El proyecto de Cristóbal Colón: la empresa de las Indias

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1. CONTEXTO HISTÓRICO

 

El descubrimiento de Cristóbal Colón, tan sorprendente como revolucionario, solamente se puede entender si analizamos primero el contexto en el que se encuentra, pues requiere, entre otras cosas, imaginación para soñar lo nuevo, predisposición, medios materiales que lo posibiliten y tiempo para culminar el proceso. Por ello para entenderlo nos hemos de situar en los grandes descubrimientos europeos de los siglos bajomedievales.

 

1. 1 La navegación

 

La ciencia medieval tenía su herencia en la gran fuente clásica, quien había revolucionado y establecido las bases de los campos de las matemáticas, la astronomía, la cosmografía, la geografía, entre muchos otros, pero esta herencia cultural fue desaprovechada por los pueblos occidentales quien no la descubrió hasta los siglos XII y XIII gracias al contacto con árabes y judíos.

Durante los siglos XIII y XIV, la corte catalano-aragonesa tuvo en Jaime I, Pedro III, Jaime II y Pedro IV el Ceremonioso a los creadores del potencial marítimo, astronómico y cartográfico del reino, rodeándose de sabios judíos. Por su parte, Roger II creó en Sicilia, bajo la enseñanza del árabe El-Edrisi, una escuela geográfica trascendental. Castilla tuvo a Alfonso X el Sabio quien consiguió que Castilla fuera un reino de vanguardia. En París enseñaban y trabajaban grandes divulgadores como Socrobosco, Rogerio Bacon y Pierre d’Ailly. Además, la Universidad de París, la más prestigiosa de Europa, estaba relacionada con la Escuela de Traductores de Toledo, de quien recibió numerosas traducciones árabes y hebreas.      

Antes del s.XIV, apareció el portulano o cartas náuticas (también cartas a la brújula), que fue empleado hasta el s.XVI. Se caracterizan por tener dibujada una retícula trazada en función de los vientos o las líneas de dirección de la rosa de los vientos, su representación cartográfica no tenía en cuenta las graduaciones de longitud ni de latitud, pero acostumbraba a reflejar con detalle la configuración de las costas. El mayor desarrollo cartográfico mediterráneo era de las tres potencias que dominaban la navegación  y el comercio: mallorquines-catalanes, genoveses y venecianos[1].

El navío del Mediterráneo entre los siglos XIII y XV, se puede clasificar en dos grandes grupos: la galera y el velero. La galera derivaba de las antiguas griegas y romanas, era una embarcación muy larga, estrecha y baja, como medio de propulsión  se usaba los remos, era rápida y manejable aunque tenía poca capacidad de carga y necesitaba una numerosa tripulación, aún así era muy útil en la guerra al poder convertir los remeros en combatientes. El velero o navío redondo, en cambio, era lento y macizo, pero muy apto para el transporte aunque estaba movido por el viento, lo que le restaba libertad de maniobra por lo que se usaban remos complementarios y una gran innovación, el timón de codaste[2].

Las particularidades del transporte y movimiento por el Mediterráneo con su navegación de cabotaje, es decir, a vista siempre de tierra, y con vientos variables, escalas continuas y frecuentes maniobras, justificaban el éxito de la galera y el papel primordial del remo. Pero para adentrarse en el Océano se necesitaba hacer una navegación de altura, es decir, basándose ya no por la línea de costa sino según la posición de los astros, que requería una embarcación resistente al fuerte oleaje, requería estudiar las condiciones físicas del mar, los vientos y las corrientes para aprovecharlas y marcar las rutas más favorables, así como también convenía desarrollar instrumentos que permitiesen orientarse en medio del mar y localizar con la mayor precisión las tierras descubiertas para asegurar sin riesgo el regreso. Así, la embarcación que se utilizó fue la carabela, que fue creada en la península ibérica (posiblemente por portugueses), punto de confluencia de la técnica del norte y la del Mediterráneo. La carabela es un velero largo, de ahí su velocidad y manejabilidad, con un gran desarrollo del velamen, aumentando los mástiles y empleando indistintamente la vela cuadrada o latina, ganando así fuerza motriz y capacidad de maniobra.

Lo más frecuente en esta época era navegar a la estima, es decir, anotar el rumbo y fijar su posición en unas cartas de marear que reflejaban con precisión los accidentes geográficos y que a partir de ellas, utilizando la brújula y el cuadrante, se podía encontrar la latitud adecuada. Las cartas de marear, la brújula y el cuadrante eran imprescindibles en cualquier expedición, así como el astrolabio y la ballestilla para obtener la latitud, además de saber interpretar las observaciones a partir de los almanaques, las tablas de multiplicar o la sonda y la ampolleta, que medían el tiempo.

1. 2 La Península Ibérica: lugar estratégico

 

Aún así, la zona mejor situada geográficamente para el proyecto colombino es la zona más occidental del Mediterráneo, es decir, la Península Ibérica, en la que se encuentran los reinos de Portugal y Castilla, ambos con gran vocación marinera.

 

 

1. 2. 1. El reino de Portugal

 

El reino de Portugal comienza a mirar al mar, incitado por el fin de la reconquista, que hace aparecer un deseo de nuevas tierras, principalmente tropicales, y de nuevos mercados, y por una burguesía floreciente que participaba en el comercio marítimo europeo que también poseía un espíritu de expansión. Hay que añadir el afán religioso y un cierto espíritu cruzado de lucha contra el Islam, además de las leyendas del Reino del Preste Juan de las Indias, de las islas de Antilia o de las Siete Ciudades, San Barandán o Brasilia, entre muchas otras.

Las primeras navegaciones atlánticas portuguesas descubrieron las islas Canarias, los archipiélagos de Azores, Madeira y Cabo Verde, así como la costa occidental de África.

