La desertización del valle del Duero
Para este trabajo nos centraremos, básicamente, en la historia de la Alta Edad Media peninsular, y más concretamente, en los territorios cristianos del inicio de lo que la historiografía ha llamado la “Reconquista” española. ¿Cuál es el objetivo de este informe?
Básicamente, se trata de la redacción y recopilación historiogràfica de lo que la arqueología y la documentación medieval han revelado, a lo largo del siglo XX, sobre los fenómenos más comunes citados por el estudio altomedieval peninsular. Esto es, la desertización y reconquista, en modo de puntos de estructuración territorial, de las zonas que constituyen objeto de reconquista por parte de los reinos cristianos, y que a su vez, son considerados tierra de frontera.
Se estudiará, pues, qué ha dicho la historiografía, tanto desde el punto de vista arqueológico como documental, nos las conclusiones que ésta ha sacado, en parte proporcional o en su totalidad, estudiaremos también qué ha dicho la nueva historiografía del siglo XX respecto a las tesis anteriores, y realizaremos un pequeño comentario sobre los descubrimientos arqueológicos más recientes.
Aunque podríamos comentar gran cantidad de ejemplos, algunos muy famosos como la famosa desertización de la valle del Ebro, o la repoblación progresiva de los reinos levantinos por parte de Jaime I (Jaume I), en este trabajo nos centraremos, exclusivamente, en el fenómeno conocido como desertización de la valle del Duero. Y es que dicha teoría supuso un verdadero ejemplo de cómo debía estudiarse y de cuál era la verdad sobre la reconquista. La teoría en cuestión respondía a las preguntas historiográficas más importantes del fenómeno, como por ejemplo la estructuración de las tierras, los elementos de organización, las bases de los nuevos sistemas económicos, quién habitaba los terrenos en cuestión, cómo quedaban después de la influencia cristiana, la mentalidad de los nuevos habitantes...
La teoría tradicional
La teoría tradicional que llamamos aquí “despoblación de la valle del Duero” corresponde a, exclusivamente, la historia del reino asturiano en sus inicios, antes de la supuesta anexión con el reino leonés, y posteriormente la formación de los reinos castellanos, los reinos de Navarra, Aragón etc...
La teoría de la despoblación fue primeramente esbozada por el estudioso portugués Herculano que, por proximidad con la zona, disponía de un acceso fácil. En España la continuidad de la teoría, y su máximo desarrollo corresponde al conocido Claudio Sánchez Albornoz (del cual haremos una interpretación más tarde). La teoría, que más tarde se aplicó a otros territorios, defendía el vaciamiento completo o casi completo del valle del Duero y su paulatina repoblación ex novo con cristianos. La causa de dicha desertización para la posterior repoblación se encontraría en la voluntad de reconquista que el marcado neovisigotismo había producido, supuestamente, en las comunidades cristianas del norte de la península.
Es decir, según la teoría tradicional, la descendencia goda (muy en discusión, actualmente) de los primeros líderes asturianos supuso para las comunidades de cristianos un empuje importante y una llamada a la lucha. Liderados, pues, por los descendientes de linajes visigodos, el reino asturiano habría basado su expansión en la repoblación de las zonas desérticas y, sobretodo, en la desertización de nuevas zonas, para su posterior repoblación.
