Infanteria de Whellinton

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AUTOR: Galland

Infanteria de Whellinton
 

Una vez hubo cesado la violencia, los calvinistas en Alemania, religión que que estaba todavía en su infancia y constituía una minoría, se sintieron amenazados, y se agruparon en la Liga de la Unión Evangélica (también conocida como Liga Protestante), creada en 1608, bajo el liderazgo de Federico IV, el Príncipe elector del Palatinado. Este príncipe tenía en su poder el Palatinado de Renania, uno de los estados que España deseaba para sí a fin de proteger el camino español. Esto provocó que los católicos también se agrupasen en la Liga Católica, bajo el liderazgo del duque Maximiliano.

El emperador del Sacro Imperio y rey de Bohemia, Matías, murió sin dejar heredero en 1617, pero habiendo testado a favor de su sobrino, Fernando de Estiria. Fernando, que se convirtió en rey de Bohemia y emperador del sacro imperio, Fernando II era un católico convencido que había sido educado por los jesuitas y quería restaurar el catolicismo. Por ello era impopular en Bohemia, la cual era predominantemente calvinista. El rechazo de Bohemia a Fernando fue el detonante de la Guerra de los 30 años.

"Algunos de los soldados más experimentados de este ejército, el más estoico y capaz ante la fatiga, están en los segundos batallones. Los segundos batallones de los regimientos 53º, 31º y 66º, por ejemplo, son mucho más útiles en proporción, y tienen siempre más hombres dispuestos a cumplir con su deber que cualquiera de los primeros batallones que acaban de llegar."

Los cuerpos de infantería más veteranos eran los tres regimientos de Foot Guards; por orden de antigüedad el 1º, el 2º o Coldstream y el 3º o Scots Regiments. Estas unidades sirvieron en campaña y en la protección del rey en las ceremonias celebradas en Gran Bretaña, así que el regimiento 1º mantenía tres batallones y los otros, dos cada uno. Considerados como un cuerpo de elite, en campaña sus batallones eran casi siempre más fuertes que los de los regimientos de línea (en Waterloo, por ejemplo, los cuatro batallones de Foot Guards, estaban entre las siete unidades más fuertes del ejército). Incluso en las condiciones más extremas su conducta era ejemplar, como demostraron en la retirada hacia La Coruña en 1809 donde los batallones de Foot Guards fueron los únicos capaces de mantener el orden y la disciplina en un ejército completamente caótico y presa del pánico ante la persecución del ejército francés de Soult. El primer batallón del 1º de Foot Guards sirvió en Flandes de 1793 a 1795, en el norte de Holanda en 1799, en el Mediterráneo, en la Guerra Peninsular y en los Países Bajos en 1814, y tanto el segundo como el tercero lucharon en Waterloo. Los Coldstream Guards sirvieron también en Flandes, norte de Holanda y en Egipto en 1801, Copenhague en 1807, en Walcheren, en la Península y en los Países Bajos en 1814, y el 2º batallón en Waterloo. El 3º o el Scots Regiment prestó tanto servicio como los Coldstream y su segundo batallón luchó en Waterloo.



La mayoría de los regimientos de la infantería de línea se identificaban por un título y por su número. En 1782 se decidió que los regimientos tuvieran alguna afiliación territorial con la intención de fomentar el esprit de corps asociando el regimiento con el lugar del que provenían sus reclutas. En la práctica, sin embargo, no todos los hombres provenían de un mismo condado y realmente el nombre se refería a la procedencia del coronel del regimiento.

Entre los regimientos de línea había tres (El 7º Royal, el 21 Royal North British y el 23º Royal Welsh) que llevaban el título de "Fusileros". Este título se refería al armamento que llevaban a finales del siglo XVII, fusiles que realmente eran mosquetes ligeros; en 1812-15 no se distinguían de los otros regimientos más que por el uniforme y cierto esprit de corps.

Los regimientos Highland también tenían un pequeño pero muy significativo papel en la infantería de línea. En 1809 había once regimientos con el título de Highland, pero en ese año sólo seis llevaban el tradicional uniforme de Highlander, y en algunos casos se abolió el nombre ya que se pensaba que el hecho de llevar kilt (típica falda escocesa) hacía que muchos posibles reclutas se abstuvieran de formar parte de estos regimientos. Los regimientos que conservaron la vestimenta escocesa fueron el 42º, 78º, 79º, 92º y 93º.

