Juliano el apostata

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alexgabriel
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Autor: capellancastrense, 30/Sep/2006 11:42 GMT+1:



Les dejo otro artículo que he traducido de Marta Sordi y que me pareció interesante. Podríamos discutir luego el tema de la paideia griega.
Es la revista Il Timone, de noviembre de 2004

Juliano y el templo

Del intento, por lo demás fallido, del emperador Juliano de reconstruir en el año 363 el Templo de Jerusalén, hablan, en épocas muy cercanas al hecho, el pagano Amiano Marcelino, el último gran historiador de lengua latina y el cristiano Ambrosio; más tarde, en el siglo V, Teodoreto, el continuador de Eusebio (H.E. III 20), y otros historiadores cristianos.

Ambrosio y Amiano –que parece haber escrito esta parte (11, I-XXV) de su obra antes del 390, aunque no dependiendo uno de otro– se confirman mutuamente: según el historiador pagano terribles bolas de fuego salieron de las proximidades de los fundamentos (metuendi globi flammarum prope fundamenta erumpentes) y quemaron a los obreros; según Ambrosio, aquellos que estaban quitando los escombros entre los restos del templo fueron quemados por un fuego divino (ep. 40 12: divino... igne flagrarunt); en cambio la versión de Teodoreto es más rica de detalles en su mayoría fantasiosos: también él conoce el fuego que salió de los fundamentos y que quemó a los obreros, pero no se contenta con esto, y habla también de la tierra retirada durante el día que volvía a su lugar por sí misma durante la noche, de vientos violentos y de un gran terremoto que precedió a la salida del fuego de la tierra, de la caída de un pórtico bajo el cual algunos trabajadores estaban durmiendo y de la aparición en el cielo de una cruz luminosa y de cruces negras en los vestidos de los judíos.

Si los vientos y el terremoto pueden semejar a la erupción en la tierra de globos de fuego, la aparición de las cruces, desconocida para Ambrosio como para Amiano, es ciertamente una leyenda.

Sin embargo, no hay duda de que hubo fenómenos catastróficos (Amiano dice en el mismo párrafo: elemento destinatius repellente) que indujeron al emperador a abandonar su proyecto, en el cual –dice todavía Amiano– se había empeñado a fondo, haciendo participar al antioqueno Alipio, ya vice prefecto de la Bretaña, y al gobernador de la provincia (a la que pertenecía Jerusalén). Además había destinado para ello una enorme cantidad de dinero (sumptibus... immodicis). Sobre estos gastos y sobre este empeño, al que habrían contribuido los hebreos de toda la ecumene, insiste también Teodoreto.

Puede ser interesante preguntarse qué interés podría tener Juliano en un plan tan costoso justo antes de la guerra contra los persas que, a inicios del año 363, se encontraba preparando: Amiano, que desaprueba claramente el proyecto, como revela su mención a los immodicis sumptibus, considera que el motivo era el deseo de dejar para siempre su recuerdo por la grandeza de sus obras y de sus construcciones (magnitudine operum); Teodoreto (ib. 20 1) estima en cambio que Juliano quería contestar la profecía de Jesús (Mt 24 2; Mc 13 2; Lc 19 44, 21 24) según la cual, del Templo, no quedaría piedra sobre piedra.

Entre los modernos, P. Athanassiadi Fowden –que rechaza justamente la opinión, propuesta por otros, de que Juliano fuera projudaico, pero admite, en base al Contra Galileos, que Juliano, aunque atacaba a los hebreos y los consideraba absolutamente inferiores a los griegos y a su paideia, los prefería a los cristianos por la fidelidad que habían mantenido a su identidad cultural y religiosa durante siglos– sostiene que el tan generoso proyecto no estaba justificado sólo por motivos filosóficos, sino también y sobre todo por especulaciones políticas, precisamente en vistas de la lucha contra los Sasánidas: el gran número de Hebreos presentes en los territorios controlados por los persas en aquel entonces hace muy plausible esta explicación de un proyecto que parece contradecir el desprecio antisemita de este emperador. De hecho, Amiano habla abiertamente del taedium que Juliano había manifestado, al pasar por Palestina, en relación con Judaeorum faetentium et tumultuantium y refiere una broma acerca de ello (XXII 5 5: O Marcomanni, O Quadi, O Sarmatas, tandem alios vobis inquietores inveni).

