Los zapotecas

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Desde: 30 Ago 2009

Autor: histoconocer

 

Monte Alban y el valle de Oaxaca:

La antigua región de Oaxaca fue el escenario donde vivieron los ”hombres de las nubes”, quienes dejaron un legado de gran riqueza arqueológica y una importante tradición cultural. Entre la diversidad étnica destacaron dos grupos dominantes culturalmente los zapotecos y los mixtecos. Los primeros se asentaron en los valles centrales y el istmo de Tehuantepec y fueron los constructores de la más importante ciudad prehispánica de Oaxaca: Monte Alban.

El valle central de Oaxaca es una de las regiones mesoamericanas donde se ha construido una secuencia evolutiva más amplia. No es de extrañar, pues, que para el inicio del periodo clásico temprano se cuenten por cientos los yacimientos distribuidos en él, aunque de todos ellos solamente Monte Albán logrará integrar las tendencias y fuerzas necesarias como para constituirse en su capital política y cultural.

La idea de fundar una gran urbe en la cual organizar de manera común las tendencias políticas de una confederación de sitios con un elevado grado de autonomía no son nuevas, sino que ya desde el periodo II de Monte Alban, que coincide con el Formativo tardío (200 a.c. al 300 d.c.), si inician diversos trabajos de remodelación y nivelación en la cima de una colina, a la vez que se levantan varios edificios en torno a las dos plazas que albergan las construcciones mas relevantes de la ciudad. A partir de ese momento la sociedad zapoteca consigue desarrollarse como un conjunto uniforme e integrado, y comienza a influir y a asemejarse a otros centros complejos de Mexoamérica. Monte Alban fue fundada en la confluencia de tres fértiles valles de Oaxaca, situados a 1.500 metros de altitud y la ciudad está en la cima de una montaña a 400 metros de altitud sobre el valle.

Cronológicamente, la historia del sitio se ha dividido en cinco amplias etapas:
Monte Alban Ia (500 a.c. a 350 a.c.)
Ib (350 a.c. a 200 a.c.)
II ( 200 a.c. a 300d.c.)
IIIa (300 a 500 d.c.)
IIIb (500 a 750 d.c.)
IV (750 a 1000 d.c.)
V (1000 a 1520 d.c.)

Para el periodo principal(Monte Alban III a y b), la ciudad alcanza una extensión aproximada de seis kilómetros cuadrados, y en su primera etapa clásica alberga unos 16.500 habitantes, población que casi llega a duplicar para finales del Clásico tardío; no obstante, si tenemos en consideración tanto el área exclusivamente metropolitana como su área de mantenimiento, la zona se extiende sobre unos 40 kilómetros cuadrados, y en ella se incluye tanto arquitectura pública y residencial como edificios religiosos y cerca de 2.000 terrazas habitacionales, cada una de las cuales sostiene una o dos habitaciones.

Es decir, que en el área urbana reside una población cercana a los 30.000 habitantes, a la que hay que añadir la correspondiente a unos 80 sitios más clasificados como importantes, y otros muchos asentamientos menores distribuidos por todo el valle.

 

Evolución urbana

La planificación original del centro comienza a llevarse a cabo en torno a la plaza principal, que tiene unas dimensiones totales de 200x300 metros; tal espacio fue trazado ya desde el Formativo medio (500 a.c.) y estuvo rodeado en sus cuatro lados por plataformas y estructuras de carácter civil y religioso.

Esta amplia explanada, al contrario de lo que uno puede pensar y es manifiesto en otros grandes centros mesoamericanos, no fue planificada como un dilatado espacio abierto en el que concentrar a la población para celebraciones públicas masivas, sino más bien como un lugar recóndito, cuyas puertas de acceso se vieron dificultadas y limitadas, reduciéndose a las cuatro esquinas durante el periodo IIIa y b. Es muy posible que tales restricciones de acceso a la plaza principal funcionaran de manera cotidiana, aunque no se descarta del todo que en determinadas ocasiones se utilizara para celebrar ceremonias de gran trascendencia para la ciudad, pudiendo acoger a miles de personas.

Durante la primera etapa clásica de la urbe es palpable la influencia de Teotihuacan, la cual se pone de manifiesto tanto en cerámica como en monumentos arquitectónicos y escultóricos; sin embargo, las relaciones entre los dos mayores centros mesoamericanos durante esa época parecen haber sido bastante genéricas, pacíficas y basadas en el respeto mutuo, razón por la cual se puede observar un alto grado de autonomía en todo el valle central de Oaxaca.

