La primera guerra mundial de Hitler
Allí estaba Hitler, tal como demuestra esta foto tomada a la multitud por Heinrich Hoffmann, quien años después se convertiría en amigo de Hitler y en su fotógrafo oficial. Con ayuda de una lupa se le puede distinguir entre la masa que le rodeaba.

Hitler se encontraba en su buhardilla pintando postales cuando le interrumpió la señora Popp para informarle de que su futuro emperador acababa de ser asesinado.
Allí estaba Hitler, tal como demuestra esta foto tomada a la multitud por Heinrich Hoffmann, quien años después se convertiría en amigo de Hitler y en su fotógrafo oficial. Con ayuda de una lupa se le puede distinguir entre la masa que le rodeaba. El 2 de agosto de 1914, entre la gran multitud que se manifestó en la Odeonplatz de Múnich, ante el palacio Feldhern, para vitorear al rey Luis III de Baviera y celebrar la declaración de guerra hecha por Alemania a Rusia el día anterior. Sobre este acontecimiento, Hitler escribiría años despues: No me averguenzo de confesar que, presa de un entusiasmo irrepimible, caí de rodillas y agradecí al cielo que me hubiera permitido vivir semejante momento.
Si os fijais, Hitler está bien vestido, tiene buen aspecto físico, ya lleva su característico bigote y existe iluminación en la expresión de su rostro. Diría que se le ve emocionado y feliz. La guerra era para él una liberación, una manera de escapar de una existencia fracasada, gris, monótona y desesperanzada. Confiaba en que la guerra le brindase oportunidades, quizá grandes hazañas donde convertirse en un héroe y alcanzar el protagonismo que tanto anhelaba y que la vida le había escamoteado tanto hasta entonces.
Como no era alemán tuvo que pedir un permiso para poder ingresar en el ejército bávaro que le fue concebido en tan solo veinticuatro horas. El 16 de agosto fue encuadrado como soldado 148 de la 1ª compañía del 16º regimiento bávaro, que adoptó el nombre de su primer jefe, el coronel List. Era una unidad formada por voluntarios, gentes, en general, pertenecientes a la reserva y, por tanto, un grupo heterogéneo por su procedencia, extracción social, cultura y edad, en el que Adolf Hitler, artista fracasado de 25 años, no desentonaba.
El adiestramiento duró hasta octubre. De aquellos tres meses Hitler apenas recuerda otra cosa que su impaciencia por salir al frente. Los periódicos publicaron durante ese periodo la formidable sucesión de victoriosos avances que condujeron a los ejércitos alemanes hasta el Marne. Los reservistas leían rabiosos que los parisinos ya escuchaban atemorizados el lejano fragor de los cañones; parecía claro que la guerra acabaría antes de que ellos completasen la instrucción. Pero no fue así…

El 21 de octubre de 1914 el regimiento de List partía hacia Francia y, tras atravesar las ciudades flamencas, asoladas por la guerra, llegaron al frente de Yprés el día 28. En la mañana siguiente, Hitler tuvo su bautismo de fuego:
(…) “Pronto llegaron las primeras andanadas, que explotaron en el bosque y arrancaron árboles como si fueran arbustos. Nosotros mirábamos muy interesados, sin una idea real del peligro. Nadie estaba asustado. Todos esperábamos con impaciencia la orden “¡¡Adelante!!”. La situación era cada vez mas tensa. Oíamos decir que alguno de los nuestros había caído herido. (…) Apenas podíamos ver nada entre el humo infernal que teníamos enfrente. Por fín llegó la tan esperada orden: “¡Adelante!”. Saltamos en tropel de nuestras posiciones y corrimos por el campo hasta una pequeña granja. Las granadas estallaban a derecha e izquierda, pero nosotros no le hacíamos ningún caso. Permanecimos tendidos allí durante diez minutos y entonces nos ordenaron de nuevo que avanzásemos. Yo iba al frente, delante de mi pelotón. El jefe del pelotón, Stoever, cayó herido. ¡Dios mío (yo apenas tenía tiempo de pensar) la lucha empezaba en serio!”.
