Las tropas de asalto alemanas en la 1ª Guerra Mundial
Alemania, la cual formaba parte de los “Imperios Centrales”, (Alemania, Imperio Austro-Húngaro e Italia) entró en guerra en 1914 contra las potencias de la “Entente” (Francia, Gran Bretaña y Rusia) con un plan de batalla establecido al detalle; evitar una guerra de dos frente era vital en su estrategia, ya que una guerra en dos frentes haría que sus tropas tuvieran que dividirse, con lo cual su estrategia de aplastar primero a Francia y luego a Rusia se desmoronaría por completo.
Sin embargo lo que tanto quiso evitar Alemania al final se cumplió; la ofensiva sobre Francia fracasó ante la movilización rápida de Rusia, la cual cogió por sorpresa a Alemania; los rusos al final fueron detenidos, pero al precio de sacar tropas de la ofensiva francesa para ser enviadas al frente ruso.
Con esto, lo que en un principio fue una “guerra de movimientos”, finalmente acabó en una “guerra de trincheras”, en la que las bajas de ambos contendientes se cobró su precio en vidas humanas.
Los ataques de la infantería contra unas posiciones bien fortificadas suponía un calvario para la infantería atacante, ya que tenía que atravesar unos centenares de metros en los cuales, la artillería del bando contrario, el fuego de ametralladora, el fuego de fusil, alambradas de espino Etcétera, hacían que se pagara un tributo terrible en vidas.
Muchas veces estos ataques, efectuados por miles de infantes avanzado codo con codo, hacía que si las ametralladoras enemigas eliminadas, solía conquistarse la trinchera enemiga a un altísimo precio, solo para poder perder la posición al siguiente contraataque enemigo; esto sucedía en un bando u otro, con lo que esto se convirtió en un círculo vicioso de difícil final.
Sin embargo, los alemanes idearon un plan en el cual los costosos ataques a la trinchera enemiga podían dar a su fin; la creación de una serie de formaciones de choque, las cuales rompieran el frente enemigo, era una posible solución a una guerra que en 1917, ya llevaba tres años sangrando a ambos bandos contendientes.
Desde un principio, Alemania vio como la suspensión de la guerra de movimientos y el establecimiento de la guerra de trincheras, era una guerra que tarde o temprano le pasaría factura.
Los miembros de la “Entente”, podían movilizar cientos de miles de combatientes pertenecientes a sus respectivas colonias, para ser llevados a las metrópolis de Gran Bretaña y Francia; mientras, Alemania, sometida al bloqueo de las potencias aliadas, solo podía contar con sus propios recursos, los cuales podían tener fin en cualquier momento.

Soldado de asalto alemán
Los alemanes idearon métodos de infiltración en las trincheras enemigas que implicaran un coste en vidas relativamente escaso, con ese método se podía poner fin al asalto de las trincheras enemigas que tantas bajas causaba no solo a los alemanes, sino también a sus enemigos.
La idea se tomó en la antigua guerra anglo-bóer en Sudáfrica librada en los años 1899-1902; los Bóers además de destacar como francotiradores, eran expertos en la guerra de guerrillas; ataques por sorpresa y emboscadas.
Durante la guerra, los Bóers se agrupaban en escuadras de tres o cuatro hombres para cruzar las líneas británicas, burlando las extensas redes de alambradas y los blocaos que las protegían.
Una vez en territorio enemigo se agrupaban en grupos más numerosos y se dedicaban a atacar las líneas de suministro enemigo, cortando los ferrocarriles e interrumpiendo el telégrafo. Tras sus incursiones escapaban de nuevo en pequeños grupos antes de que llegaran a la zona refuerzos enemigos.
Pese a ser finalmente derrotados por el peso numérico del Imperio Británico, los Boers consiguieron infligir humillantes derrotas al enemigo. Estas espectaculares victorias de los Bóers impactaron en Europa, sobre todo entre los alemanes, “simpatizantes” de los Bóers, los cuales tomaron buena nota de las tácticas empleadas por estos para burlar los sistemas defensivos británicos y sobre los efectos de las incursiones Bóers de largo recorrido en la retaguardia enemiga.
El 2 de marzo de 1915 por orden del Ministerio de la Guerra fue creado dentro del 8º Cuerpo de Ejército Alemán el Sturmabteilung Calsow, o Destacamento de Asalto Calsow, una unidad al mando del mayor Eugene Calsow y que estaba compuesta por dos compañías de “pioneros” (ingenieros zapadores) y una sección de cañones de asalto Krupp de 37 mm.
El objetivo de la unidad era abrirse paso por la tierra de nadie con sus cañones de asalto, para, una vez cerca de las trincheras enemigas, abrir fuego directo de cobertura sobre los bunkers y nidos de ametralladoras enemigos, facilitando así el asalto de la infantería alemana.
Sin embargo, la unidad fue utilizada por el mando divisional de forma convencional, siendo encargada de defender con sus cañones una línea de trincheras en Francia. Ésta misión era totalmente contraria a los principios de asalto de trincheras para los que la unidad había sido creada, lo cual ocasionó que para Junio de ese mismo año la unidad hubiera sufrido la pérdida de la mitad de sus efectivos de una forma totalmente inútil. El fracaso de la unidad generó que el mayor Calsow fuera relevado del mando, pese a sus protestas (en mi opinión totalmente justificadas) de que la unidad no había sido empleada correctamente.