Lo que sí resulta aparentemente bastante cierto es la expansión del reino astur, en sus primeros años, hacia la zona sobretodo más occidental, hasta la costa. Dicha expansión corresponde a una genealogía de reyes, como ya hemos dicho, que la historiografia interpreta de esta forma:
Lo que sí resulta aparentemente bastante cierto es la expansión del reino astur, en sus primeros años, hacia la zona sobretodo más occidental, hasta la costa. Dicha expansión corresponde a una genealogía de reyes, como ya hemos dicho, que la historiografia interpreta de esta forma:


Desde Pelayo, pues, que protagoniza las revueltas en Cangas de Onís y las victorias en la batalla de Covadonga, los descendientes de Pedro dux, empezando por Alfonso I, y siguiendo con Fruela I y Alfonso II, como descendientes de Pelayo y Pedro, hasta Alfonso III, la expansión astur es evidente, y corresponde, muy posiblemente, a la importancia de dichos “reyes”. La expansión del reino por el norte corresponde al siguiente gráfico (no corresponde a la teoría tradicional):

Es pues, evidente, que la expansión se produce. Pero la cuestión que hace falta debatir, y a la que la teoría de la despoblación del Duero encuentra explicación supuesta, es cómo, con qué velocidad y porqué se produce esta expansión. Hace falta, pues, estudiar cuáles son los fundamentos tanto documentales como arqueológicos
Fundamentación documental
La fundamentación en la que se basa la teoría de la despoblación del Duero es diversificada, y actualmente son válidas tanto las pruebas documentales como las pruebas arqueológicas. En el sentido documental, cabe decir que la principal fuente de información son las conocidas y estudiadas crónicas, desde la invasión andalusí hasta el reinado de Alfonso X. Las que corresponden, aunque algunas de ellas abarcan periodos mucho más generales (es el caso de la crónica Albeldense), al periodo que nos ocupa son, principalmente, dos. Son conocidas como crónicas de Alfonso III, la versión Rotense (de Rodas) y la versión Albeldense (del monasterio de San Martín de Albelda). Ambas son aproximadamente del siglo IX.
La fundamentación más importante para desarrollar la teoría fue una mención que se hace en la Crónica Rotense a las conquistas de Alfonso (entendemos que es Alfonso I por la mención a su hermano Fruela). El documento actual y sometido a análisis corresponde a la versión conocida como Sebastianense (debido a las correcciones del obispo Sebastián), posterior a la versión Rotense original. Sin embargo, el fragmento aparece bastante completo y similar de esta forma:
“Quo mortuo ab uniuerso populo Adefonsus eligitur in regno, qui cum gratia diuina regni suscepit sceptra. Inimicorum ab eo semper fuit audatia conprensa. Qui cum fratre Froilane sepius exercitu mobens multas ciuitates bellando cepit, id est, Lucum, Tudem, Portugalem, Anegiam , Bracaram metropolitanam, Uiseo, Flauias, Letesma, Salamantica, Numantia qui nunc uocitatur Zamora, Abela, Astorica, Legionem, Septemmanca, Saldania, Amaia, Secobia, Oxoma, Septempuplica, Arganza, Clunia, Mabe, Auca, Miranda, Reuendeca, Carbonarica, Abeica, Cinasaria et Alesanzo seu castris cum uillis et uiculis suis, omnes quoque Arabes gladio interficiens, Xpianos autem secum ad patriam ducens.”
La traducción actual vendría a ser algo parecido a esto:
“Muerto este, fue elegido rey por todo el pueblo Alfonso, quien, con la gracia de Dios, tomó el cetro del reino y consiguió dominar siempre la fuerza de los enemigos. Con su hermano Fruela dirigiendo el ejército tomó muchas ciudades. Estas son: Lugo, Tuy Oporto, Anegiam, Braga, Viseo, Chaves, Ledesma, Salamanca, Numancia, que ahora llaman Zamora, Ávila, Astorga, León, Simancas, Saldaña, Amaya, Segovia, Osma, Sepúlveda, Arganza, Clunia, Mave, Oca, Miranda, Revenga, Carbonera, Abalos, Cenicero y Alesanco, con sus castillos, villas y aldeas. Matando a todos los árabes llevó consigo a los cristianos a la patria. En ese tiempo se poblaron Asturias, Primorias, Liébana, Trasmiera, Sopuerta, Carranza, Bardulias, que ahora llaman Castilla, y la parte marítima. Y Galicia, Álava, Vizcaya, Alaon [¿Ayala?] y Orduña siempre habían sido poseídas por sus habitantes, así como Pamplona, Deyo y Berrueza (...)”
Es decir, que según la crónica, el rey Alfonso I, entre 739 y 757 partió con un ejército a una campaña por la que asesinó a todos los musulmanes de todas las ciudades citadas en el documento (concretamente, son 28), para llevarse inmediatamente a todos los habitantes cristianos, y repoblar 15 ciudades.
