Coronel Alfred Redl, el doble agente
El siguiente artículo no pretende ser un trabajo exhaustivo sobre Alfred Redl (1864-1913); la red está llena de información (especialmente en inglés) sobre el personaje y la Wikipedia en castellano contiene un artículo bastante bueno sobre él, traducción a su vez de otros extranjeros, que es la base de lo que a continuación escribo y de la que tomo pasajes enteros.
Simplemente quisiera hacer conocer el personaje a aquéllos de vosotros que no hubiérais oído hablar de él.

Nacimiento y Familia
Alfred Redl nació el día 14 de marzo de 1864 en Lemberg, (hoy Lvov, Ucrania), ciudad situada en la región conocida como Galitzia, que desde 1772 formaba parte de la monarquía de los Habsburgo.
Hijo de Franz y Matilde Redl, su padre había sido oficial del Ejército Austrohúngaro, pero al parecer tuvo que abandonarlo a los 31 años porque, según se dice, no podía costearse la boda correspondiente a su rango.
Franz Redl pronto encontró trabajo en la empresa de ferrocarriles Galizische Carl Ludwig-Bahn, aunque tuvo que mudarse a Lemberg con su joven esposa. Allí, como miembro de la minoría de funcionarios civiles germanohablantes, ascendió dentro de la compañía hasta el cargo de supervisor, y consiguió formar una familia gracias a su trabajo.
Franz Redl tuvo siete hijos, (otras fuentes dudosas elevan esta cantidad hasta los catorce) contando a Alfred: sus dos hijas eran maestras, mientras que de sus cinco hijos, dos hicieron carrera como oficiales del ejército, otro era arquitecto, otro jurista y otro empleado del mismo ferrocarril que él. Además, el hecho de que el padre se preocupara de enseñarles desde niños tres idiomas (alemán, ruteno y polaco) sería determinante para la futura carrera de Alfred.
Estudios
El joven Alfred ingresó a los 15 años en la Escuela de Cadetes de Brünn (actualmente Brno, República Checa) tras finalizar sus estudios primarios. Redl se graduó de la escuela de cadetes en1882-1883, con el rango de oficial cadete aspirante, y unas notas y valoraciones de sus superiores muy por encima de la media. Tras cuatro años, siendo ya alférez del Regimiento de Infantería n.º 9 de Lemberg, presentó solicitud junto con varios centenares de aspirantes para asistir a los cursos de oficial de Estado Mayor en una escuela de guerra. Testigo de su elevada capacidad es el hecho de que no solo logró la plaza en 1892, proviniendo de una familia sin recursos elevados y de una academia militar sin demasiado prestigio, sino que en 1894 se graduó con honores junto con otros 24 estudiantes.
Aproximadamente en ese periodo Redl contrajo sífilis, enfermedad que, sin antibióticos solía entrar en un desarrollo crónico y generalmente mortal. La autopsia realizada tras su suicidio –al parecer en contra de su última voluntad- reveló que, efectivamente, seguía sufriendo la enfermedad, y de hecho le quedaba poco tiempo antes de haber muerto a causa de la misma.
Destinos como Oficial de Estado Mayor
Tras graduarse como oficial de estado mayor, en 1895 se le destinó a la Oficina de Ferrocarriles del Ejército, una agencia encargada de gestionar los transportes ferroviarios y planes de desplazamiento de tropas y material. También se ocupaban de explorar las vías de ferrocarril de posibles enemigos en una guerra futura. Esta tarea era especialmente importante en el caso de Rusia, ya que, como el gobierno del Zar consideraba como secretos todos sus mapas de ferrocarriles, la información solo podía conseguirse mediante el uso de espías. Supuso el inicio de los contactos de Redl en el mundo del espionaje anterior a la Primera Guerra Mundial
Tras un servicio relativamente corto en la Oficina de Ferrocarriles, Redl fue asignado sucesivamente a varios estados mayores, primero en Budapest, luego, ya como capitán, en su ciudad natal de Lemberg. En 1899 viajó a Rusia por orden del Jefe del Estado Mayor austrohúngaro Friedrich von Beck-Rzikowsky con el fin de participar en un curso de ruso en Kazán. Allí adquirió conocimientos que supondrían el trampolín para ser destinado en 1900 al Grupo Ruso de la Oficina de Evidencias (Kundschaftsstelle) en Viena, la sección del Estado Mayor Central encargada de las tareas de contraespionaje. Su oficina recopilaba mensajes de importancia militar recogidos de las fuentes más diversas, que debían ser traducidas, extractadas, resumidas y remitidas diariamente al Jefe del Estado Mayor, y semanalmente al propio Emperador Francisco José I (hasta 1913, de forma manuscrita).