Una figura importante y trascendental para los descubrimientos de Portugal fue el rey don Enrique, llamado el Navegante, quien en 1415 funda una Escuela de náutica en la punta de Sagres desde donde impulsó las exploraciones marítimas. Además, se realiza la conquista de Ceuta para tomar posiciones en el Estrecho de Gibraltar por su posición entre el Mediterráneo y el Atlántico.

Entre 1420 y 1450, las islas Canarias, Madera y Azores serán conquistadas y colonizadas por Portugal, pero las islas Canarias también eran pretendidas por Castilla. Por otra parte, en 1434, Gil Eanes, traspasó por primera vez el Cabo Bojador o Cabo del Miedo, el punto más meridional de la costa de África, acabando con el miedo que hasta entonces se tenía sobre lo que se encontraría más allá, permitiendo los avances hacia el sur. Todo esto hizo que Portugal adoptara un sistema de factoría y explotación sobre África, de la que conseguía oro y esclavos, que le permitió ampliar el tráfico comercial con una nueva ruta: la portuguesa del Atlántico, razón por la cual los portugueses intentaron tener la exclusividad sobre Guinea y evitar la intromisión extranjera, sobretodo castellana.

A la muerte de don Enrique en 1460, quien heredará su política expansiva será el futuro rey Juan II, quien instaurará un estricto monopolio estatal y retomará la idea de impulsar los descubrimientos por el Océano. Por entonces, la guerra civil castellana (1474 – 1479) afectó directamente a Portugal, principal apoyo del partido de Juana la Beltraneja contra el de Isabel la Católica, teniendo repercusiones en el Océano pues los Reyes Católicos reclamaron su derecho a Guinea. Concluida la guerra, se firma en 1479 el Tratado de Alcaçovas – Toledo entre Castilla y Portugal, donde se regula el problema dinástico mediante un futuro compromiso matrimonial y se reserva para Portugal los Archipiélagos Azores, Madera y Cabo Verde, todas las tierras descubiertas al sur de las Canarias y el control de la navegación en el Océano camino a Guinea, mientras que por otra parte, se reserva a Castilla el poder navegar hasta Canarias y controlar todo el archipiélago, poniendo fin a la rivalidad entre Castilla y Portugal[7]

 

1. 2. 1. El reino de Castilla

 

A la muerte del rey Enrique IV de Castilla surgieron dos facciones: una que apoyaba a Isabel y otra que apoyaba a su hija, que era considerada ilegítima por ser en realidad hija de Don Beltrán de la Cueva de donde le proviene su apodo de Juana la Beltraneja, quien se casó con el entonces rey de Portugal, Alfonso V, implicando así a Portugal en la guerra civil castellana como vimos anteriormente. Finalmente la cuestión sucesoria se resolvió proclamando reina en 1474 a Isabel y rey consorte a Fernando, quienes se habían casado en 1469. Por otra parte, Fernando heredó la Corona de Aragón y aunque tanto él como Isabel obtuvieron el título de reyes, sólo él tuvo poder efectivo.

La historia del reino de Castilla respecto a los descubrimientos atlánticos, aunque larga, era desigual y un tanto inconstante pues había ido a la zaga de Portugal en la carrera por conseguir los territorios de ultramar, no por falta de interés sino por falta de medios. Ya hemos explicado la rivalidad entre Castilla y Portugal por las islas Canarias y el comercio de África. La guerra entre ambos resultó ser el catalizador de la actividad castellana pues los monarcas Fernando e Isabel, los denominados Reyes Católicos, concedieron permisos para realizar incursiones de piratas o actividades de contrabando, mientras que los genoveses de Sevilla y Cádiz deseaban invertir en esas empresas y los marineros andaluces fueron instruidos en la navegación atlántica.

Por otra parte, los portugueses no eran los únicos rivales para la posesión de las islas Canarias ya que el título de señor de las islas había sido heredado por Diego de Herrera, un hidalgo de Sevilla, que se creía un conquistador. Finalmente, los reyes consiguieron que el derecho de conquista revirtiera sobre la corona. Se cree que lo que despertó el interés del rey Fernando por las islas Canarias era el deseo de establecer comunicaciones con África, pero, una vez finalizada la guerra y, por tanto, sin acceso a las fuentes de oro encontradas por Portugal en África, el monarca se vio en la necesidad de impulsar la búsqueda de fuentes alternativas de suministro de oro, lo que más tarde puede ayudar a entender el énfasis que da Cristóbal Colón al oro.

En 1482, los monarcas castellanos se dedicaron a conquistar Granada, el último reino musulmán de la península ibérica, aunque esto no les hizo perder el interés por el Atlántico. Los costos de la guerra y el sacrificio de los tributos granadinos tradicionales, otorgaron cada vez mayor atractivo a los proyectos de Colón.

Además, la industria, el comercio y la navegación castellana se encontraban en un período de prosperidad que reforzó la urgencia de buscar nuevas rutas comerciales y mercados exóticos a la vez que se generaban capitales para realizar inversiones.

Por todo ello, no es de extrañar que en la década de 1480, cuando Cristóbal Colón busca patrocinador, oscilase entre Portugal y Castilla.

 

2. CRISTÓBAL COLÓN

 

Cristóbal Colón (c.1451 – 1506), aunque a partir del s. XVIII, incluso ya en el s. XVII, mucho se ha discutido sobre su origen, adscribiéndolo a diversas nacionalidades, posiblemente la teoría genovesa sea la más fidedigna, puesto que es la única que presenta documentación abundante y difícilmente discutible (por ejemplo, el propio Cristóbal Colón admite en su Institución de mayorazgo (1498): “siendo yo nacido en Génoba”). Actualmente no parece probable que su progenitor fuera el tejedor de lana y tabernero Domenico Colombo, como asegura la mayoría de bibliografía, así como por otra parte también parece discutible la fecha de 1451 para su nacimiento, extraída de un documento que data de 1470 donde se cita a un joven Cristóforo de diecinueve años. Es por estas razones que hay que ir con prudencia cuando se habla de la niñez de Cristóbal Colón, puesto que en realidad poco sabemos de ella e incluso Cristóbal Colón se contradice en varias ocasiones, por ello sólo nos podemos limitar a hacer conjeturas en lugar de afirmaciones.

