecho de recibir un tributo.
Tras éstas conquistas y en el plazo de una década, el reino de Mitrídates ya era ciertamente el reino del Ponto y el propio Mar Negro un lago propiedad de Mitrídates. Esto hubiera sido suficiente para un monarca menos ambicioso pero no para él.

Reconstrucción del monumento a Mitrídates VI en Delos. Tras su rescate de los griegos del Bósforo aumentó mucho la popularidad de Mitrídates y se le rindieron varios homenajes entre los que destacó éste de Delos. Años más tarde la propia Delos sufriría a manos de Mitrídates ya que eligió mantenerse leal a Roma.
Conflicto con Bitinia: el control de Capadocia.
Aprovechando que los romanos estaban ocupados con la Guerra de Jugurta (112-105) y la Guerra Cimbria (113-101) Mitrídates y Nicomedes III de Bitinia decidieron repartirse Paflagonia entre los dos. Aunque hubo una protesta formal de Roma, lo suficientemente débil como para ser ignorada por ambos países. Mitrídates aprovechó también para apoderarse de un pedazo de Galacia.
Por su parte Nicomedes en un audaz movimiento se presentó con su ejército en Capadocia casándose con la reina madre Laodice, hermana de Mitrídates, cuyo marido había sido asesinado cuando dio signos de querer alejarse de los dictados de su querido cuñado. El caso es que Mitrídates consideraba a Capadocia un satélite suyo, aunque no se había atrevido a ocuparlo directamente por temor a la reacción romana. Mitrídates se presentó con un ejército expulsando a Nicomedes y Laodice.
Primero optó por mantener a su sobrino Ariarates en el trono pero bajo el tutelaje de Gordias, el asesino de su padre. Como quiera que a Ariarates no le hizo mucha gracia la situación y se rebeló, Mitrídates tomó medidas más contundentes: concertó una entrevista para reconciliarse con su sobrino en la que personalmente lo asesinóii. Tanto el Ponto como Bitinia presentaron candidatos “títeres” alternativos a reinar en Capadocia. Roma actuando de arbitro permitió a los capadocios elegir a uno de entre sus propios nobles Ariobarzanes y ordenó a Mitrídates desocupar Capadocia.
En cuanto a Bitinia, Mitrídates se vengaría a la muerte de Nicomedes III (94 a. C) prestando apoyo encubierto a Socrates, tío del nuevo rey, que quería para sí el trono. Nicomedes IV se ve obligado a huir de su propio reino, refugiándose con los romanos.
Mitrídates no se olvidó de Capadocia y en el 91 “animó” a su yerno Tigranes II de Armenia a invadir Capadocia, expulsando a Ariobarzanes y dejando al cargo al lacayo de Mitrídates, Gordias.

Mapa mostrando la situación de la región antes del estallido de la Primera Guerra Mitridática (Wikimedia).
Primera Guerra Mitrídatica (89-85).
Manio Aquilio y Nicomedes IV.
En el 90 a. C, el Senado romano envió a Manio Aquilio al frente de una comisión para poner orden en la zona y restablecer a Nicomedes y Ariobarzanes en el trono. Ya que Mitrídates seguía siendo oficialmente “aliado y amigo de Roma” se encontró en la irónica situación de que debía publicamente apoyar a restaurar en el trono a aquellos a los que encubiertamente había expulsado. Además se vio obligado a renunciar a la región de Frigia que había ocupado. La cosa podría haber quedado así pero Aquilio animó a Nicomedes a hacer una incursión en el Ponto. No está claro si el objetivo era darle un correctivo a Mitrídates siguiendo ordenes del Senado o como se sospecha Aquilio actuó por su cuenta e incluso esperaba obtener parte del botín saqueadoiii.
El caso es que ese ataque era una afrenta pública para Mitrídates que difícilmente podía dejar pasar sin perder una gran cantidad de prestigio entre su gente, por lo cual pidió una compensación pero Aquilio tras reocupar Capadocia como “rehén”.
Roma estaba envuelta en la Guerra Social (91-88), así que no había legiones disponibles para enfrentarse a Mitrídates. Aquilio confiaba en que el ejército bitinio y las levas locales romanas fueran suficientes pero había minusvalorado el potencial del ejército póntico.
