Las Campañas de Napoleón Bonaparte

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Autor :     Pavia 1972

 

NAPOLEÓN: LAS CAMPAÑAS DE ITALIA.

En la siguiente serie de artículos trataremos la primera campaña que Napoleón Bonaparte dirigió con autonomía. Se podría discutir si “la primera” fue el cerco de Toulon, pero, en mi opinión, en este cerco en que se enfrentó a rebeldes, ingleses y españoles, la presencia política de los dirigentes franceses era demasiado cercana para considerar sus actuaciones como “independientes”.

La base bibliográfica principal de estos primeros artículos es el estupendo libro:

“LAS CAMPAÑAS DE NAPOLEÓN”, de David Chandler, edit. La Esfera de los Libros, publicado por primera vez en inglés en 1966, y traducido y publicado en castellano en 2005 por Carlos Fernández-Vitorio y Francisco Fernández Vitorio.
Si se me permite decirlo es un libro básico para los apasionados del tema.

Los artículos llevan por título.
0º.- Previo: Orden de batalla del Ejército de Italia, 12 de abril de 1796.
1º.- Tomando el mando. Marco general de la campaña.
2º.- Dominar el Piamonte.
3º.- La batalla de Lodi.
4º.- Mantua.
5º.- Dos batallas. Caldiero y Arcola
6º.- Rivoli
7º.- ¡Hacia Leoben!
8º.- Consideraciones finales.

0º.- PREVIO:
ORDEN DE BATALLA DEL EJÉRCITO DE ITALIA, 12 DE ABRIL DE 1796.

“LAS CAMPAÑAS DE NAPOLEÓN”, de David Chandler, edit. La Esfera de los Libros 2005, página 1137

CUARTEL GENERAL:
• General Bonaparte, comandante en jefe.
• General Berthier, jefe de estado mayor.
• General Chasseloup, jefe de Ingenieros
• Ciudadanos Cahauvet y Saliceti, intendentes generales
• Coronel Murat, capitanes Luis Bonaparte, Marmont, Sulkowsi y Junot, ayudas de campo (entre otros)

Unidad / Comandante Formaciones Contingentes
División Massena Div. La Harpe (70ª, 99ª, 14ª y 1ª brigada
Ligera y un batallón de la 21ª) 9.400
Div. Meynier
Brigada Ménard: 8ª ligera
y segundo batallón de la 21ª 3.400
Brigada Joubert: 51ª, 55ª y 3ª ligera 2.250
Brigada Dommartin: 84ª 2.970
_____
TOTAL 18.020
_____

División Sérurier Demi-Brigade 19ª, 46ª y 56ª 9.450
División Augereau Demi-Brigade 39ª y 69ª 6.200
Brigada Rusca 4 y 18 ligera 2.600
Caballería: General Stengel 3.500
Artillería e ingenieros 3.800
Divisiones Macquard et Garnier 6.800
Líneas de comunicación Div. Costeras 1ª, 2ª y 3ª 10.500
Demi-Brigade 16ª ligera 1.400
___________
TOTAL ABSOLUTO 62.270

 

1º.- TOMANDO EL MANDO. Marco general de la campaña

Niza, 27 de marzo de 1796. El desanimado ejército francés de Italia está formado para recibir a un pequeño general enviado desde Paris con una misión clara: recomponer las maltrechas líneas francesas frente a la inminente ofensiva de los austriacos y aliados.
El espectáculo es desolador. Los soldados de tienen un aspecto lamentable: harapientos, hambrientos, con sus ideales revolucionados perdidos en el oscuro agujero que es su estómago, hartos de no recibir el dinero que se les debe. Y ahora tienen ante ellos al “héroe de Toulon”, que para nada les impresiona. ¿Qué puede hacer aquel enano corso para remediar su situación?
Sin embargo, las palabras del joven general captan su atención: nada de misiones republicanas de expansión de sus ideas revolucionarias, nada sobre los derechos humanos implantados por la República… “¡Soldados!” habla Napoleón “tenéis hambre y estáis desnudos. El gobierno os debe mucho dinero pero no puede pagaros nada. La paciencia y el coraje que habéis demostrado en medio de estas rocas son admirables, pero no os reportan gloria alguna – ni siquiera os alcanza el más mínimo de sus destellos-. Os voy a conducir a las llanuras más fértiles de la tierra. Ricas regiones y ciudades opulentas estarán a vuestros pies. Allí encontraréis el honor, la riqueza y la gloria. ¡Soldados de Italia! ¿Acaso os van a faltar el calor y la fortaleza?”

Un joven Napoleón
Retrato de un joven Napoleón


Dejando a un lado la veracidad o no de estas palabras (recordadas por el ogro corso desde Santa Elena, ergo poco fiables), está claro el mensaje. Tenéis hambre y frío, pues bien seguidme que vamos a saquear Italia, y pobre del que se nos interponga.

La distribución estratégica de los soldados franceses no es precisamente buena. Dispersos en pequeños contingentes, expuestos a los ataques de la flota británica comandada por el cuasi-mítico Nelson, de los bandoleros (que no guerrilleros, eso aparecería en España años más tarde) “barbas”, y de las tropas austriacas y piamontesas superiores en número aunque, afortunadamente, con un despliegue muy poco ofensivo. Los suministros del ejército padecían del mal endémico de la corrupción institucionalizada, ya que dependían de los civiles. Poco podían conseguir los soldados de las esquilmadas laderas rocosas del Piamonte, así que las promesas de avanzar por veraces valles, entrando a saco en ricas ciudades debió de parecerles francamente “interesantes”. Ya que había que morir, al menos que fuera con el estómago y los bolsillos llenos.
Desde su fundación como ejército independiente en 1.792 con unos 106.000 soldados había visto sus filas clarear y llegar pocos refuerzos. Cuatro años más tarde, en el momento de la sustitución de Schérer por Napoleón, deserciones, bajas y muertes habían menguado los efectivos a 63.000, de los cuales solo 37.000 estaban en formaciones de batalla inmediata con 60 cañones. Además ni soñar con reemplazos que la República dedicada por sistema a la lucha en la Selva Negra.

Si embargo Napoleón se siente motivado, esos son sus hombres y ahora está demasiado lejos de Paris como para que los políticos se interpongan. Se sabe superior, con su carácter corso latiendo en sus venas en plena efervescencia, y comprende que todo su estudio sistemático del arte de la guerra (siempre lee todo lo habido y por haber sobre el territorio en el que va a combatir, y sobre las técnicas y estrategias militares) le confiere una ventaja sobre los generales de origen aristocrático a los que se enfrentará, demasiado mediatizados por los lentos sistemas de avance estratégicos e incluso táctico de sus ejércitos.
Por mediación de Berthier (que con el paso de los años será su imprescindible jefe de estado mayor) reúne a sus tres generales al mando el 27 de marzo.
 Sérurier. 53 años, adusto, formado en el antiguo Ejército Real. Metódico y defensor de la disciplina férrea. Virtudes militares no muy altas.
 Augereau: 38 años, aventurero, desertor de la Caballería Real, luchó en el ejército ruso contra los turcos, en la Guardia de Federico el Grande, maestro de esgrima en Dresde… En 1.792 regresa a Francia donde es nombrado ¡general! Toda su vida hablaría como en los bajos fondos de Paris, lo que sin duda le daba un aspecto cercano a sus hombres. Tan hábil para localizar los puntos débiles del enemigo como para conseguir un buen botín (lo que le meterá en muchos líos innecesarios).
 Massena: 38 años, había servido junto a Napoleón en Toulon. Contrabandista de joven en las montañas de Sabaya, después de licenciarse del ejército donde tenía grado de alférez, regresa en 1.792 ingresando en el ejército revolucionario, siendo ya en 1.795 un famoso general al mando del Ejército de Italia (vencedor en la Batalla de Loano). Puntos flacos: el dinero y las mujeres. Con el paso del tiempo sería unos de los generales en los que Napoleón más podría confiar.

