El Duque de Alba
En 1507, nacía el que sería uno de los soldados más importantes de la Historia de España, que libraría espectaculares batallas y conseguiría brillantes victorias , tanto en el reinado de Carlos V como el de Felipe II. Estamos ante un hombre de recia condición , ante un guerrero de la España Imperial.
EL DUQUE DE HIERRO
En 1507, nacía el que sería uno de los soldados más importantes de la Historia de España, que libraría espectaculares batallas y conseguiría brillantes victorias , tanto en el reinado de Carlos V como el de Felipe II.
Estamos ante un hombre de recia condición , ante un guerrero de la España Imperial. Su nombre se haría temible en toda la Europa Occidental, especialmente en los Países Bajos, cuyos pueblos sentirían su extremo rigor. Pero también los de Italia, hasta el punto de acobardar al mismo papa Paulo IV. Lucharía en los campos de Europa y África. Estaría en Viena, defendiéndola del turco. Y en Túnez acompañando a Carlos V en su brillante conquista. Y siempre al lado del Emperador también en la Germanía contra los príncipes protestantes alemanes. Y ante Roma acercándose a ella con sus temibles Tercios viejos. Después cuando estalla la rebelión calvinista contra Felipe II, su rey le manda allí para imponer la ley. Y lo hará de un modo implacable.
De aquí el sobrenombre de “Duque de Hierro” . Asombrosamente su entrega a la Monarquía no le consigue el amor de su rey, Felipe II se le mostrara siempre receloso, distante y desconfiado. Incluso en su vejez, cuando solo aspiraba a la paz de su hogar, el rey le confina en un castillo.
Un destierro que saldrá por orden regía. Porque Felipe II quiere ponerle al mando del ejército para la conquista de Portugal. Y será en Lisboa, después de lograr tal conquista, donde muere el fiero “Duque de Hierro” a finales de 1582. Una vida legendaria al servicio de la España Imperial.
El III Duque de Alba fue un hombre sin tiempo propio, permanente servidor de la Corona como soldado y como diplomático , arquetipo de la nobleza castellana , altivo, orgulloso, siempre endeudado, de vida familiar ejercida intermitentemente, que vivió entre el Renacimiento y el Barroco , con la vista puesta siempre hacia atrás.

¿integrista? Esta es una imagen estereotipada, su gobierno en los Países Bajos, de 1567 a 1574, dejó tras de si una estela de muertes, a través del Tribunal de los Tumultos y por los saqueos y masacres en diversas ciudades flamencas. Pero su labor política no la hizo en un sentido contrareformista , sino en el sentido estricto del servicio a la Monarquía. A lo largo de la década de 1540 ,colaboró con hombres como Mauricio de Sajonia y Guillermo de Orange . No empleó la palabra “hereje” hasta 1560 . Su obsesión no fue la herejía, sino la rebeldía al rey. Fue un político de piñón fijo. No sorprenden en nada sus pésimas relaciones con Francisco de Borja, duque de Gandia, jesuita y santo.
Sin pliegues en su carácter , el problema del duque de Alba fue que no supo entender la modernidad barroca y las estrategias de la disimulación y el compromiso. Kamen lo llamó “el soldado perdido en el mundo de la política”. Ciertamente su mentalidad fue militar, pero tampoco se movió mal en el mundo de la política, como lo demuestra su papel en la paz de Cateau-Cambresis. De hecho conjugo guerra y paz desde su nacimiento en 1507 en Piedrahita.
Huérfano de padre a los tres años, al morir este en Trípoli, sus preceptores fueron italianos(Bernardo Gentile y Severo Marini). Su abuelo intento que Luis Vives fuese su maestro pero no lo consiguió. Su amistad con Boscán y Garcilaso le marcó con una formación humanística notable. Dominio del latín y buen conocimiento del francés ,inglés y alemán , aunque nunca se considerara un intelectual. Fue un soldado en la línea del Gran Capitán, con el sueño italiano por bandera, pero con la voluntad firme de no tener los problemas que tuvo Gonzalo Fernández de Córdoba con el Rey Católico.
