La Orden de Malta: Organización, Táctica y Técnica militar

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Tierra Santa, Jerusalén, S. XI, de una orden meramente hospitalaria, de atención espiritual y material de los peregrinos, con las normas aprobadas de Gerardo Tunc por el Papa de turno, en este caso, Pascual II en 1113, se pasa a una Orden, pues fue fray Raimundo, cruzado de Godofredo de Bouillon, el que añadió a los 3 votos habituales el de tomar las armas en defensa de la fe. Se crea la Orden de San Juan.

  Estucturándose la Orden en 3 grupos: clérigos, hermanos hospitalarios sirvientes y caballeros combatientes; todos ellos religiosos, asumiendo estos últimos la dirección de la Orden.

  Con la caída de San Juan de Acre, ultimo baluarte de Tierra Santa, en 1291, y la retirada de los restos de la hueste cristiana a Chipre, termina esta segunda etapa y comienza la segunda etapa y comienza la tercera con el primer contacto de la Orden con los medios navales.

  Establecidos en Limasol, ciudad chipriota, arman los caballeros aquellas mismas carracas que les habían sacado de San Juan de Acre y defienden con ellas las rutas marítimas del peregrinaje.

  Es en este momento cuando se inicia su transformación en milicia marítima: en marzo y agosto de cada año, los bajeles de guerra de la Orden recogían  y escoltaban a los peregrinos, protegiendoles de corsarios y piratas.

 LOS CABALLEROS DE RODAS

La conveniencia de encontrar un lugar de asiento más permanente e independiente determinó al gran maestre Fulco de Villaret a conquistar Rodas en 1309, convirtiéndose esta isla, trás una intensa campaña de fortificación, en una excelente base estratégica situada frente a Palestina, entre Chipre y Creta.

  Los caballeros del Hospital de Jerusalén se convierten en Caballeros de Rodas.

  De protectores de convoyes pasan, a su vez, a convertirse en corsarios, peligro constante de las rutas comerciales entre el Norte de Africa, Egipto, Siria, Constantinopla y Grecia.

  En Rodas permanecerán los sanjuanistas hasta 1522, en que se vieron obligados a retirarse ante el sultán Solimán.

  Ocho años más tarde recibirán de Carlos I las islas de Malta y Gozo, donde, por estar situadas entre Levante y Berbería, podían llevar a cabo sus misiones navales con mayores posibilidades de recibir auxilio de los estados cristianos  occidentales, como se demostró en el asedio turco de 1565.

LOS CABALLEROS DE MALTA

  En esta etapa, el espirítu de milicia se manifiesta en la doble vertiente de protección de naves cristianas y caza de los infieles por un lado, y la de cooperación con las potencias católicas, especialmente España y el Papado, en multiples campañas dirigidas las más de ellas contra las costas norteafricanas.

 EL ALTO MANDO

  El Consejo de la Orden: era el organismo del que dimanaban las directrices de la política naval melitense.

  El Gran Maestre: asistido por su consejo, correspondía la conducción política y estratégica, así como la del esfuerzo bélico. Planeaba campañas, dirigía la política de construcción naval, ordenaba armamentos, levas, acopios y planes defensivos, y colaboraba con las potencias aliadas en representación de la Orden, o solicitaba su auxilio.

  El Capitán de armas, jefe militar de la Isla, dependía directamente del anterior.

  El Obispo de Malta: actuaba en el Consejo como representante del Patrono imperial.

  Los bailíos conventuales: eran los consejeros o ministros; se llamaban así por ser responsables cada uno de un convento o albergue nacional y representantes de cada una de las lenguas.

  - Las lenguas eran: - Auvernia, -Provenza, - Francia, - Italia, - Aragón,- Alemania, -Inglaterra,  posteriormente, - Castilla, . - León y Portugal. - Los representantes se llamaban pilier.

  El Gran Comendador: actuaba como ministro de Hacienda, tesorero y presidente de la Cámara de Cuentas. Llevaba a cabo la gestión económica y era responsable de la artillería y los arsenales. Solía ser por tradición un caballero Provenzal.

  El Gran Mariscal: era el ministro del Ejército, con la consideración honorífica de ser el portaestandarte de la Orden. Solía ser de Auvernia. Por tanto un cargo permanente, a diferencia del mando operativo encarnado por el General de la Gente de Guerra de la Religión, que era nombrado para una expedición exterior determinada y cesaba con esta. Al Gran Mariscal incumbía la instrucción y disciplina, cumpliendo también cometidos judiciales, como Justicia Mayor.

  El Gran Hospitalario : era el limosnero e inspector de actividades caritativas y supervisor de los hospitales, aspecto fundamental en una institución a la par militar y hospitalaria. Solía ser el pilier o representante de la lengua o nación de Francia. No tenía funciones militares especificas.

  El Drapier: era el jefe del apoyo logistico, encargado del vestuario y equipo de la gente de mar y guerra. Normalmente era aragonés.

  El Gran Canciller: era el notario de la Orden; unico cargo para el que en determinados períodos era preceptivo saber leer y escribir. Le correspondía la formalización y registro de la documentación. Solía reservarse el cargo a castellanos.

  El Gran Almirante: era el ministro de Marina, de quien dependía el mando operativo encargado por el General de Galeras; era responsable del armamento y sostenimiento de la fuerza naval, con competencia sobre puertos y arsenales. Normalmente era italiano, como todos los altos oficiales relacionados con la Armada.

  El Turcoplier: encargado de la defensa frente a la invasión, levas y planes de defensa costera. En un primer tiempo era el jefe de la caballería destinada a evitar los desembarcos por sorpresa; luego ostentaba el mando también de las unidades ligeras de guardacosta. Era así el eje de la defensa del primer escalón que se articulaba en tres aspectos:

  1- De alarma en tierra, a traves de torres y atalayas que avisaban con humadas.

  2- De aviso, y en su caso de oposición frente a pequeños ataques, constituida por los guardacostas.

  3- De evitación de desembarcos por medio de las unidades de caballería ligera.

 A partir del S.XVI sus atribuciones pasan a ser asumidas por el Gran Bailío.

  El Gran Bailío: era el pilier de Alemania o su lengua, tenía la responsabilidad heredada del Turcoplier y la del sistema defensivo estático, debiendo coordinar especialmente en caso de ataque de la Isla con el Capitán de Armas y el Gran Almirante.       

