La Guerra del Yaqui

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Diego Martínez de HurdaideUna tarde del verano de 1607, una columna de españoles de la Capitanía de Sinaloa, bajo el mando de Diego Martínez de Hurdaide, se internó en la Sierra de Bacatete, al sureste de lo que hoy es el estado mexicano de Sonora. Iban siguiendo a un grupo de indígenas ocoronis que habían atacado la villa de San Felipe y Santiago para ajusticiarlos. Desde hacía un par de años, los rebeldes ocoronis y zuaques se habían refugiado entre sus aliados yaquis, una belicosa etnia conformada por varias tribus que ostentaban el título de los más fieros guerreros de las tribus cahita. El capitán y alcalde mayor Diego Martínes, había dado un ultimátum a los líderes de esta nación: entreguen a los rebeldes o aténganse a las consecuencias. Y las consecuencias fueron cuatro años de desastrozas campañas que terminaron muy mal para los españoles, incluída una batalla en la Sierra del Bacatete en la cual casi pierde la vida el capitán castellano. Al final, presionado y hostigado por las autoridades de la Nueva España, Diego Martínez tuvo que firmar un pacto de paz vergonzoso, tomando en cuenta que el glorioso ejército español había avanzado durante veinte años hasta el norte de lo que hoy es el terrirorio mexicano, sin perder un solo enfrentamiento contra las tribus chichimeca.

Desde 1533 se tenía constancia de la belicosidad y la rudeza de esta gran etnia. Entonces, Diego Guzmán había llegado con sus conquistadores hasta los límites del Río El Fuerte, donde se encontró con una coalición de guerreros mayos y yaquis, quienes en acto simbólico pintaron una raya en la tierra frente a la mirada del capitán, advirtiéndole de lo insensato que sería el internarse en sus territorios. Diego Guzmán mandó formar filas y descargar los arcabuces, mismos que habían dado buenos frutos contra otras tribus de la zona, pero contra los yaquis y mayos lo que provocó fue una andanada furiosa de flechas y lanzas que casi terminó en una tragedia para los aventureros castellanos.

Vista del Río Yaqui

 

Durante siglos los yaquis siguieron gozando de esta posición de influencia local y tranquilidad, tornándose la nación indígena más influyente de todo el Noroeste de México. Con la llegada de las órdenes jesuitas, los yaquis fueron volviéndose cada vez menos agresivos. Dejaron de atacar a los poblados hispanos, abandonaron las prácticas de abijeo y se dividieron, para su gobierno, en ocho diferentes estados. Los misioneros cristianos los evangelizaron y educaron según las necesidades del nuevo estado de la Nueva España, que tenía serias pretensiones sobre los territorios de los yaquis.

Indígena yaquiEn septiembre de 1734, el gobierno criollo de Juan Antonio Vizarrón declaró posesión sobre todos los territorios que aún no habían sido ocupados alrededor de las Villas de San Felipe y Santiago, Parral y Paso del Norte. Esto, por supuesto, incluía también a los territorios circundantes del Río Yaqui. Los yaquis organizaron delegaciones con ayuda de los jesuitas para reclamar lo que, por derecho, les pertenecía, enviando a sus dirigentes a la corte del Virrey en 1735, 1737 y 1739, negociaciones que terminaron en nada. Entrando el año de 1740, llegaron recaudadores y una división armada de españoles bajo el mando de Agustín de Vildosola, quien por entonces servía al gobernador de Nueva Galicia Manuel Bernal de Huidobro. Al estar siendo despojados de sus tierras, los yaquis se declararon en guerra, invitando a sus hermanos mayos, pimas y yoremes a unirse y rebelarse contra el gobierno virreinal.


Poco se sabe sobre los primeros caudillos de esta etnia, al no haber constancia escrita y al perderse la tradición oral por culpa de las deportaciones en masa de que fueron objeto posteriormente. Pero se sabe que el primer caudillo que sublevó a todos los cahitas contra Bernal de Huidobro y el gobierno criollo fue Juan Calixto, jefe yaqui de Cocorit. Era este un hombre muy apegado a los misioneros jesuitas que mucho tiempo detuvieron el ímpetu yaqui tras la declaración novohispana de la expropiación del Yaquimi, pero después de la tiranía con que operaba el gobernador Huidobro, los mismos jesuitas apoyaron y arengaron a los yaquis en la defensa de sus tierras.

Juan Calixto reunió a más de 5.000 guerreros, y se fue con ellos a proteger la Sierra del Bacatete -táctica que sería sumamente repetida después -la cual era, literalmente, una fortaleza inexpugnable. Durante tres años los insurrectos yaquis hostigaron las rutas del norte de la Nueva España. Los comerciantes y recaudadores no podían acceder durante mucho tiempo a Parral y Paso del Norte, en Chihuahua, ni a Torreón, en Coahuila, porque la principal ruta de Nueva Galicia doblaba en torno al Río Mayo y la parte baja de la Sierra del Bacatete. Esto trajo numerosas pérdidas al gobierno novohispano y la creación de rutas alternativas a través de la Sierra Madre Occidental y los territorios inhóspitos de Zacatecas, lo cual era peligroso, tardado y costoso.