ALBA FRENTE ÉBOLI
Una de las características fundamentales del reinado de Felipe II, fue la lucha que existió en la Corte entre diversos grupos y partidos políticos para influir en la voluntad del rey, para lo que era necesario colocar a sus componentes en los cargos principales del gobierno de la Monarquía. Los embajadores venecianos y el nuncio papal fueron los primeros que manifestaron esta composición cortesana, a través de sus respectivas correspondencias. Así , el embajador Tiépolo escribía a la República de Venecia al poco de llegar a Madrid en 1563 : mai quella differenza principale tra il duca d´Alva e il segnor Ruy Gómez , per la quale si dividi in due parti non solamente tutta la corte e la Spagna, ma ancora quasi tutti i gobernadori degli stati e i ministri del re” .
D. Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel (III duque de Alba) era hijo de don Fadrique II, duque de Alba de Tormes y primo del rey Fernando el Católico. Fue uno de los pocos nobles castellanos que apoyó el matrimonio del príncipe aragonés con Isabel de Castilla y que se mantuvo fiel al rey Fernando cuando Felipe el Hermoso llegó a Castilla (en 1506) para gobernarla junto a su esposa. Don García Álvarez de Toledo murió en el intento de conquistar la isla de Jerba en 1510 por lo que la tutela de don Fernando pasó a su abuelo.
En 1522 D. Fernando Álvarez, con quince años , contrajo matrimonio con María Enriquez, miembro de una de las más prestigiosas familias castellanas. De este enlace nacerían dos hijos: Fadrique y Diego. En 1531 moría éste, por lo que heredó el titulo de duque de Alba. Al año siguiente partió hacía Bruselas para servir al Emperador , a quien acompañó en diferentes campañas contra los turcos en Hungría(1532), en el asalto a Túnez(1535) y en las empresas de Provenza(1536) y Argel(1541) Entre 1543 y 1546 , don Fernando Álvarez de Toledo permaneció alejado del Emperador , quien lo había nombrado capitán general de las fuerzas de la Península, al mismo tiempo que le había otorgado un puesto en los Consejos de Estado y de Guerra. En esta última fecha, Carlos V lo volvió a llamar para combatir contra los príncipes protestantes alemanes-quienes habían formado la Liga de Smalkalda-tomando parte en la batalla de Mülhberg(1548).

(Alba presencia la abdicación de Carlos V en Felipe II, óleo de Louis Galleit , Francfort, Städelssechen Kunsinstitud)
Esta victoria hizo pensar al Emperador que la unidad de la cristiandad se podía restablecer y que su hijo sería el único sucesor de su gran Imperio. Por ello, ordenó que su hijo Felipe iniciara un viaje por todos los reinos y territorios que había de heredar, con el fin de que lo conocieran sus futuros súbditos. Para tan importante viaje, Carlos mandó que pusiera casa a su hijo en el estilo de Borgoña, pues era la Casa de la dinastía y constituía un modelo más brillante e internacional que el de Castilla, la Casa que hasta ahora le servía. El encargado de realizar tal transformación sería el duque de Alba , que en 1548 fue nombrado mayordomo mayor de don Felipe. Este cargo le permitió acompañar a don Felipe en el viaje que realizó por Europa entre 1548 y 1551.
Durante este periplo Alba aprovechó para dejar asentada su amistad con el secretario Francisco de Eraso, que estaba junto al Emperador , y al regresar a Castilla, para remozar con Juan Vázquez de Molina la íntima relación que había mantenido con su difunto tío, omnipotente secretario Francisco de los Cobos. Entre los tres, ayudados por otros letrados castellanos , pensaba el Duque, que iban a tener bien controlado el acceso al príncipe y a su padre. Tal seguridad le había llevado a, incluso a mantener relaciones cordiales con Ruy Gómez.
(La princesa de Éboli, esposa de Ruy Gómez de Silva)
Ruy Gómez de Silva (príncipe de Éboli), nacido en Portugal(La Chamusca 1516), había llegado a Castilla en febrero de 1526, acompañando a su abuelo Ruy Téllez Meneses, mayordomo mayor de la emperatriz Isabel, de quien el mismo Ruy Gómez fue paje. Su adolescencia y juventud las paso en la Corte, relacionándose con la nobleza y con los personajes que servían a la familia real. Al formase la casa del Príncipe Felipe(al estilo de Castilla) , en 1535 se integró en ella como trinchante, estrechando a partir de ahí su amistad con el joven príncipe, hasta convertirse en su amigo y confidente.
En 1548, cuando el Emperador impuso a su hijo el ceremonial de la Casa de Borgoña, Ruy Gómez fue nombrado sumiller de corps-jefe de la cámara de la Casa- a instancias del príncipe Felipe.
