Pirro: rey, general y aventurero
Pirro rey de Epiro, ¿cómo se puede calificar a este hombre?, ¿rey, general o aventurero?, ¡posiblemente los tres epítetos le vienen bien a la azarosa vida de este hombre!.
Rey: porque gobernó un país, "Epiro" (aunque también en algunos momentos gobernó el reino de Macedonia).
General: porque comandó los ejércitos de su país, amén de diversos contingentes de países aliados, todos bajo su mando.
Aventurero: este es el calificativo que quizá más cuadra con su persona; aunque se debía a su país, no desperdició nunca la oportunidad de intervenir en algún conflicto cuando se requería su presencia y si él calificaba su intervención como interesante, y así obró hasta su muerte.
Apodado por sus soldados como “Águila”, Pirro (318-372a. de C.) hijo de Aeacides y de Phthia de Tesalia, hija de un héroe en la guerra de liberación contra los griegos macedonios. Reinó en Epiro entre el 302 y 307 a. de C. y del 297 al 272 a. de C. y en Macedonia del 287 al 286 a. de C. y del 273 al 272 a. de C.
Los ancestros de Pirro presumían descender del mismísimo Aquiles, los cuales crearon la dinastía de los “Molosos” y a la que Pirro pertenecía. Tuvo una infancia muy azarosa, acorde con la convulsa situación de los estados griegos tras la muerte de Alejandro Magno, los cuales se lanzaron a una lucha por saber quien tendría la supremacía en Grecia.
El reino de Epiro fue una unión en el siglo IV a. de C. de las tribus lugareñas de los Molossians, Thesprotians y los Chaones.
Monedas de Epiro
Los griegos educados del sur de Grecia, veían en las tribus griegas del norte de Grecia: Epiro, Macedonia, Tesalia, iliria etc…, como tribus semi-bárbaras a las cuales había que civilizar correctamente. Cuando cumplió los dos años, su padre fue destronado y la familia se refugió con Glaukias, rey de la Taulanti, una de las mayores tribus ilirias.
Su padre ascendió al trono en el año 326 a. de C., pero cayó en desgracia ante un poderoso llamado Casandro, y tuvo que huir del país, siendo criado y amparado en la corte de Glaukias, y este lo apoyó más tarde cuando los epirotas le llamarón para hacerse cargo del reino, pero no obstante, se tuvo la sensación de que el nuevo gobernante no iba a ser más que un títere en manos de Glaukias, así que tras proclamarse rey en el 306 A. de C. cuando tenía 12 años, disfrutó de un corto periodo de gobierno, 4 años.
Pirro era pariente lejano de Alejandro Magno, hecho que en los primeros años le perjudicó. Aprovechando la ausencia de Pirro para asistir a la invitación de Glaukias a una boda, sus súbditos se sublevaron derrocándole y e instalando como rey a Neoptólemo II. En los años posteriores Pirro adquirió experiencia militar en las guerras de los Diádocos, una pugna entre los antiguos generales de Alejandro Magno, los cuales se disputaban la supremacía en los reinos griegos que habían creado a partir de las posesiones de Alejandro Magno.
Por aquel entonces Grecia era un gran tablero de ajedrez, en el que los antiguos generales de Alejandro Magno se disputaban en una sangrienta partida los despojos de los dominios de Alejandro. Pirro luchó al lado de su cuñado Demetrio Poliorcetes, (el cual estaba casado con su hermana Deidamia) hijo de Antígono I, uno de los generales de Alejandro Magno. Por desgracia, Pirro militó en el bando perdedor en la Batalla de Ipso 301 a. de C., al enfrentarse con las fuerzas conjuntas de Ptolomeo, Lisímaco y Seleuco (también antiguos generales de Alejandro Magno) aunque se distinguió en la misma por su valor en combate.
Más tarde, fue rehén de Ptolomeo I Sóter por un tratado entre Ptolomeo I y Demetrio. Pirro debió hacer buenas migas con Ptolomeo I, porque más tarde en el año 297 a. de C., le ayudó financieramente en un golpe de estado en el reino de Epiro, lo que le permitió a Pirro recuperar el poder y volver a ser rey del país. En el año 295 a. de C. Pirro estaba fuertemente establecido en el reino de Epiro, y a partir de los años siguientes, Pirro dedicó todas sus fuerzas a engrandecer el reino de Epiro. Esto implicaba choques con los reinos vecinos, ya que, ¡por supuesto!, no se avendrían fácilmente a ceder sus territorios.
Ilustración de Pirro
En el año 290 a. de C., Pirro riñó con el rey de Macedonia Demetrio I y este se embarcó en una guerra contra Pirro y sus aliados de Etolia, con los que había firmado Pirro una alianza. Demetrio invadió Etolia, venciéndoles en batalla y dejando como gobernador del país a un general suyo llamado Pantauco con numerosas fuerzas.
El mismo Demetrio a continuación invadió el reino epirota, pero Pirro no permaneció inactivo. Aunque ambos contendientes debían enfrentarse en batalla, no siguieron caminos paralelos, equivocándose en las rutas de aproximación, así que Demetrio entró en Epiro y Pirro entró en el reino de Etolia.
Así que Demetrio asoló Epiro mientras Pirro se apodera del reino etolio al vencer en batalla al ejército del general macedonio Pantauco (venciéndole en singular combate) y hacerle unos 5.000 prisioneros. Demetrio volvió a su reino, ya que los macedonios estaban empezando a ver a Pirro con gran admiración, por lo que no debió ver su posición en el reino asegurada y volvió para consolidarla.
Más tarde enfermó Demetrio, por lo que Pirro aprovechando el buen momento que disfrutaba procedió a invadir el reino macedonio. Su avance fue fulgurante y avanzó hasta la ciudad de Edesa sin encontrar apenas resistencia y encontrando muchos apoyos en los mismos macedonios. Pero Demetrio se recuperó a tiempo y levanto en un esfuerzo supremo un poderoso ejército de 100.000 hombres (posiblemente se exagere la cifra, en torno a 25-30.000 hombres sería una cifra más realista) apoyado por 500 naves de combate.
Pirro cuyo objetivo inicial era la de efectuar una correría por el reino macedonio sin mayores pretensiones, se encontró en un serio apuro, por lo que decidió prudentemente retirarse de Macedonia, perdiendo parte de sus fuerzas en la retirada y siendo perseguido por las fuerzas de Demetrio. Pero Demetrio deseaba ajustar cuentas con otros reinos vecinos, y no deseando una guerra generalizada con Pirro decidió llegar a un acuerdo razonable de paz con este.
Pero Pirro no iba a soltar ya la presa, más tarde, en el año 288 a. de C. entró en Macedonia, Demetrio intentó oponérsele, pero fue inútil, el aura de Pirro era grande entre los macedonios que veían en Pirro la reencarnación de “Alejandro Magno”. Fue Pirro rey se Macedonia durante un breve periodo, del 287-286 a. de C., y logró establecerse con fuerza en Tesalia, invadiéndola el año 286 a. de C., fue, ¡quizá!, el cénit de su poder. Él tenía gran confianza en sus súbditos macedonios y a la par su posición no estaba muy segura como se demostró más tarde cuando estos se levantaron contra él a instancias de su enemigo el rey Lisímaco, rey de Tracia. Por lo que Pirro y sus tropas tuvieron que evacuar el reino macedonio.

