Francia y las consecuencias de la Batalla de Pavia

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Autor:                       Galland

 

 

 

Francia y las consecuencias de la batalla de Pavia

Carlos VIII invadió Italia en 1494 para apoyar su reclamación sobre Nápoles, basada en un argumento genealógico particularmente débil. Se inició con ello un período de cincuenta años de luchas en suelo italiano entre franceses, alemanes y españoles, lo que destruyó por completo la prosperidad italiana. 

Los italianos, mucho más sensatos que la mayoria, nunca parecieron buscar la gloria guerrera, al menos después de la época romana. Contrataban ejércitos mercenarios para que lucharan por ellos. Los mercenarios prestaban un buen servicio mientras se les pagaba, pero no veían virtud alguna en perder la vida por una causa sin esperanza. Asi pues, cuando dos ejércitos mercenarios se enfrentaban, y uno de ellos se encontraba en una posición claramente desfavorable, reconocia su derrota y se retiraba. Si se entraba en combate, uno de los dos bandos no tardaba mucho en percatarse de que estaba perdiendo. Las bajas eran escasas, y la población civil raramente se veia afectada. Pero entonces llegaron los franceses, los alemanes y los españoles. Luchaban noche y día, en verano y en invierno. 

Luchaban incluso desde una posición desventajosa, con la esperanza de que el enemigo cometiera una equivocación. En ocasiones luchaban hasta el último hombre. Tenían mal carácter, y saqueaban y mataban sin tregua, considerando que ése era el pago que merecían por los riesgos que corrian. Los italianos debieron de sentir lo mismo que las victimas de la incursión mongola trescientos años antes.Carlos VIII conquistó Nápoles, pero no pudo mantenerse alli y se retiró sin haber conseguido nada. Murió en 1498 y le sucedió Luis XII (1462-1515), su primo segundo e hijo de Carlos de Orleans, el que habia caido prisionero en Agincourt. Por linea materna, Luis XII era bisnieto de Gian Galeazzo, duque de Milán, asi que marchó a Italia a reclamar ese ducado. Su empresa tenia más sentido que la de Carlos VIII, pues si Nápoles se hallaba en el otro extremo de Italia, Milán era contiguo al sudeste de Francia. 

Lo que siguió fue una especie de danza alocada. Francia conquistó Milán en alianza con España, pero Francia y España disputaron, y una fuerza española expulsó a los franceses de Milán. En 1508, Francia se unió a una coalición contra Venecia, pero la coalición se rompió, y de nuevo las fuerzas españolas expulsaron a los franceses de Italia. 

A continuación, los franceses irrumpieron en Italia al mando de un nuevo comandante, Gaston de Foix (1489-1512), duque de Nemours y sobrino de Luis XII. Demostró auténtico talento pese a contar poco más de veinte años, pero pereció durante un ataque a Ravena.Francia perdió también la batalla de Guinegate frente a los ingleses en 1513 (los ingleses habian efectuado una nueva y breve invasión). Los franceses espolearon sus caballos con tal insistencia en su retirada, que el encuentro se llamó (La batalla de las Espuelas). Un francés que no se retiró con tanta diligencia y que había luchado con valor en Ravena fue el caballero Pierre de Bayard (1473-1524), conocido como "el caballero sin miedo y sin tacha". Luis XII murió en 1515 y le sucedió su primo (y cuñado), que reinó como Francisco I (1494-1547). Francisco hubiera podido percatarse cabalmente de que, tras veinte años de lucha en Italia, ni Carlos VIII ni Luis XII habían conseguido nada. Pero él se dispuso a hacer exactamente lo mismo que ellos. Al principio obtuvo una victoria.