Por el contrario, el noble portugués no se resigno a jugar este papel de subordinación cortesana. Ruy Gómez inició también complejos movimientos en la Corte, con el fin de tejer su propia red clientelar sin que Alba se percatase. Tras concluir el viaje por Europa, don Felipe se instaló como regente en la Península. (1552-1554), durante estos dos años , la influencia de Ruy Gómez se consolidó en la Corte.
En 1552, se concertó su matrimonio con Ana de Mendoza, a pesar de la gran diferencia de edad-36 años él, 12 años ella- de esta manera entroncaba con una de las familias más poderosas de Castilla , además también se concertó la boda de doña Juana de Austria, hija del Emperador, con el príncipe Juan de Portugal; Ruy Gómez tenía familia y amistades poderosas en ese reino, lo que le dotó de una serie de relaciones y influencias propias de un gran patrón.
Con todo , fue el viaje que Felipe II inició a Inglaterra para casarse con María Tudor, el 12 de julio de 1554 , el que le permitió estar en contacto con el Príncipe y cuando tejió su red de relaciones clientelares que suplantó a la que tenía establecida Alba. Entere julio de 1554 y enero de 1556 desplegó su estrategia para controlar el entorno de don Felipe, al que aconsejó que encargara a Fernando Álvarez de Toledo la ingrata misión de ir a Italia a restablecer el orden.
A partir de entonces, desplegó toda su habilidad para unirse al secretario Eraso y romper así la amistad que este mantenía con Alba. A principios de 1557 , recibía el nombramiento de contador mayor de Castilla e Indias. Precisamente , por ocupar este cargo, Felipe II lo envió a Castilla , en marzo de ese mismo año, para gestionar sumas gruesas dirigidas a los ejércitos de Flandes e Italia. Tras regresar al lado de Felipe II participó activamente en las negociaciones de paz con Francia, (Cateau-Cambresis, 1559) y el 1 de julio de ese año, fue nombrado príncipe de Éboli y fue comisionado por Felipe II ,para preparar su retorno a Castilla. Fue en ésta época cuando Alba, imposibilitado de actuar, por estar ocupado en Italia , se percató de la astucia y el juego cortesano de Ruy Gómez en torno al rey durante su ausencia.
No obstante, dada la política desplegada por el príncipe de Éboli en los últimos años, su dominio en la corte toledana fue total, relacionándose tanto él como su mujer , con los diferentes personajes de la familia real. Desde entonces hasta 1565, fue suyo el dominio en la Corte, lo que hizo que Alba estuviera retirado de los negocios de la Monarquía a pesar de pertenecer al Consejo de Estado y Guerra, siendo sonados sus frecuentes destierros voluntarios a sus dominios como forma de expresar sus disgustos por las decisiones tomadas por el Gobierno de la Monarquía.
A partir de 1564, tras conocerse el deterioro de la situación en los Países Bajos, con cuyos nobles Éboli mantenía relaciones amistosas y de llevarse a cabo una visita en la administración hacendística ,de la que salió culpado Eraso, la influencia de Éboli quedó mermada y, desde agosto de ese año se le relegó al cargo de mayordomo del príncipe Carlos, cargo que desempeñó hasta la muerte de éste en 1568. Como consecuencia se vio apartado de la dirección política de la Monarquía dejando campo abierto a Alba. A partir de 1565, la situación de Alba en la corte comenzó a cambiar , precisamente cuando Felipe II inició su proceso de confesionalización. Mientras Diego de Espinosa organizaba esa confesionalización con un grupo de letrados castellanos. Alba era enviado al frente de una embajada a Bayona- junto con la reina Isabel de Valois- para convencer a Catalina de Médicis sobre la política intransigente que debía seguir con los hugonotes franceses.
De acuerdo con esta política, Felipe II le nombró general de un ejército para aplastar la rebelión con tintes religiosos de los Países Bajos, este debía imponer orden antes que el propio Rey fuera a visitar aquellos territorios al año siguiente; pero Felipe II no salió de la Península a causa de los problemas que se le acumularon en 1568 : sublevación de los moriscos de Granada, muerte de su esposa Isabel de Valois y desobediencia, encierro y muerte de su hijo Carlos- y Alba tuvo que permanecer en los Países Bajos hasta 1573, viendo como su prestigio y reputación se iban desmoronando al haber entrado en un círculo de represión, protestas y desesperación del que no era capaz de salir.