1- granadas
2- bolsa para granadas
3- laya (muy efectivo a brazo partido)
4- granada con hornillo especial
5- instrumentos contra alambrada
6- metralleta
7- puñal
8- pantalón especial con rodillera
9- casco con camuflaje
10- "Sturmgepaeck" – equipaje especial
11- máscara antigás
Tras este primer fracaso la unidad será totalmente reorganizada el 8 de septiembre de 1915 tras la llegada al mando de su nuevo comandante, el experimentando capitán Willy Rohr, quien ya en 1914 había ensayado tácticas de asalto a nivel pelotón.
El nuevo Sturmabteilung Rohr o Destacamento de Asalto Rohr estará conformado por las antiguas dos compañías de ingenieros y la sección de cañones de 37 mm más un nuevo pelotón de ametralladoras con 6 maquinas, una sección de lanzallamas y una escuadra dotada con 4 pequeños morteros.
Los viejos cañones de 37 mm no habían resultado ser muy útiles así que Rohr los reemplazó por cañones rusos capturados de 76mm. Así mismo Rohr desechó las corazas y escudos que usaban sus hombres para protegerse en su avance al descubierto, dejando únicamente como dotación el nuevo casco de acero introducido.
Los métodos ofensivos de estas unidades de asalto, se reglamentó del siguiente modo:
1. Un bombardeo ligero de artillería, usando cargas pesadas combinadas con numerosos proyectiles de gas venenoso que se concentrarían en neutralizar las líneas frontales enemigas, pero no destruirlas.
2. Bajo la descarga, tropas de asalto alemanas (las Sturmtruppen) se moverían adelante y se infiltrarían en las defensas aliadas, a través de puntos débiles previamente identificados. Evitarían el combate siempre que sea posible y se concentrarían en destruir o capturar cuarteles generales enemigos y puntos de artillería.
3. Luego de que las tropas de asalto hayan hecho su trabajo, las unidades del ejército Alemán, equipadas con ametralladoras pesadas, morteros y lanzallamas, harían ataques sostenidos a lo largo de amplios frentes contra cualquier punto aliado que las tropas de asalto no vaciaron. Cuando la artillería estaba en lugar, los oficiales podían dirigir el fuego donde fuera necesario para acelerar el avance.
4. En la última parte del asalto, la infantería regular destruiría cualquier resistencia Aliada restante. Las tropas de asalto utilizaban sub-ametralladoras en sus misiones.
También era importante para Rohr que las unidades fueran a nivel de pelotón (8/10 hombres) fuesen capaces de “romper” un punto del frente por el cual pudiese avanzar el resto de ataque alemán.
Estos pelotones debían aprovechar el factor sorpresa que les proporcionaba su pequeño número y limpiar las trincheras a base de granadas de mano; individualmente Rohr quería que estos hombres tuvieran inteligencia, iniciativa y que en caso de faltar algún mando, pudieran ellos seguir por si mismos con la misión establecida sin pedir nuevas órdenes.

Oskar von Hutier
El 12 de octubre de 1915 el capitán Rohr probaría la validez de sus nuevas tácticas en un asalto contra posiciones enemigas en la zona de los Vosgos que él mismo comandaría.
Mientras los morteros abrían fuego contra las ametralladoras y artillería enemiga la escuadra de lanzallamas avanzó hasta colocarse a distancia suficiente para usar sus terribles armas contra el enemigo y cubrir el avance del resto de soldados armados con granadas de mano, los cuales limpiaron las trincheras enemigas.
Esta demostración práctica fue tan exitosa que a mediados de diciembre de 1915 la mitad de las tropas de Rohr fueron destinadas a labores de entrenamiento para enseñar a otros soldados sus tácticas en breves cursos y permitir así el surgimiento de nuevas compañías de asalto.
Más que una unidad de élite, se puede decir que el Sturmbataillon Rohr se convirtió en una unidad de instrucción, con un alto nivel de rotación en sus tropas. El 23 de octubre de 1916 el general Ludendorff ordenó a todos los ejércitos alemanes en el oeste que formaran un batallón de tropas de asalto. Para diciembre de 1916 el 1º, 2º y 5º ejércitos alemanes habían formado cada uno un batallón de asalto, y los restantes catorce ejércitos formaron uno a lo largo de ese mes.
En esa misma época Rohr modificó el armamento y equipo de sus hombres en base a la experiencia ganada en el campo de batalla. Rohr sustituyó las pesadas botas de infantería de los hombres por calzado más ligero de caña corta, además los uniformes fueron reforzados con parches metálicos en las rodillas y los codos para facilitar a los hombres el arrastrarse bajo las alambradas.
Con respecto al nuevo equipamiento de las Sturmtruppen, destacaríamos el famoso casco de acero (Stahlhelm) M1916 que apareció a principios de 1916, y que se ha convertido en el distintivo de las tropas alemanas durante las dos guerras mundiales.
Rohr introdujo en el equipamiento unas grandes bolsas de lona diseñadas específicamente para poder transportar gran número de granadas. El largo e incomodo fusil máuser 98 fue reemplazado por una carabina de caballería y a los portadores de lanzallamas se les doto de pistolas para su protección personal.
Además de esto los hombres llevaban cuchillos de trinchera y palas afiladas que usaban como hachas en el combate cuerpo a cuerpo. Posteriormente en 1918 las compañías de asalto contaran con el eficaz subfusil Bergman MP18 de 9mm, lo cual aumentara enormemente la potencia de fuego de estas tropas.
Sin embargo el arma más importante de los Sturmtruppen era el lanzallamas, denominado en alemán “Flammenwerfer” y creado por Richard Fielder. Éste arma era capaz de lanzar a presión un chorro de combustible ardiendo a una distancia de 20 metros.