Sin embargo, yo creo que a la «generosidad» de Juliano hacia los hebreos, de la que habla Athanassiadi, no sea del todo ajena su política anticristiana: Amiano, que era un gran admirador de Juliano, recuerda otro gesto aparentemente generoso del emperador, que introdujo in palatium los obispos disidentes (todavía se mantenía la áspera controversia con los arrianos) exhortándolos a todos a olvidarse de las discordias y a que cada uno sirviera sin temor a la propia religión, ahora que nadie lo prohibía, y añade: «Hacía esto, y con obstinación, para no tener que temer gracias al aumento de los disensos a causa de la licencia», la unanimidad del pueblo cristiano (ut dissensiones agente licentia, non timeret unanimitatem postea plebem). Y Amiano concluye recordando la experiencia que Juliano había tenido de los litigios entre los cristianos.

La reconstrucción del templo de Jerusalén –combinada con la clausura de las iglesias cristianas, como había sucedido poco antes en Antioquía, a causa de la sospecha, al parecer infundada, de la responsabilidad de los cristianos en el incendio del santuario de Apolo Dafneo (Amm. XXIII 13 1)– podía contribuir a reavivar en las intenciones de Juliano la tensión existente entre cristianos y hebreos. Que este fue el resultado de la iniciativa del emperador lo revela, quizás, el mismo Ambrosio en la carta del año 388 (ep. 40 21): como es sabido, algunos monjes cristianos habían incendiado una sinagoga en la región de Calinico y Teodosio había ordenado al obispo local que la reconstruyera cargando con todos los gastos. Ambrosio protesta y después de haber recordado lo que le había sucedido a Juliano quien había intentado reconstruir el templo de Jerusalén y de mencionar la violación de las leyes de Roma por parte de elementos judíos, que habían incendiado sacratarum basilicarum culmina, pregunta «si Juliano no vengó la ofensa a la Iglesia porque era un prevaricador, ¿tú quieres vengar la ofensa a la sinagoga porque eres cristiano?» Entonces se puede colegir que bajo Juliano hubo ataques judíos a iglesias cristianas, por efecto, probablemente, del «favor» que el emperador había manifestado con su proyecto de reconstrucción.

Convencido, en su exasperado filohelenismo, de que la paideia griega era el último baluarte del paganismo, Juliano quiso agravar con tal proyecto las dissentiones entre hebreos y cristianos, que él consideraba como enemigos de esa paideia, y reducir a los cristianos a exponentes de una religión étnica, derivada del judaísmo y rebelde pero inferior.

BIBLIOGRAFÍA
- P. Athanassadi Fowden, Julian und Hellenism, Oxford 1981, pp. 163-164 (contra A. Avi Jonah, The Jews of Palestine, Oxford 1976, p. 190)

Sobre Juliano se puede consultar las actas del congreso internacional: «Juliano, emperador: sus ideas, sus amigos, sus adversarios» que se realizó en Lecce en el año 1988 y ha sido publicado por la editorial Congedo.
 


Autor: Calique1000, 03/Oct/2006 00:08 GMT+1:



Pues totalmente de acuerdo. Aunque en la época medieval creó que la Iglesia tuvo demasiado poder político, aunque al principio de ésta fue hasta bueno, pero ya para el siglo XV en adelante no estoy de acuerdo.