GLORIA Y FRACASO
Como militar destacó en diversos frentes mucho antes de su gobierno en Flandes Fuenterrabía, conquista de Túnez en 1535, invasión de Provenza al año siguiente ,represión de la revuelta de Gante, fracaso ante Argel, victoria en Mülhberg, sitio de Metz, enfrentamiento con el papa Paulo IV…), pero no estuvo presente en Villalar ,ni en S. Quintín(donde por cierto si estuvo Egmont, luego su victima), ni en Lepanto.
Donde mejor se movió fue en Italia, especialmente en su papel de capitán general, gobernador de Milán y virrey de Nápoles. Pudo repetir el Saco de Roma de 1527 pero no quiso y acabó entendiéndose con el papa Paulo IV, lo que más cumplidamente.
El emperador Carlos que tanto le debía, recomendaba a su hijo : “ De ponerle a él o a otros grandes muy adentro en la gobernación os haveis de guardar , por todas las vías que él y ellos pudieran, os ganaran la voluntad que después os costará caro”. La verdad que Felipe II no hizo mucho caso a lo que le dijo su padre y repitió lo mismo que había hecho Carlos; Confiar en el fiel servidor y desecharlo al primer signo de fracaso.

(Entrada de Alba en Rotterdam, óleo de Louis-Éugene Gabriel Isabey, París Museo del Louvre)
GUERRAS EN ITALIA Y FLANDES
Mientras el Prudente encaraba la guerra con Francia, el duque de Alba había tenido que actuar enérgicamente en la otra crisis paralela abierta en Italia. Para entonces don Fernando Álvarez de Toledo, contaba con un cursus honorum militar impresionante. Alba marchó a Nápoles para encarar la inevitable guerra contra el papa Paulo IV, que amablemente odiaba el ascenso de la potencia hispánica en Italia.
Como señor temporal de sus Estados, el Papa trató de aprovechar la guerra hispano-francesa para ganar posiciones en Italia ,.pero Alba al frente de una expedición procedente del virreinato de Nápoles, puso sitio a Roma en el año de S. Quintín y dejó que se corriera la voz de que repetiría el terrible saqueo efectuado por las tropas imperiales en 1527.Finalmente se llegó a la paz en 1559, tras la cual Alba se perfiló como uno de los consejeros indispensables que asistieron a Felipe II a su regreso a España en septiembre de ese año.
Tanto fue así que cuando estalló la rebelión en los Países Bajos, en 1566. Alba aceptó a dirigir el ejército que desde Italia , debía alcanzar Flandes para imponer la obediencia a Felipe II, atrás quedarían las rivalidades con los partidos cortesanos ,cuyas sutilezas políticas no eran la especialidad de un hombre ejecutivo como Alba.
El conflicto en los Países Bajos era de una naturaleza distinta de la guerra por la preeminencia dinástica que España y Francia habían disputado hasta 1559 . De entrada, se trataba de un problema encarado por Madrid como un asunto interno de la Monarquía Sólo después que los sublevados optaron por acudir al auxilio extranjero, el conflicto se trasformó en una guerra internacional.
En segundo lugar, el origen de la revuelta hundía sus raíces en el avance del protestantismo en su versión más calvinista , más radical que la luterana. Además de la sincera convicción de Felipe II de que el catolicismo romano debía ser la única religión de sus súbditos, no podía tolerar que la diversidad de cultos viniera a complicar la gobernabilidad de un imperio , ya de por si fraccionado y dotado de lenguas y leyes diferentes. Por lo demás, ésta era la máxima que los monarcas de la época trataban de aplicar para conservar un mínimo de autoridad en una época de guerras religiosas que pasaban a convertirse en guerras políticas.
La llamada confesionalidad que vivió Europa entre mediados del siglo XVI y el siglo XVII, se concibió por los gobiernos de entonces como un mal menor frente al peligro de una guerra civil religiosa, y por este motivo buscaron imponerla a pesar de los perjuicios que sabían que ocasionaba. La resistencia de los súbditos obviamente ,era uno de ellos . Felipe II aplicó en los Países Bajos una política de excepcional dureza que, solo se diferencio de la de otros gobernantes de entonces por su grado, no por su naturaleza.