El ejército invasor bitinio fue derrotado con una pasmosa facilidad en la batalla del río Amnias (89 a. C) lo que elevó enormemente la moral de los pónticos. A continuación el ejército póntico derrotó al ejército reclutado por Aquilio en la batalla del monte Scorobas y conquistó Bitinia. Los otros dos ejércitos romanos que se habían levantado en la zona simplemente se desbandaron al ver el poderío de Mitrídates.
Muchas ciudades le abrieron las puertas saludándole como liberador y adalid de los pueblos helenísticos. Sin embargo Mitrídates sabía que esos mismos que ahora lo aclamaban cuando el ejército póntico reinaba supremo le abrirían también sus puertas a Roma cuando ésta se presentara con un gran ejército. Por tanto se le ocurrió un plan para tratar de evitar que estas flaquearan cuando viniera el contraataque romano: como muestra de lealtad debían exterminar a todos los romanos que había en sus ciudades. En las llamadas vísperas asiáticas 80.000 romanos y italiano en general (hombres, mujeres y niños) fueron asesinados. Dado que ya había un creciente odio a lo romano en Asia Menor debido a la actitud arrogante de los comerciantes romanos y la avaricia sin límites de los publicanos encargados de recaudar impuestos, que la orden de Mitrídates no encontró mucha resistencia e incluso fue acogida por muchos con entusiasmo ya que llevaba aparejada la anulación de las deudas que se tuvieran con prestamistas romanos. Mitrídates también ordenó que los cuerpos fueran arrojados insepultos fuera de las ciudades sabiendo que para los romanos esto era un grave insulto añadido ya que iba contra sus prácticas religiosas.
Tras este terrible acto no había vuelta atrás para Mitrídates y las cómplices ciudades griegas difícilmente podían esperar un buen trato por parte de los romanos.

Los publicanos (recolectores de impuestos) y prestamistas romanos eran aborrecidos en el Asia romana. Mitrídates canceló las deudas y ordenó una exención de 5 años de los impuestos de las ciudades griegas, a cambio de recibir una buena parte del “botín” producto de la masacre de la comunidad comercial italiana en Asia.
La campaña de Grecia.
Los romanos supervivientes de la provincia de Asia, incluido su gobernador, se habían refugiado en la isla Rodas que era el principal aliado de Roma que quedaba en la zona. Hacía allí se dirigió Mitrídates con una poderosa flota asumiendo por primera vez el mando directo. Sin embargo los rodios presentaron una hábil defensa y Mitrídates tuvo que cejar en su empeño. De todas formas se pudo consolar con que numerosas islas del Egeo pasaron a su control.
A Mitrídates se le presentó una oportunidad de oro cuando el malestar se extendió por Grecia, en especial en Atenas donde se hizo con el poder la facción anti-romana. Esta situación le permitía ahondar en el papel de líder helenístico y no estaba mal llevar la guerra y sus destrozos lejos de casa. Mitrídates despachó un ejército baja su competente general Arquelao y pronto buena parte de Grecia estaba bajo su control. Las fuerzas romanas en Macedonia estaban peleando con los tracios y se limitaron a tratar de que el dominio póntico no se extendiera por el Norte de Grecia.
Finalmente en el 87 llegaron las legiones romanas a Grecia al mando de Lucio Cornelio Sila.
Su llegada se había retrasado debido a un grave conflicto político en Roma cuyo detonante había sido una pelea precisamente por el mando de ese ejército entre las principales facciones romanas. El veterano Cayo Mario, líder de los populares, había maniobrado para arrebatarle el mando a Sila miembro de los optimates de una manera que éste último consideró intolerable por lo que convenció al ejército para que lo apoyaraiv y por primera vez en la historia de la República marchara sobre Roma para imponer un gobierno. Sin embargo poco después de que Sila marchara a Grecia los populares tomarían el control del gobierno, con lo que se iba a dar la circunstancia de que Sila libraría la mayor parte de su campaña siendo oficialmente un proscrito y sin contar con el apoyo de Roma.
La llegada de los romanos provocó que la mayoría de las ciudades griegas que se habían declarado a favor de Mitrídates cambiaran rápidamente de posición, después de todo aquí no había habido una masacre de romanos. Atenas permanecía desafiante y Arquelao ocupaba el puerto del Pireo con un ejército póntico, por lo que Sila se vio obligado a hacer un doble asedio. A Atenas se la podía tomar usando simplemente el hambre, pero el Pireo era más difícil ya que los pónticos tenían el dominio del mar pudiendo ir y venir a su antojo. La lucha por el Pireo fue extraordinariamente dura y los hombres de Sila sufrieron numerosas bajas antes de conseguir tomar el puerto. Arquelao por su parte abandonó el Pireo satisfecho por haber conseguido desgastar bastante al ejército romano.
