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El Armamento del hoplita clásico griego - La auténtica clave del éxito

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El armamento del hoplita consistía en un equipo completo de un soldado de infantería pesada, el hóplon. Podía variar en algo de un soldado a otro pero, en época clásica al menos, había unos elementos comunes para todos ellos. Éste equipo básico se componía de los siguientes elementos:

 

 

EL ARMAMENTO DEL HOPLITA CLÁSICO GRIEGO:

El armamento del hoplita consistía en un equipo completo de un soldado de infantería pesada, el hóplon. Podía variar en algo de un soldado a otro pero, en época clásica al menos, había unos elementos comunes para todos ellos. Éste equipo básico se componía de los siguientes elementos: lanza larga, escudo redondo de tipo aspis, espada corta, coraza de bronce o casaca de cuero reforzado, casco de tipo corintio y grebas de bronce para las piernas. El peso de todo el equipo era considerable, podía oscilar de 22 a 35 kilos, por lo que generalmente cada hoplita, al menos los más ricos, poseían uno o varios esclavos que se ocupaba del cuidado y del transporte en mulas del material y del alimento durante las marchas. Entre éstos esclavos, uno de ellos siempre mandaba sobre los demás, era el llamado “paje de armas” del hoplita (como los escuderos medievales), y generalmente conocían también el uso de las armas. Algunos de estos pajes de armas incluso acabaron participando en las batallas junto a sus amos integrados en la falange, cosa que no ocurriría hasta la guerra del Peloponeso, que requirió la recluta de gran cantidad de hoplitas.

En época arcaica éste equipo era más pesado y más completo, pero con el tiempo se fue aligerando y simplificando. Por lo general desaparecieron los brazales, las musleras, así como la segunda lanza utilizada como jabalina, elemento que a veces figuran en representaciones arcaicas. La coraza de bronce "acampanada", la más empleada en época arcaica, fue ahora sustituyéndose por la citada casaca de cuero. Aún así, el equipo hoplita continuaba siendo muy costoso y requería una gran inversión por parte del soldado, quien debía sufragárselo por su cuenta. Pero no tenía otra opción si no quería combatir como remero o como infante ligero con las clases inferiores, ya que sufragarse el armamento era obligación de todo ciudadano griego. Yvon Garlan nos dice que el equipo completo de un hoplita podía costar al menos cien dracmas áticas, lo que representaba aproximadamente el salario trimestral de un obrero medianamente cualificado. Según Garlan, en la Atenas del siglo V a.C., solo podía exigirse un esfuerzo económico de tal calibre a los ciudadanos que pertenecieran a las tres primeras clases censitarias, de las que los de la tercera, los zeugitas, constituían el grueso de los efectivos. Para éste autor, estos criterios de selección en el interior del cuerpo civil, debían de existir un poco en todas partes, y también en Esparta.

Éste tipo de armamento se mantuvo entre los hoplitas hasta que las reformas armamentísticas de Filipo II de Macedonia y los gustos de sus soldados se extendieron entre los demás griegos. Básicamente consistieron en la sustitución del yelmo de tipo corintio y ático por los cascos de tipo frigio y beocio, que mantenían el rostro y las orejas descubiertas; la sustitución de la lanza hoplítica por una pica mucho más larga llamada sarissa; y la adopción de una espada más larga en lugar de la corta xiphos. Pero para entonces los hoplitas ya se hallaban en proceso de desaparición, y los nuevos soldados de infantería pesada de Macedonia ya no eran los ciudadanos-soldados sobre los que hemos tratado, por lo que volveremos sobre armamento clásico. Es más, éste armamento descrito a continuación más en profundidad, acabó por extenderse a otros pueblos mediterráneos no helenos que lo consideraron superior a suyo propio. Entre los que adoptaron parte del armamento y del modelo hoplita se encontraban sobre todo: los etruscos y otros pueblos itálicos, los pueblos sicilianos, los cartagineses, los persas en menor medida tras sus derrotas continuas contra los griegos, además de algunas tribus ibéricas. Sus vías de extensión fueron claramente los colonizadores helenos asentados en esos territorios, y también los mercenarios indígenas que combatieron contra o junto a los griegos. Veamos pues en que consistía la panoplia armamentística de un hoplita griego del siglo V a.C.:

 
 
 
• La Dory:
 