Territorios cahitas

En 1743, el gobernador Bernal de Huidobro fue depuesto por la incapacidad de apaciguar a los rebeldes yaquis, y el mando fue otorgado al capitán Agustín de Vildosola. Este tomó rápidas medidas, declarando sus intenciones de pactar una tregua con los jefes insurgentes. En octubre del mismo año se entrevistó con el jefe yaqui Juan Calixto y el jefe mayo Juan Ignacio Muni, pero al término del encuentro, tropas federales se presentaron y los apresaron, recluyéndolos en San Carlos de Buenavista y ejecutándolos al poco tiempo después. Fue este el primer episodio de lo que se conocería en la posteridad como la guerra más larga y cruel en México y cuyo saldo sería la trastornación de cientos de etnias de todo el país y el surgimiento de uno de los odios más enconados entre blancos e indígenas -yoris y cahitas, como diría cualquier yaqui -en el continente americano. Después de la Guerra del Yaqui, el hombre blanco jamás sería visto igual en el norte de México.
 

 

 

Fuentes:

Vachiam Eecha, Cuaderno of Yoeme people.

Francisco del Paso Troncoso, Las guerras contra las tribus yaqui y mayo del estado de Sonora.

Eduardo Quezada, Quezada News Network.

 

 

 

La Guerra del Yaqui: 1790 - 1832.
 

Antes de la Independencia: Indiferencia y aislamiento

El siglo XIX hizo su entrada y los yaquis siguieron sometidos por las buenas ante una minoría blanca que crecía muy lentamente en el estado de Sonora. Se le conoció con el nombre de Rebelión Yaqui o Guerra del Yaqui, sin embargo, en los principios del siglo XIX alcanzó el nivel de una sublevación de tintes nacionales en la que, junto con los yaquis, también se vieron involucradas las revueltas locales y el apoyo a la causa de las etnias mayo, pima, ópata, seri, eudate, pápago y apache.

En los últimos meses del siglo XVIII los apaches se habían convertido en un serio problema para los novohispanos de Nuevo México y el norte de Sonora y Chihuahua. Arrinconados y cazados en el sur de Estados Unidos, invadían la frontera frecuentemente en Taos, Nuevo México, y San Luis, Colorado en el noroeste, y en Chihuahua, Paso del Norte, Arizpe y Sonora, en el interior de la Nueva España, robando haciendas, diligencias, caravanas mercantes y ganado. La pacificación de los yaquis era, por lo tanto, una prioridad inmediata en Sonora para dedicar todos los esfuerzos a la reducción de los apaches.

La solución a corto plazo fue implementada por Alejo García Conde, gobernador del Estado de Occidente -nombre que tenía entonces la provincia que reunía a los estados de Sonora y Sinaloa -y real visitador, un militar español bastante capaz tanto en lo bélico como en lo diplomático. A este señor tocó la difícil tarea de negociar la rendición de los últimos yaquis partidarios de Juan Calixto que aún resistían en el Bacatete, regresar la jurisdicción a las misiones jesuitas y justificar el traslado de la capital del estado de San Miguel de Horcasitas a Los Álamos. Redujo los latifundios a los colonos ingleses, franceses y estadounidenses que cada vez se hacían más numerosos que los mismos españoles, reconoció la posesión de las tierras del Yaquimi a los yaquis pero les negó el libre paso fuera de dicha zona por medio de un permiso especial y mantuvo siempre una estrecha vigilancia en la zona fronteriza entre estas etnias y los territorios novohispanos.

Con la llegada del nuevo siglo y el derrocamiento de Fernando VII a manos de Napoleón Bonaparte, vino de nuevo la incertidumbre. En Sonora la declaración de Independencia fue recibida con bastante indiferencia; reacción lógica si tomamos en cuenta que más del 60% de la población sonorense era indígena y en nada estaba relacionada políticamente con los criollos imperantes en el centro del virreinato. Incluso se podría decir que Sonora fue contraria a la insurrección: de este estado salieron refuerzos bajo el mando del mismo García Conde para combatir a los insurgentes en Sinaloa, Cosalá y El Rosario. Además, los jesuitas jugaron un papel de moderadores entre las etnias cahitas y las fuerzas insurgentes, aconsejando siempre a los líderes yaquis y mayos a obrar con prudencia, sin decantarse del lado de los realistas de Félix María Calleja pero dándoles a entender que su fidelidad debía estar con Su Majestad Elegida por Dios.

Después de la Independencia: Sentimiento y orgullo nacionalista

La Independencia fue declarada y reconocida y las esperanzas que tenían los yaquis de corregir su situación por medio del nuevo gobierno liberal se desvanecían en el aire. El ahora denominado Gobierno Mexicano trajo medidas en el estado de Sonora aún más preocupantes que las medidas anteriores de los españoles: esta vez un gobierno ajeno a sus propios organismos decretaba el derecho de colonización sobre las tierras del Yaquimi y daba permiso a todo extranjero para levantar poblados dentro de los territorios yaquis; al mismo tiempo expulsaba a las órdenes jesuitas que tantas veces hicieron la función de contención ante el ímpetu yaqui y que se habían enemistado con los federales. Además, después del reconocimiento, México cortó relaciones migratorias con España, pero las abrió con Estados Unidos, y la ola de nuevos colonos comenzó a crecer rápidamente y con ellos, también se sucedían los arrebatos de tierras consentidos por el nuevo gobierno. Cada vez era más notorio el descontento de los indígenas en el Noroeste de México y sin jesuitas que los representaran ante un organismo oficial, sus intereses se veían seriamente amenazados, por lo que optaron por elegir a un representante general por caudillo ante la inminente guerra que se avecinaba de nuevo.

