Los Tudor - Una saga Sangrienta (1485-1603)
Esta sangrienta saga nació de la espada de Enrique VII, el cual conquistó el trono gracias a una guerra y acabaron con la muerte de Isabel I, la cual murió sin dejar ningún heredero al trono, pero gracias a esta dinastía, Inglaterra alcanzó una prepotencia absoluta en los reinos europeos y se confirmó como una verdadera potencia, sus luchas religiosas consolidaron el protestantismo y el enriquecimiento de este país presagió un desarrollo muy profundo en el porvenir.
El nacimiento de los Tudor



Serie de sellos de correos británicos con los reyes de la dinastía Tudor.
El recuerdo de esta dinastía se ha perpetuado por su estela de soberanos famosos en aquel tiempo ; el belicoso Enrique VII, su sucesor , Enrique VIII, mujeriego, que protagonizó un cisma religioso; María Tudor, “ Bloody Mery”, que intentó en vano que su país volviera a la orbita católica y finalmente, Isabel I ,la ”reina virgen”,que fue una de las más célebres. A caballo de la historia y leyenda de estos famosos personajes, con sus fuertes personalidades, se han tejido muchas películas y novelas. Vamos a tratar de clarificar estos personajes.

Enrique VII (22/8/1485-21/4/1509
El origen de los Tudor radica en un conflicto dinástico que acabó en una cruenta guerra civil de treinta años de duración, desde 1455 hasta 1485, la popularmente conocida como “La guerra de las dos Rosas”, la casa de York contra la de Lancaster, porque ambos linajes se identificaron con dos rosas; la roja para los Lancaster y la blanca para los de York,. Esta guerra acabó cuando Enrique Tudor, de la casa de Lancaster, venció y acabó con la vida de Ricardo III , de los York, en el año 1485, durante la batalla de Boswoth, dando paso a uno de los mejores dramas surgidos de la pluma del incomparable William Shakespeare, la figura más emblemática del Siglo de Oro inglés. Tras ser coronado como Enrique VII, contrajo matrimonio con Isabel de York, y así unió los derechos de ambas ramas dinásticas enfrentadas, en una nueva dinastía, los Tudor. De hecho este apellido, procedía de un oscuro caballero galés, que unos años antes, había emparentado con los Lancaster.


(La guerra de las dos Rosas, enfrentó a las casas de York y Lancaster,1455-1485).
Este rey, nacido en el año de 1457, de origen galés, educado en la dura escuela del exilio y la penuria, liquidó los últimos restos de la oposición yorkista, sin contemplaciones, y afirmó el poder real sobre la nobleza. Con un férreo control que mantuvo sobre el Consejo Real y la Cámara Estrellada, fundada en el 1489, fortaleció su autoridad: esta Cámara fue un tribunal político esencial para erradicar los vestigios de la oposición aristocrática. Su cruenta represión llevó al patíbulo, personajes de la nobleza de la época, como el conde de Suffolk y lord Lowell, Aparte de rehacer su deteriorado patrimonio, en virtud de las numerosas confiscaciones de los bienes de la nobleza rebelde y la reintegración de bienes a la Corona, de las tierras dejadas sin herederos vivos después de la cruenta guerra civil. Con ello consiguió Enrique VII al final de su reinado, ser uno de los monarcas mas ricos de Europa.
Mientras en el terreno internacional abandonaba las pretensiones al trono de Francia, que había sustentado su predecesor, Eduardo III, en el marco de la ruinosa guerra de los Cien años que finalizó en 1453. Siendo la contrapartida de esta decisión, la suma de 750.000 escudos de oro, con que el rey de Francia, Carlos VIII, le obsequió, después del tratado de Etaples, en 1492, con la única pretensión del monarca francés de que le dejara vía libre en Italia. Aparte su eficaz política matrimonial, casando a su hija Margarita con Jaime IV de Escocia, buscando asegurar la unión dinástica de ambos reinos y, también la boda del príncipe Arturo con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, selló una gran alianza con los reinos de Aragón y Castilla, pero debido a que la posición del monarca era consistente pero no sólida, llevó a Fernando el Católico a pedir una rebaja en la dote de su hija.
Resumiendo, este monarca no fue ilustrado, magnifente, ni muy popular, pero dejó a su reino, después de su muerte, acaecida en 1509, una nobleza dominada por el rey, una hacienda real llena a rebosar, un reino bien administrado y la sociedad apaciguada.