Este periodo ve engrandecerse la ciudad de manera considerable hasta albergar en su interior 16.500 habitantes, si bien esta evolución es muy pausada: de hecho, la extensión de las conquistas de Monte Alban en el valle decrece con respecto a la etapa anterior y las fronteras regionales se contraen más que se expanden. A pesar de ello, el fenómeno en el altiplano central de Oaxaca es inverso, y la población se duplica con respecto a la existente en el periodo anterior.

Seguramente, este fenómeno contradictorio se debe a que la capital zapoteca aparece en este momento como un centro aislado, introvertido, muy tradicional e incapaz de competir política y económicamente con Teotihuacan. Como consecuencia de ello hay una reorganización profunda del valle mediante la cual surgen cinco tipos de asentamientos jerarquizados. Por ejemplo Jaleza se desarrolla entonces como un centro de segunda categoría situado a 20 kilómetros de Monte alban y llega a tener 12.000 habitantes. Varios asentamientos más llegan a tener responsabilidades administrativas, aunque no ceremoniales ni de elite, lo cual se demuestra por muy pocos montículos piramidales, y los que existen son muy pequeños. No obstante en todos ellos se tallan monumentos con el mismo estilo que los existentes en Monte Alban.

Es difícil de confirmar el grado de interacción de la capital zapoteca con Teotihuacan, pero está no parece haber sido dramática, sino mediante alianzas pacíficas, según parece indicarlo el mutuo intercambio de contingentes humanos.

En Teotihuacan estas relaciones están representadas por el Barrio de Oaxaca, localizado al oeste del casco urbano, mientras que en Monte Alban cuatro monumentos de la Plataforma Sur reflejan las conexiones diplomáticas entre los dos estados. Incluso una losa de piedra conmemora una importante reunión política entre emisarios de ambos centros.

Al norte y noroeste de este gran espacio abierto se situaron tres grupos residenciales que vivieron cerca de la plaza y estuvieron separados por una pared que circundó casi tres kilómetros de colina.

La inmensa mayoría de los edificios que actualmente hay en Monte Alban son de la época IIIb (500 al 750), que se caracteriza por el fin de la influencia de Teotihuacan. En el valle está identificada por la presencia de un estado regional mucho más centralizado y enfocado sobre Monte Alban. En el sur se observa un descenso de la población, hasta un 95%, e incluye el abandono de Jalieza; sin embargo el norte continúa aún siendo próspero. Pero quién realmente se aprovecha de la situación es el propio Monte alban, que alcanza una población cercada a los 30.000 individuos.

En este momento la capital zapoteca se dispone en un eje norte-sur en cuyo centro se localiza la plaza principal, ocupada en su interior por tres edificios unidos entre si y ligeramente desviados de dicho eje. A continuación se emplaza un antiguo observatorio, colocado de tal manera que la gente podía ir caminado alrededor de él mientras recordaba la historia entera del asentamiento. El oeste de la plaza está ocupado por tres complejos arquitectónicos casi simétricos que flanquean la Galería de los Cautivos y la antigua Estructura de los Danzantes. Por último el este delimitado por seis edificios residenciales y un pequeño juego de pelota que no tuvo acceso directo al `público, sino que estuvo cerrado por un complicado sistema de paredes y pasajes.

La construcción de la plataforma sur se debió iniciar durante el periodo IIIa, pero la mayoría de los edificios pertenecen a la segunda mitad de ese periodo. Esta plataforma esta coronada por una pirámide de 15 metros de alto y 100 de lado y cada una de sus cuatro esquinas estuvo delimitada por una estela tallada. El mensaje se repite y muestra a un embajador teotihuacano partiendo de su lugar de origen, que esta simulado con un palacio tipo teotihuacano, hacia Oaxaca y donde es recibido por un personaje zapoteca. Al pie de cada esquina se descubrió una caja que contenía conchas marinas, jade y cerámica clásica de Monte Alban,

Datos de esta presencia de extranjeros del centro de México aparecen también en otros sitios, como el de una entrevista entre un personaje teotihuacano y el gobernante de Monte Alban.

Pero de la misma manera que las losas talladas nos informa de una coexistencia pacífica entre Teotihuacan y Monte Alban, hay también otros que nos hablan de escenas violentas.

