Análisis Historiográfico de la Biblia.

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 Los textos de Ugarit

Tal como les prometí aquí va el artículo sobre los textos de Ugarit, por su extensión he decidido subirlos en dos partes para hacer más accesible su lectura. Espero les resulte interesante.

Los textos de Ugarit en la Biblia

Una introducción en la tradición mitológica del Medio Oriente antiguo

Primera parte

GUILLERMO CALDERÓN NÚÑEZ Pontificio Seminario Mayor San Rafael (Chile)

gacalderon@gmail.com

Sumario:

Introducción;

1. La escritura cuneiforme;

2. Datos históricos y arqueológicos;

3. Escritura ugarítica y literatura bíblica;

4. Religión de Ugarit;

5. Oseas, Amós y el Salmo 29;

7. El culto a la muerte en Ugarit; Conclusión.

Introducción

La antigua ciudad cananea de Ugarit reviste la máxima importancia para quienes estudian el Antiguo Testamento. La literatura y la teología escrita en las tablillas cuneiformes encontradas en las ruinas de esta ciudad-estado, vinieron a ser una valiosa ayuda para comprender el significado de varios pasajes bíblicos y para descifrar algunos términos hebreos. Ugarit alcanzó su apogeo político, religioso y económico hacia el siglo XII a.C. y este período de grandeza coincide con la entrada de Israel en Canaan. ¿Por qué los estudiosos del Antiguo Testamento querrían saber acerca de esta ciudad y sus habitantes? Simplemente porque en toda su escritura, religión y arqueología existen ecos del Antiguo Testamento. Varios Salmos fueron simplemente adaptados a partir de fuentes ugaríticas; la historia del diluvio tiene imágenes muy cercanas en la literatura de Ugarit y su lenguaje ilumina in extenso al lenguaje bíblico. En resumen, al conocerse la mitología y literatura de Ugarit se ha encontrado el camino para una mejor comprensión del mundo del Medio Oriente Antiguo, pues el conocimiento de la religión Siro-Palestina y Cananea aumentó enormemente y con estos descubrimientos se abrió, a su vez, una ventana para saber más de los inicios de la cultura y religión de Israel.

La escritura cuneiforme:   

La escritura cuneiforme es la forma conocida más antigua de lenguaje escrito. Creada por los Sumerios hacia el 3500 a.C. comenzó siendo un sistema pictográfico que a través de su uso en el tiempo se fue simplificando y haciendo más abstracto. Los primeros pictogramas fueron dibujados sobre tabillas de arcilla, en columnas verticales con una caña cortada en la punta en forma de aguja. Más tarde, con el fin de alcanzar rapidez y facilidad, se comenzó a escribir en líneas horizontales, rotando noventa grados de izquierda a derecha todos los pictogramas y un nuevo tipo de punta grabó en la arcilla signos con forma de cuña (cuneiforme). La tablillas eran cocidas en hornos para conservar lo escrito. Muchas tablillas encontradas por los arqueólogos se conservaron porque se cocieron cuando la ciudad fue quemada por fuerzas invasoras. La escritura cuneiforme inventada por los Sumerios fue adaptada por los Acadios, Babilonios, Elamitas, Hititas y Asirios para escribir sus propias lenguas y fue ampliamente usada en Mesopotamia por cerca de 3000 años. Por otra parte, muchas adaptaciones del sumerio cuneiforme preservaron al menos algunos aspectos de ésta escritura, por ejemplo, las escritura acádica incluyó símbolos fonéticos sacados del silabario sumerio, junto a ideogramas que eran leídos como palabras completas. Algunos signos eran polivalentes teniendo, al mismo tiempo, un significado silábico e ideográfico. Cuando la escritura cuneiforme fue adaptada para escribir la lengua Hitita, un nivel de ortografía ideográfica del acádico fue añadido a su escritura. La complejidad de este sistema se asemeja al japonés actual, que distingue gráficamente el ideograma (kanji) de los caracteres silábicos (kana).

La complejidad de este sistema generó un número de versiones de escritura más simplificado. El Persa Antiguo fue escrito en una colección de caracteres cuneiformes simplificados, usando muchos menos trazos de cuña que el utilizado por los asirios, junto a algunos ideogramas que representaban palabras como «dios», «país», «tierra», «rey» y a la divinidad suprema del sistema religioso local, Ahura-Mazda.

 El conocimiento de la escritura cuneiforme estuvo perdido hasta que en 1835, Henry Rawlinson, un oficial de ejército británico, descubre las inscripciones de Behistun, a una centena de kilómetros de Hamadan (antigua Ecbatana) en Persia, grabadas en una enorme roca de unos 500 metros de altura y a 100 metros del suelo en la que el rey Darío había hecho escribir en las tres lenguas oficiales de su imperio, Persa antiguo, babilonio y elamita, sus triunfos, proezas y gloria. Este hallazgo mostraba de un golpe casi 400 líneas de escritura en cada lengua. Luego de traducir el persa antiguo, Rawlinson, comenzó a descifrar las otras.

Datos históricos y arqueológicos

Ugarit, actual Ras Shamrá, fue una antigua ciudad puerto ubicada en el Mediterráneo, en la costa norte de Siria, pocos kilómetros al norte de la moderna ciudad de Latakia. Ugarit tuvo su apogeo entre el 1450 y 1200 a.C., posteriormente su ubicación fue olvidada, pero redescubierta en 1928 por una mujer campesina de la tribu Alahuita quien, mientras araba un campo, accidentalmente abrió una tumba. El área descubierta fue la necrópolis de Ugarit. Las excavaciones dejaron al descubierto una importante ciudad que fue la cuna de una cultura urbana, junto a Ur y Eridu, con una prehistoria que se remontaba al 6000 a.C.

La Ugarit neolítica fue habitada tempranamente, pues, parecía ser una ciudad suficientemente importante como para haber estado fortificada por una muralla hacia el 6000 a.C. Los primeros escritos mencionando la ciudad proceden de la ciudad de Ebla, hacia el 1800 a.C. Ugarit pasó a la esfera de influencia egipcia, lo cual influyó profundamente en su arte. Los primeros contactos entre Ugarit y Egipto datan de la época del faraón del Reino Medio Sesostris I (1971-1926 a.C.). Una estela[2] y una estatua de los faraones Sesostris II y Amenemhet III, encontradas en Ugarit, confirman lo anterior. Los archivos descubiertos revelaron que Ugarit aparte de rendir tributo a Egipto, tenía relaciones comerciales y diplomáticas con Chipre, lo que se corroboró con la alfarería micénica y chipriota encontrada en las excavaciones. Más tarde Ugarit cayó bajo el control de nuevas tribus, relacionadas con lo Hicsos. Durante esta época, siglos XVI al XIII a.C., Ugarit se mantuvo un permanente contacto con Egipto y Chipre. Luego, alrededor del 1200-1180 a.C., Ugarit colapsó y terminó por debilitarse definitivamente. Muchas otras culturas del mediterráneo sufrieron lo mismo, aparentemente por causa de las invasiones de los llamados «pueblos del mar».

