Los mercenarios griegos en el ejército persa
Este pequeño trabajo relata algunas de las operaciones en que participaron los mercenarios griegos en el ejército persa, el grueso del cual hace referencia a la lucha contra Alejandro Magno, que es donde he encontrado más datos.
Al inicio de la creación del imperio persa, sus conquistas alcanzaron su apogeo en el siglo VI a. de C., extendiéndose desde Tracia en Grecia, hasta la India, un imperio cuya expansión inicio su fundador Ciro en grande y consolidado por su rey Darío I, el cual administró y reorganizó con sabiduría.
Para mantener el orden en su imperio contaba con un inmenso ejército, a la cabeza del cual estaba la guardia personal del rey, el cuerpo de los “inmortales”, una unidad que mezclaba infantería y caballería, formado por 10.000 hombres y compuesto por lo mejor de la nobleza persa, cuyos candidatos recibían después de ser seleccionados un riguroso entrenamiento el cual convertía a esa unidad en una fuerza sin igual, también era llamada “los inmortales”, porque por cada baja que sufrían, esta era repuesta de inmediato, así, parecía que no sufría baja alguna.
El ejército persa en sus conquistas nunca necesitó de ayuda alguna, por supuesto se nutría aparte de hombres propiamente persas, de las fuerzas enemigas a las que derrotaba y luego incorporaba a su ejército, conformando con el tiempo una fuerza respetable, hasta que un día toparon con las fuerzas griegas.
Su caballería siempre destacó por encima de todo el ejército, así también como sus arqueros, la infantería no fue nunca un gran prodigio, y un aviso de que la infantería podía fallar se constató en la batalla de Maratón, el año 490 a. de C., en la cual las fuerzas persas conformadas por unos 10.000 hombres, tras desembarcar cerca de Atenas lucharon con las fuerzas ateniense, estas también conformadas por unos 10.000 hombres cuyo núcleo lo conformaban 8.000 hoplitas (infantería pesada).Fue una batalla en la que los persas fueron vapuleados y tuvieron que reembarcar precipitadamente, no sería este el último enfrentamiento.
En el año 480 a. de C., el rey persa Jérjes I realizó una invasión de Grecia en toda regla, su padre Darío I había enviado anteriormente una pequeña fuerza, ahora desplegó un inmenso ejército reclutado a lo largo y ancho de sus dominios, alrededor de 200.000 hombres, apoyados por una flota de unos 1.100 barcos, (aunque los que contaban serían unas 270 naves, el resto eran embarcaciones menores y de transporte), incluso contó con estados griegos que por su odio a Atenas le cedieron sus milicias.
El avance persa discurrió con tranquilidad hasta que llegaron al desfiladero de las Termopilas, en el estrecho desfiladero los persas se toparon con 7.000 griegos entre los que aparte de los hoplitas, estaban 300 espartanos con uno de sus dos reyes al mando, Leónidas.
Allí los persas se enfrentaron a los hoplitas griegos sufriendo grandes bajas, los escudos y protecciones de bronce brindaron una excelente protección a los profesionales griegos junto con su veteranía; la pobre infantería persa sin una protección tan eficiente como la griega, recibían heridas impunemente, finalmente cuando acabaron de derrotar los persas en ese paso a los griegos, habían sufrido unas 20.000 bajas.

mercenario griego al servicio de los persas
Posteriormente la batalla de Platea y Micala en el 479 a. de C., demostraron ampliamente que no era rivales para la infantería hoplita griega, los persa tomaron buena nota de ello, aunque no inmediatamente, tenían la mejor caballería del mundo, pero en cuanto a la infantería, salvo los “inmortales”, estaban cojos.
Otros ejemplos los podemos ver en Egipto, fue una provincia del imperio persa conquistada en el año 525 a. de C., había conquistado ese país, sin embargo, los naturales de ese país nunca se resignaron a la conquista persa y aprovechaban cualquier momento de debilidad para revolverse contra sus odiados amos, un ejemplo lo tenemos en el año 404 a. de C., los egipcios se revelan con éxito contra los persas, ¿Por qué no reaccionaron estos?, ¿Por qué los persas tardaron casi 50 años en volver a retomar Egipto?, la respuesta es la siguiente:
En el año 404 a. de C., accedió al trono de Persia el rey Artajerjes II, esto sucedió con gran resentimiento por parte de su hermano Ciro el joven, el cual gobernaba una satrapía (provincia) correspondiente a la zona de Frigia, Lidia y Capadocia, (lo que hoy sería el oeste de Turquía, en la zona del mar Egeo).
Este sátrapa, había ayudado en la guerra del Peloponeso (431-404 a. de C.) a Esparta, ciudad en guerra con Atenas, en agradecimiento por sus servicios prestados, ayudó a este en el reclutamiento de mercenarios griegos y en el ofrecimiento de sus propios soldados, Ciro, reclutó unos 100.000 hombres soldados procedentes del imperio persa, pero además, aprovechando el fin de la guerra del Peloponeso y que muchos soldados griegos estaban ociosos, reclutó entre ellos 10.400 hoplitas (infantería pesada) y 2.500 peltastas (infantería ligera).
Este formidable ejército fue concentrándose en la ciudad de Sardes, capital de la satrapía de Ciro, con estas tropas marchó Ciro al encuentro de su hermano en un intento de derrocarle, por el camino se unieron a el 700 hoplitas espartanos y 400 griegos desertores del ejército persa, con lo que conformó una fuerza de unos 14.000 soldados griegos, (aunque la historia los conocería gracias a la novela de Jenofonte, “la expedición de los diez mil”) mas, en la batalla de Cunaxa, la suerte de Ciro se trastocó muriendo en la batalla, Artajerjes II, cuando tubo indicios de que su hermano se adentraba en el corazón del imperio persa para derrocarle.
Movilizó un ejército de 400.000 hombres, en el que no faltó mercenarios griegos, reclutados estos entre los que pudo hallar, no obstante en la misma batalla se comprobó nuevamente la debilidad de la infantería persa, el flanco derecho donde operó la fuerza griega, atravesó la infantería persa ¡como el cuchillo que corta la mantequilla!, fueron grandes las bajas que tubo la fuerza persa en esta zona contra poquísimas bajas entre los mercenarios griegos.
