Primeros Subfusiles: MP 18

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AUTOR: ROMM3L

Primeros Subfusiles: MP 18
 

BERGMANN MP- 18 EL AUTENTICO SCHMEISSER

El subfusil hizo su aparicion en el campo de batalla durante la I Guerra Mundial. El efecto era el mismo, aunque se clasificara como Maschinen Pistole; su volumen de fuego concentrado practicamente fumigaba el blanco, introduciendo un nuevo concepto en el mundo de las armas miliatres, algo que terminaria modificando las tacticas militares.


Sturmturppen aleman en asalto a una trinchera en la I guerra Mundial.

El Italiano Abiel Revelli marcó rumbos con el Villar Perosa, pero realmente fue Hugo Schmeisser quien construyó en Alemania el primer subfusil. Su MP-18 aportó los rasgos básicos que todavía ostentan los modelos modernos.

El fusil, peor aún si tenía la bayoneta calada, entorpecía los movimientos poniendo en peligro a su portador, que quedaba en inferioridad de condiciones frente a las cortas “púas” de su oponente.

Por otra parte, si bien el actual concepto de “ unidades de asalto” no estaba todavía estructurado, ya se planteaban los ataques rápidos destinados a destruir objetivos estáticos como los nidos de ametralladoras, ya que logrado el acercamiento poco podrían hacer sus sirvientes con las alzas regladas a 2.000 m o más. Los “ Sturmtruppen” germanos, que formaron los pelotones de asalto alrededor de 1916, introdujeron el nuevo concepto táctico de gran volumen de fuego a corta distancia, con movilidad rápida y tiradores disparando a la carrera. Sin embargo habría que esperar hizo en función de un cartucho para arma corta, el 9 mm Glisenti, por entonces reglamentario en el Ejército Italiano.

En realidad Revelli buscaba una ametralladora ligera y portátil que disparara un cartucho de pistola a din de economizar parque de gran calibre y mayor coste ( entendiendo por ello cartuchos de fusil), y, por la misma razón de su energía limitada, no necesitara de mecanismos acerrojados y complejos. Esta última premisa facilitaría su producción masiva sin recurrir a grandes infraestructuras de máquinas- herramientas, facilitando su producción a bajo coste.



Una ligera mirada al Villar Perosa de 1915 nos puede dar la noción de que se aproxima a la idea de una mini-ametralladora de apoyo, pero no se parece en nada a un subfusil. Dos mecanismos paralelos, con sus respectivos cañones y cargadores que alimentan por arriba, están unidos en tándem. Por delante se apoyan en un pie regulable en altura sobre el que giran, y por detrás rematan en dos asas con disparadores anticonvencionales, coronadas por un aparato de puntería central que, por el espacio entre los cargadores, erige un dióptero en cada extremo.

El Villar Perosa tenía mayor movilidad que una ametralladora pesada y podría decirse que con un peso oscilando alrededor de los 9 Kg era trasladable más que portátil. Tengase en cuenta que ese peso implica solamente el arma en sí, ya que además necesitaba de otro servidor que se hiciera cargo de la gran caja con munición y accesorios. Esto involucraba dos personas para atenderlo, con lo cual el concepto de arma personal que caracteriza a un subfusil desaparece por completo. En combates de rango cercano, como los que surgen en orografías montañosas, tuvo aplicación, así como cuando se instalaba en vehículos, botes o aviones, pero en estos últimos casos su utilidad era muy pobre por el alcance del cartucho. Hubo algunos intentos de ampliar el campo de producción del VP, como los modelos de calibre 455 evaluados en Inglaterra, pero fracasaron por la misma razón: el alcance efectivo del cartucho.

La idea italiana no volvió a punto muerto. A partir de ella surgirían dos versiones automáticas con figura de “ moschetto”, desarrolladas a finales de la Primera Guerra Mundial aproximándose a la silueta de “carabina- subfusil”, aspecto que dio un denominador común a los subfusiles de primera generación. Por un lado emergió la carabina automática Villar Perosa construida en la factoría del mismo nombre, y por el otro el “moschetto automático Revelli- Beretta” con intervención de esta última compañía. Ambos estaban recamarados por el 9 mm Glisenti, poseían dos gatillos, y alimentaban con cargadores insertados desde arriba, pero el Revelli – Beretta mostraba ya los primeros rasgos que luego darían cualitativo renombre al subfusil de esta marca de 1938.

Se había logrado dar la primera forma coherente, aunque se pareciera más a una carabina, y el cargador, sobresaliendo por arriba, obstruyese la línea de mira y no fuera lo más proclive a darle una forma compacta.

Para entonces, el ingeniero alemán Hugo Shmeisser, diseñador asociado a la factoría de Theodor Bergmann, ha había puesto en producción su criatura, el letal MP 18.


Soldado Sturmtruppen aleman

EL PERIODO DE HUGO SCHMEISSER
Tras abandonar la firma de Bergmann en 1921, Hugo Schmeiser se incorpora a C.G. Haenel de Suhl, donde pasa de constructor en jefe a director Técnico. En ésta lanza al mercado en 1922 una pistola de bolsillo del 6.35 mm. Marcada como “ C.G. Haenel Suhl Schmeisser’s Patent”, que probablemente hubiera concebido ya durante su etapa en Bergmann. Su fabricación durará hasta 1930, con una versión mejorada en 1927 denominada Modelo Haenel II. Hay cierta polémica acerca del status de Schmeisser dentro de la compañía Haenel. Aunque algunos autores afirman que era dueño de la misma, fuentes cercanas al diseñador sostienen que sólo era la “ cabeza pensante de la empresa”.