EL MANDO DE LA FUERZA NAVAL

  El Gran Almirante dirigía el ramo de Marina y el Turcoplier los guardacostas o unidades ligeras de aviso y protección. Pero el mando de la flota, toda ella, correspondía al General de las Galeras, ostentaba el mando general y la administración de Justicia.

  Tenía su Lugarteniente , llamado así, sucesor natural en el mando de la escuadra.

 El General de las Galeras embarcaba en la nave capitana.

  El Lugarteniente embarcaba en la patrona ( segunda al mando).

  Se convertían respectivamente, en primera y segunda insignia de la flota. Ambos buques conservaban sus capitanes propios ( igual en flotas modernas con sus Almirantes embarcados ). Cuando estos mandos embarcaban, también lo hacía su Estado Mayor, compuesto por caballeros ayudantes, capellán,médico y sirvientes de confianza, así como despensa y víveres especiales.

  El Veedor: era el oficial de Cuenta y Razón, encargado de supervisar el buen estado y armamento de las naves y los bastimentos, del reparto de presas y de las funciones administrativas en general, auxiliado por sus escribanos.

  El Capitán: auxiliado, y en su caso, sustituido por segundo o Patrón, tenía las funciones de mando de su nave. Ambos eran también caballeros de Hábito. El Capitán era también el Cabo o jefe de la tropa embarcada, aunque los soldados subían a bordo con su propio mando natural: El Capitán de Socorro.

 

 

EL MANDO PARTICULAR DE LA NAVE

   Los caballeros embarcados constituían la élite de la fuerza de abordaje y desmbarco de la galera, de entre ellos se nombraba al Rey de Galera o comandante de la Guardia, y al Cercamar o jefe de artilleria de la nave.

  El Cómito o Cómitre, que no era caballero, sino un marinero profesional del estado llano, era el responsable de la maniobra y propulsión de la galera. En sus funciones de gobierno de la nave y autoridad sobre marineros y chusma era auxiliado por los Sotacómitos o Sotacómitres. Aunque dirigía la boga y animaba con la anguila de cabo, le estaba prohibido pegar con palo u otro instrumento, o golpear en la cabeza, o utilizar la anguila ( especie de fusta ) fuera de faena. Seguía en jerarquia al Capitán y al Patrón.

  El Piloto, dependiendo del Cómito, dirigía la navegación y llevaba la derrota. Su puesto a bordo es tardío, cuando la navegación de cabotaje se transforma en de altura, y se precisan de conocimientos cosmográficos y el uso de la aparatos como la ballestina y el astrolabio. Antes solían embarcar prácticos conocedores de las costas, como consejeros, que dirigían la navegación por rumbo y distancia con auxilio de la brújula, el portulano o carta naútica en la que figuran los rumbos magnéticos y las distancias entre los puertos, y la corredera para conocer la distancia recorrida en un tiempo determinado.

   El Escribano: estaba a cargo de la administración dentro de la nave.

  El capellán: escogidos entre los sacerdotes de la Orden, atendía los servicios religiosos, para la administración de aquellos sacramentos permitidos, porque hasta 1614 no estaba autorizado a bordo la presencia de la Sagrada Eucaristía y tampoco se podía celebrar misa a bordo, diciendose la llamada "Misa Seca", que omitía la consagración y la comunión. Cuando las circunstancias lo permitían, el capellan saltaba a tierra y decía misa, que era seguida por el personal embarcado.

  El Cerúsico: era el responsable de los servicios sanitarios ( más, acertado pensar en un sangrador que hacía el oficio )  que a la vez hacía el oficio de barbero.

  El alguacil: encargado de la vigilancia de los forzados, que los herraba o desherraba según la necesidad.

  La Gente de Cabo: que era personal especializado como el calafate (encargado de revisar bien las junturas del buque para que no entrase agua y de rellenarla con estopa y pez), el maestro daja ( carpintero a bordo) y el remolador, encargado de reparar los remos que sufrían frecuentes daños.

  La dotación de las galeras era constituida por la marinería, los soldados y la chusma.

 DOTACIÓN DE LA GALERA

 Los Marineros: eran más numerosos en los barcos grandes que en las galeras, donde solían ser sólo de 12 a 15 y se encargaban de las tareas realtivas al velamen y maniobra.

  Los Soldados: en la especial táctica y técnica de combate en galeras tenían gran importancia, solían ser entre 30  y 50, al mando de sus cabos. En combate, la marinería formaba trozos de abordaje, contraabordaje y socorro, y se armaba de picas, chuzos y otras armas blancas, reservandose las de fuego para los soldados y caballeros.

  Los artilleros: considerados marineros y no soldados. En cada galera habái entre 5 y 7, auxiliados en combate por la marinería propiamente dicha.

  Marineros y soldados se reclutaban en la propia Malta, y estos últimos también en Italia y España, embarcando cuando no había suficientes caballeros, ni novicios ni freires sirvientes de armas, que consituían el brazo armado en sus tres grados.

  La chusma: era el elemento propulsor de la galera. Constituida por los remeros, entre los que había que distinguir los voluntarios ( por sueldo aunque tenían que soportar el ritmo de boga como los demás) de los forzados ( delincuentes y sobre todo, prisioneros de guerra musulmanes). Los voluntarios participaban del botín, renovaban o rescindían sus contratos y recibían premios e incentivos. Eran normalmente reclutados entre la gente de la Isla y cristianos liberados que querían reunir algo de dinero para volver a sus hogares. Eran de alguna forma, los supervisores de los demás, y en combate se les armaba y daba misiones y nunca se les aherrojaba.

  Entre el resto de los remeros hay que distinguir los forzados de los esclavos. Los forzados eran condenados por sus delitos a galera, eran pocos en las de Malta, a diferencia de lo que ocurría en las potencias laicas. Los esclavos o Galeotes de presa, musulmanes capturados en su mayoría, constituían el grupo más numeroso.

  La gran esperanza de la chusma forzada era la de que los suyos apresasen la nave, sin hundirla, en cuyo caso se cambiaban las tornas. En algunas ocasiones los galeotes se hacían con el gobierno de la nave y arrumbaban hacia un puerto amigo.

  La gente de remo de una galera oscilaba entre 250 y 270 hombres, ya que las de la Orden estaban especialmente bien provistas, dependiendo tratarse de una galera ordinaria o capitana.