No obstante se encontró la fuerza mercenaria griega de Ciro con que el hombre que les pagaba había muerto, las fuerzas indígenas de Ciro se habían dispersado dejándoles solos y se encontraban 1.700 Km. Dentro de territorio hostil, con el ejército persa delante de ellos, estos tuvieron que volver a sus casa en una dantesca retirada en la que la disciplina y profesionalidad de los mercenarios griegos quedó demostrada con creces.

Soldado persa perteneciente al cuerpo de los "Inmortales"
Incluso el rey persa pretextando unas negociaciones con los líderes de la fuerza griega, les invitó a una tienda en la cual, los asesinó vilmente, ¡pero no conocía este hombre a los griegos!, creía que se dispersarían y así los cazaría como a conejos, pero estos, nombraron entre los suyos a una serie de líderes, a cuya cabeza estuvo Jenofonte, el cual más tarde, escribió una novela titulada “la Anábasis” cuyo relato fue la expedición de la fuerza griega.
La fuerza griega llegó a su destino sufriendo pocas bajas en su haber, pero lo que fue peor, para el imperio persa, había demostrado que un ejército griego unido, podía pasearse impunemente por el imperio griego ¡como Pedro por su casa!, eso debilitó el prestigio persa de modo alarmante, y los griegos tomaron buena nota para el futuro.
Artejerjes II no pudo debido a la rebelión de su hermano intentar recuperar la provincia de Egipto, y tras la expedición estuvo ocupado en otra guerras que no le dejaron tiempo para ocuparse de los egipcios, ¿no habría sido más práctico haber reclutado a esa fuerza tras la batalla de Cunaxa?, a fin y al cabo eran mercenarios, y ya no tenían jefe que les pagase, y el tesoro persa tenía una incalculable cantidad de dinero con la cual podía reclutar a esos mercenarios y a 10 veces más ¡como poco!, sin resentirse ni un ápice en sus finanzas, además, tenían a Egipto en rebelión, ¿no podían utilizarse para recuperar en provincia?.
Pero el rey persa era tan enérgico y arrogante como poco práctico, quería dar un escarmiento (con razón) a los griegos para demostrar que nadie se rebela contra él sin sufrir las consecuencias, el caso es que fracasó en este empeño y la debilidad suya no se pudo ocultar a pesar del formidable ejército que desplegó para hacer frente a los rebeldes, pero, ¿de qué sirvió esto si no podía enfrentarse a una pequeña fuerza griega?.
En el año 385 a. de C., los persas apoyados por mercenarios griegos intentaron recuperar Egipto, pero los egipcios apoyados por mercenarios griegos rechazaron en Pelusium (sistema de fortificaciones que protegían a Egipto de una invasión extranjera, situado al noroeste del Sinaí)) sus asaltos, gracias al reforzamiento que el general Cabrias (general ateniense contratado como mercenario por el faraón Acosis entre el 382 y el 384 a. de C.) había hecho en el sistema de fortificaciones Pelusium y en el Delta del Nilo, aparte de poner a punto al ejército egipcio. Persia presionó a Atenas para que el mercenario ateniense volviera a su ciudad, aprovechando las buenas relaciones que mantenía con la ciudad, pero el ateniense había hecho un buen trabajo con los egipcios.
Esto quedó demostrado posteriormente tras la marcha del mercenario Cabrias, Persia aprovechando su ausencia, atacó en el 383 a. de C., a Egipto por Pelusium creyendo se sería una presa fácil ante la ausencia del mercenario, pero su ejército fue rechazado por las entrenadas tropas egipcias. Los persas por fin habían dado cuenta de la valía de estos mercenarios junto con la poca calidad de su infantería, que era lo único en que cojeaban, ya que tanto la marina como su caballería eran poderosas.
En el año 373 a. de C., los persas realizan un nuevo esfuerzo para acabar con el amargo asunto que se a convertido el país de Egipto y para el cual los persas se lo han tomado como un asunto personal.
Primero despliegan una actividad diplomática ¡sin igual! en Atenas, consiguiendo que los mercenarios griegos que estaban en el ejército egipcio al mando del faraón Nectanebo I abandonen el país, incluso los persas consiguen que esos mercenarios griegos pasen a su servicio, lo cual representa un gran logro para el rey persa Artajerjes II, también Atenas manda a uno de sus más afamados generales, Ifícrates (hombre que había contribuido con sus mejoras a aligerar el armamento de los peltastas o infantería ligera, contribuyendo a que fueran tropas más ágiles) quien compartirá el mando con el sátrapa Tiribazo, este al mando de la expedición persa.
Esta poderosa fuerza persa que incluye 300 trirremes y 12.000 mercenarios griegos avanza desde Palestina y Fenicia por tierra y mar, pero una vez más se topan con las fortificaciones de Pelusiúm, deteniendo el avance persa, no obstante gracias el astuto Ifícrates, consiguen infiltrarse por una zona menos defendida conocida por el “brazo de Mendes” y ante el horror de los egipcios, los persas navegan río abajo camino de Menfis, en donde se detienen a las afueras.
Cuando la fruta estaba ya madura y se podía dar por terminada ya la rebelión egipcia y volver el país a ser otra vez una provincia persa, estallan una serie de disputas y disensiones entre los mandos persas y los griegos (disensiones que jalonaron toda la expedición pero que estallan en el momento más inconveniente para los persas).
Esto da tiempo a Nectanebo I para conseguir refuerzos y reforzar la capital egipcia de Menfis, para colmo de males la crecida anual del río Nilo (la cual se desarrolla desde el sur de Egipto hasta desembocar en el mar Mediterráneo) llega a Menfis descomponiendo el ejército persa-griego, hecho que aprovecha el faraón para lanzar sus tropas a un contraataque que pone en fuga a los persas, salvando a Egipto de la invasión persa y seguir siendo un país independiente.
En el 350 a. de C., los persas hacen una nueva intentona, pero la peste que se ceba en su ejército, malogrando la expedición.
Años más tarde, en el 341 a. de C., el rey persa Artajerjes III, harto de que Egipto se resistiera tanto tiempo preparó un ejército de 300.000 hombres entre los que se encontraba un buen número de mercenarios griegos, estos mandados por el afamado rodio Mentor, el cual 5 años antes al servicio de los egipcios, había derrotado a los persas en batalla, y que posteriormente el rey persa contrató sus servicios. Mentor que siempre apostaba al caballo ganador, cambió de bando. (Cuyo hermano Memnón de Rodas nombraremos más tarde por ser el único soldado de Persia que pudo hacer frente con dignidad a Alejandro Magno de Macedonia).

