Hans Kütemeyer: Los días en que fue difícil ser NacionalSocialista

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eljoines
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   Éste tema es una copia corregida del original publicado el 5 de Marzo de 2010 en el antiguo foro de MundoHistoria:

 

 

Hans Georg Kütemeyer (1895-1928)

 

    Inicio este tema como descripción breve de la vida y muerte de uno de los mártires del III Reich, como relato en sí y como posible introducción a la etapa inmediatamente anterior a la subida del NSDAP al poder.

    He optado por una figura relativamente desconocida, en vez de optar por otra más conocida como Horst Wessel, para dar a conocer un nombre nuevo y de forma indirecta, también apuntar la existencia de cientos de personas que, como Wessel o Kütmeyer, cayeron en esta etapa de agitación y violencia política para ser posteriormente tratados como mártires durante el dominio del III Reich.

      Como introducción breve recordar que después de la excarcelación de Hitler, aún llevó unos años reformar y reorganizar el NSDAP en Alemania. Para mediados de 1920 existían cotos de población votante que estaban férreamente protegidos; la socialdemocracia y los comunistas (SPD y KPD especialmente) protegían los barrios obreros como propiedad exclusiva, con el uso de la violencia en caso necesario, creyéndose los únicos con derecho de hablar a la clase obrera.

    Naturalmente, por filosofía y principios, el NSDAP esperaba recabar grandes apoyos en este sector social, y esto sólo podía hacerse a través de la propaganda y la difusión en masa de su ideario; mediante mítines, reuniones públicas, panfletos, gacetillas y periódicos. Es decir, labor directa a pie de calle.

     Era evidente que antes o después fuerzas tan opuestas, en una situación social límite, buscando apoyos en los mismos barrios llegarían pronto a situaciones de violencia, palizas, tiroteos y muertes.

     La historia de Hans Kütemeyer es precisamente una muestra de esta época.

    El texto original alemán apareció publicado originalmente el 26 de Septiembre de 1928, en “Der Angriff”, periódico editado por el Dr. Josef Goebbels. Ésta es una traducción al español redactada por mí en base fundamentalmente a otra traducción al inglés, por lo tanto me supongo que difiere de la fuerza y estilo del original.

 

"Kütemeyer" por J. Goebbels

    Un día vino a nuestra oficina y preguntó si podía colaborar en algo. Dijo que no tenía empleo, que vivía con su mujer modestamente del subsidio de desempleo y que prestaría gustosamente sus servicios al  Partido. Era callado y tímido. Se sienta en el lugar que se le indica y apenas habla de su servicio voluntario. Después de cuatro meses había puesto nuevamente en orden, con afanosa laboriosidad, el fichero completamente revuelto a causa de la prohibición y la persecución.

    A la mañana es el primero en llegar, y a la noche, el último en irse. El saludo al llegar y al irse es casi lo único que dice durante el día. Si por casualidad paso por su sección, se levanta de un salto de su asiento, se cuadra y me estrecha la mano, nervioso como un niño.

    Durante la guerra sirvió en el frente como valiente soldado. Después se hizo comerciante, pero la inflación le quitó pan y trabajo. Trabajó en una granja, pero perdió su empleo por sus convicciones políticas. Volvió a la ciudad y se integró al ejército de los tres millones de alemanes en paro. La tarde antes de la asamblea de Hitler va con camaradas a pegar carteles. Hasta el amanecer está en las calles. Muerto de cansancio vuelve a casa. Su mujer, solícita, lo hace dormir tres horas; después estará de nuevo dispuesto para el servicio.

    Hoy el corazón le late a estallar. El rostro pálido, demacrado, enrojece repentinamente cuando piensa que a la noche va a ver y a oír por primera vez a su Führer. A las cinco se presenta para el servicio de caja en el Sportpalast. Cuando se despide en la oficina pregunta proféticamente a un camarada: ¿Quién será el próximo a quien enterraremos?

    Cuando a eso de las seis y media llego al Sportpalast para un breve control, lo veo trabajar en la ventanilla. No puedo recordar haberlo visto reir antes alguna vez. Ahora ríe. Todo el rostro está radiante por una inmensa alegría. Cuando me alejo, me grita algo que no entiendo en el barullo.

    A las 8.15 le dice el administrador de la caja: “Kütemeyer, usted aún no ha oído a Hitler, haga pronto las cuentas y luego en marcha a la sala”. Hace las cuentas. Exacto hasta el último pfennig: 420,40 marcos. Ahora el recibo, y luego adiós. Se aprieta en la última fila, porque todo, todo, está abrumadoramente lleno. Ahí está, entre la puerta y el gozne, viviendo el júbilo atronador cuando Hitler entra en la sala, escuchando con el corazón palpitante el evangelio de la joven Alemania. Al término se levanta con otros dieciséis mil y canta con lágrimas en los ojos: "Alemania, Alemania sobre todo, y en la desgracia más que nunca”.