Mapa del año 280 a. de C., donde se ven los países de influencia Helenica, el reino epirota se ve al noroeste del mapa con fondo azul claro
Pirro ya había por entonces alcanzado la fama de reputado militar en toda Grecia, ¡y esto no era nada con las nuevas empresas que le esperaban!, no obstante, tuvo que sufrir en el año 284 a. de C. la pérdida del reino de Macedonia, pero el resto de sus posesiones las mantuvo.
Pasaron tres años y a Pirro se le presentó una oportunidad única de engrandecer sus dominios, y esta oportunidad pasaba por dirigirse a Italia.
La ciudad italiana de Tarento había prestado ayuda anteriormente a Pirro debido a un conflicto con la isla de Corfú, por lo tanto tenía una deuda de gratitud a esta ciudad, ahora los tarentinos eran los que le pedían ayuda a él, ¡y no iba a ser descortés con la propuesta!.
Pirro tenía en mente la creación de un imperio griego en el cual sus dominios abarcarían lo siguiente:
-Su reino de Epiro.
- La “Magna Grecia”, un conjunto de ciudades del sur de Italia pobladas por antiguas colonias griegas.
-La isla de Sicilia.
Como se ve, sus planes se iniciaban bien con la oferta de Tarento, ¡una buena escusa para ir metiendo la nariz!, aunque para disimular, se mostraría humilde y afirmaría que su intervención era temporal, ¡no convenía despertar sospechas!, ya que la cosa podía torcerse.
Italia era por entonces un avispero en el cual estaba emergiendo una potencia que con el tiempo sería famosa, ¡Roma!, desde el Lacio, sede del poder latino encarnado en la ciudad de Roma, esta había adoptado una política militarista y de expansión, ofreciendo a los pueblos circundantes su integración en su imperio, ¡ya de buen grado, ya por la fuerza!.
Por aquel entonces, Roma se hallaba enfrascada en una guerra de expansión con varios pueblos italianos, los cuales no se dejaban avasallar tan fácilmente. Entre algunos podemos citar a los pueblos galos, etruscos, daunios, lucanos, samnitas, brutios etc… . Pero si bien en el norte parecía que la cosa funcionaba bien, el sur no estaba sometido, y Roma puso sus ojos ahí, poco a poco fue avanzando hasta que chocó con el pueblo tarentino.

Guerreros campano,lucano y samnita. Aliados que en Italia lucharon al lado de los epirotas contra Roma
Roma ya había logrado entrar en la “Magna Grecia” apostando varias guarniciones en la región del Brucio. Ciudades como Rhegium y Locri, hastiadas por las incursiones del pueblo de los brutios, habían aceptado guarniciones romanas para protegerse.
Pero lo que fastidió a los habitantes de Tarento, es que los romanos apostaron una guarnición cerca de la ciudad de Thurii, cerca de ellos, ¡los tarentinos empezaban a sentir cerca el aliento de Roma!, a la par que ellos penetraban en el corazón de la “Magna Grecia”.
La situación estalló cuando los romanos, ¡a pesar de un tratado que tenían pactado con los tarentinos!, invadieron sus aguas jurisdiccionales con una pequeña flota de 10 navíos, la cual se dirigió a la ciudad de Thurii.
En un principio no parecía un acto hostil, y posiblemente ya que los romanos tenían una guarnición allí, posiblemente llevaran refuerzos, abastecimientos etc…, pero en Tarento el acto de entrar en su territorio, aunque sea marítimo, ¡no gustó nada!.
Inmediatamente aprestaron una flota de combate la cual se enfrentó a la flota romana, ¡la sorpresa romana fue total!, ya que no esperaban un acto hostil, y 4 embarcaciones romanas fueron hundidas junto con el apresamiento de una nave, también el comandante de la flota romana murió en la acción naval. Los tarentinos estaban furiosos contra los habitantes de Thurii, ya que habían aceptado una guarnición romana por los ataques que recibían del pueblo lucano, en vez de pedir ayuda a los propios tarentinos.
Estos últimos forman un pequeño ejército al mando del “estratego”(general al mando de las tropas. En algunos estados griegos, de manera anual, se elegía un hombre, el cual se encargaba de la estrategia militar durante ese año) tarentino Agis y marchan contra la ciudad, en la cual entran sin oposición expulsado pacíficamente a la guarnición romana y a la oligarquía de la ciudad favorable a ellos, ¡los tarentinos estaban satisfechos!.
Pero se había humillado a Roma, esta última no obstante, tenía demasiados frentes de combate abiertos, uno más no le beneficiaba, así que intentó pacíficamente (al menos de momento!) arreglar el tema del agravio sufrido.
Envían una delegación romana la cual exige satisfacciones y compensaciones por el agravio sufrido, la ciudad se ríe descaradamente en sus caras, uno de los espectadores que asistió a la visita romana llamado Filónides, ¡se meo en la toga de uno de los embajadores!, este muy enfadado enseñó la toga a los tarentinos, y al ver que estos se lo tomaban a guasa, dijo que la toga sería lavada con sangre. La embajada romana volvió a Roma, enseñando la toga al pueblo y senado romano, la respuesta romana fue fulminante movilizando fuerzas para dar una respuesta adecuada a la burla tarentina, mientras tanto se envió a la ciudad de Tarento al ejército del cónsul L. Emilio Barbula, el cual entonces estaba combatiendo a los samnitas en el centro de Italia, ¡no obstante!, los romanos no deseaban que el ejército romano.

