Francia 1490-1504
Estamos en el reinado del rey francés Carlos VIII de Francia, este mismo rey tenía en sus manos un estado sólido y fuerte, había pasado ya el tiempo en que los reyes de Europa durante la Edad Media habían gobernado los países con poco poder,
mientras que la nobleza y los grandes señores feudales eran los que verdaderamente detentaban el poder.
Esto fue así en los siglos X, XI, XII, XIII y XIV, pero en el XV las monarquías europeas empezaron a hacerse fuertes y a empezar a debilitar la fortaleza de la nobleza, la inseguridad que reinaba en los estados, la cual obligaba a la ciudadanía a pedir protección a los grandes señores feudales (debilitando con ello el poder real) estaba empezando a tener su fin.
Las monarquías empezaron a perseguir a los delincuentes con eficacia, a la par que empezaron a crear ejércitos profesionales bajo su mando directo, ¡lo cual les daba gran poder!, ya que anteriormente los ejércitos del rey se componían de hombres reclutados por la nobleza, lo cual hacía al rey sumamente dependiente de los nobles, a la par que indirectamente se veía que la fuerza militar no dependía del rey.
Para sentar las bases del nuevo poder de la monarquía, los reyes europeos se asentaron en unos pilares muy poderosos que les dieron su supremacía sobre la nobleza de sus países, entre algunos de estos estaban los siguientes:
Se creó un ejército permanente que estaba a disposición del rey de turno, este era pagado por los fondos la corona, fondos que se conseguían con los impuestos que se recaudaban de los súbditos del país. En este siglo el ejército se perfeccionó con la aparición de la pólvora y la artillería, arma tan cara y poderosa no podía ser sufragada por la nobleza.
Se creó una administración burocrática que sirvió a los reyes con suma eficacia y lealtad, la cual se formó en las universidades que se crearon o existían en los distintos países, gentes expertas en derecho romano que contribuyeron con su saber al desarrollar el poder real.

Carlos VIII de Francia
También se creó “la diplomacia”, embajadores hábiles y formados que se establecieron en distintos países, para mantener una colaboración más activa en la política exterior del país a donde pertenecían. Esto podía hacerse en un país amigo, para mantener una colaboración directa con el país a través del embajador y para que este, defendiera en la medida de lo posible a los compatriotas que estuvieran establecidos en dicho país.
Claro que también podía utilizarse como arma de doble filo, establecer un embajador en un país con supuesta buena colaboración, pero en el fondo para realizar tareas de espionaje e información sobre el país en cuestión, ya sea directamente o a través de otras personas que espiaban y que estaban bajo su control.
Estas operaciones eran muy delicadas, ya que el trato que recibía el espía podía conducirle en el mejor de los casos a la expulsión del país, o en el peor a procederse a su ejecución, así que solo personas muy hábiles tenían que desarrollar este tipo de cometidos u operaciones encubiertas.
Con estos y otros mimbres, la labor y poder de la monarquía desbancó a la nobleza en la toma del poder de un país. Carlos VIII como comenté, tenía bajo sus manos un país desarrollado y fuerte, pero el rey se embarcó en 1494 en una operación militar en Italia, en la misma habían influido los muchos desterrados italianos que había en Francia, ya que las luchas intestinas por el poder en los principados italianos eran numerosas, estando en un momento en la cima del poder y al poco tiempo depuesto y huyendo para salvar la vida.
Carlos VIII estaba contento con esta nueva andadura, la cual se preparó meticulosamente, el rey francés decidió que mientras realizaba esta empresa, su retaguardia estuviera a salvo de cualquier peligro de un país rival, para lo cual decidió establecer relaciones cordiales con aquellos países con los que tenía alguna cuenta pendiente.
Esto no fue nada fácil y llevó un tiempo, España, Inglaterra y Austria tenían litigios con el país, los cuales no eran fáciles de atajar, con España en particular había cierta animosidad, si bien las relaciones de Castilla con Francia siempre habían sido muy amistosos, no así eran con la corona de Aragón, y con su rey en particular llamado Fernando II.
Este les profesaba cierta animosidad, debido a que hace unos 30 años, cuando reinaba Juan II, en una guerra fueron tomados los condados del Rosellón y Cerdaña al reino de Aragón, los cuales están situados en el Sudeste de Francia, por los Pirineos y al Noroeste del reino de Aragón, esta era una espina que Fernando II quería sacarse de encima, y para lo cual convenció a la reina Isabel de Castilla, tradicional aliada de Francia.

Lansquenetes alemanes
A través de una serie de negociaciones, entabló negociaciones con Inglaterra, enemiga de Francia para una alianza con los franceses, en octubre de 1492 los ingleses desembarcaron en Boulogne, a la cual atacaron con artillería, pero los franceses pusieron en práctica el juego de la diplomacia y a través de una jugosa indemnización, los ingleses firmaron la paz con los franceses echando por tierra las negociaciones diplomática españolas.
Con Austria, parece que las concesiones territoriales del Franco Condado y Artois, hechas en 1493, sirvieron para establecer las relaciones a un buen nivel. Solo faltaba el terco rey aragonés para que Carlos VIII tuviera las manos libres para entrar en Italia. Carlos estudió seriamente el problema y llegó a la acertada conclusión de que solo hallaría la paz con Aragón devolviendo los condados del Rosellón y Cerdaña a su antiguo dueño.
Para ello inició una larga serie de negociaciones entre ambos países, las cuales fueron arduas y no exentas de tensiones, ya que había en la corte francesa personas muy influyentes que no veía con buenos ojos la cesión a Aragón de unos enclaves tan estratégicos, fronterizos con él, digamos, “enemigo”.
Se llegó a fortificar la guarnición francesa de Perpiñán, la gente de ambas poblaciones estaba asustada, ya que se creía que las tropas de ambos países iban a saquear las poblaciones. Hubo una situación tensa cuando un personaje castellano fue secuestrado por un capitán francés, y solo se logró liberarle por la fuerza de las armas.
Sin embargo la cordura se sobrepuso y pacíficamente Fernando II tomó posesión de dichos enclaves a principios de septiembre de 1493. Con esto podía Carlos VIII preparar su ansiada campaña contra los principados italianos.
LA CAMPAÑA
Había muerto el rey de Nápoles a principios del año 1494 y Carlos aspirara a ocupar el trono en base a derechos dinásticos que se remontaban a su abuela María de Anjou, el problema es que el rey de Aragón Fernando II también aspiraba al trono. Carlos presiono al Papa de Roma Alejandro VI para que le coronara rey de Nápoles, pero el Papa no le hizo caso y finalmente coronó a Alfonso II, que era primo del rey de Aragón.
Esto fue como una bofetada para Carlos, el cual pretendió acceder al trono napolitano por la fuerza de las armas. Carlos encontró un aliado en el regente de de Milán, llamado Ludovico Sforza, enemigo del nuevo rey de Nápoles.
Tras una preparación cuidadosa, Carlos entró en los principados italianos con un poderoso ejército de 30.000 hombres, entre los que se incluía a la caballería francesa, ¡la mejor de Europa!, con unos efectivos de unos 15.000 jinetes entre caballería pesada, hombres cubiertos por armadura de hierro por todo el cuerpo, formados sus miembros por la nobleza del país, también estaban los arqueros a caballo, si bien estos solo estaban protegidos por su tronco, por una coraza de cuero.