En 1822, recién concluida la Guerra de Independencia, los yaquis eligieron a Juan Ignacio Jusacamea, mejor conocido como Juan Bandera, como lider de todos los yaquis. Este hombre era de caracter algo temperamental, buen administrador y mejor organizador de tropa, y rápidamente comenzó a realizar acciones encaminadas a un conflicto abierto contra el gobierno mexicano: manifestó el deseo de los yaquis de formar una confederación que incluyera a todos los cahitas en un mismo estado consolidado para defenderse de los agravios de los mexicanos y declaró la necesidad de la eliminación sistemática de todos los yoris que habitaran sus tierras. Al mismo tiempo apremió a las diferentes tribus para colocar defensas en los pueblos, en las Guásimas y en el Bacatete, introdujo el uso del caballo y el fusil para toda la tropa, convirtiendo a las milicias indígenas en guerrilleros para todos los terrenos. Esta guerra fue declarada finalmente por ambos bandos en 1825, y los enfrentamientos comenzaron de nuevo en los alrededores del Bacatete, donde los yaquis se fortificaban para de ahí lanzar incursiones contra los diferentes poblados y las rutas utilizadas por los blancos.

Indígena mayoAnteriormente, los españoles y los estadounidenses habían empleado una táctica que dió muchos frutos en las Guerras Apaches: utilizaron a exploradores pápagos (tohono o’odham) para rastrear y emboscar a sus irreconciliables enemigos apaches. Ahora, el gobierno mexicano adoptaba la misma medida, reclutando a indígenas acaxees y rarámuris (tarahumaras) para acorralar a los guerrilleros yaquis que hacían incursiones fuera del Bacatete. Esta medida tuvo repercusiones hostiles hacia los ayudantes del gobierno: las autoridades del Gobierno de Arizpe recibieron un día un costal lleno de manos cortadas con señas acaxees, manos que habían sido enviadas por los ópatas del Cerro del Tiburón, en la costa de Guaymas.

Mientras la influencia de Juan Bandera continuaba creciendo, la junta del gobierno sonorense se trasladó a Cosalá, en Sinaloa, y desde allí, el gobernador Elías Gonzáles comenzó a apoyar la causa del cacique José Madrid, quien tenía el apoyo de varias tribus yaquis y mayos, promoviendo el famosísimo divide et impera. Los enfrentamientos entre los mismos yaquis se fueron agravando, llegando a un enfrentamiento en el Río El Fuerte en que Juan Bandera pidió ayuda a los ópatas y mayos para derrotar a Madrid, mientras que éste contó con apoyo del gobierno federal.

A finales de 1827, Antonio Félix de Castro, padrino religioso de Juan Bandera, encabezó las negociaciones de paz después de dos años de alzamiento, y convenció a ambas partes para firmarla con el reconocimiento de Juan Bandera como principal dirigente de la Confederación Yaqui, y aunque el gobierno mexicano se negó a reconocerles como nación independiente, estos seguían ignorando a las autoridades impuestas por los federales y seguían realizando incursiones en las haciendas con el find e hostilizar a los colonos yoris y presionar al gobierno para que devolviera sus tierras.

Última etapa: ocaso de Juan Bandera y la enemistad del yori

La paz, ya de por sí muy frágil, fue rota de nuevo en 1829, cuando tropas federales expulsaron a pobladores de Cocorit y Potam para integrarlas en ejidos y entregarlas a colonos estadounidenses. Juan Bandera declaró el estado de guerra contra México y los colonos yoris, y presto a dar el ejemplo realizó una expedición contra Potam y Cocorit asesinando, quemando y robando ganado, y guió a un ejército de alrededor de 4.000 yaquis a través de los caminos federales, atacando los poblados de El Pinto, Nacozari y Copeche, cerca de Ures y Hermosillo. Los ataques a los poblados yoris eran brutales y la mayoría de las veces no se podía atrapar a los perpetradores porque desaparecían en el Bacatete antes de que llegaran las tropas federales. Esta situación fue vivida por la población blanca durante casi dos años, hasta que en 1831, fecha en que se separaron los estados de Sonora y Sinaloa en gobiernos diferentes, el Congreso de la Unión, presionado por la ciudadanía, ofreció el indulto a los yaquis sublevados y aseguró en el mando de estos a Juan Bandera, nombrándolo Jefe de los Yoemé (nombre con que se conocen a sí mismos los yaquis) y General de la Nación, convirtiendo en asalariados a él y a sus tropas y regularizándolos como Ejército Regular Yoemé en conformación de la Segunda Zona Militar.

Distribución de los yaquis en Sonora

Al año siguiente de la pacificación, el gobernador Escalante mandó llamar a conferencia a Juan Bandera a la Zona Militar de Hermosillo, pero al cruzar por El Ronco fue emboscado por hombres de José María Madrid. Bandera dió por asegurado que la trampa había sido tendida por las autoridades federales y como venganza apresó y colgó a los agentes de Madrid en Vicam y Cocorit. Al llegar a Rahum hizo saber a los yaquis sobre el intento de asesinato de que había sido víctima y alistó a las tropas. Avanzó hasta Guaymas, donde se le unieron las fuerzas ópatas de Virgen Gutierrez y en Navojoa los mayos de Jacinto Salvador. El plan era atacar el poblado de Los Álamos, donde se encontraba el 2° Regimiento y rendirlos antes de que el gobernador Leonardo Escalante acudiera en ayuda de los cercados desde Hermosillo.