  Por razones de seguridad, ya señaladas, se procuraba aumentar el numero de forzados cristianos y reducir el de esclavos o musulmanes. Así vemos como en 1595 hay un intercambio con las galeras del Papa de 100 forzados condenados en los Estados Pontificios por 100 cautivos turcos y berberiscos de los Caballeros.

 

LA GALERA

   La Galera era ante todo una nave esbelta, con amplia capacidad de maniobra. Su eslora de 45 a 50 mts., por 7 a 8 de manga y de 32 a 3 de puntal la convertían en una embarcación rapida, capaz además, de navegar en aguas poco profundas.

  Su mayor ventaja venía dada por su capacidad de "autopropulsión", los remos, que le permitía dar caza a las embarcaciones enemigas o escapar de ellas aún en momentos de calma, cuando las propulsadas solamente a vela debían de recurrir al remolque o quedar paralizadas.

  La nave que nos ocupa alzaba su obra muerta aprox. 2 mts. sobre la línea de flotación, y hay que decir que todas las medidas reseñadas eran algo mayores cuando se trataba de galeras capitanas.

  Los remos eran ordinariamente no menos de 25, ni más de 30, a cada banda, manejados cada uno de ellos por 2 a 6 hombres. Como los remos medían de unos 12 mts. de largo y unos 8 mts. sobresalían, de los mismos, por los costados de la nave, eran compensados con plomo para facilitar la boga.

  A proa, una construcción elevada, el castillo, resultaba de la máxima importancia en los abordajes ya que permitía asaltar la nave enemiga desde mejor posición, mientras que a popa el "cassotto" albergaba la cámara del Capitán y oficiales.

  De proa a popa corría una pasarela, larga de 40 mts. y ancha de 2 mts., llamada - " corsía", mientras que a babor y estribor una protección sobresaliente protegía en cierto modo a los remeros y permitía hacer fuego a la tropa durante los prlegómenos del combate. Esta protección "pavesate" derivado de pavise, escudo medieval, dejaba un pasillo de medio metro, donde se situaban, entre los propios remos, los arcabuces fijos.

  Para el abordaje resultaba fundamental el espolón, de unos 2 mts., que clavandose en el casco de la nave enemiga, la inmovilizaba, impidiendo su huida, propiciando el abordaje y en ocasiones mandandola a pique junto, cuanto menos, con una parte de su tripulación.

  Dos mástiles, mayor y mesana y mayor y trinquete, con aparejo de velas latinas, permitían aprovechar los vientos favorables y reservar las fuerzas de los remeros.

  LA TRIPULACIÓN

  La oficialidad la componían aprox. unos 25 hombres, todos ellos caballeros sanjuanistas.

  Los más jovenes eran conocidos por - " Caravanistas " y 2 o 3 caravanas eran el mínimo exigido. En un principio el deber era el de proteger las caravanas de peregrinos con destino a Jerusalén, y de ahí el nombre que se le siguió dando a las expediciones marítimas.

  Aquellos miembros de la Orden que hubieran realizado más de 4 caravanas, podían optar al mando de una nave, siempre que con anterioridad hubieran desempeñado su misión a gusto de sus superiores. Generalmente el comandante había llevado a termino de 8 a 10 caravanas, y en número inferior los oficiales subalternos.

  También formaba parte de la oficialidad los Gentes de cabo o "Gente di capo", una especie de oficialidad permanente, no mienbros de la Orden y reclutados en la propia Malta. La marinería y ofcialidad Maltesa fue siempre muy apreciada por su pericia y capacidad para la navegación.

  El Capitán estaba asistido por 2 caballeros a sus ordenes. El oficial de maniobra y un oficial de servicio, ambos caballeros de más de 25 años y con, al menos, una experiencia de 2 caravanas.  Junto a ellos el "re di Galera" y el "cercamare" que cuidaban respectivamente de las armas y medicinas y de las piezas de artillería y municiones.

  Entre los oficiales permanentes que integraban la "Gente di capo" estaba el piloto (atendía la navegación, sabía leer las cartas y tomar la altura) el escribano (control de las provisiones) y el "Agozzino", cábeza de los Cómitres ( también responsable de los remeros).

  Los Cómitres eran 3. Situándose 1 a popa y 1 a proa. El de proa provisto de un tambor, lo golpeaba marcando la cadencia el compás de boga. En caso que fuera estímulo suficiente, los Cómitres iban provistos de un largo bastón ( "cerchio orario") con el cual daban aviso al remero que perdía ritmo. Otro estímulo era la voz "Remate cani" ( remad perros ) frecuentemente repetida con cierta cadencia.

  Hay que destruir la imagen del Cómitre empuñando el látigo, imagen tan prodigada por la literatura y cinematografía, pero parecer ser que el castigo del látigo no estaba permitido en las galeras de la Religión.

  Los artilleros tenían a su cargo el cuidado de las piezas.

  La guarnición de tropa, importante por cuanto era la ultima "ratio" del combate, pues acostumbraba este en ser el abordaje. Oscilaba su numero dependiendo del objetivo e importancia de la expedición, pudiendo oscilar entre 50 y 250 .

  Los remeros, diferenciando entre cautivos, forzados y voluntarios o "benivoglia".

  Todos, incluso los remeros eran pagados y vestidos. Respecto a los Galeotes, una instrución de la Orden indicaba que no debían ser maltratados ni agraviados y que "su esfuerzo no debía llegar a más de cuanto fuese preciso"

   Los capellanes podían ser divididos en 2 categorías: los Priores o sacerdotes pertenecientes a la Orden y los llamados padres misioneros, generalmente frailes franciscanos.

Coracinero
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Patricio
Redactor MHMSocio MH
Desde: 19 Feb 2010

ARMAMENTO Y TÁCTICAS MILITARES

  Cabe decir que la táctica militar en la acción naval a la que las galeras estaban dirigidas era relativamente simple

  El abordaje tenía lugar tran pronto como se había dado alcance a la futura presa y previo reconocimiento de su pabellón. Los subterfugios en este sentido, eran como es fácil de comprender abundantes.

  Podía llegarse al abordaje de proa, en cuyo caso el espolón hendía la nave enemiga o se aparejaban las bandas. Después la gente armada saltaba sobre la cubierta enemiga. Esto bastaba cuando el buque asaltado era un buque mercante cuya tripulación acostumbraba a darse la fuga en alguna embarcación menor o a nado si la costa no estaba lejana.