La teoría es que esta campaña fue, sin duda alguna, estratégica, pues creó una amplia zona de desierto que servía como freno a las posibles campañas musulmanas, debido a la imposibilidad para crear asentamientos militares. La fundamentación para esta estratégia y, más que nada, para la debilidad aparente del ejército musulmán se encuentra también en las crónicas, tanto en la Albeldense como en las de Alfonso III (Rotense, Ovetense y Sebastianense) , en las que se lee sobre una debilidad notable de los ejércitos andalusíes, debido a la sublevación bereber reciente. El párrafo concreto dice lo siguiente:
“...y mataron [los bereberes] o ahuyentaron a los árabes de Galicia, Astorga y demás ciudades situadas allende de las gargantas de la sierra. Todos los árabes de los extremos del norte de la Península fueron impelidos hacia el centro, a excepción de los que habitaban en Zaragoza y sus distritos.”
Además, las crónicas también señalan las hambres mortíferas del 750, y entre el 751 y 752 marcharon muchos árabes de Galicia y del norte de la península, quedando estos territorios sin el yugo de los tributos y sin la presión religiosa, por lo que volvieron a convertirse al cristianismo.
Aquí un mapa para establecer una franja de conquista, según la crónica rotense:

El problema arqueológico
Respecto a la fundamentación arqueológica, la ciencia de la arqueología no permite un estudio exaustivo de estos dilemas, y únicamente nos queda la fundamentación en la toponímia. Para Claudio Sánchez Albornoz, la fundamentación básica toponímica era la contraposición entre la existencia de topónimos romanos o prerromanos en el resto de la península con la existencia de topónimos correspondientes a nombres propios o apellidos post-visigóticos, e incluso neovisigóticos o romanogodos, con una especial concentración en el norte de la península. También la existencia de topónimos con referencia al paisaje era un elemento a tener en cuenta.
Según Sánchez Albornoz, los topónimos no romanos ni prerromanos en el norte de la península, y la aparición de topónimos personales se debía sin duda a la colonización de dichas tierras, y a la voluntad de hacer permanecer un sustrato visigótico o cristiano. Era muy importante, pues, la no-presencia de topónimos árabes, ni bereberes ni andalusíes; y si fuera el caso de la presencia de alguno, según Sánchez Albornoz se debía, sin duda alguna, a la migración de comunidades o individuos mozárabes, que trasladaron consigo herencias culturales musulmanas. O, en limitados casos, la influencia cultural se había producido, sin duda, por el contacto bélico y fronterizo con tropas y pueblos andalusíes.
Estos elementos justifican, de forma no documental, la teoría albornosiana de la despoblación de la valle del Duero y de la importancia de la estrategia para la expansión cristiana.
¿Teoria tradicionalista? Las “nuevas tesis” de 2ª mitad del XX
El título de este apartado merece los interrogantes porque aquí hacemos despertar el espíritu crítico, y nos preguntamos si deberíamos seguir calificando la teoría como “tradicional” (en el sentido de “la que se ha defendido hasta recientemente”) o, más bien, “tradicionalista” (en el sentido político e ideológico de la palabra). Y es que sin duda, debemos hablar aquí de nuevas tesis, surgidas a partir de la segunda mitad del siglo XX que, aunque sin duda conllevan también cierta imparcialidad ideológica, parecen aportar algo más de luz a la expansión cristiana, a la vez que desmontan completamente las teorías albornosianas.
Y, comenzando por tendencias políticas (y aquí merecería la pena algo de filosofía de la historia, y tendencias historiográficas, aunque sería salirse demasiado del tema), vale decir, en primer lugar, y de forma completamente directa, que Claudio Sánchez Albornoz, a pesar de su exilio post-guerra civil, pertenece a los sectores españoles más nacionalistas y anticomunistas. No se pretende, con estas afirmaciones, desvirtuar los estudios de Sánchez Albornoz, ni establecer una posición política propia. Lo importante de este aspecto es que, precisamente a entorno de estos temas, surgieron las primeras críticas a sus teorías. El espíritu crítico de las nuevas tendencias, y sobretodo, del fin de la dictadura franquista, supuso la antítesis de lo que Sánchez Albornoz había defendido toda su vida.