El ataque a Los Álamos comenzó en septiembre de 1832, resultando en derrota para los rebeldes que se tuvieron que replegar a Choix y de ahí a Guaymas, viéndose acorralados por el 5° Regimiento procedente de Zacatecas y la Columna Angelina que mandaba Leonardo Escalante desde Hermosillo. En Guaymas, los mayos se separaron para internarse en las manglerías de la Bahía de Lobos y de ahí cruzar hasta El Tiburón, donde se refugiarían hasta que pasara la tempestad. Pero Bandera no disolvió sus fuerzas, sino que pretendía rodear a las fuerzas federales y huir por la noche a Torim, donde se habían refugiado cientos de familias yaquis. La expedición fue descubierta cuando los yaquis se aproximaban a Soyopa y la persecución duró toda la noche, quedando cientos de rebeldes aislados en los cerros y siendo derrotados por pequeños grupos. Bandera consiguió huir con algunas tropas hasta Torim, donde fue sitiado el mes entrante y derrotado en una semana.

Juan Bandera fue enviado a Hermosillo para ser enjuiciado por la Corte Marcial al ser un General Mexicano, pero el caudillo se arrancó las insignias nada más entrar al edificio y pidió ser juzgado como un forajido, no como un traidor a su patria, sino como un enemigo de los mexicanos y que, en vez de ser colgado fuese fusilado. Dos meses después, Juan Bandera y los Hermanos Gutierrez, Virgen y Dolores, fueron enviados a Arizpe, donde serían ejecutados fuera de su pueblo y lejos de sus partidarios. Sin embargo, el espíritu revolucionario e indomable, y la personalidad arrolladora del yaqui Juan Bandera sembró semilla fuerte en la mentalidad del pueblo yaqui, que nunca cedió un ápice en su lucha por la pertenencia de sus tierras ancestrales. Con el tiempo otros caudillos imitarían a Juan Bandera, como Cajemé -de quien hablaré en otro artículo -y llevarían la lucha que parecía insípida y a todas luces ineficaz y sin sentido -muchos de los colonos blancos no se explicaban el por qué de la terquedad del yaqui, cuando de las decenas de tribus cahitas, ellos y los mayos eran los únicos que no se asimilaban a la Federación Mexicana -a un enfrentamiento idealista que vería su fin después de un siglo de la muerte de Juan Bandera.

 

 

La Guerra del Yaqui: 1833 - 1884

 

La identidad de una nación enemistada

La captura y muerte de Juan Bandera no trajo muchos cambios al conflicto entre yaquis y yoris,salvo por la notoria separación que sufría la nación. El gobiernofederal mexicano bombardeaba con propaganda a las diferentes tribus dela etnia, acogiendo a algunas para que prestaran servicios en lashaciendas mexicanas y marginando a otras, quitándoles tierras yparcelas de siembra, echando abajo sus casas y hostigándolos sin treguaalguna. Los yaquis, siempre dispuestos a seguir a cualquier caudillo afalta de misioneros jesuitas a los cuales tomar ejemplo, se acomodaronen base a los intereses de sus jefes locales.

Los yaquis del sur, de las tribus deVicam, Cocorit, Potam y Torim fueron desplazados y despojadossistemáticamente de tierras de labranza que anteriormente habían sidoreconocidas por el propio gobierno. Por otro lado, los yaquis del nortese convertían en acreedores -una idea vana pero acreedores a fin decuentas -al ser compradas sus tierras por cantidades tan ridículas comodiez reales republicanos o cinco libras de plata. A su vez, erandebidamente presionados o convencidos de que sus agrestes tierras nuncaserían lo suficientemente productivas como para que fuesen rentables.En vez de su posesión, se optaba por venderlas a los norteamericanos,españoles, franceses y alemanes que se iban instalando en la zona, yaque estos contaban con la maquinaria necesaria para convertir lastierras duras y áridas de Belem en paraísos frutales y plantacionesenormes de hortalizas. Los yaquis del norte pronto vivieron un períodode sedentarización, agregándose al entorno laboral del estado de Sonora-que años antes se había separado de Sinaloa -como trabajadores deplantaciones, servidumbre en las haciendas, arrieros de ganado,ayudantes de comercio, abarroteros, muleros y correos. Los pobladoresde Raahum vivieron un fenómeno similar al estar su poblado muy cercanoal moderno puerto de Guaymas, enclavado en el suroeste del estado.

El México independiente pintabademasiados entornos para las tribus yaquis, excepto la prometidaindependencia que habían alabado los Insurgentes de la lucha armada querecién terminaba. Estaba claro que dicha independencia sólo la veríanalgunos sectores del país, pues en el norte de la nueva nación lacolonización aún se hacía sentir y en la región del Yaquimi era quizásmás dura que antes. Anteriormente, los jesuitas habían jugado el papelde padrinos contra los intereses de la federación. Pero de 1830 a 1840,con los misioneros expulsados, los yaquis jugaban solos y con todo ensu contra. Una industrializada Álamos y la recién colonizada comunidadde Navojoa les separaba de sus aliados ancestrales en el sur, losmayos. Y por el norte, las tácticas del gobierno federal para laeliminación de su identidad surtían muy buen efecto haciendo cundir lasdiferencias tribales. Aunado a esto, la represión del prefecto militaren la zona, el General Juan Urrea, era un constante recordatorio de queen el México recién nacido no se tolerarían las defensas legítimas delos pueblos indígenas.

«El que no se detiene a beber»

A principios de la década de 1850, elestado de Sonora era un hervidero de sentimientos encontrados debido aque la mayoría de los colonos eran extranjeros. La experiencia vividaen los estados de Texas, California y Nuevo México inspiraba a otroscolonizadores del norte de México a buscar su emancipación delfácilmente corruptible gobierno mexicano. En ese entonces, México seencontraba sumido en guerras civiles interminables, nacidas de la luchaentre el clero y la república, y las diferencias ideológicas de losconservadores y los liberales. Los estados del norte estaban bastantedescuidados y las juntas extranjeras que clamaban por una repúblicasonorense independiente tuvieron una importante acogida entre un puñadode librepensadores franceses y alemanes, entre otros.