Arcabucero español
También formaban entre sus filas los temidos piqueros suizos, costosos mercenarios, armados con largas picas contra los que se estrellaba la caballería enemiga, sus miembros rondaban los 8.000 hombres.
También formaron parte infantería francesa armada con espadas y alabardas y la artillería francesa, esta estaba formada por un tren de artillería que llegó a asombrar a Europa, no solo por la cantidad de piezas para la campaña, sino por su eficacia y agilidad en el transporte y calidad de las mismas.
LA ARTILLERÍA FRANCESA
La artillería francesa fue objeto de nuevas innovaciones que la convirtieron en una de las mejores de la época. Los cañones franceses que se construyeron, tenían un diseño sumamente mejorado con respecto a los de otros países, tenían el ánima de bronce macizo, medían 2,4 m. y para su transporte eran llevados en un armazón de madera llevados por unos caballos.
Esto hacía su transporte mucho más ágil que el transporte convencional que se usaba, impidiendo ralentizar la marcha del ejército. Además, el armazón donde eran transportados los cañones, permitía mover los cañones a derecha o izquierda, ¡a voluntad!, simplemente levantando la cola del armazón para realizar esta operación, en contra del resto de cañones del mundo, ¡los cuales, dado su diseño medieval eran fijos y toscos, sin posibilidad de maniobrar con ellos.
La velocidad lo fue todo en esta campaña, ya que los franceses entraron velozmente el Italia cogiendo por sorpresa a los principados italianos. Además, la maniobrabilidad de los cañones, permitía según las circunstancias, situar los cañones para que batieran la base de los castillos italianos o, si era conveniente, elevar el ánima de los cañones para que machacaran en la cima de los castillos las cornisas y torres de los mismos, ¡todo con una eficacia admirable!.
Aquí nuevamente los franceses se adelantaron a su tiempo, además de perfeccionar la rama de la artillería, se procedió a profesionalizar a sus sirvientes. Los artilleros fueron entrenados minuciosa y específicamente para desarrollar su labor para esta arma, consiguiendo un cuerpo profesional y experimentado de gran nivel.
En esta campaña de 1494 las ciudades Italianas cayeron como naipes, ¡ninguna fortaleza podía resistir la artillería francesa!, los cual obligo posteriormente a los italianos a pensar en un nuevo tipo de fortificación que resistiera a los franceses, mientras, las ciudades de Florencia, Roma y Nápoles y algunas más, no podían resistirse a Carlos VIII.

Gonzalo Fernandez de Códoba, uno de los mejores generales de su tiempo, también conocido por el sobrenombre de "el Gran Capitán".
Los frutos italianos en nuevas fortificaciones dieron resultados en el año 1500 cuando los franceses atacaron la ciudad de Pisa, la cual estaba fortificada con una defensa que incluía una triple línea de defensa.
Cuando la artillería francesa abrió una brecha en el muro, los franceses penetraron encontrándose con un doble muro el cual fue imposible de penetrar sufriendo serias pérdidas por la defensa pisana que combinaba fuego de mosquete y cañón, ¡esto puso fin a la época en que los cañones franceses no tenían fortificación que se les opusiera!.
CARLOS VIII ENTRA EN ITALIA
La entrada de Carlos VIII en Italia fue una sorpresa, los principados italianos no estaban preparados para hacer frente a un ejército como el de Carlos, no tenían ejércitos movilizados ni nada por el estilo, los principados fiaban más en sus fortificaciones para repeler al enemigo y en las guerras entre principados la diplomacia solía tener una gran representación, de manera que en una guerra, las bajas militares entre ambos contendientes solían ser mínimas.
Aquí se tropezaron con un soberano extranjero que se avenía a negociar fácilmente, y que si se le oponía resistencia, con su artillería batía las fortificaciones y penetraba en la ciudad.
Carlos entró en el Milanesado pacíficamente, ya que este había firmado una alianza con Francia, dos ejércitos enemigos formados por fuerzas napolitanas y del papado le salieron al paso por el norte, pero ambos no pudieron frenar las fuerzas de Carlos, las fuerzas del papado fueron derrotadas en la localidad de Rapallo y las napolitanas al mando del duque de Calabria, tras tomar Bolonia hubieron de retirarse al sur presionadas por las fuerzas más numerosas de Carlos.
Carlos entró en la localidad de Florencia, aprovechando que se había iniciado una revuelta interna en la ciudad. La marcha de Carlos siguió siendo triunfal, ¡no había ciudad que se le resistiera!, su fama llegó a tal extremo que muchas de ellas se le llegaron a unir a él. El 27 de diciembre de 1494 Carlos entró en Roma, cercando al Papa en Sant'Angelo y forzando su rendición.
Carlos presionó al Papa para que le nombrara rey de Nápoles, pero este demoró la negociación deliberadamente y valientemente, rechazó después la propuesta. En estas estaba Carlos, malhumorado por las largas que le daba él Papa, cuando recibió una visita de un embajador de España, este venía con un tratado firmado anteriormente entre Carlos y los reyes de España, en el cual había una cláusula que decía que se comprometían ambos reinos a no atacar territorio papal.
Carlos no estaba de humor para discutir esta cuestión, así que le dijo al embajador que ya hablaría con los reyes de España cuando entrara en Nápoles y fuera coronado rey.