Autor: Los_Santos_Reyes, 03/Oct/2006 23:37 GMT+1:


 

Pero eso es porque antes no existía separación entre Iglesia y Estado, con lo cual, era lógico que poder y religión fueran juntos, o mejor dicho, que estuvieran más o menos coaligados: el poder temporal y el espiritual. Por eso Enrique IV se hizo católico para ser rey de Francia, por eso las guerras de religión de los siglos XVI y XVII, y por eso incluso las Cruzadas. No es una crítica, es la constatación de la realidad. Los reyes eran coronados por obispos por algo, porque era Dios quien los había puesto en ese sitio para gobernar a sus pueblos (y no es coña). Y estar a malas con la Iglesia tenía, por tanto, sus riesgos.

En la Edad Media lo que más podía temer un señor feudal es que la Iglesia lo excomulgase y levantase a sus vasallos el juramento de fidelidad. ¿No era así, Capelláncastrense?

La verdad, nunca he entendido esas críticas acérrimas a la religión -especialmente al cristianismo- por el hecho de estar al lado del poder temporal. Así eran las cosas, es cierto que la Iglesia, como no podía ser de otra forma, tenía interés en los asuntos temporales y que ella misma era un poder temporal, pero ni mucho menos se plegaba por sistema a reyes y emperadores. Basta ver la historia para comprobar los continuos roces e incluso rupturas entre ellos, y sus consecuencias: el cisma de Occidente, la Reforma, la separación de la Iglesia de Inglaterra, etc.

La Iglesia podrá haber tenido intereses comunes con el poder temporal que difícilmente podrían encajar en su fin espiritual, pero también se ha opuesto a él en otras muchas ocasiones. Presentarla como un simple aliado del poderoso me parece una simplificación.

Saludos.


Autor: Galland, 18/Dic/2006 14:03 GMT+1:


 

Escrito originalmente por Los_Santos_Reyes

La verdad, nunca he entendido esas críticas acérrimas a la religión -especialmente al cristianismo- por el hecho de estar al lado del poder temporal. Así eran las cosas, es cierto que la Iglesia, como no podía ser de otra forma, tenía interés en los asuntos temporales y que ella misma era un poder temporal, pero ni mucho menos se plegaba por sistema a reyes y emperadores. Basta ver la historia para comprobar los continuos roces e incluso rupturas entre ellos, y sus consecuencias: el cisma de Occidente, la Reforma, la separación de la Iglesia de Inglaterra, etc.



Muy facil sencillamente Cristo (que de hay viene el cristianismo) insiste constantemente en que sus discipulos no deben ser parte de este mundo, y cuando se refiere mundo se refiere a los poderes del mismo, él utiliza la palabra Kos-mos, que se usa para ilustrar a los que estan arriba, o por encima de....

Cristo mismo rechazo que intentaran nombrarle rey como rango humano con la responsabilidad de gobernar, Cristo si acepta el nombramiento cuando viene de Dios, entendiendo asi que para Cristo Dios si tiene autoridad para nombrar o no a un rey celestial.

Por otra parte, una religion que forma parte del sistema politico, segun el libro apocalipsis esta condenada.

un saludo

Galland.


Autor: Galland, 23/Dic/2006 22:36 GMT+1:


 

Hablar del porque de la apostasia de Juliano es hablar de Porfirio, filósofo de Tiro que se opuso al cristianismo en el siglo III, planteó la pregunta "en cuanto a si los seguidores de Jesús, más bien que Jesús mismo, fueron responsables de la forma distintiva de la religión cristiana. Porfirio y lo mismo hizo Juliano [emperador romano del siglo IV que se opuso al cristianismo mostró, fundándose en el Nuevo Testamento, que Jesús no se llamó a sí mismo Dios, y que no predicó acerca de sí mismo, sino acerca del único Dios, el Dios de todos. Fueron los seguidores de Jesús quienes abandonaron Sus enseñanzas e introdujeron un nuevo camino de ellos mismos en el cual Jesús (no el único Dios) fue el objeto de adoración y veneración. Porfirio tocó una cuestión perturbadora para los pensadores cristianos: ¿se basa la fe cristiana en lo que predicó Jesús, o en las ideas que forjaron sus discípulos en las generaciones que siguieron a su muerte?". The Christians as the Romans Saw Them.