(Enrique VIII, por Hans Holbein, Royal Portrait Gallery, Londres)
ENRIQUE VIII-(21/4/1509-28/1/1547)
Su hijo y sucesor, coronado a los 18 años, fue la viva imagen del príncipe renacentista, leía en griego y latín y componía versos y sonetos musicales. Aumentó su posición al casarse con la viuda de su hermano Arturo, Catalina de Aragón, entonces subsistían las mismas poderosas razones para estar aliados con la poderosa España y por ende, no tenían que devolver la dote de 200.000 ducados por la boda.
Fue una verdadera rareza en un entorno tan belicoso como el de los Tudor, Enrique creció en un entorno femenino, bajo la tutela de su madre, responsable de la guardería real, y que poseía un carácter extremadamente dulce, y le enseñó a leer y escribir, mientras su hermano Arturo, era enviado a Galés, con seis años, para prepararlo para gobernar. Ya que él estaba destinado a ser un comparsa de su hermano, Arturo, pero hubo un hecho que cambió totalmente el destino de Enrique. Perkin Warbech, este personaje, a los dos años del nacimiento de Enrique, se dedicó a intrigar en las cortes europeas, en base a su historia, que según contaba era uno de los dos príncipes, encerrados y supuestamente asesinados por Ricardo III, que se fugó de la Torre de Londres, si fuera verídica esta historia, que contaba con el apoyo de la duquesa de Borgoña, una York, y que había tenido contactos con la reina Isabel de Castilla, la principal aliada de Enrique, el trono de los Tudor, corría verdadero peligro. Enrique VII sabedor de esta amenaza, echo mano de su segundo varón, para nombrarle duque de York, en lugar del previsto titulo(de menor rango) de duque de Clarence, haciendo un guiño a los yorkistas. La investidura del joven duque de York, fue de una gran pompa, entrando en Londres, montado en su propia montura, con solo tres años, y seguido de una ingente comitiva de caballeros.
Mientras tanto su educación fue encomendada a John Skelton, poeta, que educó al joven duque inculcándole los valores caballerescos de la época, tanto reales, por ejemplo, Enrique V de Inglaterra y Felipe el Hermoso(1), como ficticios, Arturo de Camelot, lo cual le sirvió de quimera para su idea de cosechar la fama. Uno de sus mentores, Erasmo de Rotterdam, uno de los fundadores del humanismo renacentista, le llamó “genio universal”, en una reunión celebrada en Londres, en 1499, cuando Enrique contaba solo ocho años de edad, impresionado por el fuerte carácter y sus muchas habilidades del joven. Y con solo diez años, condujo del brazo a Catalina de Aragón hasta su prometido Arturo, en los esponsales, pero este matrimonio solo duró cinco meses, ya que su hermano Arturo falleció de forma repentina. Tras ser examinada la reina y comprobar que no estaba embarazada, quedó confirmado que Enrique Tudor, hijo sería el nuevo rey.
Este monarca alcanzó buena parte de sus objetivos adaptando las líneas maestras de su antecesor, cuyo garante era el arzobispo de York, luego cardenal, Tomás Wolsey. Y tomó partido junto a Fernando el Católico y el emperador Maximiliano de Austria, no rehuyendo una falsa prometedora contienda contra Francia. En 1513, al mando de un gran ejército, cruzó el canal de la Mancha, y sin ningún talento militar, logró agregar dos ciudades más a las posesiones inglesas en el norte de Francia. Esta campaña organizada por el propio Wolsey, consiguió que este iniciara un ascenso político imparable, auspiciado por el rey. Pero luego el futuro cardenal, tras la muerte de Fernando el Católico y Luis XII, que se habían unido, cambió de registro y convenció a Enrique de una alianza con Francia, pero en 1519, fue elegido Carlos V, como emperador del Sacro Imperio Romano, titulo al que ilusamente aspiraba Enrique y que dejó a su país en un humillante segundo plano y tras la victoria de Pavia, Enrique y Wolsey que se habían acercado a Francia, deseosos de poner freno al poder imperial, vieron como Carlos V, les cortaba el lucrativo negocio textil con Flandes y marginaba de la diplomacia a Inglaterra.
Fue a partir del nacimiento de su primera hija María, en 1516, después de varias tentativas frustradas: un par de abortos y dos primogénitos varones, llamados ambos Enrique , el primero no vivió ni dos meses y el segundo ni un solo día. Empezó a dar rienda suelta a su desenfrenada carrera de lascivia y su soberbia. Desafiando a su esposa, al obligarla a asistir al bautizo de su hijo ilegitimo con Elisabeth Blont, llamado Henry Fitzroy y a que la reina tolerase sus aventuras amorosas con María Bolena, hermana de la que luego fue su esposa, Ana. Por la cual nadie hubiera podido imaginar la pasión irrefrenable de que hizo gala el monarca y que desembocó en la insólita envergadura dinástica que tuvo lugar en el reino.
Cada vez más preocupado por la idea de no tener un hijo varón que asegurase la continuidad dinástica, ya que nunca en la historia había reinado una mujer en Inglaterra, él creyó en un castigo divino el hecho de haberse casado con la viuda de su hermano, Arturo, y por ello solicitó al Papa Clemente VII la anulación del matrimonio con Catalina de Aragón, el cual no cedió a las pretensiones del monarca inglés, pero envalentonado por los dictámenes favorables de Cambridge, Oxford y otras famosas universidades italianas y francesas le hicieron atemperar sus escrúpulos de conciencia.

Pero en 1526 se produjo un giro en su política, auspiciado por Thomás Cranmer y Thomás Cromwell que provocó que se rompiera la liga con los Reyes Católicos, amén de construir una iglesia nacional , subordinada al rey, representado por el pincel de Holbein, como vicario de Dios en la Tierra y utilizando organismos afines a él, como la Cámara Estrellada, envió al verdugo varios nobles, algunos de ellos de sangre azul, para evitar disidencias. Gracias los buenos oficios de Thomas Cranmer(el artífice de la estructura político-religiosa que surgió de este conflicto y uno de los creadores de la reforma anglicana ), en 1531, hizo valer sus conocimientos y consiguió que una asamblea del clero inglés declarase a Enrique VIII Protector y Jefe Supremo de la Iglesia. Dos años más tarde este personaje, en 1533, fue elegido obispo de Canterbury y veinte años más tarde, durante el reinado de Maria I, fue quemado acusado de hereje.