Mientras Arquelao y Sila se batían en el Pireo otro ejército póntico había derrotado al romano de Macedonia y marchaba hacia Grecia. Sila fue a reunirse con los restos de dicho ejército juntando una fuerza de 40000 hombres mientras que Arquelao también se reunía con los suyos juntando un impresionante ejército que tal vez llegara a los 120000. Sila consiguió atrapar a los pónticos en un terreno montañoso desfavorable para un ejército de tipo helenístico como era el póntico y los venció contundentemente en la batalla de Queronea (86 a. C) con unas bajas mínimas. Mitrídates le volvió a mandar a Arquelao un nuevo ejército pero saldría derrotado en la batalla de Orcomenos (85), marcando el definitivo fracaso póntico en Asia. (ENLACE A LAS BATALLAS)

Destrucción del Pireo por Sila (fuente: Zea Harbour Project).
La campaña de Asia y el tratado de Dárdanos.
El gobierno de los populares que controlaba Roma organizo su propio ejército para combatir a Mitrídates y puso al mando a Lucio Valerio Flacov. Flaco carecía de dotes militares y por lo visto de carisma alguno con sus tropas, hasta el punto que cuando se enemistó con Cayo Flavio Fimbria (su supuesto asesor militar) a éste último le fue fácil organizar un motín, asesinar a Flaco y hacerse con el mando. Fimbria batalló con éxito en la zona de Pérgamo y finalmente consiguió atrapar a Mitrídates en la costa en Pitane. Mitrídates sólo podía escapar por mar pero había una flota romana presente que lo impedía. Afortunadamente la flota estaba al mando de Lúculo, un hombre de Sila y por tanto poco dispuesto a que un popular como Fimbria se llevara la gloria de poner fin a la guerra.
De hecho Mitrídates y Sila se reunieron para llegar a un acuerdo. Por el tratado de Dárdanos, Mitrídates tuvo que abandonar todas sus conquistas de la guerra y pagar una fuerte indemnización. Los reyes de Bitinia y Capadocia fueron restaurados (aunque Mitrídates se encargó de despojar a Bitinia todo lo que tuviera valor antes de abandonarla). Sila se esmero en recordarle que debía considerarse afortunado de seguir estando vivo y en el trono del Ponto. Por su parte si Sila no siguió hasta aniquilar completamente a Mitrídates era porque su prioridad era regresar a Roma e imponerse a sus rivales políticos.
El acuerdo ciertamente no vinculaba a Fimbria que teóricamente era el representante “oficial” de Roma, pero la llegada de Sila a Asia provoco una deserción masiva de sus filas ya que sus soldados no estaban dispuestos a luchar contra los silanos. Fimbria se vio obligado a suicidarse.
Por tanto la paz se restauró, pero las ciudades griegas de Asia resultaron devastadas o bien por la guerra a manos de Mitrídates o Fimbria o bien por las elevadas indemnizaciones que impuso Sila como castigo a su traición. A la región le llevaría casi un siglo recuperarse económicamente de las consecuencias de ésta guerra.


Busto de Sila (Lucius Cornelius Sulla Felix) y moneda acuñada por él para celebrar sus victorias sobre los pónticos (wikimedia)
Segunda Guerra Mitridática (83-82).
Finalizada la guerra Mitrídates tuvo que hacer frente a la consiguiente disensión interna que surgió en su reino como consecuencia de su perdida de prestigio. Tuvo que ejecutar a uno de sus hijos que había tratado de ser nombrado rey del Bósforo, además de a algunos amigos que le traicionaron y algunos otros de los que simplemente sospechaba.
Dado que lo suyo no era aceptar con humildad la derrota y sospechaba que los romanos no cumplirían su parte del acuerdo una vez hubieran solucionado sus pendencias, se dedicó a buscar medios indirectos de incordiar a Roma y para ello financió a los piratas cilicios contribuyendo a generar una gran inestabilidad en las costas del Mediterráneo Oriental.