Mi saludo

 


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Autor: Galland, 29/Dic/2005 11:46 GMT+1:



Luego de la muerte de Constantino, comenzaron a haber problemas entre los hijos de este, sumiendo a Roma a un pequeño período de caos. Aunque Constantino abolió el sistema de Diocleciano, a su muerte quiso que sus tres hijos Constantino II, Constancio y Constante y dos de sus sobrinos fuesen emperadores al mismo tiempo, pero los nuevos emperadores no se ponían de acuerdo sobre como repartirse el Imperio, pronto comenzaron las peleas y se produjo una breve guerra civil, en la que murieron Constante y Constantino II, dos de los hijos del emperador. La Galia atravesaba por una série de invasiones germanas, Constancio se vio impotente y no quiso seguir llevando las riendas del gobierno, se las cedió a Juliano uno de los sobrinos del fallecido emperador.

Juliano había sido educado por un liberto griego, se le había inculcado la religión cristiana, pero su educador era un pagano que se mantenía en secreto y Juliano pronto comenzó a sentir gran admiración por la cultura helénica. No así con el cristianismo al cual fue aborreciendo gradualmente, de aquí que se le haya conocido como el apóstata.

355dc- A los veinticuatro años Juliano era aún un admirador de la cultura helena, pero hubo de cambiar la toga de filósofo por el manto de general. Se acomodó bien a su nueva existencia y fue un buen militar, mandaba a sus tropas con gran disciplina, y el mismo se mostraba muy valeroso en las batallas, lo que hacía de ejemplo a sus soldados. Obtuvo una victoria decisiva sobre los germanos en la Galia, gracias a la disciplina de sus tropas, los germanos fueron derrotados aún cundo eran tres veces más numerosos.

Al poco tiempo se declaró la guerra contra los persas, Constancio quizo que Juliano les cediese sus tropas para ponerse el mismo en campaña contra los persas. Juliano no tenía otra alternativa que obedecer al emperador pero los soldados se negaron a abandonar la Galia y proclamaron emperador a Juliano. Cuando Constancio se enteró de la sublevación de los soldados galos, se dirigió a las Galias a combatir a Juliano aún cuando este le había propuesto resolver las cosas por medios amistosos, Constancio nunca llegó a destino, en el camino contrajo unas fiebres y murió, en el año 361 Juliano fue dueño del Imperio.

Con Juliano en el trono, aparecía un nuevo Marco Aurelio, fue un emperador trabajador, idealista y piadoso. A pesar de que no simpatizaba con los cristianos no hizo ninguna persecución sangrienta, de todas maneras tomó algunas medidas anticristianas, ordenó que fueran levantados todos los templos paganos y a los que hubieran sido destruidos por cristianos debían ser reconstruidos por ellos mismos, a pesar de las pacíficas actitudes del emperador, se cometieron con frecuencia atroces crueldades. En segundo lugar quitó todo los beneficios económicos que Constantino dio a la Iglesia, luego se declaró como partidario de las religiones paganas y quiso que estas fueran ensalzadas, aunque siguió respetando a los cristianos. Quiso crear una organización pagana similar a la que tenía la Iglesia cristiana, asignó a cada provincia un pontífice con sus respectivos obispos a cargo de todos el sacerdotado. Juliano los apoyó fielmente, quiso que se diesen cátedras sobre filosofía en cada rincón del Imperio y realizó numerosas caridades emulando a los cristianos, finalmente el "apóstata" se arraigó mucho más a la ética cristiana de lo que pudiera imaginarse. Aunque pronto se dio cuenta que todo su idealismo era inútil, los cristianos crecían día a día en número, la religión pagana era cosa del pasado.