Son, sin duda, los mayores exponentes de esta contraposición, los famosos Abilio Barbero, y Marcelo Vigil, aunque ya la había criticado Menéndez Pidal. Sus tesis respondían a las nevas necesidades de la historia, y pronunciaban una revisión absoluta de los postulados de la historiografía anterior. Debido a su influencia materialista, la confrontación historiográfica con Sánchez Albornoz tomó un relieve importante.
Las nuevas teorías, y con ellas, Avilio Barbero y Marcelo Vigil, defendían una revisión absoluta con respecto a las antiguas y, especialmente, con respecto al asunto de la reconquista. Aunque marcados por una influencia del materialismo histórico, sus teorías han pasado a ser las que parecen más acertadas, y más aceptadas actualmente. Y parece, por ello, comprensible, que su punto de mira principal fueran los métodos descritos por Albornoz y, en especial, las teorías de despoblación. Por ello, refundan las teorías de la despoblación del valle del Duero.
Siguiendo el recorrido que hemos iniciado con Sánchez Albornoz, por sus fundamentaciones hsitóricas, los motivos por los que se concluye que sus tesis fueron equivocadas son evidentes, incluso fuera de cualquier tendencia historiográfica. En primer lugar, y sobretodo, la documentación basada en la crónica Rotense (a interés de Sánchez Albornoz en escoger la Rotense y no otras, según Isla Frez) resulta, desde todos los puntos de vista, súmamente exagerado. La simple revisión de la orografía asturiana hace pensar que fue imposible la simple despoblación absoluta de tal cantidad de ciudades en manos de un solo rey. Y no sólo eso, pues dicha afirmación podría rebatirse con una intención de referencia a varias generaciones, sino que la idea de transportar, en cada campaña, la población supuestamente mayoritaria (el mismo Sánchez Albornoz lo dice, según él, debido a la poca presencia andalusí en el norte) de cristianos, desde la ciudad atacada hasta el centro político, es decir, Asturias, es más que descabellada.

En este mapa se ve claramente la lejanía entre las ciudades, y la dificultad de realizar semejante hazaña.
Además, a pesar de la debilidad musulmana en las zonas conquistadas, a las que las crónicas hacen referencia, la capacidad militar del reino astur para despoblar un valle entero, y llevarse a población campesina, son más que dudosas. Muchas de las ciudades supuestamente conquistadas, según la versión Rotense, disponían de buenas fortificaciones y defensas, y se encontraban francamente lejos del territorio asturiano.
En segundo lugar, existe una marcada contradicción en los argumentos de Albornoz. Según la versión Rotense, y como ya hemos leído, en época de Alfonso I, fue ocupada Galicia hasta el Miño. Albornoz defendió su tesis de la despoblación también en esta zona. Sin embargo, la crónica hace referencia también a las conocidas rebeliones de los Gallecie populi, por las que los habitantes de la zona, tanto marítima como interior de Galícia, se sublevaron contra el monarca astur. ¿Quiénes eran estos pobladores? La teoría de Albornoz no cuadra con lo que las mismas crónicas (hecho compartido por ambas) narran. Lo que se produce en realidad, pues, es una anexión, y no parece ser una despoblación.
Además existe, en las mismas crónicas, y en algunas musulmanas, referencias puntuales a poblaciones que se encontraban en las áreas supuestamente despobladas. Es el caso de una crónica árabe, en la que se narra el sitio de Astorga por parte de un ejército andalusí, en el 795. Lo mismo en el 846, año en que, según las crónicas árabes, también se atacó la ciudad de León, con un ejército al mando de Muhammad, hijo del emir. Lo interesante es que en estas fechas no se había producido aún la conquista de los territorios anteriormente despoblados. ¿Cómo compaginar una teoría con otra? Otro caso más famoso y conocido, es el de Abd al-Rahman III, que en el año 920 recorre las tierras del Duero, topando con abundantes explotaciones campesinas desarrolladas. En el 939, el mismo Abd el-Rahman III asola los campos de Íscar y Alcazarén. Es decir, que estaban poblados.
