Reflexiones sobre Rocroi

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eljoines
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Dictator-Administrador
Admin ForoModerador
Desde: 25 Ene 2015

¡Hola!

Siempre me ha intrigado porque la batalla de Rocroi marcó el fin del poderío militar español. Existe en este foro un artículo muy bien hecho de la batalla, por lo que mi post no son mas que una serie de reflexiones para intentar entender si la batalla tiene la importancia histórica que se le da:

http://www.mundohistoria.org/revista/mh-magazine-2/ninguno-nosotros-vivira-manana-rocroi-la-tumba-los-tercios

En primer lugar, dudo mucho que una simple batalla haya sido tan decisiva para suplantar el poderío militar español por el francés en el siglo XVII; las razones de la debacle española deben buscarse mas en el sistema económico y político de los Habsburgo en aquel entonces, tema que se podrá debatir en otro foro (si es que no se ha hecho ya :)).

Pero analizando la batalla en si, las razones que encuentro para pensar que las consecuencias de la batalla han sido exageradas por la historia militar oficial (me imagino de parte francesa) aumentan. Por principio de cuentas, la victoria francesa, aunque decisiva, estuvo lejos de decidir la contienda: ésta se prolongo por 16 años mas. Quizá el único resultado a nivel estratégico en la campaña haya sido detener el avance español hacia Francia via los Países Bajos españoles.

La heroica resistencia ofrecida por los tercios españoles al final de la batalla también demuestra que la capacidad combativa de etas unidades militares estaba lejos de quedar obsoleto.

En mi opinión la causa de la victoria francesa debe buscarse, no en un mejor sistema táctico por parte de uno de los oponentes, sino en la capacidad de liderazgo de los comandantes de ambas fuerzas: la capacidad de decisión del duque de Enghien se impuso a la indecisión de Francisco de Melo; desde este punto de vista, no encuentro razones para calificar a Rocroi como la debacle definitiva de los tercios españoles.

Saludos

Flavius Stilicho
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Prefecto Annoa
Redactor MHM
Desde: 23 Ene 2011

Ya tampoco estoy de acuerdo con esa visión tradicional de la batalla como el fin del poderío militar español, de la invencibilidad de los Tercios, etc. Como bien dices las guerra todavía duro 16 años; a comienzos de la década de los 50, la guerra estaba prácticamente ganada con Francia cayendo en la anarquía de la Fronda. En 1656, Francia ofrecía una paz razonable, fue precisamente la victoria de los Tercios en Valenciennes la que hizo creer a Felipe IV que podía obtener incluso mejores condiciones. En 1657 Francia tuvo que recurrir a la Inglaterra de Cromwell para poder ganar la guerra.

Rocroi no fue ni la primera ni la última derrota de los Tercios. Fue un jalón importante en la pérdida de la hegemonía pero eso no quiere decir que haya que sobredimensionarla hasta límites increíbles. Para los franceses vino en un momento delicado: el inicio de la regencia del pequeño Luis XIV, por lo que la victoria llegó como agua de Mayo para sosegar las inquietudes en la Corte. El propio Enghien la utilizó -como es lógico- como arma propagandística para incrementar su influencia en la Corte. Los propios españoles le han dado con el tiempo mucho notoriedad porque es una de esas derrotas épicas -con la infantería española rodeada y abandonada en el campo de batalla- que queda "bonito" para poner como fin de trayecto. Derrotas como Lens (1648) y la final de las Dunas (1658) gustan menos, así que mejor las relegamos diciendo que tras Rocroi son derrotas prácticamente inevitables.

 


Galland
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General
Colaborador
Desde: 13 Sep 2009

Sir Chito ha escrito

En mi opinión la causa de la victoria francesa debe buscarse, no en un mejor sistema táctico por parte de uno de los oponentes, sino en la capacidad de liderazgo de los comandantes de ambas fuerzas: la capacidad de decisión del duque de Enghien se impuso a la indecisión de Francisco de Melo; desde este punto de vista, no encuentro razones para calificar a Rocroi como la debacle definitiva de los tercios españoles.

Saludos

 

No estoy de acuerdo, yo creo que tacticamente si se innova en esa batalla ya que se alternaron unidades de caballeria y artilleria entre las lineas francesas mientras que los españoles siguieron con la tactica de la concentración artillera y la caballeria española fue barrida.