  Cuando en contra, se trataba de otro buque de guerra, a corta distancia la artillería lanzaba una andanada que, junto con el fuego de los arcabuces, causaba bajas entre las tripulaciones enemigas y eventualmente entre los remeros de la nave asaltada, extremo este último que procuraba evitarse por cuanto en los remos había generalmente galeotes cristianos a los que se intentaba liberar.

  El armamento artillero no era importante, ya que el resultado final de la lucha dependía casi siempre de la infantería embarcada. 4 cañones por banda, más cierto número de arcabuces fijos, colocados sobre soportes para una mejor puntería, y en algunos caso otras piezas de menor calibre, como culebrinas, con balas de hasta 6 libras, que formaban un conjunto que bastaba para la operación de "barrido" que precedía al asalto propiamente dicho. Durante la persecución, en cambio, una pieza de mayor calibre, llamada "corsaria" o "de caza", capaz para proyectiles de hasta 35 libras, era la que debía de  causar daños en la obra viva o en la arboladura de la nave perseguida, menguando su capacidad de maniobra. Esta pieza tenía un fuerte retroceso y como éste le obligaba a recorrer el largo de la "corsia", fue necesario desplazar a babor los mástiles para evitar el encontronazo.

  El combate al que el abordaje daba lugar podía durar horas y aún días, dándose el caso de suspenderse con la noche el encuentro para reanudarlo al amanecer.

  En las galeras de Malta, antes de entrar en liza, todos los tripulantes recibían la absolución impartida por el capellán, y el capitán pronunciaba una frase que iba a ser famosa y tradicional:   " A Constantinopla, o a cenar con San Pedro ".

 LA ALIMENTACIÓN

  A bordo no se comía mal. Las raciones eran abundantes, aunque no las mismas para todos, distinguiendose según su rango, funciones y categoría.

 Los Caballeros Sanjuanistas:

  Los días de la semana estaban divididos en 2 grupos: Magros ( lunes, miércoles, viernes y sabado ) y Grasos ( martes, jueves y domingos ).

  En los Magros la comida del mediodía constaba de 2 platos de huevos, sopa y carne o pescado en salazón. A la cena se servía otro plato de huevos, carne salada y postre, compuesto éste por queso y aceitunas.

  En los días Grasos, al mediodiía servían diversos embutidos, más sopa y carne, esta vez fresca. La cena se especificaba que debía ser un asado. Pasteles quedaron prohibidos al menos durante la navegación por lo laborioso de su confección.

  La Gente di Capo, profesionales malteses y artilleros:

  La diferencia es que no se les servía nunca carne fresca.

  La marinería y la tropa:

  Nutridos a base de " Mazzamorra " unas especies de gachas elaboradas con trigo, avena, leche y agua, también abundancia de queso, atún ( probablemente salado ), sopa y aceitunas.

 Los remeros:

 Debían contentarse con sopa, atún o sardinas, siempre en salazón, queso y aceitunas.

  Todos los miembros de a bordo recibían una generosa ración de vino.

  Los galeotes recibían una ración especial y preferente de  agua que alcanzaba hasta los 6 o 7 litros por día a fin de no perjudicar su capacidad física y subsiguiente esfuerzo. Hay que tener en cuenta, que en épocas de alta actividad, en una sola jornada la galera daba caza con frecuencia a una decena de  embarcaciones, la mayor parte de las cuales no eran atacadas, tras comprobar su pabellón e identidad.

  Muchos de ls alimentos provenían de Sicilia, con excepciones, vino y aceite de Argelia, mantequilla de Flandes, queso de Plasencia y Holanda, lentejas de Levante, guisantes de Francia y la harina y sobrasada de Mallorca,etc. De todo ello debían aprovisionarse en los almacenes de Valetta antes de zarpar la caravana.

  La expedición duraba entre 2 y 3 meses, con frecuentes retornos a Malta si se conseguían presas, y raro era que cada semana no se tocase un puerto amigo donde renovar sus provisiones mediante compra o trueque, o uno enemigo donde cupiera apoderarse de ellas por el cómodo sistema basado en el derecho de conquista.

  Además de su numerosa tripulación, que podía llegar a casos de 600 hombres a bordo, cada galera acostumbraba a cargar 2 toros vivos, 20 ovejas y 50 gallinas, la flotilla era acompañada entonces por una tartana que hacía las veces de almacén flotante.

  Algunos alimentos, como las ciruelas estaban reservadas a los enfermos, por los frecuentes trastornos gástricos según se apunta.

  Los días de Navidad, San Martín, Carnaval y Pascua se celebraban con comidas extraordinarias, lo mismo cuando el Capitán se hacía cargo de la nave y cuando se despedía de ella. La partida de las flotillas constituía un acontecimiento para la población Maltesa, las naves iban empavesadas, los fuertes saludaban y se intercambiaban salvas de artillería.

 

CORRER CARAVANAS

  A "Correr Caravanas" se le llama a perseguir, combatir, capturar o destruir los convoyes armados de los turcos y sus aliados musulmanes, interfiriendo con gran daño en las rutas comerciales entre Constantinopla y los reinos y provincias del Mediterraneo oriental y norteafricano.

  Las acciones fueron numerosísimas. Especial protagonismo tuvieron los caballeros españoles en la que tuvo lugar a finales de 1623.

 A través de una bien montada red de  espionaje se sabía en Malta que 2 navíos y 13 caramuzales (buque turco de tres palos) se dirigían a Constantinopla con rico cargamento de arroz, trigo,paños, sedas y alfanjes; encargandose por ello al General de las Galeras, Luis de Cárdenas, de su interceptación.

  El español, al mando de las 6 Galeras disponibles, en lugar de iniciar una difícil persecución, decidió esperar al enemigo en las inmediaciones de su lugar de destino, adentrándose con gran osadía en el Mar de Mármara.

  Allí encontraron las Galeras de Religión a los desprevenidos musulmanes el 6 de diciembre de 1623, generalizandose el combate en el que destacó sobre todos un hercúleo leonés, don Antonio de Quiñones, famoso por su valor y por las numerosas lenguas extranjeras que dominaba. El citado caballero, capitán de una de las Galeras, hundió con la suya un Caramuzal y apresó otros tres; no contento con esto, abordó uno de los grandes navíos enemigos donde le esperaba, retándole, un gigantesco jenízaro al que consiguió dar muerte, rindiendose poco después el resto de la tripulación. La totalidad de la naves turcas fueron hundidas o apresadas, la Orden de San Juan tuvo 29 muertos y 80 heridos.