En el año 1532, el monarca inglés retuvo los impuestos papales, mientras otra asamblea le daba plenos poderes sobre la Iglesia, sometiéndola a la autoridad del rey. Finalmente se casó secretamente con su amante, Ana Bolena en el mes de enero de 1533 y se produjo un autentico vendaval de confrontaciones con la Iglesia de Roma lo cual provocó el cisma. Mientras su repudiada esposa Catalina fue recluida en el castillo de Kimbolton, donde murió en 1536, a la edad de 50 años, siendo enterrada en la (hoy) catedral de Peterborough, con funeral propio de Princesa viuda, no de Reina.

(Tumba de Catalina de Aragón)
A la eliminación de las apelaciones al Papa, dio lugar a la anulación oficial del enlace con Catalina y la solemne coronación de su amante, Ana, la cual se hallaba en adelantado estado de gestación, el anhelado vástago era pues fruto del adulterio. Hasta que en noviembre de 1534, la Acta de Supremacía hizo a Enrique VIII, cabeza oficial de la Iglesia Anglicana. Enrique VIII que había sido declarado “Defensor de la Fe” por un tratado en que acusaba a Martín Lutero de herejía, fue proclamado como dije, cabeza de la Iglesia en Inglaterra. La consumación del cisma con Roma fue seguida por un juramento de aceptación de la Monarquía por parte de los nobles, eclesiásticos y funcionarios del reino. Los que se negaron a aceptar estas exigencias, lo pagaron con su cabeza.

Entre los ejecutados se hallaban humanistas como Tomás Moro y Juan Fisher y muchísimos clérigos que estaban en contra de la separación con la Iglesia de Roma.
Tal como estaban las cosas el cardenal Thomas Cromwell dio lugar a la supresión de los monasterios y la confiscación de sus bienes al tesoro real, Después con la venta de las tierras confiscadas a un precio irrisorio, creó una nueva aristocracia adicta a la Iglesia anglicana y por ende sometida al poder del rey, con sus designios absolutistas y centralistas. Todo ello que fue un puntal en la construcción de la Iglesia anglicana, provocadora del cisma, fue un problema ya que de retornar a la ortodoxia católica, provocaba retornar todos los bienes a sus propietarios originales, cosa a la que no estaban dispuestos.

Pero el tan deseado matrimonio con Ana Bolena, no fue una solución a los problemas ,sino más bien un agravio a los mismos, ya que en el 7 de septiembre de 1533, en el palacio de Greenwich, ella cometió un error, no deseado, dar a luz una hija, en vez del ansiado , por Enrique VIII, varón. Este sufrió una tremenda decepción, ya que según todos los médicos, adivinos, astrólogos le habían anunciado, con total unanimidad, tendría un heredero varón. Estando ya redactados todos los bandos, anunciando el nacimiento del príncipe para el reconocimiento oficial, incluso el nombre escogido, Enrique y solo faltaba la parte materna que pusiera su grano de arena en la cuestión, parir un Tudor vivo y sano, verdadera razón de ser de aquel matrimonio que había subvertido al país entero y convulsionado toda una época. Esta niña, nacida bajo el signo de Virgo, la cual ante el desencanto y la rabia contenida de su padre, nadie osó llamarla, Enriqueta. Le impusieron el nombre de Isabel, curiosamente esta hija tan poco valorada, sería con el paso de los años, una reina excepcional que tuvo un esplendido reinado y puso a Inglaterra en primera línea de las potencias europeas.

De princesa de Gales a esposa bastarda.
Este hecho fue sin duda un debilitamiento de la figura de la reina, agravado más si cabe, por el hecho de que dos años después, alumbró a un hijo varón, pero muerto, lo que ya de por si firmó su sentencia de muerte. Aparte la reina no toleraba los devaneos amorosos de su esposo. Este con serena y calculada impudicia, permitió que sus colaboradores iniciaran contra ella una verdadera farsa de juicio, en el cual Ana tuvo de defenderse de una acusación de incesto con su propio hermano, lord Rohford( el cual era sodomita) y de adulterio por tener relaciones consentidas con una legión de pajes. Ana que era ferviente protestante y líder de una nueva facción política, encajó la sentencia con una pasmosa serenidad, la misma con la que subió al patíbulo el 19 de mayo de 1536, a los 35 años de edad. No tardó Enrique VIII, en contraer otras nupcias, ya que en unos 11 días, se casó con Jane Seymour, la que por fin le recompensó con el tan anhelado varón, el príncipe Eduardo, pero la reina falleció en el puerperio(periodo posterior al parto, o cuarentena), siendo aconsejado por Cromwell, que tomara por esposa a Ana de Cleves(la cuarta), con estrechar con los protestantes alemanes , lazos de amistad, ya que el hermano de ella, Guillermo era uno de sus líderes. Pero Enrique no le gustó su nueva esposa, por ser poco agraciada y no tardó en dar órdenes a su secretario para deshacer la unión.