 


Sir Chito
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Legionario
Desde: 1 Jul 2013

Galland ha escrito

No estoy de acuerdo, yo creo que tacticamente si se innova en esa batalla ya que se alternaron unidades de caballeria y artilleria entre las lineas francesas mientras que los españoles siguieron con la tactica de la concentración artillera y la caballeria española fue barrida.

Hasta donde entiendo la caballería española logro rechazar a la francesa al principio de la batalla y si Melo hubiera hecho avanzar su infantería la historia hubiera sido deiferente. En ese sentido, la combinación de las diferentes armas de ejército que mencionas fueron decisivas en la victoria francesa.

Ahora bien ahora me surge al duda: ¿Esta "inmovilidad" táctica del ejército español en la batalla es fruto del sistema de combate de los tercios o es indecisión del general españo? Pregunta de ignorancia jeje.

Saludos

 

Los_Santos_Reyes
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Centurion
Redactor MHMSocio MH
Desde: 16 Nov 2009

Francisco de Melo era más un diplomático que un militar, según tengo entendido. Es posible que si el Cardenal Infante Don Fernando -el vencedor de Nordlingen en 1634- hubiera vivido, las cosas hubieran sido distintas. Pero eso nunca lo sabremos.

 


"Todos los Balcanes no valen los huesos de un granadero de Pomerania" (Bismarck)

   
 

Flavius Stilicho
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Prefecto Annoa
Redactor MHM
Desde: 23 Ene 2011

Vamos ahora a la mala forma con que estaba dispuesto el ejército, que parece imposible que lo pudiese errar un
niño, cuanto más un hombre tan viejo como Fontana. Habiendo 21 tercios de infanteria, tenia puestos cinco de
frente al enemigo y los demas que hacían frente al sesgo por los costados, y toda la caballería del Rey en ala al
cuerno izquierdo y, al derecho, otra ala de alguna caballería del Rey y lo demas de regimientos y caballería ale-
mana; en fin, él tenia puesto el ejército en plaza de armas en vez de ponerlo en batalla, y con tan poco retén y
reserva como si no se hubiese de pelear,
porque Fontana nunca se persuadía que el enemigo nos habia de dar la batalla

 

Viendo yo que anochecía y que, con el amparo de la noche, nos podríamos mejorar sin que el enemigo lo viese, pedí al Conde
de Fontana que se pusiese en batalla mezclando batallones de infanteria con gruesos de caballería, para que es-
tuviesen unidas e incorporadas nuestras fuerzas, o que, por lo menos, me enviase mangas sueltas de mosquete-
ría para mezclar entre mis gruesos para que diesen mas viva carga al enemigo
, y no quiso. Volvíle a enviar reca-
dos hasta el amanecer, que le envié el último con el ayudante Pedro Pérez, y me respondió con él:
—«¿Qué me quiere el Duque de Alburquerque, no le he enviado ya 500 mosqueteros para el bosque?».
Como vi esto, no quise replicar a su porfía, y dije a todos los mas capitanes y a algunos de mis criados:
—«Presto veremos que el enemigo nos ataca y nos corta ganándonos la retaguardia y la victoria». Y fue tan
leída esta razón en mi entendimiento, que sucedió al pie de la letra como lo dije. Embistiónos el enemigo, y para
acabarlo de errar todo, Fontana mandó que le saliese a recibir nuestra caballería y que la infantería se quedase
fija en sus puestos, que fue nuestra última perdición, pues salió la caballería a pelear contra la caballería y la in-
fantería del enemigo, que venia mezclada y unida, y nuestra infantería se quedó sin que nos ayudásemos los unos a los  otros
;

 

Lo anterior es un fragmento de la carta autoexculpatoria que envía el duque de Alburquerque al Rey. Como habeís dicho la clave a nivel táctico está en la falta de coordinación infantería-caballería en el bando español, provocada en buena parte por un mal despliegue inicial . Sir Chito hace una buena pregunta al respecto: ¿es culpa de la doctrina de combate o de la incapacidad de los mandos?

El batallas anteriores como la victoria de Melo en Honnencourt (1642) se ve una aceptable coordinación entre la infantería y la caballería, y de las propias palabras de Alburquerque se deduce que su (supuesta) petición de apoyo de infantería no era ninguna rareza. Sí es verdad que la caballería real tenía ciertas deficiencias doctrinales al estar organizada en compañías y no en regimientos o en tercios (salvo los regimientos alemanes) y es muy posible que su entrenamiento para operar en masa y en coordinación con otras fuerzas fuera algo deficiente.