Cuando se produjo el estallido calvinista en los Países Bajos , en Madrid se comenzó a sospechar lo complicado que resultaría apagarlo. No solo se tenia conocimiento del numeroso apoyo al nuevo credo que tenía en las 17 provincias- Margarita de Parma ,tía de Felipe II y gobernadora de Flandes, hablaba de más de la mitad de la población como infectada por el calvinismo, lo que era una notable exageración-, sino que existía allí una notable tradición de motines y protestas desde la Edad Media. Había , pues una dificultad estructural a la que se añadirían otras más coyunturales , pero no menos preocupantes , como la proximidad de áreas protestantes- Alemania e Inglaterra-y, sobre todo la predisposición de éstas de ayudar a los rebeldes para frenar a Felipe II.
Todo empezó la víspera de la Asunción, 14 de agosto de 1566 las turbas dirigidas por unos pocos y con la tácita complicidad de unos muchos, asaltaron y saquearon las iglesias de Saint-Omer . Al día siguiente el horrendo saqueo –catástrofe del tesoro religioso y artístico de aquellas ciudades- se extendió a Ypres y a otros muchos lugares. En Amberes, gobierno encomendado a Orange, la resistencia de los católicos fue más decidida, pero envalentonados los herejes por la presencia de tropas forasteras, el 21 de agosto, asaltaron la maravillosa catedral,, destrozaron esculturas y pinturas inestimables y profanaron el Santísimo Sacramento. Los profanadores se extendieron por todas las provincias , de tal manera, que solo Namur, Luxemburgo, Artois y parte de Henault se libraron del sacrílego saqueo, en el cual fueron quemadas o devastadas más de cuatrocientas iglesias. Reaccionó la gobernadora ante tales hechos y tuvo con Egmont duras palabras. Tuvieron los sucesos de Amberes como resultado que los católicos del país que eran muchos y poderosos, abriesen los ojos y se dieron cuenta de la razón del rey de España.
El efecto de estas noticias en la corte debió de ser terrible y motivó el triunfo del partido de Alba sobre el de Ruy Gómez de Silva y Antonio Pérez, partidarios de las concesiones. Felipe II preparó una dura represión militar y los rebeldes , que tenían en España espías bien pagados, se dispusieron a la resistencia. Comenzaron los tratos con los príncipes alemanes, a los cuales no fue ajeno el conde de Egmont, ya solo de nombre católico. Margarita de Parma hubo de reprimir con sus escasas fuerzas una tentativa de los partidarios de Orange de apoderarse de Amberes y sus tropas entraron en Valenciennes (22 de abril de 1567) . Después de esta acción afortunada, exigió a Orange la sumisión incondicional a las órdenes del rey. El príncipe se negó a ello y hubo de expatriarse a Alemania. Los condes de Egmont y Horn, hasta entonces sugestionados por Guillermo de Orange no se atrevieron a seguirle en esta ruptura definitiva y conservaron la lealtad a su soberano feudal. Esto fue el origen de su ruina, pero también el de su justificación ante la Historia.
El juzgo que la situación en los Países Bajos era tal que le obligaba a hacer volver al ejército vencedor en S. Quintín y Gravelinas. Como no se podía pensar en Egmont, ni en Orange, hubo de recurrir al duque de Alba, discípulo de Carlos V.

(Entrada del duque de Alba y sus tropas en Bruselas, en agosto de 1567, Grabado del s. XVII)
Cuando en 1567, Flandes parecía haber cobrado cierta calma, Felipe II decidió enviar allí al duque de Alba, el cual embarcó en Cartagena en abril de este año en la flota de Juan Andrea Doria , congregó en Italia un ejército de 10.000 hombres(9.000 infantes españoles y un poco más de un millar de italianos) , número igual al que sumaban las tropas de la gobernadora Margarita. Tal vez se arrepintiera toda su vida, al igual de no haber acudido en persona tratar con sus súbditos del norte. Pero en 1567 no era fácil acertar y los recursos del Rey de España , por incierta que fuera en ocasiones su hacienda, representaban mucho más de lo que cualquier otro príncipe europeo pudiera soñar.
