La última pieza
La historia de la Guerra de Malvinas es conocida por gran cantidad de personas en el mundo, quizá con relatos del lado argentino, o con relatos de los vencedores. Muchas veces la información vertida es parcial o incompleta ya sea por falta de datos o por censura, pensemos que los archivos británicos sobre la batalla tienen todavía que esperar 60 años para poder ser vistos.
Otras veces por una campaña de desinformación que se ha creado alrededor de lo que fue esta Gesta, todavía se asocia lo hecho en Malvinas por los soldados, suboficiales y oficiales de las Fuerzas Armadas argentinas a la Dictadura Militar que regía los destinos del país en esos años. La lucha de los combatientes en la turba malvinera en 1982 y a lo largo de los años hasta la fecha para que esto se reconozca como lo que fue, la recuperación de tierras ocupadas por una potencia colonial y anacrónica., que se conozcan las acciones de quienes murieron en esa lucha y quienes dejaron su juventud entre la nieve el frío y los disparos. Es algo que la gente debe reclamar, saber que sucedió realmente y honrar a los héroes contemporáneos que dieron su vida por su bandera y a quienes caminan y respiran junto a nosotros día a día.

Emblema del Grupo de Artillería Aerotransportada 4
La historia de “La Última Pieza” comienza en Córdoba, más precisamente en el Grupo de Artillería Aerotransportada 4, una unidad de elite del Ejército Argentino, formada por paracaidistas y artilleros, preparada para desplazarse por medios aéreos a la zona que lo soliciten para prestar apoyo de fuego a las tropas que combaten. La noticia de la recuperación de las Islas Malvinas se conoció el mismo 2 de Abril, época para la cual los soldados incorporados estaban comenzando el entrenamiento.

Batería "C" en su asiento de paz en Córdoba
Comenzado el conflicto se ordenó que prepararan una batería para ser trasladada al Teatro de Operaciones, para esto se había alistado la Batería “A” a las órdenes del Teniente 1ro Chanampa. El 22 de abril de 1982, el GAA4 recibe la orden de trasladarse completo a Malvinas, quedando en su asiento de paz sólo una pequeña parte del personal, el resto, todos ofrecidos voluntarios se alistaron para la movilización. Entre los días 23 y 28 viajaron desde Córdoba en el centro de la República Argentina, hasta Comodoro Rivadavia y desde allí en C-130 Hércules a las Islas Malvinas. El día 28 de Abril la unidad se encontraba en el Aeropuerto de Puerto Argentino, esperando la asignación de su zona de combate. Debido al congestionamiento en la Base Aérea el comandante de la unidad decidió trasladar sus hombre, cañones y equipo auxiliar a una zona a 1,5 km al oeste del aeropuerto y apenas concluido este movimiento recibe órdenes de instalarse en una zona cercana desde donde poder batir con sus fuegos los 360 grados excepto una zona ocupada por el BIM5.

La Batería "C" en Malvinas
El 1º de Mayo las fuerzas británicas realizan el primer bombardeo a la Base Aérea Malvinas, a las 1100 hs se cambian las órdenes para el GAA4 y se le asigna reforzar el GA3 a las órdenes del Tte. Coronel Balza. El 5 de Mayo se traslada al unidad a una nueva zona que le permitiría tener un mayor alcance de fuego, a 2 km de Moody Brook. Entre el 6 y el 8 de Mayo se alista dicha posición y el día 9 a primera hora fue ocupada por los efectivos del GAA4.. Esa misma noche desde las 2300 hasta las 0400 hs del día siguiente recibe el primer bombardeo naval, que se repetiría a lo largo de la Campaña. Para protegerse de los bombardeos y tener además un refugio contra las inclemencias del clima malvinero, se construyen refugios con “tepes” (panes de turba de 0,50x0,60x0,20 cm) que se colocan dentro de tambores vacíos de 200 litros. El clima en Malvinas, lluvia, viento y frío casi permanente no permitía secar muy a menudo el equipo individual, el comentario del Tte. Coronel Quevedo sobre el equipo es bastante esclarecedor en lo que respecta a su unidad: “…Con respecto al equipo debo reconocer, sin ningún temor a equivocarme, que fue adecuado; en cuanto a su calidad excelente. Durante el día, con la actividad, permitía superar perfectamente el rigor del clima y durante la noche se podía dormir sin el más mínimo frío, aún haciéndolo en pozos donde la humedad predominaba, con la única previsión de cambiarse las medias al acostarse. El racionamiento en ningún momento significó para los integrantes de la Unidad un problema. Siempre se dispuso de medios para racionar en caliente, aún en los momentos más críticos. Sólo se introdujo una variante que fue dar la ración correspondiente al mediodía y la noche en una sola oportunidad juntando ambas raciones a las 1500 horas …”
A partir del 15 de Mayo los refugios estaba completos, el 21 se pudo colocar un contenedor que convenientemente cubierto de tambores con “tepes” permitió trasladar el Puesto Comando de la unidad de una casilla de madera que hasta ese momento ocupaban hasta este lugar mucho más seguro.