Sin embargo en Rocroi el principal problema que veo es el la incapacidad de los mandos. Los Santos Reyes ya nos cuenta que Melo es más diplomático que militar: formaba parte del entorno del Cardenal-Infante y fue recompensado con el mando por su lealtad que no por sus méritos militares. Que el mando supremo no sea competente no es obstáculo insalvabale si como en Honnencourt cuenta a su servicio con "cabos" competentes; de hecho parece que Melo se limitó a seguir las disposiciones de Beck -un oficial profesional de origen humilde- y además contaba en la batalla con oficiales capaces como Cantelmo o Bucquoy.

Para la campaña de 1643 hubo un carrusel de cambios en los mandos; algo por otra parte habitual, ya que los altos mandos del ejército de Flandes solían "rotar" para premiar a conocidos y dar la oportunidad a los de noble linaje de lucirse. El enchufismo pesaba mucho más que los méritos militares. El jóven (23/24 años) duque de Alburquerque se queda el cargo de General de la Caballería con sólo 4 años de experiencia militar (dos al frente de un tercio); el de General de la Infantería es para el hermano de Melo, sin bagage militar relevante. El ascenso de Alburquerque por ejemplo provocó que Cantelmo se marchara ya que se negó a servir bajo él. El propio Alburquerque parece que no estaba dispuesto a aceptar órdenes de "un cualquiera" y según Melo se nombra al anciano conde de Fontaine como MdCGral porque era uno de los pocos de los que pensaba que Alburquerque estaría dispuesto a recibir órdenes. El problema es que Fontaine estaba muy mayor, enfermo de gota y aunque muy experimentado nunca había destacado en exceso en el campo de batalla. El único alto mando más o menos adecuado parece haber sido Issembourg, al mando de la caballería del flanco derecho.

A nivel de tercios españoles también había problemas ya que una buena parte había sido concendido a gente de escasa experiencia y que provenía al igual que Melo del entorno cortesano del Cardenal-Infante. En la lucha eran organizados por sus experimentados sargentos-mayores pero estos no podían decidir por su cuenta cuestiones como avanzar o retirarse.

Parece que la esperanza de Melo era que los franceses no atacasen antes de que llegase Beck, no sólo por los refuerzos que traía, sino por la presencia de su propia persona.

 


Tito
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Desde: 15 Ago 2009

Sir Chito ha escrito

Ahora bien ahora me surge al duda: ¿Esta "inmovilidad" táctica del ejército español en la batalla es fruto del sistema de combate de los tercios o es indecisión del general españo? Pregunta de ignorancia jeje.

Saludos

 

 

Yo realmente creo que las tropas españolas del periodo sí eran móviles y tácticamente adaptables a distintas situaciones. Basta con estudiar sus enfretamientos en algunos asedios o en otras batallas (San Quintín, entre otras). A veces, sobre todo en el mundo anglosajón, se confunde el sistema de los tercios con un sistema puramente defensivo, en un sistema que consistía en un cuadro de picas estático que no avanzaba y se limitaba a aguantar y disparar. Este error de apreciación viene de un buen puñado de batallas en la que los tercios actuaron de esta manera y vencieron, pero eso se debió más a ciertos ataques arrojados enemigos que obligaron a los españoles a actuar así que a que el tercio fuera incapáz de moverse y atacar. Vemos que la cualidad de estos sistemas de picas (incluidas las falanges griegas del pasado) era el de su avance arrollador y continuado, apoyado por una caballería poderosa. La mejor descripción que cabría darle al sistema es la del yunque y el martillo. Y la caballería y la artillería eran fundamentales para hacer de martillo. Tal vez el problema está en Melo, o en que los tercios "se acomodaron" y los arcabuceros y mosqueteros perdieron movilidad y se mostraron como blancos más fáciles para la artillería. O en que la caballería perdió calidad (que lo dudo). Sí que es cierto que paulatinamente, en muchas batallas, los famosos "cuadros" de infantería van funcionando con sus distintas unidades de manera menos móvil y más dependientes unas de otras. En Pavía vemos por ejemplo "mangas" de arcabuceros atacando por todas partes de manera independiente a los piqueros (las "mangas" eran algo así como pelotones de arcabuceros que podían pasarse de un lado a otro y resguardarse luego tras los piqueros). Los mantenían cerca siempre, pero digamos que ante una lluvia de artillería feróz y ataques por el flanco no se iban a mantener todos apretaditos y en el mismo sitio viendolas venir. De todos modos según avanza el siglo XVIII las batallas van adquiriendo una complejidad táctica mayor, y creo sinceramente que muchos comandantes españoles e imperiales se volvieron "conservadores" y temerosos a arriesgar. El texto que ha puesto Flavius me reafirma en ello, aunque algunos comandantes inferiores (con poco éxito ante sus superiores) trataran de saltarse la norma. El duque de Alburquerque parece tener mucha razón en su apreciación post-batalla. Pero no sería la primera vez que un jóven noble trata de exculparse diciendo: "¡yo lo dije!", cuando en la realidad ni dijo ni hizo mucho por cambiar las tornas de una mala decisión o un mal despliegue táctico.