Así describía Hitler, en una carta de 1915, su primera batalla en la que aquellos soldados novatos, con escasa protección artillera, fueron empleados como carne de cañón, hasta el punto de que en cuatro días de lucha sin tregua el regimiento List había pasado de 3.500 hombres a tan solo 600, varias compañías fueron disueltas para completar los efectivos de las otras y solo quedaban 30 oficiales aptos para el combate. La unidad hubo de ser enviada a retaguardia para reorganizarse, y a mediados de noviembre volvían a la acción.
El comportamiento de Hitler en estos combates debió ser muy valeroso porque fue ascendido al rango de cabo, recibió la Cruz de Hierro de segunda clase y fue destinado a labores de enlace. Esto último quizá fue lo mas importante. La tropa que se pudría en las trincheras envidiaba a los enlaces y les consideraba unos “enchufaos”; los enlaces vivían en la retaguardia, comían caliente y siempre hallaban raciones suplementarias de alimentos en el Estado Mayor o entre la población civil; solían dormir en lugares secos y abrigados, a salvo de ataques de artillería o asaltos imprevistos; no tenían que salir de las trincheras con la bayoneta y jugarse la vida en avances segados por las ametralladoras. Si bien eso era parcialmente verdad, a cambio de esas comodidades, los enlaces sufrían pérdidas mas elevadas que el resto de la tropa, hasta el punto de que operaban por parejas para garantizar que los mensajes llegaran a su destino y aún así, a veces ambos morían en el camino; en los primeros 3 años de guerra, de un total de 14 murieron 12 de los enlaces del batallón de Hitler. Se requería que fueran muy valerosos para cruzar sin vacilaciones campos batidos por el fuego enemigo. Además, debían tener un buen sentido de la orientación para localizar las posiciones avanzadas y llegar a ellas incluso durante la noche o a pesar de las mayores inclemencias del tiempo. Y debían ser astutos, para burlar a las patrullas enemigas.
Hitler dio sobradas muestras de todas esas virtudes porque sobrevivió a la guerra después de haber cumplido centenares de misiones, recibiendo solamente una herida. Fue según sus jefes y compañeros un soldado que incluso, se excedía en el cumplimiento del deber, presentándose voluntario siempre que se solicitaban y rechazando hasta 1917 los permisos que reglamentariamente le pertenecían.
A la largo de la Gran Guerra, Hitler recibió numerosas condecoraciones:
-La Cruz de Hierro de segunda clase.
-La Cruz del Mérito Militar de tercera clase con espadas.
-El diploma del regimiento.
-La Cruz de Hierro de primera clase (de las mas apreciadas y rarísimas entre la tropa).
-La Cinta Negra (concedida a los que sufrían heridas de guerra).
-La Medalla al Servicio Militar de tercera clase.
A pesar de ser un soldado sin duda alguna heroico, escrupuloso observador y cumplidor del reglamento (asistía a oficios religiosos pese a su anticlericalismo, porque así lo decían las ordenanzas) y uno de los hombres de la tropa mas condecorados… Con todo… y no ascendió nunca por encima del grado de cabo.
El que no ascendiera es una de las cuestiones que más a sorprendido a sus biógrafos al tratar esta época de Hitler. ¿Por qué no ascendió en un ejército que a lo largo de la guerra sufrió cerca de dos millones de muertos, muchos de los cuales, eran suboficiales y oficiales?

Sin duda, a pesar de todos estos rasgos que hacían de Hitler un tipo admirable en el terreno militar, era por otro lado, un hombre excéntrico, inquieto y malhumorado. Sus discursos y teorías nacionalistas y antisionistas aburrían a sus compañeros. Hitler era un lector retraído que pasaba muchos ratos leyendo a Schopenhauer y a Nietzsche mientras el resto pasaba el tiempo jugando a las cartas. También era un misógino que no solo no compartía el interés por las mujeres sino que además reprochaba a sus compañeros sus escarceos. Y su imagen física desgarbada y aparentemente débil, chocaba con los clichés populares en el ejército. Además, carecía de la concisión y claridad que apreciaban los militares: esa incapaz de dar una respuesta rápida y concreta, mientras que sus informes eran largos y farragosos.
