La guerra de Numancia

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Bernardo Pascual
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Desde: 22 Ene 2016

 Abro este tema a modo de cajón de sastre donde reunir algunos borradores sobre teorías en las que estoy trabajando. Hasta ahora las venía desperdigando por el subforo de Historia Antigua. Este formato me parece que podría ser el más ágil y el más conveniente para futuras revisiones, y además permite una dedicación más cotidiana. De momento no hay nada definitivo, pero  aun así creo que debe ser puesto a disposición de todo aquel a quien le interese. Tal vez se anime alguien a colaborar o incluso lo tome como suyo, ya que a mí solo se me queda muy grande. En realidad, en esto de la Historia, no hacemos sino coger el relevo de los que nos precedieron para dárselo a los que nos siguen. No descarto, en todo caso, que algunos de los asuntos que aquí se aborden puedan más adelante ir a parar a un artículo más elaborado, aunque lo que importa ahora no es la forma sino el fondo. Por eso espero que nadie me acuse ni de desaliñado ni de demasiado esquemático. Al que le interese y no lo entienda, que pregunte. No pretendo divulgar la guerra de Numancia sino ofrecer las herramientas para su estudio.

 

 

LA CAMPAÑA DEPOMPEYO

 

El texto

 

“Retorna ahora nuestra historia a la guerra de arévacos y numantinos, a los que Viriato había incitado a la revuelta. Cecilio Metelo fue enviado desde Roma contra ellos con un ejército más numeroso y sometió a los arévacos, cayendo sobre ellos con sobrecogedora rapidez, mientras estaban entregados a las faenas de la recolección. Sin embargo, todavía le quedaban Termancia y Numancia. Numancia era de difícil acceso, pues estaba rodeada por dos ríos, precipicios y bosques muy densos. Sólo existía un camino que descendía a la llanura, el cual estaba lleno de zanjas y empalizadas. Sus habitantes eran excelentes soldados, tanto a caballo como a pie, y en total sumaban unos ocho mil. Aun siendo tan pocos pusieron en graves aprietos a los romanos a causa de su valor. Metelo, después del invierno, entregó a Quinto Pompeyo, su sucesor en el mando, el ejército consistente en treinta mil soldados de infantería y dos mil jinetes perfectamente entrenados. Pompeyo, cuando estaba acampado ante Numancia, marchó a cierto lugar, y los numantinos, descendiendo, mataron a un cuerpo de su caballería que corría detrás de él. Cuando regresó, desplegó su ejército en la llanura y los numantinos bajando a su encuentro se replegaron un poco, como intentando huir, hasta que Pompeyo (…) en las palizadas y precipicios.

Como fuera derrotado a diario en escaramuzas por un enemigo muy inferior, se dirigió contra Termancia por considerarlo una tarea mucho más fácil. Sin embargo también aquí cuando trabó combate perdió setecientos hombres y los termantinos pusieron en fuga al tribuno que les llevaba las provisiones, y en un tercer intento en ese mismo día, tras acorralar a los romanos en una zona escarpada, arrojaron al precipicio a muchos de ellos, soldados de infantería y de caballería con sus caballos. Los demás, llenos de temor, pasaron la noche armados y cuando al despuntar la aurora les atacaron los enemigos, combatieron el día entero ordenados en formación de combate con una suerte incierta y fueron separados por la noche. A la vista de esto, Pompeyo marchó contra una pequeña ciudad llamada Malia, que custodiaban los numantinos, y sus habitantes mataron con una emboscada a la guarnición y entregaron la ciudad a Pompeyo. Éste, después de exigirles sus armas, así como rehenes, se trasladó a Sedetania que era devastada por un capitán de bandoleros llamado Tangino. Pompeyo lo venció y tomó muchos prisioneros. Sin embargo, la arrogancia de estos bandidos era tan grande, que ninguno soportó la esclavitud, sino que unos se dieron muerte a si mismos, otros mataron a sus compradores y otros perforaron las naves durante la travesía.

Pompeyo retornó otra vez a Numancia e intentó desviar el curso de un río hacia la llanura con objeto de reducir la ciudad por hambre. Pero los numantinos lo atacaron mientras estaba dedicado a esta tarea, y sin ninguna señal de trompeta, saliendo a la carrera todos juntos, asaltaron a los que trabajaban en el río. También asaetearon a los que venían en su auxilio desde el campamento y los encerraron dentro del mismo. Atacando a otros que buscaban forraje, mataron a muchos y entre ellos a Opio, tribuno militar. En otro lugar atacaron a los romanos cuando cavaban una zanja y dieron muerte a unos cuatrocientos y a su jefe. Después de estos sucesos vinieron a Pompeyo desde Roma unos consejeros, y para los soldados, que llevaban ya seis años de campaña, nuevos reemplazos recién reclutados, todavía sin entrenar y sin experiencia en la guerra. Pompeyo, avergonzado por sus desastres y ardiendo en deseos de recuperar su honor, permaneció con éstos en el campamento durante el invierno. Los soldados, acampados al aire libre en medio de un frío gélido y poco habituados aún al agua y el clima del país, enfermaron del vientre y algunos perecieron. A un destacamento que había salido en busca de forraje, los numantinos, ocultándose, le tendieron una emboscada muy cerca del campamento romano y les dispararon dardos para provocarles, hasta que algunos, sin poder soportarlo, salieron contra ellos, y los que estaban emboscados salieron de su escondite y les hicieron frente. Muchos soldados y oficiales romanos perecieron y los numantinos salieron al encuentro de los que llevaban el forraje y mataron a muchos.”

Apiano, Sobre Iberia, 76-78.

 

Composición

 

A través de una serie de repeticiones y paralelismos a lo largo del texto, la articulación de la campaña en dos fases, el ataque a los forrajeadores, el desvío del río, la emboscada y el desprendimiento por los precipicios, se logran individualizar las distintas fuentes.