Era la típica lanza de los hoplitas clásicos, con una longitud de entre 1,80 y 2,50 metros, superior a las jabalinas pero bastante inferior a las futuras sarissas macedonias y los kontos de caballería. Tenía el asta de madera cilíndrica. La punta solía ser de hierro y de forma lanceolada, de unos diez centímetros. Además, en el otro extremo de la lanza, al pie, solía poseer una contera metálica de unos quince centímetros, o incluso una segunda punta. Esta lanza era la principal arma de acometida del hoplita y un elemento fundamental de la falange. En batalla no se empleaba como arma arrojadiza, como en época arcaica, sino que los hoplitas de vanguardia la sujetaban horizontalmente con el brazo derecho, y la sostenían bajo la axila, manteniéndola apretada al cuerpo, o bien la alzaban sobre su hombro, sosteniéndola con el brazo levantado, a la vez que avanzaban contra el enemigo. Sin embargo los hoplitas de las filas posteriores la sostenían de manera diagonal o vertical, en espera de sustituir a algún compañero caído de la primera línea. Podemos imaginar el aspecto de erizo que presentaría una formación de combate con cientos de lanzas en disposición de embestida. 

 
 
• El Xiphos y el Kopis:
 

Eran las espadas más utilizadas por los hoplitas. La más común, el xiphos, era corto, de unos 60 o 65 cm de longitud, y estaba realizado en hierro, aunque el pomo podía ser de bronce. Se llevaba colgado del hombro y no de la cintura, e iba envainado en una funda o vaina de madera, recubierta de cuero y reforzada de bronce en su boca y en el extremo. Generalmente sólo se usaba en los combates cuerpo a cuerpo, de ahí que fueran cortas, ya que los hoplitas cargaban empuñando la lanza. De hecho, los hoplitas recurrían a espadas y puñales únicamente cuando se rompía la falange. Además del xiphos, también era empleada, sobre todo por los griegos de las colonias occidentales, la espada denominada kopis o machaira, de apariencia corta y con el extremo curvo, similar a la falcata ibérica pero algo más larga y gruesa.

 
 El Aspis:

Era el escudo que empleaban los hoplitas, siendo uno de los elementos imprescindibles de la falange. Fueron los dorios quienes extendieron el modelo de escudo redondo por toda Grecia, pero la forma de asirlo era diferente. El aspis hoplita estaba formado por un gran cuenco, casi plano, construido con láminas de madera curvas, extraídas del sauce o el chopo,  y encoladas entre sí. Su parte externa se reforzaba habitualmente con una fina plancha de metal (hierro o bronce), mientras que la interior se hacía con una capa de cuero de lino. La parte externa del escudo solía decorarse con un motivo pintado; en época arcaica fueron muy abundantes las efigies de animales y de temas mitológicos y religiosos, como por ejemplo el de Atenea Parthenos, el de Medusa o el del toro alado llamado Gorgona, los cuales se pintaban como símbolos protectores o se heredaban de padres a hijos como símbolo distintivo. Fue muy conocida la imágen del toro que portaban los veteranos de la batalla de Maratón, como se refleja en diversas cerámicas. De todos modos, desde la guerra del Peloponeso, se fue extendiendo la costumbre de sustituir estos motivos por las iniciales del nombre de sus polis, caso de Esparta, que no permitía distinciones en sus hoplitas y todos portaban la inicial de Lacedemonia en sus escudos, la lambda griega (Λ). Era un símbolo patriótico, y a la vez un modo de identificación en un combate confuso entre hoplitas (como ocurría con los caballeros medievales). 

El aspis tenía un diámetro de 90-110 cm, y pesaba entre 6 y 8 kg, de modo que los hoplitas lo descansaban en el hombro durante las pausas del combate y, en las marchas, lo colgaban a la espalda con una correa llamada talamón (telamoon). Su modo de agarre era característico y único, lo que permitía el sistema de formación hoplítica en falange. Este agarre, consistía en una pieza metálica central en la parte interior del escudo (porpax), por donde se pasaba el antebrazo izquierdo, y más cerca del borde, había un asa de cuero (antilabè) que se agarraba con la mano. De éste modo, el escudo quedaba pegado al brazo, y permitía una mayor movilidad de esa extremidad. Era un sistema que proporcionaba más comodidad y resistencia, aunque también cierta rigidez debido al peso del escudo. Posteriormente comenzó a llamársele hoplón a éste escudo, termino que en orígen hacía referencia a todo el equipo militar, a la panoplia, y que le daba nombre al hoplita.