Otro de los temas controvertidos es la formación de Colón, pues Hernando Colón, hijo de Cristóbal Colón, afirma en su Historia del Almirante que su padre en “su tierna infancia aprendió letras y estudió en Pavía” pero no hay ninguna constancia documental de este hecho y por ello algunos historiadores creen que la frase no es de Hernando o que se trata de un error de imprenta en el que se debería leer in patria en vez de en Pavía mientras que otros autores creen que fue un invento de Hernando para prestigiar a su padre y que en realidad Cristóbal Colón fue un autodidacta que aprendía lo que necesitaba. Lo más probable es que fuera en Génova donde Cristóbal Colón aprendió a leer y escribir, quizá en una escuela asistida por el gremio de tejedores, donde aprendería también rudimentos de geometría y cosmografía mientras que parece ser que no es cierto que en su juventud fuera un “experto en la lengua latina” como afirma Bartolomé de las Casas, sino que lo aprendería ya de maduro.

De cualquier manera, y según cuenta él mismo, sus viajes de juventud precedieron a su autoeducación tanto analíticamente como en el tiempo. Cristóbal Colón escribió en 1501 que “de muy pequeña edad entré en la mar y lo he continuado fasta oy. La mesma arte inclina a quien le prosigue a desear de saber los secretos d’este mundo”, es decir, que sus experiencias le impulsaron a desear saber más. Desconocemos cuándo fue realmente cuando Cristóbal Colón empezó a navegar, pero seguramente a partir de su testimonio donde afirmaba que llevaba más de cuarenta años y del de su hijo Hernando que argüía que su padre empezó a navegar con catorce años, se puede considerar que Cristóbal Colón empezó con diez o doce años, aunque en torno al 1470 las fuentes nos lo presentan como “lanero de oficio” en Génova, pero ello no le excluiría la realización de viajes que aprovecharía para comerciar. Según el testimonio de Colón, sus viajes abarcaron un sorprendente ámbito geográfico que no se limitaba a las aguas próximas de Génova pero, aunque puede resultar verosímil en el contexto de la Génova de su época, hay que tomar su testimonio con cautela.

En 1476, llega Cristóbal Colón por primera vez a Portugal, después de que el convoy genovés donde iba se hundiera y se viera obligado a nadar hasta Lagos desde donde marchó hacia Lisboa. Allí se casaría con Felipa Perestrello Moniz y tendría a su primer hijo, Diego, que nacería en Madeira, pero Felipa falleció poco después[19]. En Lisboa también, se encuentra con su hermano Bartolomé Colón, con quien acabó trabajando algún tiempo en una librería como dibujantes de mapas, especialidad en la que demostraron tener gran pericia.

La larga estancia portuguesa (c.1476 – 1485) fue trascendental para que Cristóbal Colón formara su proyecto, aunque todo lo que sabemos de ella se debe a relatos y recuerdos posteriores del propio Colón.

Probablemente, entre 1478 y 1483, Cristóbal Colón frecuentaba especialmente las rutas oceánicas que iban desde Lisboa hasta Guinea pasando por los Archipiélagos de Azores y Madera, así como también es posible que las actividades comerciales no se redujeran al comercio del azúcar sino también al transporte de esclavos guineanos, lo que puede hacernos entender su posterior comportamiento en América.

 3. EL PROYECTO: LA “EMPRESA DE LAS INDIAS”

 

Desde su estancia en Portugal su vida toma un nuevo giro, participa en largos periplos por el Atlántico y adquiere una experiencia inapreciable, pues es aquí donde concibe sus proyectos de ir hacia Oriente por Occidente e inicia su gran empresa náutica. Para ello, hay que tener en cuenta el contexto de la época, pues los europeos, en su afán por conseguir la riqueza y las especias de Oriente, buscan vías alternativas a la terrestre, por la peligrosidad de ir en caravanas, y a la marítima, es decir, la ruta del este, puesto que la caída de Constantinopla en 1453 por el Imperio Otomano dificultó las relaciones con Occidente y es en este contexto donde Cristóbal Colón concibe la idea de la “empresa de las Indias”, como él mismo la denominaba.

 

3.1 Origen de las ideas del proyecto          

 

Según Hernando, el hijo de Cristóbal Colón, las principales razones que llevaron a su padre a creer en llegar a Asia por la ruta del oeste, fueron tres: los fundamentos naturales, la autoridad de los escritores y los indicios de los navegantes. Además, hay que tener en cuenta dos teorías especulativas sobre el Atlántico que tuvieron una influencia directa en el proyecto de Cristóbal Colón: la teoría de la existencia de las Antípodas y la teoría de un Atlántico limitado.

Así pues, Cristóbal Colón basándose en la obra de Ymago Mundi de Pierre d’Ailly, que a su vez se basaba en Ptolomeo, donde había llegado a la conclusión que la tierra era una esfera, principio básico en el que Colón se aposentó para creer que entonces se podría recorrer de oriente a occidente. En segundo lugar, supuso y corroboró mediante la autoridad de autores aceptados que gran parte de esta esfera ya había sido navegada, quedando solamente por descubrir el extremo oriental de la India, mientras que las tierras más occidentales descubiertas hasta entonces eran las islas Azores y las islas de Cabo Verde Colón calculaba que el espacio que se hallaba entre el límite oriental conocido por Marino de Tiro y las islas de Cabo Verde, no podía sobrepasar un tercio del círculo máximo de la esfera, pues Marino había descrito hacia oriente quince horas de las veinticuatro que habría para dar la vuelta al mundo. En esta idea contribuyó la lectura de autores como Aristóteles, Séneca y Plinio que afirmaban que se podía ir de Cádiz a las Indias en pocos días y de otros como Marco Polo y Juan Mandeville que argüían que la India se extendía tanto por oriente como por occidente. Finalmente, Cristóbal Colón tenía la esperanza de encontrar islas intermedias desde el extremo de la península ibérica hasta los términos de la India, contribuyendo a esta idea las historias de los navegantes de las islas y mares más occidentales.