Tropas de asalto alemanas en acción
El lanzallamas permitía desde una distancia razonable quemar vivos a los soldados enemigos aunque estos estuvieran protegidos en el interior de una trinchera o refugio. El lanzallamas llegaba allí donde no podía llegar el proyectil, causando verdadero terror en el enemigo.
Todo esto hacia que el efecto de éste arma sobre la moral del enemigo fuera enorme y para Rohr era el arma ideal para limpiar trincheras ya que desconcertaba y paralizaba a un enemigo que casi siempre superaba en número a sus hombres.
El 1 de enero de 1916 el destacamento al completo de Rohr participó en una nueva ofensiva en los Vosgos. Los Sturmtruppen obtuvieron la victoria y abrieron paso a dos regimientos de infantería a través de las líneas enemigas.
El 22 de febrero de 1916 la unidad, junto con las nuevas compañías de asalto recientemente creadas participará en la épica batalla de Verdún. Para lograr abrirse paso por las intrincadas defensas que los franceses tenían en Verdún, los alemanes asignaron una compañía de asalto a cada una de las 9 divisiones del 5º Ejército, encargado de encabezar el ataque.
Tras feroces bombardeos de artillería los Sturmtruppen consiguieron abrirse paso por las fortificaciones enemigas en los primeros días de la batalla, llegando la patrulla del sargento Kunze a capturar el fuerte de Douaumont, considerado inexpugnable, pero con una dotación mínima de hombres en la época.
Los Sturmtruppen habían cumplido su objetivo, habían capturado las posiciones enemigas, pero el problema para los alemanes fue que el resto de la infantería no estaba a la altura de las tropas de asalto y los furiosos ataques y contraataques hicieron que la batalla quedara en un punto muerto que había generado terribles pérdidas humanas en ambos bandos.
Los éxitos de Rohr durante esta dura batalla generaron que el 1 de abril de 1916 su unidad fuera reforzada con dos compañías de infantería, convirtiéndose en el Sturmbataillon Rohr o Batallón de Asalto Rohr.
Pero pese a los esfuerzos de las tropas de asalto y las tácticas de Rohr hacía falta algo más que conquistar trincheras para ganar la guerra y evitar masacres inútiles como las de Verdún y el Somme. Curiosamente, la respuesta a las carencias estratégicas de los alemanes para sacar provecho a los éxitos tácticos de los Sturmtruppen no vendrían del Frente Occidental, sino del Frente Oriental y de la mano de uno los mejores oficiales jóvenes, Oskar von Hutier.

Tropas de asalto alemanas posando para una foto
Estas tácticas innovadoras, entonces pasaron a usarse en el Frente Oriental. En Febrero de 1917 ya se había ordenado la creación de quince batallones de asalto que estarían a las órdenes del general Oskar von Hutier (sobrino del general Ludendorff) y a finales de Agosto de ese mismo año fueron transferidas a las puertas de la ciudad báltica de Riga, una posición clave a poco más de 320 km. al sur de Petrogrado.
Von Hutier empezó a hacer una aplicación práctica de las lecciones que había aprendido a lo largo de los tres años de guerra, mediante su estudio y análisis de las tácticas utilizadas por los ejércitos contendientes.
Concibió de este modo una nueva estrategia, con la que pretendía que los ejércitos alemanes lograsen por fin una ruptura del frente del Ejército francés y la explotación de dicha ruptura mediante la penetración en la retaguardia enemiga, evitando así la guerra de trincheras que tenía estabilizado el Frente Occidental casi desde principios de la guerra. Esta nueva táctica finalmente lograría el éxito en su aplicación en 1917 y 1918.
Von Hutier había convencido al Estado Mayor para que destinase gran presupuesto a la formación de estas unidades y había analizado las acciones de otros cuerpos similares en los ejércitos franceses, británicos y rusos.
Entrenó a sus hombres en el uso de las nuevas armas (ametralladoras ligeras, lanzallamas etc...), los aprendió a avanzar desplegados en pelotones, a deslizarse en el interior de las trincheras del enemigo, etc..; además se dio cuenta que las barreras artilleras de miles obuses dejaban el terreno de tal modo que era muy difícil de avanzar por él, por lo que se fijó en las técnicas artilleras del general Goerg Bruchmüller.
Este viejo general ya se encontraba retirado cuando estalló el conflicto, pero aun así respondió a la llamada de su patria. Se dio cuenta que si bien era cierto que las profundas barreras artilleras demolían la mayor parte de las posiciones enemigas, carecían de continuación en el posterior avance de las tropas por la tierra de nadie.
Además las barreras eran señales de un inminente ataque por lo que el enemigo había aprendido a retirar y/o esconder mejor a sus unidades y sacarlas a posteriori para frenar el ataque de los infantes.
Por eso Bruchmüller innovó en el uso de la artillería y empezó a usarla a menor escala y en el momento del avance de las tropas, de esta manera se obligaba al enemigo a guarnecerse en sus puestos y no les permitía disparar sobre los hombres que avanzaban sobre ellos, además no se deformaba de tal manera el terreno que se hacía del avance una tarea complicada.

