Lutero y su Legado

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Autor:  Galland

 

Lutero y su legado

“SE DICE que sobre [Martín Lutero] se han escrito más libros que sobre cualquier otro personaje histórico, con la excepción de su propio maestro, Jesucristo”, comentó la revista Time. Las palabras y acciones de Lutero favorecieron el nacimiento de la Reforma, movimiento religioso que se ha definido como “la revolución más trascendental en la historia de la humanidad”, contribuyendo así a cambiar el panorama religioso de Europa y poner punto final a la época medieval en ese continente. Además, Lutero sentó las bases de la normalización del alemán escrito, y su traducción de la Biblia sigue siendo sin duda la más popular en ese idioma.

¿Qué clase de hombre fue Martín Lutero? ¿Cómo llegó a tener tanta influencia en Europa?

Se convierte en un erudito

Martín Lutero nació en Eisleben (Alemania) en noviembre de 1483. Su padre, aunque trabajaba en las minas de cobre, se las arregló para costearle una buena educación. En 1501, el joven inició sus estudios en la Universidad de Erfurt, en cuya biblioteca leyó la Biblia por primera vez. “El libro me agradó enormemente —afirmó—, y esperaba ser digno de poseerlo algún día.”

A la edad de 22 años ingresó en el monasterio agustino de Erfurt. Posteriormente asistió a la Universidad de Wittenberg, donde se doctoró en Teología. Se consideraba indigno del favor divino, y en ocasiones sus remordimientos de conciencia lo llevaban a la desesperación. Pero el estudio de la Biblia, la oración y la meditación lo ayudaron a comprender mejor cómo ve Dios a los pecadores. Reconoció que el favor divino no se puede ganar, sino que Dios lo concede por bondad inmerecida a quienes tienen fe (Romanos 1:16; 3:23, 24, 28).

¿Cómo llegó Lutero a la conclusión de que su nuevo entendimiento era correcto? Kurt Aland, catedrático de Historia de la Iglesia Primitiva y de Estudios Textuales del Nuevo Testamento, escribió: “Hizo un repaso mental de toda la Biblia a fin de determinar si otras declaraciones bíblicas refutaban su hallazgo, lo cual solo lo reafirmó en su postura”. La doctrina de la justificación, es decir, de la salvación por fe y no por obras, o penitencia, siempre fue un pilar de las enseñanzas de Lutero.

Indignado por las indulgencias

Las ideas de Lutero respecto a cómo ve Dios a los pecadores lo pusieron en conflicto con la Iglesia Católica. En aquel entonces, la creencia general era que después de la muerte, los pecadores habían de sufrir castigo durante un tiempo. No obstante, se aseguraba que dicho período podía acortarse mediante la compra de indulgencias concedidas por la autoridad papal. Vendedores como Johann Tetzel, que actuaba como representante del arzobispo Alberto de Maguncia, se lucraban con la venta de indulgencias a la gente común. Muchos las consideraban una especie de seguro que cubría sus pecados futuros.

A Lutero le indignaba la venta de indulgencias, pues sabía que los seres humanos no pueden negociar con Dios. En el otoño de 1517 escribió sus famosas 95 tesis, en las que acusaba a la Iglesia de abusos económicos, doctrinales y religiosos. Con el deseo de fomentar una reforma, no una rebelión, Lutero envió sus tesis al arzobispo Alberto de Maguncia y a varios eruditos. Muchos historiadores señalan aproximadamente el año 1517 como la fecha del nacimiento de la Reforma.

Lutero no fue el único en lamentarse de los pecados de la Iglesia. Cien años atrás, el reformador religioso checo Juan Hus había condenado la venta de indulgencias; incluso antes que Hus, el inglés John Wyclef ya había señalado que algunas tradiciones mantenidas por la Iglesia no se basaban en la Biblia. Algunos contemporáneos de Lutero, como Erasmo de Rotterdam y el inglés Tyndale, pedían con insistencia una reforma. No obstante, la invención de Johannes Gutenberg de la imprenta de tipos móviles en Alemania hizo que la opinión de Lutero tuviera más impacto y difusión que las de otros reformadores.