 

"Retorna ahora nuestra historia a la guerra de arevacos y numantinos, a los que Viriato había incitado a la revuelta. Cecilio Metelo fue enviado desde Roma contra ellos con un ejército más numeroso y sometió a los arevacos, cayendo sobre ellos con sobrecogedora rapidez, mientras estaban entregados a las faenas de la recolección. Sin embargo, todavía le quedaban Termancia y Numancia. Numancia era de difícil acceso, pues estaba rodeada por dos ríos, precipicios y bosques muy densos. Sólo existía un camino que descendía a la llanura, el cual estaba lleno de zanjas y empalizadas. Sus habitantes eran excelentes soldados, tanto a caballo como a pie, y en total sumaban unos ocho mil. Aun siendo tan pocos pusieron en graves aprietos a los romanos a causa de su valor. Metelo, después del invierno, entregó a Quinto Pompeyo, su sucesor en el mando, el ejército consistente en treinta mil soldados de infantería y dos mil jinetes perfectamente entrenados. Pompeyo, cuando estaba acampado ante Numancia, marchó a cierto lugar, y los numantinos, descendiendo, mataron a un cuerpo de su caballería que corría detrás de él. Cuando regresó, desplegó su ejército en la llanura y los numantinos bajando a su encuentro se replegaron un poco, como intentando huir, hasta que Pompeyo (…) en las palizadas y precipicios.

Como fuera derrotado a diario en escaramuzas por un enemigo muy inferior, se dirigió contra Termancia por considerarlo una tarea mucho más fácil. Sin embargo también aquí cuando trabó combate perdió setecientos hombres y los termantinos pusieron en fuga al tribuno que les llevaba las provisiones, y en un tercer intento en ese mismo día, tras acorralar a los romanos en una zona escarpada, arrojaron al precipicio a muchos de ellos, soldados de infantería y de caballería con sus caballos. Los demás, llenos de temor, pasaron la noche armados y cuando al despuntar la aurora les atacaron los enemigos, combatieron el día entero ordenados en formación de combate con una suerte incierta y fueron separados por la noche. A la vista de esto, Pompeyo marchó contra una pequeña ciudad llamada Malia, que custodiaban los numantinos, y sus habitantes mataron con una emboscada a la guarnición y entregaron la ciudad a Pompeyo. Éste, después de exigirles sus armas, así como rehenes, se trasladó a Sedetania que era devastada por un capitán de bandoleros llamado Tangino. Pompeyo lo venció y tomó muchos prisioneros. Sin embargo, la arrogancia de estos bandidos era tan grande, que ninguno soportó la esclavitud, sino que unos se dieron muerte a si mismos, otros mataron a sus compradores y otros perforaron las naves durante la travesía.

Pompeyo retornó otra vez a Numancia e intentó desviar el curso de un río hacia la llanura con objeto de reducir la ciudad por hambre. Pero los numantinos lo atacaron mientras estaba dedicado a esta tarea, y sin ninguna señal de trompeta, saliendo a la carrera todos juntos, asaltaron a los que trabajaban en el río.También asaetearon a los que venían en su auxilio desde el campamento y los encerraron dentro del mismo. Atacando a otros que buscaban forraje, mataron a muchos y entre ellos a Opio, tribuno militar. En otro lugar atacaron a los romanos cuando cavaban una zanja y dieron muerte a unos cuatrocientos y a su jefe. Después de estos sucesos vinieron a Pompeyo desde Roma unos consejeros, y para los soldados, que llevaban ya seis años de campaña, nuevos reemplazos recién reclutados, todavía sin entrenar y sin experiencia en la guerra. Pompeyo, avergonzado por sus desastres y ardiendo en deseos de recuperar su honor, permaneció con éstos en el campamento durante el invierno. Los soldados, acampados al aire libre en medio de un frío gélido y poco habituados aún al agua y el clima del país, enfermaron del vientre y algunos perecieron. A un destacamento que había salido en busca de forraje, los numantinos, ocultándose, le tendieron una emboscada muy cerca del campamento romano y les dispararon dardos para provocarles, hasta que algunos, sin poder soportarlo, salieron contra ellos, y los que estaban emboscados salieron de su escondite y les hicieron frente. Muchos soldados y oficiales romanos perecieron y los numantinos salieron al encuentro de los que llevaban el forraje y mataron a muchos."

 

Léanse ahora por separado.

 

Fuente A

 

"Retorna ahora nuestra historia a la guerra de arevacos y numantinos, a los que Viriato había incitado a la revuelta. Cecilio Metelo fue enviado desde Roma contra ellos con un ejército más numeroso y sometió a los arevacos, cayendo sobre ellos con sobrecogedora rapidez, mientras estaban entregados a las faenas de la recolección. Sin embargo, todavía le quedaban Termancia y Numancia."

"Metelo, después del invierno, entregó a Quinto Pompeyo, su sucesor en el mando, el ejército consistente en treinta mil soldados de infantería y dos mil jinetes perfectamente entrenados."

"Como fuera derrotado a diario en escaramuzas por un enemigo muy inferior, se dirigió contra Termancia por considerarlo una tarea mucho más fácil. Sin embargo también aquí cuando trabó combate perdió setecientos hombres y los termantinos pusieron en fuga al tribuno que les llevaba las provisiones, y en un tercer intento en ese mismo día, tras acorralar a los romanos en una zona escarpada, arrojaron al precipicio a muchos de ellos, soldados de infantería y de caballería con sus caballos. Los demás, llenos de temor, pasaron la noche armados y cuando al despuntar la aurora les atacaron los enemigos, combatieron el día entero ordenados en formación de combate con una suerte incierta y fueron separados por la noche."

"Pompeyo retornó otra vez a Numancia e intentó desviar el curso de un río hacia la llanura con objeto de reducir la ciudad por hambre. Pero los numantinos lo atacaron mientras estaba dedicado a esta tarea, y sin ninguna señal de trompeta, saliendo a la carrera todos juntos, asaltaron a los que trabajaban en el río. También asaetearon a los que venían en su auxilio desde el campamento y los encerraron dentro del mismo."

"Después de estos sucesos vinieron a Pompeyo desde Roma unos consejeros, y para los soldados, que llevaban ya seis años de campaña, nuevos reemplazos recién reclutados, todavía sin entrenar y sin experiencia en la guerra. Pompeyo, avergonzado por sus desastres y ardiendo en deseos de recuperar su honor, permaneció con éstos en el campamento durante el invierno. Los soldados, acampados al aire libre en medio de un frío gélido y poco habituados aún al agua y el clima del país, enfermaron del vientre y algunos perecieron."