Mitrídates procedió a levantar un nuevo ejército en principio para combatir en el Bósforo contra algunas tribus que se habían envalentonado. Era un nuevo ejército reformado que prescindió de los elementos más anticuados como los falangitas y los carros falcados, potenciando la caballería y la infantería ligera a los que se esperaba añadir con el tiempo una infantería pesada de tipo romano.
El hombre que Sila había dejado al frente del Asia romana, Lucio Licinio Murena, era un hombre ambicioso. Había estado combatiendo a los piratas cilicios por lo que debía ser consciente de su relación con Mitrídates y además estaba el hecho del rearme póntico. Murena decidió por su cuenta atacar a Mitrídates aunque su objetivo en realidad hacerse con el botín que éste último había acumulado tras saquear Asia Menor de cabo a rabo. Mitrídates alego que había un tratado pero en realidad este no se había llegado a poner por escrito y Sila no lo había hecho ratificar por el Senado así que Murena entendió que tenía vía libre: vengaría a los muertos romanos y además se haría rico.
Murena primero hizo algunas incursiones en busca de botín (83 a. C) y ante la escasa reacción de Mitrídates se animó a intentar la conquista del Ponto. Mitrídates comandando personalmente el ejército póntico derrotó claramente a Murena en la batalla del río Halys (82 a. C). De paso se quedó con un trozo de Capadocia.
La guerra no continuó porque Murena recibió ordenes de Sila de estarse quietecito, mientras que el conflicto entre Ariobarzanes de Capadocia y Mitrídates se solventó con una boda entre el primero y una hija de Mitrídates.
Mitrídates recuperó buena parte del prestigio perdido en la región. Si en otras ocasiones había celebrado sus triunfos haciendo hincapié en su herencia helenística, en esta se tendió más a resaltar su carácter persa, probablemente decepcionado por el carácter voluble de las ciudades griegas en la guerra anterior.
Tumbas de los reyes pónticos en la ciudad de Amasya, la antigua capital póntica de Amaseia (wikimedia). En lo alto había un gran altar a Zeus Stratios (identificado también con el Ahuramazda persa en el caso póntico) en el que Mitrídates encendió una gran hoguera para conmemorar su victoria que se podía ver a 150 km de distancia.
Tercera Guerra Mitridática (73-63).
Tras la segunda guerra, Mitrídates volvió a sus ocupaciones anteriores: combatir a las tribus entre la Colquida y el Bósforo y subvencionar a enemigos de Roma como las tribus tracias. También contactó con el general romano Sertorio, miembro de los populares, que se había atrincherado en Hispania y con desertores de las legiones fimbrias a las que se había obligado a permanecer en Asia de guarnición. De esta forma consiguió asesores militares romanos para mejorar su ejército y consiguió meter cizaña entre las facciones romanas. Además animó nuevamente a su yerno Tigranes de Armenia a apoderarse brevemente de Capadociavi.
El detonante de la guerra fue la muerte de Nicomedes IV de Bitinia (75/74 a. C) y el hecho de que de nuevo un monarca de la región dejaba sospechosamente su reino en herencia a Roma. Esto convertía a Roma y el Ponto en vecinos. Además estaba la cuestión de que nunca se había llegado a ratificar la paz de Dárdanos, algo harto difícil debido a la masacre de las visperas asiáticas.

Moneda con la efigie de Nicomedes IV de Bitinia (Fuente: Forum Ancient Coins)
La campaña póntica de Lúculo.
Tras reocupar Paflagonia, Mitrídates procedió a invadir Bitinia en el 73 derrotando a la fuerza local romana en Chalcedon. La principal fuerza romana restante era el ejército del gobernador de Cilicia, Lucio Licinio Lúculo cuyo núcleo eran las duras, veteranas pero indisciplinadas legiones “fimbrias” a las que Roma se negaba a licenciar. Afortunadamente para Roma Lúculo estaba a la altura del reto de conducir un ejército que en cualquier momento podía volverse contra él.
El victorioso Mitrídates se dirigió a asediar la ciudad de Cízico pero la traición de algunos de los romanos que le acompañaban permitió a Lúculo bloquear la salida de la península donde estaba la ciudad. Mitrídates decidió persistir con el asedio más allá de lo debido y cuando finalmente cedió y trató de evacuar su ejército lo perdió casi en su totalidad, unos en combate y otros por una tormenta que destrozo la flota de evacuación.