362dc- En el verano de 362, Juliano abandonó Constantinopla para no regresar jamás, fue a Oriente a combatir con los persas y durante en una batalla en el desierto, agobiado por el calor, se quitó su coraza, desafiando a las flechas de los persas, recibió un flechazo durante la batalla, aún así siguió combatiendo valientemente, luego de su heroica actuación resultó victorioso, pero su herida era mortal, el emperador recibió a la muerte con una calma admirable, diciendo que a aquellos que son amados por los dioses, mueren pronto, Juliano moría los treinta y dos años, luego de un breve pero feliz reinado. Los cristianos se regocijaron ante la noticia de su muerte.

 



Autor: capellancastrense, 18/Dic/2006 09:22 GMT+1:


 

Voy a aprovechar este tema para pegar otro artículo de Marta Sordi sobre este personaje. Ahora bien, también nos puede servir para otro debate en curso... Juliano no fue capaz de ver que el paganismo no se acababa con el cristianismo. Iba a tener la "devoción" a los santos que no dejaría que el paganismo natural del ser humano se destruyera del todo...  
Ahora en serio, hay que decir que la negación de Juliano es mucho más coherente que el de nuestros contemporáneos pues involucraba una cierta identidad de cultura y fe. Pero dejo la palabra a la Prof. Sordi. Espero que disfruten.