En 1455, la prensa de Gutenberg había llegado a Maguncia. A principios del siglo XVI ya había prensas en 60 ciudades alemanas y en otros doce países europeos. Por primera vez en la historia, el público podía enterarse rápidamente de asuntos de interés. Quizás sin el consentimiento de Lutero, se imprimieron y divulgaron sus 95 tesis. La cuestión de la reforma de la Iglesia dejó el ámbito local para transformarse en una polémica generalizada, y Martín Lutero se convirtió de repente en el hombre más famoso de Alemania.

“El sol y la luna” reaccionan

Europa llevaba siglos en manos de dos poderosas instituciones: el Sacro Imperio Romano y la Iglesia Católica. Hanns Lilje, anterior presidente de la Federación Luterana Mundial, explicó: “El emperador y el pontífice mantenían entre sí una relación tan estrecha e inevitable como el sol y la luna”. Sin embargo, había muchas dudas respecto a quién era el Sol y quién la Luna. A principios del siglo XVI, ninguna de las dos instituciones estaba ya en la cúspide de su poder. Se respiraba una atmósfera de cambios.

El papa León X reaccionó a las 95 tesis amenazando a Lutero con excomulgarlo a menos que se retractara. Desafiante, Lutero quemó públicamente la bula papal que contenía la amenaza y publicó más obras en las que exhortaba a los principados a reformar la Iglesia aun sin el consentimiento del Papa. En 1521, el papa León X excomulgó a Lutero. Cuando este alegó que lo habían condenado sin que se le permitiera defenderse, el emperador Carlos V convocó al reformador para que compareciera ante la dieta —o asamblea imperial— de Worms. El viaje de quince días de Wittenberg a Worms en abril de 1521 tuvo el carácter de una procesión triunfal, pues el sentir popular estaba del lado de Lutero, y gente de todas partes deseaba verlo.

Una vez allí, Lutero defendió sus ideas ante el emperador, los príncipes y el nuncio papal. Juan Hus había tenido que someterse a una audiencia similar en Constanza en 1415 y había acabado en la hoguera. Ahora, con los ojos de la Iglesia y del Imperio fijos en él, Lutero se negó a retractarse a menos que sus oponentes demostraran con la Biblia que estaba equivocado. Pero nadie pudo estar a la altura de su conocimiento de las Escrituras. El resultado de la audiencia quedó recogido en un documento denominado el Edicto de Worms, por el que se proscribía a Lutero y se prohibían sus escritos. Excomulgado por el Papa y declarado fuera de la ley por el emperador, su vida corría peligro.

Entonces se produjo un giro de los acontecimientos tan asombroso como inesperado. En su viaje de vuelta a Wittenberg, Lutero fue víctima de un secuestro simulado, fruto de la benevolencia de Federico de Sajonia, que lo puso fuera del alcance de sus enemigos. Lutero fue introducido a escondidas en el castillo de Wartburg, donde se dejó crecer la barba y adoptó una nueva identidad, la del caballero Junker Georg.

La Biblia de Septiembre suscita una gran demanda

Durante los diez meses siguientes, Lutero vivió en el castillo de Wartburg como fugitivo tanto del emperador como del Papa. El libro Welterbe Wartburg (Wartburg: patrimonio de la humanidad) explica que “la época que pasó en Wartburg fue de las más prolíficas y creativas de su vida”. Allí completó uno de sus grandes logros, la traducción del texto de Erasmo de las Escrituras Griegas al alemán. Publicada en septiembre de 1522 sin identificar a Lutero como el traductor, la obra llegó a conocerse por el nombre de Biblia de Septiembre. Costaba un florín y medio, lo que equivalía al salario anual de una sirvienta. No obstante, su demanda fue asombrosa. En doce meses se imprimieron 6.000 ejemplares en dos ediciones, y en los siguientes doce años hubo por lo menos otras 69 ediciones.

En 1525, Martín Lutero se casó con Catalina Bora, quien había sido monja. Ella era una mujer con aptitudes, capaz de ocuparse de la casa y de satisfacer las demandas resultantes de la generosidad de su esposo. En la casa de Lutero no solo vivían su esposa y seis hijos, sino también amigos, eruditos y fugitivos. Al final de su vida, Lutero gozaba de tal prestigio como consejero que los estudiosos que se alojaban en su casa solían equiparse de papel y lápiz para anotar sus observaciones. Dichas anotaciones se reunieron en una colección titulada Charlas de sobremesa. Durante algún tiempo, esta obra gozó de una difusión en alemán únicamente superada por la de la propia Biblia.