La Batería“A” que se encontraba en Darwin es reforzada con dos cañones que se trasladan a bordo de una lancha de Prefectura junto con sus servicios de piezas el día 22 de Mayo. Los bombardeos navales y de aviones seguían siendo algo de todos los días y mientras tanto el GAA4 seguía preparando su posición. La noche del 10 al 11 de junio se producen las dos primeras bajas al fallecer durante un bombardeo los soldados Eduardo Romero y Jorge Vallejos, la sangre de la unidad quedaba en Malvinas.
El 11 de Junio se cumple la primer misión de fuego, cumpliendo misiones durante diez horas ininterrumpidas, inicialmente apoyando al RI4 en Monte Dos Hermanas y siendo guiados por el Subteniente Gavier Tagle como observador adelantado.


Condiciones en las que combatían en Malvinas
El 12 de Junio a las 0800 hs se realiza apoyo de fuego para el BIM5 junto con la batería de cañones de los infantes de marina ante el ataque de los Guardias Galeses. Lo que permitió que el BIM5 rechazara el ataque ocasionándole al enemigo importantes bajas. Esa misma noche el fuego fue dirigido para apoyar al RI7 en Monte Longdon, disparando en esa oportunidad 15 ráfagas en eficacia. Se continuó con fuego de perturbación hasta las 0130 hs del 13 de Junio. La noche del 13 de Junio realiza apoyo de fuego al RI7 que recibía nuevamente ataques de infantería británicos. Ya en este momento tres piezas se encontraban fuera de servicio, además el suelo de Malvinas hacía que las piezas se enterraran siendo imposible cambiar la posición hacia el Oeste. El apoyo se realizó además del RI7 al BIM5. A partir de las 0500 hs se realiza ya fuego directo hacia Moody Brook. A las 0600 hs el Comandante de la AEPA ordena un cambio de posición a retaguardia y pone a disposición vehículos pero se decide no realizarlo ya que los fuegos de la artillería enemiga hubiese ocasionada gran cantidad de bajas. Este día pierde su vida el soldado Néstor Pizarro mientras abastecía a la Batería “B” durante un bombardeo naval. Este es el tercer héroe del GAA4 que quedó al pie del cañón esperando en las Islas Malvinas.
“La Última Pieza”
A las 0800 hs del 14 de Junio quedaba sólo una pieza en servicio y con el enemigo a 700 metros, este noble Oto Melara de 105 mm continuó disparando en fuego directo hasta que con muy pocas municiones y luego de exceder largamente el volumen de fuego recomendado, con disparos en los que no se dejaba enfriar ya que apenas salía despedida una vaina ya se cargaba el siguiente disparo. Los sirvientes de esta pieza casi sin ropa, con las manos quemadas, los oídos sangrando, golpeados por los retrocesos, agotados por la intensidad del combate, continuaron haciendo que “La Última Pieza” escupiera su carga letal defendiendo el suelo argentino, la Bandera Argentina cubriendo su protección, en los últimos disparos, se levanta y cae sobre la turba malvinera, la vuelven a colocar y antes que se trabe la pieza vuelve a volar y cubre el mecanismo de disparo como agradeciendo lo hecho por su defensa. Luego de esto el cañón se traba y no es posible volver a ponerlo en funcionamiento. La enseña argentina manchada por barro malvinero, aceite de ¨La Última Pieza” y sangre de sus sirvientes es guardada con recelo y escondida para pasar los controles ingleses luego de terminado el combate y se guarda ahora en el GAA4 donde se la hace ondear orgullosa cada aniversario del Bautismo de Fuego de la Unidad.

Imagen de "La Última Pieza" luego del conflicto.
