La batalla de Hohenfriedberg (4 de junio de 1745)
En 1744 la Guerra de Sucesión Austriaca entraba en su cuarto año. Austria, enfrentada a Francia, Prusia, Baviera y España, entre otras, solamente contaba con la ayuda de Inglaterra y algunos estados alemanes.
Federico II, que había ascendido al trono precisamente en 1740, consideró que era el momento de empezar a engrandecer su reino a costa de su vecina, enfrascada en una guerra con media Europa. Tras invadir rápidamente el Ducado de Silesia (diciembre de 1740), rechazó el contraataque austriaco en la batalla de Mollwitz (10 de abril de 1741), que fue el batismo de fuego tanto para el ejército prusiano como para su rey.
Tras la victoria de Chotusitz (17 de mayo de 1742) y la cesión de Silesia (1742), Prusia y Austria no volvieron a entrar en guerra hasta 1744. Federico II de Prusia había obtenido lo que quería, el rico Ducado de Silesia y el reconocimiento internacional como nueva potencia. Sin embargo, era evidente para el joven rey prusiano que los austriacos no iban a admitir la nueva situación y que se volverían contra él para arrebatarle su conquista a la primera oportunidad que se presentase.
1744 vio un cambio a favor de las armas austriacas en la guerra contra sus múltiples enemigos. Federico II decidió que era mejor adelantarse a una probable ofensiva austriaca y el 12 de julio invadió Bohemia. Tras poner cerco a Praga, mal defendida por la milicia local y escasas tropas, ésta se rindió incondicionalmente el 16 de septiembre.
La penetración prusiana alcanzó Tabor, Budweis y Frauenberg. Durante las semanas siguientes, Federico II buscó con afán una batalla contra los ejércitos austriacos mandados por el Archiduque Carlos de Lorena (cuñado de la Emperatriz María Teresa) y el Mariscal Traun que cerrase victoriosamente la campaña.
Sin embargo, Federico no obtuvo su batalla. Los austriacos se limitaron a adoptar fuertes posiciones defensivas desde las que pudieran cortar las sobreextendidas líneas de suministro prusianas, de tal forma que para finales de octubre la posición prusiana en Bohemia era poco menos que insostenible. Para colmo, Sajonia había entrado en guerra contra Prusia, haciendo aún más difícil la posición estratégica de Federico con un nuevo enemigo a sus espaldas. En rápida sucesión cayeron Tabor, Budweis y Frauenberg en manos austriacas con la pérdida de unos 3.000 hombres.
Tras una penosa retirada, las tropas prusianas, hambrientas y sufriendo tifus y disentería, comenzaron la retirada el 9 de noviembre. Praga fue abandonada por su guarnición prusiana. Para el 8 de diciembre la retirada estaba terminada. De un ejército de unos 70.000 hombres en total, se calcula que los prusianos perdieron unos 17.000 sin que hubiera tenido lugar una sola batalla.
La campaña de 1745. La batalla de Hohenfriedberg.
La marcha de la guerra en general se estaba volviendo a favor de los intereses austriacos. El pretendiente bávaro al trono imperial, Carlos VII, había muerto y Baviera había quedado fuera de juego. Cada vez resultaba más evidente que la lucha para Austria se centraba en la recuperación de Silesia. Por otra parte, el tesoro de Federico no se hallaba en su mejor momento; las reservas acumuladas por su padre Federico Guillermo I se habían agotado. El fuerte desgaste sufrido por el ejército en la fallida campaña de 1744 había dejado el ejército prusiano falto de unos 8000 reemplazos de infantería (más o menos el equivalente de seis regimientos) y unos 700 de caballería (casi otro regimiento). Federico decidió permanecer a la defensiva y que fueran los austriacos quienes se internasen en su provincia perdida. No tardaron en hacerlo, con el Archiduque Carlos esta vez al mando de unos 40.000 austriacos y 19.000 sajones al mando del Duque de Weissenfels, que penetraron en Silesia a finales de mayo. Por su parte, Federico concentró prácticamente todas sus fuerzas disponibles, unos 59.000 hombres, en el campamento de Frankenstein, con la esperanza de hacer descender al enemigo hacia la planicie silesiana.
El 3 de junio Federico II pudo ver al ejército aliado descendiendo en ocho columnas que marchaban al ritmo de trompetas y tambores batientes y con las banderas desplegadas, y que iban ocupando el terreno entre las localidades de Kauder y Hohenfriedberg (hoy día Dobromierz, en Polonia). Tal y como deseaba Federico, los aliados abandonaban las montañas y se desperdigaban confiados por la llanura silesiana.