Junto a ellos formarían al mando del ejército hombres a los que Europa pronto aprendería a temer. Berthier (ya mencionado), el joven oficial de caballería gascón Murat, Junot (sargento en Toulon, comandante en Italia), Luis Bonaparte y el joven de 22 años Marmont.
El Directorio no quería que Italia se convirtiera en un escenario principal, por ello abogaba por una guerra ofensiva de flanco: tenía que pacificar el norte de Italia, distrayendo efectivos austriacos al frente principal del Rin. Después avanzar hacia el Tirol donde se uniría a Moreau, para avanzar con el grueso del ejército francés hacia Viena… cosa que napoleón decidió hacer a su manera, vamos, atacando se defiende uno mejor. Sus opciones reales eran estas: adentrarse en los Alpes y dejar morir de hambre a sus hombres o lanzarse sobre las veraces llanuras de Lombardía y el río Po.
El dispositivo austriaco en esta zona parecía un inmenso cuadrilátero: al Norte los Alpes y como vértices principales Génova, Milán y Mantua. Hacia el dominio de esta zona será hacia donde Napoleón dirigirá todos sus esfuerzos.
Para ello aprovechará el creciente descontento de los diversos principados italianos frente a la ocupación austriaca, la frágil posición de Víctor Amadeo de Saboya, al que cree que podrá forzar militarmente a abandonar su alianza con Austria, liberando su flanco terrestre.
Sin embargo la combinación de los ejércitos austriacos, de conseguir aunarse, sin duda demolería cualquier esfuerzo francés ahogado por la abrumadora superioridad numérica de los ejércitos de Viena y aliados.

El ejército Austriaco estaba al mando de Beaulieu, 72 años, competente pero con la iniciativa constreñida por la enervante intromisión del Consejo Áulico de Viena. Contaba con tres ejércitos a su mando.
• Directamente a sus órdenes 19.500 hombres, pero dispersos en guarniciones con centro en Alessandria (casi la mitad), y el resto al mando de los generales Pitón y Wukassovitch teóricamente aprestados para el combate.
• Argenteau, con 11.500, concentrados alrededor de Acqui (pero pareciendo un inmenso rosario entre Carcare y Genova.
• Colli con 20.000 piamonteses apoyados por un destacamento austriaco al mando de Provera. Diseminados en la línea desde Cuneo hasta Ceva y Cosseira, vigilando los pasos occidentales por los que los franceses podrían entrar en Piamonte.

También había 20.000 piamonteses en Turín, al mando de Corrigan, pero que “cuidaban” las posiciones francesas en los Alpes (el general francés al mando de ese ejército era Kellermann. Se anulaban mutuamente, con lo que sus posiciones se mantendrían fijas no interviniendo directamente en la campaña.
El ejército de campaña francés contaba con 37.000 soldados (famélicos y con pocos pertrechos) para hacer frente a los diseminados 52.000 soldados austriacos y piamonteses. Si conseguían concentrar sus fuerzas contra los franceses estos estarían perdidos, pero su dispersión y la desconfianza entre los mandos aliados sería un pesado lastre que Napoleón sabría explotar.

 

 

2º.- DOMINAR EL PIAMONTE

El primer movimiento estratégico del genio corso será eliminar de la contienda al Piamonte, y eso en contra de los consejos del Directorio que opinaban que se debería de tratar con guante blanco a Víctor Amadeo. Tras observar los mapas concienzudamente, el despliegue de los aliados, opta por avanzar hacia Carcare, punto de unión de los dispositivos piamonteses y austriacos (esto de atacar en las uniones de los ejércitos será una constante napoleónica). Los movimientos se iniciarían el 15 de abril: El objetivo será anular a Colli, manteniendo a raya a Argenteau en Dego. La base de la operación será la velocidad y la sorpresa.
El avance principal, encabezado por Massena, se produciría por el puerto de Cadibona. Sus tropas se unirían a las de Argenteau que venían desde Finale, para lanzar un ataque simultáneo contra Carcare. 24.000 hombres concentrados en el punto crítico. Napoleón, tras un estudio poco menos que científico, calculó que los coaligados apenas podrían oponerse con 11.000 hombres en Dego al mando de Argenteau, y no más de 12.000 entre Ceva y Carcare al mando de Colli. Una gran oportunidad de victoria que no iba a desaprovechar. Además confiaba en que las maniobras de divertimento que iniciarían Sérurier desde Ormea subiendo por el valle de Tanera, distraería efectivos de Colli. A ello se uniría los avances de los pequeños cuerpos de Macquart y Garnier por el puerto de Tende hacia Cuneo. Para rematar las maniobras de finta La Harpe avanzaría por la costa mediterránea hacia Sassello, donde se uniría a Cervoni en la cercanía de Voltri, dando la sensación de avanzar hacia Génova.

Los planes se han de adelantar al día 10 cuando los austriacos, en un movimiento del todo inesperado, inician un ataque contra Voltri. Sin embargo la ofensiva austriaca pronto cae en una confusión horrible, con lo que los franceses deciden atenerse a su plan original (con ligeros cambios) tomando la iniciativa.

Las escaramuzas se convierten el 12 de abril en pequeñas batallas campales. 9.000 franceses se enfrentan a 6.000 austriacos de Argenteau en Montenotte. La Harpe ordena ataque frontal contra la posición, mientras Massena, tomando el mando personal de una brigada, rodea el flanco izquierdo austriaco. La consecuencia es la desintegración austriaca. Al amanecer del día siguiente solo 700 austriacos están bajo el mando de Argenteau, por lo que opta por retirarse lo más rápido posible para reorganizar sus tropas. Los mosquetes capturados irán a parar a las manos de los “desarmados” hombres de Augereau (la intendencia francesa llevaba días de retraso).
En el análisis táctico del encuentro señalar que la combinación de las formaciones en columna francesas, precedidas de nubes de tiradores, se impusieron a las rígidas tácticas de línea austriaca. Hay que señalar que esta toscas tácticas francesas (poco sutiles y débiles ante el fuego de artillería) se irían  afinando con el tiempo, según las tropas adquirían experiencia (muy pocos de los reclutas franceses habían recibido una adecuada instrucción). El élan francés se imponía a las tácticas heredadas de Federico el Grande (eso y la superioridad numérica en el campo de batalla, por lo que hay que considerar a Napoleón como un brillante estratega y un hábil táctico. De facto el corso no se preocupaba de las tácticas a adoptar por sus brigadas, dejando esto a la iniciativa de sus subordinados, lo que en ocasiones demostraría no ser acertado al provocar bajas innecesarias entre sus soldados).
La caballería francesa estaba mal montada y peor instruida. Pero en ella estaba el germen de una decidida y a menudo brillante oficialidad, sobretodo en la persecución. Hombres como Murat, Lasalle, Grouchy y Milhaud harían de ella un arma a tener en cuenta. Se dividían en unidades pesadas (para el cuerpo a cuerpo), dragones (capaces de luchar a caballo y, teóricamente, a pie), y ligera (reconocimiento, cobertura y persecución)
La artillería sí que era formidable, dada a una acertada organización, investigación y desarrollo que hundía sus raíces de forma efectiva en el periodo monárquico. Sin duda aquí sí que llevaban una clara ventaja tecnológica y de táctica sobre sus enemigos. En la misma circunstancia de ventaja se encontraban los ingenieros, tropas mimadas en el antiguo régimen, que mantuvieron su eficacia en la República.
El olvidado era la intendencia, de facto los ejércitos napoleónicos debían de vivir sobre el terreno.