Al invadir Milán, se enfrentó a los suizos, que luchaban como mercenarios al servicio de esa ciudad. El encuentro se produjo en Marignano, al sur de Milán, el 13 de septiembre de 1515. Como tenían por costumbre, los suizos atacaron con fantástica celeridad, de modo que Francisco no pudo utilizar su artillería. La reñida batalla se interrumpió al caer la noche. A la mañana siguiente, los suizos arremetieron de nuevo, pero esta vez Francisco previó lo que iba a ocurrir y tuvo dispuesta su artillería. Los piqueros suizos sufrieron grandes pérdidas y hubieron de retirarse. Su fama de invencibilidad, que duraba dos siglos, quedó destruida. En 1516, Francisco concertó la paz con Carlos I de España, que aún no era emperador, y Milán quedó en manos de Francia a cambio de que ésta desistiera de su reclamación sobre Nápoles. 

La solución parecía bastante razonable, pero ninguna de las partes mostró disposición a cumplirla. En 1521, estaban de nuevo en guerra. En 1522, 8.000 soldados suizos, que ahora luchaban en el bando francés, atacaron a las tropas hispanoalemanas en Bicocca, cerca de Milán. No aguardaron a la artillería francesa para lanzarse al combate, pues creían en la eficacia del ataque rápido. Lo pusieron en práctica, en efecto, pero las fuerzas imperiales poseían arcabuces, que eran primitivos cañones que podía transportar un solo hombre. Los suizos fueron destrozados. y el mundo comprendió que las picas no podían enfrentarse a las armas de fuego individuales. Este fue el fin de las picas como arma principal. Los azares de la guerra favorecieron alternativamente a unos y otros, y cuando en 1524 los franceses pusieron sitio a Pavía, al sudeste de Marignano, el ejército imperial se acercó de noche, en plena tormenta y desde una dirección inesperada. 

El 24 de febrero de 1525, la batalla de Pavía se inició con los franceses tomados completamente por sorpresa. Por añadidura, los imperiales disponían de armas de fuego individuales y los franceses no. Estos últimos fueron derrotados en toda la línea, y Francisco I resultó herido y cayó prisionero. Francisco fue trasladado a España y liberado sólo después de que hubiera firmado un tratado en el que renunciaba a todas sus pretensiones sobre Italia, y en el que entregaba el territorio borgoñón que se había anexionado Luis XI. Naturalmente, en cuanto estuvo de regreso en Francia, impugnó el tratado aduciendo el obvio argumento de que le había sido impuesto mediante coacción. En 1529, Carlos V hubo de dar por cancelado el tratado y avenirse a firmar otro en el que renunciaba a cualquier reclamación del territorio borgoñón tomado por Francia. Después de todo, Suleimán se hallaba a las puertas de Viena, y Carlos no estaba en condiciones de regatear. 

Con todo eso, las guerras entre Francia y los Habsburgo continuaron y se mantuvieron indecisas. Francisco I murió en 1547, y le sucedió su hijo, que reinó como Enrique II (1519-1559). En su tiempo, las guerras prosiguieron. Un efecto constructivo de las guerras de Italia fue que aceleraron la difusión del pensamiento renacentista en Francia y, a través de ésta, a toda Europa occidental. El más vital de los escritores franceses de este período fue François Rabelais (1483-1553), conocido sobre todo por sus obras Pantagruel (1532) y Gargantúa (1534). Chispeante, irreverente, obsceno en ocasiones, vigorosamente satírico y siempre penetrado de calor humano, de Rabelais derivan los adjetivos "rabelesiano", para designar una sensualidad extrema, y "pantagruélico", que se aplica a las comidas opíparas. Un cirujano francés de este período fue Ambrose Paré (1510-1590), que sirvió en el ejército en tiempo de Enrique II. Descubrió que en lugar de cauterizar y desinfectar brutalmente con aceite hirviendo las heridas causadas por armas de fuego, era menos doloroso y más efectivo ligar las arterias dañadas, emplear unguentos calmantes y practicar la limpieza. Puso por escrito sus métodos en 1545 (en francés, pues no sabía latín), y se le considera el padre de la moderna cirugía.