También en la plataforma norte parece construirse en esos momentos y resulta ser bastante más amplia, con enormes escalinatas y orientada hacia un patio cerrado por altas pirámides. Este rasgo manifiesta de nuevo la necesidad de aislamiento de las jerarquías que ocupan la ciudad, que en muchas ocasiones debió de tener un acceso restringido; pero no solo la urbe debió de tener un acceso restringido al estar situada sobre una colina y rodearse de altas paredes, sino que en las propias residencias de elite se construyeron vallas, pasajes y patios interiores con columnas que acentuaron esta sensación general.

El estilo arquitectónico de los edificios públicos de Monte Alban es el que se ha dado en denominar de “doble escapulario”, es decir, que las fachadas se cubren con dos tableros que dejan en medio un nicho o un espacio que queda rehundido.

Se trata de una característica muy generalizada, pero que además se exporta a otros sitios del valle de Oaxaca, llegando a convertirse en un rasgo regional.

Esta integración regional la adquiere las escalinatas de los edificios, que nunca llegaron a ser concebidas como elementos adicionales, sino como parte de esos edificios.

Paralela a la evolución interna del centro, y de su gran interés arquitectónico, fue la construcción de 150 recintos funerarios, la mayoría de los cuales se incluyen debajo del suelo de los patios de los apartamentos y construidas a base de losas de piedra, con falso arco, antecámara y escalinata de acceso. Una forma muy común es que las paredes interiores fueron decoradas con una capa uniforme de estuco, sobre las que se dibujaron pinturas murales simbólicas. La disposición arquitectónica de las tumbas se repite: la fachada es una reproducción en miniatura de las fachadas de los templos de Monte Albán, y sobre ella se excavó un pequeño nicho en el que se colocó una urna funeraria o un incensario que generalmente representaba un personaje divinizado.

La antecámara y la cámara propiamente dicha están separadas entre si por grandes losas grabadas y planas que cierran la tumba, las cuales tienen forma rectangular y en cuyas paredes se han practicado una serie de nichos con cerámicas y ofrendas dedicatorias al individuo en ellas inhumado.

El norte de la plaza principal es uno de los sitios elegidos para la colocación de las tumbas reales. Cada una estuvo asociada a un edificio, siendo este construido después. En varias ocasiones fue un templo, y entonces fue concebido como conmemoración al individuo muerto.

Las manifestaciones artísticas de los zapotecas, al margen de la arquitectura, están en buena medida confinadas al interior de esas tumbas que estuvieron decoradas con pinturas murales, donde los colores minerales fueron aplicados al fresco sobra una tonalidad blanca que les sirvió de base. Las tumbas más famosas se ven que están fuertemente influenciadas por Teotihuacan.

Las representaciones que se asocian a urnas como a frescos funerarios no pareces ser mayoritariamente de dioses, sino de miembros de la nobleza con anotaciones calendáricas. La mayor parte de las urnas incluyen también manifestaciones del Dios zapoteca de la lluvia, aunque tras su máscara parecen ocultarse seres humanos que suelen ser ancestros de los individuos muertos y servir de intermediarios entre ellos y el mundo real.

Aparte de los grandes recintos públicos y administrativos y de las tumbas reales, el grupo arquitectónico básico de Monte Alban, consta de varios montículos cerrados o vallados que fueron residencias de elite, más un montículo con un patio abierto que parece haber tenido un carácter cívico o religioso.

Seguramente, cada grupo o conjunto de grupos sirvió como un pequeño foco cívico y ceremonial para que una serie de personas que vivió sobre varias terrazas adyacentes; es decir, que hubo una serie de unidades que podrían ser identificadas como barrios.

En el entorno inmediato a la zona central se construyeron hasta catorce de estos barrios que, quizás, estuvieron representados de manera significativa en el propio centro de la ciudad, en otros tantos edificios que rodean la plaza principal. Tales distritos tienen alguna evidencia de producción artesanal, habiéndose encontrado 142 áreas de trabajo referente a diversos oficios. Con todo, la situación no refleja ni de lejos la complejidad existente en esos momentos en Teotihuacan.

La disposición de cada barrio dentro de la urbe parece obedecer a una rígida jerarquización, de tal manera que el área norte de la plaza principal contiene las residencias más elaboradas, mientras que el resto de los distritos se dispone en torno a una o más residencias de elite. Es posible que tales barrios funcionaran como Teotihuacan.