Goerg Bruchmüller
También perfeccionó el uso de humo de cobertura y gases tóxicos, que aumentaba la confusión de los defensores. En realidad ninguna de estas técnicas por separado eran unas novedades, pero su uso combinado supuso un gran avance en la guerra.
Pero retomando la historia el 1 de Septiembre de 1917 el VIII Ejército de Hutier avanzó sobre la ciudad de Riga al amparo de más de 20.000 proyectiles de gas. Las tropas rusas de la ciudad estaban muy desmoralizadas y la visión del gas fue ya demasiado para ellos, por lo que un gran número de soldados huyó de sus puestos.
Se cruzó el río Dvina en pequeños botes y se tomó la orilla contraria empezándose de manera inmediata a tenderse un puente que permitiese el paso al resto de ejército. Mientras la artillería continuaba cubriendo con una barrera móvil el avance de las tropas de asalto.
Durante los días siguientes divisiones de infantería atravesarían el río y se harían con la ciudad el 5 de Septiembre. El VIII Ejército había tenido 4.200 bajas y se habían infringido más de 25.000 a los rusos. Riga fue el gran bautismo de fuego de las tropas de asalto y un inmenso éxito, tras dos años de infructuoso asedio a la ciudad.
Fueron transferidas de nuevo al Frente Occidental y cuatro Divisiones serían llevadas al Frente Italiano donde poco después repetirían éxito en Caporetto, aquí el 24 de octubre de 1917 en el norte de Italia, las fuerzas alemanas (aquí Hutier y sus unidades no intervinieron, fueron otras tropas de asalto de porte similar) hicieron amplio uso de lanzallamas y granadas de mano como parte de sus tácticas de infiltración.
Fueron capaces de practicar grietas en la línea italiana, sobre todo en las plazas fuertes de Italia en Monte Matajur y el Range Kolovrat. Al final de la primera noche, debajo de los hombres de von Below, habían avanzado 25 kilómetros.
Las técnicas preveían concentrar pequeños grupos de soldados que rompieran la línea del frente enemigo en una distancia máxima de uno o dos kilómetros, pero usualmente en este tipo de ofensivas, se desarrollaban en unos treinta kilómetros de profundidad, como es casi este acto, en el que se llegó a penetrar hasta 25 Km.
Rommel (el futuro “Zorro del desierto” que luchó contra los ingleses en el Norte de África) realizó diversas acciones en el frente Occidental en los dos primeros años de la guerra.
¡No obstante!, fue militando con el batallón de montaña “Württemberg”, el cual estuvo adscrito en el cuerpo de élite de montaña llamado “Alpenkorps”, (especializados en la lucha en terreno montañoso) donde Rommel utilizando tácticas de infiltración a escala de compañía y si lo requería el caso con unidades menores, emuló las técnicas similares a las de Hutier, pero realizadas con criterio propio.

Soldado de asalto alemán
Aquí expongo algunas de sus acciones a lo largo de la guerra por el joven oficial Rommel:
FRENTE FRANCES PRIMERAS ACCIONES:
Su primera acción de guerra fue en la frontera franco-belga:
-El día 22 de agosto de 1914 su sección ocupa su posición en el frente. Rommel, después de casi 24 horas a caballo actuando como oficial de enlace, sale de exploración acompañado por dos soldados y un suboficial.
Localiza a un grupo de entre quince y veinte soldados franceses acampados a cierta distancia de sus propias posiciones. Decide aprovechar la sorpresa y abre fuego contra ellos junto a sus tres acompañantes. Se retira en cuanto empiezan a recibir disparos de vuelta, dejando muertos o heridos a unos diez franceses, sin bajas propias.
-El 24 de septiembre, mientras actúa como enlace en solitario, se da de bruces con una patrulla francesa de cinco soldados. Abre fuego contra ellos, sin dudarlo, y abate a dos antes de que se le acabe la munición.
En lugar de pararse a recargar, carga a la bayoneta contra los tres restantes, poniéndolos en fuga, aunque sufriendo una herida de bala en el muslo. Por esta acción recibió la Cruz de Hierro de segunda clase, y más tarde escribiría en sus memorias una célebre frase: «En combate cercano, la victoria es del que tiene una bala más en el cargador».
-El 29 de enero de 1915 se infiltra de madrugada con toda su sección tras las líneas francesas, aprovechando un tramo desenfilado de alambrada que ha descubierto en una de sus salidas de exploración.
Consigue capturar cuatro casamatas francesas en un asalto por sorpresa, y procede luego a defenderlas durante todo el día contra los continuos intentos de contraataque por parte de un batallón francés. Pierde una de las casamatas, pero la recupera en una nueva carga a la bayoneta por sorpresa.
Al final del día, cuando se hace evidente que ninguna otra unidad de su batallón está aprovechando la brecha abierta, ordena la retirada. Toda la operación le costó tan sólo doce bajas entre muertos y heridos.
A raíz de ello, recibió una severa reprimenda de su oficial en jefe por tomar iniciativas temerarias en el campo de batalla, y fue más tarde premiado con la Cruz de Hierro de primera clase. En consecuencia en el 15 de octubre 1915 consigue ascender a teniente primero.