Losbelicosos yaquis siempre fueron aliados de cualquier bando que lesprometiera ir contra sus enemigos. Se habían aliado contra losinsurgentes en la Guerra de Independencia, en favor de los intereses dela corona. Ahora que sus tierras eran amenazadas por el desbordamientode las fronteras, se aliaban con los republicanos y federales en contrade la expansión de los terratenientes europeos y sus cada vez másdescarados abusos. Los primeros en entrar en abierta alianza con los yoris fueron los yaquis de Huíviris, Potam y Vicam, quienes eran dirigidos por Mateo Barquín, un jefe indígena que se había educado con los jesuitas y había trabajado en las haciendas de Hermosillo.

En julio de 1854, una intentonaseparatista dirigida por franceses y alemanes trató de tomar elgobierno del estado de Sonora, atacando primeramente al puerto deGuaymas. El veterano de las guerras de Independencia, de Los Pasteles yde la Intervención Norteamericana, José María Yáñez, a la sazóngobernador de Sonora, hizo frente al intento de derrocamientoconvocando una fuerza militar de alrededor de 300 soldados regulares ymás de 100 irregulares. Entre la tropa regular, el destacamento másnumeroso era el Regimiento Urbanos, entre cuyas filas se encontrabanindígenas locales enviados por Mateo Barquín; uno de ellos era José María Leyva,quien estaría destinado a convertirse en el caudillo más grande detodos los yaquis. Así fue como inició su vida militar José María Leyva:a los 16 años de edad combatiendo contra las pretenciones colonialesextranjeras en una época en que casi todas las potencias mundialesquerían un pedazo de México.

Sobre la infancia y juventud de JoséMaría Leyva, no es mucho lo que se conoce. Después de concluir sueducación en Guaymas se fue a vivir a Tepic, Nayarit, donde fuereclutado por la leva en el Batallón de San Blas, que defendía a laRestauración. Mas no alcanzaría a ver mucha acción con el batallónsureño, pues desertó a los pocos meses para regresarse a Sinaloa, dondeentró a trabajar como minero para esconderse de las autoridades. Pocotiempo después, en 1860, se incorporó en el Cuerpo de Caballería Ruralde Los Altos desde donde organizarían, bajo las órdenes del Gobernador Ignacio Pesqueira,las acciones de hostigamiento y represión contra los pimas y ópatas quecausaban bandolerismo en los caminos de la serranía. Es en esta unidadde caballería, sirviendo con el Coronel Remigio Rivera, dondeaprendería las técnicas de caballería, guerrillas y atrincheramientoque habría de utilizar en un futuro no muy distante contra el ejércitoal cual servía.

Duranteun considerable período de servicio en las filas republicanas, JoséMaría Leyva llevó a cabo varias acciones, entre las que destacan lasdefensas del estado de Sonora contra Igunazo, luego contra ConantMaldonado y, posteriormente, las expediciones contra el ópata LuisTánori y sus aliados pápagos y mayos, en un peligroso levantamientoindígena que comprometía la seguridad del gobierno ya enfrascado en lasinterminables guerras civiles y tratando de pacificar tanto el propiocomo los territorios vecinos. Destacando entre las filas federales,Leyva es ascendido a Capitán, encabezando él mismo su propia unidad decaballería con acciones en todo el sur de Sonora. Como dirigente detropa, José María Leyva era hombre enérgico, infatigable e inquieto.Daba órdenes muy tajantemente y era tremendamente rencoroso contra laindisciplina. Apreciaba la lealtad y la determinación y delegabaresponsabilidades importantes en alguien en quien pensara como unhombre con arrestos. Poseía la ferocidad de un animal salvaje pero almismo tiempo hacía gala de nobleza y cordialidad. Era la representaciónviva del carácter fuerte del ranchero y la astucia del indígena yaqui.Por su determinación y su arrojo en las actividades bélicas sus hombresle confirieron el apodo de “Kahe’eme (Cajeme)”: «El que no se detiene ni para beber agua».

Después de catorce años de servicio enla caballería, en los que se sucedieron acontecimientos notables en elpanorama mexicano -las Intervenciones Francesas, los diferentes golpesde estado conservaduristas, las aventuras temerarias de los agitadores,la derrota de los apaches y ópatas en Arivaipa -José María Leyva fuelicenciado y se le permitió regresar a Torim con el beneplácito delGobernador Pesqueira. Por su impecable servicio fue nombrado Alcalde Mayor de todos los pueblos yaquis.Los jefes de las diferentes tribus tenían que rendirle cuentas a él, elhombre de confianza de Pesqueira en la zona, además de habérselecomisionado la pacificación de los yaquis en el Bacatete. Pero «el Indio Cajeme»tenía la mirada puesta en otros horizontes. Ahora que le era permitidoregresar a su país, y con conocimientos suficientes para hacer de lasdispersas tribus yaquis un conglomerado fuerte, estaba decidido aterminar de una vez por todas con las injusticias contra su pueblo. Yahabía actuado mucho tiempo de manzo cordero; ahora le tocaba actuarcomo lobo feroz.

