Los Tercios de España

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GÉNESIS E INICIOS DE LOS TERCIOS

    Lo que  conocemos como Tercio es una unidad expedicionaria de intervención rápida, tanto en operacione navales como terrestres, que aparece en 1534 como consecuencia de la ordenanza promulgada en Génova por Carlos I  o V, según desde donde lo llamen, como agrupación táctica de las compañías destacadas en Italia.

    Se daba así forma definitiva al ejército gestado por Los Reyes Católicos tras la toma de Granada.

   El genio en lo militar de Gonzalo Fernández de Cordoba, había dotado al Ejército Español, de las tácticas adecuadas para la maniobra en el escenario de la guerra contra Francia, convirtiendo a la Infantería, dotadas de nuevas armas, en elemento estrella y eje ( de ahí uno de los factores porque el Gran Capitán se le considera que voló alto por entre sus contempóraneos ) ,como decíamos, la hizo el eje sobre el que pivotaran las demás armas.

    Apoyando y desbancando a los caballeros de origen y tradición medieval de ese carácter de factor decisivo de las batallas,  El Gran Capitán, tuvo que romper abruptamente con la tradición Milenaria de la Caballería, desde Belisario o Bizancio, pasando por CarloMagno hasta encontrarnos con los Normandos que definirían, con otros, la futura caballería pesada, con estribo y lanza de  acometida.

   La Infantería será a partir de entonces el núcleo de los ejercitos, la base sobre la que se articulará el poderío militar español durante los S. XVI y XVII.

   Se cuenta como tradición fundada que Carlos I se presentó a una revista de los Tercios en Italia, con una pica en la mano, como un soldado más, ante la estupefacción general, exigiendo ser inscrito como Carlos de Gante, soldado del Tercio del valeroso Antonio de Leiva.

   Este instrumento de  combate, fue hábilmente utilizado por un grupo de Generales, los más preparados y completos, que como D. Antonio de Leiva, el duque de  Alba, D. Juan de Austria, Filiberto de Saboya, Alejandro de Farnesio, Ambrosio de Spínola o el Cardenal Infante, supieron mantener durante más de un Siglo y Medio una hegemonía política y militar muy, pero muy por encima de las posibilidades ecónomicas y logísticas.

LOS  TERCIOS  - La problemática del origen de su término -

   No se ponen de acuerdo los especialistas de hoy sobre el origen del termino Tercio, como tampoco, ahí es nada, lo estuvieron los contemporáneos, argumentando unos que se denominó así por constituir cada uno una tercera parte de los efectivos totales destinados en Italia ( Tercios de Nápoles, Lombardía y Sicilia ), otros, por ser el de 3.000 hombres el número ideal de sus componentes, y otros en fin, por conjugarse en él la actuación de 3 tipos de armas combinadas: la pica, el arcabuz y el mosquete.

 

LOS TERCIOS    -  Organización y estructura  -

   En su origen, el Tercio es concebido como una unidad integrada por 3.000 hombres distribuidos en 12 compañias.

  Con el transcurso del tiempo el número de efectivos y las compañías adscritas a cada Tercio fueron variando, sin embargo, tanto su estructura orgánica como los cuadros de mando que coordinaban la actuación conjunta de estas unidades se mantuvieron constantes.

   El éxito de este  tipo de unidades se basó, tanto en su posibilidad de empleo independiente o integrado, como en su adaptabilidad táctica a la situación y a la especialización de sus componentes; es decir, a esa actuación conjunta de las 3 armas fundamentales empleadas cada cual para una misión y con una técnica diferente por piqueros, arcabuceros y mosqueteros.

   La actividad de los Tercios no se redujo al combate, sino que se extendió también a otros aspectos no directamente relacionados con éste, tales como la guarnición; escolta de personajes, nuevas reclutas y correos; obras de fortificación y demolición,etc.

   El objeto principal de esta singular máquina de guerra, ya que el Tercio no es solamente una unidad orgánica, sino que en múltiples ocasiones se  convierte en una agrupación táctica a la que se agregan otros elementos en apoyo para el cumplimiento de una misión especifica, es sin embargo, la acción, en sus diferentes modalidades y momentos, desde la marcha de aproximación hasta el aniquilamiento del enemigo.

   El estudio del Tercio como máquina de guerra, precisa la previa comprobación de las especialidades de sus elementos combativos, el de la técnica de empleo de las armas, el de sus movimientos tácticos y el sitio de plazas fuertes.

   Varias figuras profesionales se erigen en inspiradores, prácticos e instructores de la puesta en marcha del Tercio como máquina de guerra:

  -  A los más altos niveles, la del teórico o Tratadista, especialmente cuando se apoya en largos años de experiencia militar ( generales intelectuales, generales retirados, etc.)

  -  La del General, encargado de la aplicación a la situación y de la combinación óptima de todos los elementos puestos a su disposición.

   - La del Sargento Mayor, hombre clave como especialista en dar forma a las ideas del General y nexo insustituible entre la Teoría y la Práctica.

   - A menor nivel, a nivel de Compañía, el Capitán, su responsable, y el Sargento, delegado de éste último para el adiestramiento de la tropa.

 

EL PIQUERO Y SU TÉCNICA

   El piquero, más conocido como pica , en razón de su armamento principal, estaba dotado de esta arma enastada, considerada como la más antigua de las que estaban en uso en el S. XVI, llevando generalmente como complemento, una espada al cinto.

  En lo que respecta a su armamento defensivo se distinguía :

    La Pica seca o Piquero ligero : En este caso la protección se reducía al capacete o morrión y en ocasiones y tiempos más tardíos a un mero sombrero de fieltro.

    La Pica armada o piquero pesado, también denominado Coselete y emparentado con los Coracineros :  De la compleja armadura de los primeros tiempos, se va paulatinamente pasando a la simplificación del peto y espaldar, o peto solo.  Las escarcelas que protegían los muslos, colgando del peto por medios de correas con hebillas constituían una pieza esencial.

   El Coselete sencillo : Es el que se fue imponiendo, sustituyendo la celada por el capacete o morrión, reduciendo las escarcelas y abandonando los brazales.   A partir de la reforma de 1668, conservó solo morrión, peto y espaldar, para acabar únicamente con el morrión y el peto.

  Durante las marchas, la pica se llevaba ligeramente inclinada sobre el hombro derecho; y cuando el escuadrón hacía alto por algún espacio de tiempo se enarbolaba poniendo la mano izquierda lo más abajo posible con habilidad y destreza, colocando el cuento en medio de la palma de la mano, y dejandolo descansar después en el suelo.

   Se desaconseja caminar con la Pica arbolada, debido a su gran peso, cansándose el soldado, más en 10 pasos que en 1 milla sobre el hombro, y corriendose el peligro del Paloteo o entrechocar de las partes superiores de las picas con las más inmediatas, situación que podía conducir a un desorden general.

   En combate la Pica admitía 2 posiciones para los soldados de la 1ª fila y 1 posición general para los de las filas posteriores.

    Los de las filas posteriores, permanecían con la pica preparada contra el pecho, descansando equilibradamente por delante sobre el antebrazo y mano izquierdos y asida firmemente con la mano derecha desde detrás de ese mismo hombro.

   La 1ª fila adoptaba 2 posiciones posibles :

   Según si se tuviera que enfrentar con

    Contra otro Escuadrón  : Una vez echado el pie izquierdo hacia delante, se empujaba con la mano derecha el asta con fuerza hasta coincidir con la izquierda, mientras  que el pie derecho se adelantaba hasta la posición del pie izquierdo, echando todo el cuerpo también hacia delante, reforzando así el impulso del brazo a buena distancia, para volver a la posición inicial y repetiéndose el movimiento una y otra vez, ya en la misma posición, ya más avanzado o retrasado, segúnel éxito general del escuadrón.