Escritura ugarítica y literatura bíblica:

El ugarítico es una lengua semita cuya escritura originó, hacia el 1400 a.C., un alfabeto de 30 letras, correspondientes a igual número de sonidos, que fueron adaptadas a partir de caracteres cuneiformes e inscritas en tablillas de arcilla. El alfabeto ugarítico es el más antiguo descubierto hasta ahora. Comparado con las dificultades de los escritos cuneiformes acádicos, la flexibilidad del alfabeto ugarítico abrió horizontes literarios a muchos pueblos.

En las excavaciones de Ugarit, se encontraron dos librerías privadas que contenían, en tablillas de arcilla, textos diplomáticos, legales, económicos, administrativos, escolares, literarios y religiosos, escritos alrededor del 1300- 1200 a.C. Las tablillas encontradas estaban escritas en cuatro lenguas: sumerio, acádico (lenguaje diplomático en el Medio Oriente antiguo), hurrita y ugarítico, el cual se desconocía hasta estos descubrimientos. Al menos siete formas de escribir eran usadas en Ugarit: jeroglíficos egipcios e hititas y escritura cuneiforme chipro-minoica, sumeria, acádica, hurrita y ugarítica.

Las tablillas literarias ugaríticas son todas poéticas, con excepción de algunos listados. Se han identificado varios fragmentos poéticos como la «Leyenda de Keret», la «Leyenda de Dan’il o de Aqhat», el «Mito de Baal Aliyan», la «Muerte de Baal» y otros fragmentos. La poesía ugarítica tiene muchos elementos de paralelismos, métrica y ritmo que la relacionan con la poética hebrea y ha sido muy usada para despejar dudas en la interpretación de textos poéticos, lo cual ha revalidado al Antiguo Testamento como obra literaria.

Uno de los aspectos más importantes del ugarítico es la ayuda que proporciona para una correcta traducción del hebreo bíblico. A medida que una lengua se desarrolla cambia el significado de sus palabras o su significado se pierde al dejar de usarse. Por lo anterior, después de los textos ugaríticos, se tiene mayor información acerca de las palabras hebreas arcaicas. Un ejemplo lo constituye el Salmo 89,20, donde rz<[e (zr) se traduce habitualmente como «ayuda», sin embargo, la palabra ugarítica «gzr» significa «hombre jóven».

Junto a las palabras, también existen ideas o conjunto de ideas que tiene paralelo con los textos ugaríticos. Por ejemplo, en Prov 9,1-18, la sabiduría y la locura son personificadas en una mujer, esto significa que cuando los hebreos instruyeron a sus hijos en estos temas se basaron en un material comúnmente conocido en el ambiente cananeo3[3].

Otro ejemplo se encuentra en Prov 9,5, cuyo texto es similar a un escrito

ugarítico, el cual dice:

«Coman, oh dioses, y beban, beban vino hasta que estén (caigan) sentados».[4]

«Venid y comed de mi pan, bebed del vino que he mezclado» (Prov 9,5).

Religión de Ugarit[5]:

Algunas referencias a eventos históricos y algunos conceptos mitológicos que aparecen en la Biblia, aparecen también en las tablillas de arcilla de Ugarit.

En numerosos pasajes del Antiguo Testamento, los profetas predican contra Baal, Asherah y varios otros dioses, pues el pueblo de Israel adoró estos dioses incluso dejando de lado a veces al mismo Yahveh, el Dios de Israel. Los descubrimientos de Ugarit permitieron conocer cuáles eran y dónde fueron adorados estos dioses cananeos denunciados en la Biblia.

La religión ugarítica estaba centrada en el dios El, jefe de los dioses, «padre del género humano», «creador de la creación». La etimología del nombre El es la palabra común a todas las lenguas semitas, salvo el etiópico, para decir «dios». Sin embargo, a partir de las tablillas de Ugarit, El es también un nombre propio, referido a un único dios, con un carácter distinto y con sus propios mitos. Al parecer, El fue el nombre común a todos los dioses que, posteriormente, llegó a representar a un dios particular. Puede que el nombre haya sido usado por una tribu en especial para describir a su único dios, al punto que el nombre original de ese dios cayó en el olvido.

El carácter del dios El es ciertamente muy amplio. Puede significar padre, tío, rey, maestro, señor, juez, etc. Puede ser un toro, un oso, un león, una roca; luz y paz; es el primero, grande, exaltado, perfecto, más alto, fuerte, compasivo, confiable, honorable; El ordena, produce, construye, comanda, habla, juzga, piensa, elige, vive, conoce, recuerda, aumenta, abre, sana, ayuda, perdona, bendice, provee, da, salva, rescata, oye, ama, hace feliz, enriquece; el adorador es automáticamente hijo de El, su esclavo, su guerrero, su adherente; El es su pastor, su compañero, su canción. Esta exhaustiva lista refleja la importancia de esta deidad y, por el tiempo en que las tablillas fueron grabadas, el culto a El fue evidentemente enorme. Algunas características de El fueron expresadas en forma de epítetos, especialmente común era el de dios creador y padre. Llega a ser llamado «padre de todas las criaturas», «padre de los hombres», incluso, «padre de los dioses», claramente ocupó el puesto de patriarca de los dioses de Ugarit, en otra parte es llamado el «eterno», «sin edad». Era descrito con una barba gris e inmensa sabiduría.

También El es visto a menudo instalado en una corte, está rodeado de dioses menores y diosas que actúan como cortesanos. Sentado en un trono, desempeñando el rol de juez, de carácter bondadoso, con moderación y gracia. La corte es descrita en términos agradables, se toca la lira y el ambiente no es hostil. El es evidentemente un dios bueno y venerado. Un prodigioso,poderoso y vigoroso anciano. Esta última idea encaja con la idea de El cómo patriarca. Existen descripciones bíblicas idénticas a las descripciones que hacen los textos ugaríticos de la corte celestial.

