Análisis Historiográfico de la Biblia.

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juan el que piensa
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 Agar, La Esclava que molestaba

Oriunda de Egipto, Agar era esclava. Esta circunstancia en sí no indica ninguna inferioridad, sino simplemente que, debido a las vicisitudes de la guerra u otra calamidad, había perdido su libertad. No sabemos nada de las circunstancias en que ingresó al hogar del Patriarca Abraham, aunque es dable suponer que la haya adquirido durante su visita al valle del Nilo, con motivo de la hambruna que azotó la tierra de Canaán poco después de su llegada a dicho lugar.

Para Agar, su asociación con sus nuevos amos, significó una revolución total en su manera de vivir. En su niñez habría adorado a las huestes de las divinidades egipcias y practicado los ritos diferentes asociados con su culto. En las tiendas del Patriarca oyó por primera vez que Dios es uno, que es santo y que le adoran. Le habría extrañado al principio la completa ausencia de ídolos e imágenes en el culto de Jehová y la relativa simplicidad que se observaba en su culto en comparación con la ostentación y aparato de los sacerdotes egipcios, y poco a poco, pudo convencerse que ésta era la verdadera religión.

Esta es una idea inicial profesada por los sacerdotes levíticos y seguida a posterior por los descendientes de Aarón.  El cristianismo se adhiere también a esta interpretación textual. En cambio en una etapa posterior  en el post exilio cuando surge el rabinismo[1] y  las sinagogas, donde se comienza con una exégesis de Torá, y la Halajah, ley judía.  De estas interpretaciones es que surge la idea de que Agar, era una princesa hija del Faraón, que este entrega a Abraham con el fin de apaciguar la ira de Jehová y que no vuelva a enviar las plagas a su pueblo. Por supuesto a esta se suma el Islam, pues de esta manera el progenitor del pueblo árabe termina siendo hijo de un patriarca y una princesa.[2]

 Las historias que le contaban sus amos también le llamarían la atención. Dios, le decían, había aparecido varias veces en visiones a Abraham, y le había hecho las promesas más extraordinarias. En una de estas oportunidades le había dicho que el deseo del Patriarca de tener un hijo se cumpliría, y que la descendencia de su heredero sería tan numerosa como las estrellas del cielo y las arenas del mar. Esto le parecía muy extraño, puesto que pasados los años, ningún hijo hizo su aparición. (Siempre tomando el relato en forma textual).

Quizás la esclava, movida por la simpatía, hubiese elevado al cielo sus peticiones a favor de su querida ama, pero sea de ello lo que fuere, Sara permanecía sin descendencia.

Mientras tanto, Agar se dedicaba a los afanes y quehaceres de la casa en forma tan cumplida que se granjeaba la simpatía y aprecia de sus amos, hasta convertirse en la criada de más confianza. A pesar de su condición de esclava, ya tenía una posición honorable en el hogar, que para ella no pudo ser menos que motivo de gran satisfacción.

Así se presentó la situación cuando, un buen día, Sara la llamó a su habitación para hacerle una proposición extraordinaria. Reiteró, en primer lugar, la promesa divina hecha a su esposo y recalcó que ésta, de todos modos, tenía que cumplirse. Habló en seguida de su propia condición, de su avanzada edad, y de la poca probabilidad de tener un hijo en circunstancias como las suyas. En vista de todo esto, parecía prudente elegir, del personal del hogar, al la doncella más sindicada para ser la madre del heredero del Patriarca. La persona que ambos esposos habían elegido para recibir tal distinción, fue Agar.

En su calidad de esclava, no pudo sino aceptar las disposiciones de sus amos por más que no fuesen de su gusto, pero esta insinuación, de veras, hizo latir su corazón como una bomba de alta presión. ¡Ella, esclava, escogida para un destino tan elevado! Parecía un sueño, sin embargo, era real, y sumamente halagada, aceptó gustosa la propuesta de sus amos.

