La Lluvia de Fuego de 1799
La historia colonial costarricense está llena de pasajes heroicos de sus hijos quienes lucharon por su propia libertad y la de su gente, hechos naturales que llenaron de dolor a nuestros antepasados, pero algunos maravillaron a los habitantes de estas tierras, hechos naturales pocas veces disfrutados por el ojo humanos, y que gracias a personas interesadas en dejar un legado a sus descendientes escribieron una a una las páginas de nuestra historia las cuales han llegado hasta nuestros días, para disfrutar de sus relatos.

Uno de estos hechos ocurrió al finalizar el siglo XVIII en la ciudad colonial de Cartago. Sus habitantes presenciaron un grandioso y raro espectáculo, una lluvia de fuego. Este fenómeno también fue presenciado por otros personajes de diferentes latitudes, entre los que se cita al navegante inglés Ellicott, y quién dejo un dibujo del fenómeno que fue reproducido en la revista “Astronomía de las Damas” por Flammarión en 1904.
La noche del 12 de noviembre de 1799, cuando el distinguido orador Fray Manuel de la Fuente, recoleto del Colegio de Cristo Crucificado, de Guatemala, tío materno de nuestro primer Obispo el Ilmo. Sr Llorente y La Fuente (quién colaborará con él presidente Juan Rafael Mora activamente en la Guerra 1856, llamando desde los pulpitos a las armas), acababa de terminar sus pláticas misionales, que en la ciudad no habían pasado desapercibidas, se inicio el singular fenómeno.
Portada de la "Astronomía de las Damas" de Flammarión.
El gobernador Don Tomás de Acosta describe así el extraño fenómeno, en informe dirigido el 20 de noviembre al capitán General Domás y Valle:
“La noche del día once de este mes, en que finalizaron las pláticas hechas felizmente por Fray Manuel de la Fuente, religioso Recolecto del Colegio de Cristo, acaeció en esta unos de los más portentosos fenómenos que se han visto en este hemisferio y tal vez en el mundo: este fue que hallándose el tiempo sereno, la luna clara, el cielo despejado, y sólo cerrazón de nubes en el primero y segundo cuadrante, aunque a mucha distancia, se vieron a primera noche varias exhalaciones de regular tamaño y proporcionada luz, que corrían del noroeste al suroeste, que era el viento que soplaba, aunque poco, pero estas exhalaciones se fueron aumentando con la noche en tanto número y tamaño, que a las dos o tres de la mañana era ya de instante en instante sin guardar dirección fija, de modo que parecía llover fuego.
Muchas eran de tal magnitud que parecían globos de fuego, o carcaces encendidos y arrojaban tan copiosas y gruesas chispas que caían algunas hasta el suelo y dejaban en la atmósfera una señal tan larga y ancha que parecía abrirse el cielo, quedando la señal estampada por más de diez segundos. De estas señales unas eran rectas e imitaban la cola o rabo de los cometas; otras que formaban sinuosidades dejaban el rastro de una serpiente; y las más no dejaban sino la de una exhalación ordinaria, pero por la misericordia divina todas se apagaban en el aire, y solo he sabido de una que cayó en el pueblo de los indios de Tobosí… la cual dicen estos ardió largo rato en gruesa llama y a proporción que ésta disminuía tomaba color azul”

Volcán Turrialba, activo, visto desde el Irazú.
La consternación en la población fue grande; todo el mundo estuvo en pie durante la noche, esperando el momento en que “reventara alguno de los volcanes o todos juntos”. El gobernador Acosta preocupado por este fenómeno envió gente de su confianza a inspeccionar los tres volcanes conocidos: Irazú, Turrialba y el Dragón (que por mucho tiempo se le considero un cerro).
El pueblo temeroso busco consuelo, en medio de tan congojosa consternación, acudiendo a su abogada, Nuestra Señora de los Ángeles. A las 5 de la mañana del día 13 trajeron la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles en solemne procesión hasta la parroquia, no sin antes, haberle celebrado muchas misas en su santuario, celebrándole otras, después de traída en la iglesia parroquial.

Como lo describió el gobernador Don Tomás de Acosta en otra parte de su informe:
“Desde que el sagrado simulacro (imagen)-dice el gobernador Acosta en el informe citado - salió de su templo, cuando empezaba el día, empezaron también a disminuir las exhalaciones, que totalmente cesaron y dejaron de ver con la salida del sol, que fue muy claro todo aquel día y los siguientes hasta hoy, sin que en este intervalo se haya notado otra cosa que mantenerse la brisa fresca y recia.”
“La proverbial piedad de los cartagineses no cesó de implorar la misericordia divina y “auxilios” del Todo Poderoso por medio de continuas confesiones, procesiones de penitencia y sermones que sigue predicando con notaria y ejemplar utilidad el citado Fray Manuel de la Fuente, por súplica de este celoso cura y vicario”.
Autor : Rafael Sánchez Castillo.
Bibliografia
Borge, Pbro. Dr. Carlos.: "Historias de Cartago".En: La Virgen de los Ángeles Coronada, 1927, pp.90-91
Imagenes : Escaneada de una estampilla de colección personal
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Muchas gracias amigo Manolillo, espectacular mi hermano.
Quedo a sus órdenes para cualquier asunto en que les pueda servir.
Aqui se nota un poco el pánico genera que producen los fenómenos de la naturaleza, potenciado por el desconocimiento y la poca preparación que se tenía para la época.
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Interesante historia, Rafa. Se ve que es una zono muy activa, volcánica y tectónicamente hablando.
Me he permitido agregar unas imágenes para ilustrar el relato. Espero que sean correctas. Si no, no dudes en indicármelo y lo cambiamos, ¿OK?
Un saludote!!