Batalla de Mbororé en 1641: derrota de los Bandeirantes

5 respuestas [Último envío]
eljoines
Imagen de eljoines
Desconectado
Dictator-Administrador
Admin ForoModerador
Desde: 25 Ene 2015

Los bandeirantes eran exploradores y cazadores portugueses que se internaban en la selva amazónica y misionera para cazar aborígenes que luego eran vendidos al imperio portugués como esclavos. Durante mucho tiempo fueron los principales proveedores de estos, pero también ampliaban las fronteras del Brasil hacía el oeste, sobre territorio legítimamente español, violando el Tratado de Tardecillas.
El accionar de estos personajes llegó a tal punto que fueron de capaces de invadir zonas españolas pobladas y saquearlas, destruyendo y esclavizando las misiones jesuíticas que encontraran.

Los Padres de la Compañía de Jesús estaban en su labor evangelizadora en la zona de Guayra, Itatín y Tapé, cuando las expediciones bandeiras los azotaron destruyendo las misiones y esclavizando, el caso de Guayra, más de 5.000 guaraníes, de los cuáles solo 1200 llegaron a ser esclavos, muertos por el trato brutal en el exilió obligado.
Entre los sobrevivientes jesuitas y guaraníes solo cabía la venganza después de haber perdido vidas completas de arduo trabajo, vidas de amigos y familiares y después de haberse tenido que desplazar hacía el sur. La única salida era presentar batalla contra lo bandeirantes. Por tal motivo, los Padres Antonio Ruiz de Montoya y Francisco Díaz Taño, viajaron en 1638 a España a informarle al Rey Felipe IV de la situación.
En 1640 el Padre Montoya tuvo el visto bueno para al fin poder dotar de armas de fuego a los guaraníes, pero anteriormente varios sacerdotes tomaron las armas con la anuencia de la audiencia de Chiquisaca, y comenzaron patrullajes de las zonas para enfrentarse a los bandeirantes, dado que no tenían esperanzas en la gestiones de Montoya. 
El Padre Provincial Diego de Boroa repartió armas entre sus guaraníes y les dio instrucción militar, mientras desde Buenos Aires ese enviaron 11 españoles de armas para organizar las fuerzas de defensa. 
En las proximidades del Río Uruguay las tropas guaraníes se enfrentaron esporádicamente con los bandeirantes obteniendo resultados medios, pero ya sus fuerzas comenzaron a incrementarse, así las tropas del P. Alfaro se incrementaron en 1500 guaraníes entrenados gracias al aporte del P. Romero. 
Las tropas ya suman, 4000 soldados guaraníes. Estos llegan a la destruida reducción de Apóstoles de Caazapaguazú, donde se encontraban los badeiras fortificados, resultado una victoria jesuítica que demostró que los guaraníes eran excelentes soldados capaces de enfrentar a fuerzas preparadas y vencer.

Humillados, los bandeirantes se retiran a Sao Pablo donde preparan su venganza y expulsan a jesuitas que traían una Real condena de la incursiones bandeirantes. Los paulistas reorganizan una badeira de 450 holandeses y portugueses armados con fusiles y arcabuces, 700 canoas y 2.700 tupíes -aborígenes colaboracionistas- armados con flechas.
La expedición fue comandada por Manuel Pires y tenía como objetivo tomar y destruir todo lo que se encuentre en los ríos Uruguay y Paraná tomando todos los esclavos posibles.
Las fuerzas jesuitas se prepararon para una concreta y decisiva defensa. Fue entonces que 4.200 guaraníes recibieron instrucción militar de ex militares, los Hermanos Juan Cárdenas, Antonio Bernal y Domingo Torres. La operación estaba dirigida por el Padre Romero. 
Las fuerzas defensoras estaban dirigidas por lo padres Cristóbal Altamirano, Pedro Mola, Juan de Porras, José Domenech, Miguel Gómez, Domingo Suárez, y estaban armadas con arcos, hondas y piedras, macanas y garrotes, alfanjes y rodelas, 300 arcabuces, además de un centenar de balsas armadas con mosquetes y cubiertas para evitar la flechería y la pedrada de los tupíes.
El Ejercito Guaraní se organizó en compañías comandadas por capitanes. El capitán general fue un renombrado cacique del pueblo de Concepción, Don Nicolás Ñeenguirú. Le seguían en el mando los capitanes Don Ignacio Abiarú, cacique de la reducción de Nuestra Señora de la Asunción del Acaraguá, Don Francisco Mbayroba, cacique de la reducción de San Nicolás, y el cacique Arazay, del pueblo de San Javier. La reducción de la Asunción del Acaraguá, ubicada sobre la orilla derecha del río Uruguay, en una loma cercana a la desembocadura del arroyo Acaraguá, es trasladada y reubicada por precaución río abajo, cerca de la desembocadura del arroyo Mbororé en el río Uruguay. De ese modo la reducción quedó convertida en centro de operaciones y en el cuartel general del ejército guaraní misionero.
Al mismo tiempo se destacaron espías y guardias por los territorios adyacentes y se establecía una retaguardia en Acarágua.