   Contra carga de Caballería : Para frenarla, la Pica, sostenida con la mano izquierda, se apoyaba contra el empeine del pie derecho, formando un angulo de unos 30º , el cuerpo se echaba hacia adelante, la cabeza se mantenía al frente, y la mano derecha se llevaba a la empuñadura de la espada para hacer uso de ella una vez que se hubiera descabalgado al jinete enemigo, tras haber herido o muerto su montura.

 

ARCABUCEROS Y MOSQUETEROS

   Por lo general constituían tácticamente un cuerpo auxiliar integrado en las  formaciones de picas, aunque a veces desempeñaban funciones separadas.

   Órganicamente :  formaban parte de las compañías de picas, constituídas mayoritariamente por piqueros o bien formaban parte de las compañías de arcabuceros , constituídas mayoritariamente por arcabuceros y mosqueteros con un porcentaje de picas.

  Su armamento defensivo ideal era el primitivo capacete y cota con guantes de malla, o bien coraza completa, peto y espaldar. Con el tiempo se redujo drásticamente al morrión de hierro.

  Una espada podía completar su armamento, aunque era corriente que no la llevasen.

  Su arma principal era, el arcabuz de cañón de hierro montado sobre el fuste o caja de madera con una culata que facilitaba la puntería y que en los más primitivos presentaba una curiosa forma arqueada al objeto de sujetalos bajo el brazo y no apoyarlos en el momento de disparar.

   Los arcabuceros marchaban con el arma sobre el hombro izquierdo y en la misma mano llevaban la mecha.

   Para disparar, colocaban el arma con la mano derecha sobre la izquierda,  mientras que con la mano derecha sujetaban uno de los cabos de la mecha para meterlo en el serpentín, y con la mano izquierda el otro cabo, impidiendo que cayese a tierra. La mecha debía ser suficientemente larga a fin de que durase y no se perdiese con facilidad.

   Al efectuar el disparo no se empuñaba con la mano izquierda el cañón sino la caja, a fin de que éste no explotase.

   El fogón no se cebaba hasta el último momento, con el objeto de no perder la pólvora.

    El mosquete era un arma de fuego de mayor calibre y alcance que el arcabuz, cuyo peso exigía ser disparado apóyandose con una horquilla. Utilizada anteriormente como artillería de parapeto, fue introducida a partir de 1567 en la Infantería española por el duque de Alba.

   Los mosqueteros marchaban con el arma sobre el hombro derecho, con la mano izquierda llevaban la mecha y la horquilla, asegurada esta última al brazo con una tira de cuero.

   Para hacer fuego plantaban la horquilla con la mano izquierda y apoyaban el arma con la derecha, avanzando el pie derecho.

 

LAS FORMACIONES TÁCTICAS

   La formación táctica básica durante los S. XVI - XVII era el Escuadrón de picas.

   Todo lo demás: artillería, caballería e incluso armas de fuego individuales, apoyaban su acción. Sin embargo, la importancia de los arcabuceros iba creciendo con el tiempo, situandose cada vez en mayor número y profundidad en las mangas o flancos, para evitar los envolvimientos, y formando en las esquinas o cuernos otros pequeños cuadros compuestos exclusivamente por arcabuceros.

   El Arte de Escuadronear, es decir, de formar cuadros tácticos, fue una asignatura obligada en los mandos militares, especialmente del Sargento Mayor del Tercio.

   La multiplicidad de movimientos exigía un continuo entrenamiento de la tropa que acababa por moverse automáticamente a la voz de mando, que designaba de un modo genérico el cuadro a adoptar, sin necesidad de pormenores. Los golpes con el asta o con el plano de la alabarda por los sargentos espabilaban a los más tozudos o bisoños.

  El Sargento Mayor ordenaba formar el campo, procediendo a continuación a escuadronar teniendo en cuenta el espacio que cada soldado debía ocupar para amrchar desembarazadamente, aunque al iniciarse el combate las primeras filas debían cerrarse sin dejar el menor resquicio. Para las inmersos en su propio seno se calculaban también los espacios que cada caballo, carro, cureña o cañón completo debía ocupar.

   Las Banderas, formando también su cuadrado propio, y rodeadas de su Guardia de las Banderas , ocupaban el centro de los escuadrones.

Las formaciones básicas de las que todas las demás partían pueden reducirse a estas:

    El Escuadrón cuadrado, el Triángulo y la Media Luna.    Las combinaciones posibles era variadísimas, siguiendose los criterios tácticos de cada general.

   Las formaciones más corrientes eran:

   El Escuadrón Cuadrado: es decir, del mismo frente que fondo. Con la fuerza repartida por igual, esta formación era ideal cuando se temía un ataque enemigo por cualquiera de los lados y cuando la inferioridad propia era patente, debiendo apoyarse en este caso el escuadrón en el terreno ( río, peñascos, viñas, etc ) por los flancos y la retaguardia.

  Era eficaz contra Escuadrones prolongados y en Media Luna, siempre que contase con buenas mangas o flancos que evitasen que fuera cercado.

   El Escuadrón Prolongado: es formado por 3 cuadrados unidos, y tenía la ventaja de aparentar más fuerza de la real cuando presentaba su lado mayor, siendo corriente para proteger los bagajes en las marchas.

  El Prolongado en forma de Media Luna o Cornuto era una modalidad del anterior al que se alabeaban las alas a fin de que fueran éstas las que entrasen en contacto con el enemigo, mientras que el centro convenía que se mantuviese alejado.

  Se adoptaba cuando el centro o batalla contrario era más fuerte que el propio, y frente al Escuadrón Oval.

   El Escuadrón de Tres Medias  Lunas se utilizaba para proteger por separado un bagaje.

   Con sólo Dos Medias Lunas se denominaba Escuadrón Oval.

   El Escuadrón Triángular, o en Cuña  o  Cuneo, se formaba colocando 1 hombre al frente, seguido de 3 y aumentando 2 más en cada hilera.

   Era aplicable frente al Escuadrón Cuadrado, al Prolongado y al de Media Luna, ya que el número de gente de sus alas era superior a la que presenta el enemigo en vanguardia.

  El Escuadrón en Tenaza, estaba compuesto por 2 Esc. Triángulares acodados por la base.

  Se empleaba frente al Romboidal y frente al de Cuña, ya que podía dirigir ataques en mas sentidos y coger enmedio al escuadrón enemigo. La formación podía presentar un mayor número de dientes, con sólo dividir los efectivos totales por el número deseado, en este caso recibía el nombre de Escuadrón en Sierra, cuya modalidad de 3 dientes era la empleada contra El Escuadrón en Tenaza.

  El Escuadrón en Rombo estaba formado por 2 cuñas unidas por la base y con puntas opuestas.

  Muy utilizado contra la Caballería por su facilidad de volverse en cualquier dirección. Colocando un mando en cada punta se gobernaba con toda facilidad.

   Para que las bajas no causasen huecos en la formación que debilitasen la fila y por donde pudiera abrir cuña el enemigo, cada soldado, excepto los de la 1ª fila, tenía instrucciones de adelantar su puesto cuando el anterior quedaba vacío, guardando siempre las distancias ordenadas para poder combatir sin embarazo y que el escuadrón presentase una masa unitaria en la que todos se apoyaban en todos, con su retaguardia y flancos cubiertos.

 

 

 

 

 

 

Coracinero
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Patricio
Redactor MHMSocio MH
Desde: 19 Feb 2010

EL TERCIO EN COMBATE:   LA BATALLA CAMPAL

   La razón última de la creación del Tercio era la de poner en práctica ese compendio unitario de doctrinas, de organización y de entrenamiento.