“La Última Pieza” disparó más de 4.000 veces, la atendieron 22 héroes a pesar que sólo se necesitan 6 sirvientes. Estos son los 22 valientes que combatieron al pie de “SU” cañón hasta agotar la munición:
SUAREZ, Juan Gabino
ORTIZ, Juan Carlos
MOYANO, Walter Osvaldo
RUBIES, Oscar Walter
CHAMORRO, Germán Eladio
ZAPATA, Felix Javier
CUNELLO, Oscar José Mario
TOLEDO, Raúl Omar
MALAMFANT, Julio Ernesto
MAIDANA, Héctor Jorge
SALAS, Sergio Humberto
ALMADA, Sergio Rubén
PEREÑA, Carlos Raúl
MENENDEZ, Raúl Constantino
RAME, Gustavo Alejandro
CASTRO, Daniel Osvaldo
SQUAGLIA, Osvaldo Daniel
DATTOLI, Carlos Enrique
QUIROGA, Roberto Rubén
PUCHETA, Luis María
SILVA, José Rodolfo
HEREDIA, Jorge Ignacio

Veteranos del GAA4 en Córdoba
Tengo el honor de conocer esta historia de boca de sus protagonistas, el Subteniente Juan Gabino Suarez, los soldados, Walter Rubíes, Juan Carlos Ortiz, Edgardo César Telechea y Walter Moyano.

Homenaje a los caídos en Malvinas del GAA4 - Soldados Vallejos, Pizarro y Romero. Héroes argentinos.

Autor: zimac702
Fuentes: http://www.gaaerot4.com.ar/home.html
Relatos de Veteranos de Guerra de Malvinas, Suarez, Rubíes, Ortiz y Moyano.
El listado de los sirvientes fue recopilado por Ivan Yebra.
Saludos
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Relato del Veterano de Guerra de Malvinas Juan Gabino Suarez. Subteniente durante la Guerra de Malvinas e Integrante de la dotación de "La Última Pieza"
A 25 años de la gesta de Malvinas, la mayoría de los presentes que año tras año nos acompañan no conocen los detalles del último momento de los soldados de esta Unidad. Los momentos más importantes que coronaron de Gloria la Historia de este grupo de artillería me han pedido que les relate, y realmente es difícil hacerles llegar a su conocimiento lo que he visto con mis propios ojos. He visto a soldados enfrentar la muerte, estar cara a cara con lo desconocido, vencer la naturaleza humana y entregarse al sacrificio más sublime, la defensa de lo que aún creemos Justo.
Estos soldados, créanme, lo han dado todo. La noche del 13 al 14 de junio, fue sin lugar a dudas la más especial de todas, he visto en ellos los valores más elevados que se puedan encontrar sobre la faz de la tierra.
La infantería no se sostenía y debió replegarse sobre Puerto Argentino, dejando en nuestro frente a Toda la Task Force. Veíamos pasar a los soldados sin distinción de jerarquía desposeídos de su armamento, con sus rostros invadidos de terror, ese terror que se contagia.
Pasaban por nuestra posición pidiendo que no dejáramos de tirar contra el enemigo, así lo hicimos durante toda la noche y hasta agotar la munición cerca del mediodía. Nuestra posición de tiros se encontraba al oeste de Puerto Argentino, a unos escasos 200-250 mts. de la primera construcción y de allí hasta el pueblo, entre 500 y 700 mts. el entonces Teniente Coronel Quevedo, durante una pausa de fuego nos convoca a una reunión en cercanías del puesto de comando.
Nos convocaba para arengarnos, al final nos pregunta ¿Huir como cobardes o morir al pie del cañón? Para mí no existe la cobardía, existe el ser humano con sus defectos y virtudes. La cobardía no es virtud ni defecto, existen quienes superan el miedo y quienes no pueden. Quizá la cobardía sea la forma despectiva de calificar a aquellos que pos su constitución humana no les permita superar, lo que la naturaleza humana rechaza enérgicamente, en esta guerra no hubo cobardes.
Hubo errores y esos errores nos costaron vidas argentinas. El GA4 cometió los errores propios de la falta de experiencia, tan pequeños que nadie se dio cuenta a lo largo de los años.
Pero aciertos tuvimos bastantes, nuestros soldados estaban bien preparados, instruidos, educados y formados para no dudar en dar la vida por esta Nación y por su pueblo.
Mis soldados no descansaron en 72 horas, preparando todo lo que estaba a nuestro alcance para impedir que el enemigo inglés pudiera ingresar en Puerto Argentino. Todos los preparativos se hicieron bajo fuego enemigo, estamos aquí porque Dios nos colocó para contar la historia de nuestros compañeros caídos.
Todos y cada uno de los soldados que lucharon junto a mí, han ido más allá de su deber.
