En 1538 el principal peligro al que se enfrentaba la cristiandad en Europa era el poder del Imperio Otomano. El sultán Solimán, llamado “El Magnifico” había sido frenado en Viena en 1529 y para 1532 había sido expulsado ha sus territorios de Hungría. En el Mediterráneo una ofensiva cristiana intentó eliminar el peligro que suponía la gran flota turca.