Hoplita griego del siglo IV a. de C.
El ejercito persa se aproximó a Pelusium en la frontera griega, allí derrotó al ejército egipcio, el cual también contaba con mercenarios griegos, fue una batalla curiosa con los dos bandos desplegando griegos contra griegos, (en el siglo IV a. de C. la fama mundial de los mercenarios griegos por su pericia y calidad eran inigualables, siendo contratados sus servicios por muchos países) ya que estos formaban la punta de lanza en las batallas, finalmente, los griegos del bando persa inclinaron a su favor la balanza y obtuvieron la victoria, roto el cerrojo que defendía Egipto los persas se desparramaron por el país conquistándolo, sería este, Nectanebo II, el último faraón original del país egipcio.
Llegamos al año 336 a. de C., el rey Darío III gobierna en el país (este hombre era descendiente de Darío II que por entonces gobernaba la difícil satrapía de Armenia, distinguiéndose en la lucha contra los cadusios, en la costa sur del Caspio, lo cual prueba que no era un cobarde “patán cobarde” como lo pintaban los griegos que lo describieron, es sabido por todo el mundo que ponían a Alejandro ¡por los altares! y ha Darío III ¡lo restregaban por el fango! en casi todos los libros) después de un agitado periplo en que el visir eunuco de Persia Bagoas envenenara a dos reyes persas.
Finalmente entronó Bagoas a Darío III, pero viendo que este se estaba volviendo indócil, quiso también envenenarle, pero este averiguando sus intenciones, le ordenó beber el veneno que había preparado para el, tras lo cual gobernó sin oposición alguna, dedicándose durante los dos años siguientes a devolver al redil persa algunas satrapías díscolas y parar la ofensiva macedonia en la Troade, ya que en el oeste del imperio persa, una fuerza de unos 10.000 macedonios y aliados griegos al mando de los generales Parmenión y Atalo había desembarcado conquistando una buena parte de la zona conocida como la Troade (al noroeste de lo que hoy es Turquía).
Sin embargo los persas habían contraatacado desde el 335 a. de C., y recuperado una buena parte del terreno gracias en buena parte a la astucia y pericia de un general mercenario griego al servicio de los persas Memnón de Rodas ( hermano de Mentor, mercenario griego que ayudó a los persas en el 341 a. de C. a recuperar Egipto), este mercenario experimentado en mil batallas fue el contrincante más rudo con el que se topo Alejandro Magno.
Por citar una de las victorias de Memnón, en la región de Magnesia, cerca de la isla de Lesbos, las fuerzas Macedonio-griegas de los generales Parmenión y Atalo, se enfrentaron a solo 4.000 de los mercenarios griegos de Memnón, sufriendo un varapalo y siendo puestas en fuga por aquel.
Cuando Alejandro Magno desembarcó en Persia, tenía en estos momento este país 50.000 mercenarios griegos, los cuales se encontraban a lo largo y ancho del imperio, aunque el grueso se hallaba en el oeste de Persia, es posible que el rey persa Darío III viendo el cariz que estaban tomando los acontecimientos reforzara el número de mercenarios griegos, las batalla de Quersoneso en el 338 a. de C. junto con la destrucción de Tebas en el 335 a. de C, granjeó un buen número de enemigos a Alejandro, muchos de los cuales se pasaron como mercenarios de los persas, viendo en estos unos enemigos potenciales de Alejandro.
Los mercenarios griegos se podían calificar (dependiendo de su lugar de origen) de tres destinos:
-Originarios de la región del Peloponeso.
-Originarios de las numerosas islas griegas que pueblan el mar Egeo.
-Originarios de las zonas del oeste de Persia, ya que sus zonas costeras tenían una enorme influencia griega, ya que sus habitantes eran originarios de Grecia antes de ser incorporados al imperio persa, pero que después, gracias a la tolerancia persa siguieron con su modo de vida sin apenas muchas interferencias por parte de los persas.

caballería escita al servicio de los persas
Sobre el tema de si hubo macedonios en el ejército persa la respuesta es sí, en Macedonia la familia "Argeada" perteneciente a Filipo, Alejandro Magno y el resto de su familia, gobernaban en oposición a la familia macedonia "Lincestida" poderosa y enemiga mortal de los argeadas. Hubo miembros de esta familia en la corte persa, aparte de otros macedonios enemigos de Alejando Magno, y, ¡claro está!, hubo también soldados macedonios en las filas de los mercenarios griegos, aunque su número nunca fue relevante.
Durante los dos años siguientes los persas intentaron reclutar mercenarios griegos sin mucho éxito, la zona del Peloponeso estaba vedada para ellos, dada la enorme influencia que Macedonia ejercía en la zona, modestamente tuvieron más éxito en las islas griegas gracias a su potente escuadra que con sus 400 naves dominaba el Egeo sin oposición.
Memnón almirante de la flota, podía reclutar mercenarios griegos gracias a los 2.000 talentos ( en algún libro he leído esta cifra, o sino como poco, la cifra debió ser enorme) que de forma arriesgada le mandó Darío III, ( según mis cálculos a través de un libro de “la Anábasis” del año 1999, un talento podía valer unos 28.800 euros de por entonces, decía también el libro que un talento equivalía a 300 daricos o 600 dracmas ) y ¡claro está!, en la zona griega del imperio persa.
Un mercenario griego al servicio de Persia cobraba 1 darico al mes, (paga que no debió varias a lo largo del siglo IV a. de C., dado que el equivalente a un darico persa eran dos dracmas griegos, y dado que un dracma griego era lo que cobraba un mercenario griego en el continente griego el servicio como mercenarios en Persia además de demandado era muy popular porque eso significaba, ¡doble paga!, y eso entre mercenarios era muy atrayente) por lo tanto, con un talento se podía alquilar los servicios de 300 mercenarios griegos durante un mes.
Si tenemos en cuenta que en el año 330 A. de C., cuando Alejandro Magno entró en la capital de Persia Persépolis y se apropió de su tesoro valorado en (sin contar los objetos valiosos como armaduras, utensilios de oro y plata, joyas etc…..) 120.000 talentos en monedas y lingotes, tanto de plata como de oro (esto por supuesto sin contar las inmensas riquezas que había a lo largo y ancho del dilatado imperio persa), como se puede ver, Darío III tenía dinero para reclutar a todo mercenario griego existente en el mundo, incluido podía comprar al ejército macedonio, pero aquí los persas se toparon con Alejandro, que no se dejaba tentar por el oro persa, ¡quería apropiarse de todo el oro el mismo!.