La flota póntica todavía sufriría dos reveses más: primero una derrota a manos de la flota de Lúculo y finalmente cuando Mitrídates decidió evacuar completamente Bitinia llevándose los últimos barcos pónticos otra tormenta destrozo su flota y el propio Mitrídates tuvo que ser rescatado por un barco pirata que remolcó su navío hasta puerto.
Con un ejército reducidovii y de vuelta al Ponto Mitrídates vio como las ratas empezaban a abandonar el barco y disminuían sus apoyos incluso en su propio reino. El que su yerno Triganes se mostrase renuente a pelear con Roma era comprensible pero el que uno de sus hijos a cargo del reino del Bósforo, Menchares, se negara a apoyarle y entablara negociaciones con Lúculo era bastante más grave.
Lúculo llevaba ventaja pero no tenía todo a su favor. La rebelión de Espartaco (73-71 a. C) y el hecho de que Sertorio continuara la lucha (aunque sería asesinado en el 72) provocó que Roma estuviera demasiado ocupada como mandarle mucho ayuda. Sus legionarios fimbrios llevaban más de una década luchando en Asia y estaban cada vez más hartos. Además la caballería póntica seguía siendo más fuerte que la suya por lo que tenía que tener cuidado con sus movimientos.
Mitrídates y Lúculo jugaron a un juego del gato y el ratón en torno a Cabira, cada uno tratando de atraer al otro a una posición desfavorable. Un ataque póntico a un convoy de suministros romano acabó en desastre y la noticia de la derrota provocó el pánico entre los pónticos.
Mitrídates tuvo que huir salvándose de la caballería romana por el expeditivo método de arrojarles el tesoro póntico para detenerles.
Llegó la triste hora del exilio. No había ni tiempo para salvar a su harem así que Mitrídates mandó un mensaje a sus mujeres ordenándoles suicidarse antes de caer en la deshonra de ser capturadas por los romanos.
El sitio donde exiliarse estaba claro, era hora de gorronear durante un tiempo a su yerno Tigranes. Tigranes hubiera estado contento de devolverle de una patada a los romanos pero había estado cultivando últimamente su imagen de gran rey de Armenia y no quería parecer débil ante una nación extranjera aunque tampoco contribuyó mucho que el enviado de Lúculo exigiera la entrega inmediata de Mitrídates de una forma bastante arrogante.

Lucius Licinius Lucullus
La campaña armenia de Lúculo.
Dispuesto a acabar la tarea, Lúculo decidió invadir Armenia en el 69 a. C (sin esperar el permiso del Senado) y se dirigió contra Triganocerta a través de las montañas. Triganes había reunido un impresionante ejército en las cercanías de su capital y desoyó las advertencias de Mitrídates de evitar un choque directo contra el mucho más pequeño ejército de Lúculo. Como se temía Mitrídates, los veteranos legionarios romanos deshicieron al ejército armenio en una victoria espectacular.
Perdida su capital y buena parte de su animo Tigranes se dejó finalmente aconsejar por Mitrídates. La estrategia para el siguiente año fue refugiarse en las montañas y lanzar golpes de mano contra las comunicaciones romanas. Las cosas iban mejorando y en el 67 Mitrídates marcha con un ejército al Ponto y derrota al lugarteniente de Lúculo, Triario, en Zela.
Mitrídates vuelve a estar en lo alto de la rueda de la fortuna ya que Lúculo no puede corregir el desastre de Zela porque los fimbrianos están hartos y se amotinanviii, negándose a pelear salvo para defender de un ataque las posiciones romanas. Lúculo pierde en Roma el escaso apoyo que le queda y es reemplazado. Mientras tanto un satisfecho Mitrídates se encuentra con que es nuevamente dueños del Ponto y de Capadocia (al menos de buena parte de ellas).

Tigranes II el Grande se hace acompañar por 4 reyes vasallos para reflejar su ascenso a la categoría de rey de reyes. Tigranes también llevó a cabo su propia política expansionista aprovechando la temporal debilidad temporal del imperio parto y consiguiendo liquidar los restos del imperio seleúcida.
La campaña de Pompeyo.