 

Fuente B

 

"Numancia era de difícil acceso, pues estaba rodeada por dos ríos, precipicios y bosques muy densos. Sólo existía un camino que descendía a la llanura, el cual estaba lleno de zanjas y empalizadas. Sus habitantes eran excelentes soldados, tanto a caballo como a pie, y en total sumaban unos ocho mil. Aun siendo tan pocos pusieron en graves aprietos a los romanos a causa de su valor."

"Pompeyo, cuando estaba acampado ante Numancia, marchó a cierto lugar, y los numantinos, descendiendo, mataron a un cuerpo de su caballería que corría detrás de él. Cuando regresó, desplegó su ejército en la llanura y los numantinos bajando a su encuentro se replegaron un poco, como intentando huir, hasta que Pompeyo (…) en las palizadas y precipicios."

"A la vista de esto, Pompeyo marchó contra una pequeña ciudad llamada Malia, que custodiaban los numantinos, y sus habitantes mataron con una emboscada a la guarnición y entregaron la ciudad a Pompeyo. Éste, después de exigirles sus armas, así como rehenes, se trasladó a Sedetania que era devastada por un capitán de bandoleros llamado Tangino. Pompeyo lo venció y tomó muchos prisioneros. Sin embargo, la arrogancia de estos bandidos era tan grande, que ninguno soportó la esclavitud, sino que unos se dieron muerte a si mismos, otros mataron a sus compradores y otros perforaron las naves durante la travesía."

 

Fuente C

 

"Atacando a otros que buscaban forraje, mataron a muchos y entre ellos a Opio, tribuno militar. En otro lugar atacaron a los romanos cuando cavaban una zanja y dieron muerte a unos cuatrocientos y a su jefe."

 

Fuente D

 

"A un destacamento que había salido en busca de forraje, los numantinos, ocultándose, le tendieron una emboscada muy cerca del campamento romano y les dispararon dardos para provocarles, hasta que algunos, sin poder soportarlo, salieron contra ellos, y los que estaban emboscados salieron de su escondite y les hicieron frente. Muchos soldados y oficiales romanos perecieron y los numantinos salieron al encuentro de los que llevaban el forraje y mataron a muchos."

 

 

Revisión de las conexiones

 

 

La fuente C ofrece el resumen más conciso y, a la vez, el más exacto o, mejor dicho, el más incuestionable: en un lugar se produce la emboscada a los forrajeadores y en otro distinto Pompeyo trata de desviar un río. La fuente D, por su parte, sólo aborda el primero de estos dos episodios. Las fuentes A y B, sin embargo, las más extensas, se contradicen. A ubica la emboscada en Tiermes y el desvío del río en Numancia, mientras que B, aunque no menciona de forma específica el segundo incidente, el primero lo traslada claramente a Numancia.

 

 

La emboscada

 

Obsérvese como todos estos relatos coinciden y se complementan:

 

"A un destacamento que había salido en busca de forraje, los numantinos, ocultándose, le tendieron una emboscada muy cerca del campamento romano y les dispararon dardos para provocarles, hasta que algunos, sin poder soportarlo, salieron contra ellos, y los que estaban emboscados salieron de su escondite y les hicieron frente. Muchos soldados y oficiales romanos perecieron y los numantinos salieron al encuentro de los que llevaban el forraje y mataron a muchos."

 

"Atacando a otros que buscaban forraje, mataron a muchos y entre ellos a Opio, tribuno militar."

 

"Sin embargo también aquí cuando trabó combate perdió setecientos hombres y los termantinos pusieron en fuga al tribuno que les llevaba las provisiones, y en un tercer intento en ese mismo día, tras acorralar a los romanos en una zona escarpada, arrojaron al precipicio a muchos de ellos, soldados de infantería y de caballería con sus caballos. Los demás, llenos de temor, pasaron la noche armados y cuando al despuntar la aurora les atacaron los enemigos, combatieron el día entero ordenados en formación de combate con una suerte incierta y fueron separados por la noche."

 

"Pompeyo, cuando estaba acampado ante Numancia, marchó a cierto lugar, y los numantinos, descendiendo, mataron a un cuerpo de su caballería que corría detrás de él. Cuando regresó, desplegó su ejército en la llanura y los numantinos bajando a su encuentro se replegaron un poco, como intentando huir, hasta que Pompeyo (…) en las palizadas y precipicios."

 

 

El desvío del río

 

"En otro lugar atacaron a los romanos cuando cavaban una zanja y dieron muerte a unos cuatrocientos y a su jefe."

 

"Pompeyo retornó otra vez a Numancia e intentó desviar el curso de un río hacia la llanura con objeto de reducir la ciudad por hambre. Pero los numantinos lo atacaron mientras estaba dedicado a esta tarea, y sin ninguna señal de trompeta, saliendo a la carrera todos juntos, asaltaron a los que trabajaban en el río. También asaetearon a los que venían en su auxilio desde el campamento y los encerraron dentro del mismo."

 

Este suceso sólo aparece en las fuentes A y C, aunque es muy posible que la fuente B, articulada también en dos tiempos, haga referencia al escenario en que tuvo lugar.

 

"A la vista de esto, Pompeyo marchó contra una pequeña ciudad llamada Malia, que custodiaban los numantinos, y sus habitantes mataron con una emboscada a la guarnición y entregaron la ciudad a Pompeyo."