Volviendo a lo que nos ocupa, es decir la derrota del Piamonte.
A pesar del éxito inicial obtenido Bonaparte se enfrenta a un duro problema. Tenía que inclinarse entre perseguir a las tropas austriacas o bien mantener su plan original, abalanzándose sobre los ahora aislados hombres de Colli. Opta por lo segundo. Deja a Massena para asegurar Dego, con efectivos menores a una división, mientras el resto junto a las tropas de Sérurier (en Ormea) avanzarían hacia Ceva. De esta manera reuniría unos 25.000 hombres para enfrentar a los piamonteses. Como medida de precaución quedarían en Cascare unos seis batallones y toda la caballería de Stengel formando un “a modo de reserva central”, un “apagafuegos” de posibles crisis.
Esto fue una acertada decisión, ya que hacia el 13 la situación se tuerce peligrosamente, cuando el avance hacia Ceva fue detenido por la valerosa acción de 900 granaderos austriacos en las ruinas del castillo de Cosseria. Mientras en Dego, el confiado Massena, se encontró con que la ciudad estaba ocupada por una considerable fuerza enemiga. Napoleón se ve obligado a desplazarse personalmente para inspeccionar la gravedad del problema surgido “in situ”. Massena se niega a atacar mientras Provera no sea reducida, lo que no se consigue, con lo que el corso opta por dejar una brigada custodiando los accesos al maltrecho castillo y envía el resto de las tropas a Massena para que inicie un  decidido ataque.
Después de un vigoroso ataque cerca de 5.000 austriacos y 19 cañones son apresados en Dego. A la par llegan noticias de la rendición de Cosseria, con lo que queda franco el camino hacia Colli. Rápidamente deja el mando de nuevo a Massena, yendo hacia el oeste con La Harpe, al encuentro de Sérurier al que supone en las cercanías de Ceva.

Sin embargo Massena comete un grave error: deja que sus tropas se dispersen en busca de botín siendo sorprendidas por una fuerza austriaca al mando de Wukassovitch compuesta por cinco batallones. Arrollan a los franceses e incluso las malas lenguas llegaron a afirmar que el propio Massena estuvo a punto de ser capturado cuando hubo de huir en camisón del lecho de una “amoureuse” (una puta vamos). Sus tropas huyen dejando atrás todos sus cañones y la población de Dego de nuevo en manos austriacas. Señalar que el movimiento austriaco fue casual, pues desconocían lo ocurrido previamente en la localidad, que suponían en su poder.

 

De nuevo Bonaparte a de posponer el avance sobre Ceva. Vuelve sobre sus pasos con las tropas de la reserva y de La Harpe, costándole mil bajas recuperar el pueblo. La consecuencia de todas estas idas y venidas fue que la intendencia francesa quebró. Sus soldados estaban al borde de la inanición. O salían de aquel laberinto montañoso o simplemente perecerían de hambre. Afortunadamente los austriacos no se veían con capacidad para asaltar las expuestas vías de comunicación francesas. La voluntad de lucha de Beaulieu había quedado muy menguada por la pérdida de 10 batallones, y el cansancio de la vejez en estos intensos días menguaba su ardor. Se quedó pues en las inmediaciones de Acqui esperando un 2posible2ataque francés.
Napoleón reacciona con rapidez. Deja en Dego a Le Harpe y envía a Massena a Mombarcano. Por su parte traslada el cuartel general a Millesimo. Augereau y Sérurier han reunido unos 24.000 hombres en Ceva con los que atacar a los 13.000 solados del Piamonte de Colli. Sin embargo las tropas piamontesas consiguen zafarse antes de ser cercadas, formando una sólida posición en la confluencia de los ríos Tanaro y Corsaglia.
Desengañado y tanto enfadado por la falta de decisión de sus generales el corso ordena a sus hombres perseguir a los piamonteses, ordenando a Sérurier un ataque frontal mientras Augereau tratar de flanquearlos desde la orilla oriental del Tanaro. La precipitación condujo al fracaso. Escasos de artillería y sin conseguir coordinación entre las distintas unidades asignadas las tropas francesas acumulan bajas en infructuosos asaltos que son repelidos con firmeza. Cuando por fin consigue reunir tropas y artillería suficientes Colli y sus hombres han vuelto a escabullirse, refugiándose en Mondovi. Stengel, temiendo la reprimenda de Napoleón, se lanza en una furiosa persecución al mando directo de su caballería, pero resulta mortalmente herido cesando el ímpetu francés. Fue una grave pérdida, pues además de ser el general de caballería más veterano era francamente un oficial de campaña muy competente sino brillante.
Sin embargo no tendrán tiempo de fortificar los hombres del Piamonte la ciudad. Sérurier, poniéndose a la cabeza de sus columnas y ejemplarizando a sus hombres (recordemos que era casi un anciano), lanza un osado ataque frontal. El ardor del general y soldados franceses desequilibra a los piamonteses que han de huir, dejando intacto un enorme arsenal y provisiones que llenaran los estómagos y cartucheras de los famélicos franceses.
Desde Mondovi las fértiles llanuras del Piamonte se abren ante los ojos del Ejército de Italia. El 23, sin permitir un descanso, inicia el avance hacia Turín. Nada más recibir noticias de ello Colli solicita condiciones de paz. La voluntad de lucha del Piamonte a sido quebrada. Napoleón ordena un avance aún más rápido, en lo que parece una alocada y peligrosa carrera. Pero su instinto le dice que en el Piamonte ya no hay nadie dispuesto a plantarle cara. Los emisarios piamonteses se ven obligados a ceder ante las duras condiciones que Napoleón les impone.
El río Stura será considerado la línea de demarcación, quedando las fortalezas de Ceva, Cuneo y Tortona bajo mando y ocupación francesas (si Tortona estuviera en manos austriacas el gobierno de Turín tendría que entregar a cambio Alessandria). Los franceses, así mismo obtenían derecho de paso por su territorio así como permiso para cruzar el Po por Valenza. Este armisticio es firmado por el monarca de Saboya mientras sus aliados austriacos se baten en rápida retirada hacia el río Agogno, el día 28 de abril, es el Tratado de Cherasco.
Tras una campaña relámpago de diez días Napoleón ha terminado forzando la rendición del estado piamontés. Ahora sus ojos se posan en atacar al ejército austriaco que apresuradamente se está concentrando en el valle del Po.

 

3º.- LA BATALLA DE LODI

http://www.dean.usma.edu/history/we[....]leon%20pages/italian_pursuit_po.htm

 Mapa de la persecución hacia el Po

Tras la rendición piamontesa Napoleón da un breve respiro a sus tropas. Aprovecha este momento para concentrar más efectivos que han quedado liberados llamando a los generales Macquart y Garnier y pidiendo más refuerzos al Directorio, sobretodo los 10.000 hombres que con Kellerman están encuadrados en el ejército de los Alpes.
Por su parte el General austriaco Beaulieu se siente pesimista: acumula unas 6.000 bajas de un ejército inicial de 30.000 soldados. Por ello decide iniciar la retirada a la orilla septentrional del Po. Napoleón no se mostrará dispuesto a ello.