Los yaquis al servicio del Imperio Mexicano

Es necesario hacer un paréntesis enesta parte de la historia, pues si bien algunos yaquis se postularon departe de los republicanos en sus constantes luchas contra elconservadurismo, una mayoría considerable se puso de parte de losservicios del Imperio durante la Intervención Francesa, en 1865.Surgido en las ciudades de Ures y Hermosillo, el movimiento proimperialista tuvo un gran apoyo vital de las clases pudientes que noestaban coligadas con la política. José María “el Chato” Almadaatrajo a su causa a comerciantes, mineros, obreros e indígenas con lapromesa de beneficios comerciales, para unos, y el respeto a losderechos eclesiásticos, para otros. Los yaquis, bastante sensibles a lapalabra de Dios, tomaron las armas por el partido que encabezaba elPrefecto Imperial en Sonora.

Haciéndose fuertes en Vicam, marcharon bajo las órdenes de José Barquín,hijo de Mateo Barquín, y tomaron los poblados de Ures y La Pasión. Ahíse les unieron los mayos, que se habían levantado antes, tomando Álamosy poniendo en apuros a la guarnición de Navojoa. La situación eraprecaria para el gobierno republicano, que sufría varias derrotas entodos los puntos defensivos. En cuestión de tres meses, los mexicanoshabían perdido varias poblaciones importantes; Magdalena en marzo,Altar y Sahuaripa en mayo y Moctezuma en junio. De ahí les siguióArizpe, que tomaron Refugio Tánori y Antonio Terán y Barrios con unafuerza combinada de ópatas, pimas y realistas, reforzados por el 7°Regimiento de Cazadores de África. Ante el desastre inminente, IgnacioPesqueira abandonó el país por Arizona, dejando las defensas a cargo deJesús García Morales.

Al haberse debilitado la lucharepublicana en Sonora, que caía inevitablemente en las manos de losimperialistas -los liberales sólo conservaban el control en Hermosillo,Guaymas y Navojoa -el General Ramón Corona, prefecto militar deSinaloa, envió a Antonio Rosales -quien ya había derrotadobrillantemente a los invasores en San Pedro -y a Ángel Martínez para elapoyo de la lucha contra los franceses y sus aliados. Ángel Martínezpartió con 1.500 hombres desde Ahome, embarcándose en septiembre yllegando a Hermosillo en octubre. Antonio Rosales lo hizo desde ElFuerte con el objetivo de recuperar Álamos y aliviar la presión sobreNavojoa. Marchó sobre Estación Castro y Asunción, dispersando a losyaquis y mayos a su paso, y les derrotó en la Batalla del Salitral.Tomó Álamos el 18 de septiembre solo para que, cinco días después, el23 de septiembre, perdiera la vida defendiendo la ciudad contra losyaquis.

Sinembargo, la lucha dirigida por Ángel Martínez gozó de más fortuna. Aprincipios de 1866, el Imperio perdía apoyo y popularidad. Maximilianose había declarado liberal y los conservadores le daban la espalda. Losfranceses se retiraban debido a sus derrotas en la Guerrafranco-prusiana. Y gracias a tales situaciones, los republicanoscobraban valor y adquirían nuevos bríos. García Morales recuperaríaArizpe a finales de 1865, arrebatándosela a Terán y Barrios yhaciéndolo prisionero, aunque sería derrotado en Nácori Grande en enerode 1866 por Refugio Tánori. Ángel Martínez, por su parte, barrería contoda la resistencia indígena por medio de una atroz campaña dehostigamiento, obteniendo victorias en Puente Colorado, Movas, Cumpas,Nuri y el Río Mayo, y vengando la muerte del Héroe de San Pedroen Álamos aniquilando a las fuerzas de José María Almada. Durante dosmeses sostuvo la represión contra los indígenas a los que persiguóhasta Batachive y Quimizte, haciéndoles numerosos muertos.

Pesqueira regresaría a mediados delmismo año y la desgracia haría presencia entre las filas indígenas. Sinel apoyo del Imperio, los yaquis y mayos de José Barquín, los ópatas deTánori y sus aliados almadistas y gandaristas pronto perderían laciudad de Hermosillo, que poseyeron durante cuatro meses. ÁngelMartínez, Ignacio Pesqueira y Jesús García Morales derrotaríandefinitivamente a los realistas en la Batalla de Guadalupe, a unostreinta kilómetros de Ures. Ahí se enfrentaron contra un ejército de3.200 yaquis y mayos y una considerable fuerza realista que contaba confranceses y suavos que habían decidido quedarse a luchar. Casi la mitadde ese ejército quedó muerto o desaparecido, sobreviviendo los jefesJosé Barquín y Refugio Tánori que huirían junto con otros realistas alRío Yaqui para tomar una barca en Los Médanos y huir a Baja California.Dos meses después, en septiembre, les seguiría Almada, quien haría unúltimo esfuerzo por tomar Álamos y evitar que los sonorenses recibieranrefuerzos de Sinaloa. Pero la operación fracazó, y tras su derrota sedió su huida. Cuando los jefes realistas e indígenas atravezaban el Marde Cortés, el Coronel Salazar Bustamante los interceptó, haciéndolosprisioneros y regresándolos a Guaymas, donde fueron fusilados el 25 deseptiembre de 1866.