 

Conviene sacar aquí a colación un fragmento del historiador Diodoro Sículo:

 

“Atacando Quinto Pompeyo la ciudad de Lagni, y poniéndole cerco, los numantinos, para auxiliar a sus congéneres, les enviaron durante la noche un refuerzo de cuatrocientos soldados. Los lagnitanos los recibieron con gran alegría, llamándoles sus salvadores y obsequiándoles con regalos. Pocos días después, atemorizados por el sitio, negociaron con Pompeyo la entrega de la ciudad, pidiendo la seguridad de sus vidas. Pero como Pompeyo no admitiese condiciones si primero no se le entregaban los soldados numantinos, los lagnitanos, no atreviéndose a hacer un tal agravio a sus bienhechores, prefirieron soportar el asedio. Pero más tarde, reducidos al último extremo, enviaron un mensaje a Pompeyo diciéndole que estaban dispuestos a pagar su salvación con la perdición de sus amigos. Pero no escapó este hecho a los amenazados, sino que al saberlo tomaron las armas, y atacando por la noche a los ciudadanos, hicieron una gran matanza. Pompeyo, al enterarse del tumulto, aplicó escaleras a las murallas y se apoderó de la ciudad. Exterminó a los lagnitanos, pero a los auxiliares numantinos, que eran en número de doscientos, los dejó ir sin peligro, sea porque se compadeciese del infortunado valor de aquellos hombres y del peligro a que la ingratitud les había expuesto, sea por captarse con este beneficio la buena voluntad de los numantinos hacia el pueblo romano. En cuanto a la ciudad, la arrasó.”

Diodoro, 33, 17.

 

No cabe duda de que privar del agua a una ciudad sitiada es la mejor forma de reducirla al último extremo.

A Numancia no se la podía rendir por sed. Aparte de que tres ríos bañan su perímetro, uno de ellos el Duero, el más caudaloso de la Península, también estaba defendida por una zona pantanosa. A Tiermes, por el contrario, la abastece un pequeño arroyo. De hecho, ya durante el Imperio, hubo que traer el agua desde lejos por medio de un acueducto. Si algo sorprende en Tiermes es precisamente la preocupación por este tema, su magnífica obra hidráulica.

 

Veamos antes de nada como concluye esta historia.

 

“Pompeyo, aquejado por tan graves reveses, se retiró a las ciudades en compañía de sus consejeros para pasar el resto del invierno, a la espera de que llegara su sucesor en primavera. Temeroso de ser llamado para una rendición de cuentas, entabló negociaciones a ocultas con los numantinos con vistas a poner fin a la guerra. Y éstos, a su vez, cansados por la gran mortandad de sus mejores hombres, por la falta de productividad de la tierra, por la escasez de alimentos y por la duración de la guerra, que se prolongaba más de lo esperado, enviaron emisarios a Pompeyo. Éste les ordenó públicamente entregarse a los romanos –pues no conocía otra forma de pactar digna de Roma-, pero en secreto les prometió lo que pensaba hacer. Cuando hubieron llegado a un acuerdo y se entregaron, les exigió rehenes, prisioneros de guerra y a los desertores, y lo obtuvo todo. También pidió treinta talentos de plata. Los numantinos entregaron una parte de esta suma de inmediato y Pompeyo estuvo de acuerdo en esperar para el resto.”

Apiano, Iberia, 79.

 

“En Hispania, el cónsul Quinto Pompeyo derrotó a los termestinos. Con ellos y con los numantinos firmó un tratado de paz que no fue ratificado por el pueblo romano.”

Tito Livio, Periódicas.

 

Livio lo deja claro.

 

El pueblo de Manzanares se encuentra a dos kilómetros y medio al sur del yacimiento de Tiermes, remontando el río que suministraba de agua en tiempos celtíberos a ésta ciudad. ¿Cabría atribuir al talud que se extiende entre las cotas 1.232 y 1.228 un origen artificial, discurriendo por el barranco que penetra en el pueblo por la derecha el antiguo cauce? Entre ambas cotas no hay más de doscientos metros. El caudal principal procede del arroyo de la izquierda, hacia el que se encara el talud.

 

Tito
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Desde: 15 Ago 2009

Gran trabajo Bernardo. Pero, aparte de tu última pregunta, no entendí muy bien a donde quieres llegar, si es que algo tienes en mente. Parece evidente, en todo caso, que Apiano picotea de aquí y de allá para conformar su relato. Algo que por cierto se sigue haciendo en la actualidad. Los romanos en ocasiones eran incluso bastante literales, hasta el punto que podían copiar un párrafo de un autor, otro del otro, y el tercero semiamoldarlo a su gusto hasta que el relato fuera más completo que en esos originales y adquiriera más consistencia (como un "copy-paste" a cachitos de hoy día). No podía ser menos en un historiador que tenía acceso a toda la documentación que tenía Apiano en Alejanría.

 

Comentas el caso de la emboscada, por ejemplo. Personalmente no creo que sus fuentes se refirieran a la misma, aunque en otros casos perfectamente puede confundir un mismo suceso y dividirlo en dos distintos, como el de los forrajeadores que también comentas.

 

De todos modos hay que pensar que se ventilan en pocas líneas una larga campaña que debió de estar repleta de emboscadas y pequeñas escaramuzas contra gentes de distintas poblaciones de la región. No parecen tener mucha significancia estos enfrentamientos directos, aunque la guerra de desgaste acabó por hacer estragos en los romanos. Lo curioso es que Pompeyo no se lanzara a un gran asedio de Numancia, tal vez por los propios reveses que tuvo en sus primeros intentos de hacer algo sustancioso.

 

Tema aparte siempre me ha parecido muy curioso lo del tratado de paz, ya que aunque Apiano lo pone muy bonito para los romanos (aún revelándonos que era un arreglo algo chusco), no se por qué pienso que debió ser bastante más humillante para los romanos. Supongo que si hubieran pagado todos esos talentos, hubieran entregado todos esos rehenes y hubieran agachado sus cabecitas, el Senado hubiera aceptado. Sin embargo todo parece ser un simple paripé. Algo como:

-¡Eh oye! ¡Nobles bárbaros! ¿Que os parece si ante mis tropas y testigos senatoriales enviáis a unos emisarios entregándome algunas armas y cofres vacíos que posen a mis pies, me entregáis a algún par de enemigos internos molestos, y yo y todos mis soldaditos uniformados ponemos las caligae rumbo a Roma? Y aquí paz y después gloria....

 


Bernardo Pascual
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Decurión
Desde: 22 Ene 2016

 Voy a ir respondiéndote poco a poco, Tito.