Tropas de asalto alemanas en acción
-Campaña rumana:
Rommel con la entrada de Rumania en l guerra es mandado parte del Alpenkorps. El ejército rumano intentó casi siempre una defensa estática, ubicando posiciones fortificadas en lo alto de cimas abruptas, o cerrando pasos de montaña.
La respuesta más empleada por Rommel consistía en infiltrarse tras las líneas rumanas con sus fuerzas, aprovechando repechos y desenfiladas, y tendiendo una línea telefónica de campaña tras de sí. Si conseguía pasar inadvertido, lanzaba un ataque por sorpresa al amanecer, a veces coordinado con fuego de cañón o de ametralladora.
Una vez tras las líneas, nunca dudaba en atacar, sin importarle la inferioridad numérica: afirmaba que la sorpresa y el efecto psicológico de encontrar al enemigo en zonas consideradas seguras requería de las tropas una gran moral y calidad para reponerse y plantar cara de forma efectiva, calidad que no creía existiera en el caso de los rumanos. Lo que resulto en una de sus más grandes victorias en las posiciones rumanas extenuando a sus tropas y descomponiendo a sus ejércitos cansados y desmotivados por su táctica.
Campaña italiana:
Su batallón fue asignado como unidad de reserva para apoyar una penetración realizada por dos batallones bávaros. Sin embargo, el asalto pronto quedó atascado frente a las líneas italianas.
Rommel con dos compañías, se infiltró tras las líneas cruzando el Isonzo y tomó a la bayoneta las posiciones de una batería italiana. En los combates subsiguientes, Rommel mandó aviso a su comandante de batallón, Sprösser, junto con más de mil prisioneros italianos, alertando de que había conseguido romper las líneas.
Al recibir la noticia, su comandante le envió cuatro compañías más con la orden de sostener la brecha. Rommel, con seis compañías bajo su mando, prosiguió su infiltración en territorio italiano, emboscando en la carretera hacia el Monte Matajur una columna de refresco.
Sorprendidos totalmente, los italianos no ofrecieron apenas resistencia, siendo capturados unos 2.000 hombres y 50 oficiales de la 4ª brigada de Bersaglieri, con todo su armamento e impedimenta. Bandera blanca
Gratamente sorprendido por la falta de combatividad italiana al ser pillados desprevenidos, Rommel decidió proseguir el avance con algo menos de una compañía, a marchas forzadas durante el resto del día y de la noche.
El día 29, localizó un enorme campamento de la brigada Salerno. Junto con dos oficiales y algunos soldados, se plantó en el centro del campamento informando a los italianos de que estaban totalmente rodeados y tenían 15 minutos para rendirse. Sorprendidos y atónitos, los oficiales italianos no se dieron cuenta del engaño y se rindieron, aumentando la lista de prisioneros en 1.500 hombres y otra cincuentena de oficiales.