En el origen del proyecto de Cristóbal Colón hay que destacar una figura importante y de gran influencia, el florentino Paolo del Pozzo Toscanelli, cuyas opiniones fueron expresadas en una carta de 1474 dirigida al monarca portugués y posiblemente también a Cristóbal Colón en la que estimaba que la distancia entre las Canarias y Catay era de unas 5.000 millas náuticas, distancia que para Cristóbal Colón era demasiado grande y que redujo con el argumento de que “este mundo es pequeño”, pues en realidad Colón confundió la milla árabe utilizada por el geógrafo Alfragrano en el cálculo del grado del Ecuador, con la milla italiana, mucho más corta. Precisamente estos errores, el de considerar que la tierra es pequeña junto a la imaginaria extensión de Asia hacia oriente, hicieron posible el logro del proyecto de Cristóbal Colón, puesto que si Colón hubiera sabido que sus cálculos iniciales no eran ciertos, difícilmente se habría embarcado hacia la Mar Océana.

 

3.2 ¿Existió un predescubrimiento de América?

 

Para algunos historiadores, la razón de que Cristóbal Colón defendiera con tanta convicción su proyecto es que cuando lo elaboró en realidad tenía más datos de los que decía tener, pues ya desde un principio, entre los primeros cronistas, se extendió el convencimiento del denominado “Predescubrimiento de América”.

El cronista fray Bartolomé de Las Casas, fuente primordial, nos transmite en su Historia las habladurías y leyendas que en aquél momento había en la isla Española:

 

«Díjose que una carabela o navío que había salido de un puerto de España (no me acuerdo haber oído señalar el que fuese, auque creo que del reino de Portugal se decía), y que iba cargada de mercancías para Flandes o Inglaterra, o para los tratos que por aquellos tiempos se tenían, la cual corriendo terrible tormenta y arrebatada de la violencia e ímpetu della, vino diz que a parar a estas islas y que aquella fue la primera que las descubrió.»

 

Otro cronista, Gonzalo Fernández de Oviedo también recoge la misma leyenda en su Historia General, donde afirma que el piloto, amigo íntimo de Cristóbal Colón, se resguardó en la casa de éste y allí murió, pero antes le dio información de su viaje e incluso una carta de marear en la que había señalado las tierras que había visto. Pero el mismo cronista asegura que para él es falsa. Incluso otros cronistas, menos fiables, como Francisco López de Gomara y Garcilaso de la Vega Inca, recogen los hechos, incluso éste último, después de un siglo, es el único que da nombre al piloto: Alonso Sánchez de Huelva quien le daría detalles bastante ajustados sobre algunas islas y sus naturales, sobre ciertos parajes y, especialmente, acerca de las distancias.

Algunos autores ven una referencia de Cristóbal Colón a este hecho en una carta incluida en el Libro de las Profecías, en torno al 1501, en la que decía a los Reyes Católicos: “En este tiempo yo he visto y puesto estudio en ver de todas escrituras, cosmografía, historias, crónicas y filosofía, y de otras artes, a que me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable a que era hacedero navegar de aquí a las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecución de ello; y con este fuego vine a Vuestras Altezas”. En otras palabras, Colón dice que recibió algo que le abrió el entendimiento, un “milagro evidentísimo”, como dirá en otro pasaje, y con ese algo se refiere a que era posible navegar desde Europa hasta las Indias por Poniente.

Desde entonces, muchos autores son los que han refutado la idea del predescubrimiento, mientras que otros han apoyado esta idea. Ballesteros Beretta, después de haberla aceptado durante un tiempo, finalmente la rechazó. La línea interpretativa que rechazaba esta idea era la que seguía lo defendido por Hernando Colón, quien procuró evitar que se restara protagonismo a la figura de su padre, negando cualquier predescubrimiento. Por otra parte, los defensores de la teoría del predescubrimiento se pueden dividir en dos grupos: un primero desde finales del s.XIX  hasta los años treinta del s.XX, en el que destaca el peruano Luis de Ulloa, mientras que en el segundo grupo, más reciente en el tiempo podemos destacar la figura del profesor Juan Manzano y Manzano y de Juan Pérez de Tudela y Bueso, quienes creen en el predescubrimiento y coinciden en que no sería una experiencia personal de Colón sino de otras personas que le informarían[18]. Así, Juan Manzano cree que en la leyenda del piloto desconocido, quien habría proporcionado a Colón informaciones concretas sobre la localización de las Antillas, la ruta a seguir, las minas de oro, algunos de los puntos geográficos clave e incluso sobre ciertas señales que el predescubridor habría dejado en América para que pudiera comprobarse luego su veracidad[19]. En cambio, Pérez de Tudela cree que no fue un piloto anónimo el informador, sino un grupo de indígenas que en un desplazamiento por las islas del Caribe hacia 1482 – 1483 fueron desviadas hacia el oeste en pleno Océano, donde pudieron encontrarse con Colón e informarle.

Incluso también no hay que descartar la posibilidad de que fuera el propio Colón quien hubiera llegado previamente a América por lo que tendría conocimientos previos, de donde derivarían la rapidez del primer viaje, la seguridad con que pide el plazo de tres días a los marineros inquietos o el recorrido insular.

 

 

3.3 En busca de patronazgo

 

Sea como fuere, teniendo consciencia de lo que se iba a encontrar o no, el problema que se le presentaba era la necesidad de un patronazgo puesto que aunque cualquier individuo podía realizar un descubrimiento, éste no podría aspirar a su soberanía sin la protección de un príncipe frente a los posibles ataques de algún otro príncipe u otros compatriotas[22]. Así pues, Cristóbal Colón necesitaba articular su proyecto teóricamente para defenderlo y parece ser que el descubrimiento de la aplicación del astrolabio fue providencial para defender su proyecto.

