La Empresa de la Conquista

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MÉXICO, AMÉRICA CENTRAL Y LOS TERRITORIOS DEL NORTE

Primeros contactos

Hernán Cortés salió de Cuba, hizo escala en la isla de Cozumel, donde encontró a Jerónimo de Aguilar, prisionero de los mayas desde 1511 y en Tabasco a la que sería llamada por los soldados, la Malinche. Cortés fundó la ciudad de Villa Rica de la Vera Cruz y dimitió de su cargo, independizándose del gobernador de Cuba, Velázquez, para poder obrar por su cuenta.

Inició su marcha hacia Tenochtitlán, capital del Imperio Azteca, situada en la gran laguna de la meseta central de Méjico. Su soberano era Moctezuma, que dominaba una serie de pueblos que no querían subordinarse a él. Cortés sacó partido de la situación, fomentando la rebelión de los mismos.

El 8 de noviembre de 1519 las tropas españolas acompañadas de sus ya aliados tlaxcaltecas llegaron a Tenochtitlán. El encuentro entre Moctezuma fue pacífico, pero Cortés le hizo prisionero. La situación cambió ante la llegada de Pánfilo de Narváez enviado por el gobernador de Cuba, que desembarcó en Veracruz. Cortés tuvo que salir a hacerle frente y mientras tanto, la guarnición española dejada por Cortés al mando de Alvarado, temiendo una rebelión popular, masacró a la nobleza azteca. Al volver encontró al pueblo en abierta insurrección contra los españoles. El propio Moctezuma murió y Cortés tuvo que abandonar la ciudad (La noche triste), el 20-6-1520 en donde perdieron la vida la mitad de sus hombres.

En la contraofensiva, en la batalla de Otumbra, se derrotó por completo a los indígenas. Un año después Cortés dominaba el territorio de la confederación azteca (unos 300 mil Km2) que pasaba a llamarse Nueva España y lo hacía a título de Gobernador (nombrado por Carlos V). A partir de ese momento, la meseta de Méjico se convertía en punto de arranque de nuevas expediciones. Se conquistó Michoacán y la costa N del Pacífico hasta el río Santiago. En 1529 Nuño de Guzmán se adentró hacia Nueva Galicia y Francisco Vázquez Coronado en 1540-41 penetraba muy al N de los actuales territorios de Nuevo Méjico y Colorado. A la vez, Hernando de Soto exploró la Florida.

Hacia el S, Pedro de Alvarado luchó en Guatemala contra los mayas que no fueron sometidos hasta 1544 y Cristóbal de Olid alcanzaba Honduras, pero dicha campaña no prosperó porque Olid decidió declararse gobernador. Cortés inició su propia expedición hacia las Hibueras y para ello se llevó consigue a Cuatemoc (el heredero azteca) y a otro cacique con objeto de evitar levantamientos en Méjico. Pero el resultado fue decepcionante y Cortés se vio obligado a ejecutar a los rehenes. La península de Yucatán, por donde entró Cortés quedó relegada durante algún tiempo. La metrópoli se vio desbordada por las peticiones de los conquistadores que solicitaban explorar y conquistar la región. Para ello se promulgaron las órdenes de  Granada que regularon las empresas descubridoras. La 1ª de estas expediciones sería a Yucatán, donde los mayas iban a resistir bastante tiempo y en un medio geográfico muy hostil hasta su conquista en 1527 donde se fundaron las ciudades de Mérida, Valladolid, Campeche, etc.

Hacia el NO se llegó a Tepic. Los indígenas empleaban la táctica de guerrillas por lo que neutralizaban la superioridad española militar.

El interés por el N se renovó cuando se descubrieron las minas de plata de Zacatecas. Las tribus chichimecas lucharon hasta 1690 utilizando tácticas españolas con la cría de caballos cimarrones. La resistencia de los indios convirtió la región en territorio de caza de esclavos.