Erwin Rommel
Cuando Rommel finalmente escaló el monte Matajur y lanzó las bengalas acordadas para señalar su avance con éxito, llevaba junto con sus exhaustas tropas unos 150 oficiales, 9.000 hombres y 81 cañones de distinto calibre italianos capturados, sin apenas bajas propias.
Cinco regimientos italianos al completo fueron borrados del orden de batalla por una fuerza que nunca llegó a sumar más de seis compañías. Este tremendo éxito le supuso la concesión de la más alta condecoración prusiana, la codiciada “Pour le Mérite”, y el ascenso a capitán.
Asombrado en extremo por la baja moral de los italianos, empezó una furiosa persecución de las fuerzas puestas en fuga. Cruzó las heladas aguas del Piave apenas unos días después junto con seis hombres, en plena noche, y con esas ridículas fuerzas atacó Longarone, obligando a rendirse a la numerosa guarnición.
Una vez hubo cruzado el resto de su grupo táctico, consiguió nuevos éxitos en la zona de Longarone, repeliendo un último y desesperado ataque nocturno por parte de los italianos el 9 de noviembre de 1917, día en el que estuvo a punto de ser arrollado y hecho prisionero.
La noche del 1 de enero de 1918, el batallón "Württemberg" (donde Rommel militaba) ya había sido enviado a retaguardia, pero un destacamento del mismo al mando de Rommel, todavía seguía en el frente; mantuvieron los alemanes sus posiciones de Pallone y Monte Tomba, rechazando los ataque italianos, (los cuales no estuvieron exentos de una dura lucha cuerpo a cuerpo) muy superiores estos en número y armamento.
Esa misma noche el destacamento de Rommel fue retirado del frente; una semana más tarde Rommel recibe un permiso tras el cual, es asignado a unos cuarteles generales superiores como oficial asistente del estado mayor, ¡Ya nunca más regresaría al frente!, cosa harto dolorosa para él, aunque siguió vivamente los periplos en la guerra de "su" batallón en lo que quedó de guerra.
Las tácticas de Von Hutier demostraron su valía, al punto de recibir la “Medalla al Mérito” de manos del propio Káiser Guillermo II de Alemania, siendo transferido en 1918 al Frente Occidental, donde en marzo de ese mismo año, von Hutier hizo uso una vez más de sus novedosas técnicas de infiltración durante la Segunda Batalla del Marne, golpeando las líneas de los Aliados en el punto de enlace entre las tropas inglesas y francesas, efectuando sus hombres una penetración de unas 40 millas a lo largo del río Somme, en dirección hacia la ciudad francesa de Amiens.
En esta operación los alemanes hicieron prisioneros a 50.000 soldados aliados, y a raíz de la victoria von Hutier recibió las hojas de roble para añadir a su Medalla al Mérito.
El gran triunfo de las “sturmtruppen” residió en que por primera vez se proporcionó a pequeñas unidades (que oscilaban entre los diez y los cien hombres) una capacidad de autonomía que les permitía infligir daños entre las filas enemigas con audaces golpes de mano.

Tropas de asalto alemanas posando para una foto
En el momento de la ofensiva, las tropas de choque alemanas, conocidas sturmtruppen, aprovechando el desconcierto provocado y amparándose en cortinas de humo avanzaría apoyado por fuego de cobertura de las ametralladoras hacia las líneas enemigas.
Allí tendrían que neutralizar ciertas posiciones claves, que permitiesen un posterior avance de los regimientos de infantería, pero sin llegar a entablar un combate “cerrado” con el enemigo que le retardase demasiado.
Los puntos clave del enemigo serían sus baterías y sus cuarteles generales, situados normalmente a la retaguardia de las líneas por lo que su misión sería rebasar al enemigo formando bolsas que luego serían aplastadas.
Esta técnica de “fuerza, movimiento y choque” que hoy en día parece normal en cualquier ejército moderno, supuso un notable salto táctico en la Primera Guerra Mundial; Hutier había ideado una forma de ataque que evitaba que decenas de miles de hombres se lanzaran en carreras mortales contra muros de espinos y ametralladoras que se llevaban cientos de vidas en minutos.
De una manera amplia y continuada las tropas alemanas podían acabar con el enemigo a costa de, relativamente como todo en esta guerra, pocas bajas. Ni que decir tiene que sin la preparación, el sacrificio y el valor de las tropas de choque alemanas toda esta técnica se vendría al traste…
Curiosamente fueron los franceses, que en 1918 tuvieron que “probar” en el frente occidental estas técnicas, los que bautizaron a estas tácticas como” Las Tácticas Hutier”, aunque pasarían a ser más conocidas como “técnicas de infiltración”.
Las tácticas en el frente Occidental se desarrollaron del siguiente modo:
El objetivo de Ludendorff era realizar un ataque en el centro del frente, con el objetivo de separar entre sí a los ejércitos francés y británicos.
Una vez separados, Ludendorff pretendía girar hacia el norte para envolver al ejército británico y capturar los puertos de Calais y Dunkerque, privando así de provisiones agrícolas francesas a los ciudadanos británicos, que sufrían terriblemente el asedio económico provocado por la guerra submarina de Alemania.
Sin abastecimientos los británicos no podrían continuar la guerra y los alemanes podrían descargar todo su poder contra Francia antes de que llegaran los tan ansiados refuerzos estadounidenses, los cuales eran el mayor peligro para la agotada Alemania.
Ludendorff sabía que la última posibilidad de ganar la Guerra era derrotar rápidamente a los franceses e ingleses, por ello decidió usar las tácticas de su primo, Oskar von Hutier, al cual puso bajo su mando, en una serie de ofensivas que lanzaría en 1918.