Todos han sufrido el infierno en esta vida. Nuestra posición era cañoneada permanentemente, nuestros refugios habían volado literalmente en mil pedazos y los restos de los mismos se incendiaban en la posición. Los obuses no hicieron silencio, no importa si el proyectil enemigo caía a 1 mt. o a 2 mts., ya no había tiempo para la seguridad personal.
El cabo 1º Dátoli cubre el escudo del obús con la bandera Argentina y comienza a desafiar a los ingleses gritándole todos los improperios imaginables. Los soldados se enardecían ante esta actitud y en vez de demostrar cansancio retornaban a sus fuerzas y sus resultados fueron humanamente imposibles.
Muchos terminábamos cuerpo a tierra, cara a cara oficial y subordinado, subordinado y soldado y soldado y soldado. Todos éramos mortales y esos momentos fueron difíciles el enemigo hace una pausa de fuego, quizá para organizar su ataque final. Los veíamos a 700 mts. de distancia, el soldado Maidana había ajustado las espoletas para 700, 650, 600 mts. y así sucesivamente. Cada proyectil tenía escrita la distancia de tiro. De pronto comienza el ataque enemigo con un fuego de contrabatería como nunca habíamos soportado, al mismo tiempo los ingleses comienzan a desplazarse y forman un frente de 200 mts. y avanzan. Comenzamos a ejecutar nuestro propio plan de fuego con excelente resultado, impidiendo que el enemigo pueda avanzar, cada vez que se movían les disparábamos un par de tiros y allí quedaban, el avance enemigo se hacía muy lento. Realmente tardaron en avanzar los 400 mts. donde detuvieron su avance de forma definitiva, el cabo cocinero Quiroga estaba con nosotros y en esos momentos se hizo artillero, acarreó munición, cargo el obús y lo disparó con puntería directa sobre el enemigo.
Al detenerse el avance inglés, a escasos 400 mts. se hace otra pausa de fuego. El soldado Zapata prepara un café con leche para los que estábamos en el lugar, recuerdo sus dichos: "mejor morir con el estómago caliente".
Lo interesante de ello es que lo decía con una sonrisa que jamás olvidaré, un poco más distendido por la pausa de fuego, me doy cuenta que no quedaba nada, ni refugio, ni obuses y sólo 2 tiros de artillería. La pieza de defensa AA que teníamos a 100 mts. a retaguardia ya no estaba. Solo podía ver a mis 22 hombres y más allá al enemigo. 200 mts. a retaguardia observé una línea defensiva establecida por marinos, pero los únicos marinos que había en el lugar eran furrieles y mecánicos, sin embargo ahí estaban.
Necesariamente debíamos tomar una decisión. En esos momentos me acercan un equipo de radio por donde debía escuchar las órdenes pero no fue necesaria. El estafeta llegaba al tiempo que el PC de la batería se retiraba gritando a viva voz algo que no se podía entender, al parecer era repliegue. Nos miramos y comenzamos a equiparnos como infantería, se distribuyó munición de fusil, las granadas de mano, las PAF y PDF, TOMAMOS POSICIÓN junto a nuestro obús.
El plan era resistir hasta donde se podía y luego replegarnos para unirnos a los marinos 200 mts. a retaguardia. Comenzó el fuego de contrabatería de los ingleses, de morteros, cohetes y armas pesadas, todo sobre nuestra posición. El espectáculo era indescriptible, miles de luces que se acercaban. Cargamos el obús para hacer los últimos disparos, pero fue imposible, había quedado fuera de servicio con el proyectil atascado. El cabo 1º Dátoli toma el baquetón y comienza a querer destacar el proyectil pero no puede. Continúa el sargento Squaglia y por último el cabo cocinero Quiroga comienza a pegarle al proyectil con todas sus fuerzas. Le decimos: “es peligroso, puede estallar” y me responde: “ya estamos muertos” y continuó infructuosamente. Los ingleses ya estaban cerca y no podíamos quedar aferrados porque no veíamos a nadie que pudiera ayudarnos. Iniciamos el repliegue hasta la casa verde, donde nos reunimos 200 mts. que nunca se acababan. Como nos habían enseñado, y como les habíamos transmitido a nuestros soldados, de explosión en explosión y así íbamos tratando de recorrer la distancia mas larga de nuestra vida.
Al llegar al primer objetivo realizamos la comprobación personal y nos faltaba un soldado. El cabo 1º Dátoli dice: “es mío”, y sin poder impedir que se vaya da media vuelta y regresa al mismísimo infierno, lo veíamos corriendo entre los escombros, las explosiones y los disparos buscando a su soldado. Al llegar a los marinos nos dimos cuenta que esa línea defensiva estaba compuesta por viejos lobos de mar. Ninguno de los suboficiales que estaban allí eran menores de 50 años, sus caras lo decían todo: VAMOS A MORIR AQUI, ¿Cómo dejarlos solos? se escuchaban los disparos del GA3 y los del gran berta.