   Cuando la unidad o el Ejército llegaba al campo de batalla, se emplazaba la artillería en el paraje desde donde podía ofender mejor, presentando menos blanco, y el General, asesorado por su Estado Mayor, analizaba los condicionantes de la situación, lo más comunes:

  Fuerza propia, fuerza del enemigo, terreno y factores ambientales.

   Determinando el análisis de estos factores la formación de combate a adoptar.

   De todos estos factores la entidad de la fuerza enemiga era el primero a considerar, comenzando por el arma que entraba primero en acción,

       Una inferioridad artillera debía determinar un ataque inmediato, antes de que se produjeran efectos de consideración.

   Una inferioridad en Caballería, la Infantería propia debía ocupar zonas accidentadas y viñedos, reforzando la Caballería con picas, bien protegidas y entremezcladas.

   Según la fuerza de Infantería enemiga, se emplearían unas formaciones de picas u otras, conservando en reserva un Escuadrón de Arcabuceros para compensar la posible inferioridad.

   Todas estas medidas se basan en la práctica y doctrina que aconsejaba oponer picas a la Caballería, ya que estas frenaban su carga.  Enfrentar Arcabucería a los piqueros, pues la protección del coselete o peto no era suficiente frente al pelotazo próximo, y lanzar Caballería contra los arcabuceros, que una vez disparada su arma, no tienen tiempo de volver a cargar.

   Las ordenes para la formación de los Escuadrones se transmitían rápidamente a través de los Sargentos Mayores y sus Tenientes y de éstos a los Sargentos que movían la tropa.

   Se trataba de movimientos muy ensayados y conocidos por los soldados y que se llevaban a cabo en absoluto silencio, bajo severas penas. El griterío venía despues, unísono y estremecedor, en el momento del choque.

   Dada la orden de avanzar a un mismo paso, los arcabuceros hacían fuego por filas, para acto seguido, ir a ocupar un puesto al final de la hilera, mientras cargaban el arma.

   Los mosqueteros, dotados de un arma de mayor alcance, salían de formación con bastante anterioridad, emplazando su pesada arma sobre la horquilla y abriendo fuego para arroparse en el escuadrón.

   Los piqueros de las primeras filas dirigían horizontalmente sus armas con ambas manos haciendo frente al Escuadrón enemigo, o bien plantaban cara a la carga de la Caballería. Las siguientes filas aguardaban el momento de ocupar la vanguardia con el arma armada, es decir apoyada sobre el brazo izquierdo y equilibrada. Los soldados de los extremos de cada fila, inclinaban las picas a derecha e izquierda, respectivamente, formando una especie de erizo.

   Quebradas con el choque inicial las primeras lanzas, la segunda hilera volvía a cerrar filas, mientras que los supervivientes de la primera fila, espada en mano, intentaban abrir brecha entre el bosque de lanzas contrario, labor en la que contribuían los Sargentos con su alabarda y aquellos capitanes que no empuñaban la pica junto a otros caballeros voluntarios en el puesto de honor de  la vanguardia.

   Ambas líneas de batalla ganaban o perdían terreno hasta que, tras un duro forcejeo, retrocedía francamente uno, introduciéndose en su cuadro y hasta las Banderas, numerosos espadachines y alabarderos enemigos, que causaban una gran carnicería, ya que las picas precisan espacio para jugar. Empezando a producirse las primeras deserciones entre las últimas hileras, para acabar por declararse el pánico y producirse la desbandada general.

  Esto era seguido por el alcance del vencedor, con intervención de la Caballería de reserva contra la que no cabía ya oponer Cuadro táctico alguno capaz de frenarla, y la intervención de las picas secas o picas ligeras de corazas, con la prohibición expresa y total de tomar botín hasta la llamada a formación

 

LOS HOMBRES QUE FORMABAN LOS TERCIOS - LOS SOLDADOS

   Quienes se alistaban al Tercio lo hacían impulsados por muy diversas motivaciones :

   La seguridad de una paga, cuya percepción regular, estaba teóricamente garantizada, esto constituía una buena razón.

   La posibilidad de hacer fortuna con los beneficios del botín que a cada uno pudiera corresponderle en una campaña afortunada.

   De ahí que acudiera un mayor número de personas cuando el reclutamiento venía motivado por las necesidades derivadas de las " Grandes ocasiones " y que, por el contrario, se ocultara a veces el destino real de las tropas para que no decayera el intéres en el alistamiento.

   Así de hecho ocurrió cuando el Ejército se reclutó en 1591, y se intervino en Aragón, cuyo destino final se ocultó hasta el último momento, no sólo para sorprender a los naturales, sino también porque el reclutamiento para intervenir en Francia ofrecía la posibilidad de mayores beneficios que el botín de una acción represiva sobre uno de los reinos peninsulares.

   Existía la posibilidad de seguir una carrera militar en la que mediante sucesivos ascensos nada impedía, como así sucedió en algunas ocasiones, que un simple soldado pudiera alcanzar los más altos puestos del Ejército.

  Había otras motivaciones más espirituales, pues en la España del S. XVI, el concepto de fama y de la propia estima era un poderoso impulso para las acciones más arriesgadas y el Tercio se ofrecía como el marco más adecuado para alcanzar fama y reputación en acciones señaladas.

   Y por encima de todo estaban los conceptos de Honor y Servicio, profundamente arraigados en la sociedad española de la época, pero que en el Tercio alcanzaba su más nítida expresión. El soldado estaba imbuido firmemente en la idea de ser un instrumento al servicio de Dios y de su rey y en el cumplimiento de su misión encontraba la ocasión de  acrecentar su más preciado tesoro, el propio honor.

   Los ideales señalados determinaban que cuando un Capitán desplegaba su bandera en el edificio más destacado del lugar que en la conducta ( era un oficio con información para el reclutamiento ) le había sido señalado para el reclutamiento de su compañía, los hombres que acudían a su llamada fueran de muy diversa condición, desde el humilde campesino hasta el hidalgo, sin que faltara a veces algunos miembros de familias señaladas que iniciaban su carrera militar como simples soldados.

   A todos ellos se les exigía que fueran sanos, fuertes y ligeros y, según Tratadistas de la época debían tener :

    ojos vivos y despiertos, cabeza derecha, pecho altoespaldas anchas, brazos largos, dedos fuertes, vientre pequeño, muslos gruesos, piernas delgadas y pies enjutos

  A quienes debían servir a bordo de los buques se les exigía además, poseer una buena dentadura que no fuera obstáculo para una alimentación cuya base principal era el duro bizcocho.

   Aunque no existían unos límites de edad expresamente establecidos, no solían ser admitidos los menores de 20 años ni los viejos ( esto hacía referencia más al aspecto y condiciones físicas que unos determinados límites de edad).

   Estaba prohibido el reclutamiento de frailes y clérigos, así como de enfermos contagiosos, junto con la recomendación de que la leva se efectuara " sin levantar los hombres de sus oficios o quitarlos de los amos que tuvieren ".

   Para comprobar su aptitud para el servicio de armas, todos los voluntarios tenían que ser probados en la carrera, el salto y la lucha.

   Tras la superación de estas pruebas físicas no adquirían su condición de soldados hasta la primera revista, en la que el Veedor comprobaba las cualidades de cada uno y rechazaba a quienes por la benevolencia de los Capitanes deseosos de completar su compañía, habían sido inicialmente alistados sin reunir las condiciones precisas.

 

EL   ADIESTRAMIENTO  Y  EL  ASCENSO   DE LOS SOLDADOS

   Aunque el adiestramiento profesional era competencia de los Sargentos auxiliados por los cabos de escuadra, la verdadera esencia y escuela la formaban los veteranos, muchos con más de 20 años de servicio, en cuyos grupos o camaradas se integraban.