En este entorno, Redl fue ascendido rápidamente. En pocos meses ya estaba destinado en la Oficina de Clientes, responsable del seguimiento de inteligencia procedente de todos los países extranjeros. En 1905 fue ascendido a Comandante, y en 1907 fue nombrado jefe de la Oficina. Pocos meses después fue ascendido a Jefe de la Oficina de Evidencias, lo que le convirtió en el miembro más cercano al Jefe del Estado Mayor Central.
Tras su ascenso a coronel en mayo de 1912, Redl fue nombrado jefe del Estado Mayor del VIII cuerpo de ejército el 18 de octubre del mismo año, estacionado en Praga, pero esa ya es otra historia que veremos después.
Alfred Redl el espía
Redl innovó los sistemas de registro de información: las huellas de los visitantes quedaban registradas mediante un polvo especial dispuesto en los brazos de la silla que éstos ocupaban. También fotografiaba a sus visitantes y grababa las conversaciones. Se dice también que fue el inventor del “tercer grado”, mediante la aplicación de un foco directo de luz a la cara de los sospechosos. Incluso parece que el propio Redl fue quien dio el nombre a este sistema.
Siendo de interés los métodos de trabajo de Redl, su paso a la historia se ha debido más a otros motivos.
La Ojrana (Policía del Estado zarista) se hizo responsable del espionaje en el extranjero, y mantenía oficinas en Moscú, San Petersburgo y la en aquel entonces rusa Varsovia. Cooperaba de forma muy cercana con el departamento de inteligencia del estado mayor zarista. El departamento de la Ojrana encargado de la inteligencia en Austria tenía su base en Varsovia, y estaba dirigido por el coronel Nikolai Stepanovitch Batjuschin. Éste en 1901 envió a Viena a un agente encubierto llamado Pratt, camuflado como turista, con órdenes de alistar a un oficial de alto rango destinado en la ciudad, a ser posible en la Oficina de Evidencias. En su búsqueda de puntos flacos en la vida privada de los oficiales que correspondían al perfil deseado, Pratt descubrió en 1903 que el capitán Redl mantenía una relación homosexual con un alférez llamado Meterling, del 3er. Regimiento de Dragones. Pratt le mandó una carta a Redl donde le decía que:
"Debo reunirme con usted para hablar acerca de un cierto alférez XXX del 3er Regimiento de Dragones. Si ud. no se presenta, o me tiende una trampa, el Jefe de Estado Mayor recibirá mañana mismo un informe sobre sus relaciones con el alférez XXX."
Frente a un chantaje que amenazaba con destruir su prometedora carrera y e incluso dar con sus huesos en la cárcel, Redl accedió a colaborar con la Ojrana. Primero fue controlado personalmente por el agregado militar ruso, barón de Roop (actividad típica de espionaje que el Emperador Francisco José I había prohibido a sus propios agregados militares). Después de que de Roop fuera descubierto y expulsado del país bajo acusación de espionaje, el contacto con Redl pasó a su sucesor, el Coronel Mitrofan Konstantinovitch Martschenko, quien años después sería también expulsado con los mismos cargos. Este emitió el siguiente juicio sobre Redl en sus notas, en octubre de 1907:
"[...] insidioso, taciturno, con sentido del deber y dotado de una buena memoria... tiene un lenguaje suave e incluso dulce, una voz delicada... más listo y taimado que inteligente y talentoso. Cínico... "
A pesar de haberse ganado su colaboración mediante extorsión (o posiblemente para evitar un súbito ataque de remordimientos), los rusos le pagaron sus servicios con creces, por lo que Redl pronto pudo permitirse un nivel de vida reservado a la aristocracia. Solo acudía a comer a los mejores restaurantes, tenía dos automóviles y varios caballos. Usó una parte considerable de sus ingresos extra para financiarse aventuras con jóvenes homosexuales, por lo que cada vez resultaba más extorsionable. Al parecer –aunque este extremo no está claro del todo- empezó a ofrecer a los servicios secretos franceses e italianos los mismos documentos que vendía a los rusos, con el fin de redondear sus ingresos. Pronto sumó unos ingresos adicionales de aproximadamente 50.000 coronas anuales.
