Argentavis Magnificens

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eljoines
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Argentavis Magnificens.
 



El ave más grande que halla surcado el planeta tiene ese nombre. 
Descubierta en 1979 por Rosendo Pascual y Eduardo Tonni en Salinas Grandes, La Pampa este miembro de una familia de aves gigantes que se desarrollaron y esparcieron por América y Australia, los Teratórnidos, vivió hace 6 millones de años en las pampas argentinas, durante el Mioceno. 
Media unos increíbles 8 metros de envergadura, demasiado para un ave voladora. Tamaño solo superado por un animal mucho más antiguo, los reptiles Quetzacoatl de la familia de los pterosauridos. El "pajarito" pesaba unos 100 kg, tenía 3,50 metros desde el pico hasta la cola, 2,50 m de alto, y sus plumas alares medían un metro cada una. 

 
Comparación del tamaño del Argentavis y una persona. 
 
Craneo del Argentavis. 

Usando similares parámetros Sergio F. Vizcaíno, Paul Palquist y Richard A. Fariña ha llegado a la conclusión que el Argentavis era capaz de realizar 4 pasadas por cada km2 para escanear el territorio, recorriendo 2160 km a razón de 860 km por día en 12 horas de vuelo para consumir solo 12 kg de alimento en descomposición. Lo que significa que necesitaría 3 días de vuelo para poder cubrir su territorio, evidenciando que el ave era carroñera y así disminuyendo tres veces el territorio necesario para subsistir, por el motivo que este tipo de aves necesita menos territorio por la abundancia de fuentes alimenticias óbitas. Y como es similar al Cóndor Andino y llegó a coexistir con mamíferos marsupiales "Dientes de Sable" probablemente les robaba sus presas ahuyentándolos además de comer lo que encontrara. 

 

Se estima que por el tamaño del ave no era capaz de levantar vuelo mediante el aleteo, ni tampoco existían condiciones erógenas como para permitirles arrojarse desde alturas. Pero probablemente utilizaras los fuertes vientos cálidos y ascendentes provenientes del pacífico, ya que la cordillera de los andes no poseía las alturas actuales, corriendo en contra viento a unos 40 km/h. 

Respecto a su reproducción se concluyó que ponía un solo huevo cada dos años, de 1.052 gramos, incubándolo por 64 días. Una vez eclosionados los pichones permanecerían en el nido unos 230 días y 190 más alrededor de él. 
Así mismo la tasa de mortalidad anual era inferior al 1,9 %, por lo que tomando en cuenta estos datos y el tamaño del área necesaria por ejemplar para sobrevivir se está en presencia de un animal de pocos ejemplares de vida longeva distribuidos por un territorio inmenso. Un tipo de evolución asombrosa y muy rara. 


Sergio F. Vizcaíno es investigador del CONICET, Depto. Paleontología de Vertebrados, Museo de la Plata, Argentina. 

Paul Palmquist es Profesor Titular de Paleontología en la Universidad de Málaga 

Richar A. Fariña es Profesor Adjunto de Paleontología, Depto. Paleontología, Universidad de la República, Montevideo (Uruguay).