Las maniobras políticas en Roma otorgan el mando de la guerra a Cneo Pompeyo Magno (año 66 a. C) que acaba de terminar su exitosa campaña contra los piratas cilicios. A diferencia de Lúculo, Pompeyo cuenta con pleno apoyo de Romaix. Mitrídates recurre a una política de tierra quemada, evitando la batalla frontal y atacando las líneas de comunicaciones. El problema es que ese tipo de guerra es en la que Pompeyo se sentía más a gusto ya que se le daban mejor la logística y la guerra de movimientos que las batallas campales. Pompeyo obligó a Mitrídates a huir de un campamento a otro hasta que finalmente derrotó a los restos del ejército póntico en Dasteriax.
Mitrídates tiene que abandonar de nuevo su reino. Generoso en la derrota, abre sus últimos cofres del tesoro para recompensar a aquellos que le han seguido siendo leales.

Gnaeus Pompeius Magnus
La última aventura.
Dado que Tigranes se negaba a recibirle de nuevo, Mitrídates decidió escapar a la Colquida. Perseguido por Pompeyo, Mitrídates y su pequeño entorno se internaron después en las espesuras dominadas por las tribus del Caúcaso. Pompeyo suspende la persecución (año 65) ya que sus legionarios no están muy entusiasmados por la idea de adentrarse en un territorio salvaje y desconocido y prefieren volver al Sur, donde todavía quedan oportunidades para conseguir un buen botín, después de todo difícilmente Mitrídates puede salir vivo de aquella zona.
Mitrídates no sólo sale vivo sino a la cabeza de un ejército formado por las tribus de la zona y se presenta en el reino del Bósforo ante su rebelde hijo Menchares. Ante la aproximación de su padre Menchares se suicida (o es “suicidado”) dejando el reino sin resistencia en manos de Mitrídates.
Pompeyo estaba muy entretenido conquistando con facilidad Siria y Palestina (recientes conquistas de Armenia), además no le apetecía mucho marchar a un sitio tan lejano, limitándose a bloquear el Mar Negro. Mitrídates podría haberse conformado con gobernar un Bósforo aislado sin embargo eso iba contra su naturaleza.
Mitrídates veía el Bósforo como trampolín para su último intento contra Roma. No tenía intención de quedarse, así que a sus 68 años y enfermo se dedicó a despojarle de todo lo de valor para financiar un nuevo ejército y reunir material de guerra con especial atención a aquellos materiales como los tendones de animales que se pudieran emplear más tarde para construir maquinas de asedio. Pero el objetivo de Mitrídates no era volver al Ponto, donde aun resistía alguna fortaleza leal, sino marchar desde el Bósforo hasta Italia en una marcha más épica que la de Anibal y tomar Roma. Por el camino iría reclutando con promesas de dinero, gloria o venganza a un sinfín de tribus y enemigos de Roma. Finalmente triunfaría donde Anibal había fracasado ya que él si iría preparado para asediar y tomar la propia Roma.
Ciertamente era un plan tan ambicioso y difícil que hoy en día se duda bastante de su veracidad y de hecho hay algún indicio de que la historia pudo empezar como un rumor malicioso para poner de relieve la dejadez de Pompeyo en acabar personalmente su misión.
El caso es que los soldados bosforanos se empezaron a sentir incómodos con su rey, por un lado estaba devastando su hogar y por otro sospechaban que les iba a meter en alguna aventura de la que difícilmente podían esperar salir vivos. Empezaron a sucederse las rebeliones y al final su hijo Farnaces dio un golpe de estado.
Mitrídates se vio abandonado por todos menos dos de sus hijas y varios guardaespaldas. Mandó a todos sus guardaespaldas menos uno a rendirse a Farnaces pero éste conocedor de los manejos de su padre los mató en el acto. Fracasado este último intentó Mitrídates decidió que ésta vez sí que era el fin. Repartió el veneno que llevaba siempre consigo con sus hijas; ellas murieron rápidamente pero el cuerpo de Mitrídates se había vuelvo demasiado resistente al veneno y éste no le hizo efecto. Finalmente tuvo que pedir a su último guardaespaldas, Bituitus, que le quitara la vidaxi.
El cuerpo embalsamado de Mitrídates fue enviado a Pompeyo por Farnaces como oferta de paz. En cuanto al Ponto este se unió a su vieja rival Bitinia para formar una nueva provincia romana. Mitrídates murió en el año 64 (o 63) después de desafiar a Roma por el plazo de un cuarto de siglo. Mitrídates se ganó el respeto de Roma ya que aunque a veces los simulara nunca se consideró a sí mismo una víctima de Roma al estilo de Espartaco, Vercingetorix, Boudica, Arminio... sino un competidor por el dominio del mundo greco-romano y eso era algo que los romanos sabían apreciar.