  Como decía el duque de Alba: " una compañía de aquellos, con sola el asta y un palmo de bandera, hará de los nuevos soldados leones ".

   Para facilitar la adaptación y equilibrar la efectividad de las unidades, las nuevas compañías eran reformadas al llegar al punto de concentración o destino, repartiendo a los soldados bisoños entre las restantes compañías del Tercio, en donde en contacto con los veteranos adquirían rapidamente la técnica, las virtudes y los vicios de la infantería vieja.

   Para el ascenso se tenían en cuenta varias condiciones: mérito, aptitud, antigüedad y posición social.

   El mérito, por sí mismo, determinaba las ventajas y otros premios, pero no necesariamente el ascenso.

   La aptitud era más importante para ser seleccionado para desempeñar determinados cargos específicos.

   La antigüedad era a la vez un mérito y un requisito que se exigía para acceder al empleo inmediatamente superior.

   Algunos Tratadistas habían establecido unos tiempos mínimos de permanencia para el ascenso que solían ser los siguientes: ( los más simples se van a poner )

   5 años para ascender de soldado a cabo.

   1 año para ascender de cabo a sargento.

   2 años de sargento a alférez.

   3 años de alférez a capitán.

   La relevante condición social de un determinado soldado podía aconsejar una carrera dirigida en la que los requisitos de tiempo en cada empleo se redujeran, aunque nunca los de mérito y aptitud.

   Nadie adquiría un empleo cualificado si no demostraba aptitudes para ello y un adiestramiento previo.

   A los jóvenes de las grandes familias que ingresaban como simples soldados o " entretenidos " se les exigía más que a los demás, en razón de su cuna ,aunque con un tratamiento deferente y respetuoso que les permitía ocupar en combate los primeros lugares, en donde a cambio de un mayor riesgo, abundaban las ocasiones de destacar y, por tanto de obtener una merced.

   Para cualquier soldado, el primer testimonio de sus méritos lo obtenía al alcanzar una " ventaja particular ", que era un sobresueldo concedido a quienes destacaban en el combate, aunque había también " ventajas ordinarias " de 1 escudo al mes que se repartían entre los veteranos que más se habían significado en cada campaña.

 

LOS MANDOS DE LA COMPAÑÍA

   Al frente de cada compañía se encontraba el Capitán, designado por el Rey, que firmaba la correspondiente patente, entre quienes reuniendo las condiciones de veteranía exigidas, destacaban por virtudes tales como el don de mando, la fortaleza, la prudencia, la severidad, la ciencia en la milician y el conocimiento de sus hombres.

   Era el hombre que ejercía el mando, la administración y la justicia en la compañía, siendo responsable del adiestramiento de sus mienbros, tanto en los ejercicios de conjunto como individuales, así como del buen estado del equipo y de las armas.

   Mantenía la disciplina y la moral de sus hombres, basando su autoridad en un comportamiento ejemplar y haciendose acreedor al respeto de sus subordinados, no por los méritos de cuna, sino por los que se derivaban de su actuación y sus hechos.

   Diestro en el manejo de toda clase de armas, pero en especial de la espada y de las propias de su compañía, designaba a los oficiales mayores y menores de la misma.

   Entre los oficiales mayores:

   El Álferez, era el lugarteniente del Capitán y quien ostentaba el mando en su ausencia, aunque su función más caracterizada era la de ser responsable y portador de la Bandera, tanto en el combate como en la parada.

   El Álferez era el encargado de transmitir las aspiraciones y necesidades de  la tropa, siendo el espejo en el que todos se miraban. Por ello, desde 1585 se exigió para alcanzar  este empleo al menos 6 años de servicios y que fuera " dispuesto y gallardo ".

  El Sargento era el oficial ejecutivo del Capitán para todos los aspectos tácticos y administrativos de la compañía, siendo el encargado de la instrucción y buen orden de la tropa, tanto en combate como en guarnición.

   Entre sus misiones más importantes figura la de colaborar con el Sargento Mayor del Tercio en la formación del Escuadrón, por lo que se requería que tuviera ciertos conocimientos de letras y números, por lo cual no siempre era elegido el más antiguo de los cabos de escuadra, sino aquel que a juicio del Capitán reuniera los requisitos exigidos.

  Cabos de Escuadra, se escogían de entre los soldados, y esta era la unidad subalterna de la Compañía, compuesta por unos 25 soldados, de los que era el responsable inmediato.

   Era el auxiliar del Sargento en aspectos tácticos.

  El  Furriel, era el soldado administrativo auxiliar del sargento en estos menesteres.

   El Abanderado, escogido entre los soldados, que era el encargado del transporte de la bandera, plegada sobre el hombro.

   Se diferenciaba del Álferez, en que éste era a quien correspondía el honor de desplegarla en combate, de abatirla ante el Rey o de tremolarla con una sola mano en las paradas, para lo que era necesario cierta gracia, fuerza y entrenamiento.

  Entre los oficiales menores:

   El Barbero, que era el encargado del primer nivel de la aención sanitaria.

   El capellán, que se limitaba a la administración de los sacramentos y celebrar Misa.

   La predicación quedaba reservada para quienes tuvieran reconocida la condición de Predicador.

   Los músicos. Cada Compañía tenía 1 pífano y 2 atambores con la doble función de levantar el ánimo de la tropa y de transmitir aquellas ordenes que no podían ser oídas a viva voz, a pesar del riguroso silencio que, bajo pena de vida, era preciso guardar en formación hasta el momento del alcance.

   El pífano acompañaba desde 1505 a los atambores en la formación, aunque todos los toques de ordenanza quedaban reservados a los atambores. Estos cometidos solían ocuparlos pajes y criados jóvenes que eran cuidadosamente instruidos para ello por el Atambor Mayor del Ejército.

 

LA ESTRUCTURA ORGÁNICA DEL TERCIO

   En su origen, el Tercio fue  concebido como una unidad integrada por 3.000 hombres distribuidos en 12 Compañías, para poder actuar con independencia en el seno de un Ejército, aunque en el transcurso del tiempo, el número de los soldados y las compañías adscritas a cada Tercio fueron variando de acuerdo con las disponibilidades y exigencias de cada momento.

   Entre esas 12 Compañías, idealmente que constituyab el Tercio, 2 eran de Arcabuceros y las restantes 10 de piqueros, aunque dentro de éstas había también un determinado número de arcabuceros y mosqueteros.

   Al frente de esta estructura se encontraba el Maestre de Campo, que asumía todas las competencias, tanto militares como administrativas.

   Designado por el Rey, disponía de una escolta personal integrada por 8 alabarderos, y de él dependían los oficiales mayores del Tercio.

   Como ocurre a nivel Compañía:

   El Sargento Mayor, era el oficial ejecutivo, encargado de llevar a la práctica las ordenes del Maestre de Campo.

   Cometidos como supervisar los aspectos logísticos, la organización de la marcha, aunque su tarea fundamental era la de preparar para el combate a la unidad y sobre todo la de realizar, con prontitud y eficacia el escuadronamiento del Tercio en sus diferentes modalidades, en esto es auxiliado por los Sargentos de las Compañías.

   Entre los oficiales mayores del Tercio, estaban el Furriel Mayor, el Atambor Mayor y el Capellán Mayor, con misiones equivalentes a los de Compañía, sobre los que ejercían una función de jerarquía y coordinación.

   El Barrachel de Campaña, era el encargado de mantener la disciplina y la policía de los  soldados, tanto en el alojamiento como fuera de él. En estas misiones era auxiliado por varios Alguaciles, con los que podía perseguir a los desertores e imponer castigos.

   De la instrucción de las diligencias judiciales en los asuntos civiles y criminales del Tercio se encargaba el Auditor, que contaba con varios auxiliares como el Carcelero y 1  Verdugo.