PLANO DE LA BATALLA
(Fuente: Duffy, C. "Frederick the Great: a Military Life"
Routledge & Kegan Paul, London 1985)
Leyenda: Unidades blancas: austriacos. Unidades rayadas: sajones
Unidades negras: prusianos.
C= regimiento de Coraceros (caballería pesada)
D= Regimiento de Dragones (caballería media)
H= Regimiento de Húsares (caballería ligera)
Las unidades con numeral únicamente son regimientos de infantería
Las unidades con dos números separados con una barra (romanos para los austriacos y arábigos para los prusianos) son batallones de granaderos.
C iii)= carabineros austriacos (escuadrones de elite de los regimientos de coraceros unidos para formar un regimiento de caballería ad hoc)
IIIIIIIIIIII : artillería pesada prusiana (piezas de 12 libras o más)

El plan del Rey de Prusia era hacer una marcha nocturna hacia el noroeste, cruzar el arroyo de Striegau, y arrollar el flanco enemigo desde el este. Sin embargo, el ejército austro-sajón estaba tan extendido que una buena parte del ejército enemigo (sajones sobre todo) estaba enfrente de los prusianos sin que ninguno de los contendientes lo supiera. En la madrugada del 4 de junio toda la caballería del ala derecha prusiana se encontró de golpe con el enemigo. No había tiempo para más; Federico II ordenó a la artillería apoyar a la vanguardia al mando de Du Moulin con el fin de hacerse con las lomas de Striegau, en poder de los sajones.
De inmediato se formó una gran melé de jinetes. Coraceros, dragones y húsares prusianos se entremezclaron con la caballería enemiga, que terminó huyendo. La escasa infantería sajona en el lugar fue aniquilada.
Entretanto, la vanguardia de la infantería prusiana al mando de Leopold von Anhalt-Dessau formó en línea sin esperar al resto de la infantería, que fue agrupándose a izquierda y derecha de la vanguardia. En total 21 batallones se desplegaron en línea y empezaron el avance hacia el enemigo, mosquetes al hombro, banderas al viento y batiendo los tambores. Resistiendo el fuego sajón, la infantería prusiana se acercó a 400 pasos y empezó a descargar su fusilería sobre el enemigo.
Hacia las 7 de la mañana los sajones habían sido derrotados y estaban en retirada. El plan prusiano no era el original, pero había logrado derrotar a parte del ejército enemigo antes de que los austriacos hubieran podido jugar ningún papel en la batalla.
Volverse contra los austriacos exigía, no obstante, hacer maniobrar al ajército de forma delicada. En el barullo de órdenes y contraórdenes, los diez batallones de Fernando de Brunswick quedaron aislados a unos 1.000 pasos al este de Günthersdorf. Carlos de Lorena, comandante austriaco, no aprovechó la oportunidad de aplastar el flanco izquierdo prusiano que se le ofrecía. Finalmente, Federico reunió trece batallones de infantería y cinco de granaderos.

Un batallón de granaderos prusiano durante la batalla. Pintura de Röchling
Aún así, la caballería del ala izquierda prusiana estaba peligrosamente expuesta. Es más, los diez escuadrones al mando de Kyau, desplegados entre Thomaswaldau y Halbendorf, ignorantes de que el puente que habían usado para cruzar el arroyo de Striegau se había desplomado, habrán sido aniquilados por la caballería austriaca de no haber descubierto el general Zieten un vado entre Teichau y Graben, que cruzó al frente de los Húsares de Zieten (H2, ver mapa) y los Dragones de Alt-Württemberg (D12, ver mapa). De manera rápida Zieten cayó sobre la segunda línea austriaca antes de que ésta pudiera hacer daño a la fuerza de Kyau.
Entretanto, Nassau mandó otros 25 escuadrones en apoyo de Zieten mientras la infantería empezaba a abrir fuego contra la caballería austriaca desde Thomaswaldau. La caballería austriaca se retiró en desorden.
En la práctica la batalla había quedado reducida al ejército prusiano contra el grueso de la infantería austriaca, unos 19.500 hombres, que defendían su terreno con gran determinación. El intercambio de fuego de fusilería y artillería era incesante; el ruido aterrador, según atestiguaba un oficial del regimiento prusiano del Margrave Carl.