Ordena el joven general francés que sus hombres se concentren entre las ciudades de Tortona, Alessandria y Valenza. Consigue reunir alrededor de 40.000 soldados, a la par de poner en buen funcionamiento la carretera del puerto de Tende, básica para mantener abierta la comunicación con Francia.
El principal problema que se le plantea es cómo y por donde cruzar el Po, ya que carece de unidades de pontoneros y, de ser sorprendido en pleno cruce, el ejército austriaco tenía capacidad suficiente para aniquilar a sus tropas.
Las opciones barajadas son tres:
1ª.- Valenza
Pro: los piamonteses garantizaban el derecho de paso por  Cherasco. 
Contra: estaba a la altura del grueso austriaco, que de girar hacia ellos los pondría en un difícil brete.
2ª.- Sur de Pavía
 Pro: Los situaba a un paso de la retaguardia austriaca.
 Contra: de nuevo demasiado cerca del dispositivo central austriaco.
3ª.- Piacenza
 Pro: le deja cerca de Milán y le permite pasar sin apenas lucha la tres líneas defensivas principales de Beaulieu
 Contra: el río es profundo y ancho en esta zona.

Se decide por la tercera opción, en la que la velocidad y la sorpresa son la base del éxito, pero que, de lograse, obligaría al general austriaco a retirarse rápidamente o, en el mejor de los casos positivos, coparía al grueso de las fuerzas de Austria.

Massena y sérurier reciben la misión de crear diversiones, amagando el cruce por Valenza. Mientras una fuerza de élite (corps d’élite)  formado por 3.600 granaderos extraídos de las unidades de todo el ejército y de 2.300 jinetes, al mando del general Dallemagne, forzaría el cruce por Piacenza. Tras ellos como primer escalón de apoyo marcharían La Harpe  y Augereau, y posteriormente marcharía todo el ejército en dirección este.

Entre el 5 y el 6 de mayo los franceses cruzan el río, pero, debido a un repliegue previo de los austriacos, estos son capaces de responder con mayor premura de la esperada, concentrando para el día 7 a los hombres de Liptay y Wukassovitch, amén del propio Beaulieu. Largas columnas de austriacos se concentraban contra la aún débil cabeza de puente francesa.

Dallemagne, por su parte, mantenía una actitud ofensiva, haciendo retirase a las unidades austriacas hacia la población de Fombio, donde, tras un asalto, el día 8 consiguen dispersar a las fuerzas de Liptay en un combate donde los franceses mostraron un gran empujo y valor (élan). Lanzado en la persecución al anochecer chocó contra los refuerzos de Beaulieu en Codogno, una confusa acción nocturna, donde La Harpe resultó herido de gravedad por sus propios hombres, que perdían un excelente mando en el peor momento. Solo la oportuna apropiación del mando por un recién  llegado Berthier, les permitió recuperarse y hacer retroceder a los austriacos. Beaulieu, descorazonado, ordena la retirada hacia Lodi.

Napoleón puede concentrar su ejército sin más estorbos, que para el 9 ya está concentrado. La caída de Milán es segura. Pero para dominar todo el valle del Po y hacerse con Mantua ha de derrotar aún de manera decisiva al ejército austriaco. Así que Napoleón literalmente empuja a sus fuerzas hacia Lodi, a donde llegan tras una extenuante marcha el amanecer del 10 de Mayo (todo un prodigio para la época). Al mando de Sebottendorf 10.000 austriacos guarecen la zona. La totalidad del ejército austriaco se encuentra en al otra orilla del río Adda. Varios batallones bien atrincherados y con un buen número de piezas de artillera protegen el paso del puente de Lodi.
Napoleón en persona supervisa las operaciones para forzar el cruce, situando personalmente la artillería de apoyo. El primer asalto es rechazado. Pero el segundo asalto, en el que Massena, Dallemagne, Cervoni y Berthier participan en primera línea, consigue su objetivo. Los gritos de “Vive la République” resuenan en las trincheras recién ocupadas. Sebottendorf, a punto de ser cercado, inicia la retirada para salvar a sus hombres. En esta acción perecen unos 200 austriacos, dejando 1.700 prisioneros y 16 cañones. Los franceses tienen al menos 350 bajas.

Sin embargo Bonaparte está decepcionado, una vez más Beaulieu ha conseguido huir de sus garras. Sin embargo en Lodi napoleón se gana el alma de sus hombres, por su decisión y valor (en varias ocasiones está a punto de ser herido bajo fuego enemigo). Le dan el apelativo cariñoso de “Le Petit Caporal”.

Cinco días después de la batalla de Lodi Napoleón es recibido en loor de multitudes en Milán 8pronto cambiarían de idea al comprobar la “amistosa” intensidad de los desmanes y saqueos de los franceses.

La campaña prosigue, con algún que otro sobresalto, como las insurrecciones de Pavía y Milán, que han de ser ahogadas en sangre. O como la ocasión en que Napoleón está a punto de ser capturado en Vallegio, huyendo con una sola bota y saltando de tapia en tapia. De este incidente parte su idea de crear una escolta permanente, el germen de la futura Guardia Imperial. Al principio la unidad creada recibe el nombre de Guías, unidad de veteranos encargada de su seguridad personal, 200 hombres al mando del por entonces capitán Bessières, constituyendo el núcleo del que será Régiment de Chasseurs-à-Cheval de la Guardia Imperial.

Jean Baptiste Bessières

Sucesivamente caen Borgheto (tras dura pugna), Peschiera, Castel Nuevo y Verona, mientras se pone cerco a la ciudad fortaleza de Mantua. Beaulieu es obligado a retirase a orillas del lago Garda y posteriormente hacia Trento.

A pesar de los grandes avances territoriales la posición francesa no es ni mucho menos segura. El ejército austriaco no ha sufrido una derrota decisiva, y su potencial se puede reforzar con facilidad. Mientras Napoleón solo consigue 10.000 hombres del Ejército de Kellerman. En los siguientes meses a los franceses les costará mantener el control del territorio, en el que la población se muestra descontenta. A parte, varios ejércitos austriacos intentarán romper sucesivamente el cerco de Mantua. Napoleón habrá de demostrar ahora sus dotes a la defensiva.

 

4º.- MANTUA.

En las siguientes semanas las fuerzas francesas se ven involucradas en varios combates menores, labores policiales para hacer frente al descontento de la población del lugar. Algunas de estas acciones son realmente sangrientas. Con ello se busca dar un aviso: enfrentarse a la Republica francesa no es buena idea.
Por otra parte las fuerzas francesas inician el asedio de la ciudad fortaleza de Mantua, lo cual no resulta nada sencillo.
La situación táctica para los franceses no es nada sencilla. Mantua estaba protegida por tres lagos en sus sectores norte y este, mientras unos insanos pantanos protegían sus sectores sur y oeste. Además la carretera de Legano, la mejor vía de acceso, está protegida por una imponente serie de fortificaciones y torres, la más importante es la ciudadela de San Jorge.
Para el tres de Junio la ciudad está por fin cercada por las tropas de Sérurier y Augereau, a los acompañan Lannes, Dallemagne, y la caballería de Kilmaine.
http://napoleonuniforme.free.fr/les[....]tailles/pages_batailles/mantoue.jpg
Ciudad Fortaleza de Mantua

 

Sin embargo los imperativos políticos del Directorio harán que este dispositivo se vea mermado en gran medida al ordenar un avance que amenace a los Estados Pontificios. Napoleón, aún sin la suficiente fuerza política, ha de obedecer. Con lo que el cerco queda en manos de Sérurier (esto hace que el cerco sea poco menos que simbólico).
Un una rápida sucesión de encuentros, que concluyen con un duro encuentro en Urbano, el Vaticano cede y firma un armisticio (que le sale caro). El resto de los principados italianos, sin el apoyo del Papa, poco pueden hacer para enfrentarse a los franceses.
Lo mejor para el bando francés fue hacerse con un fuerte tren de armas de asedio en las diversas fortalezas del Vaticano y Toscaza que se han rendido. También hay que señalar la toma del puerto de Livorno, importante punto de apoyo a la Navy británica en el mediterráneo.