   De la asistencia sanitaria se encargaban 1 Médico, 1 Cirujano y en determinadas ocasiones 1 Boticario, pues cuando el Tercio se integraba en el seno de un Ejército podían colaborar en la atención del Hospital Real el mismo.

  Los Aventureros o Entretenidos, se encontraban junto al Maestre de Campo, constituyendo una especie de Estado Mayor, y con los que formaba también su propia Camarada ( como los soldados ), pues esta peculiar institución no quedaba reservada a los soldados, sino que alcanzaba también a los Capitanes y los más altos mandos del Tercio.

LA LOGÍSTICA  EN LOS TERCIOS

   Uno de los pilares fundamentales de la eficacia de los Tercios era el complejo sistema de apoyo logístico que fue desarrollandose a lo largo de los años en torno a un competente grupo de funcionarios encargados de atender a las necesidades del elevado número de personas que formaban parte de las fuerzas o que se desplazaban con ellas.

   Facilitar un alojamiento adecuado a este gran número de personas era uno de los mayores problemas, pues junto a los 3.000 teóricos soldados de un Tercio, había un número igual de acompañantes ( vivanderos, comerciantes,criados,etc)

   Facilitar el alojamiento necesario era obligación de las poblaciones atravesadas por el Tercio en su marcha, pero las resistencias eran muy grandes, tanto por los problemas derivados de la soldadesca como porque el consumo de alimentos para una concentración tan númerosa ocasionaba graves trastornos en esa economía de subsistencia que era habitual en las poblaciones rurales de la época.

   Por esto los Comisarios encargados de fijar el recorrido de los Tercios estaban sometidos a fuertes presiones para evitar determinados lugares. Su cometido no era fácil, pues la limitada capacidad de recepción de personas de los municipios de la época hacia tener que distribuir adecuadamente el número de soldados que podían alojarse en cada lugar.

   Lo ideal es que " Las compañías se dieran la mano ", por estar acomodadas en pueblos contiguos sin espacio entre ellas. Este sistema pedía gran habilidad al fijar el orden de marcha de cada Compañía, para que los tramos a recorrer fueran similares e iguales las condiciones  de alojamiento en cada jornada. En cada lugar se reservaban las mejores casas para los Oficiales, mientras que el resto de los soldados era acomodado de la mejor manera posible, por los Furrieles y Cabos que procuraban mantener unidas a las " Camaradas ".

   Las Camaradas eran grupos de 5 o 6 soldados de una misma compañía, vinculados por especiales lazos de amistad y mutua colaboración, que compartían la vida en común. El sistema que comenzó de una manera espontanea fue favorecido por el Mando, al comprobar que fomentaba la conciencia de unidad y facilitaba la atención a las necesidades de la vida cotidiana, por lo que llegó a prohibirse que los soldados vivieran solos.

   Cuando el camino a recorrer era por terreno despoblado, se pernoctaba al raso, agrupandose las camaradas en torno a su correspondiente fogata o guareciéndose, si las condiciones lo hacían necesario, bajo barracas o chozas ligeramente construidas con material de ocasión.

   En campaña y con el fin de garantizar la seguridad de la unidad, se construían campamentos fortificados, de acuerdo con unas normas estrictas adaptadas a las necesidades del momento.

   El campamento solía tener una cerca rodeada por una trinchera o foso. Tras el recinto defensivo se situaban los cuerpos de guardia, uno a vanguardia y otro a retaguardia, en donde permanecía reunido el retén, compuesta por la tropa que no estuviera de centinela o ronda, presta a acudir a las armas. En un lugar próximo y bajo su vigilancia se instalaban los " horcones " o armeros para picas y armas de fuego y la " tabla de juegos " en común.  Tres  pasos más atras se situaban los fogones, debidamente protegidos para evitar incendios. A cuatro pasos de los fogones ser alineaban las barracas, separados 3 o 4 pies como medida de seguridad e higiene. Cada 2 filas se trazaba una amplia calle.

   Los Oficiales disponían de tiendas embreadas, con las de los Álfereces en la primera fila, tras el fogón y junto a las banderas. Los Capitanes se alojaban en la última fila, justo tras los sargentos. Las tiendas más espaciosas se reservaban para la capilla y para alojamiento del Maestre de Campo y del Sargento Mayor.

  A retaguardia y 20 pasos más atras del Maestre de Campo se instalaban las tiendas de los vivanderos, los comercios y las cantinas que acompañaban al Tercio.

   Este modelo de campamento se complicaba cuando era formado por varios Tercios con las unidades de apoyo de Caballería y artillería.

   Con un trazado que recordaba los campamentos romanos, disponía de un amplio espacio para Escuadronar y cuarteles asignados a cada Tercio, así como zonas protegidas para la artillería y la impedimenta.

   Cuando se guarnecía en una ciudad, el Tercio tenía sus cuarteles en las torres, baluartes y edificios próximos a las murallas, aunque en épocas de larga permanencia la tropa se distribuía por toda la población. En estos casos era frecuente que periodicamente se mudase el alojamiento de las Compañías para evitar los  " amancebamientos ", preocupación para los mandos, no sólo por sus aspectos morales, sino porque eran origen de constantes problemas.

 

EL VESTUARIO DE LOS TERCIOS

   El equipo habitual de un soldado estaba formado por una ropilla, unos calzones, dos camisas, dos medias calzas, un sombrero y un par de zapatos.

   Pero, no puede hablarse de uniformidad en sentido estricto, pues a pesar de los intentos periódicos que se hicieron, las prendas varíaban mucho, y por otra parte cada soldado podía hacer uso de sus propias prendas.

   Cuando se alistaba un Ejército se encargaba la confección de un elevado número de equipos de vestuario, pero era raro que luego se distribuyeran completos a todos los integrantes de una unidad.

   Lo corriente es que sólo se vistiera a los más desnudos y a los otros se les entregara solo las prendas que les faltaban.

   Si la Campaña se preveía corta había cierta resistencia a facilitar demasiados efectos por la dificultad de poder descontar, luego, el importe de estos cargos. Teniendo en cuenta que un uniforme completo oscilaba en torno a los 100 reales, a los que había que sumar el coste del amamento que cada uno recibía.

   Estas circunstancias hicieron que la variedad indumentaria fuera una característica de estas unidades, en las que tampoco era muy extraño encontrar a muchos de sus hombres vestidos como auténticos mendigos.

   Las llamadas apremiantes del Maestre de Campo para que se aliviara la situación era frecuente en todos los Tercios, sobre todo cuando lluvia o rigor del invierno se hacía sentir con mayor crudeza.

   Al tratar esto de una historia militar durante más de 2 siglos, es imposible generalizar, pues junto a testimonios del impacto causado por la arrogancia y brillantez de las tropas españolas, hay otros como la dramática impresión entre los católicos franceses el ver a los soldados del Tercio de D. Juan del Aguila cuando en 1590 desembarcaron en Blavet tras una durísima navegación desde el Ferrol. Los famélicos soldados que llegaron cubiertos de harapos movía a compasión a las damas bretonas que esperaban a la mejor Infantería de Europa, aunque esta sensación se trocó pronto en admiración, al comprobar como aquellos hombres maltrechos Escuadronaban con orden y rapidez, a la voz de su Sargento Mayor, para arrollar inmediatamente a las tropas enemigas.

 

LA ASISTENCIA SANITARIA EN LOS TERCIOS

  Para un combatiente, reviste especial importancia el saber que, en caso de necesidad dispondrá de la cobertura precisa para cuidar de sus heridas y atenderle en sus enfermedades.

  Por eso, los ejércitos españoles dispusieron desde época temprana de un dispositivo sanitario estructurado en varios niveles, modélico en su concepción y eficaz en su funcionamiento.