Por último, las copias de los documentos de la versión Rotense, e incluso a veces Albeldense y Sebastianense, que utilizó Claudio Sánchez Albornoz para sus tesis, se han demostrado ser falsificaciones posteriores, modificadas notablemente a partir de los siglos IX y X.
Las informaciones de la versión original más antigua, la Albeldense, parecen ser mucho más acertadas, o al menos más moderadas. Hablan de una supuesta conquista del mismo monarca, pero limitada a Astorga y León, y a la desolación de los Campos Góticos. Esta desolación debe entenderse en el sentido de expoliación de bienes, pero nunca desertización. Las menciones a la población de campos, además, no deben entenderse, según Menéndez Pidal, como repoblación como tal. Sino que hacen referencia, más claramente, a una reestructuración del territorio. Elementos que lo demuestran son abundantes en las crónicas, y sobretodo en los manuscritos de los Fueros astures y castellanos. El ejemplo más notable es la consideración de las tierras anexionadas como res nullius, es decir, tierra de nadie y consiguiente aceptación de la concesión real.
Los últimos registros arqueológicos
Además, y por último, los descubrimientos arqueológicos más recientes, han desvelado la posibilidad de nuevas teorías, que incluso cuestionan los elementos que considerábamos más fundamentales de la reconquista. Es el caso de las necrópolis de la Alta Sierra, correspondientes a la zona del Duero y del Alto Arlanza, entre las províncias de Burgos, Soria y La Rioja.
La importancia de dichos yacimientos, excavados mucho tiempo por el catedrático de la UB Alberto del Castillo, y por el actual profesor Dr. José Ignacio Padilla Lapuente (aunque en menos consistencia, y actualmente paradas), se debe a la presencia extendida de necrópolis altomedievales. La particularidad de estas necrópolis es, a pesar de la información que todas pueden aportar sobre estructuración religiosa y la formación de las villas, que no se trata de necrópolis cristianas, sino musulmanas. Su forma de inhumación las delata: mientras que las tumbas cristianas se hacen gruesas para que quepa un cuerpo tumbado boca arriba, encarando los pies hacia el este, en estas tumbas el tamaño es relativamente delgado, ya que corresponde a la práctica musulmana de inhumación de costado, mirando hacia la Meca.
En su defecto, y debido a las circunstancias de la fecha del yacimiento, las tumbas están orientadas hacia e Sur. Algunos estudiosos han querido defender que existía una confusión respecto a donde estaba la Meca. Pero lo más probable es que el enfoque hacia el Sur se deba a que, en dicho momento, Abd al-Rahman III ya se había proclamado califa, por lo que la orientación al Sur correspondía a Granada.
El caso de estas necrópolis, básicamente las de Quintanar de la Sierra y Cuyacabras , suponen la necesidad de una revisión absoluta de los términos y de las crónicas. Nunca hasta el momento se había planteado la posibilidad seria de asentamientos estables musulmanes en el norte absoluto de la Península: la historiografía había defendido que, debido a la orografía, los territorios más cantábricos i Atlánticos no habían sido conquistados. Los nuevos aportes están a la orden del día, y la historia de la alta edad medie sigue siendo, al parecer, una caja de sorpresas.
Autor: Amancio18
Bibliografía:
BARBERO Avilio, y VIGIL Marcelo; Sobre los orígenes sociales de la Reconquista.
DÍAZ Y DIAZ M.; La historiografia hispana desde la invasión árabe al año mil.
GARCIA DE CORTAZAR J.A; Las formas de organización social del espacio del valle del Duero en la Alta Edad Media: de la espontaneidad al control feudal.
ISLA FREZ A.; La Alta Edad Media, siglos VIII-XI
MENENDEZ PIDAL R.; Repoblación y tradición en la cuenca del Duero.
SANCHEZ ALBORNOZ .; Despoblación y repoblación del valle del Duero.
GÓMEZ MORENO, M. Las primeras Crónicas de la Reconquista:el ciclo de AlfonsoIII
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