3.3.1 Cristóbal Colón ante la Corte portuguesa

           

Posiblemente la búsqueda de patronazgo comenzó en Portugal en torno al 1484, aunque hay que tener en cuenta que no existe ningún testimonio directo de que Colón se aproximara a la corte portuguesa antes de 1488, cuando ya se había trasladado a Castilla[24]. El rey de Portugal, Juan II de Avís, que había ascendido al trono en 1481, impulsó la actividad de los descubrimientos intentando descubrir una ruta a la India circunnavegando África[25]. Aprovechando este interés Cristóbal Colón solicitó y obtuvo audiencia en la corte, proponiendo al monarca el descubrimiento de un rumbo más corto, exponiendo su hipótesis de la extensión de Asia y describiendo las riquezas de la isla de Cipango[26] pero el rey se mostró frío ya que había gastado tanto dinero inútilmente en la ruta africana que temía tomar parte en semejantes planes.[27]

Por ello el rey remitió a Colón a la Junta de Matemáticos, bajo la presidencia de Diego Ortiz de Vilhegas, obispo de Ceuta y confesor del rey, además de dos de los más hábiles cosmógrafos, Maestre Rodrigo y Maestre José Vizinho. Estos sabían que las longitudes y las distancias de las que hablaba Colón eran erróneas y por ello aconsejaron al rey que rechazara la oferta[28].

Además, creían que Colón se basaba en fantasías, puesto que para ellos así lo era la isla de Cipango de la que hablaba Marco Polo. Por otro lado, el proyecto colombino tenía un gran paralelismo al plan que Toscanelli había brindado años antes sin pedir nada a cambio y que ya fue rechazado[29]. La explicación que dio posteriormente Colón de la negativa del rey de Portugal, con la ventaja de la perspectiva y la exaltación de una convicción divina, fue la de que Dios había ofuscado al rey para reservar para Castilla la gloria del descubrimiento[30].

Tradicionalmente se cree que tras ser rechazado el proyecto, algunos de los consejeros del rey de Portugal, al ver que éste parecía poco satisfecho con su determinación, le sugirieron una estratagema que además de no comprometer a la corona  le ahorraría la necesidad de entrar en negociaciones formales con Colón[31]. La proposición fue que se entretuviera a Cristóbal Colón con razonamientos ambiguos mientras se enviaba una carabela en la dirección que Colón había señalado, pudiendo cerciorarse de dar fundamento o no a aquella teoría[32].  La carabela zarpó desde las islas de Cabo Verde durante muchos días pero el tiempo empeoró y la tripulación se asustó regresando a Cabo Verde y partieron hacia Lisboa para ridiculizar el proyecto de Colón[33]. Esta traición es atribuida a Diego Ortiz, conocido como Dr. Calzadilla, por Hernando Colón, quien cree que a los hombres que viajaron “les faltaba el saber, la constancia y la persona del Almirante”[34].

A partir de un privilegio que concedió el rey portugués en 1486 al flamenco  Ferdinand Van Olmen[35], sabemos que éste emprendió un viaje de exploración autorizado por el rey pero financiado por él, pero seguramente fracasaría pues no se supo nada más[36].

 Cuando Cristóbal Colón se enteró de todo ello, se sintió indignado y defraudado y, aunque se dice que el rey Juan intentó renovar las negociaciones, Colón declinó definitivamente su oferta. Además, la discutida muerte de su esposa rompería las relaciones familiares y cualquier lazo que le uniera a Portugal, por lo que decidió abandonar Portugal a finales de 1484, posiblemente acompañado de su hijo Diego[37]

 3.3.2 Cristóbal Colón ante los Reyes Católicos y la Junta examinadora

 

La primera noticia que tenemos de Cristóbal Colón en Castilla data de marzo de 1485, por lo que obtenemos un intervalo de tiempo (desde que huye de Portugal hasta que está en Castilla) que desconocemos. Algunos historiadores creen que se dirigió a Génova, donde repitió la proposición de su proyecto y donde nuevamente fue rechazada, pues Génova no estaba en circunstancias favorables. Por otra parte, un escritor italiano basándose una antigua tradición, cree que Colón partió de Génova a Venecia, donde también propondría su proyecto, pero las guerras de Venecia contra Génova lo hacen improbable. La mayoría de historiadores creen que posiblemente Cristóbal Colón visitó a su padre, quien le ayudaría a mejorar su situación, y que después reanudaría su viaje en busca de patronazgo.

El primer testimonio de Cristóbal Colón en Castilla le sitúa en 1485 junto a su hijo Diego en un antiguo convento de frailes franciscanos, de la advocación de Santa María de la Rábida, cerca del puerto de Palos de la Frontera, en Andalucía[1]. Pero este hecho ha estado muy discutido entre los historiadores, pudiéndose clasificar tres opiniones distintas al respecto: en primer lugar, los que niegan la visita de Colón a La Rábida den 1485 pero sí aceptan la de 1491 mientras que defienden que llegó por mar a algún puerto de la Baja Andalucía; en segundo lugar, quienes sostienen que hubo dos visitas de Colón y su hijo a La Rábida, la primera en 1485 y la segunda en 1491; y en tercer lugar quienes aceptan las dos visitas pero combinando el testimonio del médico de Palos y los recuerdos de Colón de las dos visitas.

Si se acepta la visita a La Rábida, hemos de pensar que Cristóbal Colón se dirigió allí para poder dejar a su hijo Diego con los familiares de su mujer, Pedro Correa y Miguel Mulyart, que vivían en el condado de Niebla (actual provincia de Huelva). Esta explicación es la dada por Cristóbal Colón, pero también hay que tener en cuenta la situación geográfica del lugar que es tierra de navegantes que, en rivalidad con Portugal, habrían recorrido las costas de África.