   Todas las Compañías disponían de 1 barbero, que además de cuidar de las barbas tenía que encomendados los primeros auxilios sanitarios. Aún sin eran profesionales con formación teórica especial, las Compañías ponían cuidado en encontrar a hombres cuyos conocimientos prácticos proporcionaran una sensación de seguridad en el combate. La figura del barbero-practicante ha sido la base de nuestro sistema sanitario rural hasta épocas muy recientes, y la mejor prueba del grado de satisfacción de los soldados con estos, lo vemos en que aparte de su sueldo oficial, estos barberos recibían una gratificación complementaria recaudada entre los soldados de la Compañía.

   Cada Tercio disponía en su organigrama de 1 Médico y 1 Cirujáno, siendo frecuente la presencia de 1 Farmacéutico. Casi todos tenían formación universitaria y solo en el caso de los Cirujános podía darse el caso que fueran romancistas, es decir, sin titulación pero con una dilatada experiencia práctica especialmente en heridas de combate.

  El nivel superior correspondía al Hospital General del Exercito de S.M., una formación sanitaria que estaba presente en todas las campañas de nuestras tropas. No era una unidad de apoyo al Tercio, sino al Ejército, pero en muchas ocasiones los sanitarios de cada uno de los Tercios se integraban en él.

    Bajo las órdenes de 1 Administrador general, solía ser un clérigo especialmente capacitado, podía contar con más de 100 personas entre sanitarios, enfermeros, auxiliares y oficiales, desde los que se encontraban desde el mayordomo y el comprador, hasta el dietero, el sumiller, tinelero o enterrador, sin olvidar a los capellanes, que además de su función espiritual colaboraban activamente en el cuidado de los enfermos.

   El Hospital solía instalarse en algún edificio requisado para este fin, aunque si no era posible, podía ser desplegado en unas tiendas de campaña especiales. Contaba con el material necesario para armar los lechos junto con las sábanas, cabezales, frazadas y cobertores precisos. Tenía el utillaje preciso para la preparación de las comidas y su distribución junto con las dietas para los enfermos. Una bien nutrida botica e instrumentos para aplicar tratamientos completaban su equipamiento, junto con el material quirúrgico, que tenía que ser aportado por cada uno de los cirujanos.

   El mantenimiento de esta estructura corría también a cargo de los soldados, descontandosele de sus sueldos el llamado Real de Limosna. Las  multas impuestas por los Auditores militares y el producto de la venta de los efectos personales de aquellos enfermos que fallecían sin haber testado eran destinados también para el sostenimiento del hospital, aunque en casos de especial necesidad se recurría también a las limosnas de los prelados y a las contribuciones que en forma de alimento llegaban desde diferentes lugares.

 

LA ALIMENTACIÓN EN LOS TERCIOS

   La alimentación corría a cargo de los propios soldados, que con su paga habitual de 3 escudos al mes, tenían que hacer frente a los gastos de su equipamiento y manutención.

   En campaña, el proveedor general del ejército se encargaba de garantizar el suministro de los víveres necesarios, aunque estos eran descontados del sueldo de  cada soldado. Para ello se embargaba e inmovilizaba grandes cantidades de grano y otros productos en depósitos situados estratégicamente en los lugares donde se iba a operar para las necesidades de los soldados a unos precios asequibles, aunque cuando se transportaba desde muy lejos se encarecía mucho los precios.

   Este sistema, habitual en un ejército, no se aplicaba cuando el Tercio operaba individualmente, pues sus necesidades se podían cubrir mediante un reparto de sus Compañías por las poblaciones.

    La eficacia de este sistema se basaba en las disponibilidad económica de los soldados y en la capacidad de los pueblos para facilitar los suministros. Lo cual no era sucedía con frecuencia.

    Era frecuente los retrasos en las pagas por lo que no podían hacer frente a los gastos de alimentación y los precios estaban sometidos a un lógico proceso inflacionario por el rápido incremento de la demanda. Lo cual daba que los soldados se tuvieran que empeñar.

   O la escasez de alimentos, ya por zona pobre o castigada o por ocultar las resevas los campesinos, ante los problemas de cobrar lo que vendían o para garantizarse su subsistencia tras el paso de las tropas.

   Ante la falta de recursos, hubo Capitanes que para alimentar a sus soldados tuvieron que adelantar el dinero necesario de sus propios fondos, aunque con más frecuencia se recurría a procedimientos irregulares como imposición de impuestos ilegales o el pillaje ( aunque castigado severamente por leyes militares) que era dificil de contener cuando los soldados se morían de hambre.

   La preparación de los alimentos corría a cargo de las Camaradas, por rotación se encargaban de cocinar en los fogones del campamento.

    En guarnición o en alojamiento en casas particulares, se solía concertar la alimentación con la dueña de la misma, sistema que ocasionaba problemas e incluso disturbios, cuando el Tercio tenía que abandonar precipitadamente una ciudad, sin cobrar las pagas, y por tanto no pudieran liquidar las deudas contraidas con sus hospedadores.

 

 


O Fortuna, velut Luna, statu variabilis.    Semper crescis aut decrescis, vita detestabilis.    Nunc obdurat et tunc curat, ludo mentis aciem.
Egestatem, potestatem, dissolvit ut glaciem.   Sors immanis et inanis, rota tu volubilis. Status malus, vana salus semper dissolubilis.  Obumbrata et velata, midhi quo que niteris. Nunc per ludum dorsum nudum, fero tui sceleris.  Sors salutis et virtutis, midhi nunc contraria, est affectus et defectus, semper in angaria.     Hac in hora, sine mora, corde pulsum tangite. Quod per sortem, sternit fortem, mecum omnes plangite.

 

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EL ASEDIO EN LOS TERCIOS

 

   El Tercio tuvo a lo largo de su historia más oportunidades de combatir en asedios que a campo abierto.

   En el asedio lo primordial era montar el campo en lugar adecuado, defendible, bien abastecido de agua, y fuera del alcance de la artillería enemiga. Era la base de operaciones de soldados, zapadores, ingenieros y gentileshombres de artillería, encargados de realizar las obras de atrincheramiento con el que rodear la ciudad, avanzando por la superficie, y bajo ella, para aproximar a cubierto los cañones para batir la base de los muros y minarlos, al objeto de abrir brechas que permitieran el asalto por medios de escalas, rodelas, broqueles y garfios. De ese mismo campamento salían cada mañana los destacamentos de caballería destinados a Correr la campiña con misiones de descubierta y acopio de víveres.

   Llevado a cabo un reconocimiento de la plaza lo más perfecto posible, y elegido el lugar mejor para batir, se aproximaban de noche y con todo sigilo, las piezas,fortificandose y rodeandose su emplazamiento de cestones, sacos terreros y trincheras.

   Esta batería hacía fuego continuo, día y noche con pelota de hierro si se trata de fortificación dura ( muro, baluarte ) o de plomo si se trata de una mera trinchera de reparos y maderos.

   Una vez abierta la brecha y mientras se lanzaban las fuerzas al asalto, continuaban haciendo fuego los cañones, pero únicamente con salva, a fin de que los sitiados desconocieran el momento del asalto y no acudiesen en masa a su defensa.

   Mientras se llevaban a cabo las operaciones de cerco tendentes a impedir la entrada y la salida de la ciudad y a fortificarse las tropas atacantes, se tenía en todo momento preparado a cubierto un Escuadrón, que había de acudir a rechazar cualquier contraataque y que también realizaba las maniobras de diversión que despistasen al enemigo sobre el lugar donde se iba a volcar el esfuerzo principal.

   Ocuapda la ciudad, el enemigo se retiraba a la ciudadela o castillo, que precisará de su propio asedio por hambre, su toma por asalto, o su entrega por trato, que eran otras maneras de conquistar las plazas fuertes.