El primer encontronazo serio que tuvieron los macedonios con Memnón fue en la batalla de Granico, en el 334 a. de C., casi el jefe mercenario no pudo decir nada porque al mando de las tropas persas le sacaban ventaja los sátrapas persas que gobernaban la zona donde se desarrollaba los hechos y los cuales, estaban al mando de las operaciones de la batalla, (el ejército persa se componía de unos 20.000 jinetes de la valiosa caballería persa, unos 20.000 mercenarios griegos veteranos y más de 60.000 infantes persas de escaso valor militar, ya que eran reclutas) tras la derrota de la caballería persa, esta volvió grupas y dejó a los mercenarios griegos abandonados a su propia suerte.
Esto fue muy perjudicial para los mercenarios griegos, ya que Alejandro consideraba a estos como traidores a la causa “panhelénica”, una causa que se sacó del bolsillo Alejandro para agrupar a todos los estados griegos en una cruzada para acabar con los persas, de hecho, aparte de macedonios, había representantes de varios estados griegos sometidos a la hegemonía de Macedonia, y claro quién no estuviera en la liga no era bien mirado, y ¡claro está!, si militaba en el bando persa como mercenario era, ¡lo más de la traición!.

soldado "hypaspista" de la falange macedónica
Los mercenarios griegos al servicio de Persia formaban un bloque compacto de cerca de 20.000 hombres los cuales estaban en un promontorio alto.
Aquí me permito hacer una pequeña incisión, esto como en todo lo referente a las cifras de los combatientes, hay y habrá siempre sus dudas, en esta y en otras batallas, las cifras que se manejaron se consideran exageradas, y las re-visionadas, solo se basaba en la especulación y el raciocinio o razonamiento, así que es posible que las verdaderas cifras nunca se sepan.
En este caso simbólico ocurrió lo siguiente:
Durante muchos años la cifra de los mercenarios griegos se aceptó en 40.000 hombres, en el siglo XX la cifra se dejó en los 20.000 hombres, y a finales del siglo XX, hombres sesudos dijeron que no podía ser esa abultada cifra, que debían ser unos 5.000 hombres, ¿a quién hacer caso?, ¿Quién tiene razón?, ¡misterio!.
Yo por mi parte acepto la cifra de 20.000 hombres, porque la cifra de los 5.000 se basa en que los 20.000 hombres compactos que formaban los mercenarios griegos, (estos sin ningún tipo de fisura en su orden de batalla), fueron atacados no por todo el ejército macedonio, (el cual estaba cruzando el río Granico, ¡de ahí el nombre de la batalla!) sino por una parte, así que las fuerzas macedonias, las cuales se numeraban en unos 12.000 hombres no podían ser rodeados por 20.000 hombres.
Bueno, aunque no tenga que ver con esta batalla, Aníbal en la batalla de Cannas, en el 216 a. de C., con 50.000 hombres, rodeó un ejército romano de unos 70.000 hombres y lo aniquiló, refiriéndose a lo anterior, ¿imposible rodear a un ejército superior?, ¡NO!.
El caso es que los mercenarios griegos fueron atacados frontalmente por unos 7.000 macedonios, entre los cuales formaban la temible formación de “las sarisas”, la célebre "falange macedonia", infantería veterana creada por el padre de Alejandro, Filipo, armadas con lanzas de 4,20 metros de altura, formando una especie de erizo compacto el cual avanzando poco a poco podía penetrar cualquier formación enemiga (y la compacta formación mercenaria griega no fue una excepción) la masacre fue espeluznante, y los mercenarios griegos.
Fueron atacados además por la retaguardia por 5.000 soberbios jinetes al mando de Alejandro, los cuales en esta doble tenaza les trituraron sin compasión a los mercenarios, viendo no les daban cuartel (Alejandro tenía en mente la traición de estos mercenarios y quería dar un escarmiento ejemplar, para que lo tuviera todo griego en el futuro lo tuviera presente, por si se quería pasar al bando persa) lucharon hasta el amargo final.
Cuando Alejandro por fin aceptó la redición de los mercenarios, habían sucumbido 15.000 de ellos, un millar aproximadamente logró escapar, para concentrarse posteriormente con su comandante Memnón en la ciudad de Halicarnaso, (ciudad costera de lo que hoy es Turquía, en el mar Egeo), 2.000 supervivientes fueron mandados cargados de cadenas a Macedonia para trabajar en las labores agrícolas, ya que debido a la movilización masculina en Macedonia, estaban faltos de brazos para la agricultura.

jinete persa
Como hecho anecdótico, Alejandro liberó a los ciudadanos tebanos del contingente mercenario superviviente, (posiblemente a causa de los remordimiento que tenía Alejandro por haber reducido a cenizas a la ciudad griega cuando se reveló contra su autoridad en el 335 a. de C.) no ocurrió lo mismo con los ciudadanos atenienses de los mercenarios, a pesar de una delegación ateniense que se envió para este fin, pasaría un tiempo antes de que Alejandro los liberase,(también aunque tenía soldados atenienses luchando en su bando como aliados, los mercenarios atenienses del bando persa podían ser utilizados en Macedonia como rehenes).
Tras esta batalla Alejandro estuvo reduciendo algunas guarniciones persas estratégicas (algunas con mercenarios griegos) se acercó a la costa y empezó a liberar todas las ciudades costeras, (a la par que eliminaba bases en las cuales la flota persa pudiera reabastecerse).
Esto también produjo que las guarniciones griegas fuera evacuando las ciudades costeras y se concentraran más al sur, en Éfeso por ejemplo, la guarnición griega se retiró íntegra al sur, Mileto más al sur cayó sin que la flota persa de unas 400 naves pudiera hacer nada por evitarlo, aquí nos encontramos con un episodio interesante, tras la toma de la ciudad, 300 mercenarios griegos supervivientes de la toma de la ciudad cruzaron a nado a una isla vecina dispuestos a resistir hasta el final, ya que conocían la masacre de mercenarios griegos perpetrada por Alejandro en la batalla de Granico.
Sin embargo Alejandro por remordimientos o considerando que no era práctico masacrar a estos mercenarios, los cuales le podían rendir un buen servicio, (¡al fin y al cabo eran mercenarios que luchaban por una paga!, como muchos que tenía en su ejército, y esto también le evitaba que intentaran revolverse contra el siempre y cuando la paga fuera satisfecha con puntualidad, y en el ejército macedonio, Alejandro se comportó con suma generosidad con sus soldados, de hecho, nunca un líder fue tan generoso con sus soldados, aunque el botín persa ayudó mucho en ello) los incorporó a su ejército, entre la alegría y alivio de los mercenarios.