Bombarda", cañón del siglo XV
El embajador rompió ante las narices de Carlos el tratado firmado con los reyes españoles, lo cual daba por sentado el inicio de hostilidades entre España y Francia, aunque de momento a Carlos pareció importarle poco.
A principios de enero Carlos reanudó la marcha al reino de Nápoles, Alfonso II de Nápoles intentó pedir ayuda a su primo el rey de Aragón, pero este puso unas condiciones muy exigentes que Alfonso no se avino a satisfacer, por lo que decidió entregar la corona de Nápoles a su hijo Fernando II. Mientras, el 20 de febrero de 1495 Carlos entraba en Nápoles, ocupando enseguida dicho reino.
El nuevo rey de Nápoles escapó refugiándose en la isla de Sicilia. Viendo que la situación se tornaba grave, los enemigos de Carlos de Francia formaron una coalición llamada, “la Liga Santa”, que incluía a Milán,(antiguo aliado de Carlos, el cual descubrió un plan del rey francés para deponer a su regente Ludovico de su cargo) Venecia, el Sacro Imperio Romano Germánico, España y los Estados Pontificios.
A la creación de la Liga también ayudó el comportamiento despótico de las tropas francesas de ocupación allí donde estaban asentadas. Carlos cuando se enteró de la formación de la Liga, marchó al norte para evitar el intento de que quedaran incomunicados por el norte, mientras, Gilberto de Montpensier, quedó como virrey de Nápoles con 10.000 efectivos.
El 6 de julio Carlos se vio obligado a combatir contra los efectivos de la Liga, mandados por Francisco II Gonzaga, marqués de Mantua. La batalla fue incierta, aunque Carlos sufrió menos bajas que su oponente, pero fueron tan importantes que se vio obligado a retirarse a la localidad de Asti.
Los hecho le hicieron vez que a Carlos que no podía sostenerse en el norte de Italia, así que firmó la paz con milaneses y venecianos el 9 de octubre y retiró todas sus fuerzas del norte de Italia, con esto solo queda en activo el frente sur.
En primavera, los reyes de España mandaron una expedición militar a Nápoles al mando del general Gonzalo Fernández de Córdoba, este contaba con tropas experimentadas, a la par que él era un buen estratega. Gonzalo mandó una avanzada, la cual se unió a las fuerzas de Hugo de Cardona y el rey de Nápoles con el objetivo de tomar la localidad de Reggio, en poder de los franceses.
Mientras Gonzalo, tras pasar por Mesina, desembarcó en Calabria con 2.000 infantes y 300 jinetes. Estableció sus fuerzas por las cercanías gracias a la colaboración de rey napolitano y procedió a estudiar el terreno donde se batiría con el enemigo, su contrincante sería un escocés llamado Béraud Stuart, señor de Aubigny, designado por el virrey francés de Nápoles para ocupar Calabria y que contaba con fuerzas superiores a sus contrincantes.

Mapa de Italia del año 1494
Gonzalo estudió la situación y vio que un enfrentamiento directo con las fuerzas francesas podía dar lugar a un desastre, la caballería francesa era a todas luces superior, y una carga suya podía romper el ejército de Gonzalo, así que este aprovechando la orografía complicada de la región donde actuaba, procedió a efectuar con sus tropas una serie de “luchas de guerrillas” como las que había protagonizado con sus veteranos en las guerras de Granada en España contra los musulmanes.
Ataques por sorpresa, incursiones nocturnas, ataques de acoso y hostigamiento, todo con la intención de desgastar al enemigo poco a poco en ataques no decisivos que evitaran un enfrentamiento directo.
Esto, y una sabia utilización de la artillería, provocó que varias localidades fueran tomadas, caso de Fiuma, Santa Ágata y Seminara. Stuart vio que las cosas estaban tomando un mal cariz, así que decidió reagrupar sus fuerzas en la localidad de Terranova e intentar recapturar algunas de las localidades tomadas por Gonzalo.
Stuart marchó a Seminara donde estaba el rey napolitano para intentar tomar la ciudad, cuando llegó incitó a que saliera de la ciudad para enfrentarse en una batalla, llamándolo cobarde por esconderse tras las murallas de la ciudad. Gonzalo que estaba presente en la misma intentó convencer al rey de Nápoles que no se dejara provocar, pero este, picado por los insultos del escocés no le hizo caso y salió a batallar con los franceses.
El enfrentamiento se dio en el río Petrace, la iniciativa partió de la caballería pesada gala, la cual cruzó el río enfrentándose a la ligera española, los españoles se enfrentaron, no en un enfrentamiento directo, lo cual hubiera provocado su destrucción, sino en un enfrentamiento esquivo con avances, repliegues y flanqueos que impidieran el choque directo.
Pero la infantería napolitana de Gonzalo interpretó esto como una especie de retirada, cundió el desánimo y retrocedieron para espanto de Gonzalo, este no perdió la calma y con la infantería española cubrió el repliegue aliado, con gran sacrificio por su parte. Stuart dio por satisfecho el resultado y dejó a sus oponentes retirarse a Seminara.
Tras esta campaña Gonzalo se estableció en Reggio y procedió a una profunda reestructuración de sus fuerzas, cambió los ballesteros por arcabuceros, para dotar a su fuerzas de mayor poder de fuego ante el enemigo, luego redujo la caballería ligera dando mayor importancia y responsabilidad a la infantería agrupando sus fuerzas en unidades mayores llamadas “coronelías” (antecedentes de las que en un futuro se llamarían “los Tercios españoles”), también procedió a crear unas formaciones de caballería pesada, pero no muy numerosas cuantitativamente, solo para utilizarse tácticamente en algún momento conveniente de la batalla.

Piquero suizo
La artillería pasó a tomar un papel mucho más activo en la toma de fortalezas enemigas y todo esto sin abandonar el objetivo, de no presentar al enemigo batalla en un enfrentamiento directo con ellos.
Gonzalo volvió a sus antiguas tácticas de hostigamiento y acoso, por lo que los franceses no cayeron en la trampa y decidieron atrincherarse en sus posiciones para evitar el desgaste español, viendo esto Gonzalo decidió a efectuar una serie de conquistas de localidades de segundo orden en territorio calabrés.
Tras recibir 1.500 hombres de refuerzo, Gonzalo tomó numerosas localidades cercanas a donde Stuart tenía sus fuerzas, quedando este prácticamente cercado, Gonzalo procedió a invernar en la localidad de Nicastro.
Mientras, Ferrante (rey de Nápoles) desembarcó cerca de Nápoles y aprovechando una insurrección en la ciudad procedió a tomarla, y tras este suceso, varias localidades cercanas fueron tomadas como Capua, Aversa y Aquila.
Montpensier, virrey de Nápoles, procedió a retirarse a la localidad de Atella donde reagrupó sus fuerzas.
Mientras, el príncipe de Besignano, con las fuerzas italianas aliadas a los franceses intentó emboscar a Gonzalo, el cual marchó de Castrovillari para unirse a Ferrrante. Besignano quiso emboscar a los españoles en la comarca de Morano, de la que él era su dueño.
Sin embargo Gonzalo supo por su caballería la treta del enemigo, fingió no saber nada prosiguiendo la marcha tranquilamente, y al acercarse, fuerzas suyas rodearon las del enemigo que previamente habían marchado a ejecutar dicha operación. Las tropas españolas derrotaron claramente a las de Besignano.
Tras este hecho, Gonzalo marchó a Atella, a unirse a las tropas de la Liga, las cuales estaban destacadas allí, con esto dejaba a retaguardia a las tropas francesas de Stuart en Calabria, ¡pero era un riesgo que tenía que correr!, juzgaba que la toma de Atella seguramente pondría fin a la guerra con los franceses en Nápoles.
Los aliados decidieron proceder a la toma de la ciudad, contaban con numerosas fuerzas, pero los franceses estaban bien atrincherados y fortificados, por lo que la toma de Atella podía durar bastante tiempo.
No obstante, el sagaz Gonzalo descubrió que en las cercanías de Atella había unos molinos con los que los franceses se abastecían de agua y molían trigo, Gonzalo decidió que privaría a los franceses de esas fuentes de alimento.
Su toma no sería fácil ya que los molinos estaban custodiados por piqueros suizos, ballesteros y arcabuceros gascones. El 1 de julio la caballería española cargo por sorpresa sobre la guarnición francesa de los molinos haciéndolos retroceder desordenadamente, de Atella partió un contraataque de la caballería francesa con el objeto de retomar los molinos, pero Gonzalo reagrupó sus fuerzas en el lugar efectuando una defensa tenaz contra la que se estrellaron los franceses, procediendo estos a replegarse a la ciudad.