Aunque no suministraba información muy frecuentemente, cuando lo hacía era siempre de alto nivel y una gran relevancia. Entregó a los rusos casi todos los documentos secretos que pasaron por sus manos relativos al ejército austrohúngaro. Planes de movilización, estadillos de unidades, informes de inspección, planos de fortalezas... Fotografiaba todo este tipo de documentos y los entregaba personalmente. Entre 1903 y 1913 Redl fue sin duda el principal espía de Rusia. Suministró a los servicios de información rusos el Plan III completo del ejército austriaco para la invasión de Serbia, los cuales a su vez lo entregaron de inmediato al mando militar serbio. También entregó a los rusos (entre otros datos vitales) el orden de batalla completo de las fuerzas austriacas, los planes de movilización (en una época en que los planes y tiempos de movilización eran clave para el éxito de una campaña), y los planos de las fortificaciones austriacas fronterizas con Rusia. También desenmascaró a espías austrohúngaros en Rusia, que en su mayoría fueron ejecutados. Se sabe con certeza que incluso envió personalmente espías a Rusia para luego venderles a los servicios de contraespionaje del Zar.
Acabó vendiendo a los agentes que él mismo logró implantar en el Estado Mayor del Ejército Imperial Ruso, acabando todos ahorcados o cometiendo suicidio. Del mismo modo, traicionó a varios oficiales rusos que iniciaron contactos con los servicios de inteligencia austriacos, permitiendo que fueran capturados. Además contaminó la información sobre la fuerza y capacidad militar del ejército ruso suministrada a los estados mayores austriacos con estimaciones totalmente incorrectas en cuanto a tamaño, preparación y fuerza militar.
A fin de no comprometer su situación, los rusos también fabricaron éxitos para Redl: informes capturados de extraordinaria importancia –por supuesto, falsos- o el descubrimiento y captura de agentes rusos, en su mayoría de segundo orden o que se habían vuelto difíciles de mantener para la Ojrana. Eventualmente su nivel de vida acabó llamando la atención: compro varias casas en Viena e incluso un palacete en las afueras, una mansión en Praga, caballos, algunos de los mejores coches del mundo y una bodega con el más selecto champán; también cubrió de lujos a su amante, pero consiguió (de forma bastante incomprensible) justificarlo mediante una herencia, por lo demás muy insignificante.
Redl evitó por los pelos el ser descubierto en 1909 por culpa del Comandante Lelio Conde Spanocchi, agregado militar austrohúngaro en San Petersburgo. El conde, que había logrado el favor del Emperador gracias a sus méritos y buen hacer, trabó amistad con el agregado militar inglés en San Petersburgo, un tal Guy Percy Wyndham, quien un día le hizo la confidencia de que un alto cargo del estado mayor austrohúngaro entregaba a los rusos todo lo que estos le pedían. Spanocchi lo comunicó inmediatamente al jefe de la Oficina de Evidencias, el coronel Hordlicka, quien no tomó en serio la acusación; cuando Spanocchi insistió, amenazando con informar directamente al Ministro de la Guerra, Hordlicka encargó la investigación al mismo Redl.
Se dice que el ministerio de Asuntos Exteriores Austriaco descubrió que se habían revelado los planes de guerra con Rusia, pero ignoraba quién había sido. Ello dio lugar a que el General Barón von Giesl, Jefe del VIII Cuerpo de Ejército, del que nuestro personaje era Jefe de Estado Mayor, encargase a Redl que… se descubriera a sí mismo. Sin embargo, esta versión es contraria a la que mantiene que la revelación de los planes austriacos de una guerra contra Rusia no se descubrió hasta la muerte de Redl. Además, para entonces Redl no estaba ya al frente del contraespionaje, por lo que esta historia parece poco probable.
Desenmascaramiento
Ya que el conflicto militar con Serbia y Rusia se acercaba, el servicio de inteligencia militar de Austria-Hungría logró que se suprimiera la ley constitucional que garantizaba el secreto de correspondencia. En un despacho secreto de la oficina central de Correos en Viena se abrían cartas y se controlaba su contenido.
Como antes vimos, el 18 de octubre de 1912 Redl fue trasladado a Praga con el fin de ocupar su nuevo cargo de Jefe de Estado Mayor del VIII Cuerpo de Ejército. Como el nuevo destino ya no le permitía reunirse con agentes del otro bando sin levantar sospechas, las entregas de dinero empezaron a realizarse mediante correo postal.