 

Yo antes pensaba que la Historia se redactaba en Roma reuniendo testimonios de los participantes, a los que entrevistaban distintos historiadores, tal como se representa en el modelo 1, es decir, que el número de testigos era mayor que el de historiadores. Ahora, sin embargo, cada vez me inclino más hacia el otro modelo, aquel en que todo procede de uno o a lo sumo dos corresponsales, y son los historiadores posteriores por tanto los que varían el relato, no porque posean distinta información, sino porque la interpretan cada uno a su manera. Lo que importa, así pues, no es el número de sucesos, que sin duda tuvo que haber muchos, sino el número de corresponsales.

 

Estos ejemplos son ficticios o ideales. Con el tiempo tal vez se pueda recrear algo más real.

 

 En el caso concreto de la campaña de Pompeyo, diría que hay un solo cronista, e incluso me atrevería a identificar a éste con Rutilio Rufo, un autor por lo visto bastante prolífico además, aunque por desgracia toda su obra se ha perdido. Entre las fuentes que he diferenciado lo emparentaría de forma más directa con la B (todo esto es pura especulación; estoy empezando a indagar sobre ello). La fuente A, por otro lado, se la atribuiría a Tito Livio. En principio, la fuente B parece más antigua que la A, y también más confusa y, a la vez, más exacta. Añadiría entonces que la fuente A procede de la fuente B. Livio, suponiendo que sea él, suele cambiar los nombres antiguos por nombres nuevos comprensibles para el lector, lo que ocurriría aquí con el de Tiermes. También le da a la narración un mayor valor literario.

Bernardo Pascual
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Decurión
Desde: 22 Ene 2016

 Afortunadamente Apiano, y aquí reside su importancia, bebe de los dos. Utilizamos a Livio para traducir a Rufo, y a la vez a Rufo para corregir los errores de Livio. Como en el caso de los régulos, se sustituye cantidad por calidad, aunque no se trata de una opción. Espero demostrar que es así.

Bernardo Pascual
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Decurión
Desde: 22 Ene 2016

 

 Pese a lo reducido del casco urbano, el cerco de Numancia requería un largo perímetro que se acomodase a su entorno natural.

Los ejércitos romanos se aproximaban desde el sur, remontando el Duero, y se instalaban primeramente en Peña Redonda. La ciudad se interponía entre ellos y la llanura, por lo que se hacía necesario levantar un nuevo campamento en el Castillejo. De no hacerlo, los numantinos cortaban la retirada a los forrajeadores. De este modo también se interceptaba el suministro de víveres a la ciudad.

En el Castillejo hay constatados tres campamentos, uno de los cuales lo más seguro que perteneciente a Pompeyo. 

Tal vez existieran arrabales al este de la acrópolis, donde posiblemente también habría que situar las zanjas y empalizadas. En caso de retirada, los romanos se las verían muy mal para volver a cruzar el Merdancho, en cuyos barrancos no hay que extrañar que pasaran serios apuros.

Apiano parece aludir en varias ocasiones a estas circunstancias:

 “Numancia era de difícil acceso, pues estaba rodeada por dos ríos, precipicios y bosques muy densos. Sólo existía un camino que descendía a la llanura, el cual estaba lleno de zanjas y empalizadas.”

 

“Cuando hubo segado todos estos campos, se hizo preciso marchar hacia delante. Había un atajo que pasaba junto a Numancia en dirección a la llanura y muchos le aconsejaban que lo tomara. Manifestó, sin embargo, que temía el retorno, pues los enemigos estarían, entonces, descargados y tendrían a su ciudad como base desde donde atacar y a la que poder retirarse.”

 

“A Escipión, entregado al saqueo y la devastación constante de las zonas de alrededor, le pasó inadvertida una emboscada en una aldea que estaba circundada, en su mayor parte, por una laguna cenagosa y, por el otro lado, por un barranco en el que estaba escondida la tropa emboscada. Escipión dividió a su ejército, unos penetraron en la aldea para saquearla*, dejando fuera las insignias, y otros, en número pequeño, recorrían los alrededores a caballo. Contra éstos se lanzaron los emboscados. Ellos trataron de rechazarlos, pero Escipión, que se encontraba por casualidad junto a las insignias delante de la aldea, llamó a toque de trompeta a los de dentro y, antes de llegar a contar con mil hombres, corrió en auxilio de los jinetes que estaban en situación difícil. El grueso del ejército se lanzó fuera de la aldea y puso en fuga a los enemigos, pero no persiguió a los que huían, sino que se retiró al campamento tras haber sufrido pocas bajas ambas partes."

*¿Se está refiriendo a los mencionados arrabales?

 

“Pompeyo, cuando estaba acampado ante Numancia, marchó a cierto lugar, y los numantinos, descendiendo, mataron a un cuerpo de su caballería que corría detrás de él. Cuando regresó, desplegó su ejército en la llanura y los numantinos bajando a su encuentro se replegaron un poco, como intentando huir, hasta que Pompeyo (…) en las palizadas y precipicios.”

 

 ¿Encajan también estos otros dos?:

"A un destacamento que había salido en busca de forraje, los numantinos, ocultándose, le tendieron una emboscada muy cerca del campamento romano y les dispararon dardos para provocarles, hasta que algunos, sin poder soportarlo, salieron contra ellos, y los que estaban emboscados salieron de su escondite y les hicieron frente. Muchos soldados y oficiales romanos perecieron y los numantinos salieron al encuentro de los que llevaban el forraje y mataron a muchos."

 

"Como fuera derrotado a diario en escaramuzas por un enemigo muy inferior, se dirigió contra Termancia por considerarlo una tarea mucho más fácil. Sin embargo también aquí cuando trabó combate perdió setecientos hombres y los termantinos pusieron en fuga al tribuno que les llevaba las provisiones, y en un tercer intento en ese mismo día, tras acorralar a los romanos en una zona escarpada*, arrojaron al precipicio a muchos de ellos, soldados de infantería y de caballería con sus caballos. Los demás, llenos de temor, pasaron la noche armados y cuando al despuntar la aurora les atacaron los enemigos, combatieron el día entero ordenados en formación de combate con una suerte incierta y fueron separados por la noche."

*¿Se estaban replegando desde la llanura hacia el campamento de Peña Redonda?