Una vez concentrado el ejército en el Norte de Italia , Alba partió desde Asti hacía Bruselas el 18 de junio de 1567. Atravesó la espina dorsal de Europa, pasando por los valles suizos del Franco Condado-una isla de soberanía española enclavada en Francia-, el sur de Alemania y Luxemburgo hasta llegar a Flandes. Esta ruta seria conocida muy pronto como” el camino de los españoles”, pues sería la arteria terrestre por la que los Austrias desplazarían sus ejércitos durante los ochenta años que duró la guerra en Flandes. Este ejército más valiente que numeroso, según Estrada, fue la levadura del que por más de un siglo había de luchar , con variada fortuna, por mantener el prestigio de España en las provincias neerlandesas. El maestre de campo del Tercio de Nápoles era Alonso de Ulloa,; el de Milán , Sancho de Londoño; el de Sicilia estaba a cargo de Julián Romero y el de Cerdeña, Gonzalo de Bracamonte ; don Fernando de Toledo, prior de Castilla, mandaba la caballería, Ciapino Vitelio y Francisco Paciotto de Urbino eran peritísimos en fortificaciones y en arquitectura castrense, y Gabrio Cervelon, cabo de artillería, era quizás el primer artillero de su tiempo y entre los capitanes estaban Carlos Dávalos, Cristóbal de Mondragón, Sancho Dávila.
Alba entró en una sobrecogida Bruselas el 22 de agosto de 1567. No eran los flamencos los que se interrogaban sobre lo que ocurriría ahora: también los vecinos alemanes, ingleses y franceses temieron que aquella inmensa fuerza pudiera dirigirse contra ellos después de someter los Países Bajos. Este miedo debe tenerse en cuenta para entender el apoyo militar que tales países dieron a los sublevados. Máxime cuando, en septiembre, Margarita partió para Italia y dejó a Alba con todo el poder en sus manos.

(La picota y el patíbulo en Brujas, bajo el mandato de Alba, grabado de Franz Hobengerg)
El 9 de septiembre, Sancho Dávila prendió al conde de Egmont y, el de Horn fue detenido por Jerónimo de Salinas. Inmediatamente el duque instituyó el Tribunal de los Tumultos, presidido por él mismo , nombre con el que se conoció el tribunal que juzgo a los considerados responsables de la pasada rebelión. Fueron inútiles las gestiones que en favor de los ilustres presos hicieran príncipes y grandes señores. El 5 de este mismo mes , Egmont y Horn, sufrían la muerte en la plaza de Bruselas. Por él, pasaron más de 12.000 personas . Más de 1.000 fueron ejecutadas y alrededor de 9.000 sufrieron confiscación de bienes. Se han calculado en 60.000 el número de exilados durante los años de Alba.
Los nobles más implicados, como Guillermo de Orange, huyeron a Alemania, aunque se les condenó a la máxima pena en su ausencia. El régimen de Alba ejecutó en tres años más personas que la Inquisición española en todo el reinado de Felipe II .Inicialmente , su labor fue apoyada por intelectuales tan poco integristas como Arias Montano, que le sugirió al duque la erección de una estatua para conmemorar su victoria ante los protestantes. Se hizo la estatua en 1569 con el bronce de los cañones fundidos, con Alba de tamaño natural pisando a los rebeldes y se situó en la plaza del mercado de Amberes. En la leyenda se escribía” Erigido en loor de Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba , gobernador de Flandes por Felipe II de España, extinguió el levantamiento, expulsó a los rebeldes, cuidó de la religión, benefició la justicia y aseguró la paz” . La estatua tuvo un efecto contraproducente sobre la propaganda del Duque.
La resistencia militar ante un caudillo como el duque de Alba y los tercios de Italia , era difícil. Luis de Nassau no pudo reunir más que mercenarios alemanes , tropas de bajisima calidad a las que se unía la escasez de las pagas y las dificultades de avituallamiento. Los tres ejércitos protestantes, uno entró por Francia por el Artois, otro por Maestricht y el otro por la Frisia, fueron fácilmente desechos por los capitanes españoles.
El mismo duque, tomó el mando de las tropas y venció en Jemmingen a Luis de Nassau(21 de julio de 1568) y poco después infligió al mismo Guillermo de Orange(también llamado el Taciturno) una tremenda derrota en Brabante, cerca del río Gera , que pudo ser total de haberse seguido los consejos de Vitelio. Guillermo volvió a refugiarse , otra vez, en Alemania, su fracaso parecía definitivo. Los príncipes alemanes y la reina de Inglaterra le abandonaron y sus propias infelicidades conyugales contribuían a su desprestigio.