(Personajes de la serie televisiva “Los Tudor”)
Después de varias golpes de timón doctrinales, defendiendo el anglicanismo en toda su pureza, de las otras denominadas subversivas, como el luteranismo y el anabaptismo e impuso una inflexión anti-luterana, cuando no ortodoxa tradicional, lo cual llevó al patíbulo a Thomas Cromwell, su canciller, en 1540, el cual había promovido la adaptación de las medidas pro luteranas y el casamiento con la de Cleves. Enrique VIII se dispuso a gobernar en solitario, se volvió a casar con Catalina Howard, la cual era sobrina del duque de Norfolk, cabeza visible del partido reaccionario, hombre muy influyente, lo cual provocó las envidias de los dirigentes protestantes, los cuales ante el temor de un acercamiento a Roma, acusaron a la joven reina de llevar una vida “voluptuosa, viciosa, carnal y abominable”, por lo que esta también siguió el camino de sus predecesoras hacia el cadalso en febrero de 1542.
Tardando menos de un año en volverse a desposar esta vez con la hija de un oficial de la Corte, Catalina Parr, esta nueva reina cuido a un viejo y decrépito Enrique VIII, cada vez más enfermo e incapacitado, pero esta nueva esposa merece un capitulo aparte en la lista de esposas de Enrique VIII.
Esta dama de la corte, ya sabía lo que era estar desposada con hombres de edad avanzada, por imposición paterna, había sido desposada con lord Borough y lord Latimer, hombres de avanzada edad, riquísimos hacendados, no había conseguido tener hijos, pero había sido una excelente enfermera para sus maridos, su educación había sido, pues excelente e incluso sabía pensar por su cuenta. En una Corte tan desenvuelta como la inglesa, la presencia de esta doble viuda era como una brisa de aire fresco.

Thomas Seymour, el libertino
A la muerte de lord Latimer, Thomas Seymour, hermano de la difunta reina Jane, empezó a cortejar a Catalina Parr, cuya juventud y discreción corrían parejas con su belleza, lo cual no tardó en llegar a oídos del monarca, el cual sabedor de las virtudes de la dama, como enfermera de sus maridos y de la amplitud de criterios religiosos, aparte de su vocación maternal, no tardó en desearla a ella como su próxima esposa, con lo cual Seymour, tuvo de dejar paso al rey , ya que esta vio inmediatamente la necesidad de sucumbir ante el monarca y así no poner en peligro la vida de su galán., ya que esta estaba perdidamente enamorada de Seymour, con lo cual protegió la vida de su amado y se dedicó a cuidar a otro viejo y enfermo. De todos modos, para allanar el camino, Enrique VIII envió a su rival a una misión diplomática en los Países Bajos. Su anciano esposo solo duró tres años y falleció en 1547, este antes de expirar dejó escrita la línea de sucesión, primero: su hijo, Eduardo, segundo; su hija, María y en tercer lugar; Isabel, la hija de Ana Bolena. La reina ordenó celebrar sus funerales lo más pronto posible, para recuperar el tiempo perdido, y en quince días contrajo nupcias con su amado, Thomas.
En este caso el amor era ciego y Catalina Parr, acababa de cometer el primer gran error de su vida y el último. Su marido Thomas Seymour, estaba cerca de la cuarentena, pero conservaba su legendaria gallardía, la cual encandilaba a todas las damas de la Corte, pero él tenía puestas sus miras muy altas, ya que la reina viuda, era un primer paso para sus ambiciones. Poco le costó convencer a Catalina de su amor, ya que este era correspondido, y una vez casados, en secreto y sin el consentimiento del Consejo, pero después no les costó nada convencer al joven Eduardo VI, sobrino e hijastro de Thomas y Catalina, para que les diera su aprobación.
A la muerte de Enrique VIII, su hijo Eduardo contaba con poco más de diez años, y los Seymour eran sus tíos maternos, y Eduardo Seymour, el hermano mayor de Thomas, era el encargado de tutelar al joven monarca y lo hizo con tanto éxito que era él mismo la cabeza virtual del Estado, mientras su enfermo sobrino era el rey nominal. Thomas no aspiraba a arrebatar a su hermano, el título de “Lord protector del Reino”, en otras palabras, regente, se conformaba con ser el segundo, con su título de Lord Almirante de Inglaterra, titulo que no tenía nada que ver con sus conocimientos marinos, pero que acarreaba unos lucrativos y jugosos ingresos, ya que entre otras muchas cosas se lucraba de todos los ingresos por los restos de los naufragios, causas muy corrientes en aquella época. Pero su hermano si que lo tenía por un rival peligrosísimo y le hacía vigilar, ya que Thomas aunque casado con la reina, no dejaba de contemplar otras opciones, como engatusar a la joven Isabel, su sobrina política y a la que él veía con más posibilidades de acceder al trono, debido a la precaria salud de María, además de ser católica y la reforma flotaba en el ambiente, por lo cual Isabel, protestante, era la favorita en las apuestas y la joven era susceptible de ser moldeada por un hombre inteligente, que había conseguido engañar a todos y lograr su apuesta máxima, ser rey.
Isabel, con sus tiernos catorce años, vivía bajo el mismo techo que Catalina, la cual le tenía un aprecio especial, con lo cual, Thomas, aprovechaba cualquier momento- un saludo matinal, un jugueteo aparentemente inocente- para introducirse en su alcoba y cubrirla de besos y caricias. Un día, Catalina los sorprendió, abrazados jugueteando en la cama, y no atendiendo a los ruegos y suplicas, tanto de Seymour como de Isabel, mandó a Isabel que al día siguiente, partiera con destino al castillo de Hatfield, acompañada de unos pocos sirvientes. Según todos los presentes este desagradable incidente marcaría para siempre la vida de Isabel. Lo que era evidente es que Thomas no buscaba un matrimonio inmediato con Isabel, cosa imposible mientras estuviera su esposa con vida, lo que deseaba era despertar un sentimiento sensual en Isabel, para poder utilizarlo más adelante para lograr sus propósitos-sabemos que era púber desde el año anterior-. Se sabe que Seymour se interesó mucho en saber la renta exacta de la Isabel que Isabel disfrutaba y que él pensaba también en disfrutarla. Ciertamente varios autores han querido ver un idilio apasionado entre Isabel y Thomas, que ella nunca olvidó porque a punto estuvo de costarle la cabeza.