Elefante epirota cargando contra los romanos
La inmovilización duradera de un ejército romano en la ciudad de Tarento, (el cual se había retirado de una zona conflictiva) podía hacer reactivarse la rebelión ante la ausencia de las tropas romanas, esto no gustaba al senado romano, el cual apremió a las fuerzas romanas a que ante la presión militar se su ejército, los tarentinos se aviniesen a satisfacer las demandas romanas rechazadas anteriormente.
La ciudad estaba dividida entre claudicar ante las demandas romanas y los que deseaban una guerra abierta con ella.
Al final se impuso el bando belicista, pero los tarentinos eran conscientes de que militarmente no tenían nada que hacer contra un ejército romano, ¡necesitaban ayuda!, todos estuvieron de acuerdo, belicistas y pacifistas en que necesitaban la ayuda de un genio militar que pudiera hacer frente a los romanos, y propusieron llamar a Pirro, rey de Epiro.
De momento firmaron alianzas con varios pueblos italianos en guerra con Roma, samnios, lucanos y mesapios, y luego enviaron una invitación a Pirro a intervenir en su ayuda. Para tentar que interviniera, le informaron de manera muy exagerada de que comandaría las fuerzas que ellos podían movilizar contra los romanos, un total de 20.000 jinetes y 150.000 infantes, Pirro prometió pensar en ello.
Aunque Pirro llevaba tres años gobernando en paz Epiro tras la desastrosa pérdida de Macedonia tres años atrás, se aburría mucho, además de rey era un aventurero militar, su prestigio como comandante se había fraguado en los campos de batalla y la inactividad le estaba pasando factura. La invitación tarentina le dio nuevo vigor, pero, ¡tenía que asegurarse de que no se lanzaba a un pozo sin fondo!.
En estas estaba cuando recibió una embajada tarentina para asegurarse de su participación. La situación tarentina era apurada con los romanos en su región, y las prisas por conseguir el apoyo de Pirro eran grandes.
Los tarentinos vinieron con sus aliados samnitas y lucanos para convencerle y darle el mando de todas las fuerzas militares en rebelión con Roma, esto unido a la presión de sus mandos y la ilusión de esta nueva empresa, hizo que Pirro acabara aceptando.
No hay duda de que a Pirro le engañaron sobre el número de fuerzas de que podían disponer los aliados tarentinos, incluso sumando a los de los posibles aliados que se sumarían a la revuelta, ¿creyó Pirro tales cifras?, posiblemente no, pero su inactividad le hacía prestar oídos a posibles aventuras militares que le sacaran del tedio en el que se encontraba.

Jinete tesalio, caballería como esta luchó al lado de Pirro
También hay que tener en cuenta de que a Pirro también le engañaron los aliados al describir a las fuerzas romanas como poco más que un montón de fuerzas bárbaras a las que fácilmente se les podía derrotar.
Hasta que Pirro en las vísperas de la batalla de Heraclea fue a espiar un campamento romano, no comprendió de que los tarentinos además de engañarle respecto a las fuerzas disponibles que tenían, también le habían engañado respecto a la disciplina de los romanos, porque viendo el campamento y la disciplina que reinaba en él, no parecían bárbaros, ¡ni mucho menos!, ¡pero Pirro no se arredró ante los obstáculos!.
Roma, fundada en el año 753 a. de C., había pasado por un periodo gobernado por reyes llamado monarquía. La debilidad durante esa época fue manifiesta a la par que las tribus que rodeaban Roma eran militarmente superiores a aquella.
En el 509 a. de C. instauraron la república, con la cual iniciaron un periodo de expansión por Italia, pero eso se haría más tarde, ya que aunque se habían asentado los cimientos de poderío posterior, aun seguía siendo una república débil.
El momento de debilidad máximo se debió de dar cuando luchando contra las tribus de los galos, fueron derrotados en la batalla de “Alia” en el 387 a. de C. y eso no es todo, ya que los galos saquearon Roma. Los romanos se recuperaron asombrosamente y tras una profunda reorganización militar procedieron a una expansión militar de sus fronteras. Avanzando primero por el centro peninsular y luego al norte hasta el río Po y al sur de Italia hasta la “Magna Grecia” lucharon contra todas las tribus italianas con las que se toparon, venciéndolas y luego admitiéndolas dentro de sus fronteras en una especie de “Confederación Itálica”. La disciplina y determinación del soldado romano fueron admirables y todas las tribus Galos, etruscos, samnitas, lucanos, campanios etc…, se sometieron uno a uno, ¡nadie resistía el poder de las legiones romanas!, las cuales estaban distribuidas en número de cuatro, su máximo jefe, (había dos cónsules elegidos anualmente) mandaban dos legiones cada uno.
A cada legión (formada por ciudadanos romanos) le correspondía una legión auxiliar (formada por confederados itálicos, los cuales en el futuro cuando dejaran la legión auxiliar se convertirían en ciudadanos romanos de pleno derecho, una interesante manera de asimilar y mantener fieles a tales fuerzas) esto sin contar las guarniciones que los romanos podían imponer en tal o cual ciudad.

Mapa de Epiro
Esto por supuesto (las cuatro legiones) era el mínimo que tenían los romanos siempre en armas. Si se producía un emergencia nacional, (caso de la invasión de Pirro) se podían reclutar más legiones para reforzar las tropas.
Ante la invasión de la fuerza epirota de la península italiana, los romanos inmediatamente pusieron en pie de guerra un ejército de 80.000 hombres, compuesto por 8 legiones completas con sus correspondientes legiones auxiliares y el refuerzo de otros elementos como jinetes, arqueros etc… .
Las tropas romanas se dividieron en cuatro ejércitos con sus respectivas misiones:
-El primer ejército al mando de Emilio Bárbula tenía como misión que samnitas y lucanos se unieran a Pirro.
-El segundo debía proteger la capital de Roma.
-El tercero al mando de Tiberio Corucanio se mando a luchar contra los etruscos para evitar que estos no firmaran ninguna alianza con algún representante de Pirro.
-El cuarto y último al mando de Levino, se dirigió a Lucania para castigar a este territorio que estaba en trance de pactar con Pirro y para tomar Tarento, este acto separaría las colonias griegas del sur de Italia con la región de los brucios.
Como ya relaté anteriormente, Pirro ya tenía en mente la creación de su propio reino con la “Magna Grecia”, Sicilia y su reino de Epiro, pero disfrazó su estancia en Italia diciendo a sus aliados que sería solo temporal, ¡para que no sospecharan!, luego si la campaña se efectuaba con éxito, ¡sería el momento de actuar!.
Pirro empezó con los preparativos bélicos inmediatamente, pero había que empezar con tacto. Su ejército era disciplinado y muy bueno, pero para una campaña militar de este calado no era suficiente, y había que tener en cuenta que sus vecinos podían aprovechar la ocasión para lanzarse contra su desprotegido reino.
Inició una intensa campaña diplomática para asegurarse de que no iba a ser atacado, ¡y lo consiguió!, ayudó que sus vecinos veían más que encantados la marcha de un personaje que les había dado más de un quebradero de cabeza. Hasta incluso algunos le dieron dinero o le facilitaron tropas para la campaña.
Macedonia, que hacía poco que se había independizado de Pirro era la mayor amenaza, pero este con mano diestra, logró que el rey Ptolomeo Ceraunos le diera a su hija por esposa y formalizara una alianza con él, como dote recibió el préstamo durante dos años de una valiosa fuerza compuesta por 1.000 soldados de infantería, 4.000 infantes falangistas, 4.000 jinetes de caballería y 50 elefantes.
Pirro también consiguió que Antígono Gonatas, rey de Antioquía, le prestara su flota para el cruce del ejército de Pirro a Italia, así como también una buena suma de dinero de Antíoco, rey seleúcida, si bien no le pudo prestar tropas por andar escaso de ellas. Soter I rey de Egipto, le prometió 9.000 soldados (posiblemente 5.000 infantes y 4.000 jinetes) y 20 elefantes.
También otros reinos vecinos, dieron tropas a Pirro, ya como fuerzas aliadas, ya como mercenarios, los cuales engrosaron las fuerzas de Pirro, tal es el caso de la caballería de Tesalia y los arqueros de Rodas (entre otras fuerzas).
¡Todo esto claro, se hacía en pro de la libertad de los griegos de la “Magna Grecia” como les argumentaba a los reyes Pirro!, pero fundamentalmente a estos reyes les atraía más que se alejara de Epiro el díscolo y molesto rey, ¡así que el esfuerzo merecía la pena!. También los ilirios y etolios firmaron acuerdos con Pirro para evitar actos hostiles en su ausencia.