El 2 de marzo de 1913, dos cartas con idéntica dirección fueron remitidas a una oficina de correos de Viena a nombre de un tal Nikon Nizetas. Como nadie las reclamó, se devolvieron a su origen, una oficina de correos de Prusia Oriental, que a su vez las devolvió de nuevo a Austria, esta vez a Maximilian Ronge, que había sucedido a Redl al frente del contraespionaje. Las remitía el jefe del contraespionaje alemán, mayor Walter Nicolai, que encontró en la lista dos direcciones austriacas correspondientes a espías rusos bien conocidos (además de otras dos en Prusia). Ambas cartas contenían una enorme suma de dinero, 6.000 coronas, totalmente inusual para mandar por correo. Ronde descubrió que las cartas tenían origen en Eydtkuhnen, una zona trillada por el espionaje ruso.
Ambos jefes de inteligencia, de forma conjunta, contactaron con el jefe de la policía de Viena, Edmund von Gayer, y le enviaron todo el conjunto (carta, dinero y lista de direcciones); este la dejó de nuevo en la oficina de correos, bajo vigilancia de dos agentes, y tras prohibir que fuera de nuevo devuelta. Se habla incluso de que se instaló un timbre en el casillero donde reposaba la carta, conectado con la comisaría de Policía, y que se aleccionó a los funcionarios de correos para pulsarlo si alguien pasaba a recogerla. Sea como fuere, se montó un dispositivo de vigilancia para descubrir al destinatario.
El 24 de mayo de 1913, cuando la oficina central de Correos en Viena estaba a punto de cerrar, un señor alto y elegante recogió las cartas y subió a un taxi que lo esperaba con el motor en marcha. Los detectives no tenían automóvil para perseguirlo, pero gracias a una serie de casualidades descubrieron que el hombre estaba alojado en el hotel Klomser: por pura suerte, durante el curso de su investigación encontraron la funda de un cortaplumas de bolsillo que Redl había perdido en el taxi. Ubicando el destino de ese taxi en el hotel Klomser, entregaron la funda a la dirección y pidieron ser avisados si alguno de los huéspedes preguntaba por la misma. Luego esperaron en el vestíbulo. Cuando finalmente apareció un huésped reclamando la funda, los detectives se llevaron la sorpresa de su vida al reconocer a su antiguo jefe, el Coronel Alfred Redl.
La información alarmó a los altos mandos militares. El jefe del Estado Mayor, Franz Conrad von Hötzendorf, palideció al imaginar el impacto del escándalo para el prestigio del Ejército y la indignación de la opinión pública. “El canalla debe morir ya”, decidió.
Después de informar de lo ocurrido a sus superiores, Ronde subió con tres de sus hombres a la habitación de Redl, que los recibió cordialmente, confesando que sabía por qué estaban allí, y que se hallaba escribiendo cartas de despedida. Se le preguntó hasta dónde había llegado su traición, remitiendo Redl a Ronde hacia su mansión en Praga, en donde tenía toda la documentación.
Redl dio una confesión a Ronge en la que afirmaba que "entre los años 1910 y 1911 he trabajado para potencias extranjeras" (sin especificar cual o cuales) y sin cómplices". Reconoció su culpa y dijo que sabía que tenía que morir. Los visitantes le preguntaron si tenía un revólver. Así dieron a entender a Redl que los mandos militares esperaban que se suicidase. Pidió un revolver y entonces uno de los presentes salió para buscar el arma. Después de entregarla a Alfred Redl, los cuatro oficiales bajaron a la calle donde comenzaron a pasear impacientes. No podían marcharse sin tener confirmado que Redl se había suicidado. Llamaron por lo tanto a un detective de la policía estatal que tuvo que jurar que no revelaría a nadie ningún detalle.
El hombre se presentó en el hotel con una tarjeta diciendo que el coronel Redl lo había citado para las cinco y media de la mañana ya que quería entregarle la respuesta a una carta.
El detective subió a la habitación donde encontró el cadáver del coronel que se había pegado un tiro. Los cuatro oficiales pudieron comunicar a sus superiores que habían cumplido la misión. Luego llamaron al hotel, se presentaron con nombres falsos y pidieron que el coronel Redl viniera al teléfono. Un empleado del hotel corrió a la habitación y halló el cadáver.