  EN AYUDA DE ESPAÑA

  La Orden de Malta era feudataria de los Reyes de España, y como tal debía  acudir en su apoyo cuando era requerida, si la disponibilidad de sus Galeras lo permitía y siempre que no tuviese que combatir contra otros cristianos.

  En 1624, una Escuadra Melitense, formada por 4 Galeras, tuvo conocimiento, a través de un buque apresado, de que el Turco había destacado 2 Divisiones independientes de a 12 Galeras ( 24 en total ) cada una para capturar a 2 Galeras Genovesas al servicio de España que habían de partir hacia Italia desde Barcelona, con cargamento de plata y oro destinado al pago de soldados y funcionarios.

  Sin tomar en cuenta su inferioridad, su general, el español Juan Pacheco y Castro, siguió el rumbo que había de tomar el enemigo, topándose con una de sus divisiones ( 12 Galeras ) el 15 de abril de 1624.  La escasa visibilidad indujo a los Turcos a creer que se trataba de las 2 naves Genovesas que esperaban, por lo que destacaron sólo 4 de sus Galeras para realizar el choque, mientras que las 8 restantes realizaban una maniobra envolvente a fin de que no se les escapasen por la retaguardia.

  Cuando la proximidad permitió distinguir las temibles cruces blancas de los Caballeros de Malta fue tarde, y en igual proporción cada Galera cristiana dio buena cuenta de su oponente, a tiempo para presentar juntas batalla a las que cerraban la retaguardia.

  La intrepidez de esta acción y la aparición en el teatro de combate de las 2 Galeras Genovesas que pudieron contribuir al esfuerzo, determinaron la rapida huida de los Turcos, que perdieron 5 naves. Sólo unos 50 cristianos perecieron en el combate, liberándose más de 500 que bogaban como forzados en las Galeras apresadas.

EL DESTINO DE LOS VENCIDOS

  Pese a que los Caballeros del Mar practicaban un humanitarismo superior a sus contemporáneos, la suerte de los prisioneros tomados en el mar era similar en ambos bandos contendientes.

  A los Renegados, se les ajusticiaba.

  A los prisioneros, que podían pagar rescate, se les retenía en los castillos de tierra hasta que lo hicieran.

  A los prisioneros, que no podían pagar rescate, pasaban a engrosar la chusma sin privilegio alguno, mientras tuvieran fuerzas, viejos o enfermos prestaban servicios en tierra hasta su fallecimiento.

   Algunos presos de importancia como los Arraeces o Capitanes de Galeras Turcas, no se rescataban, ya que era demasiado peligrosa la posibilidad de que pudieran volver a prestar sus servicios al enemigo.

  Los esclavos destinados al remo eran llevados a la cámara de boga, donde cubrían en uno de los bancos un hueco existente. Se les rapaba y el alguacil les herraba, les sujetaba el tobillo mediante una argolla al ramal. Para galeotes peligrosos se utilizaba la manilla, que aferraba también el brazo.

 

LA VIDA A BORDO DE UNA GALERA DE MALTA

 Para comprender la vida cotidiana en las galeras, debemos centrarnos, en los SXVI - XVII, cuando la esclavitud era generalmente aceptada y la jornada de trabajo empezaba con el alba y finía con el ocaso.

  No hay que extrañarse que no sólo los puestos de la oficialidad y de los caravanistas fueran disputados por numerosos aspirantes, sino que no faltasen soldados y marinos, dispuestos a enrolarse y que incluso entre los remeros hubiera buen número de voluntarios. Será en gran parte la mejora del nivel de  vida entre la gente del mar, la que por falta de recursos humanos, acarreará la decadencia de las Galeras.

  No parece necesario insistir en que la falta de espacio era el mayor problema durante la navegación. Maestranza, arsenal, animales, provisiones y hombres debían repartirse los escasos metros cuadrados de la " corsía ". La cámara a popa quedaba reservada para el Capitán y los oficiales inmediatos; los caballeros caravanistas se refugiaban en los corredores laterales de babor y estribor, pero "sin poder utilizar jergones o catres para dormir" a fin de que estos no causasen estorbo a la gente de armas en caso de emergencia.

  Los remeros descansaban sobre sus propios bancos y los demás donde buenamente podían, generalmente al aire libre envueltos en sus capas o ropa de abrigo. Por fortuna para ellos, lo benigno del clima mediterráneo durante las épocas de navegación mitigaba estas dificultades.

  También, contra la imagen tópica, hay que constar que los remeros no estaban encadenados durante la boga, si bien eran sujetados a los bancos ante la proximidad de abordaje, dado el temor a que se diesen a la fuga, causasen algún desorden o cooperasen con el enemigo, ya que gran número de los galeotes cautivos eran turcos, berberiscos, tunecinos o argelinos, y por tanto mahometanos.

  Incluso encontrar un sitio adecuado para comer era también problema.

  A la oficialidad se le servía la comida a popa, con pequeñas mesas a su disposición. Los hombres de armas utilizaban para este menester los escudos o rodelas propios o aquellos que protegían las bandas de babor y estribor. Los remeros (incluso los benivoglia o voluntarios) usaban su propio banco una vez más, y los artilleros y marinería aguantaban el plato sobre sus rodillas, convenientemente acurrucados.

  Por los inventarios que el escribano redactaba antes de zarpar, sabemos que a bordo había vajillas (de plata) compuestas de 34 platos grandes, 34 medianos y 76 soperos, así como 2 pares de candelabros y 30 pares de cucharas y tenedores. También se embarcaba ropa blanca para las literas de la oficialidad, manteles y servilletas.

  Toda la tripulación recibía un estipendio que variaba según el grado de su perceptor y que alcanzaba  incluso a los remeros, cautivos o convictos.

  Los galeotes voluntarios recibían un salario pactado al enrolarse.

  De todo ello respondía ante el Tesoro de la Orden el Capitán de la nave, quien debía adelantar los fondos precisos para la campaña de 2 años, llegando a veces su desembolso hasta los 100.00 escudos. Magnitudes que no nos significan nada si no las cotejamos con su coste de vida contemporáneo. Un cirujano recibía 300 escudos anuales, un barbero cobraba 32 escudos anuales, el cual aparte de afeitado y rapado asumía las funciones de dentista y sangrador.