Mapa de los enemigos y aliados del Epiro al sur de Italia
Pirro estuvo reclutando mercenarios por toda Grecia, muchos reyes o regentes griegos, temerosos de Pirro aceptaron que reclutara entre sus reinos, en particular destacaron los reclutamientos de jinetes de tesalia y arqueros de la isla de Rodas.
Mientras estas tropas se concentraban en el reino de Epiro, decidió enviar una avanzadilla para elevar la moral de sus aliados y para que se iniciaran los preparativos del desembarco.
El mejor diplomático que tenía Pirro, Cíneas junto con 3.000 hombres (posteriormente desembarcó un nuevo envío de refuerzos) fue a desembarcar a Tarento y a obtener de sus aliados navíos, los que poseía no eran suficientes dado el tamaño de la expedición.
Los navíos necesarios fueron conseguidos, y finalmente la flota marchó a Epiro para transportar a la fuerza expedicionaria. La flota embarcó a los hombres que Pirro había logrado reclutar, 20 elefantes (es posible que fueran 50 originarios, por lo tanto unos 30 se perdieron en la tempestad), 3.000 jinetes, 20.000 infantes, 2.000 arqueros y 500 honderos; y la expedición puso rumbo hacia el puerto italiano de Tarento.
Pirro dejó en Epiro como regente a su hijo Ptolomeo con un número suficiente de tropas para salvaguardar la integridad del reino, (apoyándose también en sus alianzas con los reinos vecinos) pero sus hijos Heleno y Alejandro le acompañaron en la aventura, no existen cifras sobre el número de fuerzas que dejó Pirro, pero no sería descabellado cifrarlas entre 10.000 y 12.000 hombres, aunque esto es especulativo.
Antes de llegar a Tarento se desencadenó una fuerte tormenta que dispersó a la armada, muchos navíos se dispersaron o se hundieron al estrellarse contra las costas italianas (por lo que parece que algunas fuerzas perecieron ahogadas, pero se tiene constancia de que perdiera muchas fuerzas, parece su número fue bajo, posiblemente algunos cientos de hombres).
Pirro cuando desembarcó en Tarento lo hizo con solo con unos pocos jinetes, menos de 2.000 infantes y 2 elefantes, ¡mal comienzo para Pirro!. Esto también debieron pensar los tarentinos que no le recibieron con mucha alegría, además los ánimos se habían enfriado en cuanto a el ánimo de enfrentarse a los romanos.
Pirro sondeó la situación y vio que su posición en la ciudad no era segura, además de la mala impresión que le causó tan frío recibimiento por parte de sus aliados tarentinos, ¡tantas molestias para esta expedición y ahora parecía que querían que se largara!.
Además Pirro pudo comprobar que de las fuerzas aliadas compuestas por 150.000 infantes y 20.000 jinetes, pues, ¡nada de nada!. Los tarentinos tenían una fuerza local que protegía la ciudad, pero aparte de eso, ¡nada!.

movimientos de ambos ejércitos en la batalla de Heraclea, lámina 1.
Las fuerzas aliadas itálicas de samnitas, lucanos etc… tampoco estaban presentes y es muy posible que en el futuro no lo estuvieran, si Pirro no hacía alguna demostración ante los romanos que les hiciera ver que valía la pena aliarse con Pirro.
Los tarentinos vivían en medio del lujo y esperaban que Pirro les sacara las castañas del fuego sin esforzarse en absoluto, ante tales engaños, Pirro decidió que les pondría firmes y aplicaría la disciplina necesaria en cuanto las tropas extraviadas llegaran a su destino, con el paso de los días, ¡poco a poco!, la mayoría de los expedicionarios extraviados se fueron congregando en la ciudad.
Cuando se consideró lo suficientemente fuerte, ¡dio un golpe de timón!, aplicando las medidas necesarias que él creyó oportunas ante el enfado de los habitantes y autoridades de Tarento, ¡si querían la libertad la conseguirían con el sudor de su frente!, el no les iba a hacer el trabajo sucio mientras ellos se rascaban la barriga alegremente, ¡aquí todo el mundo iba a trabajar!.
Empezó declarando el estado de guerra, se cerró los gimnasios y teatros y se prohibió pasear por la principal avenida de la ciudad, centro de discusión política local, negocios y disfrute personal.
La población en edad militar fue movilizada y empezó su entrenamiento para el combate, muchos reaccionaron de mala gana pero a Pirro eso le importó poco, algunos empezaron a huir de la ciudad, alcanzó la cifra de huidos, grandes proporciones y Pirro se vio obligado a cerrar las puertas de la ciudad ante tal desbandada.
Viendo que físicamente los tarentinos poco podían hacer, algunos desplegaron quejas ante Pirro para oponérsele, ¡al menos políticamente!, particularmente efectivo fue Milón, uno de los hombres representativos de la ciudad.
Pirro intentó atraérselo con buenas palabras y sobornos, pero viendo que la cosa no daba frutos, ¡no se anduvo por las ramas!, envió al molesto personaje a Epiro, más tarde por orden suya fue asesinado, la población no tuvo más que claudicar ante Pirro.
Los romanos tenían un ejército en la región de Tarento, pero decidieron trabar combate con el personaje antes de que las fuerzas samnitas y lucanas se unieran a él y pusieran a los romanos las cosas difíciles.
Se habían replegado a la región de Apulia cuando las fuerzas epirotas desembarcaron en Tarento, pero ahora se reclamaba una pronta acción contra Pirro.
El cónsul Lavinio decidió marchar al sur para forzar el combate con Pirro, pasando por el territorio de los lucanios, arrasó sin compasión el territorio con el que estaban en guerra y llegó a Heraclea donde se dio la batalla entre las fuerzas romanas y epirotas.