Según algunos autores, es probable que allí conociera al fray Antonio de Marchena, docto en astronomía y cosmografía y un gran apoyo para Colón quien le revelaría su proyecto al completo, aunque no hay testimonios que atestigüen que se encontraba en La Rábida en aquellos momentos, por lo que otros autores creen que lo conoció en Alcalá, durante la primera entrevista de Colón ante los reyes.

En La Rábida, Colón conoció a Martín Alonso Pinzón, intrépido capitán de mar, que también estuvo de acuerdo con sus ideas y se ofreció para ayudarle. Probablemente fuera el fray Juan Pérez, y no Antonio de Marchena, quien aconsejó a Cristóbal Colón que partiera hacia la Corte de Castilla, otorgándole cartas de recomendación para Fernando de Talavera, confesor de la reina y con gran influencia política, asegurándole que no tendría problemas para una audiencia real[6].

El destino de Cristóbal Colón tras abandonar el monasterio La Rábida, dejando a su hijo Diego en él o quizá con los cuñados de Colón, fue la Corte de los reyes, situada en Córdoba debido a la campaña contra el Reino de Granada, donde posiblemente desde un principio se hospedaría en la casa de los Enríquez y Arana, familia modestamente acomodada. Así conocería a Beatriz Enríquez, con quien entabló una íntima relación dando como resultado el nacimiento de su hijo Fernando en 1488[7].

En Córdoba, Colón intentaría establecer contacto con los reyes pero estos estaban muy ocupados igual que Fernando de Talavera, quien tras leer la carta de recomendación pensó que el proyecto era extravagante e irrealizable. Allí trataría de ganar adeptos entre los nobles que acudían, conoció a Alonso de Quintanilla, contador de cuentas y miembro del Consejo Real, y a los hermanos Antonio y Alejandro Geraldini, por medio de los cuales pudo conocer al arzobispo de Toledo, Pedro González de Mendoza, quien, finalmente, le consiguió la tan deseada audiencia real[8].

Los Reyes Católicos encomendaron a fray Fernando de Talavera formar una junta de expertos encargada de examinar el proyecto colombino[9]. Este episodio ha sido fuente de innumerables especulaciones y leyendas falsas, aunque en realidad los hechos verificables son escasos.

Posiblemente, por la disponibilidad de los expertos convocados, esta junta se podría haber reunido entre finales de 1486 y principios de 1487[10], y, según la mayoría de autores, el lugar de reunión sería Salamanca, pues allí la Corte consiguió una prolongada estancia de reposo además de que se encontraba un centro universitario, ilustre y competente, que podía proporcionar dichos expertos, pues estos no abundaban en el reino. Por todo ello, se cree que el proyecto se discutiría en la universidad de Salamanca o en el convento dominico de San Esteban, donde Colón podía estar alojado dada la gran amistad que le unía con el ex prior del convento, fray Diego de Deza[11]. Finalmente, la junta examinadora, formada por profesores universitarios, varios dignatarios de la Iglesia y un grupo de cultos frailes, rechazó el proyecto pues las objeciones que daba en realidad estaban limitadas por el estado de la ciencia[12].

Por otra parte, los reyes, tras saber el dictamen negativo de la junta examinadora, que parece ser que no era condicionante, le prometieron que una vez terminada la guerra granadina “se encontraría mejor ocasión para examinar y entender” su oferta[13]. Sin embargo, Hernando Colón acaba concluyendo, quizá equivocadamente, que “los Reyes, por tanto, no quisieron prestar oídos a las grandes promesas que les hacía el Almirante[14].

 

3. 3. 3. Cristóbal Colón busca otros protectores

 

Tras la negativa de los monarcas castellanos, Cristóbal Colón se vio impacientado por lo que intentó buscar otros protectores.

A principios del 1488, aún en Sevilla, Cristóbal Colón escribe a Juan II de Portugal, volviéndole a hacer la oferta, incluso ofreciéndose a visitar Lisboa con la garantía de que no le arrestasen, lo que ha suscitado muchas dudas sobre la partida de Colón de Portugal. Juan II, le da garantías para que pueda volver con libertad y a finales de 1488 Colón ya se encuentra en Lisboa, pero coincide con el momento en que Bartolomé Díaz descubre el cabo de Buena Esperanza, por lo que Juan II pierde el interés en el Océano[15]

Después de su fracaso en Portugal, Cristóbal Colón envía a su hermano Bartolomé a Londres, quien se entrevistó con el rey Enrique VII, defendió las ideas de su hermano y solicitó barcos pero también obtuvo como respuesta la negativa[16].

Entre 1488 y 1489 se quedó en Castilla pues inesperadamente se le ofrecieron nuevas posibilidades[17]. Colón intentó conseguir la protección de algún noble influyente, por ello se dirigió a la casa del duque de Medina Sidonia, don Enrique de Guzmán, uno de los hombres más poderosos del reino y más influyentes, quien lo recibió en varias ocasiones pero que finalmente decidió abandonar la dudosa empresa[18].

Así entró en contacto con el duque de Medinaceli, don Luis de la Cerda, aunque el inicio de esta relación es controvertido pues mientras algunos autores como Juan Manzano y Manzano la sitúan el la última fase de la búsqueda de patronazgo, otros autores como Ballesteros creen que tendría dos fases, una primera cuando Colón arriba a Castilla y otra final, después del rechazo de Castilla y Portugal[19]. Sea como fuere, parece ser que el duque de Medinaceli en un principio estuvo dispuesto a asumir la empresa pero que después desistió al pensar que ésta necesitaba la aprobación real[20] y por ello aconsejó a Colón que volviera a insistir en la corte y le entregó una carta dirigida a la reina Isabel[21]. Según los cronistas, en esta misma llamada regia influyó el apoyo de tres destacados valedores: don Pedro González de Mendoza, fray Diego de Deza y Alonso de Quintanilla. En diciembre de 1489, a causa de que se creía que se acercaba el fin de la guerra, los reyes expedían en Córdoba una Real Cédula dirigida a todos los lugares del reino en la que ordenaban dar posada y mantenimientos a Colón para que pudiera desplazarse a la corte. En enero de 1490 se encontraba toda la corte de regreso en Jaén y allí se hallaba también Cristóbal Colón. Pero cuando había esperanza para el final de la guerra, Granada no se rindió, faltando el rey Boabdil a su promesa de entregar su reino.