«Báal asciende el monte, el Hijo de Dagón al cielo, Báal se sienta en su trono…»

(Poemas Ugaríticos de Baal y Anat)6.[6]

«Dijo Miqueas: “Escucha la palabra de Yahveh: He visto a Yahveh sentado en un trono y todo el ejército de los cielos estaba a su lado, a derecha e izquierda”» (1 Re 22,19).

El es el nombre de Dios que varios salmos dan a Yahveh, pues cuando se leen los salmos y los textos de Ugarit se puede apreciar que muchos atributos  dados a Yahveh son los mismos que se le atribuyen a El, de hecho, algunos salmos fueron originalmente himnos ugaríticos o cananeos dedicados a El, posteriormente adoptados y adaptados por Israel.

Por otra parte, otras deidades fueron adoradas en Ugarit como, El Shaday, El Elyon y El Olam. Todos estos nombres fueron aplicados a Yahveh por los autores del Antiguo Testamento, en un esfuerzo de asimilación, para eliminarlos del ámbito religioso y cultural de Israel, pues si Yahveh era todo no existía necesidad de dioses cananeos.

Junto al jefe de los dioses, también existían dioses menores, diosas y demonios, los más importantes de estos dioses fueron Baal, Asherah, Yam (dios del mar) y Mot (dios de la muerte)7. Asherah o Athirat era la consorte de El con una historia mitológica independiente. Se supone que era, junto con El, la madre de todos los dioses. Aparece muchas veces en el AT como diosa de la fertilidad, también es llamada esposa de Baal:

«Derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y sus imágenes de Asera, consumiréis con fuego; y destruiréis las esculturas de sus dioses, y raeréis su nombre de aquel lugar»(Dt 12,3).

«Por la mañana, cuando los de la ciudad se levantaron, he aquí que el altar de Baal estaba derribado, y cortada la imagen de Asera que estaba junto a él» (Jc 6,28)

«Y no mirará a los altares que hicieron sus manos, ni mirará a lo que hicieron sus dedos, ni a los símbolos de Asera, ni a las imágenes del sol» (Is 17,8).

Junto a Asherah estaba Baal, que en el Antiguo Testamento es mencionado 58 veces en singular y 18 veces en plural. Los profetas protestan constantemente contra los amoríos de Israel con Baal:

«Y la visitaré por los días de los Baales, cuando ella les quemaba incienso,

cuando se adornaba con su anillo y su collar y se iba detrás de sus amantes,

y se olvidándose de mi – oráculo de Yahveh» (Os 2, 15).

La razón por la cual Israel se sintió atraído por Baal fue, principalmente, porque algunos israelitas vieron a Yahveh como el Dios del desierto y cuando llegaron a Canaan consideraron adecuado adoptar a Baal como dios de la fertilidad.

«Entonces los hijos de Israel hicieron lo que desagradaba a Yahveh y sirvieron a los Baales. Abandonaron a Yahveh, el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y siguieron a otros dioses de los pueblos de alrededor; se postraron ante ellos, irritaron a Yahveh; dejaron a Yahveh y sirvieron a Baal y a las Astartés» (Jc 2, 11-13)[7]

La mitología relativa a Baal fue la sustancia de la fe de muchos enla antigua Ugarit, lo fundamental de esta fe era el rol de Baal en la naturaleza, a través de la lluvia y la tormenta, este dios hacía crecer el grano y todo lo fundamental para la vida humana. Pero, también esta fe reconoció la vulnerabilidad de la vida humana en un mundo cambiante, pues si no había

lluvia, si los suelos no producían la vida humana se perdía, es decir, en lenguaje mitológico, si el dios del caos prevalecía por sobre el buen dios Baal, toda la vida humana se veía amenazada. Por tanto, el objetivo de la religión de Baal era conservar su supremacía; solo cuando aparecía como supremo señor, sus seguidores creían.

Coronando la colina donde fue emplazada la ciudad había dos templos: uno dedicado a Baal, el rey hijo de El, y uno a Dagon, dios de la fertilidad y del trigo, este último formaba parte de un extenso grupo de dioses adorados en Ugarit entre los que, además, se puede mencionar a Tirosh, Horon, Nahar, Resheph, Kotar Hosis, Scachar (equivalente de satán) y Shalem. La religiosidad popular ugarítica estaba plagada de pequeños dioses y demonios.

El pueblo de Ugarit vio en el desierto el lugar de los demonios, lo que fue heredado por los israelitas. Una de las más famosas deidades menores fue Dan’il. No existe claridad si este dios habría modelado en la religiosidad hebrea la figura bíblica de Daniel[8].

Otra criatura de la religiosidad ugarítica ligada al Antiguo Testamento es Leviatán:

«Si tú matas a Lotán, la serpiente sesgada, destruye la serpiente tortuosa, Salyat de las siete cabezas» (Poemas de Baal y Anat)[9]

«Aquel día castigará Yahveh con su espada dura, grande, fuerte a Leviatán, serpiente tortuosa, y matará al dragón que hay en el mar» (Is 27, 1).

«Tú hendiste el mar con tu poder; quebraste las cabezas de los monstruos en las aguas.Tú machacaste las cabezas de Leviatán; lo hiciste pasto de las fieras» (Sal 74, 13-14).

Hasta aquí llegamos con la primera parte, el próximo artículo que publicaremos en unos pocos días, va la segunda y última parte, así les damos tiempo para que puedan leer éste. Un fuerte abrazo.



[1]    J. BOTTERO et M.-J. STEVE: Il était une fois la Mésopotamie. Gallimard, Évreux, 1994.

[2]    Monumentos de piedra escritos, la mayoría de las veces de forma cónica.

[3]   M. DIETRICH, O. LORETZ y J. SANMARTÍN: “Die Keilalphabetische Texte aus Ugarit. Einschliesslich der keilalphabetischen Texte ausserhalb Ugarits. Teil I Transcripion, Kevelaer/Neukirchen-Vluyn, 1976, 1,7 VI 2-45. La numeración sigue un esquema similar a los capítulos y versículos bíblicos. En adelante se citará KTU.

[4]   KTU 1,114:2-4.

[5]   Por razones de espacio se omitirán varios textos bíblicos que, desde el punto de vista iterario, lexicográfico y religioso, pueden ejemplificar más la relación entre la mitología ugarítica y el mensaje bíblico.