mapa de la batalla de Seminara
Los aliados estrecharon el cerco con más fuerza, tomándose las fortalezas de Ripacandida y Venosa, el cerco no dejaba abastecerse a los defensores, lo cual produjo una gran desmoralización, viendo que todo estaba perdido, los 5.000 defensores con Montpensier al frente, procedieron a entregar la plaza a los aliados de la Liga, con esto la presencia de los franceses en Italia se daba por concluida.
No por ello Carlos dejó de tener ambiciones imperialistas en Italia, pero no tuvo ocasión de poder desarrollar algún plan para el futuro. En el año 1498 durante un partido de pelota, sufrió un ataque de “apoplejía”, muriendo joven a la edad de 27 años.
LUIS XII REINA EN FRANCIA
Fue sustituido por su primo Luis de Orleans, el cual recibió el nombre de Luis XII. Este fue un magnífico rey para el país, no en vano recibió el apelativo de “padre del pueblo”, al igual que su antecesor, este rey no dejó de intentar aumentar los territorios de su país, poco después de ser entronizado, realizó planes para una futura campaña.
Luis puso sus ojos en el Milanesado como primer objetivo, antes intentó establecer una serie de alianzas con distintos países cercanos al Milanesado o con intereses en él, con el objeto de que no entorpecieran su operación o por el contrario, para que le ayudaran en la operación de conquista.
Estableció una alianza con la familia de los Borgia, cuyo cabeza era Alejandro VI, Papa de Roma, el cual atacaría las ciudades de la región de la Romaña. Venecia también se alió con Luis, ellos atacarían la capital de Milanesado, Milán, desde el este mientras los franceses atacarían por el Oeste, a cambio, Venecia recibiría los territorios de Cremona y Gera d’adda.
Los ducados de Saboya y Montferrato permitirían el paso de los ejércitos franceses y la utilización de sus territorios como bases. Florencia fue cortejada por Francia y también por el Milanesado, pero optó por permanecer neutral en este conflicto habida cuenta de que estaba en guerra con la ciudad de Pisa y no deseaba abrir un nuevo frente de batalla.
Con Suiza, la Francia de Luis XII renovó los tratados que tenía con este país respecto a la utilización de sus habitantes como mercenarios, los cuales tenían una gran fama merecida en toda Europa por su gran calidad. También llegó a acuerdos con Fernando II de Aragón y Felipe I de Castilla para que no estorbasen su empresa.

Luis XII de Francia
En el verano del 1499 el ejército francés compuesto por 2.600 lanceros y 8.000 franceses y 5.000 mercenarios suizos al mando del general Bérault Stuart d`Aubigny cruzaron los Alpes para invadir el Milanesado. Las operaciones se desarrollaron rápidamente, tras tomar los fuertes de Arazzo y Annone, la ciudad de Valenza se entregó sin resistencia.
¡Los milaneses no permanecían inactivos!, cuando estos tuvieron noticias del avance francés, organizaron su ejército, compuesto por 1.600 lanceros, 1.500 jinetes y 10.000 infantes al mando del general Galeazzo Sanseverino.
¡No obstante!, ante el avance francés los milaneses incomprensiblemente optaron por retirarse a la localidad de Alessandría della Plagia donde fueron sitiados, quizá el poderío francés y su calidad adoptó en los milaneses cierta prudencia.
Pero lo que sí fue imprudente (y en cierto modo cobarde), fue que el comandante de los milaneses, Galeazzo, abandonara a sus hombres para ir a Milán.
Esto debió desmoralizar bastante a la tropa y la misma no opuso gran resistencia cuando los franceses la asaltaron, la ciudad fue saqueada sufriendo grandes destrozos. El avance francés continuó tomando la localidad de Tortona, cruzando el río Po y entrando en Mortara y Pavía.
Entre tanto, los venecianos aliados a los franceses también desarrollaron su invasión en el Milanesado. Tomaron Caravaggio cruzaron el río Adda y entraron en Lodi. El duque del Milanesado, Ludovico Sforza, vio que la defensa del Milanesado se hacía imposible, por lo que optó por refugiarse en las posesiones de Maximiliano I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.
El 2 de septiembre Sforza partió de la ciudad de Milán para refugiarse en la ciudad austriaca de Innsbruck, la defensa de Milán fue delegada a Bernardino da Corte. La ciudad estaba bien abastecida de armamento y bastimentos, pero Bernardino supo que toda esperanza era inútil, así que decidió entregar la ciudad para evitar que sufriera un asalto violento o que en el mismo asedio sufriera destrozos.
Tras la toma de Milán, el resto del Milanesado capituló en pocos días, incluida Génova, Cremona se entregó a los venecianos. Además, quedaron bajo la órbita francesa el marquesado de Mantua y el ducado de Ferrara, Florencia, ¡viendo ya donde soplaban los vientos!, firmó una alianza con Francia.
Un tal Trivulzio fue nombrado gobernador del Milanesado por Luis XII, pero su gobierno fue un tanto déspota, aumentó los impuestos y castigó con dureza a quien no satisfacía los mismos. Esto provocó un gran descontento entre los habitantes del Milanesado que fue aprovechado por su anterior mandatario, Sforza, para lanzar una invasión del ducado.