Hay muchas personas que pueden sobreponerse a las pruebas de la adversidad para sucumbir, en seguida, en medio de los goces de la prosperidad. En esta categoría se hallaba Agar. Su repentina mejoría de rango pronto la desequilibró. Se enorgulleció sobremanera, tomó aires de grandeza y pronto se creyó igual en todo sentido a su patrona. Habiendo comenzado mal el negocio, iba a terminar peor, pues al darse cuenta que iba a ser madre, comenzó a tratar con desdén a la que tanto la había favorecida.

La situación en el hogar se tornó harto difícil. Abraham amaba a Sara al mismo tiempo no pudo menos que tener cierto afecto para con la egipcia, quien iba a ser la madre de su heredero. Agar, maliciosamente complacida por haber obtenido lo que no pudo su ama, nunca se cansaba de dar expresión a sus sentimientos, a la vez que Sara permanecía muy mortificada al contemplar una situación como ésta y sentir en carne propia sus desagradables con-secuencias, siendo ella misma su autora intelectual (Génesis 16 : 5).

En tan angustioso trance, Abraham hizo todo lo posible para reparar el daño y restaurar la paz en el hogar. Finalmente, dijo a Sara: "He aquí, tu sierva en tu mano; haz con ella lo que bien te pareciere". Su esposa, armada de esta autorización, tomó medidas disciplinarias contra la esclava y sancionó tan duramente su insolencia que ésta, no pudiendo soportar la súbita humillación, huyó del hogar para internarse en el desierto.

Evidentemente el gran defecto de su carácter consistía en su impulsividad. Sin parar mientes, había aceptado la proposición original de Sara, sin meditar en las consecuencias de su soberbia. Había mortificado cruelmente a su patrona, y ahora, sin detenerse a pensar en su rumbo, ni tomar consigo las provisiones necesarias, ni menos darse cuenta de los peligros a que se iba a exponer, la esclava que nunca se había visto en la necesidad de proveer para sus necesidades, en su gran afán de escaparse de una situación enojosa creada por ella misma, buscó asilo en un inhospitalario desierto. Impulsivamente se había saltado de la sarten al fuego.

En estas circunstancias, se encontró en el despoblado al sur de Beersheba, cansada hasta más no poder. En su derredor no había sino la arena candente del desierto salpicado aquí y allá por unas miserables plantas características de aquellos parajes. En lontananza pudo divisar la forma de unas palmeras. Sería un oasis. Allí por lo menos podría apagar su sed que la consumía. Arrastrando su agotado cuerpo en esa dirección y tras un esfuerzo titánico, llegó a la fuente y sentase para lamentar su triste suerte. Fue entonces que el ángel del Señor se presentó con la pregunta: "Agar, sierva de Sara, ¿de dónde vienes tú, y a dónde vas?".

La impulsiva Agar pudo contestar la primera pregunta más no la segunda. Quería escaparse de la presencia de la indignada Sara, pero no había pensado en lo que le convenía hacer, de manera que contestó: "Huyo de delante de Sara, mi señora".

Dios tenía su plan para la esclava egipcia no obstante su propia falta de previsión. Ese plan implicó volver a la situación de que había huido y someterse a la disciplina de su patrona. Si se hubiera disciplinado a sí misma desde un principio, no habría tenido que ser castigada, ni habría sido tentada a fugarse del hogar, ni mucho menos habría tenido necesidad de volver humillada y avergonzada a la tienda de Sara. Dios en su gran bondad manifestó su paciencia hacia la pobre sierva, tratando de darle una lección importantísima. ¿Sería ella capaz de aprenderla?

En este caso,  para reanimar a la esclava fugitiva, le dió una promesa, diciendo: "Multiplicaré tanto tu linaje, que no será contado a causa de la muchedumbre. He aquí que has concebido, y darás a luz a un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque oído ha Jehová tu aflicción. Y será hombre fiero; su mano contra todos, y las manos de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará" (Gén. 16: 10-11).