[6]   W. F. ALBRIGHT et alii, The Ancient Near East. Princeton University Press, 1966, trad. J. A. G. Larraya, 138.

[7]  «El grupo ‘Baal y Astarté’, o en plural, ‘los Baales y las Astartés’, es en la Biblia denominación corriente de las divinidades cananeas. Baal, ‘El Señor’, es el principio divino masculino, considerado a menudo como amo del suelo. Astarté, corresponde a la Ishtar asiria y es la diosa del amor y de la fecundidad. Su nombre es sustituido a veces por el de Asherá, otra divinidad femenina de iguales características» (Nota Biblia de Jerusalén).

[8]  Tres tablillas y un fragmento encontrados en Ugarit pertenecen a un poema épico acerca de un joven cuyo nombre se escribe a-q-h-t, vocalizado convencionalmente como Aqhat. El texto llevó en un principio el título Poema de Daniel (Dan’il) que es el nombre del padre del protagonista. Sin embargo, en la única tablilla conservada que tiene completa la primera línea se lee “Concerniente a Aqhat”, por tanto, el texto trata de Daniel en lo referido a Aqhat. Cfr. W. F. ALBRIGHT: op cit 139

[9]  Ibid 126

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 Los textos de Ugarit en la Biblia

Una introducción en la tradición mitológica del Medio Oriente antiguo

Segunda parte

GUILLERMO CALDERÓN NÚÑEZ Pontificio Seminario Mayor San Rafael (Chile)

 gacalderon@gmail.com

5. Oseas, Amós y el Salmo 29:

Los tres primeros capítulos del libro de Oseas son un ejemplo de lo que Ugarit aporta a los estudios bíblicos. El libro de Oseas comienza con un resumen del matrimonio, divorcio y nuevo matrimonio del profeta, esta experiencia trágica es una alegoría que narra la relación de Dios con Israel. Entremedio de estos capítulos se puede rastrear la religión de Baal, a la cual varios contemporáneos de Oseas se habían convertido. Estos capítulos son una reacción a esa religión. Pero, ¿por qué el pueblo dejó la fe tradicional para asumir una creencia extranjera? Los textos de Ugarit dejan claro que la religión de Baal tenía que ver con las necesidades de vida, cultivos y alimentos de los que dependía la supervivencia. Además, este llamado religioso pudo ser reforzado por otra razón: el rol de actividad sexual en la adoración ugarítica a Baal; en la mitología, los apetitos sexuales y la violencia de Baal eran considerables[1]. La actividad sexual en la adoración a Baal pudo haber producido una fuerte atracción para sumarse a esta extraña religión, ejemplificada en Oseas, cuando narra la apostasía de Israel personificada en su mujer Gomer. Los textos de Ugarit aportan una completa comprensión de la religión de Baal a la que Israel había sido atraído. Oseas 12 (entre 750 y 722 a.C.) supone una división de la Historia de Israel en cuatro períodos:


El período patriarcal, el período del Éxodo, el período de «cananeización» de Israel, y el período de restauración de la Alianza. Ese período de «cananeización» de Israel, caracterizado por el fraude y por la idolatría, se refleja, entre otros, en los textos siguientes:

«Efraím se apacienta de viento, anda tras el solano todo el día; mentira y pillaje

multiplica, hacen alianza con Asiria y llevan aceite a Egipto» (Os 12,2).

«Canaan tiene en su mano balanzas tramposas, es amigo de explotar» (Os 12,8)14.

«En Gilgal sacrifican toros, por eso sus altares serán como escombros sobre los surcos de los campos» (Os 12,12).

Otra información la proporciona el profeta Amós que es llamado «pastor» (Am 1,1). Por su parte, la palabra noqed es usada solamente en otro texto de la Biblia Hebrea para describir a Meshá, rey de Moab (2 Rey 3,4). El cognado nqd en ugarítico aparece diez veces en las tablillas y no designa un simple pastor, sino a alguien que se dedica al comercio de ovejas, el nqd era el responsable de grandes rebaños de ovejas, era un persona importante en la sociedad, un miembro de la elite social, por tanto, Amos no habría sido un simple pastor, es más, siguiendo Am 7,14-15: «Entonces respondió Amós y dijo a Amasías: Yo no soy profeta, ni hijo de profeta, sino que soy vaquero y cultivador de sicómoros. Pero el Señor me tomó cuando pastoreaba el rebaño, y me dijo: Ve, profetiza a mi pueblo Israel», se puede deducir que también se dedicó a la crianza de ganado y a los cultivos. A la luz de lo aportado por Ugarit, a través de la palabra nqd, se puede concluir que Amós estuvo comprometido con el

negocio del agro a gran escala, quizás su negocio, vendiendo lana o carne de carnero, lo llevó desde su nativa Tecoa, en Judá, hacia los mercados del norte

de Israel donde fue introducido en su ministerio profético.

Finalmente, un especial ejemplo de la información que proporcionan los textos de Ugarit es el Salmo 29[2]. Este salmo es un himno con reminiscencias ugaríticas que exalta el poder de Dios, como rey de la tormenta. El salmista ruega a Dios en un lenguaje poderoso, evocando una tormenta, describiendo

la voz de Dios como un trueno. Su ubicación exacta en el sitz im leben es difícil de precisar, pero el halo cananeo es innegable. Varios expertos consideran que el Salmo 29 fue originalmente un himno fenicio, sustentaban esta hipótesis en varios aspectos del salmo que indicaban que había sido compuesto en honor al dios de la tormenta, Baal[3]. Otros, basado en las evidencias ugaríticas, señalaban que el salmo fue originalmente una reedición de un himno cananeo arcaico18 que fue introducido en los himnos israelitas simplemente reemplazando el nombre de Baal por el de Yahveh.

6. Adoración en Ugarit y en el Antiguo Israel:

Tanto en Ugarit como en Israel, el culto desempeñaba un rol central en la vida del pueblo. Uno de los mitos centrales en Ugarit era la historia de la entronización de Baal como rey. En la historia, Baal es asesinado por Mot (en la época de otoño)[4] y permanece muerto hasta la primavera. Su victoria sobre la muerte era celebrada con su entronización en perjuicio del otro dios.

En el Antiguo Testamento también se celebra la entronización de Yahveh:

«Reina Dios sobre las naciones, Dios, sentado en su sagrado trono» (Sal 47,9).

«Reina Yahveh, de majestad vestido, Yahveh vestido, ceñido de poder, y el orbe está seguro, no vacila. Desde el principio tu trono está fijado, desde siempre existes tú» (Sal 93,1-2).