Los disparos del enemigo se acercaban a la nueva posición cuando de pronto se hace un silencio total, minutos después pasaba un jeep con una bandera blanca y había terminado el combate en el campo de batalla y nacía un nuevo combate en el interior de cada uno de nosotros. Cada cuál con sus interrogantes, cada quién con sus dudas y cada cuál con sus culpas. Desde ese mismo instante de la rendición hasta el día de hoy los interrogantes continúan al igual que las dudas y las culpas. Nadie se los puedo asegurar, nadie se ha interesado en obtener experiencia de esta guerra.
Desde los medios de prensa y como arma política se ha desvirtuado al soldado argentino queriéndolo hacer pasar por pobres niños de la guerra, yo les puedo asegurar que estos soldados no fueron pobrecitos, ni niños. Fueron valientes y fueron hombres y si tal como dicen pasaron frío, les puedo asegurar que es una falacia. Sólo sintió hambre y frío aquél que no hizo nada. Aquél que no se movió y usó su tiempo para nada. Tantos soldados como éstos que tenemos aquí, que no han dejado de trabajar en la defensa de la posición, todos los días y todas las horas, ellos no han sentido frío pues su abrigo fue el trabajo y la Patria, tantos soldados como estos que tenemos aquí, que no han dejado de pensar en lo más noble que tiene la juventud, no han pasado hambre, pues su alimento fue el amor por esta Patria. Estos soldados que tenemos aquí... son Soldados. Mírenlos, mírenlos bien porque son una raza en extinción.
Ellos lo dieron todo, Pizarro, Vallejos y Romero, ellos ya cumplieron su deber y Dios los ha premiado con la gloria eterna. Pobre de nosotros que aún nos queda caminar por esta vida buscando que este pueblo se dé cuenta de lo que ha perdido. Este pueblo los llama "los pobres niños de la guerra" porque no quiere perder su propio brillo. Hoy tenemos los estrategas más grandes sentados en una mesa del café discutiendo los errores de la guerra ¿por qué este pueblo no le reclama por el frío a aquellos que durante toda su existencia le vendieron ropa inadecuada a la nación?, tuvimos que combatir con ropa israelita, porque la "made in Argentina" solo sirve para que unos pocos ganen dinero. Este pueblo tiene que despertar y llamar a las cosas por su nombre. Estos soldados son héroes, me consta. Yo los he visto pelear y los he visto morir mil veces en una noche. Párense no tengan vergüenza, estos son sus hijos, estos son el producto de esta Nación, mírenlos, fueron muy bravos y no hemos sabido reconocerlo.
Hechos injustos sobran en este país. Aquí estamos ante una injusticia más, una injusticia que se ha llevado más de 400 vidas. Sigamos así pues la cifra parece escasa, estos son héroes de los cuales nadie sabe nada. Porque somos tan necios... y además porque no tenemos agallas para jugarnos por estos hombres, valientes que un día ofrecieron la vida por cada uno de ustedes.
VGM Juan Gabino Suarez
GA Aerot 4
Junio 2007
Excelente Zimac, cada vez que leo a Gabino o a alguno de sus soldados, en el otro sitio del que participas me emociono mucho. Sólo quería aclarar para quienes no conocen bien la historia de Malvinas que en tu post nº # 2 Cuando dice :
se escuchaban los disparos del GA3 y los del gran berta.
Ese Gran Berta es el cañón Citer de 155 mm de origen argentino, los que habían llegado por vía aérea burlando el bloqueo aeronaval británico, aunque con escasa munición, el único que superaba en alcance a los cañones británicos, lamentablemente tanto el GA Aerot 4 como el GA 3 con sus Otto Melara 105 mm con 10.200 m de alcance, estaban en clara desventaja durante los fuegos de contrabatería con respecto a sus homólogos británicos que tenían un alcance de 17.000 m.
Gracias Ober por comentar y aclarar lo de los "Berta".
Esos cañones, SOFMA 155 mm, era una bestia de 9 ton de peso, 20 km de alcance con un proyectil de 43 kilogramos, se utilizaron para dispararles a las fragatas británicas, que hasta su llegada, hostigaban bombardeando a las tropas argentinas. Según relatan muchos VGM su sonido se escuchaba desde todos lados y combatientes del GAA4 comentan que temblaba la turba con cada disparo. Cuando terminó el conflicto, los ingleses buscaban las baterías de cañones, pero sólo había dos operativos, ya que el tercero estaba fuera de servicio y el cuarto que llegó en un C-130 cuando acababa todo no llegó a ponerse en servicio.