Movimientos de ambos ejércitos en la batalla de Heraclea lámina 2.
Pirro no podía esperar más la llegada de sus aliados samnitas y lucanos y confiaba en las fuerzas equilibradas de ambos contendientes quedaran inclinadas a su favor gracias a la disciplina de sus tropas en contrapunto a las que creía, fuerzas bárbaras romanas.
Las fuerzas se encontraron en la confluencia del río Aciris, pero fue primero Pirro el que llegó al río. Decidió primero echar un vistazo al campamento de los romanos, así que acompañado por una escolta de caballería cruzó el río y tras cabalgar un poco topó con el campamento romano.
Aquí se llevó una muy desagradable sorpresa, encontró un campamento en el que reinaba el orden y la disciplina, esto no era lo que él esperaba.
El enfrentamiento que él esperaba, era con una tribu bárbara, quizá, a modo análogo a las tribus aliadas con las que iba a aliarse, tipo samnitas, lucanos, brutios, etc…., esperaba verlos acampar desperdigados y con poco disciplina y lo que encontró, no era lo que esperaba.
Aquí quisiera hacer un pequeño inciso, Los romanos eran inteligentes en la manera de sacar rendimiento a las innovaciones del enemigo, son muy famosos los campamentos que los romanos construían cuando se asentaban o acampaban en un lugar determinado, pero pocos saben en que se basaron para su construcción.

Fronteras de Epiro
Pues se basó cuando los romanos vieron los campamentos de Pirro y su eficaz defensa, alejada de los campamentos romanos con vigilancia pero sin una eficaz defensa. Los romanos tomaron nota de todo e hicieron sus respectivas mejoras, pudieron construir los eficientes campamentos que hoy todos conocemos.
Sigamos con el relato, pirro retrocedió a su campamento, tenía que poner orden en sus pensamientos y planificar la batalla con una nueva perspectiva, ya que el ejército que se le podía oponer podía ser, ¡de una pasta diferente!, un ejército disciplinado, y no una banda de bárbaros salvajes.
Tomó las siguientes disposiciones: primero envió mensajes a las tribus samnitas, lucanas y brutias para que aceleraran su marcha a su posición, ya que podía necesitar su concurso ahora que la batalla era vista de manera diferente.
También ordenó que sus fuerzas se acercaran a río para ocupar todos sus vados y que los romanos no pudieran cruzar el río, confiaba en la posibilidad de que si no podían cruzar el río, al encontrarse ellos en territorio enemigo, tuvieran problemas de abastecimiento y tuvieran que retirarse, ganando un precioso tiempo, en la espera de la llegada de los ansiados refuerzos.
Pero los romanos no permanecían inactivos, su cónsul Levino, previendo también los problemas de abastecimiento, aceleró su marcha para llegar rápidamente al río. Pero los epirotas ocupaban los vados del río, y un intento de la infantería de cruzar el río, se saldó con un fracaso. Levino no se arredró y ordenó a la caballería que buscara otros puntos en los que poder cruzar el río, lejos de las posiciones epirotas, ¡y tuvieron éxito!.

Falange hoplita
Cruzaron por un punto y se dirigieron contra los epirotas que ocupaban los vados cargando atacándoles de flanco y poniéndoles en fuga, acto seguido la infantería romana empezó a cruzar el río.
Cuando Pirro se enteró del hecho reunió apresuradamente una fuerza de caballería compuesta por 3.000 jinetes y con él al frente marchó al río para intentar que los romanos no cruzaran, ¡si lo hacían la cosa podía ponerse fea!.
Cuando llegó vio que los romanos estaban cruzando el río, no tuvo casi tiempo de pensar, había que impedir a toda costa que los romanos cruzasen, ¡poniendo toda la carne en el asador!, Pirro cargó al frente con sus hombres. Pirro luchó con un derroche de valor sin igual, pero los romanos habían cruzado ya muchos efectivos, y no pudo evitar lo inevitable, y tuvo que retirarse.
No se podía beneficiar de los refuerzos aliados, pero no tuvo más remedio que aceptar la tan inevitable batalla y los dos ejércitos se desplegaron para el combate en ese año del 280 a. de C. que se llamó la batalla de Heraclea. El número de efectivos debe ser acogido con precaución, ya que según he comprobado, se dan varias cifras, yo voy a poner unas cifras, pero tampoco puedo asegurar al 100 % que sean las reales, y casi puedo decir que nadie podría. Antes de darlas también comentar que el resto de cifras que publique, ¡también se deben de coger con pinzas!.
*Ejército epirota:
-3.000 hispapistas bajo el mando de Milon.
-20000 falangistas Epirotas (molosos, tesprocios, caonios, ambraciotas) incluyendo 5000 soldados macedonios dados por Ptolomeo.
-Mercenarios etolios, acamamos y atamanios de Grecia y también itálicos.
-6.000 Tarentinos hoplitas o "escudos blancos", tal como se autodeniminaban.
-4000 jinetes, entre ellos el Tesalianos y macedonios y 1000 jinetes Tarentinos.
-2.000 arqueros.
-500 honderos de Rodas.
-20 elefantes de guerra con soldados en sus torres.
"Magna Grecia", aquí se desarrollaron algunos de los combates entre epirotas y romanos
*Ejército romano:
-20.000 legionarios romanos, en cuatro legiones.
-16.800 aliados auxiliares, en cuatro legiones.
-2.400 hombres de infantería ligera, Brutianos y campanos.
-1.200 jinetes romanos.
-3.600 jinetes aliados.
-1.200 jinetes italianos aliados del sur de Italia, posiblemente originarios de la “Magna Grecia”.
Todos pertenecientes a las tribus de los latinos, campamos, volseos, sabinos, umbríos, marracinos y pelignios.
Según parece la superioridad estaba del lado de los romanos, los cuales oponían una fuerza de 45.000 hombres, mientras que las fuerzas de Pirro rondaban los 35.000 hombres.
Pero hasta entonces los romanos se habían enfrentado a fuerzas bárbaras indisciplinadas imponiendo contra ellos la disciplina y sobriedad de su ejército; pero nunca se habían enfrentado a una fuerza muy similar a la de ellos, un ejército profesional y disciplinado al mando de un táctico consumado como Pirro, ¡la batalla entre la falange griega y la legión romana estaba servida!.
Fue una lucha encarnizada, y al principio la lucha era equilibrada sin que se decantase por ninguno de los dos bandos, en cierto momento, un jinete “ferentano” del bando romano (el cual estaba al mando de la caballería auxiliar romana) llamado Oplaco, estaba efectuando un reconocimiento en el campo de batalla para descubrir al rey Pirro e intentar darle muerte, ¡semejante acto heroico podía devenirle una gran recompensa!, quiso la fortuna que diera con el rey y cargó con valor hacia su codiciada presa.
Desgraciadamente para él, para la guardia de Pirro formada por la élite del ejército epirota, no pasó desapercibida los movimientos del jinete romano, no obstante, cuando el romano vio su oportunidad cargó como un rayo contra Pirro sin que su guardia pudiera reaccionar a tiempo.