Así, entre la corte y los Estados del duque de Medinaceli, Colón había pasado más de dos años sin ningún resultado positivo, por lo que decidió intentarlo con la corona francesa[22], y por ello su hermano Bartolomé se dirigió hacia allí en el 1489 o 1490, donde sostuvo negociaciones con Ana de Beaujeu, hija del difunto rey Luis XI y hermana mayor del rey Carlos VIII, aún menor de edad. Cristóbal Colón intentó en dos ocasiones desplazarse hasta Francia, una en 1489 y otra en 1491[23].

 

3. 3. 4 Cristóbal Colón de nuevo ante los Reyes Católicos

 

En 1491, Colón se dirigió al monasterio de La Rábida, según algunos para recoger a su hijo, con la intención de partir hacia Francia pero el fray Juan Pérez, quien creía en el proyecto de Colón, mandó llamar a su amigo el médico de Palos, García Hernández, entendido en astronomía, para que opinase sobre las ideas de Colón. El resultado fue una carta escrita por el fray Juan Pérez enviada a la reina Isabel a través de Sebastián Rodríguez, un piloto de Lepe, mientras que detuvieron en el monasterio a Cristóbal Colón hasta saber la respuesta de la reina[24].

Rodríguez encontró fácil acceso a la reina en el campamento real de Santa Fe, donde le entregó la misiva. Catorce días después regresó al monasterio con una carta de la reina en la que agradecía a fray Juan Pérez el haberle escrito y le pedía que fuera hasta la Corte. Y así fray Juan Pérez visitó a la reina a quien le expuso de manera elocuente y detallada el proyecto de Colón. Después de la exposición, la reina ordenó que Colón presentara de nuevo su proyecto y le proporcionó los medios para que se presentara decorosamente en la corte[25].

El 2 de enero de 1492, Cristóbal Colón presenció la rendición de Granada, el último reino musulmán que quedaba en la península ibérica[26]. Por fin, el momento en que los monarcas consideraran las proposiciones de Cristóbal Colón había llegado. Por ello se asignaron personas de confianza para que negociaran con Colón, entre ellos, Fernando de Talavera. Sin embargo, cuando se iniciaron las negociaciones, aparecieron inesperadas dificultades pues la principal condición de Colón era que se le concedieran los títulos y privilegios de almirante, virrey y gobernador de todas las tierras que descubriese y conquistase, además del derecho a un décimo de las ganancias que se obtuviese[27], el privilegio de invertir en la octava parte de todo navío con destino a los nuevos dominios y, finalmente, que estos títulos y prerrogativas fueran transmitidos a sus herederos[28].

 Todo ello sorprendió a quienes negociaban con él, quienes lo juzgaron de ambicioso pues si encontraba las tierras que prometía obtendría títulos y honores mientras que si no las encontraba no perdería nada ni sería castigado. Aún así, las condiciones de Cristóbal Colón eran firmes y no aceptó ninguna de las ofertas más moderadas que le ofrecieron[29], por lo que después de discutir de nuevo el proyecto, los hombres eminentes que se reunieron con él y los reyes volvieron a rechazar el proyecto[30].

Por ello, indignado por la oposición de concederle lo que solicitaba, Cristóbal Colón tuvo la intención de dirigirse hacia La Rábida con la idea de emigrar a Francia[31], pero no habiendo llegado a alejarse más de dos leguas de Granada, Colón era alcanzado por un alguacil de corte enviado por parte de los reyes para que volviera.

Los cronistas atribuyen esa repentina orden a la intervención directa de Luis Santángel ante la reina[32], pues al parecer los núcleos fundamentales de apoyo de Colón (los comerciantes genoveses y florentinos de Sevilla, los frailes de La Rábida de la corte, los financieros de la conquista de las islas Canarias, la casa del príncipe don Juan y el tesoro de la corona de Aragón, entre otros) habían constituido un tejido cada vez más sólido, ofreciendo primero apoyo moral, después influencia política y más tarde apoyo financiero[33], por ello se cree que todos los protectores de Colón actuarían conjuntamente ante los Reyes Católicos. Luis Santángel argumentaría que aunque el riesgo del proyecto era grande, en realidad no era muy costoso, mientras que podría proporcionar grandes beneficios. Además, tenía en cuenta los descubrimientos de Portugal que habían supuesto rectificar muchos supuestos científicos. Todo ello haría que los Reyes Católicos, e incluso Fernando de Talavera, desoyeran la lógica de la ciencia y apoyaran a Cristóbal Colón en una decisión personal, sumándose a esto la oferta de Santángel de prestar el dinero que pedía Colón para organizar la empresa[34].

Cristóbal Colón vaciló, pensando que otra vez tendría que someterse a los retrasos y vacilaciones de la corte, pero cuando fue informado de que la reina había tomado la empresa bajo su cargo y que había empeñado su real palabra, Colón volvió a Santa Fe.

 3. 4 Las Capitulaciones de Santa Fe (1492)

 

            Finalmente, el 17 de abril de 1492, Cristóbal Colón llega a un acuerdo con los Reyes Católicos y firman las Capitulaciones de Santa Fe, documento clave en la historia del descubrimiento de América y garantía que exigió Colón antes de embarcar, pues la iniciativa fue suya.

Las Capitulaciones fueron elaboradas y redactadas cuidadosamente por el secretario aragonés Juan de Coloma, representante de los reyes, y por el fray Juan Pérez, representante de Cristóbal Colón.