Sin embargo al poco de la llegada del imponente tren de asedio funestas noticias fuerzan el repliegue francés, abandonando gran número de cañones, que tanto trabajo había costado reunir. El 31 de Julio el primer cerco se pueda dar por terminado. La razón es la llegada por el norte de una fuerza austriaca de 25.000 hombres al mando del conde Würmser, que releva a Beaulieu. En total la fuerza austriaca, reunida alrededor de Trento, es de 50.000 hombres, aunque los veteranos de la campaña no tenían una moral muy alta.
El ejército de Austria avanza en tres columnas, por cada orilla del lago Garda y al este por el valle del Brenta. Obligan a retroceder en una serie de encuentros de avanzada a las tropas de Massena. En rápida sucesión se hacen con Corona y Rivoli. Las comunicaciones con Milán y Verona están prácticamente cerradas. Sin embargo los austriacos son incapaces de concentrarse, con lo que napoleón podrá enfrentarlos por separado.
Se centra en atacar a una columna de unos 18.000 hombres al mando de Quasdanovitch, en Lonato, mientras se enfrenta a la vanguardia de Würmser en Castiglione. Estas acciones tienen lugar el tres de agosto.
http://www.dean.usma.edu/history/we[....]eon%20pages/napoleon%20map%2005.htm
Mapa de la campaña


Otra imagen de la misma batalla.


Vencido Quasdanovitch, que se retira, y detenido Würmser, los franceses se centra en el segundo. El 5 de agosto, tras extenuantes marchas, los franceses en número de 30.000 se enfrentan a los 25.000 hombres de Würmser en Castiglione. El austriaco retrocede hacia Valerio, y los franceses, cansados, no pueden perseguirle. El 7 los franceses retoman Verona, pero los austriacos son inalcanzables. Además, en su retirada, rápida pero ordenada, consigue enviar sustanciosos convoyes de suministro a Mantua, así como a dos bridazas de refresco. Würmser se puede sentir parcialmente satisfecho a pesar de haber sido rechazado.
En el frente alemán el Directorio ordenó un avance general que, en cierta medida tuvo éxito, a la par que ordenaba al ejército de Italia amenazar la ruta de Viena. Napoleón, a pesar de la debilidad de su ejército, que precisaba descanso, instrucción y refuerzos, acata la orden.
Deja 10.000 hombres para cercar de nuevo Mantua, 3.000 hombres en Verona para cubrir posibles ataques desde Trieste, mientras se pone al mando de 33.000 hombres camino de Trento, para unirse después en el río Lech a Moreau a fin de destrozar a Würmser. Pero éste no había permanecido pasivo y para el entonces bajaba por el valle del Brenta. Napoleón, a pesar de los éxitos iniciales que estaba cosechando, ha de dar media vuelta para enfrentarse a esta amenaza sobre sus comunicaciones y el cerco de Mantua.
Para el 6 de septiembre es el propio Würmser el que esta en el brete de verse cercado, al tomar Augereau el paso de Primolano, mientras después de 100 km. de espectacular marcha el Ejército de Italia está a la altura de Cismona. El 18 de septiembre las tropas de austriacos sufren una grave derrota en las afueras de Bassano. La persecución de la caballería francesa comandada por el gascón Murat es terrible. Würmser se queda con solo 3.500 hombres a su mando, que aumenta a 16.000 al encontrase con la avanzada comandada por Meszaros. Sin embargo el austriaco no se da por vencido y avanza hacia el Adagio, en vez de dirigirse al arsenal de Trieste, lo cual parecía más lógico para un ejército derrotado. Cruza el río sin oposición el día 10. Los  austriacos van hacia Mantua. Tras arrollar las avanzadas de Massena cerca de Castello, entrando en Mantua el 12 septiembre. La guarnición de la fortaleza es ahora de 23.000 hombres.
Sin embargo este refuerzo será a la larga poco beneficioso, ya que el dispositivo francés es fuerte y las salidas no consiguen nada. Sin embargo al gran número de bocas a alimentar merma con rapidez los graneros y almacenes de la ciudad. Para año nueva se calcula que unos 150 hombres morían al día por enfermedad en la ciudad.
El asedio de la ciudad se haría ahora más férreo que nunca.

 

5º.- DOS BATALLAS. CALDIERO Y ARCOLA.

Los acontecimientos en el frente alemán vuelven a ir mal para la República, el Archiduque Carlos ha devuelto a la orilla occidental del Rin a los ejércitos franceses. El ejército de Italia se ve afectado por ello, ya que los reemplazos llegan con cuentagotas.
Al inicio de noviembre los franceses tienen nominalmente unos 41.000 soldados, de ellos al menos 14.000 rebajados de servicio por enfermedad, y unos 9.000 en el cerco de Mantua.

El dispositivo francés en estos momentos es el que sigue.
 Vaubois con 10.000 soldados en Lavis, bloqueando los accesos al Lago Garda.
 Massena acuartelado en Bassano.
 Kilmaine con 9.000 hombres cercando Mantua.
Cuartel General de napoleón en Verno, en el centro del dispositivo formado por los otros tres. Con él, a modo de reserva, la división de Augereau.

Sin embargo durante el mes de noviembre lo que más preocupa es la actitud de los italianos que mantienen en tensión a las fuerzas francesas que han de hacer labores de policía y represalia. Pero estas preocupaciones se tornaron en menores cuando un nuevo contingente austriaco fue detectado.

46.000 hombres al mando de Joseph D’Alvintzi hacen su entrada. Divididos en dos entre él mismo y Davidovitch tiene por objetivo recuperar Bassano y Trento. El principal señuelo es el de los 28.000 hombres de D’Alvanti, que espera atraer al grueso francés dejando expedito el camino para que Davidovitch y 18.000 hombres tomaran Trento.

Napoleón parece seguir los planes austriacos, concentrándose en Verona para atacar desde allí. Ordena Vaubois avanzar sobre las que cree escasas tropas de Davidovitch para derrotarlas. Sin embargo para el 5 de noviembre está claro que sus escasas tropas bastante harán con despegarse de los austriacos antes de ser aniquiladas.
Napoleón reacciona con premura. Ordena a Vaubois que no retroceda y resista en lo posible a Davidovitch, mientras asalta al núcleo austriaco. Confía en derrotarlos y cerrar la retirada de Davidovitch desde el valle de Brenta. Sin embargo Massena está en apuros ya que no consigue ralentizar el avance de D’Alvintzi. Además el 6 de noviembre Vaubois es expulsado de Trento recibiendo un severo castigo que pone a sus tropas en fuga, consiguiendo reorganizarse en cierta medida en Rivoli.
Nuevo cambio de planes a la vista de los acontecimientos. Massena y Augereau tendrán que detener a D’Alvintzi mientras Joubert se encamina a Rivoli aumentando las fuerzas de Vaubois hasta 13.000 soldados. Sin embargo el 7 de noviembre el propio Napoleón hace acto de presencia ya que la indisciplina de los soldados es alarmante. Su presencia calma los ánimos. Por suerte para él Davidovitch, inexplicablemente, ha caído en la más absurda pasividad.
Esto le permite concentrarse de nuevo en D’Alvintzi. El austriaco estaba reuniendo sus tropas en torno a Caldiero. Un tanto apresuradamente Napoleón carga contra él con 13.000 hombres al mando de Massena. Son derrotados en toda regla, perdiendo los franceses más de 2.000 hombres y al menos dos cañones (escasos en número). Los franceses, desmoralizados, se retiran hacia el Adagio, y hasta el propio corso cree que es el fin. Su servicio de información calcula la fuerza total de enemigos, y el no puede soltar Mantua salvo riesgo de tener otros 15.000 de los que ocuparse. Todo parece perdido.
En el sector de Caldiero-Arcola los austriacos han reunido una imponente fuerza de 25.000 hombres. Jugándoselo todo a una carta concentra el también sus efectivos en esa zona, dejando lo imprescindible para seguir con el cerco de Mantua, y frenar a Davidovitch. Se prepara una de las más brillantes batallas que Napoleón libró, en la que hizo gala de todas sus dotes militares, tanto de táctico como de estratega, para en el plazo de tres intensos días romper la espina dorsal austriaca en Italia.