Aunque esta lámina pertenece a los elefantes de Aníbal cargando contra los romanos, una escena similar podría atribuirse a los elefantes de Pirro cargando contra los romanos
Pero el jinete no consiguió su objetivo, ya que la lanza que lanzó a Pirro fue a parar a su caballo, acabando Pirro por los suelos. Uno de sus oficiales reaccionó con presteza y a su vez lanzó una lanza al caballo del romano haciendo que acabara como Pirro por los suelos, el jinete fue muerto enseguida por la guardia del rey.
Pirro había visto lo que podía ocurrirle si seguía ostentando su uniforme real, así que tomó la precaución de hacer que se lo pusiera uno de sus oficiales llamado Megacles, la idea fue inteligente, ya que más tarde este oficial fue muerto en combate por un tal Dexio, el cual le quitó el casco y el manto y lo llevó al comandante romano llamado Levino.
Pero esto hizo que el rumor de su muerte se propagara por el ejército de Epiro, empezó a cundir el desánimo y la batalla podía peligrar en contra del bando epirota.
Pirro reaccionó con rapidez. Tubo que exponerse al peligro recorriendo sin su casco de combate para que la tropa le viera todo la línea del ejército epirota, animando sin cesar a sus soldados y haciéndoles ver que estaba muy vivo. Levino viendo flaquear al adversario, quiso aprovechar la oportunidad haciendo una carga de caballería (la cual estaba en reserva) por el flanco enemigo, ¡esto podía darle la victoria final!. Pero Pirro supo contrarrestar el movimiento del romano contraatacando con sus elefantes (los cuales aguardaban en segunda línea, su oportunidad de entrar en combate). Los caballos romanos viendo los elefantes, a los cuales no habían visto en su vida y asustados por el fuerte olor que despedían (olor desconocido para los caballos romanos, pero no para los caballos epirotas, los cuales estaban acostumbrados, tanto a su presencia, como a su olor) reaccionaron con descontrol huyendo del campo de batalla sin que los jinetes les pudieran dominar.
Acto seguido, Pirro lanzó los elefantes contra la línea romano junto con la caballería de Tesalia. La presión fue terrible para la línea romana, la cual empezó a ceder y más tarde retirarse (pero en buen orden, no presa del pánico). Los legionarios sufrieron con horror un ataque para el cual no había previsión alguna, los elefantes destrozaban con sus pisadas a los legionarios y eran atravesados por sus colmillos de marfil, a la par que los soldados que había apostados encima de los elefantes lanzaban una lluvia de lanzas y flechas sobre los romanos.
La retirada romana fue atenuada por un valiente legionario que en una audaz acción, cortó con su espada una de las trompas de un elefante, el cual con sus alaridos de dolor sembró el nerviosismo en el resto de sus congéneres, Pirro para evitar que este acto pudiera degenerar en algo peor, decidió dar por finalizado el hostigamiento a la retirada romana.

Líderes de países vecinos con Pirro, que le proporcionaron contingentes o ayuda material contra Roma.
Los epirotas procedieron a saquear el campamento romano haciéndose con un abundante botín, poco después los aliados a los que se echaba enormemente en falta llegaron al campo de batalla.
Esto irritó profundamente a Pirro, ¿habían estado agazapados esperando quien iba a ser el vencedor del combate y ahora aparecían por casualidad?, ¡de buena gana les habría mandado al infierno!, pero dado que el futuro se mostraba incierto, no podía dejar de contar con su concurso, incluso se mostró magnánimo compartiendo con ellos el fruto del saqueo.
Las bajas habían sido escalofriantes, pero aquí contamos con cifras diferentes, según Dionisio de Halicarnaso, las bajas habían sido de 13.000 para los epirotas y 15.000 para los romanos., para Jerónimo de Cardia eran de 4.000 bajas epirotas y 7.000 romanas. ¿Á quién hacer caso?, yo razono que las primeras cifras podían ser ciertas en base a que en esta batalla, Pirro pronunció su célebre frase "otra victoria como ésta y estamos perdidos" o según otros autores "otra victoria como esta, y volveré solo al Epiro". Con un ejército de unos 30.000 hombres, pronunciar esta frase con 4.000 bajas carece de sentido, ¿no creen?, en cambio con 13.000 bajas existen motivos de sobra, ya que otra victoria con estas bajas habría hecho que sus tropas quedaran reducidas a unos 10.000 hombres.
Hecho más que comprensible que le hiciera exclamar la célebre cita “otra victoria como esta y estamos perdidos”, y que a la par, se convirtiera también en un derivado la palabra “victoria pírrica”, una victoria que se salda con tantas bajas que casi parece una derrota. Pirro recorrió el campo de batalla y lo que encontró le alarmó, muchos de los soldados romanos,¡ incluso en la retirada!, habían muerto de frente, no en la azorada retirada, lo cual daba muestra de que eran unos valerosos soldados.
Esto unido al campamento romano que vio, en el que el orden era algo imperante le hizo ver que estos hombres no eran unas desarrapados bárbaros como él pensaba, se dolía por haber infravalorado al adversario y pensó que era imperante negociar la paz con un pueblo de ese calibre. También tenía que recomponer sus filas de este combate, en el que una buena porción de sus tropas de élite había perecido en acción, algo de lo que él se lamentaba profundamente y de lo que sería muy difícil reponer. También esperaba que los romanos estuvieran abrumados con sus bajas y se plegaran a negociar.