Además de las compañías ligeras de cada regimiento de línea, a partir de 1803 se formaron seis regimientos exclusivos de infantería ligera. Tales regimientos eran el 43º, 51º, 52º, 68º, 71º y el 85º, además del 90º que no fue oficialmente de infantería ligera hasta 1815. Su entrenamiento específico los convertía en experimentados escaramuzadores, pero a diferencia de las tropas ligeras de algunos países, eran igualmente capaces de desplegar otro tipo de tácticas más convencionales desarrolladas por la infantería ordinaria. Sir John Moore fue el padre del desarrollo de la infantería ligera, (de hecho fue el coronel del 52º desde 1801 hasta su muerte en La Coruña). Moore hizo del 52º un modelo para todo el ejército, y la brigada que él mismo entrenó en Shorncliffen, en Kent, (con el 43º y el 95º) formó las bases de la División Ligera que luchó en la Guerra Peninsular, sin duda, la mejor del ejército. Quizás más importante que el desarrollo de la infantería ligera sean el desarrollo del liderazgo y la preocupación por el estado de ánimo de los hombres, basándose en el concepto de que los oficiales debían ser entrenados para dar ejemplo a sus hombres, tratando a sus subordinados con consideración y humanidad. Tales teorías se vieron reflejadas en el excepcional comportamiento de la División Ligera.

Al mismo tiempo que se desarrollaban las tácticas de la infantería ligera, se estudiaban las posibilidades del uso de rifles, mosquetes con el cañón más corto y con estrías en su interior que, dándole un movimiento giratorio al proyectil, eran capaces de disparar con mayor precisión incluso a mayor distancia que los mosquetes de ánima lisa. Se formaron unidades armadas con rifles al comienzo de las Guerras de la Revolución Francesa, en las regiones donde el uso del rifle había sido tradicional: ciertas partes de Alemania y Austria. En 1797 se decidió formar un batallón de rifles del ejército regular, así que se creó el 5º batallón del 60º conocido como Royal American. Este regimiento se creó para prestar servicio en Norteamérica en 1755 y tradicionalmente reclutaba extranjeros, convirtiéndose en el lugar ideal para los hombres de los disueltos cuerpos extranjeros que tenían destreza en el uso del rifle. Se añadieron compañías de rifles a los otros cuatro batallones del 60º, y al 6º batallón formado en 1799, pero solamente el 5º batallón estaba formado exclusivamente por fusileros

En 1800 se formó un Experimental Rifle Corps con la intención de entrenar hombres en el uso del rifle y luego devolverlos a sus unidades para formar pelotones de fusileros. Esta idea inicial fue desestimada y se formó un Rifle Corps permanente, que en diciembre de 1802 se correspondía con el número 95 en la secuencia de los regimientos de línea. Bajo sus comandantes, Coote Manningham (coronel) y William Stewart, el regimiento llegó a ser una unidad de elite y así la más famosa del ejército. En 1805 y 1809 respectivamente se formaron los batallones segundo y tercero. Los tres batallones combatieron en la Guerra Peninsular, ayudando a que la División Ligera alcanzara su excelente reputación.

Las tácticas de los fusileros o rifles - la habilidad para hacer escaramuzas en orden abierto, el aprovechamiento del camuflaje natural y el ataque a individuos clave dentro de las filas del enemigo - requería una inteligencia e independencia mucho mayor de la que necesitaban los infantes que permanecían en densas formaciones y disparaban solo a la orden de fuego. Los hombres del 95º eran los escaramuzadores por excelencia, los primeros en entrar en combate y los últimos en retirarse. El 16 de febrero de 1816 el 95º se convirtió en la Rifle Brigade como reconocimiento a sus innumerables méritos. El uniforme verde de los cuerpos de fusileros, tanto como sus tácticas revolucionarias, los distinguían del resto del ejército.