 


Sir Chito
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Legionario
Desde: 1 Jul 2013

¡Muchas gracias a todos por sus respuestas!

Entre las muchas cosas que deduzco de sus aportaciones confirmo que el sistema de elección de mandos fue fatal para la causa española: fatal principalmente por colocar al frente de las tropas a gente sin experiencia todavía para dirigir un ejército o un cuerpo de ejército, sino también por la rotación de mandos que imperaba en los tercios de Flandes como nos dice Flavius, que desde mi punto de vista podría entorpecer en muchas ocasiones el planeamiento estratégico de una campaña.

Respecto a mi pregunta, ahora me queda clara la flexibilidad táctica del tercio y su capacidad para enfrentarse a múltiples circunstancias y razonandolo bien es lógico teniendo en cuenta las operaciones ofensivas que a lo largo de su historia tuvieron que realizar y en la que en muchas ocasiones resultaron victoriosos.

Por cierto muchas gracias Flavius, no siempre es fácil conseguir ese tipo de información de primera mano.

Saludos

Flavius Stilicho
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Prefecto Annoa
Redactor MHM
Desde: 23 Ene 2011

Tito ha escrito

 El texto que ha puesto Flavius me reafirma en ello, aunque algunos comandantes inferiores (con poco éxito ante sus superiores) trataran de saltarse la norma. El duque de Alburquerque parece tener mucha razón en su apreciación post-batalla. Pero no sería la primera vez que un jóven noble trata de exculparse diciendo: "¡yo lo dije!", cuando en la realidad ni dijo ni hizo mucho por cambiar las tornas de una mala decisión o un mal despliegue táctico.

Yo también sospecho que buena parte del "yo ya lo dije" es muy cuestionable. Además las principales acusaciones recaen sobre un muerto que no puede defenderse. La actuación del propio duque es bastante cuestionada y se suele comentar que "peleó como un simple capitán y no como un general". Aunque le faltara apoyo de infantería, podría haber organizado una reserva de caballería, en su lugar parece que atacó con todo lo que tenía a mano, venciendo inicialmente pero cuando finalmente fue rechazado no había escuadrones frescos de caballería sobre los que replegarse.

 

Por si a alguién le interesa, el texto integro de la carta (sacado de http://tercios.org/personajes/ALBURQUERQUE_VIII.html) es el siguiente:

 