«Decid entre las gentes: ‘¡Yahveh es rey!’ El orbe está seguro, no vacila; él gobierna a los pueblos rectamente» (Sal 96,10).

«¡Reina Yahveh! ¡La tierra exulte, alégrense las islas numerosas!» (Sal 97,1).

«Reina Yahveh, los pueblos tiemblan; se sienta en querubines, la tierra se estremece y grande es Yahveh en Sión» (Sal 99, 1-2).

La diferencia central entre el mito ugarítico y los himnos bíblicos es que el reinado de Baal es interrumpido cada año con su muerte. Desde que Baal se convierte en el dios de la fertilidad, el significado de este mito se simplifica n su comprensión, pues si Baal muere, también muere la vegetación (otoño), y cuando renace ocurre lo inverso, en cambio, Yahveh, una vez entronizado, vive para siempre y su poder reina por siempre:

«Yahveh se sentó para el diluvio, Yahveh se sienta como rey eterno» (Sal ,10).

Otro aspecto del culto en Ugarit, que encuentra paralelo en la religión hebrea, fue la práctica del «llanto por la muerte»20, las tablillas cuneiformes de Ugarit describen a los adoradores llorando sobre un difunto con la esperanza de que su dolor conmueva a los dioses y así lo devuelvan a la vida.

 Especial conexión con el culto ugarítico tiene el texto de Joel 1,8-13:

“¡Suspira tú como virgen ceñida de sayal por el esposo de su juventud! Oblación y libación han sido arrancadas de la Casa de Yahveh. En duelo están los sacerdotes, los ministros de Yahveh. El campo ha sido arrasado, en duelo está el suelo, porque el grano ha sido arrasado, ha faltado el mosto, y el aceite virgen se ha agotado. ¡Consternaos,labradores, gemid, viñadores, por el trigo y la cebada, porque se ha perdido la cosecha del campo! Se ha secado la viña, se ha amustiado la higuera, granado, palmera, manzano,todos los árboles del campo están secos. ¡Sí, se ha secado la alegría de entre los hijos del hombre! ¡Ceñíos y plañid, sacerdotes, gemid, ministros del altar; venid, pasad la noche en sayal, ministros de mi Dios, porque a la Casa de vuestro Dios se le ha negado oblación y libación!»

Si bien los israelitas participaban en esta actividad, los profetas los criticaban por hacerlo, pues lo consideraban una costumbre pagana:

«Sí, así dice Yahveh: No entres en casa de duelo, ni vayas a plañir, ni les consueles; pues he retirado mi paz de este pueblo - oráculo de Yahveh - la merced y la compasión. Morirán grandes y chicos en esta tierra. No se les sepultará, ni nadie les plañirá, ni se arañarán ni se raparán por ellos» (Jer 16,5-6)[5].

Otro rito paralelo entre Ugarit e Israel, es el rito anual conocido como el sacrificio del «chivo expiatorio». En Ugarit, se ofrecía un macho cabrío al dios y otro a un demonio. El texto bíblico relata este procedimiento en Lev 16,1-34. En este texto un macho cabrío es enviado al desierto y otro permanece en el altar de Yahveh, para ser sacrificado:

«Tomará Aarón los dos machos cabríos y los presentará ante Yahveh a la entrada de la tienda del Encuentro. Luego echará suertes sobre los dos machos cabríos, una para Yahveh, y otra para Azazel[6]. Presentará el macho cabrío sobre el cual haya caído la suerte ‘para Yahveh’, ofreciéndolo como sacrificio por el pecado. El macho cabrío sobre el cual haya caído la suerte ‘para Azazel’, lo colocará vivo delante de Yahveh para hacer sobre él la expiación y echarlo al desierto, para Azazel» (Lev 16,7-10).

Este rito era conocido como «rito eliminatorio», pues el macho cabrío sorteado como expiatorio llevaba sobre sí todos los pecados de la comunidad al desierto donde eran expiados. En Ugarit se hacía del mismo modo, salvo que el lugar de Aarón lo ocupaba una sacerdotisa.

7. El culto a la muerte en Ugarit:

Dos estelas demuestran que el pueblo de Ugarit rendía culto a sus ancestros ya muertos. Los profetas del Antiguo Testamento se rebelaron cuando esta costumbre se traspasó al pueblo de Israel. Ezequiel denuncia tal costumbre como blasfemia y paganismo:

«Y oí a uno que me hablaba desde la casa el templo, mientras el hombre permanecía en pie junto a mí. Me dijo: Hijo de hombre, éste es el lugar de mi trono, el lugar donde se posa la planta de mis pies. Aquí habitaré en medio de los hijos de Israel para siempre; y la casa de Israel, así como sus reyes, no contaminarán más mi santo nombre con sus prostituciones y con los cadáveres de sus reyes, poniendo su umbral junto a mi umbral, y sus jambas junto a mis jambas, con un muro común entre ellos y yo. Ellos contaminaron mi santo nombre con las abominaciones que cometieron; por eso los he devorado en mi cólera. De ahora en adelante alejarán de mi sus prostituciones y los cadáveres de su reyes, y yo habitaré en medio de ellos para siempre» (Ez 43,6-9).

Estos ritos paganos ya estaban presentes 400 años antes de Ezequiel, en la época de Saúl:

«Dijo Saúl a sus servidores: ‘Buscadme una nigromante para que vaya a consultarla’. Dijéronle sus servidores: ‘Aquí mismo en Endor, hay una nigromante’. Se disfrazó Saúl poniéndose otras ropas y fue con dos de sus hombres; llegó donde la mujer de noche y dijo: ‘Adivíname por un muerto y evócame el que yo te diga’. La mujer le respondió:

‘Bien sabes lo que hizo Saúl, que suprimió de esta tierra a los nigromantes y adivinos. ¿Por qué, tiendes un lazo a mi vida para hacerme morir?’ Saúl juró por Yahveh diciendo: ‘¡Vive Yahveh! Ningún castigo te vendrá por este hecho. La mujer dijo: ¿A quién debo invocar para tí? Respondió: Evócame a Samuel» (1 Sam 28,7-11).

Isaías también dice:

«El sheol, allá abajo, se estremeció por ti saliéndote al encuentro; por ti despierta a los espíritus de los muertos, a todos los jefes de la tierra; hace levantarse de sus tronos a los reyes de todas las naciones» (Is 14,9).