La toma de la ciudad de Halicarnaso fue, ¡harina de otro costal!, Memnón de Rodas, tras la batalla de Granico, fue a donde el rey de Persia y logró convencerle de que la culpa en la batalla no había sido suya y de que los sátrapas locales no le habían hecho caso, el rey con buen juicio puso al frente al mercenario del ejército persa en el mando de las operaciones del oeste solo por detrás del propio rey, incluso los sátrapas del lugar tenían que obedecer sus órdenes, aunque el astuto Memnón trató de que lucharan con el estrechamente, casi en posición de igualdad, pero demostrando que el tenía la última palabra.
La ciudad fortificada, ¡ya de por si!, fue preparada por Memnón para resistir de forma formidable, al tiempo que un importante número de soldados persas fue congregándose en la ciudad, entre ellos un buen número de mercenarios griegos, estos formados por los supervivientes de la batalla de Granico y por las guarniciones griegas costeras que se retiraban ante el avance de Alejandro.
El asedio fue duro, pero Alejandro fue venciendo poco a poco la resistencia que Memnón le oponía, en el momento final en que la ciudad estaba a punto de sucumbir, Memnón, ¡echó toda la carne en el asador en una salida masiva y desesperada!, con los soldados persas cubriendo los flancos, los mercenarios griegos (unos 2.000 capitaneados por los atenienses Efialtes y Trasíbulo) en el centro llevando el peso del ataque.
Empezaron estos a hacer retroceder a los macedonios causando la confusión entre ellos, Alejandro desesperado viendo que era imposible reconducir la situación, apeló de forma desesperada a una unidad de veteranos que había luchado al mando de su padre y de él, viejos soldados que por su edad estaban dispensados de luchar en batalla, Alejandro con su proverbial elocuencia los convenció para que la ayudaran en tan peligroso trance, y los veteranos cumplieron con creces su propósito, ya que su intervención fue decisiva para rechazar a los persas y mercenarios y hacerles volver a la ciudad.

formación de falange hoplita
Tras este fracaso y con la caída inminente de la ciudad, Memnón quemó sus arsenales militares y la gran torre de murallas retirándose a las dos ciudadelas fortificadas de la ciudad, Alejandro había gastado un tiempo y dinero precioso en este asedio, y dado el tremendo gasto que suponía su flota, procedió a disolver su costosa flota, ya que sus operaciones iban a ser eminentemente terrestres , esto tuvo un efecto perjudicial para él, (aunque no se advirtiera al principio), ya que dejó a Memnón al mando de la flota persa (también él era almirante) empezó a operar por el Egeo a sus anchas, lo cual aprovechó ampliamente.
Diversas islas que se habían aliado a los macedonios o habían derrocado a los tiranos que las mandaban, estos aliados a los persas, fueron intimidadas por la flota persa a volver a acatar la autoridad persa, a la par que Memnón reclutaba mercenarios griegos en las diversas islas, gracias al enorme dispendio que la había mandado el rey persa y que le facilitó el robustecer la armada persa, comprar conciencias entre los griegos menos afines a la causa macedonia y por supuesto para reclutar mercenarios griegos.
Se rumoreó que Memnón preparaba una acción de desembarco en la región griega de Eubea, en la misma Grecia, y la compra de políticos y aliados suyos para que sembraran el pánico entre la población causó durante un tiempo mucho temor y confusión. Darío III, le ordenó que con el dinero reclutara 8.000 mercenarios griegos a lo que Memnón se puso, ¡manos a la obra!.
No obstante esto era peligroso para Alejandro, ya que incluso Memnón, podía con su flota bloquear la entrada de refuerzos macedonios a su ejército, es este problema duró unos cuantos meses hasta que felizmente para Alejandro, Memnón en el asedio de la ciudad de Mitilene (el resto de ciudades de la isla se habían plegado a sus órdenes) que se negaba a acatar su autoridad, situada está en la isla de Lesbos, murió repentinamente, parece que por causas naturales, su sobrino Farnabazo consiguió que la ciudad se rindiera, continuando él como nuevo comandante de la flota la ofensiva con cierto éxito.
Durante el año siguiente, se desarrollan en el mar Egeo diversas operaciones militares alrededor de las diversas bases persas de la zona. Quíos, Mitilene, Cos, Halicarnarso, Tenedos, Sifnos, Mindos y Andros. Puntos estratégicos del mar Egeo por los que los macedonios lucharán con todas sus fuerzas.
Al principio, las operaciones se desarrollaran favorablemente a los persas, ya que estos disponen de su numerosa flota, pero tras la toma por Alejandro de la ciudad de Tiro, tras un asedio de unos 8 meses, ¡la cosa varía en sumo grado!, la flota persa tenía un número considerable de barcos pertenecientes a Chipre y Fenicia, ambas posesiones de Persia, que, ¡viendo que soplaban nuevos vientos!, decidieron ponerse al servicio de Alejandro con sus respectivas flotas, dejando la escuadra persa en situación de inferioridad, y a la vez, reforzando considerablemente la flota de Macedonia.
La iniciativa la tenían ahora los macedonios, y poco a poco las bases persas fueron cayendo una tras otra, por ejemplo en Quíos, las fuerzas persas capitularon tras un despliegue macedonio abrumador, junto con 3.000 mercenarios griegos y diversas naves persas.
La muerte de Memnón fue un golpe, ¡mortal de necesidad! para el futuro del imperio persa, había muerto el único líder experimentado (eso si, extranjero) de que disponía el rey persa, había otros es cierto, pero nadie de la pericia he inteligencia que Memnón, y por supuesto que pudiera influir decisivamente en el rey y que tuviera su plena y absoluta confianza (algo de lo que no tenían los sátrapas persas).
El rey persa se encontró con que no tenía un líder que dirigiera las operaciones, así que se puso resignadamente al mando ( aunque era valiente, le venía muy grande mandar un gran ejército) de sus fuerzas, reunió un gran ejército de 200.000 hombres para aplastar a Alejandro de una vez por todas, en la preparación de este ejército, además de una magnífica caballería de 25.000 jinetes y su guardia de “inmortales” de 10.000 hombres, reunió todos los mercenarios griegos posibles para en esta gran batalla.