 

Encomienda y reparto del trabajo indígena

 

La extracción de oro en las islas antillanas planteó desde el primer momento el problema de disponer de mano de obra especializada. Adoptaron por tanto el repartimiento de indígenas entre los mineros. Aquellos quedaban sometidos a un régimen de trabajos forzosos, lo que desencadenó revueltas violentas y sangrientas represiones que también planteó problemas de orden jurídico.

Desde un principio se estableció que los indígenas eran súbditos de la corona de Castilla y que por tanto no podían ser esclavos ni obligados a trabajos forzosos. Además, la Iglesia y la corona insistían en que se cristianizaran.

Derrotados los aztecas, había que controlar a la población y al principio la situación jurídica de Cortés no estaba clara, ya que había desobedecido al gobernador de Cuba. Pero cuando le nombraron Gobernador de Nueva España, intentó que en Méjico no se repitiese el saqueo como en las Antillas y para ello convirtió a los soldados en ciudadanos, partiendo de la ciudad y La encomienda.

Las tierras de los aztecas pasaron a ser de la corona y de ellas cada soldado obtuvo un solar en la ciudad para su casa y una parcela a las afueras y si deseaba una explotación agrícola o ganadera grande, era posible obtener tierras más lejos de la ciudad, llamadas “mercedes de labor o labranza” y se asignaban como propiedad libre hereditaria.

Cortés no era partidario de introducir en Méjico el sistema de repartimiento de indios por haber sido lo que causó los abusos en las Antillas. Además, fray Bartolomé de las Casas también era contrario al sistema de encomiendas y Carlos V ordenó que no se realizase ninguno. Pero los hombres de Cortés no querían convertirse en labradores y a éste no le quedó más remedio que ceder. De ahí que la encomienda acabara sustituyendo al repartimiento. A cada conquistador o colono se le encomendaba un número de indígenas de los que recibía prestaciones de dinero o en trabajo, comprometiéndose aquel a prestarles auxilio o protección, así como a preocuparse por su evangelización, pero sin que nada de ello le diera derecho sobre las personas o sobre sus bienes. La corona sólo autorizó la concesión de las encomiendas vitalicias o por vida, pero nunca hereditarias.

La Iglesia no cesó de denunciar los abusos que se cometían con los indígenas hasta conseguir de la corona en las Leyes Nuevas de 1542 una severa limitación de las Encomiendas en Nueva España y su supresión total en Perú, con lo que la corona se vio obligada a rectificar sus planteamientos iniciales. Así, la encomienda de servicio originaria, en la que mediaba una prestación de trabajo, acabó siendo sustituida por una encomienda de tributo, en virtud de la cual su beneficiario se limitaba a recibir una renta que la corona le satisfacía transfiriéndole una parte de los impuestos que ésta había obtenido previamente de la comunidad indígena pero sin que en ningún caso obtuviera aquél la autoridad sobre ella.

El encomendero fue una figura clave en la sociedad colonial de los primeros tiempos. Como representante de la generación de los conquistadores, sus hazañas le hacían acreedor de un inmenso prestigio social. Por ello los que no pudieron recibirlas tuvieron que vincularse a los encomenderos, como sus seguidores o paniaguados. El resultado fue la formación de fuertes lazos de clientela y patronato en el seno de la naciente sociedad colonial, la cuan tendía a concentrarse en núcleos urbanos, lógico, pues los conquistadores necesitaban mantenerse agrupados para asegurar mejor su propia defensa en un medio hostil insuficientemente pacificado y la corona les instaba a ello para facilitar su control. Sea como fuere, las ciudades fueron un elemento fundamental en la colonización de América.

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EL PERÚ Y LAS EXPEDICIONES HACIA COLOMBIA, CHILE Y EL RÍO DE LA PLATA

Inicio expansión al sur

En 1519 se fundó la ciudad de Panamá y desde ahí se organizaron diversas expediciones. Se exploró Nicaragua y Honduras con conquistadores procedentes de Nueva España. En 1539 se llega a Costa Rica y en 1558 a Veragua.