Fuera de los límites de la ciudad y ocupando colinas cercanas, se construyó un complejo sistema de terrazas residenciales que sostuvieron casas de carácter perecederos; la organización de las estructuras dentro de cada terraza albergan de una a tres viviendas organizadas en torno a un patio y habitadas por gentes de medio o bajo estatus. El espacio es menor que en las residencias de las altas jerarquías, más cerrado y compacto.

Monte Alban III ve extenderse la ciudad, aunque en la mitad de esa extensión se ve una concentración mucho mayor, para esta época se calcula una población entre 15.000 y 30.000 habitantes.

En lo que respecta al valle central de Oaxaca, la población total no varia pero si su distribución. En términos generales hay un incremento de población en el norte que coincide con una caso paralelo en el casco urbano y en las terrazas que rodean Monte Alban.

 

Economía y sociedad zapoteca

Monte Alban nunca llegó a convertirse en una metrópoli importante desde el punto de vista económico. La ciudad surge como una capital política, como un centro destinado preferentemente a coordinar las actividades de otros asentamientos, a organizarlos militarmente y para controlar el comercio y los contactos diplomáticos. Es por ello que el área de abastecimiento se halla bastante alejada y fuera del casco urbano y a que las áreas de trabajo en la ciudad sean muy escasas.
Investigaciones recientes han demostrado que los zapotecas del periodo clásico extendieron el regadío a las tierras un tanto secas del fondo del valle, lo que hizo posible allí una población considerable.
Con todo en la segunda parte del tercer periodo las grandes actividades artesanales cobran importancia y las áreas de trabajo de ceramistas, trabajadores de obsidiana y otros objetos líticos ocupan un porcentaje muy importante de la población. Asimismo es en este periodo cuando la plataforma norte cobra importancia como residencia de elite y puede que Monte Alban mantuviera una función preferentemente administrativa con una finalidad primaria de regular las relaciones internacionales, junto a su confinamiento a la cima nivelada de una colina, impidió la existencia de suficientes áreas de trabajo en el interior del casco urbano, las cuales tuvieron que ser trasladadas a los alrededores.
La cerámica encontrada en Monte Alban es de la más numerosa de centro América, existiendo gran cantidad de trabajadores relacionados con esta tarea y de hecho se han encontrado dos hornos de cerámica muy cerca de la ciudad. La manufactura cerámica afecto tanto a tipos utilitarios como a una enorme variedad de objetos especializados. Casi todos de estilo teotihuacano.
Asimismo se han descubierto otro tipo de cerámica, Naranja Delgada, obtenida por comercio. Durante la segunda parte del tercer periodo y, coincidiendo con el final de la influencia teotihuacana, el tipo de cerámica influyente de esa ciudad es desplazada por una confección de urnas zapotecas.
En cuanto a la organización de la ciudad, los habitantes de la capital zapoteca parecen haber estado divididos en dos amplios estratos. El nivel superior que aglutinaba del dos al cuatro por ciento de la población, residió en palacios de adobe o de piedra y estuvo dirigido por un gobernador supremo, que se encargó de dirigir los asuntos de estado en una residencia considerablemente más elaborado que las demás. Los gobernantes y nobles principales fueron enterrados en tumbas abovedadas debajo de los edificios.
El otro segmento de la población estuvo compuesto por la gente común, que vivió en pequeñas casas de adobe y se enterró en simples pozos o en construcciones de hileras de piedra de bajo de los suelos de sus habitaciones. Parte de este gran segmento poblacional ocupó las periferias de la capital zapoteca, sin que su distribución obedeciera a una concepción planificada.

Religión

La religión zapoteca, al igual que otras culturas de Mesoamerica, es un fenómeno utilizado por las clases más altas de la ciudad para sancionar la posición de la elite hereditaria con respecto a los restantes segmentos sociales que componía la comunidad. Los suntuosos palacios, las grandes pirámides, el juego de la pelota, los monumentos esculpidos y los registros dinásticos ponen de manifiesto los intentos de este reducido grupo por transmitir un claro mensaje de desigualdad social.
El carácter sancionador del orden social que tuvo la religión zapoteca se vio completado por un complicado culto a los ancestros indicado por las elaboradas tumbas. Ambas características ponen de manifiesto que las relaciones culturales entre mayas y zapotecas durante el periodo Clásico fueron bastante estrechas.
Aparte de estas características generales, se adquiere una idea más concreta de esa religión observando el estudio de los murales y de las urnas funerarias, tan representativas de esa cultura. Se han identificado la friolera de 39 divinidades, de las cuales 11 son femeninas, que en la mayoría de los casos estuvieron relacionados con el calendario de 260 días de uso ritual. Algunos de los dioses identificados coinciden con los de Teotihuacan.
El Dios supremo y creador del universo es Pijetao. Tras él se encuentra el Dios de la lluvia y del relámpago Cocijo, representado en la mayoría de las ocasiones emparentado con el jaguar.
Otro amplio conjunto de dioses se relaciona con el maíz y la fertilidad, cuya deidad es Pitaos-Cozobi que tiene rasgos de murciélago. También hay un conjunto de dioses con carácter de serpiente que incluyen a Quetzalcóatl en su aspecto de dios del viento, etc. Además de otra serie de dioses que se asocian con el calendario.