Según se dice, Redl permaneció cinco horas en la habitación (se añade que desnudo frente a un espejo rodeado de luces, aunque esto parece más bien sacado de alguna historia fantasiosa posterior a los hechos) antes de dispararse un tiro.
”Son las dos menos cuarto de la madrugada. Ahora voy a morir. Ruego no se haga autopsia a mi cadáver.Recen por mí”.
“La prodigalidad y la pasión me han destruido: Rezad por mí. Pago mis pecados con mi vida. Alfred…”
Dos versiones de las últimas palabras de la carta de despedida que escribió en Viena antes de suicidarse el coronel Alfred Redl, encargado del servicio de espionaje y contraespionaje en el Ejército austro-húngaro.
El médico forense constató que se trataba de un suicidio.
El escándalo
El jefe del Estado Mayor, Franz von Hötzendorf se mostró satisfecho con el resultado de las gestiones, y envió al Emperador Francisco José I y a su heredero Francisco Fernando de Austria un telegrama a cada uno en el que informaba de que Redl se había pegado un tiro, "hasta ahora por causas desconocidas". El Emperador lamentó que se hubiera permitido que Redl muriera en pecado mortal.
Los altos mandos militares pensaban que al obligar a Redl a suicidarse, habían salvado el honor y el prestigio del Ejército. Muerto el traidor, nadie se enteraría de que un oficial austro-húngaro de alto rango trabajó como espía para una potencia enemiga.
La agencia de prensa oficial emitió un comunicado en el que se explicaba que el coronel Alfred Redl se había suicidado en estado de enajenación mental y que últimamente había padecido un persistente insomnio debido a su agotadora labor.
Las bandas militares se pusieron a ensayar marchas fúnebres porque las autoridades militares, para guardar las apariencias, ordenaron preparar para Alfred Redl los funerales con todos los honores militares.
Pero la verdad sobre el caso del coronel Redl no tardó en descubrirse gracias al periodista Egon Ervín Kisch, redactor de un diario alemán, publicado en Praga.
El domingo 25 de mayo de 1913, el mismo día del suicidio de Redl, el equipo de fútbol del que era capitán, el Sturm Prag, perdió ante otro conjunto de Praga por 7 a 5. Kisch atribuyó la derrota a la ausencia del defensa Wagner. El jugador, cuyo oficio era cerrajero, visitó el lunes al capitán en la redacción. Explicó que no pudo jugar porque lo habían llamado el domingo para abrir la puerta, armarios y cajones en la mansión de Praga del coronel Alfred Redl horas después de que se suicidara.
El cerrajero fue testigo presencial del trabajo de dos oficiales llegados desde Viena y el comandante de la guarnición de Praga, quienes descubrieron en el apartamento de Redl una prueba tras otra de su espionaje para la Rusia zarista. Un examen de su mansion demostró hasta dónde había llegado la traición de Redl. Se encontraron miles de documentos secretos y una lista de agentes y contactos. También se descubrió que la información que Redl pasaba a los rusos era a su vez pasada a los serbios, incluidos los planes de guerra contra esta potencia.
Fue una información espectacular. ¿Pero cómo divulgarla? En forma de desmentido: ”Nos solicitan altas autoridades desmentir los rumores que circulan entre oficiales, de que el coronel Redl habría revelado secretos militares y trabajado como espía para Rusia. La inspección de su apartamento en Praga se hizo por otros motivos”. Se levantó un enorme revuelo, no solo entre la comunidad periodística, sino también para el mismo Emperador y su sucesor. El Ministro de la Guerra se vio obligado a admitir, tres días después, que Redl se había suicidado para evitar ser procesado "por su homosexualidad, y por haberse vendido a potencias extranjeras". Sin embargo, siguió ocultando que se había empujado a Redl al suicidio, y que se había pretendido encubrir el caso.
Los preparativos para los funerales con honores militares fueron cancelados.
Las investigaciones posteriores de la policía vienesa demostraron que las cuentas bancarias de Redl empezaron a crecer de forma notable en fechas tan tardías como 1907, acumulando entre 1905 y 1913 ingresos sin justificar por valor de 116.700 coronas, (aunque esto parece poca cosa comparado con las 50.000 coronas que se supone que Redl recibió anualmente mientras que trabajó para los rusos) lo que dejaba en tela de juicio la declaración hecha por Redl la noche de su suicidio acerca de haberse vendido solamente dos años. Sin embargo, resultó imposible precisar qué secretos había divulgado el traidor, dado que se le había obligado a suicidarse. El miedo al escándalo –que de todos modos, se había producido- privó al espionaje austriaco de una fuente de información inmensa sobre la traición de Redl: el propio interesado.