La Nación Yaqui en pie de guerra

El período que comprende de 1875 a 1878marcó una época que los yaquis tienen en buen recuerdo, ya que fue laetapa inicial de la jefatura de Cajeme en toda la región del Yaquimi.En un principio, el Gobernador Pesqueira había dispuesto que Cajeme sehiciera cargo solamente de los poblados más conflictivos: Huíviris,Rahum, Potam, Torim y Cocorit. Toda la zona aledaña a la Sierra delBacatete. Pero el jefe yaqui no estaba contento con eso. Aprovechandolos recientes problemas que enfrentaba el estado de Sonora, bastanteocupado en la reconstrucción de Hermosillo, Ures, Álamos y las rutas decarretera que habían sido devastadas por la guerra, Cajeme comenzó avisitar los diferentes poblados y colonias externas de yaquis que seencontraban fuera de su jurisdicción. También frecuentó las aldeas demayos, ópatas y pimas de los alrededores. En noviembre de 1874 visitóal viejo Luis Tánori en El Vergel para reforzar una alianza con supueblo y en febrero del año siguiente estuvo en las fiestas de LaPascua con los mayos en El Ronco, cerca de Navojoa.

Enesta época se dió también la primera vez que los yaquis contaron conalgo parecido a una constitución. Cajeme convocó, en junio de 1875, unaJunta Nacional de los Yaquis en Torim, donde asistieron la mayoría delos jefes yaquis. Estos jefes habían sido títeres dictados por elgobierno federal después de que seis de ellos fueran fusilados en 1866junto con José Barquín y los conservadores. Pesqueira, de nuevo en elpoder, depuso a los gobernadores yaquis y nombró a otros más adictos ala república. Pero la adicción de los yaquis a cualquier facción que nofuera la suya propia siempre fue efímera. En esta asamblea Cajeme losexhortó a la resistencia y a la adaptación. Pesqueira esperaba queCajeme les enseñara la sumisión y la asimilación, pero ningún yaquiestaría dispuesto a eso.

Cajeme nombró un consejo, a manera de estado mayor, que presidiera la reestructuración de la nueva Nación Yaqui.Los consejeros tendrían poderes extraordinarios en cada pueblo, conresponsabilidades y obligaciones que incluían la designación demagistrados, dictamen de leyes, acaparamiento de terrenos baldíos yentrenamiento militar. Pasarían a convertirse en el poder detrás decada jefe y solamente le reportarían sus actividades al Alcalde MayorCajeme. Por supuesto, el gobierno sonorense no se tomó muy bien elcomportamiento del caudillo, por lo que pidieron prontamente laintervención de la federación. Sin embargo, la nación estaba muymaltratada tras la guerra contra Napoléon III; de momento cualquierayuda para los sonorenses sólo era simbólica. Cajeme recibía conbastante alegría los mensajes en los que se mencionaba que, a menos quelos yaquis se levantaran en armas, el gobierno federal no seentrometería. De modo que los yaquis disfrutaron de un largo período detranquilidad en los que pudieron crecer económica, social ymilitarmente, evitando todo enfrentamiento político o armado con elgobierno sonorense. El gobierno, por su parte, dejaba ser a la NaciónYaqui con tal de que no se sublevaran.

Cajeme comisionó a Esteban Saqueripa,yaqui de Cocorit, para invitar a sacerdotes de los lejanos estados deQuerétaro y Nuevo Léon para reinsertar la educación cristiana en elValle del Yaqui. Sabía de antemano que la educación era fundamentalpara tener una sociedad preparada, pero lo que más anhelaba era launión de los yaquis por medio de su fe cristiana, ya que había sido laúnica fórmula que había logrado involucrar a todas las tribus a nivelnacional. A su vez, se dejaron de pagar impuestos por uso de caminos ypostas, agua potable y bestias de carga. Comenzaron a hacerasociaciones para la construcción de carretas, sistemas hidráulicos yherramientas de labranza. El primer paso era dejar de depender del yoriy el segundo era buscar la sustentabilidad. En un lapso de tres años,Cajeme había conseguido llevar agua del Río Yaqui a zonas alejadas 20 o30 km. En cuanto a lo militar, los yaquis mantuvieron constantecomunicación con otros integrantes de sus tribus que trabajaban enhaciendas, ferrocarriles o servicios de correos, y de esa manera podíanintroducir armas de contrabando. Se importaban por Nogales, Agua Prietay Naco, fusiles, revólveres y munición. No hacía mucho que el vecinodel norte había salido de la Guerra Civil y las armas, que antes seacaparaban en el frente, ahora buscaban un escape fuera de los EstadosUnidos. Pronto, los yaquis adquirieron verdaderos arsenales de fusilesSpencer, rifles Baker y hasta algunos Springfield, así como armascortas Colt y Remington, aunque siendo menos predominantes. Cajemetenía un registro y control sobre la propiedad que se daba a las armasregulando su existencia en las divisiones de los distintos poblados.Torim y Huíviris eran los pueblos mejor armados, contando sus elementosentre 1.500 y 1.700 fusiles Spencer y Springfield.

Eladiestramiento militar comenzó a mediados de 1878, primero en Torim ydespués extendiéndose en los otros poblados. Cajeme vigilabaestrechamente la instrucción por medio de los consejeros. Para ello,dividió la zona en tres partes: en el Norte quedaban incluidos lospoblados de las tribus de Belem, Cají y Pessio, en el Sudeste, losalrededores de Cocorit, Vicam, Torim y Bacum, y en Las Marismas, losGuayma, Raahum, Potam y Huíviris. Era ésta una división muy similar ala mantenida por las tropas federales en el estado de Sonora, y dejabaentrever que se preparaba para contrarrestar los efectos de cualquierrepresalia que los sonorenses quisieran tomar contra ellos. Asímismo,las rutas de la serranía, del Batachive y de las Guasimas fueronpreparadas en caso de que se tuvieran que hacer marchas urgentes ensocorro de los compatriotas.