Joven soldado de asalto alemán en el frente occidental, 1916
El 21 de marzo de 1918, Ludendorff inició la Operación Michel, La estrategia de Ludendorff sería lanzar una ofensiva masiva contra los británicos, con la intención de separarlos de los franceses y empujarlos hacia los puertos del Canal.
La ofensiva se inicio con un bombardeo nunca antes visto, 6.000 cañones de diversos calibres lanzaron un ataque combinado de explosivos, metralla y gas letal sobre las líneas aliadas.
Tras el bombardeo los Sturmtruppen rompieron el frente y se infiltraron tras las líneas enemigas abriendo paso para el resto del ejercito. En el primer día de la ofensiva los alemanes obtuvieron todo un record, al avanzar 22 kilómetros, una distancia enorme, teniendo en cuenta los avances en metros de los años anteriores.
Durante las primeras semanas de combate, los aliados sufrieron muchas bajas, pero la tenaz resistencia británica y la rápida afluencia de refuerzos retrasaron y finalmente detuvieron la ofensiva alemana el 4 de abril.
Los objetivos estratégicos de la ofensiva no se habían cumplido, los ejércitos británico y francés seguían en contacto y los puertos del canal aún estaban lejos, pero a nivel táctico la ofensiva alemana había sido todo un éxito que demostró la validez de las tácticas de Oskar von Hutier.
El 9 de abril los alemanes se lanzaron de nuevo a la ofensiva sobre la zona de Ypres, buscando de nuevo separar los ejércitos aliados y tomar los puertos del canal. En tan solo dos horas los Sturmtruppen abrieron en el frente británico una brecha de 15 km de ancho por la que avanzó el grueso del ejército alemán.
Esta vez el avance fue tan rápido que los británicos no tuvieron tiempo de traer refuerzos a la zona. Parecía que los alemanes finalmente estaban a punto de lograr sus objetivos, pero el 12 de abril fueron detenidos a las puertas de Amiens por la heroica resistencia de la infantería británica.
Tras costosos e infructuosos asaltos, la ofensiva alemana concluyó el 29 de abril. Los británicos habían sufrido unas 350.000 bajas, pero habían causado al enemigo un número similar de perdidas, sobre todo por el empecinamiento de Ludendorff de seguir ordenando el asalto a las trincheras enemigas cuando ya no había posibilidades de éxito.
Lejos de desistir en su objetivo y viendo como aumentaba el deterioro de la situación interna en Alemania por falta de alimentos, Ludendorff lanzó una nueva ofensiva el 9 de junio, esta vez contra los franceses, (en vista de que la tenacidad defensiva británica frustró sus anteriores ataques), conquistando rápidamente la ciudad de Soissons y avanzando sobre Reims, pero la resistencia de la ciudad detuvo la nueva ofensiva alemana.

Wilhelm Ludendorff
Tras diez días de intensos e infructuosos combates en Reims, la ofensiva de Ludendorff finalizó. Los alemanes habían llegado a 90 kilómetros de Paris, pero la falta de calidad de las tropas de reserva y el agotamiento de los Sturmtruppen impidió que lograra una victoria decisiva.
Las Tácticas Hutier aparecieron publicadas en 1918 en Der Angriff im Stellungskrieg (“Ataque en la guerra estática”) donde se exponía la idea de que era la infantería quien debía de disponer el paso de marcha y se subraya la importancia de la sorpresa y el uso de la barrera progresiva de fuego.
Oskar von Hutier sería condecorado por el propio Kaiser con la Medalla al Mérito por sus logros en la guerra y finalizado el conflicto sería aclamado como un héroe a su vuelta a Alemania. Seguiría los pasos de Ludendorff y fomentaría la idea de “la puñalada por la espalada”. Moriría en 1934.
Pero los aliados no eran tontos, hasta el mes de junio estas tácticas tuvieron éxito, pero a partir de julio, los aliados idearon una serie de contramedidas para frenar las infiltraciones alemanas, las cuales consistían en diseñar y construir un complejo sistema de fortificaciones y ramales en la segunda línea del frente y que evitaba que las tropas alemanas rebasasen las mismas.
El sistema defensivo aliado de trincheras había cambiado tras las primeras ofensivas alemanas, apareciendo la denominada “Defensa en Profundidad”. Ahora las trincheras de primera línea contaban con un número menor de tropas, para evitar así el desgaste que producía la artillería enemiga.
Ahora la mayoría de tropas se situaban a retaguardia, dispuestas para reforzar el frente en el momento del ataque. Además, se habían duplicado los campos de minas y el número de posiciones de ametralladoras camufladas. Todo eso hacía muy difícil el avance de las tropas de asalto, pero aun así éstas sorprendieron al mundo por sus rápidos avances y continuos éxitos.
El problema para el ejército alemán era que el resto de unidades de infantería de línea no podían seguir el ritmo de los Sturmtruppen, eran unidades de reclutas jóvenes, con poca experiencia y baja moral por la escasez de alimentos.
Su deficiente entrenamiento, fruto de su apresurada llegada al frente, hacia que sufrieran numerosas bajas haciendo muy costosa la ofensiva de Ludendorff, pero éste, lejos de desanimarse y sabedor de que la llegada masiva de soldados norteamericanos y el agotamiento económico impedirían la victoria de Alemania en la guerra, decidió lanzar inmediatamente un nuevo ataque.