Soldado de los Tercios españoles
Sforza reunió un pequeño ejército de 500 borgoñeses y 800 mercenarios suizos. Penetrando desde el Tirol, entró en Lombardía. Sforza jugó la baza de la velocidad con gran acierto, muchas localidades le abrieron las puertas, reconquistando con gran rapidez Chiavenna, Bellinzona, Bellagio, Nesso, Como y entrando en la capital del ducado, ¡Milán!, si bien es cierto que su castillo fortificado permaneció en manos francesas.
Sforza fue a medida que liberaba ciudades engrosando sus fuerzas, y tras dejar en Milán a su hermano Ascanio, marchó a Pavía para su reconquista. Pero si bien la ofensiva de Sforza fue veloz, el contraataque francés no lo fue menos, en primavera del 1500, el mariscal Louis de la Tremouille con 10.000 mercenarios suizos y 6.000 franceses entró en el Milanesado sitiando a Sforza en la localidad de Novara.
Los suizos del bando de Sforza se negaron a luchar contra los suizos del bando francés (tal actuación de los mercenarios suizos de negarse a luchar contra sus compatriotas, no fue la primera vez que ocurrió a lo largo de la historia) y astutamente la Tremouille les pagó a los mercenarios suizos de Sforza sus pagas atrasadas, tras lo cual se rindieron ante el enemigo.
Tras esto la resistencia de Sforza se hacía imposible, fue hecho prisionero y llevado a Francia donde murió ocho años más tarde sin recuperar la libertad. La suerte de su hermano Ascanio no fue mejor, este salió de Milán con 600 caballeros y numerosa infantería para liberar a Sforza del asedio al que estaba siendo sometido, pero un ejército veneciano le interceptó obligándole a retirarse al castillo de Rivoli.
El asedio duró poco, ya que Ascanio no contaba con provisiones suficientes para poder resistir mucho. Tras rendirse fue internado en Francia al igual que su hermano. Milán, perdida toda esperanza se rindió (con la promesa de no ser saqueada) ante el cardenal Georges d´Amboise ministro de estado de Francia, su sobrino Charles II d´Ambroise ocupó el cargo de gobernar el Milanesado cesando al incompetente Trivulzio.
Luis XII ya tenía en su poder el norte de Italia, entonces retomó el objetivo de su antecesor, la toma de Nápoles, la cual había fracasado hacía unos cinco años, pero no pudo ser llevada a cabo inmediatamente, ya que el imperio austriaco receló de las ambiciones francesas mostrándole su hostilidad, por lo tanto Luis tuvo que negociar con Austria para poder llevar a cabo dicha empresa.
Mientras las negociaciones durasen, Luis se juntó con Florencia procediendo a sitiar la ciudad de Pisa en el verano del 1500, los pisanos ofrecieron ser vasallos de los franceses si no eran entregados a los florentinos, pero este ofrecimiento fue rechazado por Luis, pero una vez acabadas las negociaciones con los austriacos, Luis se retiró del sitio de Pisa para emprender la campaña de conquista de Nápoles.

Los Reyes Católicos
Francia y Austria firmaron un acuerdo, el emperador Maximiliano I investiría a Luis como duque de Milán y este entregaría dicho ducado a su hija Claudia, la cual se casaría con el nieto de Maximiano I llamado Carlos.
El acuerdo fue firmado en Trento en octubre del 1501, reconociendo Maximiano las conquistas francesas en el norte de Italia. Ahora ya por fin, Luis dirigió sus ojos a Nápoles.
Previamente gracias a un acuerdo secreto entre Francia y España firmado a finales del 1500, los dos países acordaron repartirse el reino de Nápoles, la zona norte para Francia y la sur para España.
Bérault Stuart d'Aubigny general francés de origen escocés, fue puesto al mando de la operaciones de conquista en Nápoles, con un ejército de 1.000 jinetes, 3.500 franceses y 3.000 mercenarios suizos apoyados por fuerzas de Cesar Borgia y la flota genovesa.
Federico I de Nápoles se aprestó a la defensa de su reino, aunque con poca fortuna como veremos más adelante. La defensa se hizo imposible para Federico ante tan imponentes fuerzas, en el verano de 1501 los franceses irrumpieron en el reino de Nápoles, tomando las localidades de Marino, Cavi y Montefortino, luego fue asediada Capua y tomada a traición, donde muriendo masacrados sus habitantes con unas 7.000 víctimas.
Posteriormente Gaeta y Aversa junto con la ciudad de Nápoles acabaron por rendirse, Federico, acosado por todos los frentes, se refugió en Castel Nouvo en octubre, donde finalmente se rindió. Fue conducido prisionero a Francia donde murió en cautiverio en 1504. Los españoles paralelamente también realizaron sus operaciones de conquista.
Gonzalo Fernández de Córdoba, alias “el Gran Capitán”, uno de los mejores generales españoles, con 600 jinetes (mitad caballería ligera y mitad pesada) y 3.800 infantes, desembarcó en Tropea desde la isla de Sicilia el 5 de julio, Ocupó Calabria y Apulia sin encontrar apenas resistencia, solo la localidad de Tarento ofreció algo, por lo que fue asediada, rindiéndose en marzo del 1502. Con esto se podía dar por finalizada la conquista del reino napolitano.
Sin embargo, pronto surgieron diferencias respecto a la división de las fronteras del reino de Nápoles entre españoles y franceses. En reuniones en las localidades de Melfi y Atella intentaron limar diferencias sin resultado alguno, ya que ambas partes se mantenían tercamente en sus posiciones sin ceder un ápice.
Las hostilidades se iniciaron el 19 de junio, los españoles ocuparon Atripalda en territorio francés y los franceses ocuparon Troia en territorio español. Ambas partes, antes de que los sucesos se generalizasen, se reunieron tres días más tarde para llegar a algún tipo de acuerdo que evitara la guerra, pero la reunión acabó en fracaso.