Pero los viajes más importantes fueron hacia el sur. Francisco Pizarro, nombrado por Carlos V gobernador de las tierras que conquistara, al igual que Cortés, pudiendo explotar las debilidades internas del Imperio Inca que era muy reciente, cuando llegaron los españoles, pues se había producido durante el XV. Este vasto imperio tenía su centro en Cuzco. El monarca anterior a la llegada de Pizarro fundó dos capitales y a su muerte se desencadenó una guerra civil entre sus dos hijos, Atahualpa y Huascar, quedando al final Atahualpa como monarca.

Pizarro hizo prisionero a Atahualpa y éste, temiendo una alianza con su hermano, le mandó matar. Por ello y una vez bautizado, Pizarro le mandó ejecutar. La capital Cuzco fue tomada y saqueada en noviembre de 1533, pero como quedaba el altiplano, en la zona más poblada por los indígenas y lejos de las rutas de comunicación con Panamá, Pizarro decidió fundar Lima con el nombre de Ciudad de los Reyes.

Pero al principal problema fue el enfrentamiento de las fuerzas españolas entre sí, enfrentándose Pizarro con Almagro. Este al principio atravesó el altiplano boliviano adentrándose en Chile, pero tuvo que volver a Perú al no encontrar riquezas.

Expediciones hacia Colombia, Chile y el Río de la Plata

Desde allí se hicieron diversas expediciones hacia Colombia. Se realizó la navegación aguas abajo por el Amazonas en busca del mítico “El Dorado” con Orellana. Hacia el sur se progresaba por las mesetas de Bolivia, Chile (Valdivia fundó la ciudad de Santiago), pero este territorio tardó en colonizarse por la fuerte resistencia de los araucanos. Pese a ello, algunos pobladores pasaron de las tierras chilenas a las situadas al otro lado de los Andes, fundando Mendoza. Así se penetra en el territorio llamado hoy Argentina al que los españoles habían llegado por vía marítima desde España.

Buenos Aires se fundó primero en 1536 y definitivamente en 1580, como puente en la ruta hacia España. Asunción se fundó en el Paraguay en 1537 y desde allí la colonización prosiguió por el Chaco en busca de minas de plata que encontraron en el altiplano boliviano.

A mediados del XVI lo esencial del proceso de la conquista ha terminado. Los españoles han conseguido el control de la más densa América indígena, la de los altiplanos que desde Bolivia y Perú llega a Nueva España (la de los aztecas, mayas, chibchas y los incas). Todo ello se consiguió por la superioridad europea en armas y en tácticas militares, no así en número de hombres en que la diferencia es enorme (la guarnición española en Cuzco, sitiada durante 1 año por Manco Capaz en 1537 no superaba los 200 hombres mientras que los sitiadores eran más de 50 mil).

 


"No es sabio el que sabe muchas cosas, sino el que sabe cosas útiles". Esquilo

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Las leyes nuevas y las guerras civiles

En 1542 se aprobaron las “Leyes Nuevas”. Carlos V al volver de Flandes se encontró con que los encomendaderos querían formar su propia aristocracia y con las guerras civiles en Perú entre almagristas y pizarristas. El enfrentamiento de los líderes militares tuvo su origen en las discrepancias surgidas en torno al reparto de los beneficios obtenidos tras el dominio del imperio inca. Existió un exceso de pobladores españoles (unos 8 mil) cuando no había encomiendas más que para unos 500 y empleo para otros mil. Por eso se fomentaron expediciones hacia Chile y el Amazonas.

Almagro regresó en 1537 de su fracasada expedición a Chile, decidido a reclamar la región de Cuzco por su participación en la conquista. Atacó Cuzco que era gobernada por Hernando Pizarro, a quien apresó. Tras la batalla de Salinas, Almagro fue derrotado y ejecutado. En 1541 Francisco Pizarro fue asesinado por los almagristas.