Les dejo un par de imágenes de los "Gran Berta"


Saludos.
PD: la imágen de "La Última pieza", la postearon hace muy poco, hasta ese momento no había ninguna y varios sirvientes de esta, confirmaron que se trata de su querido obus.
Agrego algo más de información:
Esta es una entrevista que el VGM y periodista Nicolás Kasanzew realizara a integrantes del GAA4 y sirvientes de "La Última Pieza".
http://www.youtube.com/watch?v=ey6EpgURaTc (primera parte)
http://www.youtube.com/watch?v=RVBonksj6zE&feature=related (segunda parte)
Quienes aparecen en el video son Juan Gabino Suárez, Carlos Enrique Dáttoli y Oscar Walter Rubíes.
Saludos
PD: hay una ançecdota sobre Carlos Dáttoli que estoy esperando que Walter me la cuente bien para subirla.
Muy bueno los videos!! Yo había visto este otro:
Oberst!! ¿Por dónde andas hombre? Se te echa en falta!
Espero que, en cualquier caso, estés ocupado con actividades gratificantes (quilmes, asado, morochas y demás sabrosas producciones argentinas
)
Un saludo!!
Hola Keitel. Ojalá fuera eso!! Es que con mis 2 trabajos voy a estar muuy ocupado por lo menos hasta fin de año, aunque de vez en cuando me daré una vueltita por el foro. Perdón por el OT.
Bueno, ya se sabe que la obligación viene antes que la devoción... espero en cualquier caso que lo lleves con buen ánimo y, en fin, ya sabes que aquí tienes un espacio reservado para relajarte charlando de nuestros temas favoritos ![]()
Un saludo grande Oberst, cuídate!
PS: También me disculpo por el offtopic!
Están perdonados.
Saludos
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Relato del Veterano de Guerra de Malvinas y combatiente en "La Última Pieza" Soldado Walter Rubíes.
"Hoy tan lejos en el tiempo y tan cerca en mi corazón, debo reconocer cuando fue mi bautismo de fuego, sé que fue el 11 de junio, pero no sé a que hora, creo que fue de noche, ya que al ser apuntador izquierdo, me costó encontrar la luz roja para ajustar la deriva de tiro, pero cuando el obús estuvo apuntado, esos segundos que pasan desde que la munición esta dentro del cañón hasta que dan la orden de fuego, son eternos, cuando yo bajara el percutor y la explosión me dijera con su bravo ruido que era artillero, mi vida cambiaría para siempre.
Cuando el cabo Sánchez dijo ¡Fuego! y el proyectil salió, él nos dijo, siéntanse dichosos, ¡son artilleros!, todos al unísono gritamos, ¡Viva la patria!
Fue un momento inolvidable, único, fue algo hermoso, sentirme artillero y haberme recibido luchando por mi patria, hacía que fuera todo más especial, pero lo importante, era e iba a ser por todo el resto de mi vida, artillero.
Fueron días muy extensos, casi no había descanso, las piezas tiraban día y noche sobrecargando la cadencia de tiro recomendada para el obús Oto Melara, eso hacía que, llegado el 13 de junio, empezaran a quedar algunas piezas fuera de servicio, se agotaba el material.
En la bruma de los horarios recuerdo que en un momento hubo una falsa orden de repliegue. En ese fallido, cuando estábamos reunidos una bomba enemiga cayó cerca de la reunión y hubo heridos: el cabo Aguirre y el soldado Hernandorena. Pero en ese momento recibimos la orden de que debíamos volver a las piezas inmediatamente, cosa que hicimos, y seguimos tirando, y nos seguían tirando permanentemente, fue en esos momentos, que se agigantó la figura de un cabo fuera de lo común, el cabo Quiroga. Fue el comienzo de un comportamiento extraordinario de alguien que fue mas allá de su función, nos daba fuerza, verlo venir con los cilindros de mate cocido con leche endulzado en medio del bombardeo enemigo para darnos, a nosotros los de las piezas, ese líquido caliente que nos daba fuerzas.
En la vorágine del combate, varias veces nos metimos en los refugios más cercanos a las piezas que estaban en funcionamiento.