cañones de la época llamados "culebrinas"
Las fuerzas francesas habían recibido el refuerzo de 2.000 mercenarios suizos, por lo que decidieron pasar al ataque. En agosto asediaron la localidad de Canosa, el fuego de artillería francés fue terrible y días más tarde los españoles se retiraron de la localidad dejándola en manos francesas. Posteriormente los franceses tomaron Bitonto y llegaron a las afueras de Barletta donde el Gran Capitán tenía establecidas sus fuerzas.
El Gran Capitán juzgó la situación y se dedicó a fortificar las localidades bajo su mando y eludiendo el combate directo contra los franceses hasta que contara con fuerzas suficientes para trabar combate con ellos, ya que ahora eran muy superiores para hacerles frente directamente.
El general napolitano Hugo Cardona se puso a las órdenes de los españoles y marchando de Roma con refuerzos llegó oportunamente para levantar el asedio de la localidad de Terranova que sufrían los espales a manos francesas.
Luis de Armagnac, al mando de las operaciones del ejército francés, decidió dividir sus fuerzas en dos grupos, una columna (la principal) se quedaría asediando Barletta mientras el general escocés Stuart marchaba al sur con 700 jinetes y 1.500 piqueros suizos (mercenarios).
Esta última fuerza derrotó a los españoles de Hugo Cardona en la batalla de Semirana a finales de diciembre, dejando la región de Calabria prácticamente entera en manos francesas salvo algunos enclaves que resistieron, con esto se da fin a las operaciones militares en el año 1502.
El año 1503 las hostilidades se inauguran con una batalla naval en febrero entre la flota española de Juan de Lezcano y la francesa de Pregent de Bidoux saldándose con victoria española. Paralelamente la localidad napolitana de Castellaneta, en manos francesas se subleva con ayuda española.
Armañac lanza sus efectivos para recuperarla, pero he aquí que el astuto Gran Capitán efectuar una salida de Barletta, la cual está asediada por los franceses, pero de manera ineficaz, a tenor de la salida efectuada por el general español.
El Gran Capitán se dirige a la localidad de Ruvo con 3.000 infantes y 1.000 jinetes y en connivencia con los habitantes de la localidad, ataca con artillería la localidad, abriendo una brecha en sus muros, un primer ataque no funcionó, pero a la segunda los españoles penetraron en la ciudad conquistándola, Jacques de la Palice, que comandaba los 300 piqueros y 300 infantes que guarnecían la ciudad, se rinde sufriendo 200 bajas por escasas pérdidas españolas.
Los españoles regresaron a Barletta con prisioneros y debido a que Armañac enterado de la incursión, se dirigía con numerosas fuerzas a Ruvo, cuando llegó encontró la localidad evacuada por los españoles. Mientras, Felipe I de Castillas intenta infructuosamente en la primavera de 1503 que España y Francia llegaran a un acuerdo de paz.

Louis de Armañac
A Principios de marzo llegó una flota española con refuerzos, estos se componían en 600 jinetes y 2.000 infantes, los cuales desembarcaron en la localidad de Regio. El 21 de abril, fuerzas españolas al mando de Fernando de Andrade, compuestas por 800 jinetes y 4.000 infantes batieron a las francesas de Stuart compuestas por 900 jinetes 4.500 infantes en la batalla de Seminara.
Previamente a esta batalla, Stuart se había enterado del desembarco de los refuerzos españoles, y marchó con 200 jinetes y 800 infantes a sitiar Terranova, defendida por 100 jinetes y 300 infantes españoles.
Esta fue una mala jugada, ya que los refuerzos españoles marcharon a Terranova a levantar el asedio francés, ante el despliegue de fuerzas españolas, Stuart retrocedió a San Martino, a la par que levantaba el asedio de Terranova. Andrade persiguió al francés entablando batalla con todas las tropas españolas que pudo reunir, opción que Stuart imitó también.
Cerca de Seminara se dio la batalla con un triunfo rotundo del español, Stuart se retiró al castillo de Angilota donde fue asediado por las fuerzas españolas, un mes después se rindió convirtiéndose en prisionero de los españoles y dando un nuevo giro a la guerra a favor de los españoles.
Esta situación quedó refrendada en la batalla que se dio cerca de la localidad de Ceriñola el 28 de abril. Los españoles habían recibido el 10 de abril 2.000 mercenarios alemanes mandados por Maximiliano I de Austria, con lo que el Gran Capitán se sintió ahora con fuerzas para plantar batalla cara a cara a los franceses, en contraposición a lo que hacía hasta ahora, que era eludir el combate directo entre ejércitos.
La batalla se dio entre fuerzas bastantes similares, por parte francesa había 3.000 infantes, 3.000 piqueros, 1.500 y 2.000 jinetes de caballería ligera y pesada respectivamente, más 26 cañones. Los españoles desplegaban 2.000 infantes, 2.000 ballesteros, 2.500 piqueros, 850 y 800 jinetes ligeros y pesados respectivamente y 1.000 arcabuceros más 13 cañones.
Los dos bandos desplegaban casi diez mil hombres en cada bando en una batalla que dirimiría el equilibrio de poder en ambos bandos. El Gran Capitán conocía bien la táctica seudo-feudal que desplegaría el enemigo, la caballería francesa lanzaría el ataque principal para romper la cohesión del ejército español al estilo de la época medieval.

Arcabucero español
El Gran Capitán busco una táctica que impidiera sufrir muchas bajas, cerca de Ceriñola construyó una línea con foso, talud y trincheras, poniendo en primera línea a sus mil arcabuceros, los cuales jugarían un importante papel en la batalla.
Detrás iban 2.500 piqueros, 2.000 coseletes y ballesteros y más atrás 800 jinetes de caballería pesada, las 13 piezas de artillería estarían situadas en una pequeña colina con la caballería ligera.
El Gran Capitán demostró inteligencia al ocupar las alturas del pueblo y atrincherar y parapetar a sus fuerzas dejando a los franceses llevar el peso del ataque, ¡ya se sabe que normalmente suele presentar menos dificultades defenderse que atacar!, también tenía en mente economizar bajas dentro de sus posibilidades.
A pesar de la táctica medieval de ataque de los franceses, estos destacaban por tener la mejor artillería de Europa, pero esto para una batalla como esta era estéril, ya que la artillería de la época estaba preparada para enfrentarse en asedios y derribando fortificaciones, para luchas en que los ejércitos podían moverse y trasladar el escenario de batalla, su movilidad debido al enorme peso de las piezas, las hacía prácticamente inútiles para una lucha entre ejércitos enfrentados, habría que esperar más tiempo para encontrar la artillería a caballo, la cual podía mover ágilmente sus piezas a donde fuera conveniente.
Los franceses desplegaron sus fuerzas con la caballería pesada en vanguardia, 2.000 jinetes a los que seguían detrás 3.000 piqueros suizos y 3.000 esforzados infantes de Gascuña (vascos franceses), en frente de los gascones, estaba situada la artillería con 26 piezas, cubriendo el flanco izquierdo del dispositivo francés estaba la caballería ligera.
El Gran Capitán decidió tentar al enemigo a que pasara al ataque, mando a su caballería (sin comprometerse seriamente) a entablar combate contra los franceses y luego fingir la retirada para que les persiguieran. ¡Dicho y hecho!, los franceses picaron y anzuelo y persiguieron en retirada a los franceses en una carga de caballería que les eran tan queridas.
Pero la caballería española les condujo al centro del despliegue español donde estaban apostados sus arcabuceros. Allí fueron recibidos por una descarga letal con fuego de arcabucería y también de la artillería española situada más atrás.
Esto frenó en seco a los franceses, los cuales intentaron flanquear el dispositivo español por la derecha, pero para su desgracia en el recorrido que hicieron los arcabuceros no dejaron de castigar a la caballería francesa, la cual quedó muy maltrecha.