Ilustrísimo Señor.—Escribí a V. S. los dias pasados la relación del desgraciado suceso que las armas de S.M. tu-
vieron sobre Rocroy; y aunque procuré dar cuenta a V. S. de todo — y lo puse en ejecución—, no se pueden re-
ferir de una vez negocios de tanto peso, y mas cuando la pena y sentimiento estaban tan frescos en la memoria
que no dejaban obrar al discurso para desmenuzar las menores circunstancias, que en semejantes sucesos son
siempre las mas importantes para la claridad de quien los oye.
Bien me acuerdo que en la pasada prometí a V. S. hablar claro y arrimarme mas a la verdad del caso que a los
rodeos de la disculpa, y por si entonces no lo hice, por haber cumplido con el nervio de mi relación, ahora la esla-
bonaré con todas las circunstancias, perdonándome V. S. si repito otra vez lo que ya ha oído, que todo es menes-
ter para que la culpa de los unos sirva de abono a la inocencia de los otros. Y tomando de mas atras mi relación,
digo, Señor, que sin comprender ninguno el intento y designio del Sr D. Francisco de Melo, fuímos marchando la
vuelta de Abinas (Avesnes). No sabía nadie del ejército adonde habia de dar el rayo, porque no solo no lo habia
comunicado el Sr D. Francisco a ningun cabo, pero aun a mí no me lo dijo hasta que ya estuvieron tomados los
puestos, y como en aquel estado no tenian remedio los consejos, aunque allí importara la disuasión, solo atendí a
prevenirle que mirase no nos hallásemos sin artillería gruesa, como el año pasado en La Bassée; díjome que ya
tenia prevenidos 4 medios cañones de las plazas circunvecinas para encaminarlos asi como llegásemos; adver-
tile también que para hacer entrada en pais extranjero adonde nos habian de venir los víveres de tan lejos, me
parecía que no teníamos carros para conducirlos, pues en nuestra armada, que era de mas de 20.000 hombres,
no se hallaban aun 50 carros del Rey. Respondióme que ya había enviado a Bruselas por ellos, y habiendo yo
quitado el escrúpulo que tenia con estas advertencias, marchamos a Rocroy, adonde, reconociendo la plaza, se
eligieron los ataques y se empezaron aquella noche.
Parecerá vanidad el que yo diga esto; pues no lo es, sino hablar con la verdad que acostumbro, siendo testigos
de todo cuanto me ha pasado los hombres de mas importancia de toda la armada, pues siempre hablé a voces
delante de ellos, que no ha pasado cosa desde el principio al fin que yo no haya prevenido con advertencias tan
necesarias que pluguiera a Dios, Señor, que se hubieran admitido, pues hoy cantáramos la victoria en vez de
llorar nuestra ruina.
Púsose nuestro ejército en frente de banderas alrededor de la villa, o por mejor decir, púsole el Conde de Fonta-
na (Fontaine), que parece que Dios le había dado ciencia infusa para errarlo todo, o que permitió traerle con no-
sotros para castigo de nuestros pecados. Salí de mi cuartel a ver el frente de banderas y hallé, desde el cuerno
izquierdo de la infantería hasta el derecho de mi caballería, que había bien tres cuartos de legua sin persona que
los guardase, y conociendo luego aquella falta escribí un papel al Sr D. Francisco dándole cuenta de lo fácil que
sería el socorrer la plaza por aquel flanco; y como no corría por mi cuenta el guardar mas que el puesto que se
me habia encargado, salió el Sr D. Francisco a verlo, y yo, y todos, y hallando verdadero mi reparo, se mudó el
frente por consejo mio, cerrando mas aquel flanco y asegurándole de socorro; y fue a tan lindo tiempo que a la
noche vino el enemigo por aquella misma parte con 1.800 caballos a socorrer la villa, y hallándose burlado, ma-
taron nuestras centinelas a sus reconocedores (batidores) y tocando alarma nos hallaron prevenidos y se fue-
ron burlados. Nada de esto lo digo porque importe a lo principal del suceso, sino porque vea V. S. que fui siem-
pre haciendo reparo hasta en las menores prevenciones y todas salieron verdaderas.
Determinóse ganar las medias lunas, porque estando nosotros  sin fortificarnos, no diesemos lugar al enemigo
con la tardanza  a que se juntase a socorrerla; y como para ganarlas no tuvimos  artillería, murió infinita de
nuestra gente, porque tiraban sin temor a que les ofendiésemos con esta parte tan principal de un sitio; pero al
fin se ganaron y sustentaron y la artilleria nuestra  no vino por mas que yo lo previne. Estuvo la gente tres dias
sin pan, que tampoco vinieron los carros que habian de venir de Bruselas, sin haber importado mi advertencia
para que viniesen.
Dejemos la plaza en el último estado de ganarla, pues estábamos en tres dias cegando el foso, y vamos a la veni-
da del enemigo, que fue lunes a 18 de mayo.
Tuvimos noticia de que llegaba y, con la mayor prontitud que pude, saqué mi caballería a la plaza de armas; y
encargándose Fontana de poner la batalla, que como a Maestre de campo general le tocaba, lo primero que hizo
fue sacar el ejército del puesto que tenia —con un marrazo por frente por el que no podíamos ser embestidos y
un bosque por el costado derecho—  y ponerlo a la falda de una colineja que, si el enemigo la ganara, nos pudiera
derrengar con su artilleria. Di gritos diciendo que cómo se hacia aquello, que avanzásemos a ganarla. Ayudáron-
me todos, pero Fontana era tan porfiado que no lo quiso hacer hasta que vio aquella tarde que el enemigo quiso
avanzar a ganarla, y entonces nos mandó avanzar a nosotros conociendo que era saludable lo que yo habia di-
cho. Cuando el enemigo venia, era fuerza que desfilara su gente por un paso angosto y, queriendo enviar (con-
tra ellos) 1.500 caballos, me ofrecí yo a ir con mi caballería a disputarle la deshilada, que es cosa evidente que si
me lo permiten, se vuelven sin socorrer la villa, como lo dice la razón y como los mismos enemigos han confesa-
do. También cuando aquella tarde se avanzaron a ganar nuestra colina, no había pasado mas de la mitad de su
gente e hicieron presencia con ella para que pasase la otra, y yendo nosotros resueltos a  embestir y estando a
tiro y medio de mosquete, volvió el enemigo las espaldas y Fontana mandó que hiciésemos alto. Yo di voces, de-
lante de todos, (para) que embistiésemos, y viendo que no se daba orden para ello, me fui al Sr D. Francisco, y
me dijo que él estaba esperando al barón de Beque (Beck), que estaba a 3 leguas de allí y venia con mas gente,
asi que no queria salir a buscar el enemigo pudiendo esperarle y aguardar el socorro del barón, y que esperan-
do se habían perdido muy pocas victorias, dándome ejemplos para convencerme.
Vamos ahora a la mala forma con que estaba dispuesto el ejército, que parece imposible que lo pudiese errar un
niño, cuanto más un hombre tan viejo como Fontana. Habiendo 21 tercios de infanteria, tenia puestos cinco de
frente al enemigo y los demas que hacían frente al sesgo por los costados, y toda la caballería del Rey en ala al
cuerno izquierdo y, al derecho, otra ala de alguna caballería del Rey y lo demas de regimientos y caballería ale-