    ¿Quién podría censurarlo si vuelve de mala gana a la realidad de su vida diaria? Durante dos horas está sentado con los camaradas en alegres y excitados debates. Luego quiere volver a casa para estar con su mujer, que se había ido enseguida al terminar la asamblea.

    En una esquina lo ataca la chusma. Él se defiende. Con superioridad veinte contra uno, se lo echa por tierra. Su cara resulta aplastada en el acto, como un sangriento Ecce-Homo; el hueso nasal roto, los ojos inyectados en sangre, los labios desgarrados. Consigue escapar vacilante hacia la tranquila orilla del río. Allí espera escapar en la oscuridad de la jauría sanguinaria, o quizás también encontrar a alguno de sus camaradas que, como él, están siempre perseguidos, de a uno, en las calles solitarias.

    Un taxi se acerca a través de la lluvia. Está lleno de sanguinaria escoria roja. El conductor ríe con sorna y acelera.

    Allí está recostado sobre la baranda un hombre, con la cara aplastada en una masa sangrienta. “¡A él! ¡A  por ese perro!”

    Algunos golpes con barras de hierro en la cabeza lo dejan inconsciente. “¡Agarradlo! ¡Tiradlo sobre la baranda al canalla, adentro del canal! ¿Está ya muerto o se está muriendo ahora?”

    Se oyen gritos de auxilio, mientras el taxi se aleja a toda velocidad. En las frías, frías, aguas se hunde un alemán. Es sólo un trabajador. ¿Qué vale eso? Uno de los tres millones.

    A las seis de la mañana se rescata el cadáver. En su bolsillo se encuentra un carnet de afiliado y panfletos de propaganda del Partido. Nada más. Ni dinero, ni puñal, ni pistola. Sólo un papel con el nombre de Hitler escrito. El empleado del Partido que fue a identificarlo a la morgue apenas lo reconoce de tan magullado que está su rostro.

    A las cuatro de la noche se despierta su mujer. Le parece oír gritar a su marido “¡Mamá, Mamá!”. Esa fue la hora en que murió.

    “¡Suicidio! ¡Accidente! ¡Borracho! ¡Ahogado!” balbucea la journaille.

    La policía habla desatinadamente de un lamentable paso en falso en la orilla. Un hombre herido de muerte ha tropezado a través de una baranda de un metro de altura. A la cabeza de la policía está un hombre de la raza judía. El muerto es sólo un trabajador alemán.

 

    ¡Las gorras fuera y las banderas bajas en señal duelo! ¡Pero sólo un instante! Después ajustad las correas y comenzad la venganza contra los aniquiladores de nuestro pueblo. ¡A trabajar, camaradas, a trabajar!

    También este muerto tiene derecho a exigirnos eso.

En las frías, frías, aguas se hunde un alemán...

 

Fuentes:

Texto en alemán

Texto en inglés y fotografías

Wilhelm Keitel
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Decurión
Socio MH
Desde: 17 Ago 2009
    Si el tema resulta interesante, contemplo la posibilidad de debatir acerca del significado social y político de esta dura, en ocasiones violenta y hasta mortal, ascensión popular del NSDAP. Por lo de pronto, citaré a Goebbels, en su obra “La conquista de Berlín” que trata precisamente este período en la Historia alemana.

    Hace poco traté el tema de la dicotomía social NS entre el individuo activo en la lucha política y el rebaño pasivo que es literalmente conducido por estos líderes. Esta idea encuentra aquí su versión adaptada en la forma de los primeros afiliados del NSDAP, que peleaban (incluso hasta la muerte) por sus ideas, y la población pasiva que esperaba acontecimientos.

    Debido a esto, se creó cierta diferencia sutil entre miembros del NSDAP atendiendo especialmente a la época en que se habían afiliado al partido (es decir, se habían eregido voluntarios como individuos activos del pueblo). Es innegable que, como todo Movimiento ganador, el NSDAP engordó sensiblemente sus filas poco después de su victoria parlamentaria, a base de individuos más preocupados por su bienestar personal antes que el bienestar nacional, que era objetivo del NSDAP. Goebbels apuntaría de esta manera esta sutil diferencia:            

    “El movimiento fue colmado en los años siguientes con éxitos y victorias. Muchos de los que tardíamente encontraron el camino hacia nosotros no pudieron comprender cabalmente estas cosas. Tenían la impresión de que todo se nos hacía demasiado fácil y temieron que el movimiento pudiera alguna vez ahogarse en sus propios triunfos.”

            Puede encontrarse eco de esta circunstancia en las palabras de otros líderes, pero dejaremos ese tema aquí para un hipotético hilo futuro.