El Gran Capitán observa desolado como el cuerpo de su oponente, Louis de Armañac a sido despojado de sus ropas por los saqueadores tras la batalla de Ceriñola.
Durante el avance de la caballería francesa quedó muerto su comandante en jefe Armañac. Los franceses lanzaron un ataque generalizado concentrándose en el centro (donde estaban los arcabuceros) con la artillería francesa disparando protegiendo el avance de su infantería.
Los españoles vieron enmudecer su artillería debido a un accidente que hizo que estallase el polvorín, pero el Gran Capitán no se arredró infundiendo valor a los españoles:
“Ánimo amigos míos, estas son las luminarias de nuestra victoria”.
Los españoles siguieron combatiendo con igual furor, la infantería francesa sufrió lo indecible por el fuego de arcabucería español, que si bien individualmente el arcabuz no es un arma precisa, cuando se disparan en masa contra un objetivo compacto, ¡causa tremendos estragos!.
No obstante la infantería francesa avanzaba con obstinación a pesar de las bajas, por lo que los arcabuceros se retiraron dando paso a los piqueros alemanes del bando español, los cuales frenaron a los suizos y gascones del otro bando.
Este fue el momento que eligió el Gran Capitán para lanzar sus tropas al contraataque, la infantería francesa fue rodeada y destrozada por las tropas españolas compuestas por ballesteros, arcabuceros, coseletes y la caballería pesada, la caballería ligera española se lanzó sobre la francesa derrotándola y poniéndola en fuga.
Fue un triunfo total del Gran Capitán, las 4.000 bajas francesas por 100 de las suyas lo atestiguan. El sabio manejo de sus fuerzas y lo aguerrido de su comportamiento permitió la victoria, a lo cual ayudó el mentalismo medieval del ejército francés y la gran innovación táctica del Gran Capitán, el cual creó la unidad militar llamada “coronelía”, unidad formada por 4 compañías, a las cuales agrupó con gran acierto, ya que las mismas luchaban solo individualmente porque no eran efectivas en masa, eran compañías duchas en escaramuzas y lucha en espacios reducidos.
Con esto los españoles tomaron la iniciativa en la guerra de manera definitiva, cuya preeminencia ya nunca abandonaron, pero no por ello Luis XII de Francia se da por vencido, jura vengar estas derrotas y prepara tres ejércitos que lanzará de manera simultánea contra los españoles para evitar que estos puedan concentras sus fuerzas contra un mismo ejército y crear la confusión.
¡La guerra da un vuelco!, las localidades que se plegaban a la obediencia francesa empezaron a cambiar de bando, alzándose a favor de los españoles, Capua, Aversa y Nápoles obligaron a los franceses a atrincherarse en las ciudadelas de dichas ciudades. El Gran Capitán entra en Nápoles en 16 de mayo y los franceses se concentran en la localidad de Gaeta abandonando prácticamente (solo conservan algunos enclaves) todas las posesiones del reino de Nápoles.

Piqueros suizos
Luis XII de Francia realiza la primera invasión en la frontera navarro-española con un pequeño ejército compuesto por 300 jinetes y 3.000 infantes, estos, al mando de Alano de Albret, padre del rey de Navarra, se concentran en la localidad francesa de Bayona y planean cual será la mejor ruta de invasión.
En un principio, Alano pensó penetrar por la localidad navarrica (por entonces pertenecía a Navarra) de Fuenterrabía, pero posiblemente, cambió la ruta de invasión al no querer poner en peligro a su hijo (el rey de Navarra) si Fernando I de Aragón le acusaba de complicidad y tomaba represalias contra él.
Al final se decidió a penetrar por territorio aragonés, concretamente por el territorio de la provincia de Huesca, pero aquí Alano se topó con los Pirineos, una barrera natural infranqueable que no pudo atravesar.
Finalmente lo intentó por el “valle del Roncal” (entonces en posesión del rey de Aragón) en la localidad de Berdún, pero fue rechazado por los lugareños, viendo como estaban las cosas, decidió no aventurarse más por la frontera española y decidió permanecer inactivo el resto de la campaña.
Más activa fue la segunda invasión, la cual comandó Jean de Rieux al mando de 100 jinetes y 10.000 infantes, los cuales incluían muchos mercenarios suizos. Concentró sus tropas en el sureste de Francia, concretamente en la localidad de Narbona, y procedió a invadir el condado del Rosellón, (objeto de disputa entre Aragón y Francia hacia más de 40 años) paralelamente, una flota francesa de 40 navíos zarparía de Marsella al mando de René de Saboya realizaría una doble misión, dar cobertura a las fuerzas terrestres francesas y asolar el litoral catalán del reino de Aragón.
Fernando de Aragón realizó las primeras medidas de defensa del reino, envió tropas a Berdún y Jaca para mantener neutralizado al ejército francés de Alano de Albret, y luego envió más tropas para apostarse en la frontera con Navarra en previsión de un ataque francés por este reino.
Esta situación escamó mucho a Fernando de Aragón, los reyes de Navarra Juan III de Albret y Catalina de Foix eran sospechosos a ojos los Reyes Católicos por la manifiesta influencia de Francia respecto a Navarra. Un ataque los navarros de la localidad de Sangüesa hacia la localidad aragonesa de Undués, hizo que las suspicacias aumentaran mucho más.
Los reyes Católicos preguntaron a los de Navarra sobre sus intenciones y de parte de quien estaban, pero estos respondieron que su lealtad estaba con España, para demostrarlo, enviaron los reyes de Navarra a si hija Magdalena a la corte de Isabel de Castilla como rehén, lo cual hizo que mejorara un poco confianza de los Reyes Católicos, pero secretamente guardando la afrenta anterior para que más tarde pudiera ser satisfecha. En el año 1512 Isabel de Castilla y Fernando de Aragón decidieron dar por terminados tales hechos, anexionándose el reino de Navarra para España.