Las fuerzas bandeirantes avanzaron por el río Uruguay estableciendo empalizadas, mientras que una unidad de exploración de desplazó hacía Acarágua, lugar que fue desalojado gracias al aviso de que se acercaban estos provisto por la eficiente red de advertencia guaraní.
La badeira avanzó hacía Mbororé mientras una expedición guaraní se acercaba hacía ellos, esta encontró balsas y armas recién hechas qye fueron arrastradas por una crecida del río, y se informó de la posición y características de las fuerzas portuguesas gracias a unos aborígenes que lograron escapar. La patrulla se repliega, no sin antes destruir todo lo que había en Acarágua y pudiera servirles a los bandeirantes, dejando una dotación centinela que recibió más informes de escapados el 25 de febrero de 1641, se decide entonces enviar 8 canoas exploratorias río arriba, las cuales contactan con el enemigo a pocas horas emprendiendo la retirada y perseguidos por 6 canoas tupíes.
Al llegar al puesto de avanzada los bandeirantes fueron recibidos con fuego de arcabuces y se retiraron. 
Cuando los bandeirantes decidieron atacar el puesto al día siguiente fueron sorprendidos por 30 canoas tripuladas por 250 guaraníes que, luego de dos horas de ardua batalla lograron hacerlos retroceder.

Conscientes los padres jesuitas de que no sería provechoso una batalla parcial en la avanzada de Acarágua se retiraron a la espera en Mbororé, lugar perfecto para una lucha frontal dado que es un recodo de poco espacio del que no se puede desembarcar debida a la espesa vegetación.
El 9 de marzo los bandeiras toman el puesto de avanzada resultandoles desfavorable ya que nada les resultó de utilidad y ni tenían provisiones, mientras tanto en Mbororé los caciques planificaban la batalla mientras los jesuitas confesaban a los soldados. 
Los bandeirantes avanzaron en varios ocasiones para retirarse por temor a emboscadas hasta que la fuerza bandeira se atrevió a avanzar. En el recodo de Mbororé chocaron, a las dos de la tarde, contra sesenta canoas con cincuenta y siete arcabuces y mosquetes, comandadas por el capitán Ignacio Abiarú, los esperaban en el río. Las canoas guarníes, capitaneadas por el P. Ruyer se pusieron en formación de guerra mientras ambas fuerzas intercambiaban fuego de flechas, piedras, arcabuces y mosquetes. Al mismo tiempo las empalizadas colocadas en las costas atacaban desde tierra, resultando una notable ventaja guaraní que determinó gran cantidad de pérdidas bandeirantes, retiradas en desorden por la selva, abandono de armas y retirada por el río y un rechazo a un osado intento del Capitán Pedroso de tomar las empalizadas.
Los bandeirantes fueron ampliamente derrotados y se retiraron a Acarágua fortificándose en el lugar.