Imagen de Pirro
Los romanos reaccionaron de inmediato, movilizaron nuevas fuerzas e intentaron que la guerra que sostenían en la región de Etruria, al norte de Roma, se finalizara cuanto antes, para poder disponer del ejército romano que se hallaba combatiendo allí al mando del cónsul Tiberio Coruncanio.
Mientras las fuerzas derrotadas se replegaron a una localidad fortificada de Lucania y procedieron a restablecer el orden y atender a los heridos. Cuando recuperaron sus fuerzas, las tropas del cónsul Levino vigilaron y hostigaron cuando pudieron a las tropas de Pirro. La derrota romana produjo algunas desafecciones en el bando romano, por ejemplo la localidad de Locrii en la región de Bruttium expulsó a la guarnición de romana y se pasó al bando de Pirro, en Apulia y Piceno, diversas localidades también se pasaron al bando epirota.
Pirro no veía futuro el seguir enfrentándose con Roma, a la cual temía como un durísimo adversario, así que, aprovechando el “impasse” que se había producido en la guerra, decidió envía a Roma a Cineas, su mejor diplomático. Este marchó a Roma a negociar la paz. Cíneas astutamente, marchó con una buena provisión de regalos y dinero para poder sobornar a las clases dirigentes y conseguir un acuerdo favorable a los intereses de Pirro.
Y puso en práctica el plan, primero hizo su presentación formal en el senado romano, luego se entrevistó con las familias patricias romanas, con especial atención a las mujeres, a las que regaló joyas y dinero para que influyeran en sus hombres. Parece que tuvo éxito, y cierto número de familias romanas le concedieron su apoyo, con este apoyo se aseguraba cierto éxito el su próximo plan, convencer al senado de firmar la paz, marchó al senado y dio un discurso sumamente efectivo en el que pedía una solución de compromiso. Que los romanos se mantuvieran alejados de la Magna Grecia. Cíneas se apoyaba en su buena oratoria y en los sobornos a las familias patricias junto con la generosidad de Pirro al liberar a los prisioneros romanos sin contraprestaciones. Los romanos estuvieron varios días deliberando, pero todo hacía presagiar que iba a acabar con un éxito para Cíneas, ¡es estas estábamos!, cuando hizo acto de presencia el senador Apio Claudio Ceco, estaba ciego y era anciano, además de estar débil de salud, pero tenía un vigor extraordinario, el cual desplegó en la oratoria al senado.
Apoyándose a demás en el enorme ascendiente que tenía sobre el senado romano, les hizo ver que tenían que seguir la guerra a cualquier precio, y que no tenían por qué asustarse del poder de Pirro, si este quería negociar, lo tendría que hacer evacuando previamente sus tropas de la península italiana. El discurso produjo su efecto, y cambiaron de opinión, decidiendo continuar la guerra con Pirro, ¡a toda costa!.

Mapa del centro de Italia, donde se representa los diversos combates que hubo entre epirotas y romanos
Cíneas se le dio ese mismo día orden de marcharse de Roma antes del anochecer. El mismo Cíneas advirtió a Pirro la forma rara de gobernar del senado romano, ¡parecía que cada senador era un rey!. Pirro marchó al norte entrando por las regiones de Campania y el Lacio con el objetivo de conquistar la importante ciudad de Capua, pero los romanos previendo el objetivo lo guarnecieron fuertemente y cuando llegó a la ciudad y someterla a un reconocimiento se dio cuenta que su conquista exigiría enormes esfuerzos que no podía permitirse.
Marchó al sur con el objetivo de entrar en Neapolis (Nápoles), pero sus ataques se saldaron en fracaso ante la obstinación de la ciudad, nuevamente Pirro volvió a marchar rumbo al norte con el objetivo audaz de dirigirse contra Roma, en su marcha la región del Lacio sufrió un devastador saqueo por parte de la fuerzas epirotas haciéndose en estas con un jugoso botín.
Esto dañó el prestigio de Pirro en la región, pero él calculó que aquí no podía encontrar aliado alguno, así que respetarlos, no daría beneficio alguno, solo moral, por lo tanto decidió aprovecharse de sus riquezas.
Pirro llegó a Preneste, ciudad a unos 30 Km. de Roma, la cual tomó y saqueó, ya estaba carca de la capital y solo faltaba que iniciara el asalto. Pero se enteró de que en la ciudad habían hecho unos intensos preparativos para la defensa. ¡Para colmo de males!, el cónsul Tiberio había firmado la paz con los etruscos, y tenía a su ejército libre para dirigirse contra Pirro, este sondeó la situación y vio que no pintaba bien. Si se dedicaba a intentar tomar Roma al asalto es probable que fracasara, dadas las murallas de que disponía y de los preparativos defensivos que había desarrollado.
Por otro lado, asediar a Roma y debilitar sus defensas para luego asaltarla, llevaría tiempo, y eso era precisamente lo que los cónsules Tiberio desde el norte y Levino desde el sur no le darían, podían atraparle en una tenaza, todo esto en territorio enemigo, Pirro juzgó que era insensata y peligrosa tamaña empresa y decidió retirar al sur, a sus bases de la Magna Grecia. Al pasar por la Campania, se topó con el ejército del cónsul Livino, ambos bandos formaron para el combate, pero este no se desarrolló por un suceso curioso.
Para asustar al enemigo y para dar ánimo a sus hombres, procedió Pirro a que sus hombres tocaran las trompetas muy fuertes, y a ordenar a sus hombres a que gritaran a voz en grito. El caso es que los romanos respondieron con igual contundencia, y a las tropas de Pirro les entró cierto temor, esto lo percibió Pirro, y excusándose en unos malos augurios, eludió el combate y prosiguió su retirada al sur.