 
   
     

                               
 
 
 
 
 
• El Casco:
 

El casco (kranos) era de bronce y existían diversos modelos, el más difundido fue el corintio, que estaba dotado de un protector nasal y de dos grandes carrilleras que protegían las mejillas. Entre los cascos corintios, los más característicos del hoplita, también había diversos modelos que evolucionaron a lo largo de los siglos. Los más antiguos poseían unas carrilleras muy cerradas, entre ellos el conocido como “Myros”, muy empleado en el siglo VI a.C., hasta el punto de que incluso podían unirse cubriendo la barbilla del soldado (en la imagen el segundo casco del 550 a.C.). Éstos cubrían pues todas las partes de la cabeza, excepto las ranuras de los ojos y la de la boca y barbilla. Con ellos, se reducía notablemente la audición del soldado y, sobre todo, la visibilidad, ya que evitaba la visión hacia los lados y hacia arriba si no se giraba el cuello. El hoplita que avanzaba en la falange con éste tipo de yelmos, solo tendría la vista puesta en el frente. 

A partir del siglo V a. C., el casco corintio comenzó a sufrir sus mayores evoluciones, y la mayor novedad fue que dejaba al descubierto las orejas para que el soldado pudiera escuchar mejor. Entre estos últimos, fue famosa la variante “ática”, que además de liberar las orejas, redujo mucho el tamaño de las carrilleras y de la parte frontal, siendo mucho más fresco que otros modelos, además de que permitía una mejor visión y audición al soldado (en la imagen el primer casco del 500 a.C.). Algunos hoplitas posteriores comenzaron a utilizarlo con carrilleras metálicas articulables, las cuales podían levantarse y dejar el rostro al descubierto, lo que era muy útil en los momentos previos o posteriores al combate, cuando el calor y el sudor azotaban las cabezas de los soldados. Sin embargo, los anteriores modelos corintios, más populares, podían retirarse de la cabeza hacia atrás y se sostenían solos en la coronilla, como puede apreciarse en numerosas representaciones de la época. Incluso también comenzaron a fabricarse cascos sin carrilleras y sin protector nasal, lo que dejaba todo el rostro descubierto, modelo más del gusto de los áticos que de los sufridos peloponesios. De todos modos, no hay que olvidar que estos cambios dependían de los artistas armeros que los fabricaban, y también de un lugar u otro, de forma que circulaban todo tipo de modelos diferentes, eso sí, casi siempre corintios, y convivían los modelos más antiguos con los más novedosos, según el gusto o capacidad adquisitiva del hoplita.

Los hoplitas más ricos e importantes, adquirían cascos de mayor calidad, a veces decorados con grabados o pinturas. No hay que olvidar además, que la mayoría de ellos adornaban sus cascos con grandes penachos coloridos (Stephanos). Habitualmente estaban fabricados con crines de caballo tintados, fijándolos con un pasador por delante y otro detrás. En un principio estuvieron de moda los más grandes y largos, haciendo que colgaran por la espalda como una coleta, pero progresivamente fueron siendo reducidos o acortados por motivos de comodidad. También hay que destacar que, desde el siglo V a.C., algunos hoplitas de una misma ciudad acostumbraron a teñir las crestas de sus cascos con los mismos colores, como las franjas negras y blancas alternadas de los espartanos. Por último, decir que todos estos yelmos estaban forrados por dentro con fieltro, piel o lino, pegada con resina como manera de sujeción, aunque en épocas anteriores al siglo VI a.C. se les hacía sobresalir un poco sobre el reborde exterior, cosiéndolos a través de unos agujeros practicados en la parte inferior del casco. Con este acolchado, el yelmo se adaptaba mejor a la cabeza del soldado, que la mantenía presionada y además no lo incomodaba. Algunos hombres, bajo el casco, llevaban una cinta en la frente que, además de recogerles el cabello, proporcionaba cierto soporte para que el casco quedara fijo. 

 
 

• La Coraza:

 

Aunque en los siglos precedentes se empleaba una coraza totalmente de bronce (thorax), con una característica forma "acampanada", debido a unos rebordes salientes en la parte inferior, ésta fue siendo sustituida paulatinamente por una especie de coselete de cuero y lino (Linothoorax), de influencia asiática, que fue la empleada primordialmente por los hoplitas del período clásico. Estaba realizada con varias capas de lino endurecido y pegadas entre sí, pudiéndo ser reforzada con escamas de bronce o hierro. Se abrochaba por los hombros, el pecho y el vientre mediante cintas de cuero. Los brazos quedaban libres para una mayor movilidad. Muchas de ellas contaban con un peto metálico escamado que protegía la parte central del torso del guerrero, mientras su parte inferior también podía estar realizada con dos capas de tiras de cuero superpuestas (pteruge) que protegían los muslos y las ingles. Desde que se reforzó con esa especie de faja metálica, aumento su precio hasta convertirse en uno de los elementos más caros de la panoplia hoplítica, siendo inalcanzable para los ciudadanos más pobres. Aún así era una coraza que merecía su precio, siendo muy flexible y ligera, lo que permitía gran variedad de movimientos, y además era lo suficientemente recia para proteger de tajos de espada y de otro tipo de ataques. Se utilizaría indiscutiblemente por los soldados de infantería pesada de todo el Mediterráneo, hasta que fue progresivamente sustituida por la cota de mallas (lorica anillae), de origen céltico, a partir del siglo III a.C. 