Hábil traductor y escritor prolífico

Para 1534, Lutero había terminado su traducción de las Escrituras Hebreas. Consiguió equilibrar estilo, ritmo y vocabulario, y el resultado fue una Biblia fácil de entender para la gente sencilla. Con respecto a su método de traducción, Lutero escribió: “Hay que preguntar a la madre en la casa, a los niños en la calle, al hombre ordinario en el mercado y observar su boca para saber cómo hablan, a fin de traducir de esa forma”. La Biblia de Lutero sentó las bases para la normalización de la lengua escrita que llegó a aceptarse en toda Alemania.

El talento de Lutero como traductor se aunaba a sus dotes como escritor. Se afirma que durante sus años de trabajo redactó un tratado cada dos semanas. Algunos de ellos fueron tan polémicos como el autor. Si sus primeros escritos eran mordaces, la edad no amortiguó las estocadas de su pluma. Sus ensayos posteriores se hicieron cada vez más agresivos. Según el Lexikon für Theologie und Kirche (Léxico de Teología e Iglesia), las obras de Lutero revelan su “exceso de cólera”, “falta de humildad y de amor”, así como una “conciencia muy clara de su misión”.

Cuando estalló la guerra de los Campesinos y se produjo un baño de sangre en los principados, a Lutero se le preguntó qué opinaba del levantamiento. ¿Tenían razón los campesinos para quejarse de sus señores feudales? Lutero no intentó granjearse el apoyo popular dando una respuesta que complaciera a la mayoría. Creía que los siervos de Dios debían obedecer a quienes estuvieran en el poder (Romanos 13: 1 ). Por tanto, declaró con franqueza que la revuelta debía sofocarse por la fuerza: “A quien le sea posible debe abatir, estrangular y matar a palos”. Hanns Lilje destacó que dicha respuesta le costó a Lutero “su popularidad, hasta entonces extraordinaria”. Además, sus ensayos posteriores sobre los judíos que no se convirtieron al cristianismo, en particular el titulado Sobre los judíos y sus mentiras, han llevado a muchos a tildarlo de antisemita.

El legado de Lutero

La Reforma, alentada por hombres como Lutero, Calvino y Zwinglio, condujo a la formación de una nueva corriente religiosa denominada protestantismo. El principal legado de Lutero al protestantismo fue su doctrina fundamental de la justificación por fe. Todos los principados alemanes tomaron partido, o bien por el catolicismo, o bien por el protestantismo. Este último se difundió y ganó apoyo popular en Escandinavia, Suiza, Inglaterra y los Países Bajos. En la actualidad cuenta con cientos de millones de adeptos.

Hay muchas personas que a pesar de no compartir todas las creencias de Lutero, lo tienen en alta estima. En la anterior República Democrática Alemana, que abarcaba en sus fronteras a Eisleben, Erfurt, Wittenberg y Wartburg, se celebró en 1983 el quinto centenario del nacimiento de Lutero. El Estado socialista lo reconoció como figura excepcional de la historia y la cultura alemanas. En esa misma década, un teólogo católico resumió así la influencia de Lutero: “Ninguno de los que vinieron después se le pudo igualar”. El profesor Aland escribió: “Cada año aparecen un mínimo de 500 publicaciones nuevas sobre Martín Lutero y la Reforma, que se difunden en casi todas las principales lenguas del mundo”.

Martín Lutero poseía una inteligencia aguda, una memoria prodigiosa, un gran dominio de la palabra y una enorme capacidad de trabajo. Pero también era impaciente y desdeñoso, y reaccionaba con vehemencia frente a lo que consideraba hipocresía. En febrero de 1546, estando Lutero en su lecho de muerte en Eisleben, sus amigos le preguntaron si aún sostenía las creencias que había enseñado, a lo que replicó que sí. Él murió, pero muchas personas todavía se aferran a ellas.