Los textos ugaríticos también hablan de los muertos como repaim. Cuando los habitantes de Ugarit iban a la tumba del ancestro oraban por él, lo alimentaban y le llevaban una ofrenda (flores). Los profetas despreciaron esta costumbre, la vieron como una falta de confianza en Yahveh, quien es Dios de vivos y no de muertos, y porque el pueblo de Israel se apartaba del mandamiento de honrar a sus ancestros vivos:

«Cada uno de vosotros ha de reverenciar a su madre y a su padre. Y guardaréis mis días de reposo; yo soy el Señor vuestro Dios» (Lev 19,3).

«Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor tu Dios te ha mandado, para que tus días sean prolongados y te vaya bien en la tierra que el Señor tu Dios te da» (Dt 5,16).

«Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean prolongados en la tierra que el Señor tu Dios te da» (Ex 20,12).

Un aspecto interesante de este culto a los muertos en Ugarit, lo constituye la «comida festiva» que los adoradores compartían con el deudo. Esta comida era llamada marzeach. Sin embargo, en la Biblia, este término tiene el significado de llanto o luto, en Jer 16,5, y de banquete, incluso se traduce como orgía, en Am 6,7. En el Tárgum arameo, la palabra marzeachah, significa, en unos casos, luto y, en otros, banquete. El dios ugarítico Baal Zaphon era el patrono de los marinos que, antes de iniciar una navegación, oraban y hacían ofrendas a Baal Zaphon para que

los cuidara y tuvieran un viaje sin novedad. La diplomacia internacional fue una de las actividades centrales de los habitantes de Ugarit. Al igual que sus vecinos fenicios se dedicaron a la navegación. El rey era el jefe de la diplomacia y estaba a cargo de las relaciones internacionales29. En el Salmo 107 se encuentra una alusión a este rito:

«Los que a la mar se hicieron en sus naves, llevando su negocio por las muchas aguas, vieron las obras de Yahveh, sus maravillas en el piélago» (Sal 107,23-24).

Otro testimonio de se puede leer en 1 Re 9,26-28, donde se hace alusión a Salomón solicitando ayuda a sus vecinos del norte cuando necesitó barcos y marinos.

«El rey Salomón construyó una flota en Esyón -Guéber, que está cerca de Elot, a orillas del mar de Suf, en la tierra de Edom. Jiram envió a las naves a sus servidores, marineros, conocedores del mar, con los servidores de Salomón» (1 Re 9,26-27).

 Finalmente, cabe destacar que Ugarit tuvo también una profunda influencia en culto religioso de las culturas que le sucedieron: la cananea y la filistea.

Conclusión:

Desde el descubrimiento de los textos de Ugarit, el estudio del Antiguo Testamento ya no volvió a ser el mismo. Hoy se tiene mucha más claridad que antes respecto de la religión cananea. Por otra parte, existe una mejor comprensión de la literatura bíblica y del léxico hebreo producto del descubrimiento de los cognados ugaríticos.

Además, los textos ugaríticos son una fascinante introducción en la tradición mitológica del Medio Oriente Antiguo. Las tablillas y las ruinas arqueológicas detallan la rica cultura religiosa de una pequeña y desconocida ciudad, que ha permitido a los investigadores un más acabado estudio e interpretación de otras religiones antiguas.

Existen muchas semejanzas entre esta cultura y las otras que se desarrollaron al mismo tiempo a lo largo y ancho del Cercano Oriente.

Muchas de ellas estuvieron relacionadas y fueron influenciadas y/o absorbidas

por alguna de las otras. El judaísmo es una de estas religiones y, si bien, fue una de las últimas en desarrollarse mantuvo una relación hereditaria con la religión ugarítica. Varias similitudes entre El y Yahveh y, también, entre Baal y Yahveh son señales de una marcada influencia:

«¿No te dije, Poderoso Báal: Tú escucharás mis palabras, oh Báal?... Báal envía su voz santa, Báal descarga la expresión de sus labios. Su santa voz convulsiona la tierra… los montes tiemblan, estremeciéndose están… Este y oeste, los altos lugares de al tierra vibran» (Poemas Ugaríticos de Baal y Anat)30.

«Clamé a Yahveh en mi angustia, a mi Dios invoqué, y escuchó mi voz desde su Templo resonó mi llamada en sus oídos. La tierra fue sacudida y vaciló retemblaron las bases de los montes, (vacilaron bajo su furor)» (Sal 18,7-8)[7].

Nadie está seguro de cuánto influenció la mitología ugarítica en la naciente religión, pues Israel al llegar a Canaán, con sus necesidades de vida, cultivos y

alimentos de los que dependía la supervivencia, no pudo menos que asimilar las expresiones religiosas que allí se encontraban establecidas, lo destacado es que Israel recoge los elementos religiosos y los reformula para dar a conocer su mensaje monoteísta, realizando la transición desde la mitología cananea hacia la historia de salvación.

Veritas. Revista de Filosofía y Teología

ISSN: 0717-4675

editor@revistaveritas.cl

Pontificio Seminario Mayor San Rafael

Chile


CALDERÓN NÚÑEZ, GUILLERMO

Los textos de Ugarit en la Biblia. Una introducción en la tradición mitológica del Medio Oriente antiguo

Veritas. Revista de Filosofía y Teología, vol. IV, núm. 20, marzo, 2009, pp. 55-72

Pontificio Seminario Mayor San Rafael

Valparaíso, Chile



[1]  Los rituales de adoración ugaríticos estaban colmados de alcohol y promiscuidad sexual. La adoración en Ugarit fue esencialmente un culto orgiástico porque los adoradores intentaban convencer a Baal de enviar lluvia a sus cultivos, pues lluvia y semen eran lo mismo en el mundo antiguo ya que ambos producían fruto. Quizás debido a lo anterior es que en la religión de Israel, los sacerdotes hayan prohibido tomar vino en el transcurso de algún ritual y mantenido a las mujeres alejadas del recinto. «La prostitución, el vino y el mosto quitan el juicio. Mi pueblo consulta a su ídolo de madera, y su vara les informa; porque un espíritu de prostitución los ha descarriado, y se han prostituido, apartándose de su Dios. 13Ofrecen sacrificios sobre las cumbres de los montes y queman incienso sobre las colinas, debajo de las encinas, los álamos y los terebintos, porque su sombra es agradable. Por tanto, vuestras hijas se prostituyen, y vuestras nueras cometen adulterio.No castigaré a vuestras hijas cuando se prostituyan ni a vuestras nueras cuando cometan adulterio, porque los hombres mismos se retiran con rameras y ofrecen sacrificios con las rameras del culto pagano; así se pierde el pueblo sin entendimiento» (Os 4,11-14).