Valle del Roncal
Mientras la invasión del condado del Rosellón por parte francesa se iniciaba, el objetivo era tomar su capital, Salces y su castillo, muy bien fortificado, pero no concluido del todo, ya que su construcción se había iniciado en 1497.
La defensa de Salses corrió a cargo de Sancho de Castilla, mientras, el duque de Alba, Fadrique Álvarez de Toledo, al mando y 2.000 jinetes y 6.000 infantes se apostó en Perpiñán (condado aragonés al sur del Rosellón) a la espera de acontecimientos.
Las tropas francesas entraron en el Rosellón y enfilaron al sur directamente a Salces, el jefe de la expedición, Rieux, construyó un fuerte cercano a Salses y procedió a batirlo con su artillería, luego procedió a intentar su expugnación, cegaron los fosos que rodeaban el castillo de Salces y llegaron a las puertas de sus murallas procediendo a minar las mismas. Mientras los españoles procedían a reparar los estragos causados por la artillería enemiga.
El duque de Alba marchó al norte para acercarse a Salces y ayudar a los defensores en lo que pudiera, acampó el 13 de octubre de 1503 cerca del fuerte francés, pero no pudo enfrentarse directamente a los franceses por su superioridad numérica, procedió mientras fuera posible, a esperar los refuerzos que estaban en camino. Fernando de Aragón reunió un numeroso ejército en Gerona, 40.000 hombres, marchando al norte y llegando a Perpiñán el 19 de octubre.
Rieux se enteró de que se acercaba el ejército de Fernando y que este se componía de tropas muy numerosas, su conjunción con las tropas de Alba podía resultar muy peligro para sus fuerzas, por lo que prudentemente optó por retirarse y marchar al norte a territorio francés. La flota francesa que había de dar cobertura a Rieux no pudo realizar sus objetivos, ya que el mal tiempo impidió a su almirante René acercarse a las costas catalanas.
Fernando de Aragón no se contentó con salvar a Salces del asedio francés, procedió a invadir los condados franceses al norte del Rosellón procediendo a su saqueo, siendo imposible al ejército francés de Rieux responder a dicha invasión, no obstante, la ocupación militar de dichos enclaves y su mantenimiento podía resultar demasiado costoso para Fernando, ya había cumplido su objetivo, liberar Salces y vengarse en territorio francés, saqueándolo y obteniendo un botín, por lo que procedió abandonar sus conquistas y retirarse a territorio aragonés.

Castillo de Salces
El 11 de noviembre se firmo una tregua provisional de 5 meses entre los dos contendientes, prorrogables posteriormente cada tres años, en la cual los dos bandos se restituían las plazas tomadas a cada bando. Esta tregua por supuesto solo se refería a las operaciones desarrolladas en el Rosellón, no incluían las operaciones que se estaban realizando en Italia.
Mientras, el tercer ejército francés, el más poderoso de ellos, compuesto por 30.000 hombres, excelentemente armado y equipado, y dotado de tropas experimentadas, ¡uno de los mejores ejércitos que tuvo en mucho tiempo!, (entre los que descollaban 10.000 jinetes y 5.100 piqueros suizos) atraviesa toda Italia entrando en el reino de Nápoles.
El Gran Capitán que se disponía a sitiar Gaeta, una de las últimas plazas que tenían los franceses en su poder, obliga a este a retirarse de las afueras de la ciudad, concentrando sus tropas en la vecindad del río Garellano.
Los dos contendientes están uno a cada lado del río, se miran con recelo pero no se deciden a atacar, esta situación se prolonga a lo largo de varias semanas, ya que desde mediados de noviembre del 1503 están estacionados en este compas de espera. Menudean las escaramuzas, golpes de mano y choque entre patrullas de reconocimiento, pero el enfrentamiento directo se demora en demasía, ya con el invierno encima.
Lo normal habría sido que los dos ejércitos se retiraran a sus cuarteles de invierno, pero el Gran Capitán tenía otro modo de pensar, había recibido refuerzos de Nápoles, y aunque era inferior en fuerzas a los franceses (tenía 15.000 hombres) le motivó para lanzarse a la batalla.
Intentó que el mando francés se relajara, realizando varios despliegues de tropas a la vista del enemigo para que pareciera que se retiraban a invernar, esto relajó a los franceses, incluso en navidad pactaron una tregua los días 25 y 26, pero tras la misma el Gran Capitán se aprestó a la lucha.
La mañana del 28 de diciembre, tras acercarse a la orilla del río y haber construido anteriormente unos pontones para el cruce del río, se procedió a su cruce cerca de la posición francesa.
El cruce fue rápido, cayendo por sorpresa sobre la localidad de Suio guarnecida por 300 ballesteros normandos, esta y otras localidades cayeron por sorpresa sin que los sorprendidos franceses pudieran responder, ya que no se lo esperaban.
Tras este hecho, los españoles consolidaron las posiciones en espera de la respuesta francesa. No obstante el Marqués de Saluzzo, el cual comandaba a los franceses, tras enterarse de los hechos, reunió a su estado mayor para decidir que aptitud adoptar, finalmente decidieron retirarse a la localidad fortificada de Gaeta y reagruparse allí.

Esquema de la batalla del Garellano
La retirada fue penosa, y el Gran Capitán estuvo hostigando a los franceses en su retirada, ¡es más!, planeó envolverles antes de que entraran en Gaeta. Parte de fuerzas españolas al mando de los generales Alviano y Andrada y siguieron a los franceses situados en ambos flancos, mientras, los franceses en su marcha a Gaeta, llegaron a un estrecho camino cerca de la localidad de Scauri.
Tropas españolas ocupaban la posición, por lo que la caballería pesada francesa al mando del noble Pierre Terraill decidieron despejar el terreno, el ataque fue sumamente impetuoso, ciertamente los españoles al mando del general Próspero Colonna tuvieron que retroceder hasta chocar con la infantería del Gran Capitán.
Este a pesar de la apurada situación, pudo rehacer sus tropas presentando un muro defensivo sobre el que se estrelló la caballería francesa sufriendo grandes pérdidas. Más tarde, la llegada de la infantería española de Andrada completó la labor de derrotar por completo a los franceses, esto y que las fuerzas de Alviano marchaban directamente a Gaeta, obligó al Marqués de Saluzzo a marchar a Gaeta, antes de que los españoles cortaran definitivamente su retira y por ende, quedar copado.
Lo malo es que la retirada francesa fue un auténtico caos, se perdió gran parte del equipamiento y cientos de franceses fueron hechos prisioneros, en total 4.000 franceses murieron y otros tantos fueron hechos prisioneros o fueron dados como desaparecidos por cerca de un millar de bajas españolas.
Esto sentenció a la fortaleza de Gaeta, que el 1 de enero de 1504 capitulo, perdida ya toda esperanza de resistir y rodeada de enemigos por todas partes. Bien es cierto que estaba bien aprovisionada y que contaba con una buena guarnición compuesta por 5.000 hombres, pero decidieron que era inútil resistir.
Tras la rendición y la firma de la paz, la retirada de los soldados franceses hacia Francia fue todo un calvario en su periplo de atravesar la península italiana a pie, muchos murieron de fatiga, hambre y frío y por las agresiones de los napolitanos, que les tenían un odio increíble, todo para que cuando llegaran a la frontera francesa se encontraran con la negativa del rey francés de admitirlos entrar en su reino.
A los comisarios del mando francés les fue peor, Luis XII mandó ahorcarlos. Con esto pongo fin a este periplo histórico, las guerras italianas se prolongaron hasta mediados del siglo XVI, pero yo he hecho referencia al periplo que más me interesaba en particular, el que va del 1495 al 1504.

Mapa de Francia en el siglo XV.
Fuentes de este trabajo:
-Wikipedia.
-“Técnicas Bélicas del Mundo Moderno”, editorial LIBSA.
Autor: eljoines
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