Puesta su vista en los mapas idea un plan, cuyo motor principal será la toma de Villa Nova, mientras Verona era defendida por Macquard con apenas tres mil hombres. Una jugada de riesgo, que además exigía una movilidad casi imposible de sus fuerzas, que habrían de desaparecer de sus posiciones tan rápida y furtivamente que el enemigo no se diera cuenta.

El 14 de noviembre parte en dirección a Ronco, a 30 Km de Verona, con 18.000 hombres, en la práctica todo su ejército de campaña.
http://www.dean.usma.edu/history/we[....]eon%20pages/napoleon%20map%2008.htm
Situación entre el 14 y 17 de noviembre


]Situación general de campaña

1º día de la batalla: Para el 15 los ingenieros, trabajando de forma admirable, han tendido un puente sobre el Adagio, que permite a los franceses, eso sí extenuados por la marcha, avanzar paralelos a los pantanos camino de Villa Nova. Augereau abre marcha, seguido por Massena que con 6.000 hombres se desvía hacia la izquierda camino de  Porcile, donde está el general austriaco Provera con unos 4.000 soldados. Las tropas estacionadas en Porcile son arrolladas por los franceses.
Augereau sin embargo está envuelto en una confusa lucha junto al puente de Arcola, con lo que el objetivo principal queda lejano.  Arcola es ahora el principal objetivo de Napoleón. D’Alvintzi, ante el riesgo de quedar cercado en Verona inicia el repliegue. Mientras en Arcola, los intentos de cruzar el río son infructuosos, llegando Napoleón a participar en los combates y estando a punto de perecer al caer a un canal en el fragor de a lucha. Un grupo anónimo de oficiales menores le obliga literalmente a retirarse a retaguardia, lo que no es mala idea pues es el lugar de un comandante en jefe, donde puede organizar y no el pleno fragor donde su pérdida puede conllevar el desorden en la cadena de mando y el consiguiente desastre.


Napoleón idealizado en Arcola

Por fin hacia las 7 de la tarde se toma Arcola, pero la trampa no se ha cerrado y los austriacos siguen vivos y preparados para continuar la lucha. Cualquier avance hacia Villa Nova es por ahora imposible.

2º día de la batalla. Los franceses vuelven a la carga en Arcola, que habían vuelto a ocupar los austriacos por la noche, al igual que sucede en Porcile. Retoman la segunda pero no la primera localidad. Sin embargo lo elevado de las bajas austriacas está haciendo mella en su general al mando, llega a pensar que no podrá detener un nuevo asalto francés. Al anochecer el grueso francés vuelve a la orilla derecha del Adagio, manteniendo una avanzada en la otra margen Kilmaine con 3.000 hombres llega desde Mantua.

3º día de batalla: 17 de noviembre. Los austriacos están divididos en dos formaciones inconexas, lo que Napoleón se apresura a explotar. Ataca a la fuerza principal de D’Alvintzi, dejando a Massena fijando a los enemigos, casi diez mil, que hay en los pantanos. Augereau ha de dirigirse por Albaredo, tomar Arcola y avanzar hacia San Bonifacio.
Sin embargo será Massena el desequilibrante. Adelanta una brigada en solitario mientras las otras dos se esconden a retaguardia. Los austriacos cargan en bloque y al lanzarse en la persecución de la brigada adelantada caen bajo el demoledor fuego de los parapetados franceses que de inmediato cargan a bayoneta, en su empuje retoman  Arcola.
Mientras parte de los hombres de Augereau han sido desviados por la resistencia austriaca hacia Legnano, mientras el llegan a Albaredo, donde son incapaces de forzar el cruce para unirse a las victoriosa tropas de Massena.
Napoleón idea una estratagema digna de un western de J. Ford. Envía unos cornetas con un destacamento que han de fingir un avance desde la retaguardia enemiga. Los hombres lo consiguen, creando tanta confusión en la línea austriaca, sorprendida de “oír” llegar al enemigo por una retaguardia que creen segura, que se desmoronan. Augereau por fin logra unirse a massena, a la par que llega la columna desde Legnano. D’Alvintzi, descorazonado y sin ánimo da orden de retirada general.

Las bajas francesas sumaban 4.500, mientras los austriacos perdieron 7.000 y gran parte de su espíritu guerreo. Además el eje de retirada impedía la unión con los hombres de Davidovitch. Hacia él concentra rápidamente sus tropas Napoleón, sin descanso alguno. El austriaco tenía en un brete a Vaubois, pero al enterarse de lo que se le viene encima inicia una sabia maniobra de “repliegue hacia posiciones previamente establecidas”, vamos que huye dejando 1.500 prisioneros, un tren de pontones, 10 cañones y su equipaje personal.

D’Alvintzi, que poco a poco recupera la calma, se hace rápidamente con su ejército, ordenando reunión general en el Brenta. Mantua tan solo tiene raciones para 30 días, ni puede no debe abandonar sin volver a intentarlo. En la batalla de Rivoli se librará el acto final por Mantua.

 

6º.- RIVOLI

http://www.dean.usma.edu/history/we[....]eon%20pages/napoleon%20map%2009.htm
Rivoli 7 - 14 de Junio

A finales de noviembre D’Alvintzi había reorganizado y reforzado sus tropas, teniendo los austriacos alrededor de 45.000 soldados, que amenazaban Bassano. Por su parte el ejército francés contaba ahora, después de recibir varias brigadas de repuesto, con unos 34.500 soldados formados para campaña, y 10.000 hombres alrededor del cerco de Mantua (sin contar los que tenía en pequeños destacamentos policiales por todas sus rutas de comunicación, otros 10.000). Con tan escaso número las opciones de Napoleón eran meramente defensivas, con lo que optó por fortificar diversos puntos como Rivoli o La Corona.


El dispositivo general francés antes del último intento de D’Alvintzi era el siguiente:
• La división de Joubert entre La Corona y Rivoli.
• Massena en Verona.
• Augereau al sur de Ronco
• Rey en la orilla occidental del lago Garda.
• Vaubois en Livorno
• Sérurier en Mantua, ya que Kilmaine enfermó.

Para el día 12 de Enero de 1797 la situación parece clarificarse. Joubert envía un informe en que enfrentado a fuerzas superiores ha sido expulsado de La Corona. Las noticias sobre los ataques austriacos se suceden:
• Bayalistsh con 6.200 soldados ataca Verona
• Provera con 9.000 cae sobre Legano.
• D’Alvintzi con 28.000 avanza por el valle del Adigio.

El corso reacciona con rapidez. Ordena a Joubert parar y resistir a toda costa, mientras él mismo sale hacia Rivoli, donde ha ordenado a Massena y Rey que se concentren. Deja una pequeña guardia en Verona y el resto avanzan con la rapidez típica de los ejércitos napoleónicos hacia el norte.

