Batalla del Jarama

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La Batalla del Jarama se desarrolló en febrero de 1937 dentro de la Guerra Civil Española. 

La ofensiva correspondió al ejército sublevado el 6 de febrero con la intención de cortar las comunicaciones de Madrid. Para algunos historiadores, esta ofensiva entra dentro de la Batalla de Madrid 

El diseño de la operación inicial era una acción de gran envergadura por el este de Madrid que incluía la toma de Arganda del Rey cortando las comunicaciones hacia Valencia y subir hasta Alcalá de Henares para alcanzar la carretera de Barcelona. 

La batalla toma el nombre de las primeras operaciones con la conquista en poco más de cuatro días de la zona del río Jarama. Las unidades republicanas, dispersas en el inicio de las ofensiva, se agruparon al mando del general José Miaja el día 15 de febrero, conformando en total cuatro Divisiones o Agrupaciones que consiguen evitar el avance hacia Arganda. El ejército republicano contó entre los combatientes con las Brigadas Internacionales, en concreto la XI, la XII, la XIV y la XV, que combatieron entre el Jarama y Morata de Tajuña. 

Los combates 
El 6 de febrero, la División Reforzada de Madrid con unos 19.000 hombres de infantería y dos batallones con ametralladoras pesadas y de carros de combate alemanes, junto a efectivos de la Legión Cóndor (Junkers-52/3m) avanzó hacia Ciempozuelos hasta enfrentarse en los primeros días con algunas brigadas republicanas de no más de 3.000 hombres que, en total, sufrieron bajas estimadas en 1.800 en las primeras 48 horas. 

El mando republicano reaccionó sin conocer bien las intenciones del enemigo, dividiendo a sus escasas fuerzas entre la línea del Manzanares y la de Jarama. Las Brigadas Internacionales todavía no estaban preparadas, sobre todo la XV, pero se les envió al frente el día 7 de febrero. Algunas, como la XI, no llegó al frente hasta el día 12. 

El día 11 las fuerzas nacionalistas llegaron con rapidez al lado derecho de la carretera de Morata de Tajuña. Al día siguiente, ya sin la superioridad aérea de la Legión Condor, que se había visto sorprendida por unos cuarenta cazas rusos, otras unidades nacionalistas tomaron puentes sobre el Jarama. No pudiendo ocupar el puente de Arganda por la resistencia del batallón Garibaldi, las unidades nacionalistas trataron de tomar la meseta de Morata para dirigirse a Arganda. En una operación planeada por el general ruso Paulov las Brigadas Internacionales XI y XV, junto con tres brigadas republicanas frenaron el avance por la meseta. Los intentos de cruzar la zona continuaron hasta el día 15. Las tropas republicanas organizaron una contraofensiva el día 17, tratando de hacer retroceder al ejército nacionalista. Los combates duraron hasta el día 27 de febrero, sin que el frente apenas se moviera. 


Las fuerzas que combatieron 

Bando nacionalista 
II, III, IV y V Brigadas dirigidas por el coronel Carlos Asensio Cavanillas, Francisco García Escámez, Fernándo Barrón Ortiz y Eduardo Saenz de Buruaga y Polanco. En ellas estaban integradas unidades de la Legión, Regulares, Unidades Panzer I en número de 55 carros, además de infantería, artillería, artillería antiaérea, unidades antitanque y zapadores. 
La fuerza aérea estaba compuesta por bombarderos Junkers-52/3m y los cazas Fiat CR-32 "Chirri". 

El Alto Mando estaba compuesto por los generales José Enrique Varela, Luis Orgaz Yoldi y Ricardo Rada Peral 

Bando republicano 
Las Brigadas Mixtas 17, 18, 19, 23, 24, 45, 48, y XI, XII y XV Brigadas Internacionales, todas ellas formaban tres agrupaciones de combate de infantería y unos 30 carros, una de reserva y una agrupación de artillería. Al mando estaban los coroneles Eliseo Chorda Mulet, Ricardo Burillo Stholle, Álvarez Coque y el teniente coronel Fernando Casado Veiga. 
La Fuerza aérea estaba compuesta por Polikarpov I-15 "Chato", Polikarpov I-16 "Mosca", Polikarpov RZ "Natacha" y Tupolev SB-2 "Katiuska", 

El Alto Mando republicano lo componían los generales Sebastián Pozas Perea, José Miaja y el Comandante Enrique Líster. 