La mayoría de sus compañeros opinaron de Hitler que era un hombre aislado, con escasos amigos, incapaz de divertirse con sus camaradas que solía pasar su tiempo libre leyendo o con sus dibujos.
Aparte de ganarse de sus camaradas los adjetivos de excéntrico misógino y reglamentarista. Hitler comenzó a disfrutar entre sus compañeros de una bien ganada fama de afortunado y casi invulnerable. El regimiento List combatió las batallas mas duras de la IGM y padeció un escalofriante 60% de bajas, de las que casi la mitad fueron mortales. En esa unidad, el enlace Hitler fue respetado por la metralla enemiga hasta los combates del Somme, en el verano-otoño de 1916, donde murieron casi un millón de hombres. Allí a finales de septiembre, se repitió la excelente fortuna de Hitler… Sentado junto a algunos compañeros en un refugio, les alcanzó de lleno una granada británica. El resultado: 4 muertos, 6 heridos graves y solo 2 indemnes. Sin embargo, el 5 de octubre de 1916, mientras realizaba una misión de enlace a la que se presentó voluntario, recibió un cascote de metralla en el muslo. Hitler quedó tendido en el campo de batalla, hasta que fue retirado horas después. Seguía siendo afortunado… la herida era lo bastante grave como para enviarle a un hospital de Alemania pero no como para temer por su vida.
Después de resultar herido… tres días mas tarde, se encontraba Hitler en el hospital de Beelitz, cerca de Berlín. Hacía dos años que Hitler no regresaba a Alemania, dos años de duro e ininterrumpido combate e inconsciente de lo que pasaba en la retaguardia…
En el hospital, Hitler comenzó a percatarse de los primeros signos de derrotismo: soldados contentos de ser heridos o incluso, aquellos que explicaban sin reparos su habilidad para automutilarse para salir del combate. Y allí, Hitler que jamás se había quejado de las penalidades de la guerra se impacientaba en aquel lugar…
Durante sus dos meses de convalecencia tuvo la oportunidad de visitar Berlín. Allí lo que le impresionó fue el clima de descontento y derrotismo que se percibía en cada rincón de la ciudad. El invierno de 1916-17 fue muy frío… el combustible para calentar los hogares y el alimento estaban racionados. Y las gentes deambulaban sin alegría alguna.
Hitler fue dado de alta en diciembre y destinado a un batallón de reserva en Munich. Allí se repetía la imagen de Berlín: cansancio, desengaño y ansias de que la guerra llegase a su fin. Hitler escribió sobre la impresión que le causó la capital bávara: “Apenas conseguía reconocer el lugar. ¡Ira, agitación y maldición, dondequiera que uno fuese!”. Y políticamente la situación era mucho peor en Baviera que en Berlín. La gente comenzaba a creer que la responsabilidad de la mala marcha de la guerra la tenían quienes la manejaban: los prusianos, los generales y los políticos de Berlín.
En Munich, Hitler se tropezó con los que querían la paz a toda costa y a cualquier precio, con los que deseaban aumentar el esfuerzo bélico y con los que pretendían dirigirlo. Pensaba Hitler que todo este clima lo único que conseguía era favorecer al enemigo; alguien estaba corrompiendo y dividiendo la retaguardia y, halló en los judíos la causa de todas las calamidades. Mientras, los judíos contribuían al esfuerzo bélico como el resto de la población.
La vida de guarnición en Munich ahogaba a Hitler, que solicitó ser reclamado por su unidad. El 10 de febrero de 1917, regresaba al frente y lo hacía en el peor momento: en las trincheras alemanas habían aparecido el hambre y en las enemigas, la opulencia.
El regimiento List lucharía sin tregua
A Hitler la retaguardia le agobiaba. Mientras la mayoría de soldados deseaban salir del frente, Adolf no pensaba en otra cosa que en volver al campo de batalla. Ese momento llega. Como dije, en febrero de 1917 regresa al frente.