Hugo Schmeisser sentado, segunda fila a la derecha

Los diseños se suceden.
A principios de la década de los ’30, concibe un rifle de aire comprimido denominado Mod. 33. En 1939 construye un cargador modificado para la Parabellum 08, fácilmente reconocibles por ir marcados como “ Schmeisser Patent” a pesar de que nunca poseyó las patentes. En éstos sustituyó el muelle en espiral de los viejos cargadores Luger por otro en acero.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Schmeisser diseña en Haenel la carabina automática 42, precursora del fusil de asalto StG 44. Asi mismo concibe en esta época una versión económica de la MKb 42, el subfusil 45. No obstante, no pasan de la etapa de prototipos.

Tras el final de la Guerra la empresa Haenel, en Turingia, queda en la zona ocupada por los rusos. Es Expropiada y Schmeisser enviado, junto con otros cuatro especialistas, a Ijevsk para dirigir la industria soviética de armamento. El cometido de estos ingenieros – entre los que se encontraban el Dr. Gruner, creador de la MG 42, y Karl Barnitzke, técnico de armas ligeras en Simson/BSW – era trabajar sobre el nuevo armamento de infantería soviético. Se especula que Schmeisser pudo haber colaborado en la solución de los métodos de fabricación de fusil de asalto AK-47 ( a su vuelta a Suhl en julio de 1952 responderá a la pregunta de un amigo- Alfrred Albrecht- de si ha participado en la fabricación del AK: “ Les he dado algunos trucos a los rusos”).

Caería en desgracia y sería sospechoso para las autoridades de la RDA. Cae enfermo y aunque es operado de los pulmones, no llegaría a reeestablecerse. Fallece el 12 de septiembre de 1953 en el hospital de Erfurt y es enterrado en el cementerio de Suhl.

El “Schmeisser”.
Hay apellidos cuya legendaría difusión supera la de las marcas de fábrica y nomenclaturas de modelo, aunque en algunos casos como el que nos ocupa que citen erróneamente a nivel popular. Hugo Schmeisser, poco tuvo que ver con la creación del MP-38, ni con su inmediato derivado el MP-40. Sin embargo, es habitual que a cualquiera de estos dos modelos germanos se les denomine “Chmeisser”.

El auténtico, el verdadero “Schmeisser” es el MP 18, que en realidad y ateniéndonos a su designación original correcta, deberíamos citar como subfusil “ Bergmann MP 18, 1” ó “ Bergmann Kugelspritz”, que traducido al español nos daría algo así como “ rociador o pulverizador de balas”.

Si bien el MP 18 mantuvo el aire de un pesado mosquetón, no es dable decir que pueda ser confundido fácilmente con una carabina. Schmeisser dejó a un costado todas las consideraciones estéticas y fue directamente al grano. Si lo que se buscaba era un “ spray” que vomitara balas no tenia mucho sentido la búsqueda artística, sino su contenido práctico. Fiel a ese objetivo puso especial empeño en construir una verdadera máquina a prueba de maltratos y con una mínima preocupación de mantenimiento. Así y todo, el “Schmeisser” tuvo su lado flaco; analizando el famoso “Trommelmagazine-08”, o sea el cargado de caracol para 32 cartuchos del 9mm Parabellum, originalmente construido para las pístolas Luger de artillería “ Lange pistole”, veremos que su fragilidad y demora en la recarga, rompía con la noción de robustez y servicio que debe imperar en un subfusil. Los alemanes también lo habrán comprobado al emplearlo en las trincheras de la Primera Gran Guerra; al menos parece demostrarlo el hecho de que el MP-28, que no es más que una versión evolucionada del MP-18, empleará una petaca de doble hilera, precursora del cargador convencional que se emplea actualmente.

A pesar de su aspecto corto y retacón, el “Schmeisser” pesa bastante: 5,245 Kg, cargado y en orden de tiro, superando en algo más de 1 Kg al fusil Mauser 98. Además, portarlo no es nada cómodo con la gran “chepa” lateral del cargador “de sartén” sobresaliendo por el costado izquierdo como si fuera un espejo retrovisor.

El mecanismo del MP-18 demuestra que su creador tenía muy claro lo que se pretendía con esta “regadera” de proyectiles, lo cual le deja a cubierto de suspicacias sobre su sistema de alimentación. Tal vez, de no preexistir el cargador circular de la Luger, Schmeisser hubiera creado uno mucho más robusto y adecuado, tal como quedó demostrado en el paso subsiguiente, el MP-28. Se hubiera ahorrado tiempo, vidas y dinero, pero como es sabido las imposiciones castrenses de los departamentos de guerra hacen valer el peso de sus galones antes de hacer gala de inteligencia.

A grandes rasgos, el MP-18 se formaliza en una estructura tubular que une el cajón de mecanismos a la cubierta refrigerada que rodea al cañón. En la parte media, un ancho collar da lugar al robusto brocal del cargador por al izquierda y a la ventana expulsora por la derecha. El cierre cilíndrico opera con aguja percutora separable, recuperando por un extenso muelle que le permite una carrera prolongada, montado alrededor de la guía solidaria al tapón trasero.

La culata, que sigue la misma tendencia de “fortaleza”, contiene el mecanismo de disparo y la bisagra delantera sobre la que articula el conjunto superior. Un empujón al dispositivo de la rabera permite bascularlo y desarmarlo en instantes para su inspección y limpieza.

Tomado de Revista Armas No 217.

(Fuente: www.europa1939.com)

Saludooos.