mana; en fin, él tenia puesto el ejército en plaza de armas en vez de ponerlo en batalla, y con tan poco retén y
reserva como si no se hubiese de pelear, porque Fontana nunca se persuadía que el enemigo nos habia de dar la
batalla. Reconocí la flaqueza de nuestros puestos, y en particular la del cuerno izquierdo, adonde estaba mi ca-
ballería, pues estaba tan desamparado aquel lado hasta llegar a un bosque, que nos podían ganar la retaguardia
por aquel costado. Llamé al Sr D. Francisco para que lo reconociese, y preguntándole a D. Pedro de Villamor, mi
comisario general, si se atrevía a guardar aquel puesto, respondió que no. Dijo [Melo] que qué remedio habría
para guardarlo; replicamos que ninguno si no era trabajando con zapa y pala alguna zanja en aquel flanco para
que el enemigo se embarazase al querernos embestir. Respondió el Sr D.  Francisco que era imposible a causa
de no haber zapas ni palas (propia confianza de quien tiene mucho valor o mucha prisa de ganar una villa, venir-
se sin los mas necesarios instrumentos de un sitio, que son la zapa y la pala para fortificarse). Añadió el Sr. Don
Francisco que si lo podría guardar enviando 1.000 caballos mas; respondiósele que no, pero que se guardaría
algo mejor con los mil caballos. Fuese amagando que los enviaría luego y los caballos no vinieron. Viendo yo que
anochecía y que, con el amparo de la noche, nos podríamos mejorar sin que el enemigo lo viese, pedí al Conde
de Fontana que se pusiese en batalla mezclando batallones de infanteria con gruesos de caballería, para que es-
tuviesen unidas e incorporadas nuestras fuerzas, o que, por lo menos, me enviase mangas sueltas de mosquete-
ría para mezclar entre mis gruesos para que diesen mas viva carga al enemigo, y no quiso. Volvíle a enviar reca-
dos hasta el amanecer, que le envié el último con el ayudante Pedro Pérez, y me respondió con él:
—«¿Qué me quiere el Duque de Alburquerque, no le he enviado ya 500 mosqueteros para el bosque?».
Como vi esto, no quise replicar a su porfía, y dije a todos los mas capitanes y a algunos de mis criados:
—«Presto veremos que el enemigo nos ataca y nos corta ganándonos la retaguardia y la victoria». Y fue tan
leída esta razón en mi entendimiento, que sucedió al pie de la letra como lo dije. Embistiónos el enemigo, y para
acabarlo de errar todo, Fontana mandó que le saliese a recibir nuestra caballería y que la infantería se quedase
fija en sus puestos, que fue nuestra última perdición, pues salió la caballería a pelear contra la caballería y la in-
fantería del enemigo, que venia mezclada y unida, y nuestra infantería se quedó sin que nos ayudásemos los
unos a los  otros; pero no obstante peleó tan valerosamente la caballería que ella sola tuvo ganada la victoria
dos veces y volviendo contra el enemigo su misma artillería, que se la tuvimos ganada, se empezó a aclamar la
victoria a tiempo que el retén del enemigo se fue deshilando a ganarnos la retaguardia y, ganada, nos embistió
por todas partes y puso nuestra gente en derrota. En fin, Señor, yo no pude hacer mas que pelear por mi per-
sona y juntar siempre las tropas para llevarlas a la cara del enemigo; pero ya el mal habia sucedido, que  esta
batalla estaba  perdida desde que se puso el ejército en forma de pelear, o, por mejor decir, en forma de mues-
tra, pues Fontana no le puso mas que para mostrarle. Dios le haya perdonado, pues por su culpa padece hoy la
reputación de tantos, que aunque parezca poca modestia el hablar de los muertos, tampoco es justo que por ese
respeto se calle su mala disposición, que eso fuera hacer culpados a los que merecen tener mucha gloria aun en
medio de la contrariedad del suceso. Y asi he querido hablar claro a V. S. para que sepa y conozca que, aunque
por el puesto que tengo pudo correr algo por mi cuenta de éste suceso, no corrió nada mas que el pudrirme de
haberlo visto obrar tan mal y el haber dado mis consejos en vano, pues habiéndolos dado así en lo que V.S. ha
oído como en que nos fortificásemos con cordón (contravalación), cosa tan sabida en los sitios y tan experimen-
tada por buena, jamas lo quisieron hacer. Ya he dicho a V. S. que sería por sobra de valor y por ganar con mas
brevedad la villa, excusándose de la tardanza de quien se fortifica; pero en todo acontecimiento yo, como por
mis pocos años no puedo hacer voto solo, siempre me atengo a lo que he leído y oído platicar a otros, que con el
deseo que tengo  de  aprender,  escucho  con  atención  y observo  con  codicia, y nunca he oído dejar de alabar
por bueno el fortificarse, temiendo siempre al enemigo hasta el dia de pelear, que entonces es cuando no se ha
de temerle. En fin, los franceses han dicho claramente que si les hubiéramos embestido la tarde antes, cuando
yo lo dije, les hubiéramos roto; que si nos hallaran fortificados se hubieran vuelto, y que si nos hubiéramos
mudado por la mañana a la forma(ción) en que quedamos por la noche, les hubiéramos roto. Y Gación (Gas-
sion), el gobernador de la caballería francesa, dijo que yéndonos a reconocer por la mañana y hallándonos pues-
tos en la forma que el día antes, había dicho al Duque de Anguien (Enghien):
—«Embistamos que todos son nuestros».
Suceso ha sido que tendremos bien que sentir, no tanto por la pérdida, con ser tan grande, como por la ganancia
que dejamos  de hacer y por haberla perdido de ignorancia. Verdad es que el enemigo hizo mucha mas pérdida
que nosotros, pues ellos mismos afirman que de seis partes de muertos perdieron ellos las cuatro. Ya he avisa-
do a V. S. lo valerosos que anduvieron los españoles, y en particular mi tercio, a quien llaman en Francia el
«pe-
tit château»
por la firmeza con que se defendió siempre.
D. Antonio Coello ha salido de la prisión trocado por un capitán de caballos; también han salido D. Luis del Cas-
tillo, D. Diego  Vázquez y otro paje mio, todos heridos, si no es D. Antonio que  está bueno. Nuestra gente se va
recogiendo cada dia, y el enemigo, pudiendo haber hecho mucho en todo este tiempo, no ha hecho nada, con que
nos ha dado lugar a respirar y a juntar la gente. Ruego a Nuestro Señor pase adelante este ahogo y nos veamos
con algún desquite de nuestra pérdida. Ya V.S. estará informado de todo, con que conocerá que ni fuí llamado a
consejo, ni quisieron tomar el mio, ni pude hacer mas ni menos de lo que hice, pues es mi obligación el hacer to-
do cuanto mis fuerzas alcanzan, sin dejar nada reservado de lo que llego a conocer. De todo lo que en adelante
fuere sucediendo daré cuenta a V.S. como a persona con quien descanso y a quien tan entrañablemente quiero,
por cuya razón le descubro siempre la verdad de todo, porque no la mendigue de nadie estando yo de  por me-
dio, que soy tan fiel cronista y tan servidor de V. S. cuya Ilma persona guarde Dios muchos años.—Del Campo
junto a Mons, a 15 de junio de 1643.