[2]  J. L. CUNCHILLOS: Estudio del Salmo 29. Verbo Divino, Bilbao 2000. Uno de los más detallados estudios acerca de este salmo en lengua castellana.

[3]    R. E. BROWN, J. A. FITZMYER y R. E. MURPHY: op. cit

[4]  W. F. ALBRIGHT: op. cit., 108-139.

[5]  Ritos fúnebres prohibidos por la Ley (cfr. Lev 19,27-28; Dt 14,1), pero, a pesar de ello practicados en Israel. (Nota Biblia de Jerusalén)

[6]    Azazel es el nombre de un espíritu maligno (demonio) que habitaba en el desierto.

[7]  «A través de estos textos contrapuestos, vemos que hay no pocas analogías subyacentes entre determinadas frases bíblicas y las de la literatura de Ugarit; sin embargo, no se puede hablar de dependencia directa sino indirecta a través de un fondo legendario (mitológico) cananeo más difuso y amplio», M. GARCÍA CORDERO: “La Biblia y el legado del antiguo oriente. BAC, Madrid 1977, 459.

juan el que piensa
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 Dos hermanas rivales “edificaron la casa de Israel”

La luz del amanecer pronto revelaría la verdad, y Lea lo sabía. Jacob se daría cuenta de inmediato de que la mujer que estrechaba entre sus brazos era ella y no su hermana menor, Raquel. Siguiendo las instrucciones de su padre, Lea —probablemente cubierta con un tupido velo— se había acostado la noche anterior en el lecho nupcial preparado para Jacob y Raquel.

Imagínese cómo debió sentirse Jacob cuando la luz de la mañana puso al descubierto el engaño. Indignado, le pidió cuentas a su suegro, Labán. Entretanto, Lea seguramente pensaba en la parte de responsabilidad que había tenido en el engaño y en las consecuencias que eso tendría a largo plazo para ella. La historia de la vida de Lea y Raquel constituye una parte fundamental del relato bíblico. Además, ilustra por qué la monogamia y la fidelidad conyugal son tan importantes en la religión judaica y cristiana.

Un desconocido junto al pozo

Siete años antes, Raquel se había encontrado junto al pozo con un desconocido que decía ser pariente suyo, y había ido corriendo a contárselo a su padre. El hombre era adorador de Jehová y resultó ser su primo Jacob, hijo de la hermana de su padre. Tan solo un mes después, Jacob se ofreció a trabajar siete años para Labán a cambio de la mano de Raquel. Como en aquel entonces era común el matrimonio entre parientes, y viendo que su sobrino era un buen trabajador, Labán aceptó su oferta (Génesis 29:1-19).

Lo que Jacob sentía por Raquel no era un simple capricho pasajero, pues los siete años de noviazgo “resultaron como unos cuantos días debido al amor que le tenía” (Génesis 29:20). Jacob amó a Raquel hasta el día de su muerte, lo que indica que debió ser una mujer de bellas cualidades.

¿Y Lea? ¿Querría ella también casarse con alguien que sirviera a Jehová? La Biblia no lo revela, pero sí indica los planes que Labán tenía para ella. Según el relato bíblico, cuando llegó el momento de entregar a Raquel en matrimonio, Labán celebró un banquete de bodas. Pero por la noche entregó a Lea para que Jacob “tuviera relaciones con ella” (Génesis 29:23).

¿Fue Lea cómplice del engaño, o simplemente se vio obligada a obedecer a su padre? ¿Y dónde se encontraba Raquel? ¿Sabía lo que estaba pasando? Si así fue, ¿cómo se sintió? ¿Pudo ella haberse opuesto a un padre tan autoritario? La Biblia no contesta ninguna de estas preguntas, así que no podemos saber qué opinaban Raquel y Lea. El caso es que cuando Jacob descubrió el engaño, no se enojó con ellas, sino con Labán. A él fue a quien le recriminó: “¿No fue por Raquel que serví contigo? Entonces, ¿por qué me has embaucado?”. ¿Qué justificación dio Labán? “No se acostumbra [...] dar la menor antes de la primogénita. Celebra en su plenitud la semana de esta mujer. Después de eso ciertamente se te dará también esta otra mujer por el servicio que puedas servir conmigo durante otros siete años.” (Génesis 29:25-27.) Sin buscarlo, Jacob quedó atrapado en un matrimonio polígamo que causó muchos celos y amargura.

Una familia infeliz

En comparación con el amor que Jacob le tenía a Raquel, Lea se sentía “odiada”. Consciente de su situación, Dios le “abrió la matriz”, mientras que Raquel permanecía estéril. Sin embargo, Lea quería algo más que un hijo: quería el amor de Jacob. ¡Qué infeliz se sentía viendo que todo el cariño de Jacob era para Raquel! Aun así, parece que esperaba ganarse el amor de su esposo al dar a luz a su primogénito, Rubén, que significa “¡Vean, un Hijo!”. ¿Por qué le puso ese nombre? “Es porque Jehová ha mirado mi miseria —razonaba Lea—, por cuanto ahora mi esposo empezará a amarme.” Pero eso no sucedió, ni siquiera cuando dio a luz un segundo hijo. Lea lo llamó Simeón, nombre derivado de un verbo que significa “oír” o “escuchar”. Ella pensaba: “Es porque Jehová ha escuchado, por cuanto era odiada, y por eso me dio también este(Génesis 29:30-33).

Si Dios la había escuchado, era porque ella le había orado acerca de su situación, lo que parece indicar que era una mujer de fe. Con todo, siguió sintiéndose desdichada aun después de tener a su tercer hijo, Leví. Lea explica el significado del nombre —“Adherencia” o “Unido”— diciendo: “Esta vez mi esposo se unirá a mí, porque le he dado a luz tres hijos”. Sin embargo, los sentimientos de Jacob hacia ella no cambiaron. Es posible que Lea finalmente se resignara a su situación, pues el nombre que le puso a su cuarto hijo no contiene ninguna referencia a su deseo de que Jacob la amara. El nombre de Judá —que significa “Elogiado” u “Objeto de elogio”— era sencillamente una expresión de agradecimiento. Lea se limitó a decir: “Esta vez elogiaré a Jehová” (Génesis 29:34, 35).