La promesa se cumplió al pie de la letra. En su debido tiempo nació Ismael, progenitor de las razas árabes. Ismael comenzó su vida molestando a su hermanastro, y desde entonces sus descendientes han sido adversarios de Israel. De su seno se ha levantado el falso profeta, Mahoma, quien los convirtió en los enemigos mas recios del cristianismo Basta leer los diarios del siglo veinte para convencerse de la exactitud con que se cumplió la promesa de Dios a Agar.

Allí aprendió ella una lección por lo menos a saber, que el Dios de Abraham es un Dios viviente y real, cuya palabra se cumple. "Entonces llamó el nombre de Jehová con que ella hablaba: "Tú eres el Dios de la vista ... ¿No he visto también aquí al que me ve?". Llamó el nombre del pozo por consiguiente: "Pozo del Dios Viviente queme ve". Se encontraba en aquel entonces entre Cades y Bered, lugar que hasta el día de hoy es sagrado para los mahometanos.

Agar entonces regresó a la tienda de la familia patriarcal; les contó a sus amos todo lo que le había pasado en el desierto, se reconcilió con ellos y por unos catorce años las cosas anduvieron mejor. Parece que Agar había aprendido su lección pero ¿quién podría responder por Ismael si algún día tuviera un hermano?

Con el nacimiento de Ismael parece que todo el mundo hizo un esfuerzo para mejorar la situación en el hogar. Agar no pudo olvidar fácilmente su encuentro con Dios en el desierto, Abraham estuvo contento de tener un heredero, y Sara aceptaba la situación con tal de que Agar no le fastidiara. A todos los tres, les parecía que la promesa original a Abraham se había cumplido.

Mas no iba a ser así, pues Jehová apareció nuevamente a Abraham, diciendo: "Serás padre de muchedumbre de gentes ... Y multiplicarte he mucho en gran manera, y te pondré en gentes, y reyes saldrán de tí .. Te daré a ti y a tu simiente después de ti, la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré Dios de ellos ... A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre. Y bendecirla he, y también te daré en ella hijo; si, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones, reyes y pueblos serán de ella” (Génesis 17: 4-16).


Abraham, el gran hombre de fe, apenas pudo creer tan buenas noticias, no obstante su origen divino, pues respondió a Dios: "¡Ojalá Ismael viva delante de tí! Las dudas de Sara estaban tan profundamente arraigadas que necesitaba otra confirmación de parte de Dios antes de que pudiera creer una promesa tan extraordinaria. Sin embargo, nada tenía de buena esta palabra de Dios para Agar, quien veía esfumarse todas sus esperanzas de que su hijo fuera el heredero exclusivo de su amo. Una vez más hubo tirantez en el hogar pero todos aguantaban lo mejor que pudieron hasta la gran fiesta que se celebró en la ocasión del destete de Isaac. En el transcurso del banquete se introdujo el hijo de Agar, "su mano contra todos", con la intención de dar un ejemplo de cómo él proponía "habitar delante de sus hermanos". Como si estuviera buscando pleitos, comenzó a mofarse del huésped de honor, el pequeño Isaac. Esto no pudo soportar Sara, quien, harta de la insolencia de Ismael, refirió el asunto a su esposo.

Abraham no supo qué hacer. Terminada en forma triste una ocasión escogida para estar tan alegre, todos volvieron a sus habitaciones. Nadie pudo dormir aquella noche. Sara estaba furiosa; Agar estaba llena de resentimiento contra Isaac por haber rebajado en categoría a Ismael, y contra Ismael por haberse portado tan indiscretamente en el banquete; a la vez que Abraham se hallaba entre los cuernos de un dilema.

En estas circunstancias, Dios vino en su ayuda para orientarle; "No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que te dijera Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia". En su gran bondad Dios prometió encargarse de resolver la dificultad, pues agregó: "Y también al hijo de la sierva pondré en gente, porque es tu simiente".

Muy de mañana, al día siguiente, la desafortunada madre junto con su pendenciero hijo, fueron expulsados en forma definitiva de la casa. Abraham se levantó temprano para alistar las provisiones necesarias y con el corazón angustiado les despidió.