Rivoli, punto elegido por Napoleón, favorecía sobremanera su estrategia defensiva, ya que las opciones de un atacante austriaco eran muy pocas, y sus puntos de llegada tan solo dos malas carreteras de montaña, una de las cuales era poco transitable para artillería. Además el plan austriaco, consistente en hacer converger nada menos que seis columnas era ciertamente complejo. Debido a la complicada orografía tres de estas columnas carecerían de artillería (las de Liptay, Koblos y Ocksay), otras dos, en un espectacular y complicado rodeo tendrían que aparecer por la retaguardia francesa, mientras que los 9.000 soldados de Quasdanovitch, debían de asaltar una complicada garganta (Osteria) y desalojar de sus posiciones elevadas en el monte Magnone a los franceses. No se les debió ocurrir a los austriacos que bastaba que una sola parte del plan no saliera para que quedasen gravemente comprometidos.

Para la madrugada del 14 napoleón llega al campo, consiguiendo evitar la retirada de Joubert superado abrumadoramente en número. Con un solo vistazo Bonaparte se percata de cual ha de ser el centro de la acción francesa: la posesión de la población de San Marco, de conseguirlo los austriacos quedarán divididos por la mitad, sin una conexión de mando efectiva. Aún así contaba con pocas tropas, por lo que envía ordenes a sus subordinados de que avancen todo lo rápido que puedan. Las unidades francesas llegan con cuentagotas, pero constantemente.

Al amanecer comienza la batalla.


Joubert adelanta unos 10.000 soldados apoyados con 18 cañones, a fin de hacer retroceder a las tres primeras columnas austriacas (12.000). Todo iba bien hasta que Liptay consigue empezar a flanquear a los franceses por el oeste. La cosa empeora cuando la demi-brigade 85 (unidad que había demostrado repetidas veces ser poco fiable) puso pies en polvorosa.


Napoleón utiliza parte de la reserva al Mando de Massena para estabilizar la situación (el general está al punto de ser hecho prisionero pero se abre camino regresando entre sus hombres que le vitorean, este incidente aumenta la moral francesa considerablemente). La presión en aumento de los franceses hace retroceder a los austriacos poco a poco.


Sin embargo las cosas se complican al conseguiir los austriacos abrirse camino por la garganta de Osteria y tomar el Magnone. También se ve aparecer a la columna de Lusignan aparece por el sur de Rivoli, lo que impide la llegada de más refuerzos franceses.


Pero la bravura de los franceses, motivados por Bonaparte, enderezarán la situación. LA demi-brigade 18 se enfrenta con éxito a los hombres de Lusignan volviendo a abrir el camino, mientras los granaderos austriacos de en Osteria no son capaces de hacer retroceder a los cansados hombres de Joubert. Napoleón, dándose cuenta del cansancio austriaco en otras zonas, ordena cargar contra la amenaza del Osteria. Todo se conjura, hasta la suerte (dos carros de municiones austriacas estallan provocando gran mortandad y confusión entre sus granaderos) para que unos 500 infantes y jinetes comandados por Leclerc y Lasalle despejen la garganta.


Una vez conseguido las cansadas pero eufóricas columnas francesas han de concentrarse rápidamente para enfrentar a los de Liptay y Koblos, o que consiguen. Para rematar Lusignan se ve sorprendido por la aparición de las tropas de Rey, dejando más de tres mil prisioneros en su huida.


Para las cinco de la tarde la victoria es absoluta para los franceses. Sin embargo Napoleón ha de partir al mando de las tropas de massena, lo más fogueado y mejor valor de su ejército, para impedir que un cruce del Adagio por Anghiari, tropas al mando de Provera, llegaran a Mantua lo que supondría romper el cerco.


Joubert, siguiendo las instrucciones dejadas por Napoleón (ciertamente vagas, no hay que restar mérito a Joubert) terminar de vencer a los austriacos el día 15, consiguiendo 3 cañones y 4.000 prisioneros y obligando a D’Alvintzi a huir entre peñas. En total en estos dos día los austriacos perdieron 14.000 hombres (11.000 son prisioneros)

Provera, auque llegó a las puertas de Mantua, lo hizo demasiado debilitado (perdió 2.000 hombres en el camino). Würmser intenta una salida el 16 para unirse a él pero fracasa. La llegada de las fuerzas de Napoleón-Massena obliga a Provera a rendirse.

De los 48.000 austriacos atacantes quedaban unos 14.000 en fuga, gracias a la visión del General Bonaparte, la rapidez de las formaciones francesas y el innegable élan de sus hombres.


Además Mantua, desesperanzada, se rinde el 2 de febrero. De la guarnición de 30.000 soldados apenas 16.000 podían andar. Como detalle caballeresco decir que el tenaz Würmser pudo abandonar Mantua sin ser hecho prisionero, con todo honor y como hombre libre. Otros tiempos, otras guerras.

 

 

7º.- ¡HACIA LEOBEN!

Tras esta serie de victorias en el norte de Italia, y vistos los fracasos de los ejércitos de la República en el Rin, el Directorio decide por fin prestar todo el apoyo posible a Napoleón para avanzar hacia Viena. Sin embargo Napoleón decide no esperar la llegada de los refuerzos previstos y decide pasar a la ofensiva tras conseguir reunir unos 55.000 a 60.000 hombres. El motivo puede achacarse a la presencia del Archiduque Carlos (sin duda alguna el mejor comandante en jefe de los austriacos y que en futuro llegaría a batir al propio Napoleón).
Este es el encargado de cerrar el paso a los franceses hacia Viena. Sin embargo le han encomendado una tarea difícil, ya que el desánimo ha cundido entre las filas austriacas en Italia y, como consecuencia de tener que dejar el frente del Rin junto a gran cantidad de refuerzos, los ejércitos franceses podrán mostrarse también en este frente mucho más ambiciosos.

De tal manera cuando Napoleón comienza su ofensiva el archiduque puede contar con unos 55.000 hombres en el sector de Friul y el Tirol, lo que, debido a que los franceses habrán de dejar destacamentos para controlar las líneas de abastecimientos y las diversas ciudades que han de tomar, da a los austriacos cierta ventaja.