Cuando salimos del refugio y fuimos a buscar la pieza que quedaba en pie, éramos el negro Moyano y yo de la Sexta Pieza. Cuando nos acercamos a esa pieza, el negro me dijo: “Walter, andate, yo me quedo, vos salvate”.
Yo le dije que no, que nos quedábamos los dos, si estuvimos en la guerra juntos, o nos salvábamos los dos o moríamos juntos, pero nunca lo iba a dejar solo. Así que fuimos a esa pieza, donde se contaban sólo 20 hombres más nosotros.
Tuvimos la suerte, Dios mediante, que esa pieza estaba comandada por alguien que me enseñó todo lo que sabía sobre la guerra. Era y es el tipo que me dio el ejemplo que aún hoy me sirve para manejarme en la vida, me enseñó, de lealtad, de patriotismo, de eso que dijo Jesús alguna vez “no hay sacrificio más grande que dar la vida por un amigo”.
Ese señor, a mi criterio un grande, un señor que debería tener el pecho lleno de medallas, que fue, es y va a ser por siempre mi jefe, era el Subteniente Gabino Suárez.
Éramos solo 22, y en un minuto el Subteniente Suárez organizó la resistencia, uno a apuntar otros a cargar municiones, otros a prepararlas, y cada uno de nosotros con una función específica.
Me es muy difícil recordar esos momentos y no emocionarme, porque nunca fui testigo de tanta valentía, tanta decisión de decir ¡por acá no pasaran!, aún hoy lo recuerdo al Subteniente Suárez a los gritos al lado del cañón dándonos fuerzas, con su ejemplo, mientras nosotros hacíamos lo que debíamos hacer.
En mi caso, en un momento iba a traer municiones del montón que estaba a un costado de la posición, cerca del camino. Cuando llegábamos a la pieza, en medio del bombardeo inglés, que nos tiraban con todo lo que tenían, teníamos un hacha con el que abríamos los cajones y los tubos en donde venían los proyectiles. De última, los cajones los tirábamos contra una piedra y se despedazaban. También cuando algunos seguían trayendo munición, yo cargaba el obús, todos hacíamos de todo, y todo esto en medio del bombardeo inglés.
Una de las cosas que más orgullo me da, es que durante todo este período nadie se protegió en los refugios: seguíamos trayendo, preparando y cargando la pieza. En esos momentos el enemigo estaba muy cerca, más o menos a 600 metros, por lo cual a las vainas debíamos sacarle seis de los siete sacos de pólvora para poder hacer puntería directa sobre las tropas enemigas. Lo recuerdo al soldado Maidana trabajando sobre las espoletas de tiempo, a las órdenes de los suboficiales. Estos proyectiles son los que hicieron un daño terrible a los británicos, y nosotros veíamos que hacíamos daño.
No tengo ni idea si pasaron horas o minutos, pero fue muy intenso, era todo un movimiento, coordinado por el subteniente Suárez. Recuerdo con mucho respeto al cabo 1º Dattoli, otro grande, dándonos fuerzas y cuidando a cada uno de los soldados.
Había mucha actividad en esos metros cuadrados de la pieza. Era una locura, teníamos que patear las vainas servidas para no chocarnos con ellas, ya que eran tantas que casi no había lugar para moverse, el ruido que hacia nuestro obús era hueco, y no había una explosión fuerte, pero cada uno de los proyectiles tenía un gran poder de destrucción, además iba con toda la bronca y las ganas de que no pasen. Estábamos dispuestos a dejar la vida, pensando que no pasarían si quedaba uno de nosotros vivo y tuviera algo para tirar.
A medida que tirábamos, y las municiones iban mermando, sabíamos que el final se acercaba, pero nunca nos iríamos mientras nos quedara algo para tirar.
Sabíamos inconscientemente que era inútil, estaba perdiéndose la batalla, ya que con solamente mirar al frente veíamos que nos superaban por mucho en la cantidad de personal.
Hay cosas que uno entiende con el tiempo, (o no le encuentra explicación). Qué era lo que hacia que estos 22 locos estuvieran en ese momento y en ese lugar combatiendo, en inferioridad absoluta, tirando, y con la convicción de no irse pasara lo que pasara. Los detalles se van perdiendo con el tiempo, pero las sensaciones son las mismas, el olor a pólvora, los ruidos, los silencios momentáneos, muchas cosas que pasaron en esos momentos se asocian hoy con los olores, y cuando recuerdo esos momentos se viene a mi mente el olor a la pólvora cuando tirábamos.