Ilustración del momento final de Mitrídates junto a dos de sus hijas y se leal guardia gálata, Bituitus.
Autor: Flavius Stilicho
Fuentes:
-
Philip Matyszak: Mithridates the Great, Rome´s indomitable enemy.
-
The Cambridge Ancient History: The Last Age of the Roman Republic, 146-143 B.C.
-
Web livius.org.
Notas:
i Durante una de sus viajes de incógnito a inspeccionar los reinos vecinos, Laodice conspiró contra él sin éxito, lo que supuso su fin a la vuelta de Mitrídates.
ii Mitrídates acudió sin escolta y aparentemente desarmado, pero había ocultado un cuchillo pegado a sus partes “nobles”.
iii Nicomedes por su parte debía una gran cantidad de dinero a prestamistas romanos supuestamente por la gran cantidad de sobornos hechos para promocionar en Roma sus aspiraciones. Ariobarzanes también fue animado a atacar pero se negó.
iv Les insinuó que Mario iba a reemplazarles con sus propios hombres y por tanto se perderían el jugoso botín que se esperaba obtener en la campaña.
v Mario murió durante su consulado y Flaco fue elegido para sustituirle y compartir consulado con Pinna.
vi Ariobarzanes fue repuesto pero sólo tras que Tigranes se llevara unos 300.000 capadocios para poblar su nueva y flamante capital: Triganocerta.
vii Empezó la guerra con unos 160000-300000 soldados. Ahora le quedaban unos 40000, aunque buena parte era caballería que no había participado en el asedio de Cízico.
viii El propio cuñado de Lúculo, Publico Clodio Pulcro, había pasado un tiempo instigando el motín antes de que Lúculo se librara de él.
ix Lúculo no pudo dejar de señalar que Pompeyo era un buitre carroñero que gustaba de acudir a rematar una campaña cuando otros ya habían hecho la parte difícil. Por su parte Pompeyo había dicho antes que Lúculo era un Jérjes con toga que sólo combatía para enriquecerse.
x En sus cercanías fundaría Pompeyo la ciudad de Nicópolis en honor a Nike la diosa de la victoria.
xi Según otra versión quedó incapacitado pero no muerto por el veneno y le alcanzaron los hombres de su hijo, procediendo a matarle.
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Primero felicital a Flavius por su trabajo, me lo he leido casi todo y me está gustando de veras., luego comentando lo que dice wallace, la verdad es que hubiera sido interesante la marcha que preparaba Mitrídates, la cual no estaba desprovista de inteligencia, lástima que su muerte diera al traste con la expedición.
saludos
Si no estoy errado, algo asi seria el viaje, lindo viajecito...
Imaginense no solo los retos logisticos, sino los distintos pueblos quienes seguro le taparian el paso, ademas de esto sumemosle que los romanos le presentarian batalla en incontables lugares, y se llegaba a superar esto todavia tenia que superar la propia ciudad de Roma, verdaderamente una hazaña imposible, aunque hubiera sido interesante saber(si es que en serio pensaba hacerlo) hasta donde hubiese llegado je.

Saludos, compañeros. Me agrada que os interese.
La ruta que se da como más practicable para Mitrídates es más o menos la que pones, Wallace. Por el camino se irian reclutando a las tribus al norte del Danubio y a los tracios; después habría que penetrar en Macedonia lo que supondría luchar con los romanos. Tras pasar por Macedonia se puede ir por donde has señaldo o también girar para retomar el valle del Danubio un poco más al norte y seguirlo un tiempo para volver a girar hacia los Alpes orientales.
Según Apiano, Mitrídates se inspiraba precisamente en la marcha de Anibal y habría tenido contacto con los galos para invitarles a unirse a su invasión; además en Italia esperaba levantar a los "oprimidos" siguiendo el ejemplo de Espartaco. Mitrídates disponía de unos 36000 hombres en el Bósforo, pero Mitrídates se podía permitir ir perdiendolos por el camino ya que esperaba reclutar a numeroso hombres por el camino con promesas de saqueo y/o de venganza. Otra cosa es que los soldados bosforanos no se fueran a dar cuenta de que iban a ir siendo sacrificados en el camino para permitir a Mitrídates llegar a Italia.