Al día siguiente los soldados guaraníes rodean el lugar pero no reciben respuestas a sus incitaciones de batalla, al contrario reciben una descarada y cobarde carta donde los portugueses aseguraban que venían en misión de recuperación de algunos perdidos. Roto el manifiesto frente a las tropas guaraníes lo padres jesuitas dan la orden de asedio contra la fortificación, tarea que se realizó gracias a unos cañones y a un constante flujo de fuego contra las empalizadas.
Los bandeirantes quedaron desesperados y enviaron una segunda carta en una balsa con una bandera blanca ofreciendo tregua para retirarse, le siguió el mismo destino que a la primera carta.
Sin nada más que hacer los portugueses trataron de escapar rápidamente por el río con sus canoas pero fueron interceptados por 2000 guaraníes, rodeados las deserciones se masificaron y se intentó un tercer contacto pidiendo clemencia y prometiendo entregarse, la carta se envió en una calabaza que fue ignorada por los guaraníes y alejada por la corriente. Sin más que hacer se internan en el margen derecho del río desesperadamente par huir por la selva, sonde son perseguidos por los jesuitas hasta perder gran cantidad de hombres.

Fue así como los guaraníes y los jesuitas terminaron de forma definitiva con la amenaza esclavista bandeirante en una operación militar muy digna e inteligente.

 

ARGENTVS
Imagen de ARGENTVS
Desconectado
Equite
Desde: 31 Ago 2009

Me equivoqué de subforo. Éste tema debe ir en historia latinoamericana HASTA la independencia. Pues es incluso anterior a la creación del Virreinato del Río de la Plata.

 


"Y me gusta el rock, el maldito rock, siempre me lleva el diablo no tengo religión" 

"Quizá este no era mi lugar pero tuve que nacer igual" 
"Yo veo todo al revés, no veo como ud, yo no veo justicia solo miseria y hambre, o será que soy yo, que llevo la contra como estandarte". 
"Perdonen pero así soy, yo no se porque, se que hay otros también, es que alguien debía de ser, los que prefieran la rebelión a vivir padeciendo" 

  

Zarcel1
Imagen de Zarcel1
Desconectado
Auxilia
Desde: 30 Ago 2009

Buen artículo

Para agregar, una foto del lugar.

El río uruguay cerca de Panambí

Ituzaingo
Imagen de Ituzaingo
Desconectado
Legionario Inmunis
Exstaff
Desde: 30 Ago 2009
Buen tema, al que no he dado mucha bola. Acá un pequeño aporte.
 
Después de la destructora invasión de los bandeirantes en 1930, Felipe III autorizó la organización militar y el uso de armas de fuego. En cada pueblo se formó una milicia convenientemente instruida por oficiales contratados por la Companía: sus funciones iban más allaá de la defensa de las aldeas y en caso necesario podían llevar invasiones lejanas. Se dijo que el superior de las misiones podía poner en pie de guerra 50 mil hombres perfectamente armados.
 
Saludos

 


 foto   general3

Ituzaingo
Imagen de Ituzaingo
Desconectado
Legionario Inmunis
Exstaff
Desde: 30 Ago 2009

Por Casiano Néstor Carvallo, publicado en el Boletin del Centro Naval Nº 708 en Septiembre de 1973

Origen de la bandeira paulista de Mbororé

El Procurador de la Provincia Jesuítica del Paraguay en gestiones ante Madrid y Roma, R. Padre Francisco Díaz Taño, de regreso de Europa, a mediados de 1640, hizo publicar en Río de Janeiro por intermedio del Provisor Católico, las cédulas reales y bulas papales condenando a los cazadores y traficantes de indígenas (Portugal y sus dominios dependían entonces de la corona de España). Los habitantes de Río de Janeiro, Santos, San Vicente y San Pablo (Brasil), con la publicación de estos documentos se amotinaron furiosamente en contra de los jesuítas, por ser los gestores de las cédulas reales y bulas papales condenatorias de los proveedores de indios para el servicio doméstico, los ingenios de azúcar, las faenas agropecuarias y para el mercado esclavista de la costa del Atlántico.