Catalina Parr murió en septiembre de 1548, después de dar a luz a una niña que se malogró, ella que estaba muy enamorada de Thomas le quiso dar un hijo, pero un parto primerizo a la edad de treinta y cinco años, en aquella época, significaba un riesgo muy grande para la madre. A la muerte de la reina se desataron toda una serie de rumores sobre Thomas Seymour , que conservaba la mansión de su esposa, con sus criados y sirvientes, digna de una rey, que se había visto con Isabel en Hatfield, apenas un mes de la muerte de su esposa y también de intrigar en Eduardo VI contra su propio hermano, el Lord Protector-ahora llamado duque de Somerset-, finalmente fue su propio hermano , junto con el Consejo Real, el que dictó una orden contra Thomas Seymour, y también para la institutriz y mayordomo de Isabel, que fueron enviados a la Torre de Londres, para ser sometidos a un severo interrogatorio y la propia princesa fue virtualmente prisionera en Hatfield. Los rumores se extendían por todo el reino, que si estaba embarazada…..o sea que estaba en peligro no solo la cabeza de Thomas, sino la suya propia. Pero entonces salio a relucir el talento de Isabel, cuando olía el peligro y escribió una carta, muy hábil, a Eduardo Seymour, duque de Somerset, para protestar contra los rumores y declararse “humilde e indigna hermana del rey” , añadiendo “ algunas personas me han dicho que circulan rumores sobre mi honradez, como por ejemplo , que estoy en la torre a punto de dar a luz, un hijo del almirante. Milord esas son calumnias vergonzosas y por ello querría que su señoría me permitiera ir a la Corte y mostrarme ante el rey, para que el pueda ver mi estado”. La joven princesa con solo quince años de edad, había encontrado sin ayuda de nadie, el arma más eficaz para contrarrestar la acusación: la publicidad. El desafío estaba allí: “Permitirme ir a la Corte”, estas palabras brotaban en tono manso pero insolente. Que la llevasen a la Corte en presencia del joven rey, al que estaban envenenando contra ella. Somerset estaba vencido.
El 20 de marzo de 1548, cayó sesgada por el verdugo la cabeza de Thomas Seymour, lo cual no tardaron en comunicárselo a Isabel, con la intención de impresionarla y a la vez si de la impresión confesaba algo nuevo, pero solo le oyeron estas breves palabras: “Ha muerto un hombre con mucho ingenio y poco juicio”, pero en el mismo momento que los mensajeros abandonaron sus aposentos, ella se derrumbó en brazos de sus damas y su fortaleza juvenil se vino abajo. Durante semanas no abandonó el lecho y estuvo en manos de médicos, por la noche se le aparecía la cabeza de Thomas, ensangrentada y varios biógrafos y psicoanalistas han supuesto que su presunta aversión al matrimonio tuvo lugar por el trágico desenlace de esta historia.


Eduardo VI-(28/1/1547-6/7/1553
Como hemos visto en sus seis matrimonios, Enrique VIII solo tuvo un hijo varón, el príncipe Eduardo, que paso a ser rey con el nombre de Eduardo VI, hijo de Jane Seymour, siendo coronado a los diez años de edad, y gracias al impulso de su tío, Eduardo , duque de Somerset ( cualificado protestante), que ordenó implementar medidas luteranas. Pero su temprana muerte, a los dieciséis años, el 6 de julio de 1553, de tuberculosis, supuso una inflexión radical religiosa que sacudió la vida y conciencia del reino. Eduardo VI igual que su padre Enrique VIII, no querían que la católica María Tudor, la hija de Catalina de Aragón y hermanastra de Eduardo, subiera al trono de Inglaterra, pero ello contravenía el Acta de Sucesión de 1544, la cual restituía a María e Isabel en la línea sucesoria (para muchos ella era la legítima heredera), John Dudley, conde de Warwich y duque de Northumberland, ávido personaje que influyó al postrado rey, en su lecho de muerte le convenció para alterar el orden sucesorio que nombrara sucesora en la persona de Jane Grey, su sobrina nieta, casada con su hijo Guilford Dudley, nieta de la reina de Francia y hermana del mismo Enrique VIII, con creencias religiosas afines. Y a la muerte del rey Eduardo, el suegro de Jane Grey, el duque de Northumberland, la hizo proclamar reina, a pesar de sus recelos. Pero el gobierno de los duques, con una política marcadamente calvinista que provocó que la mayoría de los obispos anglicanos, que beneficiaron con las medidas de Enrique VIII, cuyo descontento y miedo por los planteamientos puritanos tan radicales, aparte también las clases acomodadas intuían la desmembración del reino, provocaron que la desventurada reina, reinase solo duró 9 días pronto fue depuesta por Maria y John Dudley fue encerrado en la Torre de Londres y conducido al cadalso y degollado. Apoyada por una aplastante mayoría de súbditos .María empuñó el cetro , siendo coronada reina en la Abadía de Westminster, el 28 de junio de 1554 , con 37 años de edad y entró triunfante en Londres, acompañada por su hermana menor, Isabel, la cual no tardó en rendirle pleitesía. Y aunque fingió , en apariencia, inclinarse ante el credo romano, Isabel se convirtió en la única esperanza de los protestantes..