Bernardo Pascual
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Decurión
Desde: 22 Ene 2016

Tito ha escrito

Gran trabajo Bernardo. Pero, aparte de tu última pregunta, no entendí muy bien a donde quieres llegar, si es que algo tienes en mente...

 Creo que así, reflejado en un mapa, es como mejor se puede apreciar la magnitud de mi propuesta, la cual rompe rotundamente con lo que se viene sosteniendo hasta ahora.

 

 La guerra de Numancia según A. Schulten (versión oficial)

 

 

 La guerra de Numancia según B. Pascual

Bernardo Pascual
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Decurión
Desde: 22 Ene 2016

 En ningún caso discuto que la ciudad desenterrada en el yacimiento del Poyo de Mara no se llamase Segeda, o que incluso emitiese moneda. Segedas, sekaisas, sekotias, segortias, segontias, segobrigas o segovias en aquel tiempo había muchas. Era el nombre más común para designar a una fortaleza o un oppidum. Lo que digo es que aquella no se corresponde con la Segeda a la que se refieren las fuentes, sencillamente porque ésa no es otra que la actual Segovia. Los textos lo dejan bien claro. Todo lo que se ha construido hasta ahora, por muy bien que encaje, es pura ficción.

Tampoco niego rotundamente que en el valle del Jalón no habitasen los belos y un poco más al sur, en el Alto Tajo, los titios. Precisamente este último gentilicio hace alusión a ese río, el Tajo. De cualquier manera, a los de toda esta región preferiría llamarlos lusones, en el sentido de los lusones históricos. Con tal gentilicio, con un tono más genérico, se alude a todos aquellos que vivían al oeste, lacetanos, lusones o lusitanos, por supuesto tomando para ello como referencia a sus vecinos del este, sisones, ceretanos o sedetanos. Basta leer de Livio la campaña de Catón en Hispania para entender tales connotaciones. Aqueos son los del sur y dorios los del norte.

Esto me recuerda un tebeo de Asterix en que se ponen a hablar de los visigodos del oeste y los ostrogodos del este. Al final se arman un lío. El componente cardinal, tanto entonces como ahora, aparece en la mayoría de los topónimos y gentilicios, en Austria y en Australia, por ejemplo, o en opuestos como Sudamérica y Norteamérica, o Bayubas de Arriba y Bayubas de Abajo.

 

Los arévacos y las guerras celtíberas

 

Como ya he explicado anteriormente, arévacos era el nombre que se daban a sí mismos los celtíberos, los celtíberos del norte. Estaban también los del sur o celtíberos ulteriores, que se corresponderían con los oretanos y otros pueblos de la actual Andalucía. El sistema dual se repite con frecuencia. Los arévacos, a su vez, se dividían en belos, los que quedaban al norte, y titios o tigios, los del Tajo. Como no había fronteras bien definidas, todas estas diferenciaciones dependen del observador, del momento histórico. Tanto la escritura como la imagen solo retratan a los muertos, de ahí que a los celtas no les gustase que los fotografiaran.

Arévacos y carpetanos, así pues, son los mismos, pero en momentos históricos distintos. Como dice también Tito Livio, los carpetanos en otro tiempo fueron un pueblo muy poderoso. A lo largo de la Historia tuvieron tres capitales, las cuales resistieron heroicamente la invasión romana, Toledo, Complutia y Segovia. Cada una de ellas protagonizó una guerra. Por si alguien no lo sabe, Cervantes era de Complutia. En la primera se enfrentaron a Marco Fulvio Nobilior, en la segunda a Tiberio Sempronio Graco y la tercera se conoce como la primera guerra numantina, aunque en realidad Numancia no intervino en ella. Sería después, tras la toma de Segovia por Metelo, al poco de producirse una segunda revuelta, cuando Rectugenos, el régulo de estas gentes, el hijo de Caro o Cáuciro, se refugiaría finalmente en Numancia.

Bernardo Pascual
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 El campamento de Nobilior

 

Según mi propuesta, el cónsul Quinto Fulvio Nobilior no estuvo en Numancia, al igual que, por más que nos pese a los sorianos, tampoco estuvo Polibio. Apiano confunde ambas guerras. Adelanta al año 153 antes de cristo la acogida de los segovianos por los numantinos, pero este hecho no se produjo sino en el 142 antes de Cristo. Este error tiene cierta lógica, más creyendo Apiano, como creía, que la capital de los arévacos era Numancia. La famosa batalla de los elefantes, así pues, la que tanto les gusta rememorar a los guías del yacimiento, no se libró en Numancia sino en Segovia; tampoco la de la fiesta de las Vulcanalia.

Existe, no obstante, un fragmento del propio Apiano que parece darle la razón. Me refiero a cuando el cónsul Hostilio Mancino, en la retirada precipitada, trata de hacerse fuerte en un antiguo campamento.

 

“Al propalarse el rumor de que los cántabros y los vacceos venían en socorro de los numantinos, pasó toda la noche, lleno de temor, en la oscuridad sin encender fuego y huyó a un descampado que había servido, en cierta ocasión, de campamento a Nobilior.”

Apiano, Sobre Iberia, 80.

 

Sorprende que quince años después alguien recordara a quién había pertenecido dicho campamento, más cuando se supone que ya habían pasado por allí un montón de generales. Aunque la mili entonces duraba mucho, a cierta edad, entre los treinta y los treinta y cinco, entraban en la reserva, y ya no se les enviaba tan lejos. En medio habían transcurrido además la guerra de Viriato, la Tercera Guerra Púnica y la destrucción de Corinto. Habían tenido ocasiones de sobra para cubrir el cupo. A los más veteranos, de hecho, se les había repatriado durante la campaña de Pompeyo, seis años antes. No digo que no se pudiese saber, pero como, en todo caso, tal afirmación no se puede dar por cierta, tiene que haber otra explicación.

De acordarse de alguien en semejante trance, no cabe duda de que se habrían acordado de Nobilior y de las penurias que se pasaron entonces. Lo de Pompeyo todavía estaba muy fresco, así que cualquier campamento anterior se habría atribuido a Nobilior, tanto más Apiano. Con todo, cuando el río suena, agua lleva. ¿Había dejado Quinto Fulvio atrás algún campamento importante? Las correrías de Almanzor, por ejemplo, también han eclipsado otros sucesos.