La Cámara Municipal de San Pablo, en íntima solidaridad de ideas, intenciones, intereses y sentimientos con los amotinados, reunidos en asamblea pública belicosa resuelven: expulsar a los jesuítas y preparar una gran bandeira para atacar y destruir las reducciones de la Compañía de Jesús; vengar la derrota de Caazapaguazú; prender a los religiosos jesuítas y devolverlos a España. Con el mayor tesón, empeño y medidas de previsión, organizan una de las más poderosas bandeiras de aquel tiempo, con hombres principales de San Pablo, mestizos, algunos negros y un grupo numeroso de indios tupís, amigos y aliados.

Origen del ejército guaraní misionero de Mbororé

En noviembre de 1640, el procurador Francisco Díaz Taño se embarcó en Río de Janeiro con destino a Buenos Aires, donde informó a los jesuítas y al gobernador, sobre el propósito de los habitantes de San Pablo de destruir las reducciones jesuíticas del Alto Uruguay. Las reducciones del Guayrá no hicieron resistencia con armas de fuego contra las bandeiras paulistas, ni las autoridades reales las defendieron. La resistencia con las armas de fuego que gestionaba el Padre Antonio Ruiz Montoya ante el rey de España y sus lugartenientes en América par defensa de las reducciones, se inició con pocas armas, bajo las órdenes de Nicolás Ñeenguirú y el ex militar, hermano Antonio Bernal. Con neófitos que reunió el padre Pedro Romero, estos jefes, en 1639, en Apóstoles del Caazapaguazú, vencieron a la tercera bandeira paulista de Pascual Leite Pais. Después de esta victoria, los misioneros temieron un desquite y se prepararon para enfrentarlo. Los ex militares hermanos Juan Cárdenas y Antonio Bernal, bajo la dirección técnica del ex militar hermano Domingo Torres, adiestraron a los neófitos de las reducciones con armas de fuego en ejercicios y evoluciones militares.

El ejército guaraní misionero contaba con 4.200 indios de guerra, 300 fusiles bien municionados, alfanjes o sables de la época, buena cantidad de arcos y flechas, lanzas, macanas, hondas con piedras, un cañoncito y varios cañoncíllos hechos de caña de tacuaruzú revestida o retobada con cuero vacuno, que permitían hasta cuatro disparos, estacadas ocultas por el follaje de los árboles en las riberas del desagüe del arroyo Mbororé u Once Vueltas y en las contiguas del río Uruguay, preparadas para el teatro de la resistencia.

Estado Mayor del ejército misionero

Director técnico de guerra: el ex militar hermano jesuíta Dominngo Torres, español. Ayudantes del director técnico de guerra los ex militares hermanos jesuítas Juan Cárdenas, paraguayo, y Antonio Bernal, portugués. Jefes de ataque: el capitán general, Gran Cacique o Mburubichaba Ignacio Abiarú, nativo de la región del arroyo Acaraguá, y el meritorio consejero cacique o Mburubichaba capitán Nicolás Ñeenguirú, natural de la región del Ibitiracuá o de la Concepción, hoy Concepción de la Sierra. Supervisor de guerra: Padre jesuita Pedro Romero, castellano. Asistentes del supervisor de guerra: Padres jesuítas Claudio Ruyer, francés, superior de la Misión (se retiró enfermo a San Nicolás); Cristóbal  Altamirano, santafesino; Pedro Mola y José Domenech, aragoneses, y José Oregio, flamenco.

MBORORÉ. PRIMERA CAMPAÑA 1640-1641

A fines de agosto o principios de septiembre de 1640 partió de San Paulo de Piratininga la gran bandeira con rumbo a las reducciones del Alto Uruguay, bajo el mando de Jerónimo Pedroso de Barros y de Manuel Pérez. Por el camino del occidente de las sierras de la costa del Atlántico cruzó el Alto Iguazú, acampando en las nacientes del Apiterebí o Chapecó, donde hicieron el campamento principal. Bordeando este arroyo bajaron a su desagüe en el río Uruguay, construyeron "ranchadas", y con maderas, tacuaras y lianas de la región hicieron canoas, balsas, arcos y flechas.