Con sus ensueños ya desvanecidos y sus esperanzas por el suelo, la fregona Agar, se separó del hogar. Como en tantas otras oportunidades, así se portaba también ahora. No tenía la menor idea de lo que le convenía hacer. Simplemente, "andaba errante por el desierto de Beerseba"

¡Cuántas personas hay como ella en la actualidad, víctimas de sus propios caprichos, que fabrican los látigos con los cuales se flagelan. Cuando les sobreviene el castigo que con tanta insistencia han invitado, les toma por sor-presa. Parece que no se dan cuenta de la relación indisoluble entre causa y efecto, pues al cosechar lo que han sembrado, les parece cosa dura e injusta. Así era Agar. Y lo peor de todo, como se ha observado, en ese momento crítico, no tenía plan de acción alguno.

Era muy sencilla la mentalidad de la egipcia. Se creía muerta antes de morir. Acabada el agua, creía que la muerte le sobrevendría en seguida. Abandonando a su hijo debajo de un árbol, se alejó de él para no ser testigo de sus agonías y, sentándose a cierta distancia, alzó su voz y lloró.


Dice el texto “Dios oyó su llanto y los gemidos de su hijo. "¿Qué tienes Agar"? — le preguntó —. "No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. Levántate, alza al muchacho, y ásele de tu mano, porque en gran gente lo tengo que poner" (Génesis 21: 17-18).

Es interesante mencionar que para el Islam Alá li hizo esta promesa a Agar en el lugar donde hoy se sitúa La Meca

Se levantó luego la sierva y siguió caminando. Pronto se distinguió por delante un oasis. Era un buen lugar en que establecerse, pues venían allí los animales del lugar para abrevar al aire del día. Ismael, experimentado ya en el manejo del arco, se equipó de las armas necesarias y, esa noche, él mismo proveyó la cena.

La lección que aprendió aquel día, no la pudo olvidar. Su arco y flechas constituían la base de su independencia. Con ellos pudo vivir a sus anchas entre los oasis del desierto de Parán y hacer sus correrías contra sus vecinos cuando le daba la gana. Así se fundó la raza árabe, y así es hasta el día de hoy. Bien se ha cumplido la promesa a su madre: "Ismael ... será hombre fiero; su mano contra todos, y las manos de todos contra él y delante de todos sus hermanos habitará (Génesis 16 : 12).

La última referencia de las Escrituras sobre Agar se relaciona con su visita a Egipto en busca de una novia para su hijo. Su experiencia en el desierto de la providencia divina y las promesas que recibió del Altísimo le proporcionaron una base firme para su fe que hubo de servirle de ancla hasta el fin de su vida. Su propia arrogancia le había traicionado, su esperanza en los hombres le había engañado, pero la fidelidad del Señor aún en los trances más desesperados de la vida nunca había fallado. Vivió para ver el principio del cumplimiento de las promesas divinas en su hijo y terminó sus días con una confianza en Dios como la del Salmista, al exclamar:

"Dios es nuestro amparo y fortaleza Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones; Por tanto no temeremos

Aunque la tierra sea removida,

Aunque se traspasen los montes

Al corazón de la mar.

Jehová de los ejércitos es con nosotros Nuestro refugio es el Dios de Jacob" (Salmo 46 : 1-7).

Un fuerte abrazo para todos.



[1]  Originalmente se forman tres escuelas que van a terminar formando posteriormente, la escuela rabínica que se va  a  llevar cabo en las primeras sinagogas que comienzan a surgir. La primer escuela es la de Hillel, el viejo, siendo la denominación de los maestros Raban. Luego seguimos con el nombre Rabi, originarios de las escuelas galileas. Finamelmnete la tercer escuela es la de origen oriental, aquellos que permanecieron en Babilonia, conocidos como Rav. Para finalmente surgir en forma definitiva la figura del rabino. Hoy, un rabino es un maestro experto en la ley (Halajáh) judía y en la interpretación de la Torá (Midrásh). También se aplica este término al jefe espiritual de una sinagoga.

[2]  Lozano Medina, David (1999) Rabinismo y exégesis judía Barcelona, España. Editorial Clie ISBN 84-8267-084-0