El duque hizo su entrada triunfal en Bruselas , en los primeros días de enero de 1569. El papa San Pío V, viendo en él al paladín de la causa católica, el envió el sombrero y el estoque bendecidos en San Pedro. .Inicialmente , su labor fue apoyada por intelectuales tan poco integristas como Arias Montano, que le sugirió al duque la erección de una estatua para conmemorar su victoria ante los protestantes. Se hizo la estatua en 1569 con el bronce de los cañones fundidos, con Alba de tamaño natural pisando a los rebeldes y se situó en la plaza del mercado de Amberes. En la leyenda se escribía” Erigido en loor de Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba , gobernador de Flandes por Felipe II de España, extinguió el levantamiento, expulsó a los rebeldes, cuidó de la religión, benefició la justicia y aseguró la paz” . La estatua tuvo un efecto contraproducente sobre la propaganda del Duque.
El trasfondo de la rebelión obedecía no solo al problema religioso, insoluble si no se adoptaba un mínimo de tolerancia, sino también el político, ya que Alba había llegado a Flandes para imponer un régimen fiscal y administrativo muy severo. Los nuevos tributos creados en 1569 dejaron bien claro la torpeza de Madrid, pero igualmente expresaban la confianza que la Corona sentía en la fuerza desplazada hasta los Países Bajos. El error se mostró a la luz cuando en 1572 , la rebelión se generalizó con la ayuda de los ingleses y de los hugonotes franceses.
Pero a fines de este año, solo las provincias de Holanda y Zelanda permanecían sublevadas. Fue en estos territorios donde las operaciones militares del duque de Alba causaron verdadero terror. Los saqueos de Malinas y Zutphen podían considerarse normales en el siglo XVI, pero no el cinismo de perdonar a los que se rendían y después pasarlos por las armas. Estas ejecuciones solo sirvieron para demostrar que la única alternativa era la de luchar hasta la muerte. Los sucesivos cambios de gobernadores-cuando Alba fue cesado no ayudaron. Para entonces la guerra de Flandes ya se había enquistado y nada evitaría la partición de los Países Bajos.
Nada extraña que, su exilio, emprendieran un ataque en la primavera de 1568 , con lo que de nuevo prendió el fuego de una guerra que no terminaría hasta 1648. La Guerra de los Ochenta Años acababa de comenzar.
EL REY PIERDE INMUNIDAD
Hasta 1580, Alba había monopolizado toda la agresividad. Felipe II quedó intocado, incluso en 1574, Orange reafirmó su lealtad al rey, un rey justo y clemente, pero engañado por sus gobernadores. Con la ficción del rey al margen de las intrigas de la Iglesia y de sus hombres de confianza, se intentaba unir a protestantes y católicos, a nobles y burgueses . Pero, en 1580 , Orange fue proscrito por el rey y entonces encargó a Pedro Loyselius , un refugiado francés de la Matanza de san Bartolomé, la famosa Apología que, leída en la asamblea de los Estados Generales de Delft, supuso la ruptura definitiva de la ambigüedad.
En la Apología ya no se habla de Alba, se ataca a Felipe II. Se recuerda su presunta bigamia y adulterio, la muerte de su mujer Isabel de Valois y de su hijo don Carlos por simpatizar con los flamencos , se responsabiliza al rey por la crueldad colonial y se acaba apelando al derecho de resistencia al tirano. En el mismo contexto, un tal Teophille D.L.-posiblemente el jurista Adam Henricpetri- publicó la Historie des Troubles et Guerres Civiles du Pays Bas, autrement dict la Flandre, un panfleto en el que se vincula la revuelta con las prácticas de la Inquisición. Esta institución sería la responsable de todo, por encima de Alba y de Felipe II. Los historiadores flamencos se sumaron a la operación de descalificar al gobierno español: Roy, Vulcanius, Van Materen, Bor, Van Reyd, a fines del siglo XVI , atizaron los fantasmas de la leyenda negra, incorporando en el juego a Pérez( Éboli) y don Juan de Austria. Alba queda subsumido en la política de un rey “lobo agresivo, que devora a sus pobres ovejas flamencas que sufren” . Se regocijan especialmente narrando la muerte del rey “comido por bichos y piojos”. El arte ,ciertamente, se puso plenamente del lado orangista. Sin embargo , es falsa la tantas veces repetida vinculación que se hace de las obras de Brueghel (el triunfo de la muerte, La matanza de los inocentes), con la crueldad de Alba . Estas obras son anteriores a su llegada a Flandes. El Wilhelmuslied , una canción protestante contra los españoles, se convirtió en el siglo XIX en el himno holandés.