Yo no entiendo mucho de filología, así que también voy a requerir aquí la ayuda de los que entienden. En el mapa anterior, el de los arévacos, en el centro mismo aparece una población, Sepúlveda. Si en algún momento la memoria de Nobilior hubiese perdurado en uno de sus campamentos, personalmente pienso que éste se habría llamado Castra Fulvia o, tratándose de la Celtiberia, tal vez Sego-Fúlvida, es decir, que el nomen del general, de un modo u otro, aparecería ahí. En estas fechas, con motivo de las guerras lusitanas, se documentan también Castra Cecilia y Castra Servilia. ¿Cabría esta opción?

El emplazamiento resulta idóneo tanto para evitar las rutas de abastecimiento a través de la sierra, como para mantener la comunicación con unos supuestos cerindones ubicados en la provincia de Soria, en la imprecisa ciudad de Axinio u Ocilis, quienes, hasta su defección, estuvieron avituallando a los romanos. Tras esa defección precisamente, Nobilior quedó aislado en su campamento, soportando allí los rigores de un crudo invierno, sin nada apenas con lo que alimentarse. Este acontecimiento, como atestigua Polibio, había causado una honda preocupación entre la juventud romana a punto de ser llamada a filas.

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 La interpretación que hace Schulten de la guerra de Numancia está muy bien desarrollada, de una forma amena y actualizada, en la Web de Gonzalo Rodríguez, La Forjay la Espada, a lo largo de un relato dividido en seis capítulos titulado “Viriato y Numancia”. Recomiendo su lectura para contrastar ambas versiones.

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 Las causas de la primera contienda

 

“Los arévacos, tras entrar en la sesión, hablaron de manera que, a primera vista, parecía sumisa y humilde, pero la actitud que, en realidad, evidenciaron no era la de unos vencidos que ceden a las circunstancias. Señalaron, en efecto, que con frecuencia la fortuna es incierta, y convirtieron las batallas ya libradas en tan indecisas, que dejaron la impresión de haber salido en ellas más gloriosamente. Y acabaron diciendo que si, debido a su error, se les imponía una multa, la satisfarían, pero, una vez cumplida la orden, exigirían atenerse de nuevo a los acuerdos que, en tiempos de Tiberio, ellos habían concluido con el senado.”

Polibio.

Los arévacos, con la arrogancia propia del vencedor, exigen al senado volver a los acuerdos firmados con Graco, comprometiéndose, no obstante, a pagar una indemnización por haberse rebelado. Lo primero que hay que preguntarse, evidentemente, es en qué consistían tales acuerdos.

 

 “No muchos años después, estalló en Iberia otra guerra, difícil a causa del siguiente motivo. Segeda es una ciudad perteneciente a una tribu celtíbera llamada belos, grande y poderosa, y estaba inscrita en los tratados de Sempronio Graco. Esta ciudad forzó a otras más pequeñas a establecerse junto a ella; se rodeó de unos muros de aproximadamente cuarenta estadios de circunferencia y obligó también a unirse a los titos, otra tribu limítrofe. Al enterarse de ellos, el Senado prohibió que fuera levantada la muralla, les reclamó los tributos estipulados en tiempos de Graco y les ordenó que proporcionaran ciertos contingentes de tropas a los romanos. Esto último, en efecto, también estaba acordado en los tratados. Los habitantes de Segeda, con relación a la muralla, replicaron que Graco había prohibido fundar nuevas ciudades, pero no fortificar las ya existentes. Acerca del tributo y las tropas mercenarias, manifestaron que habían sido eximidos por los propios romanos después de Graco. La realidad era que estaban exentos, pero el Senado concede siempre estos privilegios añadiendo que tendrán vigor en tanto lo decidan el Senado y el Pueblo Romano.”

Apiano.

Según este fragmento, en cuanto que los tributos y la aportación de tropas auxiliares les habían sido condonados con posterioridad a Graco, todo parece girar en torno a la puntualización sobre el tema de las murallas, concretamente en si se podía o no ampliar el perímetro defensivo de una ciudad en expansión.

Alguien me podría acusar de simplista, aludiendo a que, aparte de eso, Sempronio Graco también fijó unas fronteras entre los distintos pueblos, pero esto último no encaja con que sean los insurgentes precisamente quienes reivindican esas fronteras. Como ya les había amonestado Catón a los iberos en su día, la mejor manera de garantizar la paz consiste en no levantar murallas.

En resumen, si los arévacos tuvieran pretensiones hegemónicas sobre los demás celtíberos, como da la impresión a simple vista, como mucho sólo resaltarían el primer aspecto, el de las murallas, mientras que, sin embargo, eludirían el otro, el de los límites fijados. Ahora bien, en este caso serian ellos mismos, los arévacos, quienes estarían tergiversando el espíritu del tratado.

 

“Los celtíberos, tras pactar una tregua con Marco Claudio, el general romano, enviaron embajadas a Roma y se mantuvieron en paz, aguardando la respuesta del Senado. Marco Claudio, en cambio, salió en campaña contra los lusitanos, tomó por la fuerza la ciudad de Nercóbriga y, luego, invernó en las proximidades de Córdoba. Los embajadores llegaron a Roma; los que acudían de parte de los belos y de los titios, pueblos que se habían declarado a favor de los romanos, fueron admitidos en su totalidad dentro de la urbe; en cambio, a los legados de los arévacos se les ordenó acampar a la otra orilla del Tíber, ya que se trataba de enemigos, hasta que el Senado hubiera deliberado acerca de la situación. Cuando pareció oportuno introducirles en una sesión, el pretor hizo pasar a los aliados separadamente por ciudades. Y éstos, aunque eran bárbaros, hablaron prolijamente y procuraron tratar sistemáticamente las diferencias, demostrando que si los que habían tomado las armas no eran reducidos, así que las legiones romanas abandonaran España, al instante se les precipitarían encima para vengarse de ellos como de unos traidores, y de nuevo volverían inmediatamente a las andadas si lograban salir indemnes de su primera traición, con lo cual ellos, los romanos, predispondrían a todos los pueblos de España a rebelarse, pues les convencerían de que se bastaban para oponerse a Roma.”