Las operaciones comienzan para final de febrero. Massena, Guieu, Bernadotte (recién llegado del frente del Rin) y Sérurier cruzan el Brenta, tomando Primolano el primero de marzo. Aquí la ofensiva a de detenerse unos días, ya que la nieve impide enfrentarse con éxito a la travesía de los puertos alpinos. El 10 de marzo el ejército francés vuelve a ponerse en camino.
Por su parte Carlos no ha estado quieto, reuniendo al grueso de sus tropas en las ciudades de Spillimbergo y San Vito. Su objetivo era retirase de manera lenta y ordenada dando cara a los franceses y aprovechando la favorable orografía para plantear batallas defensivas de desgaste. Sin embargo una audaz acción de Guieu y Bernadotte descompensa el dispositivo austriaco, al cruzar sorpresivamente el río Tagliamento derrotando en una pequeña acción a los sorprendidos austriacos. La primera línea austriaca se ha desmoronado al primer envite, con lo cual han de retirarse hacia Udine. Sin embargo sus tropas adolecen de un mal endémico, lentitud, al depender de los carromatos de abastecimientos. Los franceses casi viven sobre el terreno, lo que les concede mucha mayor velocidad.
Los franceses no están dispuestos a conceder ni una tregua a los austriacos. Les persiguen hasta el Isonzo, mientras Massena avanza hacia Tarvis. Carlos decide enviar tres divisiones en apoyo del acosado Lusignan, que defiende la garganta de acceso a la ciudad, pero al llegar quedan cogidos entre dos fuegos, ya que los franceses han roto el frente y napoleón se ha colocado a su retaguardia. Entre peñas consiguen huir a duras penas, pero 5.000 de ellos y abundante artillería y bagajes han sido capturados. Los austriacos abandonan su segunda línea de comunicación.
Ahora bien, los franceses también tienen problemas. Sus líneas de comunicación extremadamente largas, las bajas de todo tipo, han mermado la capacidad de su ejército. A pesar de todo las noticias siguen siendo buenas, Joubert avanza imparable por el Tirol, así que Napoleón decide seguir adelante, el objetivo es Klagenfurt. Para asegurar su flanco de avance ordena a Joubert que tome Brixen y se quede allí actuando de tapón frente a cualquier acometida que los austriacos pudieran montar desde Innsbruck.
Para el 29 Klagenfurt ha caído. Sin embargo aquí las fuerzas francesas están estiradas al máximo y no pueden contar con refuerzos a corto plazo, por lo que Napoleón, a pesar de la debilidad austriaca, opta por la prudencia, deteniendo la ofensiva.
Por si fuera poco para que el ataque sobre Viena pudiera tener éxito debería de coordinarse con las acciones de Moreau, al mando de las tropas francesas en el Rin, ya que de no ser así el pequeño ejército de Napoleón podría verse enfrentado a una masa decisivamente superior por parte austriaca. Para la época coordinar este tipo de ataques, con un mando que no estaba centralizado, era poco menos que imposible.
Las opciones del corso no son buenas. De avanzar se expone a ser aplastado. Cada día que está quieto los austriacos ganan poder. Si se retira toda la zona podría levantarse en armas contra él. Solo le queda marcarse un farol. El 31 de marzo envía mensajeros de paz al archiduque, mientras avanza hacia Leoben, localidad que toma el 7 de abril. Sus vanguardias llegan al puerto de Semmering, a 120 km de Viena, pero con el toque psicológico de que desde sus alturas se vislumbra la capital del imperio. Sin embargo Moreau no da señales de vida, y Venecia y Tirol se levantan en armas, lo que distrae parte de las posibles fuerzas de refuerzo que han de sofocar estas revueltas.
Para el 16 de abril envía de nuevo condiciones de paz (saltándose la inminente llegada de una comisión del Directorio, lo que no sentó bien). Los austriacos están indecisos y responden con evasivas, mientras sus tropas se agrupan para atacar a Napoleón (sus número superaba ya en mucho al francés). Sin embargo para el 18 se produce un hecho que no deja más salida que la negociación a los austriacos: Moreau y Hoche están a orillas del Rin iniciando los preliminares del cruce, y los austriacos no cuentan con efectivos para detenerlos. Se aceptan los puntos presentados en Leoben (posteriormente revisados el 17 de octubre en Campoformio). Bélgica es cedida a los franceses, así como reconocida su ocupación de la margen izquierda del Rin y las Islas Jónicas. Además reconocen la República de Cisalpina (formada a partir de Milán, Bolonia y Módena). Por su parte los franceses devuelven Venecia, Istria, Dalmacia y Friul.
La primera campaña de Italia toca a su fin, después de estar en permanente guerra desde 1796 a 1797. Doce meses de duras batallas, que no servirían para cerrar heridas de manera definitiva.

 

8º.- CONSIDERACIONES FINALES

Las primeras consideraciones son sobre los soldados enfrentados. En general los soldados austriacos eran buenos, muchos profesionales, pero su entrenamiento basado en las premisas del antiguo régimen les lastró a lo largo de toda la campaña. En especial sus lentos convoyes de suministros.
Los soldados franceses parecían de todo menos soldados. Frente a los “galantes” uniformes de sus oponentes debían de tener un aspecto bastante “pordiosero”. Sin embargo eran el primer ejército popular moderno, lo que les confería mayor empuje en la lucha. Su famoso “élan” supero en la mayoría de los encuentros a los austriacos. Además eran mucho más móviles, sobretodo porque apenas llevaban provisiones, se fiaba que el ejército se proveyera sobre el terreno (lo que en ocasiones puso a los franceses al borde de la inanición). De esta manera podían llegar con mayor rapidez a las zonas de combate (una especie de técnica relámpago de la época), consiguiendo casi siempre superioridad numérica sobre el terreno de batalla.

El material personal francés era claramente mediocre. Sus mosquetes eran inferiores a los austriacos, por lo que más que fiarse del fuego de la infantería se confiaba en su potencia de choque (carga a la bayoneta). Los ejércitos austriacos al contrario. La caballería, pero montada que los austriacos contaba con una clara ventaja en la osadía de sus mandos (tal vez en exceso temerarios en algunas acciones). En cuanto a la artillería aquí sí que eran superiores los franceses, o tanto en número, como en calidad de las piezas (de las fabricadas en Francia y no de las numerosas piezas capturadas) como en táctica (los estudios científicos sobre el uso y desarrollo de la artillería en la época real daban ahora plenos frutos.

El mando francés en la campaña fue superior, al conseguir estar más centralizado en la figura de Napoleón. A parte hasta Würmser y D’Alvintzi el mando austriaco era en el mejor de los casos mediocre si no francamente malo. El archiduque Carlos apenas participó, pero sin duda habría puesto las cosas mucho más difíciles.

El mayor error francés fue sin duda la duración del asedio a Mantua, que podría haber terminado si en el primer asedio se hubieran pensado mejor las cosas (recordemos que los franceses se tuvieron que retirar perdiendo un impresionante parque de piezas de asedio que ya nunca recuperarían) También se puede juzgar como error (esta vez político) el escaso apoyo del Directorio, que prefería enviar los suministros al frente del Rin , claramente embotellado y donde los generales franceses no podían con el Archiduque Carlos.

Destacar por fin el fenomenal aprendizaje que supuso para Napoleón esta campaña. Pudo poner en práctica, a escala controlada todos los conocimientos adquiridos en las largas horas de estudio (más que innovar napoleón era un maestro en juzgar situaciones y aplicar la receta necesaria). Entre todo ello, y como lo más novedoso, destacar el concepto de la concentración de fuerza en un lugar adecuado, que conllevaba una gran movilidad y suponía que un ejército menor en número a su oponente, al llegar la hora de la verdad en el campo de batalla, consiguiese ser superior en hombres.

En resumidazas cuentas podemos considerar esta campaña de 1796 a 1797 como el fin de una época. La guerra poco menos que restringida del pasado se había terminado, la estrategia se imponía, y el nuevo concepto revolucionario de la Revolución Francesa era el causante. No se combatía contra “un pariente” se luchaba contra “tiranos” que sojuzgaban a los pueblos. La guerra se vuelve, por así decirlo, total. Esto no quita para que el comportamiento de los soldados franceses en territorio recién ocupado fuera nefasto (pero recordemos que debían de vivir sobre el terreno).

Por fin destacar que supone el principio de una nueva generación de mandos, entre los que sobresale sobremanera la figura de Napoleón Bonaparte, que hasta nuestros días, levantará pasiones y discusiones encendidas.

 

 


O Fortuna, velut Luna, statu variabilis.    Semper crescis aut decrescis, vita detestabilis.    Nunc obdurat et tunc curat, ludo mentis aciem.
Egestatem, potestatem, dissolvit ut glaciem.   Sors immanis et inanis, rota tu volubilis. Status malus, vana salus semper dissolubilis.  Obumbrata et velata, midhi quo que niteris. Nunc per ludum dorsum nudum, fero tui sceleris.  Sors salutis et virtutis, midhi nunc contraria, est affectus et defectus, semper in angaria.     Hac in hora, sine mora, corde pulsum tangite. Quod per sortem, sternit fortem, mecum omnes plangite.