La historiografía española refrendó la política en Flandes a través de las obras de Alfonso de Ulloa(1569), Pedro Cornejo(1577), Bernardino de Mendoza(1592), Antonio Trillo(1592) y, después de la muerte de Felipe II, las de Martín del Río, Villalobos, Coloma, Carnero, Mártir Rizo…Las obras de Cornejo, Mendoza y Ulloa fueron traducidas al italiano y al francés- la de Mendoza también al inglés- y, sin embargo esta leyenda rosa no pudo neutralizar la leyenda negra que caló incluso en el teatro español, en la obra de Lope Los españoles en Flandes.
LISBOA
El detonante fue la muerte del joven rey Sebastián en África(1578), en realidad los intereses conjuntos en la Península y en la expansión ultramarina habían tejido una alianza entre ambas Coronas desde los Reyes Católicos.
En 1580 la ausencia de herederos en la casa de Avis puso a Felipe II-hijo de la portuguesa doña Isabel- Lisboa a su alcance . El problema era que Castilla no era un reino más, sino la cabeza de un imperio. A su vez, tampoco Portugal era un anexo de la Península , sino el centro de otro imperio, cuya rutilante presencia en Asia completaba la conquista americana de los castellanos.
Ante la oposición de los que apoyaban al candidato ilegítimo, don Antonio. Felipe II envió 15.000 hombres al mando del duque de Alba para incorporar el reino, lo que hizo a cambio de respetar sus leyes privativas. Seguramente el terror que Alba había practicado en Flandes, sirvió de tarjeta de presentación para desmoralizar a los portugueses contrarios a Felipe II. El 25 de agosto de 1580, Alba derrotó a las fuerzas de don Antonio en la batalla de Alcántara, tras lo cual entró en Lisboa. Fue nombrado por el Rey, Condestable de Portugal y miembro del Toisón de Oro. Evitó el saqueo de la ciudad, por orden del rey, pero no el de sus arrabales donde el botín fue cuantioso.
¿Había sido esto una política doméstica o internacional? Mientras Europa resolvía sus dudas, Felipe II ya consideraba la invasión de Inglaterra como la panacea para aplastar la revuelta en Flandes, asegurar sus rutas a América y , tal vez , intervenir contundentemente en la guerra civil francesa para instalar en Paris a su hija como reina. Por más que la propaganda del Prudente hablara de “defensa” de su monarquía , estas actuaciones se acercaban más a la agresión desmedida.

(La reina Isabel I de Inglaterra, grabado de la época)
En cualquier caso, la evolución de las relaciones anglo-españolas bajo Felipe II dio la medida de cómo la abundancia de plata americana podía animar al monarca a pasar de la amistad con Londres- él mismo había sido rey consorte de los ingleses por su matrimonio con María Tudor , en 1554- a las amenazas y finalmente , a la guerra. El fracaso de la Gran Armada- bautizada irónicamente por sus enemigos como la Invencible- en 1558 ,significó la salvación de Inglaterra , pero también el fin de una época marcada por una escalada militar sin precedentes y su reflujo –para alivio de muchos en Europa , pero también en España-de un expansionismo hispánico que, desde entonces, adoptaría la doctrina de la conservación para disimular su flaqueza y curarse de de los excesos de la autoestima dinástica.

(Grabado anónimo del s. XVI, que muestra al duque devorando niños, con los cuerpos decapitados de Egmont y Horn, a sus píes)
Sus momentos de gloria fueron Mülhberg, montando un caballo blanco y luciendo una brillante armadura y su camino triunfal hasta Lisboa, de julio a diciembre de 1580. Su momento más patético su cese del gobierno de los Países Bajos en 1574, Granvela un amigo suyo, lo definió así:”Una gran hombre, pero ojala nunca hubiese visto los Países Bajos”. Un gobierno el que ejerció en los Flandes, juzgado de desastroso por los propios españoles, empezando por su sucesor Luis de Requesens.
Bibliografia
Las dos Españas del Rey Prudente, por José Martínez Millán, Prof. Titular de Historia Moderna, Universidad de Madrid. La Aventura de la Historia.
La Forja de Un Linaje, la casa de Alba; Enrique Soria Mesa, Prof, Titular de Historia Moderna, Universidad de Córdoba.
Al servicio de dos Reyes ,Martillo de Rebeldes ; Un Monstruo come-niños-La Leyenda Negra, por Ricardo García Cárcel, Catedrático de Historia Moderna, Universidad Autónoma de Barcelona.
Guerras y Rebeliones, por Rafael Valladares, investigador del consejo superior de investigaciones científicas.
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