El primer virrey, Don Blanco Núñez de Vela, llegó a Lima dispuesto a cumplir las “Leyes Nuevas” y a negociar con el inca rebelde Manco Capac. Comenzó embargando un barco de plata con considerar que había sido obtenido con trabajo forzoso indígena; liberó a los indios empleados en las tareas de carga y se negó a escuchar a los españoles, los cuales acudieron a Gonzalo Pizarro, que durante estos años se había mantenido al margen de las luchas civiles. Pero sea como fuere, Gonzalo se erigió en cabeza de la protesta: desafió y derrotó a Núñez de Vela. El emperador envió a un pacificador, el religioso Pedro de Lagasca que prometió el indulto a los encomenderos que habían actuado “contra la autoridad real” y ofreció la modificación de las leyes.

La guerra de las “Leyes Nuevas” fue la última resistencia, como también ejemplificó cuál iba a ser en adelante la actitud de los funcionarios peninsulares que ejercieron sus funciones en el nuevo continente.

 

La economía de la conquista. La hueste

 

Los hombres que se habían enrolado en las primeras expediciones habían sido jóvenes, pertenecientes a casi todos los estratos sociales, desde nobles e hidalgos pobres hasta campesinos, siendo éstos los más numerosos. Todos ellos con el deseo de conseguir riqueza y consideración social.

En las primeras expediciones, la corona costeaba la aventura y a los hombres embarcados se les pagaba su soldada, con la promesa de otorgarles tierras y alguna gratificación por su labor. En la expedición de Núñez de Balboa (1509) se creó la 1ª “hueste” de conquista, modelo seguido después en la mayoría de las campañas. Era una asociación voluntaria de hombres en torno a otro que tomaba la iniciativa y se erigía en su caudillo. Se unían con un objeto concreto que iba más allá del saqueo costero en busca de oro y esclavos. Se pretendía “conquistar”, ocupar e incorporar territorios para establecerse en ellos. Los soldados podían abandonar la empresa cuando lo desearan.

El jefe se ocupaba de conseguir la autorización oficial necesaria (capitulación) y de proveer los medios financieros precisos para la empresa. Las capitulaciones eran el documento de la corona que especificaba la fecha, límites territoriales de la conquista así como las estipulaciones para el reparto del botín o ayuda financiera. Los nuevos territorios así, tenían siempre como titular a la corona española que se quedaba con los terrenos del jefe vencido y con un quinto del botín.

Para costear el resto de la expedición el caudillo empleaba su capital personal, créditos o bien se asociaba con otros personajes que aportaban fondos a la empresa y a veces, huestes propias. Reclutaba a sus hombres, los cuales también podían participar en la sociedad con sus bienes. Así, cada soldado se convertía de alguna manera en socio del jefe.

La disciplina de estos grupos era muy difícil. Cabía la posibilidad de que en la hueste hubiesen coincidido diferentes socios con sus propios hombres, como en el caso de Almagro y Pizarro.

Tras la conquista se procedía al reparto del botín. Según lo aportado por cada uno, según su función o de acuerdo con los méritos contraídos en la expedición. Primero se descontaba la parte del rey (1/5 real) y la cantidad necesaria para saldar los créditos y deudas de la organización. Al caudillo se le daba el cargo de gobernador y capitán general (vitalicio, por dos o tres vidas), alguacilazgos, la tenencia de fortalezas, la facultad de explotar minas y rescatar indios. Los más distinguidos tenían encomiendas de indios. Los hombres de a caballo, en una posición superior a la infantería también se beneficiaron de mayores repartos de tierra. A los primeros les correspondieron las caballerías y a los segundos las peonías.

Finalmente, si la conquista conseguía cubrir sus objetivos, los hombres de la hueste se transmutaban en colonos y pobladores, fundando pueblos y ocupando los solares y las tierras conseguidas, lo que no lograron nunca fueron muchos títulos nobiliarios, reservado sólo para los grandes conquistadores, ni tampoco el derecho por ley, de dejar en herencia sus encomiendas.

 


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