MARIA I, La Sanguinaria-(19/7/1553-17/11/1558)
La nueva reina procedió a desmantelar el régimen protestante y preparar al país para volver a un catolicismo moderado, que luego se vio obligada a abandonar al aplicar medidas ásperas y extremas que le granjearon la antipatía de sus ciudadanos. Ejerció una presión constante sobre el Parlamento para derogar las leyes que se promulgaron durante los reinados predecesores, Enrique VIII y Eduardo VI, restableció el culto de la iglesia católica y colocó en sus sedes los obispos que fueron depuestos, los cuales eran defensores de la tradición dogmática católica. Esto se comprobó que fue un gran error, la hostilidad frente a Roma de unos sectores muy emprendedores de la sociedad inglesa, que fueron los que cimentaron el éxito de Enrique VIII, con sus disposiciones anglicanas y luego contribuyeron decisivamente al éxito, también, de las disposiciones de Eduardo VI, con unas diferencias patrimoniales y económicas que al paso de los años se habían hecho insalvables. Los intereses económicos comprometidos con la reforma anglicana, que hubieran tenido que devolver las tierras monacales, cosa a la que no estaban dispuestos, con independencia de sus creencias.
Para colmo de males, el solo anunció de la boda de María I Tudor (cosa que a ella le entusiasmó), con el príncipe de España, el futuro Felipe II, accediendo a las pretensiones de su primo, el emperador Carlos V, hizo crecer el desencanto. Carlos veía con buenos ojos la restauración del catolicismo en Inglaterra y de paso conseguía un aliado contra Francia. Ante este panorama, los ingleses (no sin razón), pensaron verse envueltos en las guerras del Emperador y también estaban temerosos de una represión de los católicos. Pero ella impuso su autoridad al Consejo Real y la Cámara de los Comunes. Debido a ello se produjeron una serie de rebeliones, unas apoyadas por el duque de Sulfolk, que proclamaba que su hija Jane Grey era la legítima reina y otras financiadas por Enrique II, rey de Francia, que no quería una alianza entre Inglaterra y España. Estos levantamientos acabaron con la ejecución de Sulfolk, Jane Grey y su esposo. La conspiración de Tomás Wyatt, un idealista de Kent, lo suficientemente loco para pensar que María iba cambiar su fe, fue un verdadero desastre y los sublevados habían propiciado la candidatura de Isabel, lo cual parece evidente que existió, sino un entendimiento absoluto , si uno de epistolar. También se encarceló a Isabel a pesar de proclamar su inocencia en los cargos que se le imputaban, a pesar de ello se la encarceló durante dos meses en la Torre de Londres y luego en el castillo de Woodstock, adonde fue vestida con un ligero e inocente traje blanco y mientras la multitud, derramaba lagrimas a su paso.

(Ejecución de Jane Grey, la reina por nueve días)
Finalmente el Parlamento aprobó el matrimonio con Felipe II, con la condición que su esposo fuera solamente un rey consorte, sin atribuciones políticas. Mientras que para María este matrimonio tenía un gran valor sentimental, para Felipe II fue una amarga píldora que tragó por razones de estado. Debido a la subordinación inglesa a los designios españoles, Inglaterra se vio obligada a declarar la guerra a Francia, en 1557, lo que le supuso la pérdida de Calais, la perla inglesa en Francia. Y ya la reina enferma de hidropesia y desquiciada, radicalizó su postura en el retorno a la obediencia religiosa a Roma y en 1555 restableció la ley contra la herejía y los protestantes fueron reprimidos con saña y fueron obligados a exiliarse sino querían morir en la hoguera.
Aparte, en Inglaterra se mantuvo una durísima lucha contra la oposición. Confiada primero a la Cámara estrellada que actuó con moderación, contentándose con reducir los poderes judiciales y militares del norte y de las marcas, la represión se endureció después de 1533; la inculpación por alta traición y la muerte se abatieron sobre los presuntos adversarios del monarca: Tomas Moro, algunos monjes, los jefes de la peregrinación de Gracia (1536), Cromwell, Somerset (1552), Northumberland(1554), y algunos protestantes(1555), Norfolk(1572), Maria Estuardo(1586), irlandeses y jesuitas, fueron las victimas de la dinastía Tudor.
También fueron innumerables los procesos y 273 ejecuciones, destacando la de Cranmer , que había sobrevivido a todos los vaivenes religiosos. Hay que tener en cuenta que las ejecuciones ordenadas por María I no fueron más numerosas que las de sus predecesores en número, pero a pesar de eso su impopularidad le ganó el sobrenombre de “La sanguinaria”. A su muerte en 1558, todas las esperanzas de la ciudadanía inglesa estaban puestas en su hermanastra Isabel.