Una partida de paulistas, en canoas, bajaron al impulso de la creciente, a la reducción de la Asunción del Acaraguá, abandonada con anterioridad por sus moradores, que se ubicaron en las cercanías del arroyo Mbororé; en aquélla construyeron empalizadas para encerrar cautivos y luego regresaron a las ranchadas del Chapecó.

La toma de algunas canoas y balsas con flechas y enseres, desprendidas de su amarradero por la creciente del río, confirmó la información de los "bomberos" o espías, la presencia de los paulistas bandeirantes en las proximidades. El superior de las Misiones, padre Claudio Ruyer, el 8 de enero de 1641 ordenó la urgente concentración de 4.200 indios guaraníes de las reducciones, efectivos del ejército misionero, bajo las órdenes de los capitanes Abiarú y Ñeenguirú.

 El superior padre Ruyer, con estos dos oficiales indígenas, en una flotilla de canoas tripuladas con los primeros 2.000 neófitos concentrados, remontan el Uruguay hasta el arroyo Acaraguá, donde se les incorporó el padre Cristóbal Altamirano con algunos padres al frente de una pequeña flotilla indagadora del enemigo en las costas del río. Una ligera partida de soldados misioneros remontan el río hasta las cercanías de las bases enemigas en la confluencia del Apiterebí o Chapecó y velozmente, aguas abajo, vuelven con noticias precisas sobre los bandeirantes.

El padre Ruyer detenidamente las considera, y resuelve el repliegue de las fuerzas a las bases artilladas de Mbororé, actual arroyo Once Vueltas, afluente de la ribera derecha del río Uruguay en nuestra provincia de Misiones. Dejó frente a las empalizadas de Acaraguá quince canoas de guerra al mando de Abiarú y el padre Altamirano. Los paulistas bandeirantes, desde la confluencia del Chapecó en su flotilla de canoas y balsas, impulsadas por la corriente del río crecido, bajan al Acaraguá; su vanguardia, en un aparatoso despliegue de guerra, choca con la vanguardia fluvial misionera.

Abiarú, en una rápida maniobra de audacia, pericia y valor, hunde algunas canoas enemigas. Cuando el enemigo reacciona para un combate formal, el padre Altamirano ordenó al capitán Abiarú regresar a las bases de Mbororé. Perseguido, consigue atraer a los invasores y con delantera llega y se pone al frente de la escuadrilla fluvial de Mbororé. El día 7 de marzo de 1641 un violento temporal cayó sobre el campamento paulista, lo que permitió la concentración de contingentes de las reducciones para completar el número de guerreros convocados.

El combate

El día 11 de marzo de 1641, a las 14, la escuadra fluvial paulista bandeirante de 300 canoas y muchas balsas, tripuladas con 450 hombres bien armados con fusiles y el concurso de 2.500 indios tupís flecheros, ataca a la escuadra fluvial misionera de 70 canoas tripuladas con 800 misioneros guaraníes, sostenidos por 3.400 combatientes fortificados en tierra.

El cañoncito de una balsa blindada, con sus balas encadenadas, los cañoncillos de tacuaruzú retobados con cuero en otras balsas y la fusilería misionera hundieron varias canoas, desconcertaron el frente de ataque e introdujeron cierto desorden en la retaguardia de los invasores. El jefe bandeirante Jerónimo Pedroso de Barros se vio obligado a bajar a tierra, cruzar un arroyo grande y atacar por la retaguardia a un grupo de tiradores que acosaban a sus tropas; consigue disolverlos, pero el grupo de fusileros reacciona, contraataca al jefe Pedroso de Barros, que se ve compelido a refugiarse en una empalizada hecha por sus pontoneros al inicio del combate.