Posdata autógrafa:
V.S. me avise de todo lo que hubiere de hacer en materia de éste  negocio y créame que todo lo que describo es
verdad sin juntar a nada y también que suplico a V. S. procure sacar copia de la carta que el Sr Don Francisco
escribe a su Majestad o saber lo que hay de cierto, que yo escribo al rey y V. S. me haga merced de enseñar és-
ta a todos, porque sepan la verdad: yo solo se decir a V. S. que no siento la pérdida sino la mala disposición que
es tener el ejército de Flandes perdido por esto; pero no me queda ningún escrúpulo en mi conciencia pues todo
lo dije a todos y al Señor Don Francisco y al maldito Conde de Fontana;  y como mi oficio es obedecer a estos
dos, yo hice en todo lo que me mandaron, y pudo tanto el valor de nuestra caballería que, no obstante la mala
forma de nuestro ejército tuvo ella sola conmigo,  que siempre fui delante de ella, ganado dos veces la victoria,
toda la caballería mia contra la de el enemigo y contra su infantería, sin que jamas en ninguna razón nos ayuda-
se la nuestra ni se moviese de su puesto. Mire V. S. cuándo se han visto tantos errores como en esta ocasión: en
fin el que había de estar en todas partes andaba en una silla de manos, que con esto está dicho todo. Y también
es la verdad que el enemigo ha perdido mucha mas gente que nosotros porque la nuestá esta presa casi toda,
que estamos locos de contentos y el enemigo de verdad ha pedido solo de muertos en la
pasa (revista) 5.000
hombres, sin muchos heridos.
V. S. sepa que en todo esto es la verdad lo que de escribo y me avise de todo, y si fuese menester enseñar esta
carta por todo Madrid lo haga y, si no, sea verdad para V. S.
Besa a V.S. las manos su primo y mayor servidor.—El Duque de Alburquerque.