El grueso de los mercenarios del oeste de Persia se congregó bajo sus banderas, incluso la flota persa al mando de Farnabazo tuvo que entregar a todos los mercenarios griegos embarcados en la flota junto con los marinos griegos, la cifra de mercenarios griegos en la batalla se calcula en 30.000 hombres, formados y equipados como hoplitas (infantería pesada).
Previa a la batalla de Isos en el 333 a. de C., ocurrió un hecho anecdótico, y es que uno de los comandantes griegos era el ateniense Caridemo, el cual propuso una alternativa al plan de batalla persa, los serviles (que no muy inteligentes) sátrapas persas defendieron el plan original, ya que no podían dar la razón a un extranjero (como tampoco se la daban a Memnón, aunque eso poco le importaba a el, que contaba con la confianza del rey, pero aquí la cosa si que importó, ya que nunca nadie más en el futuro contó con su absoluta confianza).

primera parte de una escena perteneciente a la batalla del Granico, Alejandro Magno se ve como protagonista
El mercenario griego de manera imprudente despreció a los sátrapas tildándoles poco más que de idiotas, El rey persa no podía admitir semejante insulto a sus nobles, y mandó ejecutar al mercenario, el cual replicó al rey antes de que se lo llevaran, que su fin estaba cercano, quien ya sabía (Alejandro Magno) le vengaría. El recelo entre los comandantes persas y griegos no ayudó en absoluto al desarrollo de la batalla posterior.
Anteriormente a la batalla, Darío III en una maniobra audaz se situó en la retaguardia de Alejandro, sorprendiéndole, incluso tomó la base donde Alejandro tenía sus suministros y soldados enfermos y heridos, los cuales no podían participar en la batalla, mutiló y mató a todos como advertencia de lo que les iba a ocurrir, dejando que los mutilados llegaran a las líneas macedonias para que dieran cuenta de lo ocurrido ( yo habría cogido a esos soldados y les habría mandado al este, a que sirvieran en guarniciones fronterizas pero ,¡claro!, es una opinión personal) hecho que solo sirvió para enfurecer a Alejandro, y, ¡que Dios amparase al que le cabreara!.
La batalla transcurrió en un terreno estrecho, lo cual anuló la sorpresa se situarse a Darío III a retaguardia de Alejandro, el ejército persa maniobró torpemente en una zona más estrecha, mientras que el pequeño ejército de Alejandro de unos 50.000 hombres maniobró cómodamente, en plena batalla y siguiendo el periplo de los mercenarios griegos.
En el cruce del río Pínaro por parte de los macedonios, se produjo una grieta en la línea macedonia, que los mercenarios griegos supieron explotar, penetraron por ella atacando a las temibles “sarisae” por el flanco donde eran más vulnerables, a punto estuvo la falange macedonia de quedar desarticulada, y hasta que la caballería macedonia pudo atacar a los mercenarios griegos por su flanco, los falangistas macedonios estuvieron sometidos a una presión agobiante por los mercenarios.
Darío III en el centro de la línea, vio como la caballería con Alejandro al centro se le acercaba de manera peligrosa, pero este valientemente no se movía, Alejandro se acercó lo bastante como para poder lanzarle una lanza, la cual erró dándole al conductor del carro, ante esto el rey flaqueó, Alejandro estaba a tiro de piedra, los inmortales que le protegían despedazados por los irresistibles jinetes acorazados macedonios, un paso más y corría el riesgo de que le capturaran.
Esto no podía beneficiar a la batalla y a él menos, así que optó por retirarse, esto claro, hizo que los persas que lo veían huir se retirasen también en un momento en que la batalla no estaba absolutamente clara, la retirada persa se convirtió pronto en una desbandada dominada por el pánico, cruzando el río atropelladamente muriendo muchos ahogándose en el río, y la caballería persa atropellando a los infantes, las muertes por la desbandada superaron ampliamente a los del combate.
Posteriormente tras la batalla muchos mercenarios griegos se dispersaron, otros pasaron a las filas de Alejandro, un grupo de 8.000 mercenarios griegos marchó al sur para embarcar a Chipre, otro marchó también al sur y dirigido por un tal Amintas navegó a Egipto, desembarcó y ocupó Pelusium marchando posteriormente al sur hacía la capital Menfis, alegando que era el sustituto del sátrapa de Egipto Sábaces, el cual había muerto en la batalla de Isos.

En esta segunda parte se ve al oficial macedonio que salvó la vida a Alejandro Magno
No obstante la guarnición persa de la ciudad no le creyó y en una salida de estos, derrotaron a los mercenarios griegos los cuales eran muy indisciplinados, los supervivientes marcharon al norte para embarcar y dirigirse a Creta, a ayudar a los espartanos los cuales luchaban contra los macedonios en una lucha por la hegemonía de la ciudad (resaltar aquí que Esparta enemiga acérrima de Macedonia había firmado una alianza militar con Persia contra Macedonia, poco antes de la batalla de Isos, pero el resultado de esta dejó la alianza en la nada.
Con Darío III escapó un contingente de 4.000 mercenarios griegos, los cuales dos años después estaban presentes en la batalla de Gaugamela 331 a. de C., en la batalla Darío III tocó arrebato en todo el imperio, reuniendo un ejército excepcional, 500.000 hombres, ( aunque conviene saber que una gran parte de estos hombres eran milicias de escaso valor militar, posiblemente la intención de Darío III era que su enorme número abrumara a las fuerzas macedonias, y , ¡claro!, su posición era la retaguardia dada su valía) entre los que se encontraba 45.000 jinetes, en esta batalla (no como en Isos).
Aquí hago un pequeño inciso, en todas las grandes batallas podemos encontrar que había un buen número de milicias, ¿Quién componía dichas fuerzas?, podemos decir sin temor a equivocarnos que estas milicias eran hombres reclutados obligatoriamente, con escaso entrenamiento militar y armados ligeramente, quizá estaban destinados a formar bulto en el ejército persa para impresionar al enemigo o en caso de derrotar al enemigo, darle el golpe de gracia( en caso del ejército macedonio, no consiguieron ni lo uno ni lo otro).