 
 
 
• Las Grebas:
 

Las grebas (knèmides) eran utilizadas para proteger las espinillas. Se hacían con bronce de una sola pieza, y podían cubrir o sólo la parte delantera de la pierna, o toda ella, incluida la pantorrilla, desde la rodilla hasta los tobillos. Éstas últimas, las que cubrían toda la pierna, se utilizaron fundamentalmente en los siglos VII y VI a.C., siendo además, las más elaboradas, profusamente decoradas con motivos geométricos o vegetales, realizadas por técnicas de punzado interno o de soldadura de los adornos. Ésta se introducía abierta alrededor de la pierna y luego se cerraba por presión. Su gran defecto era que debido a su rigidez en la parte de la rodilla, podía dificultar la carrera o el salto. Para ello era más útil las del primer tipo, que cubrían solo la espinilla y se asían a la pierna mediante correas de cuero.

 
• La Chlamys:
 

Por último hay que destacar que las capas o clámides (Chlamys), aún sin ser armas, formaban parte de la vestimenta oficial del hoplita. En un principio sólo debían de tener funciones de abrigo, pero desde mediados del siglo V a.C. se convirtieron en un elemento de reconocimiento, primando ahora las de lino sobre las de lana. Se convirtieron en algo así como un uniforme militar. No se sabe a ciencia cierta si todas las polis tenían un color propio, parece poco probable, pero en el caso de Esparta si que se dió. Según Jenofonte,  ("La República de los Lacedemonios", 11-3), el legislador Licurgo, en el siglo VII a.C. ordenó a los espartanos adoptar mantos y túnicas de color escarlata que, según él, eran atuendos "menos afeminados y más propios de un guerrero". Este manto militar espartano, fino y austero, era conocido como tribón, y acompañaba a los guerreros en todas sus campañas y servía para protegerlos del frío durante la noches en las que acampaban al raso. Debía ser uno de los bienes más preciados de todo guerrero espartano, ya que afirma Plutarco ("Licurgo" 27-1), que era la única prenda que acompañaría al guerrero en el momento de su enterramiento, junto a una corona de hojas de olivo. También observa Plutarco ("Obras morales y de costumbres", 238F), que sólo la visión de la túnica escarlata podía provocar el terror en un enemigo poco esperimentado, así como permitía a los suyos camuflar las manchas de sangre de sus herídas. Probablemente era la fama que ya acarreaban los hoplitas espartanos lo que provocaría ese terror, cuyos enemigos podrían reconocerlos por sus capas a distancia. No sabemos a ciencia cierta si los atenienses buscaron un sistema de diferenciación similar empleando mantos con un color distintivo, no existen evidencias al respecto, aunque sí conocemos que sus hoplitas efebos (los jóvenes novatos) vestían todos mantos negros que los distinguían como tales. Los hoplitas espartanos, con sus mantos de color escarlata, sumadas a las crines negras y blancas de sus yelmos, y a la Lambda pintada en sus escudos, poseían una autentica uniformidad militar para la época de la Guerra del Peloponeso. 

 
 
 
Por TITO
 
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Fuentes:
 

-ALCAIDE, José A.: "1.000 años de ejércitos en España"; ed. Almena, Madrid, 2000.
-BORGEAUD, Philippe; VERNANT, Jean Pierre: "El hombre griego"; cap.II: GARLAN, Yvon: "El militar"; ed. Alianza, Madrid, 1993.
-CONNOLLY, Peter: "Greece and Rome at War"; Grenhill Books, Londres, 1998.
-DE LA ROCHA, Carlos: http://www.satrapa1.com ; especialmente los artículos: “El Hoplita. Ciudadano en armas”, de Pedro Llanes; y “Las armas de los guerreros de Esparta”, de A. Salgado Castro.

-FIELDS, Nic: "Thermopylae 480 BC: Last stand of the 300", ed. Osprey Publishing, Londres, 2007.

-SNODGRASS, Arnold M.: "Armi ed armature dei greci"; ed. L'erma di Bretschneider, Roma, 1991.