Consecuencias militares
Parecía obvio que los órdenes de batalla, las instrucciones de movilización, las medidas de contraespionaje en Galicia, las identidades de sus espías en los estados mayores enemigos, la correspondencia secreta, cualquier cosa que hubiera pasado por las manos de Redl, había sido revelado, incluyendo lo peor de todo: la entrega del plan de batalla austriaco contra Rusia. Los documentos encontrados en la casa de Praga de Redl no dejaban lugar a dudas.
En vistas de que el asunto ya no podía en ningún modo ser silenciado, se hizo todo lo posible por reducir su alcance. Desde el servicio secreto se atribuyó el exorbitante ritmo de vida de Redl a su "pasión fatal", y se informó de que la autopsia posterior a su muerte había revelado que sufría sífilis desde hacía años, insinuando que su cerebro empezaba a presentar secuelas. Al mismo tiempo, se intentó cambiar a toda prisa los planes operativos a los que Redl hubiera podido tener acceso, mientras se intentaba hacer creer a los rusos que seguían siendo válidos.
Lo cierto es que los más importantes lo fueron. Eran planes demasiado extensos, demasiado complejos, como para cambiarlos de forma efectiva en menos de un año, el tiempo entre su suicidio y el estallido de la guerra. Además estaba el tema de la información manipulada y la eliminación de espías peligrosos para Rusia. Por ejemplo, entre los que Redl desenmascaró para los rusos se encontraba el coronel del Estado Mayor Central ruso Kirill Petrovich Laikov, quien contactó con los austriacos ofreciéndoles nada más y nada menos que los planes de marcha rusos al completo para todo el futuro frente del Este. El conde Adalbert Sternberg, diputado del Reichsrat, declaró tras la guerra:
"Ese bellaco [Redl] denunció a todos los espías austriacos en suelo ruso de los que tuvo constancia, porque el caso del mayor de todos [Laikov] se repitió muchas veces. Redl entregó nuestros secretos a los rusos y evitó que nosotros consiguiéramos los suyos mediante espías. Así, en 1914, austriacos y alemanes desconocíamos la existencia de hasta 75 divisiones rusas, lo que constituía más que el ejército austrohúngaro al completo."
"Si hubiéramos tenido esa información, nuestros generales habrían tratado de impedir que nuestros mayores dignatarios firmaran la declaración de guerra."
Por su parte, el estado mayor ruso tenía pocas o ninguna duda sobre la validez y vigencia de los planes entregados por Redl, considerando que no había habido tiempo material para sustituirlos, y resultaron muy sorprendidos cuando las fuerzas austriacas lanzaron su contraofensiva a entre 100 y 200 km de distancia del lugar esperado, lo que les llevó al doloroso impacto de las batallas de Krasnik y Komarów.
Tanto los cronistas de los últimos días del Imperio de los Habsburgo como los historiadores del espionaje, desde el ex-director de la CIA Allen Dulles hasta el general de la URSS Mijail Milstein, concuerdan en calificar a Redl de archi-traidor: Redl ha sido considerado de forma consistente como uno de los mayores traidores de la historia; sus acciones causaron la muerte de algo más de medio millón de sus compatriotas. Se considera que la traición de Redl contribuyó a las derrotas que el Imperio austrohúngaro sufrió en todos los frentes en los primeros meses de la Primera Guerra Mundial.
Redl y el cine
La historia de Alfred Redl se ha llevado varias veces al cine, aunque probablemente la más conocida de las versiones es la del húngaro István Szabó, “Oberst Redl”, con Klaus Maria Brandauer como protagonista, basada en la obra teatral “A patriot for me” de John Osborne, basada también en la figura de Alfred Redl.
Lejos de la realidad, Szabó nos presenta a un Redl fiel al Emperador y a la patria que es víctima de la maldad y ambición de un siniestro archiduque Francisco Fernando (con una interpretación magistral de Armin Müller-Stahl) y de una casta de oficiales incompetentes y corruptos.
Autor: Los Santos Reyes
Bibliografia
http://es.wikipedia.org/wiki/Alfred_Redl
http://www.spymuseum.com/pages/agent-redl-alfred.html
http://www.economy-point.org/a/alfred-redl.html
http://www.radio.cz/es/articulo/110131
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