Es cierto que Lea no era feliz, pero Raquel tampoco. Esta llegó incluso a suplicarle a Jacob: “Dame hijos, o si no seré mujer muerta” (Génesis 30:1). Raquel contaba con el amor de Jacob, pero quería tener hijos. Lea tenía los hijos, pero quería el amor. Cada una deseaba lo que la otra tenía, y los celos les amargaban la vida. Ambas amaban aJacob y querían darle hijos, pero ninguna de las dos era feliz.

Los hijos de Raquel

En aquel entonces, la esterilidad se consideraba una desgracia. Dios había prometido a Abrahán, Isaac y Jacob que de su familia saldría la “descendencia” mediante la cual todas las familias de la Tierra recibirían bendiciones (Génesis 26:4; 28:14). Sin embargo, Raquel seguía estéril. Jacob pensaba que solo Dios podía concederle hijos a Raquel y así darle la oportunidad de contribuir a que esas bendiciones se hicieran realidad. Pero Raquel no fue paciente. “Aquí está mi esclava Bilhá —le dijo a Jacob—. Ten relaciones con ella, para que dé a luz sobre mis rodillas y para que yo, sí, yo, consiga de ella hijos.” (Génesis 30:2, 3.)

Tal vez nos sorprenda la reacción de Raquel. No obstante, diversos contratos matrimoniales encontrados en Oriente Próximo indican que antiguamente era habitual que una esposa estéril le proporcionara una esclava a su esposo para que este tuviera un heredero (Génesis 16:1-3).* Incluso había ocasiones en que los hijos de dicha esclava se consideraban hijos de la esposa.

Cuando Bilhá dio a luz un hijo, Raquel dijo entusiasmada: “Dios ha obrado como juez mío y también ha escuchado mi voz, de modo que me dio un hijo”. Por eso, le puso por nombre Dan, que significa “Juez”. Es obvio que ella también le había orado a Dios acerca de su situación. Con motivo del nacimiento del segundo hijo de Bilhá —cuyo nombre, Neftalí, quiere decir “Mis Luchas”—, Raquel exclamó: “Con enérgicas luchas he luchado con mi hermana. ¡También he salido vencedora!”. Estos nombres muestran claramente la rivalidad que existía entre ambas hermanas (Génesis 30:5-8).

Al darle a Jacob su sierva Bilhá, es posible que Raquel creyera que estaba actuando de acuerdo con sus oraciones, pero esa no era la forma en la que Dios le iba a dar hijos.

Para no ser menos, Lea también le entregó a su esposo su sierva Zilpá. Jacob tuvo dos hijos con ella: primero Gad y luego Aser (Génesis 30:9-13).

Cierto incidente que tuvo lugar cuando Rubén, el hijo de Lea, encontró unas mandrágoras pone de manifiesto la rivalidad entre ambas hermanas. En aquellos tiempos se creía que este fruto favorecía la fecundidad. Cuando Raquel le pidió unas pocas, Lea respondió con rabia: “¿Es esto cosa pequeña, el que hayas tomado a mi esposo, que ahora hayas de tomar también las mandrágoras de mi hijo?”. Hay quienes piensan que con estas palabras Lea estaba dando a entender que Jacob estaba más con Raquel que con ella. Eso explicaría por qué Raquel, tal vez viendo que Lea tenía motivos para quejarse, respondió: “Por esa razón él va a acostarse contigo esta noche a cambio de las mandrágoras de tu hijo”. Así que, cuando Jacob regresó esa noche, Lea le dijo: “Es conmigo con quien vas a tener relaciones, porque te he alquilado directamente con las mandrágoras de mi hijo” (Génesis 30:15, 16).

Además de los otros cuatro, Lea dio a luz dos hijos más, Isacar y Zabulón. Entonces declaró: “Por fin me tolerará mi esposo, porque le he dado a luz seis hijos” (Génesis 30:17-20).*

Las mandrágoras nunca surtieron efecto. Cuando por fin Raquel pudo concebir y dar a luz a José tras seis años de matrimonio, fue porque Jehová “se acordó” de ella y respondió a su oración. Solo entonces pudo exclamar Raquel: “¡Dios ha quitado mi oprobio!” (Génesis 30:22-24).

El legado que dejaron tras su muerte

Raquel murió durante el parto de su segundo hijo, Benjamín. Jacob amó profundamente a Raquel, al igual que a los dos hijos que ella le dio. Años después, estando ya a punto de morir, Jacob no pudo evitar recordar la prematura muerte de su amada Raquel (Génesis 35:16-19; 48:7). Con respecto a la muerte de Lea, no sabemos mucho: solo que fue enterrada en la misma cueva donde Jacob quería que lo enterraran a él (Génesis 49:29-32).

Siendo ya muy mayor, Jacob reconoció que su vida —sobre todo su vida de familia— había sido muy angustiosa (Génesis 47:9). De seguro también lo fue para Lea y para Raquel. Su caso evidencia las tristes consecuencias de la poligamia y demuestra por qué Jehová estableció que el hombre debe tener una única esposa (Mateo 19:4-8; 1 Timoteo 3:2, 12). Cuando un hombre o una mujer no centra su interés romántico y sus deseos sexuales en una única persona —su cónyuge—, surgen los celos. Por esta y otras razones, Dios prohíbe la fornicación y el adulterio (1 Corintios 6:18; Hebreos 13:4).

En cualquier caso, según la narración bíblica, Dios siguió adelante con su propósito valiéndose de hombres y mujeres fieles aunque imperfectos. Ambas hermanas tenían defectos, igual que todos nosotros. Sin embargo, mediante ellas, Jehová empezó a cumplir la promesa que le había hecho a Abrahám de que tendría una descendencia numerosa. Por eso, bien podemos decir que Raquel y Lea “edificaron la casa de Israel” (Rut 4:11).

[Notas]

Uno de estos contratos hallado en Nuzi (Irak) dice: “Kelim-ninu ha sido dada en matrimonio a Shennima. [...] Si Kelim-ninu no tiene [hijos], Kelim-ninu deberá obtener una mujer [una esclava] de la tierra de Lullu para que sea la esposa de Shennima”.

Lea también dio a luz a Dina, la única de las hijas de Jacob que se conoce por su nombre (Génesis 30:21; 46:7).

Ni Lea ni Raquel eran felices: cada una quería lo que la otra tenía

De los doce hijos de Jacob surgió la nación de Israel