¿Los cristianos? Extraerlos de la cultura
M. SORDI, Il Timone 33, mayo de 2004.
Los autores cristianos, sea los de lengua latina (Augustinus, de Civitate Dei XVII 52 2; Rufino H.E. X 33) sea los de lengua griega (Philost. H.E. VII 4; Sócr. H.E. III 12 7; Sozómenos IV 18 2/3; Theod. H.E. VII 8 1-2), recuerdan como manifestación de la persecución anticristiana de Juliano (el emperador que después de Constantino intentó restaurar el paganismo en Roma) su prohibición a los cristianos de que participaran en la cultura clásica, sea como docentes que como discípulos, y su voluntad de marginarlos de esta manera de la vida de la polis: «An ipse non est Ecclesiam persecutus –se pregunta Agustín– qui Christianos liberales litteras docere ac discere vetuit?
Los modernos están divididos entre los que aceptan el punto de vista anticristiano de la prohibición de Juliano y lo valoran positivamente en nombre de la convicción de Juliano de la unidad entre fe y cultura; aquellos que, aunque convencidos del planteamiento anticristiano, lo consideran una manifestación de las tendencias teocráticas de Juliano; aquellos que niegan incluso que la prohibición tuviese una intención anticristiana y que consideran que buscase sólo una reorganización de la burocracia.
Sobre la intención anticristiana de la prohibición, creo decisivo el testimonio del último gran historiador pagano de lengua latina, Amiano Marcelino, bien conocido por su admiración por Juliano, que en dos momentos de su Historia XXII 10 7 y XXV 4 20) recuerda como inclemens la prohibición a los cristianos de docere: en el primer pasaje, para el a o 363 d.C, después de haber recordado favorablemente las disposiciones legislativas de Juliano, observa: «illud autem erat inclemens –y por incluir con un perenne silencio– quod arcebat docere magistros, rhetoricos et grammaticos, ritus Christiani cultores»; en el segundo relativo a la visión conclusiva de las virtudes y de los vicios de Juliano, después de haber hablado de sus innovaciones legislativas, dice que ellas fueron «non molesta» salvo pocas, entre las que enumeraba precisamente la prohibición de docere a los cristianos «si no pasaban al culto de los dioses».
Sobre la intención persecutoria de su emperador Amiano no tiene dudas y esto debería bastar; las incertezas de los modernos derivan en cambio del texto de la ley, conservada por el Código Teodosiano del 17 de junio de 362 (Cod. Th. XIII 3 5) en el cual los cristianos no son nombrados explícitamente. De hecho, en el texto se afirma que los maestros deben ser valorados no sólo por su facundia sino también por su moralidad (moribus) y deben tener la probatio en una sede local por un decretum curialium (una especie de concurso público): el silencio de la ley sobre los cristianos (que recuerda el edicto de Decio, que no nombraba a los cristianos, pero buscaba golpear sólo a ellos, imponiendo a todos los ciudadanos del imperio el sacrificio a los dioses, como es evidente por los libelos que nos han llegado) sin embargo, es aclarado por la carta 61 que Juliano mismo envió poco después para explicar sus intenciones: «Homero, Hesíodo, Demóstenes –dice Juliano– Heródoto, Tucídides, Isócrates y Lisias, ¿acaso los dioses no tuvieron maestros de toda cultura? [...] Yo creo que es extra o que quien explica las obras de estos autores niegue honor a los dioses que ellos han honrado [...] Y ya que ellos a partir de las obras de estos autores, sacan estipendio y sustento, confiesan que en realidad están ávidos de ganancias inmorales [...] Por tanto, que los galileos expliquen en sus comunidades a Mateo y Lucas».
La explicación más obvia del silencio del texto legislativo, ampliamente iluminado para favorecer la ejecución del texto explicativo, debe buscarse (si no en la reticencia un poco hipócrita que hemos notado en el texto de Decio) en la depuración misma del texto que fue realizada por los editores del Código Teodociano: y esta es una opinión que hoy está ampliamente difundida.
Por tanto, no hay duda de que, al menos para los maestros, la acusación que los autores cristianos hacen a Juliano está bien fundada; ellos hablan también de una prohibición hecha a los cristianos de discere (instruirse) y de esto no hablan ni el texto legislativo ni la carta.
En efecto, que la prohibición de Juliano tuviese una extensión más amplia parece resultar por las invectivae escritas por Gregorio Nacianceno (Or. IV y V) poco después de su muerte, que insiste en la voluntad del emperador de prohibir a los cristianos la cultura clásica y niega que la literatura y la lengua de los helenos se identifiquen con el paganismo, sosteniendo al contrario que ella fueron un bien común de todos los hombres.
Una ulterior confirmación viene de la Passio Artemii, que en aquel entonces era gobernador de Egipto: en la Passio, Juliano mismo se duele de las acusaciones que Artemio, partiendo de las ense anzas de los griegos, ha lanzado contra la religión pagana y dice que no tolerará más que «la impía estirpe de los cristianos sea instruida en las disciplinas griegas». Un concepto análogo expresa Juliano en la Epistula 90, acusando a un sacerdote cristiano de haber armado, con los estudios filosóficos y retóricos aprendidos en Atenas, su «odiosa lengua» contra los dioses celestes.

Por tanto, es probable que la prohibición tuviese relación no solo con el docere, sino también con el discere: tal determinación nacía de la ideologia de Juliano, para el cual el mismo término de helenismo había tomado un significado prevalentemente religioso (incluso en el griego de los hebreos y del NT ellenes indica a los paganos, lo cual no sucede para el concepto de romanos); neoplatonismo y oráculos caldeos habían contribuido a aumentar en él la certeza de que la cultura griega era fruto de inspiración divina y, por esto, sagrada. Pero cuando, en la Epistula 61, Juliano reúne bajo el signo de la religión a escritores como Tucídides, como Lisias, como Demóstenes, autores de clara impronta «laica», Juliano muestra que no ha entendido nada –en su misticismo orientalizante– de la lúcida racionalidad de la verdadera cultura griega, que sí estuvo abierta a la exigencia religiosa como a una exigencia humana fundamental, pero no dio origen a una literatura sagrada. Reivindicando a todos los hombres, comprendidos los cristianos, el patrimonio común de la lengua de la literatura griega, Gregorio Nacianceno se revela consciente de los valores de la cultura clásica y predecesor de aquellos cristianos que, en Oriente y en Occidente, habrían salvado de la destrucción a esa misma cultura.