  El botín y el importe cobrado por las presas marítimas eran, mucho más que el salario, el esitmulo principal de los hombres de mar y de la tropa ( e incluso de los caballeros ) para formar parte de las tripulaciones. Las querellas y disputas sobre el particular eran dirimidas ante los llamados Tribunales de Armamento al retorno al puerto. ( Litigios sobre la proporción del perceptor según grado sobre el antiquisimo " Derecho de presa " )

 

LOS MEDIOS NAVALES DE LA ORDEN

   Las naves de guerra Melitense han sido diversas a lo largo de su historia mediterránea; sin embargo, un tipo duró seis siglos sin sufrir grandes transformaciones: la Galera.

  Junto a ella, los barcos más redondos, mejor artillados y de más alto bordo como la Carraca, el Galeón, la Nao y más tarde el Navío. Sus parientes menores eran la Galeota, la Fusta, el Bergantín y en el s. XVII, el Jabeque. El prototipo mayor de la Galera, la Galeaza, también fue utilizado, aunque en menor medida.

  La Carraca era el gran buque propiamente de guerra de los S. XIV y XV; no se trataba de un mercante armado, sino de una gran anve dotada de notable poder artillero basado en lombardas gruesas y otra artillería menor como falconetes y esmeriles, y de los últimos inventos de la época. Disponía de 2 superestructuras, a proa y a popa, el castillo y el alcázar, que como en las fortalezas medievales, facilitaban la defensa.

   En sus parapetos y batayolas se apostaban, como en las almenas de un castillo, los arqueros y ballesteros. En sus cofas se colocaban los más diestros tiradores y lanzadores de piedras y artificios de fuego, al objeto de dominar las gavias del buque enemigo. Unos aparejos a modo de grúas transportaban a varios combatientes en la arboladura enemiga. A proa con unos garfios se intentaba aferrar y aproximar a la naveenemiga para someterla al fuego propio.

  Arbolaban 3 palos, mayor, trinquete y mesana, y a veces 4 con la contramesana.

  La Carraca de Malta, nunca hubo más de 2, era el navío más poderoso del Mediterráneo, verdadero terror de los musulmanes, pero su utilidad para la caza y el corso era prácticamente nula si se empleaba en solitario, debido a su menor velocidad y dificultad maniobrera.

  En el ataque a Corón, ciudad de Morea, en 1532, la Carraca de Malta batió con su gruesa artillería los muros de la ciudad, mientras las Galeras desembarcaban las tropas de asalto, cumpliendo el mismo cometido frente a los muros de Goleta 2 años después.

  Aunque el tipo desaparece en el S XVI, la denominación se mantuvo aplicándose a Galeazas, Galeones y navíos de otras épocas sucesivas en las que estos desempeñaron la función de la Carraca, es decir, la del gran buque de apoyo de fuegos, también denominado Bajel.

  El sucesor de la Carraca en el S. XVI fue el Galeón, que aportó unas líneas más marineras y una mejor utilización artillera con la apertura racional de portas. Era más alargado, de ahí su nombre, y su arboladura obedecía a las nuevas experiencias aportadas por la navegación atlántica: velas cuadradas en el trinquete y mayor y latina el de mesana.

  El enemigo turco también adoptó este tipo de nave junto con las tradicionales.

  La Galeaza, mucho más utilizada por Venecianos, Genoveses y Napolitanos, era una especie de Galera de gran tamaño, dotada de mucha más artillería, y con embonos, es decir, ensanchamiento de la cubierta y manga, para facilitar la defensa y fortificación. Arbolaba 3 palos con aparejo de vela latina, aunque empleaban el remo también, y en caso necesario, dado su tonelaje, el remolque por medio de Galeras.

   Se trataba de un excelente buque de apoyo, con sus más de 30 cañones, aunque de poca velocidad y díficil maniobra.

    La Nave o Nao, era en realidad un mercante armado sin más especialización que la de abrirle algunas portas en el casco. Se utilizaba como transporte de tropa y abastos en las campañas conjuntas de la flota Melitense. Se impulsaba sólo por velas y era un eficaz auxiliar de las Galeras, pero al depender del viento no siempre podía actuar.

   Recordemos que en Lepanto las Naves auxiliares no pudieron tomar parte en la batalla por esta circunstancia.

  El Navío se incluye en la Armada de Malta a finales del s. XVII, en su versión de doble puente o cubierta. Su poder artillero no tenía precedentes, ya que portaba más de 60 cañones, colocándose en la cubierta más baja las piezas de mayor calibre. Constaba de 3 palos cruzados y un bauprés.

  La Fragata, más ligera, de un sólo puente y medio centenar de cañones, fue también empleado.

   Cuando los Franceses ocuparon Malta en 1798, se apoderaron de 2 Navíos, 2 o 1 Fragatas, según versiones, y 4 Galeras, últimos vestigios del poder de la Orden.

  Estas últimas no se hacían a la mar desde hacía largo tiempo  y faltas de tripulaciones, servían a lo más para remolcar otras naves a la entrada y salida del puerto. Tarea meláncolica para las orgullosas embarcaciones que durante 3 siglos se habían enseñoreado del Mediterráneo.

 

CABALLEROS E INFANTERÍA DE MARINA. EQUIPAMIENTO Y TÉCNICA.

   Los Caballeros de Malta, eran la viva imágen de la Cristiandad medieval y guerrera. Agrupados en lenguas, según su origen, éstas eran Francia, Auvernia, Provenza, Italia, Aragón, Castilla, Alemania e Inglaterra originariamente, si bién ésta última había sido suprimida trás su separación de la Iglesia Católica.

   Si bién eran sólo unos centenares, entrenados desde niños por y para la guerra, los monjes guerreros de San Juan eran lo más aprecido a un samurai que había en Europa.

   Experimentados en la guerra naval, aun a pesar de su afición por las armas modernas con las que compensaban su número escaso, gustaban de armarse como lo que eran, Caballeros de Cristo.