En la batalla del Granico podemos ver que sus fuerzas ascendían a más de 60.000 hombres, pero estaban bien a retaguardia, consciente el mando persa de su escasa utilidad. En la batalla de Issos, no tengo referencia a la cifra, pero su actuación como en Granico fue también a retaguardia. En cuanto a la batalla de Gaugamela, a pesar de lo impresionante de los 500.000 hombres, deduzco que también ocurrió más de lo mismo, y posiblemente, su situación bien a retaguardia, hiciese que solo 250.000 hombres (de los más pasables) participasen en la batalla directamente.
Pudo Darío III también contar con la temible caballería bactriana, la sogdiana, 2.000 jinetes mercenarios escitas, junto con diversa caballería de las satrapías del este, de probada calidad y armados muchos de ellos como caballería pesada. El armamento (a nivel general) persa había sido mejorado como ejemplo, la infantería persa había sustituido las jabalinas arrojadizas por lanzas de buena calidad.
En el centro de la línea persa protegiendo al rey estaba la reconstruida guardia de los “inmortales”, y los 4.000 mercenarios griegos supervivientes de la batalla de Isos (fue una lástima para Darío III no poder contar con la gran tropa de mercenarios griegos de Isos, pero no podía reclutar mercenarios griegos porque estos se hallaban al oeste) ¡su mejor infantería!.
A pesar de que la caballería persa puso en aprietos a la macedonia, ya que la superaba ampliamente en número, la batalla fue en ciertos momentos similar a la de Isos, Alejandro hizo como en Isos mandar a la caballería con él al frente para acercarse a Darío III, convencido de que en cuanto se acercase este saldría corriendo, y no se equivocó, también como en la anterior batalla, Darío III intentó no moverse consciente de que todos los ojos persas estaban puestos en él.

1 parte de una lámnina. Batalla del Granico; a la derecha los mercenarios griegos al servicio de los persas, combatiendo con los macedonios que están situados a la izquierda
También era consciente de que si se iba, la batalla se iría al traste, estos dos años de preparar este inmenso ejército no servirían de nada, pero esto no detuvo el avance de Alejandro, el cual se acercaba poco a poco, despedazando a los inmortales y mercenarios griegos que se interponían en su camino, cuando el avance le había dejado cerca del rey, al cual podía ver el blanco de los ojos, vio con impotencia como el rey de Persia se retiraba para evitar ser capturado, para colmo de males se le acercó un correo en el que le decía que su general Parmenión había sido desbardado, y que solicitaba ayuda urgente, Alejandro se resignó en ir en ayuda de su general, ¡ya atraparía a el rey persa en mejor ocasión!, no era momento de poner en peligro la victoria que está en sus manos.
En la posterior retirada del rey persa, los supervivientes mercenarios griegos de la batalla acompañaron a su rey en la larga y penosa retirada que jalonó la huida del rey hacia el este, hacia las satrapías del centro, donde Darío III tenía las ciudades más importantes así como sus depósitos de dinero, Babilonia, Susa ( donde se apropió Alejandro de 40.000 talentos en lingotes de oro y plata junto con 9.000 talentos en daricos de oro), Persépolis (donde se adueño del tesoro persa intacto 120.000 talentos en lingotes y daricos de oro y plata, sin contar con los objetos valiosos no en lingotes y monedas que tenía, como joyas y objetos preciosos), Pasargada (antigua capital del imperio persa creada por su fundador Ciro, ante el cual Alejandro visitó su tamba emocionado, y en la cual tomaron 6.000 talentos) etc…
La retirada continuó hacia el este, peligrosamente porque era una zona en la cual la influencia de Darío III era casi nula, a la par que nunca la había visitado, se dirigió a la capital media de Ecbatana, donde quiso, aprovechando que todavía había fuerzas no movilizadas al este, preparar un nuevo ejército con el dinero y las reservas disponibles, con este ejército daría una última batalla ha Alejandro, sin embargo Alejandro no le dio el tiempo necesario en la formación de un nuevo ejército, este se lanzó desde Persépolis en una campaña que no daría tregua ni descanso al rey pera y desde luego tampoco tiempo para formar un nuevo ejército.
Salió el rey de Ecbatana con 6.000 talentos y 22.000 hombres entre los cuales había 3.300 jinetes bactrianos y mercenarios griegos de infantería, la retirada cuanto más al este posible, más debilitaba la situación de poder entre los sátrapas que acompañaban al rey entre los cuales sobresalía Beso, sátrapa de las regiones de Bactra y Sogdiana, Darío III contaba con el apoyo de los mercenarios griegos y del sátrapa Artabazo, pero era un apoyo que disminuía en la retirada penosa junto a la adversidad militar que ello implicaba, sumándose al reguero de desertores que jalonó la retirada.
Se dice que en momento dado el comandante de los mercenarios griegos habla con el rey persa (el cual hablaba griego) rogándole que su persona estuviera vigilada por los mercenario griegos, ya que se estaba preparando una conspiración contra él, los sátrapas rebeldes, ¡oliéndose la tostada!, no le dejaron solo ni un solo instante, y cuando la situación era más que tensa, dieron, ¡un golpe de timón!, arrestando Beso y sus cómplices al rey, y llevándolo en un carro encadenado, los partidarios del rey en inferioridad (Artabazo, sus hijos y los mercenarios griegos se retiraron a los montes de Elbruz.
Lo que ocurrió posteriormente es sabido, Alejandro les daba alcance y para evitar que este los detuviera (el lento carro era un lastre) a todos, dejaron herido de muerte al rey, el cual no pudo defenderse por hallarse encadenado, cuando lo encontraron los macedonios malherido, dicen que este pidió venganza antes de morir, y Alejandro, que respetaba y deseaba apresar al rey, no para humillarlo, sino para que se convirtiera en un aliado suyo ( y, ¡dada la "labia" de Alejandro seguro que lo habría conseguido!) tomó cuenta de su petición.

2 parte de la lámina. Batalla del Granico; la caballería macedonia empieza a evolucionar detrás de la falange macedonia para atacar por retaguardia a los mercenarios griegos de Persia.
Cuando Beso se autoproclamó pomposamente nuevo rey de Persia con el nombre de Artajerjes V, estaba cavando su propia tumba, ya que Alejandro no le dejaría escapar, como tampoco a los cómplices que tenía Beso, los cuales cayeron uno a uno, incluido el propio Beso para el que Alejandro le tenía preparada una sorpresa acorde con su traición, cortándole la nariz y orejas y su muerte posterior en crucifixión, ambos tormentos en los que contra lo que se podía esperar sufrió este sin queja alguna.