Al informarse de esto, el prefectomilitar y gobernador de Sonora Luis Emeterio Torres, comenzó a tomarcartas en el asunto. Designó a Guillermo Carbó y a García Morales paradar escarmiento a los yaquis en el norte y en el sur. A su vez, mandóllamar a Cajeme para rendir declaraciones en el Palacio de Gobierno yle ordenó que entregara todas las armas de que dispusiera. El caudillo,conciente de que un enfrentamiento contra tropas preparadas a esasalturas sería una locura, entregó una cifra de armas razonable para elgobernador, mas no una importante cantidad de ellas. Mientras Cajemedialogaba con el general, daba órdenes a los negociadores de seguir conla compra de parque y a los consejeros de continuar con eladiestramiento y la preparación de la resistencia. Torres, sintiendoque Cajeme le jugaría una mala pasada, lo apresó y lo destituyó delmando de los yaquis en 1879, prometiéndole la libertad si los yaquispermitían reinstalar las plazas militares en la serranía. Pero mientrasel yaqui aceptaba, los guerrilleros daban batalla a García Morales enel Bacatete, prohibiéndole el acceso. Y por fin, a mediados del mismoaño, el jefe yaqui se vió aliviado por la insurrección de Carlos Ortiz,que permitió aligerar la represión contra los yaquis y su persona y,sobornando a sus captores, huyó al Bacatete, haciéndose con una gavillade hombres bien entrenados y armados, desde donde dirigiría susoperaciones.

Tan pronto como el levantamiento brevede Ortiz fue aplacado, ya no se dispuso el mando militar para LuisTorres, sino para un personaje mucho más enérgico y sanguinario: elGeneral Bernardo Reyes, quien sería muy conocido enlos próximos años como el militar de confianza de Porfirio Díaz.Bernardo Reyes no venía a Sonora a jugar, y sus primeras medidas fuerondespiadadas. Los yaquis de Belem, que hasta entonces se habían mostradolos más cooperativos con los habitantes de Hermosillo y Arizpe, fuerondespojados sistemáticamente de tierras de siembra, bestias de carga ymantos acuíferos. Si querían sembrar, cargar o abastecerse de agua,tenían que pagar renta. Y si se encontraba algún yaqui en posesión deun arma, podía ser ejecutado en el acto. Era el premio por aliarse conel yori y la primer estrategia para suavizar a Cajeme que, noobstante, resultó infructuosa. Los primeros tiros sonaron en la costay, a finales de 1882, la zona ardía hasta las montañas de la SierraMadre. Los yaquis comenzaron a irse a los montes y los caminos,saqueando y asesinando en pequeñas bandas que se perdían en los cerros.El bandolerismo se acentuaba, se hacía más frecuente y más crudo. Losintereses extranjeros peligraban enormemente y los nacionales se veíanafectados con la reseción de las inversiones. Ya era hora de que elgobierno federal pusiera orden, y la desición correspondía a BernardoReyes. En diciembre de 1883 tomó como prisioneros a la familia deCajeme, en Torim, con el objetivo de presionar al caudillo paraabandonar la lucha. Pero el plan no funcionó; lejos de calmarse, lafuria de Cajeme estalló con un llamamiento a las armas en todo elestado. Pero esta vez no fue una lucha de pueblos aislados, sino unlevantamiento general de todas las tribus, uniéndoseles también losópatas y los mayos. Se trataba de la mayor amenaza que afrontaría elestado de Sonora en toda su existencia. Las piezas comenzaban amoverse, y esta vez, los yaquis contaban con vaticinios favorables parasu victoria.

Fuentes

Vachiam Eecha, Cuaderno of Yoeme people.

Francisco del Paso Troncoso, Las guerras contra las tribus yaqui y mayo del estado de Sonora.

Federico García y Alva, Sonora Histórico.

La Cama de Piedra, La Guerra del Yaqui: 1833 - 1884.

 

 

 

 

 

 

RESPUESTAS:

 

afarango
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#4 ·
RE: La Guerra del Yaqui.

Buena historia Giliathluin, tuve dos compañeros originarios de Sonora, y al escuchar sus historias y verlos fisicamente, te puedes dar cuenta de que los habitantes de esa región tienen poco que ver con la mayoría de los Mexicanos, que te preguntas si no parecerían ser una nación diferente, además se que se sienten muy orgullosos de sus antepasados Yaqui....

Gracias

 

Giliathluin
Tribuno
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Desde: 12/May/2009

#7 ·
RE: La Guerra del Yaqui.

...Afarango, los sonorenses son de sangre caliente, como suelen decir. La mayoría de mestizos de sangre cahita somos gente algo temperamental, orgullosos y altivos, tal vez por el legado cultural de nuestros antepasados indígenas mayos, tahues y yaquis, pueblos que durante siglos estuvieron acostumbrados a mandar y no a que les mandasen. Incluso las mujeres sonorenses: son altivas y orgullosas como ninguna otra en todo el enorme país.

 

afarango
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Desde: 12/Jul/2009

#8 ·
RE: La Guerra del Yaqui.


Si son muy orgullosos, y son muy orgullosos, propensos a "prenderse" ante cualquier cosa que no les agrade jajajaja, son altos (Conoci median minimo 1.72 o 1.75) más que los demás mexicanos. Las mujeres son de las más bonitas de méxico..

Y aprendí que no les mata el fútbol y hasta me contaron que una vez fue a jugar la selección na Hermosillo y alli fue chiflada..jajaja...claroaños atrás...

Saludos..y gracias¡¡¡