Relaciones con el exterior

Los datos de los que los arqueólogos tienen hasta ahora manifiestan que Monte Alban no fue una ciudad tan especializada, nucleada y diversa como Teotihuacan debido, quizás, a que surgió como un centro político en relación a otros del valle central de Oaxaca. Estos asentamientos se estaban desintegrando paulatinamente al no poder resistir el empuje económico y cultural de Teotihuacan, que para el Clásico Temprano dominaba la parte norte del valle. Existía varios centros autóctonos que competían en importancia con Monte Alban, hasta que se decidió de que fuera esta quien coordinara las funciones político-administrativas, militares, comerciales y diplomáticas, no pensó en la distribución de áreas de trabajo, que indudablemente existió, sino en disponer de un enorme centro de carácter absolutamente privado que pudiese integrar y dar coherencia política y cultural a las poblaciones del valle.
Podemos definir la presencia teotihuacana en Monte Alban como pacífica, efectuada por personajes de elite, tal vez embajadores, que fueron representados en los monumentos de la ciudad.. Algunas de estas representaciones fueron realizadas a partir de estelas que se colocaron en la inmensa Plataforma sur.
La Lápida de Bazán, por ejemplo, muestra dos figuras: la situada en su lado izquierdo viste a la manera teotihuacana y la otra como un zapoteco. La lápida parece representar un acuerdo, y manifiesta que a partir de este tipo de encuentros diplomáticos, Teotihuacan y Monte Alban mantuvieron su distancia social, sus fronteras territoriales y sus relaciones especiales.

Decadencia de la capital zapoteca

Monte Alban sufre un proceso muy semejante al ocurrido en Teotihuacan y otros centros mesoamericanos, según el cual, tras un periodo de florecimiento cultural, decae tanto en importancia como en prestigio y poder y en contingentes humanos. Todavía se desconocen las causas de la decadencia de este gran centro político, ni siquiera de establecer con claridad la cronología de su abandono. Es muy posible que comenzara a perder importancia al mismo tiempo que Teotihuacan, pero no hay que olvidar que nunca fue un centro cultural homogéneo de amplia aceptación e influencia y que, su propio establecimiento en lo alto de una colina, ratificó su carácter estratégico y defensivo; por esta misma causa, no tuvo ventajas de cara al aprovisionamiento cotidiano de alimentos y materias primas.
Además en el valle de Oaxaca coexistieron grandes asentamientos que funcionaron de manera más o menos autónoma y que estaban preparados, por la gran complejidad que habían alcanzado, para aceptar el relevo.
Para complicar más la cuestión, hacia el año 700 los estados mixtecos del norte y noroeste comenzaron a ejercer presiones sobre el valle de Oaxaca. Todas estas causas pudieron estar implicadas en el acoso a la ciudad hasta que consiguieron que se despoblara definitivamente.
En buena medida, la potenciación de Monte Alban como capital zapoteca y centro nuclear de una confederación de poderes políticos con un considerable grado de autonomía se debió a que Teotihuacan estaba implicado en un enorme desarrollo cultura. La ambición expansionistas amenazaba con asimilar amplias zonas del valle de Oaxaca, las cuales habían sido controladas hasta entonces por centros independientes; por tal motivo estos se vieron obligados a confederarse y a fundar una capital poderosa, próspera, que consiguiera mantener las fronteras políticas y comerciales del sospechado avance de Teotihuacan. A partir del 700, libres de tal amenaza, cada uno de los asentamientos que hicieron posible la mencionada confederación fue alcanzado cada vez más autonomía, y todos juntos terminaron por provocar la caída de Monte Alban.

 


Vosotros, algunos estáis; algunos de los que estáis veis , lo que estáis viendo; otros no veis, aunque estéis viendo y otros no estáis viendo, aunque estéis.