Equipamiento de un soldado de asalto
No obstante los alemanes no se desanimaron a pesar de estar todo perdido, para la segunda batalla del Marne ocurrida entre el 15 de julio y el 2 de agosto, las tropas de asalto alemanas fracasaron en su empeño, ya que no solo los aliados habían aplicado contramedidas antes las técnicas de infiltración alemanas, sino que ya para entonces, estas tropas habían dado de sí todo lo que podían rendir.
¡Efectivamente!, aunque para estas ofensivas se realizaban con un número de tropas reducida, la ofensiva alemana de marzo en el frente Occidental, requirió la utilización de un elevado número de estas secciones de asalto; se calcula que su número en esta ofensiva se cifró en unos 10.000 hombres.
Pero la utilización de estas tropas en ofensivas peligrosas y consecutivas, se cobró un precio terrible entre las tropas; ¡pero aún!, la sustitución de las bajas eran apenas parcheadas malamente, ya que eran tropas cualificadas que no podían ser sustituidas por un recluta normal.
Por lo tanto, los descansos y relevos en estas tropas de choque se realizaron con cuenta gotas, por lo que a las altas bajas, se unión una fatiga y tensión soportada por estas tropas altísima, con lo cual también repercutió en su rendimiento en combate en época ya tardía como el mes de julio.
Al finalizar la guerra muchos de estos hombres temerosos de perder la fama y el respeto que sus acciones en el frente les había otorgado, no dudaron en pasar a engrosar las filas de los “freikorps” (unidades paramilitares que no lograron encontrar arraigo en la vida civil tras la guerra) de la Alemania de la posguerra, pero esta es otra historia que no viene al caso.
La creación de estas unidades quizá puedes ser los precursores de las famosas unidades del tipo “comando”, unidades que se infiltraban tras las líneas del enemigo para realizar golpes de mando contra las infraestructuras o los altos mandos del enemigo; aunque aquí esta táctica se desarrolló solo exclusivamente era para romper la guerra de trincheras y no para desarrollarse en otros escenarios bélicos.
Las tropas de asalto alemanas no tuvieron ese tipo de actuación, ya que su actuación estaba en sus inicios y no se desarrolló más que con el tiempo; pero como unidades apenas creadas con poco tiempo, tuvieron un desarrollo y actuación destacables, las tácticas de infiltración en la retaguardia enemiga tuvieron mucho éxito, algo que con la guerra de trincheras, la verdad es que no parecía visos de poder realizarse.
Pero se hizo, ¡y con éxito!, quizá de haber podido disponer de más unidades los alemanes hubieran podido tener más éxitos, pero se creía que con las disponibles se podía garantizas la victoria, ¡no fue así!, y el desgaste se pagó caro.
No obstante lo importante fue su creación y relativo éxito, y esto fue importante en el desarrollo posterior de las tácticas de guerra y los conflictos presentes y futuros.

Tropas de asalto en acción
Autor:Eljoines
Bibliografía:
- Eljoines's blog
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No he estudiado efe1 si las unidades aliadas disponían de tales tropas; entre los aliados, los australianos y canadienses funcionaron excelentemente como tropas de asalto, ¡de hecho!, fueron utilizadas profusamente en este tipo de asaltos, pero creo que no lo hicieron, al menos como los alemanes, en unidades especiales establecidas.
Sobre los "Ardati" que mencioneas, posiblemente fueron una de las pocas unidades aliadas establecidas en tácticas de infiltración al estilo alemán.
saludos
Excelente, Me gusto mucho el trabajo!!!!! Sin duda una de las mejores infanteria de la gran guerra!!!
Un saludo!

Me ha gustado mucho tu trabajo sobre las tropas de asalto Alemanas, si se visita el museo de la Guerra de Capporetto, se pueden ver algunas de las armas de estos grupos de Asalto, que difieren un poco de las oficiales , por ejemplo la pala de combate se parece mas a una pala plegable de las utilizadas en la segunda Guerra Mundial , hay también mazas de batalla, muy parecidas a las mazas de caballería medieval, etc
Respecto a Rommel, tus datos de que el 13 de Diciembre del 17 pasa a sear Ayudante de campo del estado mayo del General Komando 64, no creo que sea correcta, despues de la 12 Battalla del Isonzo, su Batallón el Wütenberggibche Gebirrgs Bataillon (WGB) escribe en sus memorias (infanterie greift an) sobre su experiencia sobre el Monte Grappa desde el 16 de Noviembre del 1917 al 8 de Enero de 1918 en que acaba la Batalla del Grappa. despues del 17 el Batallón parte de Longarone , a Feltre y de allí al Monte Tomba, despues a la segunda y cuarta compañía Comandadas por Rommel se le asigna la toma de la línea Qero-CampoUson- Monte Spinocia, estos recorridos los he hecho a pie en verano y sin carga y son durisimos , no os cuento en Invierno, Rrommel continua sobre le Grappa, hasta el 18 de Enero no es transferido al 64 Comando General
Fuentes: Transcripción al Italiano de esta parte de las Memorias de Rommel,
Libro: L'Invasione del Grappa, L'attacco Autrotedesco Di Novembre-Ddicembre 1917: Heinz von Lichen, Alessandro Massignani, Marceloo Maltauro, Enrico Acerbi
Gino Rossato editore, pag 150 y siguientes
Me alegro de que hos haya gustado el trabajo amigos; respecto a lo que comentas Amilakvari, echaré un vistazo al asunto, ¡gracias!. ![]()
saludos
Me encantó este trabajo. Gracias por compartirlo!!!
Muy interesante trabajo.
Felicidades.
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O mucho me equivoco o los italianos tenían también sus tropas de asalto de las trincheras enemigas, eran los Arditti.
Saludos