Como ya menciono en el artículo, hoy en día mucho no se creen este plan aunque en su día los romanos lo dieron por cierto. Matyszak en su libro le da bastante más credito y es cierto que encaja con la mentalidad del personaje. Yo tampoco lo veo resignado a quedarse en Crimea esperando a ver si aparece algún ejército romano. Podría haber ideado un plan para recuperar el Ponto si surgía la oportunidad pero debía ser consciente de que al poco tiempo lo volvería a perder otra vez. Si tu enemigo es Roma y sabes que nunca te va a perdonar: ¿por qué no jugaterlo el todo por el todo?. Después de todo ya era un hombre mayor y tampoco le quedaba mucho tiempo; y aunque fracasara, como dice Apiano, habría sido una forma valiente y majestuosa de acabar su vida.
Posibilidades de éxito le veo pocas. Mitrídates no era un genio militar como Anibal, aunque si era un hombre carismático y tenía agudeza política.
¿Los godos no siguieron una ruta similar cuando invadieron Roma siglos después? Aunque las diferencias son evidentes, porque estos fueron federados durante un tiempo, y generalmente resulta más sencillo atravesar un imperio unificado que un compendio de tribus y pueblos independientes. Por este tiempo la región a atravesar estaba plagada de pueblos tracios, escitas y celtas bastante belicosos.
Ciertamente los godos salieron de la costa norte del Mar Negro hacia el 376. Pero de ahí hasta el saqueo de Roma en el 410 pasaron muchas cosas; como tu mismo dices incluso fueron admitidos como federados por el Imperio. Las circunstancias eran muy diferentes empezando por el propio objetivo de Alarico que ciertamente no era acabar con Roma sino obtener una posición de poder dentro del propio Imperio.
Curiosamente a la vez que compré la biografía de Mitrídates también compre un libro sobre Alarico y los godos. Practicamente lo tengo acabado y tal vez escriba algo al respecto en su momento.
La cosa no es que el fuera mayor y quisiera morir de manera gloriosa en una mision suicida, sino que por norma general, si un rey pierde la razon y traza planes estupidos que van a llevar a la muerte a sus generales, estos tienen a asesinarle. Y otro tanto de los soldados.
Muy buen trabajo Flavius!! felicitaciones, me gusto mucho leerlo.
Interesante personaje Mitridates
La cosa no es que el fuera mayor y quisiera morir de manera gloriosa en una mision suicida, sino que por norma general, si un rey pierde la razon y traza planes estupidos que van a llevar a la muerte a sus generales, estos tienen a asesinarle. Y otro tanto de los soldados.
jajajajajaaa... es muy cierto.
Otra cosa, en este trabajo tenes xenophon, unos buenos ejemplos de que hacer frente a ejercitos helenisticos para derrotarlos. Aqui hecho de menos unas descripciones un poco mas puntuales sobre las batallas.
Otra cosa, en este trabajo tenes xenophon, unos buenos ejemplos de que hacer frente a ejercitos helenisticos para derrotarlos. Aqui hecho de menos unas descripciones un poco mas puntuales sobre las batallas.
Le di muchas vueltas al tema de describir las batallas porque ya la extensión del artículo se estaba haciendo insoportable, con lo que corté por lo sano ya que no me convencian las descripciones breves en las que trabajaba. Al final las batallas de Queronea y Orcomanos van a ir en un artículo separado. Me falta pulir algunos detalles, pero espero tenerlo listo en poco tiempo. Como tú mismo comentas, son casos muy interesantes de ejército romano versus ejército helenístico.
Saludos.
Te entiendo, porque me pasa lo mismo en los relatos que hago. Sobre todo porque te pusiste en la tarea de relatar las tres guerras en un solo articulo. Igual me gusto mucho el trabajo, asi que espero leer esas batallas!!
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Interesantisimo articulo flavius, Mitridates me hace recordar un poco a Anibal,ambos enemigos acerrimos de Roma, perdieron la guerra tambien contra la republica(aunque le dieron mas de un dolor de cabeza a Roma), cayeron en desgracia en sus propios territorios y se exiliaron(No les quedaba otra,o era exiliarse o caer como trofeos de los romanos) a otros reinos, para continuar ambos,curiosamente, la guerra contra el ejercito romano.
Verdaderamente hubiera sido una marcha epica!!! ¿habra tenido la intencion en serio de emular el viaje de Anibal???? je je
un saludo!