  Se acorazaban con las últimas tecnologías e innovaciones en todo el acorazamiento y su tecnológia pareja. Así armaban armaduras integrales. Las armaduras con lo ultimo en tecnológia anatómica en cuanto a diseños más soportables y cómodos para la optimización de las cualidades del combatiente, en orden al uso más flexible y con menos fátiga del usuario de la armadura. Y lo último en tecnológia metálica por el uso de mejores aceros o mejores diseños, dando lugar al tipo de armaduras de tecnológia punta como la Milanesa, armadura blanca, que por el diseño estaba más adaptada anatómicamente al usuario, pudiendose portar más tiempo con menos fátiga; y el sistema nuevo encontrado por estos armeros ( se desconoce su/s reales inventores ) de aumentar la resistencia del hierro o acero ante los golpes y estocadas, mediante el uso de pliegues metalicos en las zonas más comúnes de impactos o las más vitales, los cuales amortiguaban mediante algo similar a el sistema suspensión de ballestas en los carruajes. Estos pliegues en las planchas metálicas absorbían  con un mayor ratio los golpes, impactos de piedra, estoques,etc. que las planchas lisas.  El impacto de las balas se mejoraba mediante el uso de un mejor acero y un mayor grosor de la armadura en ciertos puntos vitales.

  Los Caballeros armaban casco cerrado integral, de múltiples formas, como el de morrión, el de cubo,etc.  Pero como esto es lo relativo que el portador en momentos y circunstancias considere oportuno la táctica emplear, así sería lógico en el uso de armas de fuego que armaran morrión o algún tipo de casco abierto. Del mismo modo para las operaciones rapidas, donde la visión primara más en el contexto o táctica de lucha a emplear, sería más práctico estos cascos más abiertos.

  Armaban también musleras, integrales o frontales, grebas integrales o frontales, escarpines ( zapatos de la armadura )   o no, a elección del portador o atendiéndo a criterios económicos, o por tipo de la misión que desarrollen y necesiten más rapidez de movimientos,etc

    Usaba mucho las armas de fuego, en primer lugar no tanto por su escaso número, sino por estar instruidos y entrenados exhaustivamente se presupone un mayor entendimiento de blancos más cruciales a derribar, como oficiales enemigos, el piloto, arcabuceros enemigos, artilleros, etc  Así, el fuego de mosquetería o arcabuz sería muy usado, como paso previo al abordaje, por ser ideal para barrer la cubierta enemiga, declarar incendios o la confusión,etc.

  La espada tardo-medieval de hoja recta y de media longitud, con gavilán recto o antenado, era el arma principal que les distinguía como Caballeros. Con un gran entrenamiento, dedicados a ello diariamente y con gimnasios o barracones de entrenamiento, estos caballeros eran grandes espadachines en combate tumultuoso y cerrado, donde la armadura le ahorraba prestar alguna que otra atención innecesaria por impactos menores. Grandes esgrimistas, del uso de las técnicas medievales de combate y su entrenamiento, respecto al nivel de los espadas del enemigo, los hacía, a pesar del cambio de Era y el predominio creciente del arma de fuego, casi invulnerables y correosos en batallas cerradas y peligrosas, como eran los combates navales.

 


O Fortuna, velut Luna, statu variabilis.    Semper crescis aut decrescis, vita detestabilis.    Nunc obdurat et tunc curat, ludo mentis aciem.
Egestatem, potestatem, dissolvit ut glaciem.   Sors immanis et inanis, rota tu volubilis. Status malus, vana salus semper dissolubilis.  Obumbrata et velata, midhi quo que niteris. Nunc per ludum dorsum nudum, fero tui sceleris.  Sors salutis et virtutis, midhi nunc contraria, est affectus et defectus, semper in angaria.     Hac in hora, sine mora, corde pulsum tangite. Quod per sortem, sternit fortem, mecum omnes plangite.

 

Coracinero
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Patricio
Redactor MHMSocio MH
Desde: 19 Feb 2010

Los Rodeleros,soldados de infantería de choque, era la pervivencia del hombre de armas en esta Era nueva de las armas de fuego y su revolución Copernicána de las técnicas de combate. Se empieza a desarmar a la infantería de choque, tanto por motivos de la introducción del nuevo infante el mosquetero o arcabucero, soldado polivalente, como por el problema de la financiación y equipamiento de cada vez Ejércitos más nacionales y numerosos. Así el Rodelero, pervive con buena salud en tiempos de Lepanto o la parte álgida de la vida de la Orden.

  Armado con peto y espaldar de solido hierro y gorgera o gorjal como protector para el cuello, armaba un morrión que por su evolución, tenía carrilleras o barbeta o sin estos refuerzos frontales.

  El rodelero no solía llevar protecciones de cintura para abajo, tanto para la facilidad de movimientos, que su técnica demandaba, combate cerrado contra piqueros o rodeleros o como para el combate naval de angostos movimientos. No calzando a veces ni aún botas, sino zapatos bajos más fléxibles y rapidos de movimiento.

  La rodela había perdido significado como arma defensiva en los combates a campo abierto y en los agotadores asedios de las guerras europeas de la segunda mitad del S. XVI, pero conservaba todavía una cierta importancia en la guerra naval, pues era muy apreciada por los espadachines en los abordajes. Cuando se combatía en  el mar, los combatientes europeos prescindían de las pesadas botas de cuero y usaban sandalias sobre sus calzas.

  Los sargentos, escuderos, arcabuceros, eran una amalgama de combatientes que podrían vestir y armarse según tuvieran equipamiento. Los arcabuceros o mosqueteros con la panoplia habitual de los arcabuceros o mosqueteros de la época. Los sargentos, sirvientes y personal atípico vestían cada uno según equipo, siendo éste muy variado. Pudiendo conectarse con los rodeleros o arcabuceros e incluso tener una panoplia similar a la de los caballeros.

  El Oficial no caballero armaba o no, una armadura interpretada al combate naval, de  la misma forma que se hacía en las Galeras españolas o venecianas, así como en los ejércitos de tierra. Estas armaduras constan de peto y espaldar, que solía ser de buena forja y manufactura, teniendo regularmente un hierro o acero bueno para los estándares de la época. Similares a los petos de los rodeleros, si bién solían estar más ornamentadas. La diferencia entre los Oficiales malteses con los españoles o de otras potencias occidentales era que usaban coderas y protectores metálicos de planchas metálicos, guardas para los brazos y guanteletes. El motivo que no lo usaban los Oficiales de España  por ejemplo, era para aligerar su peso en caso de caída al agua.