Lo primero que se ha discutido sobre este documento es su naturaleza jurídica, es decir, si fue un contrato o una merced. Si consideramos que es una merced, ésta hubiera sido una concesión, por tanto, susceptible a ser revocada siempre que los reyes lo creyesen oportuno, mientras que por otra parte, si consideramos que se trataba de un contrato, éste sería un acto bilateral en el que ambas partes tenían derechos y obligaciones. Posiblemente esta última interpretación sea la correcta, pues nos ayudaría a entender los Pleitos Colombinos o las reclamaciones por vía judicial contra la Corona hechas por los descendientes de Cristóbal Colón cuando entendieron que hubo un incumplimiento de lo capitulado en Santa Fe[36].

Otro punto de debate que ha suscitado las Capitulaciones de Santa Fe es su preámbulo, en el que podemos leer:

 

Las cosas suplicadas e que Vuestras Altezas dan e otorgan a don Cristóbal Colón en alguna satisfacción de lo que ha descubierto en las Mares Océanos y del viaje que agora, con el ayuda de Dios, ha de fazer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, son las que siguen”

 

A continuación, la primera cláusula dice “que Vuestras Altezas como Señores que son de las dichas Mares Océanas, facen dende agora al dicho Cristoval Colon su Almirante en todas aquellas islas e tierras firmas que por su mano o industria se descubrirán o ganarán en las dichas mares océanas” [37].

Los cronistas Bartolomé de Las Casas y Alonso de Santa Cruz consideraron ese “ha descubierto” un error del copista y lo cambiaron por ha de descubrir o habría de descubrir, pero actualmente, según las copias conservadas del original perdido, se acepta ya el “ha descubierto” del preámbulo[38], lo que hace pensar a algunos autores en  una referencia al posible predescubrimiento del continente americano, así como que el propio Colón se atribuía a sí mismo este predescubrimiento, que podría haber sido efectuado por otra persona[39].

Además, en el texto, se denomina a los Reyes Católicos “señores de las mares océanas”, pero esto no hace referencia al mar limítrofe al continente africano ni a las que pudieran descubrirse en esa dirección puesto que ya habían sido repartidas en el Tratado de Alcaçovas, sino que se refiere al Océano no navegado y sobre él nadie tenía derechos por no haber sido descubierto, pues para hacerlo, según el Derecho vigente en aquella época, cualquier monarca podía enviar a sus súbditos y reservárselo desde ese momento. Por ello, algunos autores creen que si los Reyes Católicos se titulan así es en virtud de que alguien lo ha navegado ya en su nombre, siendo éste Cristóbal Colón, lo que podría significar una confesión del predescubrimiento, pero esto sigue siendo objeto de discusión[40].

Los Reyes Católicos se comprometen a satisfacer las demandas de Colón:

1)      El cargo vitalicio, hereditario y perpetuo, de Almirante de la Mar Océana en todas las islas y tierras firmes que se descubrieran o ganaran.

2)      El título de Virrey y Gobernador General de los mismos territorios, con el derecho de proponer ternas a los reyes para los cargos oficiales.

3)       La décima parte de todas las ganancias de todas las mercaderías, independientemente el modo en que se obtuviesen

4)      Se reservaba el derecho indefinido de legislar y ser juez en las nuevas tierras, o en su defecto su lugarteniente.

5)      Se concede el derecho a contribuir, si así lo desea, en una octava parte de los gastos de cualquier armada, recibiendo a cambio la octava parte de los beneficios[41].

Además de las Capitulaciones, el 30 de abril los soberanos firmaron en Granada una serie de documentos para preparar la expedición a las Indias: una carta-merced, que confirmaba los cargos concedidos a Colón en las Capitulaciones del 17 de abril y le permitía usar el “don”; un pasaporte o carta credencial, redactado en latín, para los monarcas asiáticos con los que entraría en contacto y cinco reales provisiones para la preparación de la empresa[42].

Finalmente, con esta serie de documentos, Cristóbal Colón, después de muchos años luchando por efectuar su proyecto, se dirigió hacia el puerto de Palos para organizar lo antes posible el Gran Viaje que le llevaría a “descubrir” lo que hoy conocemos como América.

 

CONCLUSIONES

 

            A lo largo de este trabajo hemos podido ver la influencia del contexto histórico en la realización de la “empresa de las Indias”, la cual requería una personalidad como la de Cristóbal Colón para poder defenderla contra las adversidades que la propia época histórica puso en su camino. Sin embargo, aunque la personalidad del Almirante fue trascendental, su proyecto requería de otras necesidades que también tuvieron lugar en dicho contexto histórico, como pueden ser los avances en la ciencia y la navegación, con especial importancia la invención de la carabela, así como también tiene importancia la figura de los Reyes Católicos, reyes de Castilla, un reino con una situación geográfica privilegiada que impulsaba los descubrimientos atlánticos, aunque es cierto que el camino hacia el patronazgo de los Reyes Católicos no fue fácil puesto que hicieron falta siete años para que éstos accedieran. También hay que destacar la importancia de los protectores, sobretodo nobles y eclesiásticos, que consiguió Cristóbal Colón en Castilla, quienes le ayudaron en los momentos más difíciles, dándole soporte moral, político e incluso económico.

            Por todo ello hay que concluir que el mérito del “descubrimiento” de América no es atribuible solamente a Cristóbal Colón sino también a todos los que hicieron posible que su proyecto se realizara, aunque hay que resaltar la perspicacia de Colón en acudir a los lugares mejor situados geográficamente, como son Portugal y Castilla, así como también la paciencia que tuvo para esperar el momento oportuno hasta que Castilla accediera. Aún así, no hay que olvidar que Cristóbal Colón pensaba que había arribado a las Indias y no que era el primero en entrar en contacto con un nuevo continente, pues en realidad el “descubrimiento” de América es un proceso mucho más largo, por lo que se podría decir que Colón sólo puso las bases.

 

 

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Trabajo realizado por eli_silmarwen para la asignatura de Historia Moderna de España de la Universidad de Barcelona.