   Si la eventual epidemia, el aviso de llegada de socorros enemigos u otra circunstancia obligaban a levantar un cerco, esto se había de hacer con grandes medidas de seguridad y formando un fuerte Escuadrón que cubriera la retaguardia.

   La defensa de plazas fuertes sólo estuvo encomendada a los Tercios en contadas ocasiones,  tratándose por lo general de ciudades tomadas poco antes y los escasos presidios, ya que normalmente la guarnición de las villas correspondía a soldados provinciales o nativos del país, que juntamente con los burgueses, se aprestaban a resistir.

 

LOS TERCIOS. SU CONFIGURACIÓN E INSPIRACIÓN.

   Bartolomé Scarrión de Pavía con su Doctrina Militar de 1598 nos deja apuntado la inspiración:

  " Un Tercio debe ser ordinariamente de 15 Compañías de a 200 soldados cada una, que vienen a ser 3.000 soldados, a imitación de las Legiones Romanas... Debe un Tercio tener 2 o 3 Compañías de Arcabuceros; tales Compañías se tienen más en cuenta porque trabajan más; a ellas les toca, marchando, ir de vanguardia y retaguardia, tomar puestos, hacer escoltas, hacer puentes, ir a descubrir, correr la campaña, y finalmente, todas las expediciones y prestezas de guerra, y así los soldados de estas Compañías son de lo más mozos, alentados, diestros, sueltos, recios y sufridos a los continuos trabajos; y por esta causa no deben hacer guardia de noche, sino de día, y también se les da a todos 1 ducado más de la paga ordinaria cada mes. Los Capitanes de estas Compañías débense elegir de los más viejos del Tercio, pues son tenidos un poquito más en cuenta, y en ausencia del Maestre de Campo, al más viejo toca gobernar el Tercio. "

   Los primeros Tercios que se crearon fueron los de Lombardía, Nápoles y Sicilia en 1534, y en 1536 en cumplimiento de una ordenanza sobre la organización de los Tercios departamentales, se agregó a los 3 citados el Tercio de Málaga.

  Esta ordenanza es muy interesante porque permite apreciar con exactitud la organización de cada Tercio : un Maestre de Campo, un Sargento Mayor, un Furriel Mayor, un Municionero, un Tambor General y 300 soldados por Compañía, debiendo ser  el Capitán de estas un sujeto español de calidad y mérito.

   Según Clonard ( Historia orgánica ) desde 1566 a 1597, Felipe II creó 23 Tercios más, sin duda, se disolvería o reformaría alguno, o sería muy breve la duración de otros, como ocurrió con los que para la campaña de Portugal se levantaron, porque de las relaciones de guerra del reinado de Felipe II , no resulta nunca que existieran a un tiempo los 23 Tercios.

   Docenas de veces los Tercios se negaron a combatir porque se les debía una o varias soldadas. Ante los Tercios extranjeros los Capitanes carecieron en la mayor parte de las ocasiones  de argumentos para hacerles salir al campo de batalla.

   No ocurrió así en multiples casos con las tropas españolas.

 P. Giovio ( Le vite del Gran Capitano e del Marchese di Pescara ) cita la ocurrida con el marqués de Pescara en la guerra de Lombardía, ante los muros de Sant´Angelo, mausoleo de Adriano reconvertido en fortaleza, de última tecnología, gracias a Papas como los Borgia o Julio II, en Roma:

   " ... Fue al encuentro de los españoles y, tras convocar a todos a discusión, los animó pidiéndoles que mantuvieran aquella disposición que siempre habían mostrado: honrada, magnánima e invicta. Les dijo que se habían escuchado expresiones de algunos, saqueadores más que soldados, quienes sostenían que los españoles no se molestaban en tocar los estandartes si antes no recibían dos pagas; y que tal hecho indigno de hombres de valor, dado que era falso, él mismo lo había negado en consejo... porque en verdad sabía que los españoles no van a la guerra en disposición de jornaleros, según la costumbre de los soldados mercenarios, sino que están habituados a combatir por la gloria, por los triunfos y por la reputación. Así, ¿qué inoportunidad mayor ni cosa mas vana había la de pedir las pagas a capitanes en apuros y sin dineros?, ¿acaso no advertían ellos mismos contaban con tesoros al alcance de sus manos, acaso el emperador con él mismo deudas mucho mayores que las que tiene con los soldados? El cual ( emperador) aunque se halle lejos de Italia, no deja de conocer la disposición de los suyos, a quienes al cabo de poco tiempo se dispone a premiar con honra."

 

 

BIBLIOGRAFIA

Julio Albi de la Cuesta y otros- La Caballeria española. Tabapress 1992

Francisco David Morejón- Politica y mecanica para sargento mayor del tercio. F. poppens 1648

Manuel Gracia Rivas- Los tercios de la gran armada 1587-1588. Ed. Naval 1989

Marcos de Isaba- Cuerpo enfermo de la milicia. M. defensa 1991

Jerónimo Jiménez de Urra- Dialogo de la verdadera honra militar. M.defensa 1992

Sancho de Lodroño- Estudio de la disciplina. M. defensa 1993

Pedro Marrades- El camino del Imperio. Espasa 1943

Benardino de Mendoza- Comentarios de la guerra de los Paises Bajos 1592

Diego Nuñez Alva- Dialogos de la vida del soldado 1589

Hugo O´donnell y Duque de Estrada- La fuerza de desembarco Gran Armada 1588- Madrid 1989

Geoffrey Parker - El ejercito de Flandes y el camino español. Alianza editorial 1986

René Quatrefages - Los tercios. Ed. Ejercito 1983

3

Expongo algunas anécdotas y puntos interesantes sobre los Tercios Españoles.

-Los Tercios Españoles, eran conocidos en Italia como bisoños, porque era la primera palabra que pronunciaban en italiano. Bisogno, en italiano, significa necesito.

Esto es decir todo de las premuras de todo órden que tenían los soldados españoles.

- A mediados del siglo XVI el Duque de Alba organizó una de sus escapadas de guerra. Partió de Cartagena con 40 galeras rumbo a Italia. Eran cerca de 11.000 hombres, divididos en cuatro tercios.

 Acompañaban a estos 11.000 españoles unas 2.000 prostitutas italianas. Cinco soldados y medio por moza. Tal era la organización y efectividad de los tercios españoles que hasta las meretrices estaban organizadas en compañías.

El Duque de Alba contaba con que tal provisión de sexo evitaría un buen número de problemas con la población civil que el ejército fuera encontrando en su viaje. Y sostenía que lo justo para evitar problemas y para que la tropa estuviera “satisfecha”, era que por cada ocho soldados hubiera una prostituta en el ejército.

- Los 12 Apóstoles, era como se denominaba a la cargas de arcabuz que llevaban los soldados colgadas de una banda que les cruzaba el pecho.

Para preparar un disparo, el arcabucero debía verter pólvora en el ánima (el cañón) del arcabuz. Inicialmente esto se hacía usando un cuerno en el que se almacenaba la misma y se echaba una cantidad “a ojo” desde el cuerno al arma. Método un poco lento y, además, variable en la cantidad de pólvora usada en la carga, con el peligro que ello conllevaba. Más adelante, se comenzaron a usar unos pequeños tubos que ya contenían la pólvora adecuada para un disparo. De este modo, la carga era mucho más rápida y la cantidad de pólvora más controlada y segura.

Los 12 apóstoles eran aquellos tubos que colgaban en bandolera sobre el pecho del soldado y que este usaba en cada disparo. Se llaman así porque 12 solía ser su número.

Arcabucero español S. XVII

- El pífano o el "pito" era el chico que tocaba tal instrumento en el ejército.Su paga era muy baja .Por tanto cuando utilizamos la expresión "me importa un pito" damos a entender que le damos muy poco valor al asunto.