(Isabel I, pintura anónima de 1593, National Portrait Gallery, London)
Isabel I, “La reina Virgen”-17/11/1558-24/3/1603)
Esta hija de Ana Bolena y Enrique VIII fue una de las personalidades más brillantes y atractivas entre los príncipes de su tiempo,. Accedió al trono, en 1558, a los 25 años de edad, habiendo recibido una muy buena educación humanista y antes de su reinado pasó unas duras pruebas que le sirvieron para endurecer su carácter, lo cual le sirvió de buen aprendizaje para afrontar con valentía y prudencia todas las dificultades de su reinado. Desheredada tras la ejecución de su madre, su hermanastro Enrique VI la acusó de complicidad en una conjura contra él, Siendo también acusada por María I, por el mismo motivo y fue prisionera durante un año hasta que fue liberada por intercesión de Felipe II, su cuñado, de quien se rumoreaba que estaba enamorada. Su fascinante personalidad y su fama de “reina virgen”, nunca se casó y la dinastía de los Tudor se extinguió con ella, guardan aspectos muy enigmáticos. Ella rehusó a todos sus pretendientes, incluido Felipe II, una vez viudo, pero coqueteó abiertamente con Robert Dudley(al que elevó al rango de noble) o al impetuoso conde de Essex, Roberto Devereux. Su soltería obstinada se interpretó como una malformación anatómica que la incapacitaba para ser madre (según unos informes presentados a Felipe II), aunque es más que posible que fuera ella quien no los quisiera para poder gobernar, sin injerencias. Este tema fue decisivo ya que se convirtió en razón de Estado, pero ella zanjó la cuestión al declarar que la cuestión era parte de la prerrogativa regía y no estaba sometida a discusión parlamentaría. En el fondo era una cuestión política, ya que si ella se desposaba con un noble inglés, las otras facciones se sentirían agraviadas y si lo hacía con un príncipe extranjero, obligaría a los ingleses a vincular sus políticas a los intereses extranjeros. Verdaderamente se mantuvo en el trono durante cincuenta años, gracias sus estimables dotes estadistas que apreciaron todos quienes la conocieron, pese a los perjuicios machistas de la época. Los parlamentarios y el pueblo inglés en general la veían con absoluta admiración, al ver en ella encarnada la grandeza del reino.

(Londres, según un grabado del siglo XVI. Esta ciudad experimentó un gran expansión en la época de los Tudor)
Ello fue debido a la prosperidad económica , que fue una de las grandes preocupaciones de la reina, fomentando la industria de la lana y del comercio, como pilares de la riqueza, siendo el más favorecido por ello, la ciudad de Londres, fue un gran puerto con más de 200.000 habitantes. Favoreciendo el intercambio con países como Rusia y con el levante de Europa, otorgando la primera carta franquicia a la Compañía de las Indias Orientales y fundó la primera colonia inglesa en Norteamérica. Cuando Inglaterra participó en las guerras de la religión que originaron nuevos conflictos con los países europeos, la monarquía inglesa impulsó nuevos modelos de barcos de guerra, superiores a los españoles y portugueses, con la destrucción de la Armada Invencible en 1588 se sentaron las bases para el dominio inglés en todos los mares. Siendo Isabel la principal promotora del desarrollo naval, llegando a ser “la dueña de la flota más poderosa que Europa haya visto jamás”.
Adaptando de tal manera sus barcos mercantes que después de armarlos, temporalmente para las contiendas, una vez acabadas estas volvían a ser utilizados para el comercio. Siendo el coste de mantenimiento de una flota naval, muy inferior al de un ejército permanente.
Adaptando un anglicanismo coyuntural y pragmático sin fisuras. Su aparato del estado se mostró inflexible en todo lo que pudiera deteriorar de alguna manera los símbolos de la realeza, pero si fue flexible por ejemplo, con el culto a los santos y mantuvo un respeto escrupuloso al catecismo de treinta y nueve artículos , promovido por el obispo Thomás Cranmer , su padrino.
Ella no aceptó matrimonio con su cuñado, Felipe II y cuando éste, junto con Francia y otros interesados la desautorizaron, intentando socavar la solidez de su reino. Ella, con unos discursos inteligentes ante la muchedumbre, se autoproclamaba, mere English, una simple inglesa, defendiéndose de los ataques de los extranjeros. Eludió el confrontamiento físico con sus rivales más poderosos, pero apoyó abiertamente las discordias en sus reinos, por ejemplo: los hugonotes en los Valois, o los rebeldes de los Países Bajos de Felipe II, animando a los corsarios contra ellos. Es famoso el episodio protagonizado por la reina, cuando después de escuchar las quejas del embajador español contra su corsario principal, Francis Drake, mandó llamar a este y delante del embajador, le ordenó arrodillarse ante ella y lo nombró caballero del reino, ante el estupor del español.
Pero en materia de instituciones innovó poco y gobernó autoritariamente, ayudada por un selecto Consejo Privado. Confió como principal consejero en Guillermo Cecil, experimentado y fiel secretario, el cual permaneció a su lado durante más de cuarenta años, además de Sir Francis Walsingham. Teniendo a su favor talentos como Shakespeare, Sir Walter Raleigh o Edmund Spencer-Ella como protestante moderada, en su capilla privada tuvo cirios y un crucifijo, como gobernadora suprema de la iglesia anglicana, la consolidó como vía intermedia entre el catolicismo y el calvinismo, introduciendo modificaciones dogmáticas y litúrgicas, pero conservando su estructura eclesial, jerárquica y con obispos.
Supo anular a su directa competidora, María Estuardo, de Escocia, la mandó al patíbulo, negociando con los magnates y terratenientes del país vecino, una salida negociada a la afrenta en base a su esterilidad la reversión en la herencia inglesa a favor del hijo de su competidora, Jaime VI.