Polibio.

Al mencionar a belos y titios, Polibio no está hablando de entidades políticas. A estas últimas se refiere cuando dice que entraron en la Curia separadamente por ciudades. No ocurre así, sin embargo, en el caso de los arévacos, quienes, por el contrario, pronuncian un único discurso. Lógicamente, al revés que los aliados, el enemigo se ha de expresar siempre con una sola voz.

En algún momento anterior Polibio ha tenido que explicar a quien comprenden o en qué consisten estos grupos, pero por desgracia, eso se ha perdido. Autores posteriores citan a los arévacos, aunque sobre los belos y los titios la cosa ya no está tan clara. En realidad no lo está ni respecto a los primeros.

En el contexto que aquí se analiza, los arévacos constituyen una alianza militar, y además de esa solidaridad que mantienen frente al senado, hay que resaltar dos datos más muy significativos. Por un lado, a diferencia de lo que hace con los belos y los titios, Polibio ahora no distingue dos facciones dentro de los arévacos, es decir, no excluye a una parte de éstos que haya podido mantenerse fiel a Roma, además que se supone que entre ellos incluye también a los que sí que había segregado antes de los titios y belos, los que también se habían rebelado, pero tampoco los mienta.

El otro elemento a resaltar, importantísimo, se desprende de la autoinculpación de traidores. En este punto creo que ya queda todo bastante nítido, a no ser que alguien piense que la traición va contra España. Aunque hubiese que considerar a los arévacos como tan sólo una parte de los celtíberos, en esta ocasión ambas designaciones se convierten en sinónimos y se solapan. Belos y titios se sienten traidores en cuanto que también se identifican con los arévacos.

En un principio cabía la lectura de que Segeda o los arévacos albergaran pretensiones hegemónicas sobre belos y titios, pero ahora ya se desmiente. En todo caso, si existía un predominio, una alianza o una unidad anterior, ya lo contemplaba la paz de Graco.

 

“Al año siguiente, llegó como sucesor en el mando de Nobílior, Claudio Marcelo con ocho mil soldados de infantería y quinientos jinetes. Logró cruzar con suma precaución las líneas de los enemigos que le habían tendido una emboscada y acampó ante la ciudad de Ocilis con todo su ejército. Hombre efectivo en las cosas de la guerra, logró atraerse de inmediato a la ciudad y les concedió el perdón, tras exigir rehenes y treinta talentos de plata. Los nertobrigenses, al enterarse de su moderación, le enviaron emisarios para preguntarle por qué medios obtendrían la paz. Cuando les ordenó entregarle cien jinetes para que combatieran a su lado como tropas auxiliares, ellos le prometieron hacerlo, pero, por otro lado, lanzaron un ataque contra los que estaban en la retaguardia y se llevaron algunas bestias de carga. Poco después, llegaron con los cien jinetes, como en efecto se había acordado, y con relación a lo ocurrido en la retaguardia, dijeron que algunos de los suyos, sin saber lo pactado, habían cometido un error. Entonces, Marcelo hizo prisioneros a los cien jinetes, vendió sus caballos, devastó la llanura y repartió el botín entre el ejército. Finalmente, puso cerco a la ciudad. Los nertobrigenses, al ser conducidas contra ellos máquinas de asedio y plataformas, enviaron un heraldo revestido con una piel de lobo en lugar del bastón de heraldo y solicitaron el perdón. Éste replicó que no lo otorgaría, a no ser que los arévacos, belos y titos lo solicitaran todos a la vez. Cuando se enteraron estas tribus, enviaron celosamente emisarios y pidieron a Marcelo que, tras imponerles un castigo moderado, se atuviera a los tratados firmados con Graco. Se pusieron en contra de esta petición algunos nativos a quienes ellos habían hecho la guerra.”

Apiano.

Apiano entra en contradicción con los dos párrafos anteriores de Polibio. Este último fragmento, precisamente, lo copia de él pero lo interpreta mal. Aparte del gran error que comete al confundir Segeda con Nertóbriga, por otro lado, cuando dice que Marcelo se negó a aceptar la paz a no ser que los arévacos, belos y titios la pidieran todos a la vez, se está refiriendo en realidad al enfrentamiento interno que había entre ellos. Son en concreto los belos y los titios, en condición de aliados de Roma, los que se oponen. Tienen miedo a las represalias por haber cambiado de bando o por no haber apoyado a sus congéneres.

En este fragmento, sin embargo, se encuentra la clave para entender la causa inmediata de la guerra.

Si la evocación a Graco descarta el expansionismo de Segeda, sólo queda que ésta, por ser la más poderosa de las ciudades celtíberas, hubiese actuado como el foco de una revuelta secundada después por otras. El hecho de que ampliase su recinto amurallado para acoger a los pueblos vecinos ya habla por sí de una política de tierra quemada, justo como define Polibio a esta guerra, la guerra de fuego por antonomasia.

Cuando los nertobrigenses, según Apiano, piden la paz, lo hacen en nombre de todos los arévacos, ya que Marcelo pone como condición que belos y titios den el visto bueno. En cualquier caso, la condición previa que había estipulado el cónsul romano por su cuenta, antes de la desafección de sus aliados, se había limitado prácticamente a la entrega de cien jinetes, aparte de una compensación. Surge entonces la siguiente pregunta: ¿Si la guerra concluía en Nertóbriga, para qué quería entonces Marcelo los cien jinetes? Esta entrega tiene un carácter más simbólico que práctico, sin negar que también lo tenga. 

Planteemos el asunto ahora de esta otra manera. La erección de las murallas, en este caso, sólo se puede considerar como un dispositivo bélico a posteriori, no intimidador ni disuasivo. Los arévacos se estaban preparando para un enfrentamiento inminente con Roma. Si rememoran la paz de Graco no es porque ésta les permitiera fortalecer sus ciudades, algo que más bien parece lo contrario, sino porque había algo más, tal vez en letra pequeña; con casi toda seguridad, una cláusula que les libraba de intervenir en conflictos lejanos, como, por ejemplo, en África.

Bernardo Pascual
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La Celtiberia Citerior durante las guerras numantinas.