Sólo el que estuvo en ese lugar en esos momentos sabe cuan hombres eran todos, no se puede entender de otra manera. Que un tipo como el petiso Heredia, que creo que pesaba menos que una caja de municiones, pudiera traerla, corriendo desde el lugar en donde estaban hasta la pieza. O ver a Salas abriendo las cajas contra las piedras, sin importarle qué pasara, sólo pensábamos en tirarle y hacerlos mierda.
Después de 24 años, alguien me dijo que lo que hicimos esas últimas horas salvó a miles de hermanos de la muerte.
Y llego el último proyectil, que no fue lanzado, porque por esperar unos minutos quedó trabado en el tubo del obús, y supimos, con tristeza y dolor, que eso era lo último que podíamos hacer. Habíamos agotado las municiones.
Aún hoy recuerdo la cara de mis hermanos, la resignación y la bronca nos llenaba el corazón de argentinos bien nacidos. Y alguien dijo: “Bueno, hicimos todo, ¡repleguemos!”
Esos 200 metros que había entre la pieza y el puesto comando fueron un infierno. Nos tiraron con todo, ninguno de nosotros pensaba que saldríamos con vida de ese repliegue. Pero salimos.
En un momento quedamos cuerpo a tierra cara a cara con el negro Moyano, y, después de mucho tiempo, nos reímos, y el me dijo algo así como: “La puta, no nos vamos a morir ahora, ¿no? Tenemos que ir a comer pizza a mi casa”.
También en esos momentos se escuchaban los gritos de los jefes, nos guiaron de a poco hasta el puesto comando. Cuando llegamos ahí, el cabo 1º Dattoli contó a todos y faltaba uno. El Loco volvió al refugio a ver si estaba, esto en medio de un terrible bombardeo. Pero el soldado, que no recuerdo quién era, estaba con nosotros. Volvió con la bandera del grupo con él; hoy esa bandera está en el museo del Grupo de Artillería. Hoy el cabo 1º Dattoli está sin ser reconocido.
Y tomamos la decisión de volver al pueblo.
Los metros que recorrimos hasta el pueblo me sirvieron para entender que lo que habíamos hecho era inolvidable, y cuando miraba a mis jefes, los Subtenientes Suárez y Pucheta, el Sargento Squaglia, el Cabo 1º Dattoli, el Cabo Sánchez, esos que alguna vez puteé con ganas, eran unos gigantes, que jamás serían vencidos, porque nos dieron la mejor instrucción que un militar de carrera le podía dar a un conscripto. Eso nos salvó. Además estuvimos juntos hasta lo último, y eso no tiene precio. Ese hecho nos hermanó para siempre, hoy están en mi mente, las lágrimas de muchos de ellos, la desazón de todos, el cansancio.
El camino hacia el pueblo era una total desolación: nadie por ningún lado, el silencio era absoluto, se escuchaban los pasos nuestros al golpear los borceguíes en el asfalto mojado, sólo se veía humo en algunos lados (luego me entere de que no fue así lo del silencio, ya que ellos destruyeron el lugar en donde estuvo el GA 4 totalmente, así que el silencio solo es una sensación que yo tuve).
Además de los suboficiales y oficiales, estábamos los conscriptos, mis hermanos de la clase 62 y 63. Con algunos de ellos compartimos desde la incorporación en el Distrito Militar La Plata hasta ese momento, con otros fueron los días de la guerra. Pero ese camino recorrido fue algo que nos amalgamaría para siempre. Ellos son distintos, son especiales, me doy cuenta cuando nos vemos en la actualidad, como dice Saint Exupery, sólo se ve con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos, por eso la unión entre nosotros es invisible a los ojos, está en nuestros corazones. Para mí fue un gran honor haber combatido junto a ellos. Me siento honrado de haber formado parte de ese grupo. Fue un honor.
Al llegar a la parte céntrica del pueblo, estaba el Teniente Coronel Quevedo parado sobre una pequeña altura de tierra mirando hacia el lado desde donde veníamos. Sólo nos vio cuando estábamos casi en frente de él, según su cara se sorprendió enormemente. El subteniente Suárez se abrazó a él y hablaron un rato.
Luego vino todo lo que nosotros sabemos, la vuelta a casa. Y el silencio durante muchos años.
Nunca terminaré de agradecer a todos y cada uno de los integrantes del Grupo de Artillería Aerotransportado 4 por haberme permitido luchar junto a ellos.
Agradezco muy especialmente a mi querido jefe, Juan Gabino Suárez y a todos los que de una manera u otra me dieron una instrucción excelente.
Señores, ¡fue un gran honor!
¡Viva la patria!"
Fuente: gaaerot4.com.ar