 


Miguel Martinez...
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Decurión
Desde: 7 Sep 2013

Saludos.

 

Se ha sobredimensionado la importancia de Rocroi, y se ha hecho el juego a los franceses, que tras su "victoria" se han pavoneado, hinchandose y declarando a quien quisiera oirlo, que habian aniquilado a los Tercios.

Fue una derrota, pero sin  mayor importancia.

 

Tercios que no mucho despues, daran una paliza de aupa a los franceses en Tuttlingen, en el 43, por aquellos que daban por enterrados...

Flavius Stilicho
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Prefecto Annoa
Redactor MHM
Desde: 23 Ene 2011

Hombre, al César lo que es del César. Sí, es cierto que en Tuttlingen los franceses sufrieron una muy grave derrota (poco recordada) pero la presencia de tropas de la monarquía española en la victoria fue menor e incluso creo que de entre esa pequeña fuerza, las dos unidades de infantería hispánicas presentes eran regimientos formados por alemanes. El peso del ejército aliado recaía sobre bávaros e imperiales, y el ejército conjunto estaba mandado por Mercy que era el comandante de los bávaros.

Una derrota francesa en Rocroi precedida por la derrota de Honnecourt y seguida de una derrota en Tuttlingen, eso sí hubiera supuesto una serie de fracasos capaces de sacar a Francia de la guerra. No es extraño que los franceses se aferraran a la victoria para mantener la moral y consolidar el tambaleante gobierno de Mazarino.

 

Añado una buena reflexión que acabo de leer acerca de la batalla de Honnecourt:

Si la Guerra Hispano-Francesa (1635-1659) hubiera acabado en 1642, tras la batalla de Honnecourt, se afirmaría que De Melo fue un gobernador general excelente, que el Ejército de Flandes había sido el instrumento de la victoria y que Beck podía ser tenido por uno de los mejores maestres de campo generales de su historia.

La concepción de la guerra del Ejército de Flandes no estaba obsoleta, ni mucho menos. La arrolladora victoria se debió al tamaño del ejército, casi el doble que el francés, pero también a la determinación de las tropas al asaltar el campo fortificado enemigo. Los Tercios seguían siendo unidades de éllte y como tales cumplieron.

Eduardo de Mesa Gallego: La Batalla de Honnecourt (Desperta Ferro Historia Moderna nº 8)

 

Saludos.