La lucha en el río y en tierra se generalizó con furia y encarnizamiento, suspendida a la entrada de la noche. Los contendientes buscaron descanso en sus respectivos refugios, con guardia en acecho. Al día siguiente, 12 de marzo, traban combate implacable durante las horas de sol, en días seguidos, hasta el séptimo, con la mayor agresividad por ambas partes. En las altas horas de la madrugada, vísperas del octavo día consecutivo de pelea, los paulistas bandeirantes, cuyas canoas fueron copadas con anterioridad y rechazado un pedido de parlamento, huyen por la izquierda del arroyo Mbororé u Once Vueltas, hacia el interior del bosque.

Los misioneros los persiguen entre las marañas, en lucha furiosa cuerpo a cuerpo. En una de estas acciones, cayeron prisioneros de los bandeirantes los capitanes Abiarú y Ñeenguirú. Sus compañeros, en un gran esfuerzo de audacia y valor, recuperan a los dos adalides, que con el más arriesgado empeño alentaron el seguimiento de los enemigos, hasta una legua del desagüe del Mbororé.

Los perseguidos, en derrota, en la oscuridad de la noche, despistan a sus perseguidores y por las serranías boscosas, en cinco días de marcha muy penosa, llegan a las empalizadas de la Asunción del Acaraguá; al otro día, considerándose libres del perseguimiento, comienzan el ornamento del campamento, para rememorar la Semana Santa, cuando son atacados por Abiarú con 150 misioneros de guerra y el padre Cristóbal Altamirano. La lucha es desesperada para los sitiados, que ante el empuje de los atacantes, abandonan las empalizadas y nuevamente se internan en las serranías boscosas.

En una marcha más larga y más dolorosa, llegan al Gran Salto del Uruguay o salto Yarequitaguazú o Moconá o el salto denominado Tucu-má por los brasileños; por un paso angosto cruzan este salto a la margen izquierda del Uruguay y, en marcha forzada, recruzan el mismo río, se acampan en las ranchadas de la confluencia del Apiterebí o Chapecó y luego siguen hasta el campamento de las nacientes de este último río. El padre Altamirano y Abiarú con sus fuerzas regresan al Mbororé, a celebrar la victoria, con un Tedeum festivo.

SEGUNDA CAMPAÑA DEL COMBATE DE MBORORÉ 1641-1642

Bandeira paulista de socorro

Sabedor de la derrota de la bandeira de Mbororé, San Pablo mandó una bandeira de socorro que llegó al campamento de la primera de las nacientes del Apiterebí o Chapecó, poco antes de finalizar 1641. Los derrotados son incorporados a la nueva expedición paulistana, y ésta, ansiosa de cautivar indios y vengar las derrotas de su antecesora, baja por otro camino a las ranchadas de la barra del Apiterebí, rehace las anteriores empalizadas, construye nuevas balsas y canoas, arcos y flechas, desciende navegando hasta la barra del arroyo Yabotí, afluente de la margen derecho del Uruguay, en nuestra provincia de Misiones; allí levanta una fuerte empalizada, última tarea preparatoria para el avance a las reducciones del sur.

En momentos en que los paulistas bandeirantes esperaban concentrar las fuerzas de ambas bases, el Estado Mayor de guerra de los misioneros, informado por los "bomberos" o espías sobre las actividades de los invasores, destaca al supervisor de guerra padre Cristóbal Altamirano y al capitán Abiarú con 150 aguerridos guaraníes cristianos contra los invasores en el Yabotí. Abiarú, en un arriesgado ataque bien concebido, y bien ejecutado, hizo desalojar a los paulistas bandeirantes de la empalizada y huir a las serranías boscosas.

En una marcha más larga y más penosa que la de los derrotados de Mbororé-Acaraguá-Yarequitaguazú (o Moconá), buscaron el auxilio de los compañeros de las bases del Apiterebí. El padre Altamirano, con Abiarú y 150 combatientes guaraníes, atacan con incontenible intrepidez las estacadas de estas bases, haciéndolas desocupar. Los derrotados, nuevamente se internan en las selvas, perseguidos por las fieras, los indios guayanás y los misioneros hasta más allá de las ranchadas del primer campamento de las cabeceras del Apiterebí o Chapecó, de regreso a la ciudad de San Pablo, Brasil.