Las bajas 
La Batalla del Jarama se considera una de las más cruentas de la Guerra civil española. Los distintos autores no coinciden en el número de bajas de ambos bandos. Las estimaciones mantienen entre 6.000 y 7.000 para las tropas nacionalistas, y entre 9.000 y 10.000 para el bando republicano, de los que más de 2.500 fueron brigadistas.


Autor: cosmos12, 11/Nov/2005 11:05 GMT+1:



 

La carga de caballería en el Jarama: 
En el libro «La lucha en torno a Madrid» se dice: «En cuanto se tuvo conocimiento de que e1 tabor de tiradores de Ifni había cumplido su misión, se ordenó a las restantes fuerzas de la III Brigada cruzar el río. La infantería y caballería habían llegado ya a sus inmediaciones, protegiéndose en lo posible con los pequeños grupos de árboles dispersos, de las vistas del adversario. Pero la claridad de1 día y la acción realizada por los tiradores puso en actividad a las baterías enemigas, que comenzaron a batir intensamente el puente Pindoque, causando buen número de bajas en las aglomeraciones inevitables allí existentes ». 

El teniente coronel Repullás, en su trabajo « La caballería en el paso del Jarama» (Revista de Historia Militar), dice: «empezaron a caer ininterrumpidamente las granadas en las filas de los escuadrones, sufriendo sus primeras bajas de aquel memorable, día. Entretanto, los jinetes desmontados sujetaban sus caballos de las bridas, esperando que llegara el momento de iniciar el paso del puente, soportando el fuego con gran espíritu. Menudeaban los casos de exaltación, patriótica, siendo digno de destacar el de un joven trompeta del Regimiento de Calatrava que al caer herido por la explosión de una granado, emplea su último aliento para decir a los que solícitos quieren auxiliarle: «Dejadme aquí, me muero, viva España ... ». 

En la operación del Jarama intervinieron tres regimientos de caballería, al mando del teniente coronel Cebollino. El general Varela, que tenía el mando directo de todas las unidades, a las órdenes directas de Orgaz, había dicho a Cebollino, cuando éste le expuso las dificultades que ofrecía el paso de la caballería por aquellos carriles y planchas de hierro: «Es necesario». 

Iba en cabeza el 4.º escuadrón de Calatrava (capitán Millana), cuyos jinetes, desmontados conforme se ha dicho, llevando de las riendas a los caballos, que se repasaron aquel estrecho y largo pasillo (unos 200 metros) donde algunas granadas habían abierto ya grandes boquetes. El blanco resultaba fácil para la artillería, asentada en la orilla izquierda del río. 

Las bajas eran frecuentes, y los caballos, muertos o inútiles, se arrojaban a la corriente. Uno quedó colgado de sus patas, entre las traviesas. La cabeza le caía en el agua e hizo repetidos esfuerzos para levantarla y no ahogarse; hasta que le faltaron las fuerzas. 

Cruzado e1 puente, el escuadrón de Millana se amparó en la pequeña trinchera del ferrocarril. Allí había una caseta del guarda de la vía, donde los hombres del batallón «André Marty» debían haber tenido su pequeño refugio nocturno. Todo el suelo próximo se encontraba sembrado de cadáveres, reventados por las bombas de mano. 

La situación se agravó cuando aparecieron por el aire varios cazas rusos, que ametrallaron fácilmente los alrededores del Pindoque, y más aún cuando procedentes de la carretera de Valencia, se enseñorearon de la vega algunos carros (entre diez y veinte), precisamente por donde tenían que avanzar los escuadrones. 

Ahuyentaron a los carros los disparos de la artillería, e, inmediatamente, los jinetes montaron en sus cabalgaduras. Distanciados, para atenuar los efectos del fuego enemigo, se dirigieron a galope tendido sobre las últimas estribaciones del vértice Pajares. 

Fue, probablemente, la última gran galopada de aire decimonónico, dada no contra un enemigo que se desconoce o que se repliega desmoralizado, o contra fuerzas superiores acorazadas (Polonia), sino frente unos hombres duros, pegados al terreno en sus trincheras, capaces de morir matando y de llevar a cabo inmediatas reacciones ofensivas.