Una vieja descarnada, cubierta de joyas
Roberto Devereaux, conde de Essex, tenía treinta y siete años menos que Isabel, era un buen mozo, alto, fornido y viril, era el acompañante preferido de Isabel, Hacía el año 1598, la reina era, según mordaces comentarios de la Corte, “ una vieja descarnada , cubierta de joyas” . Organizaba constantemente bailes de mascaras, con los que cubrir sus años y su incipiente calvicie y mostrarse como ejemplo de virtud, justicia y belleza perfectas, Por Real decreto se mantenía en la Corte “la belleza inmortal de su Majestad “. Ella ya llegaba a los sesenta años pero a base de encajes, perfumes, alhajas y una docena de pelucas, más de seiscientos pares de zapatos, algo insólito en la época continuaba prendada de Essex, el cual sacaba partido de esta devoción, e incluso el ingrato , en 1599, siendo virrey de Irlanda, pactó con los rebeldes para destronar “la vieja y calva momia Tudor” y coronarse rey de las islas. Convicto de traición fue condenado a ser colgado, castrado y destripado, pero Isabel, consciente del afecto que le había procesado, le conmutó la pena, para ser simplemente decapitado. Dicen los cronistas, que el dolor de la reina fue aún más intenso que el de la muerte de Seymour, y hasta el fin de sus días llevó prendado en la manga un medallón con la efigie de su adorador.
Murió el 24 de marzo de 1603, con una agonía terrible, con el cuerpo cubierto de úlceras, pero ella aún se consideraba bella. Mascullando en su agonía el nombre de su sucesor, Jacobo I, el hijo de María Estuardo, la asesinada reina de Escocia, Isabel con setenta años se negó a morir en el lecho y la extendieron a tierra encima de unos almohadones, donde expiró la ultima reina de los Tudor y no dejó de lucir en sus dedos el anillo de su coronación, el que había sellado la unión del pueblo inglés con la Reina Virgen.

(María Estuardo, la reina de Escocia , Museo de Versalles, Francia)
La crisis religiosa del siglo XVI y la Reforma
En Inglaterra conoció una evolución original impuesta por sus soberanos. Enrique VIII, frente a la negativa de Roma a anular su matrimonio, impuso un cisma por medio del acta de Supremacía(1534), que trasfería al rey todos los poderes de la Iglesia de Inglaterra. Su anglicanismo no era más que un galicanismo radical fundamentado en unos cimientos de independencia radical. Los dos “protectores” de su hijo, Eduardo VI(1553-1558),, instauraron un protestantismo más sólido, que se aproximaba a la Reforma suiza. La persecución de la hermanastra del monarca, María Tudor (1553-1558), esposa de Felipe II, paladín del catolicismo, contribuyó a generar entre los ingleses un profundo anti-papismo. Pero sería Isabel la que fundaría la Iglesia anglicana, imponiendo una política de sumisión de sus representantes al estado. En 1563, los obispos ingleses definieron los Treinta y nueve artículos, que actualmente rigen la confesión de la fe oficial. Aunque el culto se asemejaba a la religión católica, los artículos eran claramente inspirados en Calvino y lo cual permitían que en la Iglesia anglicana coexistieran una gran gama de tendencias teológicas, lo cual era causa de doble oposición: la de los católicos, que veían como se condenaba su fe y la de los puritanos, que consideraban claramente insuficiente en contenido protestante anglicano.

(Cuadro de la Armada Invencible, antes de partir contra Inglaterra)
(1) Enrique conoció a Felipe, cuando este fue a reclamar a España, Castilla para Juana la Loca, a la muerte de Isabel la Católica, y una tempestad arrastró a su flota hasta Inglaterra, lo que chocaba con los intereses ingleses. Huésped, pero de hecho rehén, impresionó a Enrique por su destreza en las justas, prohibidas para Enrique.
Escrito por Josep Subirats( Leones)
FUENTES
María Tudor, la gran desconocida, por M.J. Pérez Martín, Rialp 2008
Isabel Tudor, la Reina Virgen, por Juan Balansó. Historia y Vida.
Los Tudor, Antonio Fernández Luzón, Clío
Elisabeth, la lucha por el trono, Nueva York, Harper Collins 2001
La Casa de los Tudor, por Wickipedia.
The Tudors Monarchs; Enrique VIII, Isabel I, Planeta Sedna.
La Inglaterra de los Tudor, Montserrat Jiménez Sureda, Universitat Autónoma de Barcelona.
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Excelente el informe, claro y didáctico. Saludos MVR30