Importancia de la victoria de Mbororé

El historiador brasileño Alfonso de E. Taunay en su "Historia das Bandeiras Paulistas" menciona que el gobernador del Paraguay, Gregorio de Hinestrosa, el 6 de septiembre de 1641, en una carta a la Audiencia de Charcas, decía. . . "que los paulistas tan pronto no volverían a la carga. Durísima les fuera la lección. La victoria trajo las más importantes consecuencias para la seguridad del Paraguay, Buenos Aires y Perú".

El rey de España, Felipe IV, por cédula del 7 de abril de 1643, resolvió que "durante diez años no se cobrasen tributos a los indios del Plata y del Paraguay ni fuesen encomendados en testimonio de reconocimiento por lo que ocurriera".
El padre Pablo Hernández, S.J., en su obra "Organización Social de las Doctrinas Guaraníes de la Compañía de Jesús" expresa: "Con la batalla de Mbororé terminó para los paulistas el propósito de destrucción de las reducciones. Puede fijarse, pues, en esta época el establecimiento definitivo de las Doctrinas en los parajes que ocuparon hasta la expulsión de los jesuítas".

El padre Guillermo Furlong, S.J., académico y ex presidente de la Academia Nacional de la Historia, que ha poco visitó las ruinas de Loreto, en su compendio de historia regional: "Misiones y sus Pueblos de Guaraníes" declara: "La gran batalla naval de Mbororé fue la primera en los fastos navales argentinos".

Vivencia

Al poco tiempo del primer gran hecho de armas del ejército guaraní misionero, en nuestro río Uruguay, las crónicas registran algunos fenómenos acústicos en el ambiente del escenario del combate de Mbororé.
En cierta hora y temperatura del día o de la noche de silencio y calma, se oyen periódicamente disparos de cañón y fusilería, entrechocar de armas, voces de mando, gritos, imprecaciones y ayes que se ahogan sobrecogedoras en las selvas circundantes y en la cristalina faz del Uruguay. . . ¡es el registro en el gran disco de la naturaleza de una vivencia de historia!. . .

 

Fuente: histamar.com.ar

 


 foto   general3

wallace-will
Imagen de wallace-will
Desconectado
Senador-Moderador
Moderador
Desde: 30 Nov 2009

La batalla fue clave para detener el avance brasileño, tal vez sin esta victoria lo mas probable es que los brasileños hayan conquistado toda las región de las misiones y mas aún pudiendo hacer peligrar Montevideo o incluso Buenos Aires. Pero también el poder que comenzaron a tener los jesuítas tras la victoria y la posibilidad de tener ejército propio seria una de las causas de su expulsión.

El historiador Felix Luna relata la batalla:

Hay batallas que sólo sirven para entretener a historiadores.  Pero hay otras que fueron realmente importantes y a veces no son las más difundidas.  Por ejemplo la batalla de Mbororé, que nadie recuerda hoy y sin embargo ha sido la mas trascendente acción bélica de nuestra historia puesto que impidió que la actual Mesopotamia argentina fuera hoy territorio brasileño.


No es reprochable que no queden memorias de esta acción.  Ocurrió hace más de tres siglos y los contendientes fueron habitantes de dos imperios ya olvidados: por un lado los guaraníes que vivían en las reducciones jesuitas en lo que hoy es Paraguay, Misiones y Corrientes, una verdadera nación con leyes, idioma y economía propios.  Los otros protagonistas de la batalla de Mbororé fueron los bandeirantes, aventureros que tenían su centro de acción en Sao Paulo y eran una mezcla de portugueses, mestizos e indios tupíes, verdaderos piratas de la tierra, desacatados de toda autoridad y profesantes de un vago cristianismo sincretizado con toda clase de supersticiones.  Agrupados libremente en compañías o "bandeiras", tal como los bucaneros del Caribe, incursionaban sobre las misiones de la Compañía de Jesús en busca de esclavos.  Pues los jesuitas habían enseñado a sus neófitos a profesar toda suerte de oficios, pero eran indefensos como corderos.