El regimieno List lucharía sin tregua hasta el 31 de julio en Flandes y Artois, enfrentándose a franceses y británicos en los combates mas duros de la guerra. Por dos veces, el regimiento de Hitler estuvo entre las fuerzas que frenaron al mariscal británico Haig y entre las que ganaron a los franceses en el derrumbamiento del Chemin des Dames, pero el 3 de agosto los restos del regimiento List fueron retirados del frente. De los 1.500 soldados iniciales, a estas alturas solamente quedaban 600. Con el fin de reorganizarse, el regimiento fue enviado a esa retaguardia que tanta inquietud le producía al cabo y, sorprendentemente, Hitler tomaba entonces su permiso reglamentario de 1917 para visitar a sus tíos Theresa y Antón en Spital, lugar de vacaciones de su niñez. Llegaba con 28 años, después de once de ausencia.

Después del permiso y vista toda la miseria que había en las calles… regresó al frente abrumado por la situación de la retaguardia. Para Hitler había sin duda dos factores interpuestos entre Alemania y la victoria: por un lado, la dañina propaganda anglofrancesa que los alemanes no habían tenido capacidad de contrarrestar y, por otro, la desmoralización en la retaguardia provocada por los judios.
La guerra por entonces, parecía sin embargo mejor encaminada. Alemanes y austriacos batían a los italianos en Caporetto y los rusos firmaban el armisticio. Alemania, podría entonces volcar todos sus efectivos sobre Francia. Pero no fue todo tan sencillo…EE. UU. entraba en escena declarando la guerra a Alemania y aparte de un nuevo enemigo, la situación interior alemana era cada vez mas insostenible: hambre generalizada, escasez, innumerables cadáveres, calefacciones apagadas, protestas… y todo por una guerra que parecía no tener fín y que además, tampoco parecía ganarse. Todo este clima caló en Hitler … comenzaba a fraguarse la famosa “puñalada por la espalda”.
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En la primavera de 1918 aún no se pensaba en eso. Por entonces, en las líneas alemanas existía la esperanza de una victoria. Ludendorff lanzaba su ofensiva del 27 de mayo que perforó las líneas francesas. Dos semanas mas tarde, los alemanes estaban de nuevo ante el Marne, un río que llevaba ya mas sangre que agua. Pero nuevamente el cruce del Marne resultó ser un fugaz sueño para los alemanes: el 19 de junio, después de haberse sostenido apenas una semana sobre su margen izquierdo, las tropas de Ludendorff iniciaban su retroceso. En aquellos días, el cabo Hitler estuvo a 40 km de París y aunque se quedó con ganas de desfilar triunfalmente por los Campos Elíseos, 22 años mas tarde… cumpliría su sueño.
Tras el fracaso de la ofensiva
Impuesta la Cruz de Hierro de primera clase y después de cogerse el permiso que esta distinción llevaba anexo… Adolf Hitler regresa al frente y lo hace en los mismos lugares donde había recibido su bautismo de fuego hace ya cuatro años.
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Es una historia fascinante e inedita para mi. Aunque los hechos posteriores hicieron surgir lo peor de la personalidad de Hitler, no cabe duda que poseia algunas cualidades sobresalientes que, si hubieran sido utilizadas en la direccion adecuada, lo hubieran convertido en un personaje de impacto positivo en la historia de muchas naciones.
Este articulo ha hecho que me interese por conocer mas sobre otros aspectos de la historia personal de Hitler, con el objeto de tener una vision mas completa de este complicado personaje.
Excelente artículo, muy objetivo, conocía ciertos detalles de la vida de Hitler como soldado en la 1era. Guerra Mundial, pero este artículo ha ampliado mas detalles que no conocia, saludos,
EDMO
No conocia esta parte de la historia de Hitler.
En verdad, he quedado realmente sorprendido, no lo hacia un soldado tan valiente y arriesgado.
Ahora si creo interpretar parte de su personalidad, cuando le toco conducir el destino de Alemania.
Muy interesante y completo el artículo.
Muy interesante. La historia debe escribirse así, sin sesgos ni apasionamientos.
Impresionante, tan solo una cosa, al principio se repiten dos frases :S pero me ha encantado :)
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SIMPLEMENTE UN ARTICULO INTERESANTE...
NO HE ENCONTRADO UNA SOLA NOTA DENIGRANTE HACIA EL PERSONAJE Y ESO AUMENTA LA CALIDAD DEL ARTICULO...