Por lo que resta referente a los mercenarios griegos, solo contar que tras la deserción de los mercenarios griegos tras el traicionero arresto del rey persa, acudieron a Alejandro en busca de que este les contratara, sin embargo, este reclutó a los que eran originarios de la zona costera de influencia griega que estuvo en manos de los persas, que linda con el mar Egeo, mientras que no lo hizo con los griegos que eran originarios del continente de Grecia, dijo que les mantendría a prueba, ya que no se fiaba de ellos, por haber traicionado la causa “Panhelénica” (¡aunque no hizo como en Granico, en que los exterminó a casi a todos!), aunque posteriormente los enroló en sus banderas, eso si, echándoles un rapapolvo por sus actos anteriores.
REFLEXION:
¿Cómo un imperio que había durado más de un siglo se desmoronó tan rápido?, es indudable que en sus comienzos el imperio persa supo nutrirse de una energía inagotable que le daba la expansión militar, amén de que sus conquistadores eran una raza notable, ¿Cómo es que se relajaron luego de una forma tan alarmante?.
Con las conquistas militares suele ir aparejada la riqueza, y todos sabemos que la riqueza casi siempre la disfrutan los ricos, o como en este caso la clase vencedora, pero esto con el tiempo trae aparejada el disfrutar de los lujos, y también lo que es más peligroso, el relajamiento, tanto militar como moral, la comodidad, el lujo y los placares desde luego no hacen al buen soldado, y este es un buen ejemplo, ( a mucho más largo plazo, los romanos también experimentaron este proceso).
Personalmente opino que en las guerras Médicas, concretamente en la invasión de Darío I y Jérjes I sobre Grecia, se apreció un punto flaco en el ejército persa, (quizá no se notó mucho porque su ejército era todavía una fuerza notable, tanto cuantitativamente como de poderío militar), y fue como comenté la infantería, concretamente la infantería pesada, (el resto de las fuerzas armadas persas eran notablemente buenas, si quitamos algunas de las tropas reclutadas obligatoriamente, ¡claro!) aquí con los enfrentamientos con la infantería hoplita griega, Persia acumuló fracaso tras fracaso.
El enfrentamiento directo entre la infantería ligera persa y la pesada griega siempre se saldó con un desastre persa, y un buen ejemplo quizá, puede darse en la batalla de Cunaxa en el 401 a. de C., en vez de potenciar este punto flaco lo que hizo fue ignorarle lo que fue un gran error por parte de los persas que a la larga pagaron caro.
Eran prácticos y sobre todo ¡ricos!, así que para resolver el problema contrataron a mercenarios hoplitas griegos del Peloponeso, ¡ya para sus ejércitos en campaña!, ¡ya para las distintas guarniciones que están apostadas en las costas del mar Egeo, y que fueron punto de unión en las diversas luchas que se desarrollaron allí, entre el ejército persa y las potencias griegas de Atenas y Esparta o entre las satrapías poderosas que se formaron cuando los reyes persas eran débiles.
Pero esto también fue una debilidad, ya que los persas pasaron a depender perpetuamente de los mercenarios griegos, y estos como mercenarios que eran, debían su lealtad al dinero, lo cual era peligroso (¡menos mal para los persas que el único problema que no tenían era el dinero!), y también está el tema de la alta jerarquía persa, ya que como combatientes que eran, veían con mucho recelo la intrusión de estos “griegos traidores” en sus filas, y en los que confiaban muy poco.
Los recelos de persas y griegos en el ejército persa fue una debilidad latente, y que duró hasta el fin del imperio persa, ¡incluso el mejor general persa de Darío III, Memnón de Rodas lo sufrió en sus carnes!, solo el hecho de que el rey persa le pusiera al frente de las operaciones, en el teatro de guerra del oeste al mando de todo el ejército persa, (sátrapas incluidos) hizo que su autoridad tuviera peso (cuando antes la tenía muy limitadamente).
En definitiva, los persas durante todo el siglo IV a. de c., sobrevivieron a base de enfrentar a griegos contra griegos, ahora apoyando a los atenienses, y cuando estos eran más poderosos, apoyando a los espartanos, tenían mucho dinero los persas y podían sobornar a cualquiera, sobornar tanto a políticos como a financiar tropas griegas de este o el otro bando sin problema, así incluso hacían de árbitros en las disputas y en las negociaciones de paz, imponiendo su voluntad sin que los bandos rivales griegos lo apercibieran.
Todo esto duro hasta que Filipo II de Macedonia tomo el poder en su país, y no solo eso, también la hegemonía en el continente griego, enemigo acérrimo de los persas, estos no pudieron comprarle, así que (¡es posible!) que urdieran un plan para asesinarle, lo que no contaron fue que su hijo Alejandro era mucho más formidable que el padre, y para colmo, heredó de su padre una devastadora máquina de guerra que era el ejército macedonio, el cual Filipo II preparó con esmero con vistas en un futuro, ¡ya tomar la hegemonía de Grecia! ( lo cual consiguió), ¿ya para iniciar con sus aliados griegos la invasión de Persia!.
Alejandro culpó de la muerte de su padre a los persas y heredó la empresa de su padre, la cual llevó a cabo dos años después, aquí los persas no pudieron hacer nada, ya que el oro que ellos tenían no podía sobornar a Alejandro, Alejandro quería la sumisión completa del imperio persa, y nadie le apartó de este objetivo hasta sus últimas consecuencias.
El mejor general persa, Memnón, cuya experiencia militar quizá habría puesto las cosas muy difíciles a Alejandro murió al año de iniciarse la guerra, muriendo con él la última posibilidad de salvación de los persas, a partir de entonces Alejandro tuvo que enfrentarse con el rey de Persia, este con la muerte de Memnón, al mando de todas las operaciones militares, y aunque el rey de Persia era valiente (incluso cuando fue sátrapa de Armenia se distinguió en combate) y no era el cobarde y pusilánime que describían los griegos, ciertamente no podía compararse con el agudo ingenio militar que tenía Alejandro y tampoco el ejército persa podía hacer frente al macedonio (aunque en líneas generales el ejercito persa no era tan malo como la propaganda griega decía) con lo que el destino del imperio persa selló su final.

Hypaspista griego
autor:eljoines
Bibliografía
-Wikipedia.
-Satrapa1.
-Hay otras fuentes que consultadas, incluido varios libros de Alejandro Magno, de todas formas, al ser muy viejo este trabajo mío, no recuerdo donde fue, por lo que no tengo más remedio que pedir perdón por ello.
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