Desde 1620 en adelante los avances de las "bandeiras" se hicieron tan atrevidos que los hijos de Ignacio de Loyola prefirieron abandonar algunas de sus reducciones y trasladar poblaciones enteras antes que seguir exponiéndose a esos ataques.  Sabían que era necesario rogar a Dios pero también dar con el mazo... Los jerarcas de la orden deliberaron, pues, en Buenos Aires, y firmemente resolvieron defenderse.  Trasládase a varios jesuitas que habían sido militares antes de ordenarse sacerdotes y les encomendaron la organización castrense de los guaraníes.  Luego obtuvieron que el rey de España levantara la prohibición que vedaba a los indios el manejo de armas de fuego. 

Adquirieron todos los artefactos bélicos disponibles y, no desdeñando los recursos espirituales, consiguieron del Papa un Breve que fulminaba con excomunión a todo cristiano que cazara indios.  Pero cuando el jesuita que portaba el documento papal lo difundió en Soa. Paulo corrió peligro de ser linchado: una de las industrias paulistas era, precisamente, la caza de guaraníes para proveer mano de obra gratuita a los ingenios  y fazendas de la región.

A fines de 1640 los jesuitas tuvieron evidencias de una nueva incursión de bandeirantes más numerosa que las anteriores.  Apresuradamente concentraron a sus bisoños soldados y maniobraron hasta esperar a los paulistas en el punto de Mbororé, en la actual provincia de Misiones, sobre la ribera derecha del Alto Uruguay.  Más de 10.000 soldados armados con toda clase de elementos se aprestaron a defender su tierra; centenares de canoas y hasta una balsa artillada formaban parte del ejército de la Compañía de Jesús

Los portugueses venían en 300 canoas y estaban tan acostumbrados a arrear sin lucha a los pacíficos guaraníes, que no tomaron las mínimas previsiones aconsejables.  Unas oportunas bajantes del río que naturalmente los religiosos certificaron como ayuda providencial contribuyeron a desordenar a los invasores.  El 11 de marzo de 1641 los soldados de Loyola empezaron a arrollar a los bandeirantes: la batalla duró cinco días. El ingenio jesuita había provisto a sus discípulos de armas tan curiosos como una catapulta que arrojaba troncos ardientes.  Finalmente, los paulistas debieron huir desordenadamente por la tupida selva.  Anduvieron diez días arrastrando a sus heridos y enterrando a sus muertos.

Pero los jesuitas estaban resueltos a terminar con la cuestión paulista.  El día de Viernes Santo, mientras los derrotados oraban por su salvación, los guaraníes dieron cuenta de los últimos restos de labandeira.  Los contados sobrevivientes, acosados por las fieras, los indios caníbales y la selva, tardaron un alto y medio en regresar a Sao Paulo.  Fue un escarmiento definitivo.  No hubo másbandeirantes sobre el imperio jesuítico, que desarrolló  desde entonces todo su hermético esplendor.

Si no hubiera sido por esa batalla curiosamente anfibia, con varias etapas en el río y otras en la selva, el avance portugués se habría extendido infaliblemente sobre Misiones, Corrientes y hasta Entre Ríos, y el mismo Paraguay no se hubiera salvado de la anexión.  Así de pequeñas son las causas que colorean en definitiva los mapas de los continentes. La olvidada y remota batalla de Mbororé salvó esa vasta comarca que seria más ancha si la diplomacia portuguesa y su sucesora, la de Brasil, no hubieran avanzado al estilo bandeirante sobre nuestro noreste.

Pero no hubo guaraníes valerosos ni jesuitas decididos para oponerse a esta acción.  Y en cambio sobró imprevisión e incapacidad para dejar perder esa parte de la herencia nacional.

Bibliografía: Conflictos y Armonías En La Historia Argentina de Felix Luna