 

    Un saludo!!

 


        

"no se ha inventado nada mejor q la estupidez para creerse inteligente" - A.N.   

efe1
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Desde: 20 Oct 2010

Hola Keitel:

Más allá de que yo creo más en el hitlerismo que en el NS su significado social puede resumirse en pocas palabras: una enorme cohesión social, como casi nunca se ha podido ver en los tiempos modernos.Hubo que arrasar Alemania hasta los cimientos ( literalmente hablando, yo vi aún la base quemada de los edificios de Dresde) para doblegarlo y hasta el momento en que Hitler murió, seguía la resistencia. Eso sin duda da mérito a muchas reflexiones, porque no ocurrió en la Italia fascista y si bien ocurrió en la Urss no olvidemos que allí se llegó a extremos nunca antes vistos ( el "héroe" defensor de Stalingrado fusiló a 13.000 de sus propios hombres!!!, así cualquiera....). 

Y en cuanto al significado político: estoy absolutamente convencido que el Ns o hitlerismo fue la respuesta al TYratado de Versalles. Sin tratado de Versalles no habría existido. Es cierto que Hitler era antisemita, pero su motor, su leiv motif fue barrer con el Diktat de Versalles, y por eso lo acompañó tanta y tanta gente, de todos los sectores sociales. Al respecto leí ( no me pidas la fuente porque no me acuerdo dónde lo leí) que Göring declaró luego de la guerra que él se había afiliado al Partido NS apenas oyó que él se proponía arrasar con el Tratado de Versalles, "no por cualquier otra consideración ideológica".

Por supuesto, sobre este tema se ha escrito tanto ( y entre ello muchas estupideces) que parece trivial reducirlo a pocas líneas, pero estoy convencido que estos dos aspectos que acabo de señalar son el carozo mismo de la cuestión.

Saludos.

 


Carabina a la espalda y sable en mano.

Wilhelm Keitel
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Decurión
Socio MH
Desde: 17 Ago 2009

Eso sin duda da mérito a muchas reflexiones, porque no ocurrió en la Italia fascista y si bien ocurrió en la Urss no olvidemos que allí se llegó a extremos nunca antes vistos ( el "héroe" defensor de Stalingrado fusiló a 13.000 de sus propios hombres!!!, así cualquiera....).


      Yo, al menos en mi opinión personal, lo tengo clarísimo. Ni el Duce, ni mucho menos Stalin dieron a su población antes de la guerra lo que sí les dió Hitler; esperanza prosperidad, orgullo y victorias. Éste artículo que he traducido da unas pocas claves de ésto precisamente. Notad la sutil crítica que Goebbels está haciendo al sistema de Weimar: Kütemeyer es un hombre honrado y trabajador que está en una precaria situación debido a la crisis económica (de la cual la República es responsable directa). Sólo a traves del Partido es capaz Kütemeyer de sobreponerse a su situación (No puedo recordar haberlo visto reir antes alguna vez) . Y al final muere, pero muere por sus ideas, ¡muere por Alemania! Ensalza el orgullo que es para un hombre valiente sacrificarse por su patria, además de que, cual muerte Nietzscheana, es situación ideal para reforzar los juramentos de los vivos, en este caso, la voluntad de los Parteiggnosen NSDAP de conseguir la victoria final.

En resumen, si Napoleon aseguraba que un hombre luchaba más y más duramente por un trozo de tela de colores pues imaginaos cómo luchará por uan idea cuasi-idílica de nación.

Un saludo!

PS: Por cierto, no puedo dejar de poner un link a uno de los artículos de la revista:

http://www.mundohistoria.org/revista/mh-magazine-7/crack-del-29-crisis-d...

por lo que comentaba de la situación económica alemana. Me parece que también se podría utilizar perfectamente como introducción a un tema bien fundamentado acerca de la recuperación económica alemana a partir del 33. ¿Qué me decís?

 


        

"no se ha inventado nada mejor q la estupidez para creerse inteligente" - A.N.   

sergio_domingo
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Desde: 4 Sep 2009

En la Alemania de entre guerras hubo muchos Kütemeyer, muchos hombres de la trinchera o tal vez que no estuvieron en ella (como Goebbels) pero que tenían un ardor juvenil y un gran amor a su patria. Seguramente la idea del Volk que se fue fraguando desde la época napoleónica tuvo mucho que ver que sumado a la tragica situación después de la 1ª guerra mundial, fue la catarsis para que apareciera gente como Kütemeyer, Horst Wessel y muchos anónimos que murieron en los combates callejeros contra los comunistas. Es inimaginable para la gente actual la violencia de las calles en la Alemania de 1918 en adelante, violencia de gente que ya no tenía nada que perder, pues ya todo lo había perdido.

Saludos

 

 

   Wessel