  El morrión solía ser de tipo bascinet o bacinete, esto es, un morrión con guarda-nucas y barbeta integral, que solo dejaba libre de protección el rostro del combatiente. O  morriones  similares a los rodeleros o piqueros, si bién de una manufactura mejor y más bellamente ornados. En la cimera del morrión solían llevar las plumas distintívas de su rango.

  Solían llevar calzas en los combates en vez de botas en analógia con los rodeleros.

   Solían portar espadas de la misma manufactura o diseño que los rodeleros.

   En combate emplearían una rodela también.

  Formidables espadachines, los hidalgos, aventureros y caballeros de las potencias occidentales fueron los postulantes a estos puestos.

  Los piqueros, en este punto hay que hacer un simil con los piqueros venecianos. Transponiendo las técnicas de éstos, por ejemplo en la batalla de Lepanto.

   La pica y la alabarda, más cortas que las usadas en tierra firme, se emplearon en los abordajes de forma habitual.

  Portaban morrión simple, coraza simple de peto y espaldar. Pica o alabarda y espada recta y de mediana longitud de hoja, la común de la época.

  La táctica difería mucho de la terrestre, donde los piqueros eran de gran utilidad frente a la caballería. En la guerra naval los piqueros protegían las líneas de arcabuceros de las cargas enemigas y luego, junto a los rodeleros, pasaban a las naves abordadas, atacando a los turcos y berberiscos, con la ventaja de la distancia ganada por la pica y la seguridad de la coraza que portaban.

  En España a estos se les conocía también por Coracineros en época de Felipe II, estando presentes en la batalla de Lepanto en las galeras españolas, siendo la infantería de línea, junto con los rodeleros y arcabuceros. Sucesores de los Coracineros de los Reyes Católicos, los cuales acorazados integrales como hombres de armas y con cascos integrales, eran una infantería de asalto y choque, constituida por soldados profesionales. Con el paso de los reinados, a los Coracineros se les alivió el acorazamiento, adaptandose aún en esta etapa de transición entre la acción - reacción con las armas de fuego.

   Era la última pesada y acorazada infantería, vestigio de la tradición caballeresca, feudal y del predominio del arma blanca, engallada en los combates últimos contra los reinos de Taifas, a lo largo de las cambiantes fronteras del sur de España ( Andalucía ) en los estertores de la Reconquista. La cual había sobrevivido a el mosquete y el arcabuz.

   Los Coracineros originales, con los Reyes Católicos, eran en panoplia y armamento exactamente igual a los Caballeros de la Orden o los hombres de armas, sólo que armados con alabardas o lanzas como dotación.

    Estos Coracineros fueron los que dieron el grueso de infantería española en Lepanto y en tantas otras batallas españolas, copiados por los Venecianos y los usuarios de las Galeras y sus tácticas.

   Así como fueron los que formaron la primera Infantería de Marina del Mundo, la española creada por Carlos V y mejorada por Felipe II que en 1556 había ordenado que varios Tercios prestasen sus servicios en flota, de ellos 2 Tercios en el Mediterráneo, el Tercio Nuevo de Nápoles y el Tercio de Galeras de Sicilia, y 3 en el Atlántico, el Tercio de la Armada o de Galeones, el Tercio Viejo de la Mar Océano y el Tercio Nuevo del Mar Océano.

 En Lepanto, las naves Melitenses, encuadradas en la flota de D. Juan de Austria, en socorro de España, ante su llamada a armas, como feudataria de España que era, sus Galeras sufrieron una aniquilación casi total. Fueron el blanco combinado de un feroz ataque de sus odiados enemigos berberiscos liderado por Uluch Alí y fueron destruidas, muriendo la práctica totalidad de los caballeros y sus escuderos, sargentos y servidores.

  De entre todos los objetivos de los mahometanos, el caballero armado en punta en blanco, de pies a cabeza, con el sobretodo rojo con una cruz blanca, representaban para ellos la quinta - esencia de los Caballeros de Cristo y el más acerrimo de sus enemigos.

  3 Galeras de la Orden de Malta fueron las  que participaron en Lepanto 1571:

  Capitana de Malta, capitán Giustino, prior de Mesina, era la nave portaestandarte de la Orden de San Juán. ( galera )

   Orden de San pedro ( galera )

   Orden de San Juán  ( galera )

  Combatieron juntas en la División Central de la formación al mando del propio D. Juan de Austria.

  Hay que tener en cuenta que del lado de la Cristiandad combatían, en el ala izquierda al mando de Agostino Barbarigo, 53 Galeras y 2 Galeazas; el centro comandado por D. Juan de Austria con 62 Galeras y 2 Galeazas; el ala derecha con Gian Andrea Doria con 53 Galeras y 2 Galeazas; la reatguardia con D. Alvaro de Bazán con 38 Galeras y la vanguardia con Giovanni de Cardona con 8 Galeras.

  Realmente, entre estas magnitudes, la Orden fue destruida, primero por su posición en el centro, en lo más recio de la refriega y segundo porque su pabellón era el más buscado por las galeras berberiscas al mando de Uluch Alí, también comandante del ala izquierda turca, el cual era además de comandante de ala el capitán de una Lanterna o galera grande berberisca de Argel. Su ala izquierda la componían 61 Galeras y 32 Galeotas, correspondiendo 14 de ellas las berberiscas de Argel.

 

Bibliografia:

John Hewitt,  Armas y armaduras

Hugo O´Donnell . Libros de Historia Maritima.

José Antonio Linati Bosch, Ensayos varios sobre las Galeras de Malta

JFC Fulller, Batallas decisivas

Técnicas Bélicas del Mundo Moderno

Revistas , de edición española, especializadas

Manuales varios de lógistica militar y técnica militar.

 


 

 


O Fortuna, velut Luna, statu variabilis.    Semper crescis aut decrescis, vita detestabilis.    Nunc obdurat et tunc curat, ludo mentis aciem.
Egestatem, potestatem, dissolvit ut glaciem.   Sors immanis et inanis, rota tu volubilis. Status malus, vana salus semper dissolubilis.  Obumbrata et velata, midhi quo que niteris. Nunc per ludum dorsum nudum, fero tui sceleris.  Sors salutis et virtutis, midhi nunc contraria, est affectus et defectus, semper in angaria.     Hac in hora, sine mora, corde pulsum tangite. Quod per sortem, sternit fortem, mecum omnes plangite.