Las posesiones más preciadas de un regimiento eran sus banderas. El uso práctico de las banderas era servir de punto de reunión en el combate pero su significado simbólico iba mucho más allá ya que representaban la identidad y el honor del regimiento. El mayor desastre y deshonor que podía ocurrirle a un regimiento era que el enemigo se apoderara de sus banderas. Es por esto que las luchas en torno a ellas eran encarnizadas y la obligación más importante su protección; tarea que no era grata en absoluto ya que normalmente las banderas atraían la mayor parte del fuego enemigo como demuestra el testimonio del sargento William Lawrence del 40º Foot en Waterloo:

"Se me ordenó ir a defender las banderas, Éste, aunque estaba acostumbrado a lo peor de la guerra, no era un trabajo que me gustara en absoluto, pero tenía que cumplir las órdenes así que fui hacia allí. Ese día habían muerto o sido heridos 14 sargentos defendiendo las banderas, tantos oficiales habían caído y las banderas estaban hechas trizas. Nunca olvidaré este día. Soy ahora un hombre viejo pero lo recuerdo como si fuera ayer. No llevaba allí más de un cuarto de hora cuando una bala de cañón le arrancó la cabeza al capitán."

Los abanderados eran muchas veces adolescentes que no podían mantener las banderas rectas dado su enorme tamaño y peso. Cada batallón tenía dos banderas: El King's Colour, una bandera del Reino Unido con un símbolo del regimiento en el centro, y un Regimental Colour, generalmente del color de la bocamanga del uniforme del regimiento, el símbolo del regimiento en el centro y una pequeña bandera de la Unión en la esquina más cercana al mástil.
Otro elemento importante de un batallón de infantería eran sus tambores. Ellos (y las cornetas en la infantería ligera) eran muy importantes para transmitir órdenes en el campo de batalla por medio de golpes de tambor o llamadas de corneta, la única manera en que se podían oír las órdenes en el estruendo de una batalla. Las bandas del regimiento también eran muy importantes ya que su música servía para mantener la moral, especialmente en mitad del combate. Después de la lucha los músicos actuaban de enfermeros, una práctica que todavía continúa en el ejército británico.

El equipo personal resultaba una carga considerable. Una mochila con una estructura de madera que la hacía incomodísima obligaba a los infantes británicos a matar a un francés sólo para robarle su mochila ya que las suyas eran mucho más cómodas. El fusilero John Cooper nos ha dejado testimonio de su equipo personal: mochila (1,5 kg), manta (2 kg), abrigo, (2 kg), fiambrera (0,5 kg), chaqueta de vestir (1,5 kg), chaqueta blanca (250 g), dos camisas (1 kg), dos pares de zapatos (1,5 kg), pantalones (1 kg), polainas (125 g), dos pares de medias (500 g), dos estacas para montar la tienda (250 g), cepillos y peine (1,5 kg), una pipa de arcilla (500 g) y para sus tareas como sargento, pluma, tinta y papel (125 g), dos cintas de cuero sujetando una cartuchera con 60 cartuchos de munición (3kg), y una funda de bayoneta. Un morral conteniendo la ración de carne de dos días (1kg) y de pan de tres días (1,5 kg), y la cantimplora que cuando estaba llena pesaba 2 kg. El mosquete y su bayoneta pesaban 7 kg, haciendo un total de 30 kg. Esto no era el máximo de todas formas: el sargento mayor Murray del 3º de Foot Guards, estimaba que un soldado de su regimiento en la Península en 1812 tenía que cargar con unos 37 kg, incluyendo la carga compartida de los cacharros de cocina y otras cosas. Benjamín Harris del 95º creía que muchos hombres morían en las marchas a causa del tremendo peso que tenían que llevar.

El mosquete utilizado en esta época utilizaba el sistema de chispa, tenía el ánima lisa y se le daba el nombre genérico de Brown Bess: Brown probablemente por el color del cañón y Bess por el término alemán para arma Buchse. La carga del arma era bastante engorrosa y su fiabilidad prácticamente nula como hemos explicado en los apartados correspondientes de este Web. Pero es cierto que dado el sistema de tácticas imperantes no se necesitaba que el arma fuera mucho más precisa. Aunque mejor dicho, quizás el primitivo desarrollo de las armas fuera el que determinaba las tácticas. Las tropas maniobraban en su mayor parte en bloques compactos, y así solamente hacia falta apuntar al bulto. Esto explica que el uso de los rifles, armas mucho más precisas, convirtieran a las tropas que los llevaban en soldados de elite.

El uso de la bayoneta era más bien escaso en combate, salvo en el asalto a plazas fortificadas. Las cargas de bayoneta se llevaban a cabo después de que las descargas sucesivas de los mosquetes obligaran al enemigo a romper su formación. El miedo a la bayoneta, más que su uso real, era un factor decisivo; de hecho podemos afirmar que era el arma psicológica más decisiva.