- El sargento mayor de cada Tercio dirigía los compases de sus hombres moviendo un gran garrote, una especie de antecedente de la batuta de orquesta que recibía el explícito nombre de porra. Cuando una columna en marcha hacía un alto prolongado, el sargento mayor hincaba en el suelo el extremo inferior de su porra distintiva para simbolizar la parada. En su inmediación se establecía rápidamente la guardia, encargada de custodiar los símbolos más preciados del Tercio: la bandera y el carro donde se llevaban (cuando había) los caudales. También quedaban bajo su vigilancia los soldados arrestados, que durante ese descanso debían permanecer sentados en torno a la porra que el sargento había clavado al principio. Eso equivalía por tanto a «enviar a alguien a la porra» como sinónimo de arrestarle. Esta irónica pero curiosa locución tuvo bastante éxito, por lo que pasó a engrosar la riqueza léxica del español originando el actual y despectivo «¡vete a la porra!».
 

Una somera evolución de los cascos de infantería e incluso caballería, pues fueron intercambiables u homólogos, en ambas ramas, en ciertos periodos de los Tercios.

Casco con crestón, propio de las unidades de infantería pesadas.

Borgoñota, proveniente o derivada de la celada con encaje, se aligera el casco eliminando la barbeta, para tener mejor ventilación y visión.

El Crestado, que es casco con cresta, proveniente del capacete o bacinete (sin visera y recortado), propio de la infantería, o de un tipo simple de casco, protegiendo menos superficie que los otros modelos.

El Morrión, el casco típico de los Tercios, en este caso uno muy ornamentado, y su poseedor probablemente sería de alto grado o con  recursos económicos.

Con forma derivada de la cresta, para desviar golpes descendentes, llegó a la forma de media almendra, la cual es la característica. Ahormando la cabeza había capacete de tres o cuatro correas, que aparte de dar ventilación al casco, amortiguaba los golpes verticales.

Las alas, hacían desviar tanto los golpes verticales como horizontales, que tuvieran la trayectoria en parte del casco y así que no alcanzara la nuca o la cara.

 

 

 


 


O Fortuna, velut Luna, statu variabilis.    Semper crescis aut decrescis, vita detestabilis.    Nunc obdurat et tunc curat, ludo mentis aciem.
Egestatem, potestatem, dissolvit ut glaciem.   Sors immanis et inanis, rota tu volubilis. Status malus, vana salus semper dissolubilis.  Obumbrata et velata, midhi quo que niteris. Nunc per ludum dorsum nudum, fero tui sceleris.  Sors salutis et virtutis, midhi nunc contraria, est affectus et defectus, semper in angaria.     Hac in hora, sine mora, corde pulsum tangite. Quod per sortem, sternit fortem, mecum omnes plangite.

 

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- Estaba el hijo de Don Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, Gran Duque de Alba, y de nombre Fadrique, asediando Haarlen allá por el final de 1572 y el comienzo del siguiente año, cuando la situación llegó a extremos desesperanzadores. En los constantes intentos de asalto de la ciudad morían cada vez más españoles y no eran pocos los que abogaban por una “retirada a tiempo”. Varios capitanes tenían esta misma idea y se la transmitieron a Don Fadrique, haciéndole también pensar en el abandono del asedio.

El Gran Duque de Alba, que era ya sexagenario, se enteró de estos hechos y de los pensamientos de su hijo y le envío una carta diciendo que “si alzaba el campo sin rendir la plaza, no le tendría por hijo; si moría en el asedio, él iría en persona a reemplazarle, aunque estaba enfermo y en cama; que si faltaban los dos, iría desde España su madre a hacer en la guerra lo que no había tenido valor o paciencia para hacer su hijo”.

No son suaves las palabras del Gran Duque y obligaron al hijo a persistir en el empeño para que después de mucho esfuerzo, finalmente Haarlem fuera rendida.

 

Pongo alguna de como eran los servicios secretos de los Austrias, la otra cara de la guerra, junto a los Tercios, aunque unidas.

- El secretario de estado inglés Francis Walsingham se gastó en espionaje en 1582 aproximadamente 750 libras, 2000 libras entre 1585 y 1588 y 1200 en 1589. Es decir, podemos concluir que libra arriba, libra abajo, el estado británico, en pugna constante con el Imperio Español, se gasto en los 6 años indicados una suma cercana a las 4000 libras. O lo que es lo mismo, unos 16000 ducados.

Bernardino de Mendoza, interesante personaje de la época que fue militar, embajador y jefe de los servicios secretos en varias zonas bajo el reinado de Felipe II, estaba durante los años antes reseñados destinado como embajador español en París. Hay que dejar claro que desde este lugar se controlaban muchos agentes e informadores y que las redes de Bernardino de Mendoza eran muy extensas. Pero aún con esto y según los informes de gastos de la época, este embajador español se gastó un importe similar al británico, 16000 ducados, únicamente en un semestre. Es decir, el Imperio Español soportaba espías, informadores, agentes y operaciones por todos sus dominios y sólo un embajador (personaje cuyas mayores atribuciones iban en la dirección del espionaje) se gastaba tanto en un semestre como el gobierno británico en 6 años.

- Algunos de los mensajes secretos de Felipe II se escondieron utilizando tinta invisible. La técnica constaba en el uso de vitriolo romano (sulfato), pulverizarlo y mezclarlo con agua. Con este líquido se escribía sobre el papel el mensaje a enviar y una vez hecho esto, se escribía el texto visible usando una solución de carbón de sauce con agua. Es obvio que capturar a un correo o a un espía con un papel en blanco despertaría ciertas sospechas. En cambio, capturarlo con un papel con un escrito sin importancia no hacía recelar. Así, el texto de carbón efectuaba de “despiste” en caso de ser capturado el mensaje y el verdadero contenido, el importante, permanecía oculto.

Cuando el mensaje llegaba a su destino y se quería leer el mensaje secreto escrito con la solución de sulfato, se frotaba el papel con una sustancia llamada galla de Istria y así el texto oculto se hacía visible, mientras que lo escrito con la solución de carbón de sauce se oscurecía.

- Bernardino de Mendoza, escribió un tratado militar titulado “Teórica y práctica de guerra”. El embajador también fue un destacado combatiente, especialmente al mando de galeras. En este tratado explicaba un método para poder enviar mensajes sin que estos corrieran el peligro de caer en manos del enemigo. Mendoza describía cómo el uso de pequeños cilindros de plomo como continentes de un pequeño papel con el texto escrito, podían ser ocultados por parte del mensajero para salvar un posible registro. ¿Y dónde se ocultaba el cilindro? En el interior del mensajero, literalmente. Este se tragaba el cilindro y así transportaba el mensaje de manera segura.

Este método era muy eficaz para sacar un mensaje de una ciudad sitiada. Cualquier persona que saliera de ella solía ser registrado en busca de mensajes ocultos e incluso era frecuente que le lavaran el cuerpo para borrar posibles mensajes escritos con tinta invisible.


 

 


O Fortuna, velut Luna, statu variabilis.    Semper crescis aut decrescis, vita detestabilis.    Nunc obdurat et tunc curat, ludo mentis aciem.
Egestatem, potestatem, dissolvit ut glaciem.   Sors immanis et inanis, rota tu volubilis. Status malus, vana salus semper dissolubilis.  Obumbrata et velata, midhi quo que niteris. Nunc per ludum dorsum nudum, fero tui sceleris.  Sors salutis et virtutis, midhi nunc contraria, est affectus et defectus, semper in angaria.     Hac in hora, sine mora, corde pulsum tangite. Quod per sortem, sternit fortem, mecum omnes plangite.