Mientras se desarrollaba la batalla contra la infantería austriaca, tuvo lugar el acontecimiento que finalmente decidió el combate. El regimiento prusiano de Dragones de Bayreuth (D5, ver mapa), una enorme unidad de un tamaño doble al de un regimiento de caballería normal, esto es, unos 1.500 hombres, avanzó desde la segunda línea una vez que su misión de proteger la retaguardia prusiana ya no tenía sentido tal y como marchaba la batalla. Cruzando el arroyo de Striegau a la altura de Teichau, se plantó al sur de Günthersdorf junto a la segunda línea de la infantería prusiana. El comandante de los tres escuadrones que iban a la derecha observó entonces que había un peligroso hueco entre la brigada del príncipe Fernando de Brunswick y el regimiento de Bevern (7, ver mapa). Brunswick hizo ver entonces a los dragones que había un batallón de granaderos austriaco a unos 400 pasos que ocultaba el grueso del ejército enemigo.
Nadie sabe a ciencia cierta quién dió la orden de carga, pero lo cierto es que más o menos a las 8:15 de la mañana el regimiento de Bayreuth, formado en línea de a tres, atravesó los intervalos de la infantería prusiana al paso, Tras avanzar a través de algunas zanjas procurando mantener el orden, el regimiento empezó a trotar y finalmente la enorme unidad empezó a galopar hacia los granaderos austriacos, que fueron capaces de disparar a quemarropa a los dragones (20 pasos), pero no de soportar su carga, cayendo la mayoría de ellos.

La carga de los Dragones de Bayreuth. Dibujo de Menzel
El resto de la línea austriaca, sorprendida de flanco, se derrumbó como un castillo de naipes. En veinte minutos los Dragones de Bayreuth habían hecho 2.500 prisioneros, capturado 67 banderas y cinco cañones a costa de 94 bajas propias. El resto de la infantería austriaca, a excepción de tres regimientos que mantuvieron el orden e intentaron cubrir la retirada, se desbandó presa del pánico.
La batallá acabó a las 9 de la mañana.
Después de la batalla
Como siempre ocurre, las cifras varían. Ambos ejércitos contaban con unos 60.000 hombres según las fuentes más fiables. Las bajas prusianas fueron 4.751, de ellas 905 muertos. Los austriacos y sajones perdieron 13.800 hombres, de ellos 3.120 muertos. Hay quien afina más y desglosa las bajas aliadas en 4.000 muertos y 6.000 prisioneros, entre ellos 6 generales y 200 oficiales, junto con 4 estandartes y 74 cañones.Federico II estaba entusiasmado con el resultado de la batalla; su caballería, desastrosa en Mollwitz y solo aceptable en Chotusitz, había decidido el combate. Refiriéndose al regimiento de Bayreuth, dijo: "Estos hombres del Regimiento de Bayreuth son unos verdaderos Césares. ¡Uno puede imaginarse qué monumentos se habrían erigido en su honor en la antigua Roma!".

Los Dragones de Bayreuth muestran a Federico II las banderas capturadas
Sin embargo, la batalla no resultó decisiva. En realidad, el concepto de batalla decisiva o de aniquilamiento era algo extraño aún a mediados del siglo XVIII. Austriacos y sajones no fueron hostigados durante su huída y sus bajas, aunque cercanas al 25% de sus efectivos, no suponían la destrucción de las fuerzas aliadas. Posiblemente Federico II se planteó las dificultades que implicaría perseguir al enemigo extendiendo sus líneas de suministro como en la campaña de 1744. También es posible que considerase que los austriacos habían recibido suficiente castigo y que se olvidarían de Silesia por una temporada. Pero no fue así. María Teresa demostró una vez más el carácter austriaco, que magnifica cualquier pequeño éxito, pero no se desanima ante varios reveses sucesivos.
Por su parte, el Archiduque Carlos, a pesar de haber demostrado ya en dos ocasiones que era un hombre de un talento militar limitado, permaneció al frente del ejército. Uno no puede menos que reír cuando lee la carta dirigida a su hermano, el Emperador consorte: "Hemos tenido una derrota perfecta y en la mejor posición del mundo y nuestras gentes demostraron la mejor voluntad en el avance. El ataque comenzó primero contra los sajones y cuando los atacamos, en la primera descarga la mayoría de los nuestros retrocedieron y no hubo manera de volverlos...En fin, ¡Dios lo ha querido!..."
La victoria de Hohenfriedberg inspiró a Federico II, músico aficionado, a componer una marcha conmemorativa de la gran victoria, la Hohenfriedberger Marsch, a la que se añadió letra en el siglo XIX y que con el tiempo se convirtió en una de las clásicas marchas prusianas.
Autor: Santos_Reyes
Bibliografía
"Frederick the Great: a military Life" (Cristopher Duffy, Londres 1985)
"María Teresa, emperatriz de Austria" (Henry Vallotton, Ed. Espasa-Calpe, Madrid, 1966)
Wikipedia variada.
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