Distribución de las tropas en la batalla de Benebentum
Los romanos prefirieron dejar marchar a Pirro, había sido un año muy duro y había que recomponer las filas y prepararse para la próxima campaña que sería muy dura, ambos bandos volvieron a sus cuarteles de invierno a descansar para tomar fuerzas cuando llegara la primavera.
Nuevamente este era un momento de dejar paso a la diplomacia, Pirro y un diplomático romano llamado Cayo Fabricio se entrevistaron en Tarento para negociar el rescate de los rehenes romanos, Pirro se dio cuenta de que ese hombre era muy inteligente, y procedió a ofrecerle toda clase de sobornos y prebendas para que se pasara a su bando, pero Fabricio era insobornable.
Se cuenta la anécdota de que una vez Pirro hizo llevar un elefante a espaldas de Fabricio con la intención de que el animal bramara a sus espaldas y le diera un buen susto, pero Pirro quedó muy impresionado porque Fabricio no movió un músculo ante el bramido del animal.
De las numerosas reuniones entre los dos hombres, se sacaron dos cosas, una que los prisioneros romanos fueron puestos en libertad sin condiciones, y otra de que Pirro intentaría a toda costa llegar a un acuerdo negociado con los romanos, ya que seguir con la guerra le parecía que tarde o temprano provocaría su derrota.
Fabricio y Pirro a través de estas entrevistas se profesaron mutua simpatía, prueba de ello es que Fabricio había puesto en conocimiento de Pirro, (meses más tarde de las negociaciones) que su médico personal Nicías, se había puesto en contacto con los romanos, a los que les ofreció a cambio de una suma elevada de dinero, envenenar a Pirro, gracias a esto Pirro pudo salvar la vida y castigar al desleal médico. Aunque las negociaciones habían fracasado, ¡los romanos no eran desagradecidos!, ante el gesto magnánimo de Pirro de liberar sus prisioneros, los romanos correspondieron de igual manera, liberando a un número de samnitas y tarentinos prisioneros, igual al de los romanos liberados por Pirro, ¡ya no había y mas hablar y las armas volverían a tomar protagonismo en cuanto pasara el invierno!.
Cuando la primavera hizo acto de presencia, las tropas romanas al mando de Publio Decio Mus marcharon al sur de Italia y se toparon con el ejército de Pirro a 130 km. al norte de Tarento, ambos ejércitos se aprestaron para la batalla en un nuevo encuentro entre las falanges macedonias y las legiones romanas, era el año 279 a. de C. y a este encuentro se conoció como la batalla de Asculum.

Mapa de Sicilia
El despliegue de los dos ejércitos enfrentados fue el siguiente.
Ejército epirota:
De izquierda a derecha.
-En el flanco izquierdo se estableció caballería, 3.500 jinetes procedentes de Ambracia, Lucania, Tarento complementados con mercenarios griegos, etolios, acarnanios, macedonios y atamanios.
-Les siguieron 20.000 infantes samnitas.
-2.000 infantes etolios, acarnanios, atamanios y alamanios.
- 6.000 infantes tesprotos, caones y molosos de Epiro.
- 10.000 infantes brutios, lucanos y salentinos.
- Para finalizar, la Falange, (infantería pesada) donde estaba lo mejor de las fuerzas terrestres de Pirro, 19.500 hoplitas de Tarento, Ambracia, Macedonia e italiotas.
-Cerrando el flanco derecho estaba apostada caballería, 3.500 jinetes brutios, samnitas, tesalios y mercenarios tarentinos.
Apostados en retaguardia, estaba la élite de las fuerzas de Pirro, en ambos flancos había infantería ligera con los muy preciados elefantes, con 2.500 hombres en cada extremo. En el centro estaba establecida la guardia montada de Pirro con él al frente, con unos efectivos de 2.000 jinetes.
En total, los efectivos del ejército epirota se podían cifrar en unos 71.500 hombres.
El ejército romano:
-Los romanos desplegaron 4 legiones, infantería pesada, con unos efectivos de 20.000 legionarios romanos.
- los aliados latinos, fuerzas de infantería ligera, se colocaron entre las legiones romanas, más de 40.000 efectivos totalizaban estas fuerzas.
- 8.000 jinetes cubrían los flancos del ejército con 4.000 hombres a cada lado.
- En retaguardia quedaban dando cobertura a la infantería atacante los honderos, arqueros etc.., y más atrás 300 carromatos, armados con largas picas para herir a los elefantes epirotas, cuando estos intentaran atacar a la infantería romana.
En total los efectivos romanos podían cifrarse en unos 70.000 hombres, por lo que se puede dilucidar que los efectivos entre ambos contendientes eran muy parejos.
La primera legión se desplegó frente a la falange de Ambracia y Macedonia; la segunda frente a mercenarios griegos y samnitas; la tercera contra tarentinos, brutios y lucanos; finalizando la cuarta frente a la infantería epirota.
La batalla se desarrolló tras cruzar las tropas romanas un río cercano; tras el despliegue del ejército, los romanos se lanzaron contra los epirotas en un choche de derivaría quien tenía la hegemonía en la península italiana. Durante horas infantería y caballería lucharon de poder a poder, fluctuando la marea a favor de uno u otro bando, pero sin poder romper ninguno las líneas del oponente. La caballería epirota llevaba la ventaja respecto a la de su oponente, ya que los epirotas se acercaban al enemigo, golpeaban y se retiraban para más tarde volver hacer lo mismo. La caballería romana se encontraba incómoda peleando el enemigo de esta manera, ya que estaban acostumbrados a pelear como la caballería itálica de los pueblos de la península italiana; es decir, la caballería se acercaba al enemigo y luego desmontaban para pelear a pie (algo parecido a infantería montada).

Primer esquema de la batalla de Asculum
Pero la caballería de Epiro era más técnica, ya que sus cuadros aprendieron las técnicas de Alejandro Magno y su padre Filipo, ambos reyes macedonios sabían que la caballería lo era todo para dar el golpe de gracia en una batalla; y Pirro era de la misma opinión, teniendo entre sus filas unos jinetes de primera que maniobraban con gran habilidad y técnica frente a unos romanos bastante torpes al respecto, pero no carentes de valentía.
La habilidad de hostigamiento de la caballería ligera epirota junto con el poder de penetración de la caballería pesada, podía dar a los romanos un susto si bajaban la guardia. Los primeros síntomas de agrietamiento en las filas de ambos contendientes se dieron primero en las filas del flanco derecho romano, donde estaba apostada la primera legión romana junto con sus aliados itálicos; los macedonios empezaron a abrir brecha en las filas romanas y estos iniciaron un lento repliegue. Pero por el contrario, en el centro epirota, empezó a suceder lo mismo, pero en contra de los intereses de Pirro. La segunda legión romana empezó a hacer retroceder a la infantería de Epiro, abriendo una grieta en el centro del despliegue epirota.
Pirro vio con horror como en centro empezaba derrumbarse, si esto sucedía, podía dar por perdida la batalla. En consecuencia, había que poner en marcha la reserva táctica, sus preciados elefantes. Efectivamente, los elefantes fueron enviados para taponar la brecha que la segunda legión había abierto en centro del dispositivo epirota. En un principio cumplieron bien su misión; los elefantes fueron utilizados como los modernos tanques contra la infantería, estos se lanzaron contra las apretadas líneas romanas sembrado el pánico con sus colmillos, hiriendo a diestro y siniestro y aplastando con sus patas a los romanos que valientemente se les ponían por delante; esto sin contar con los soldados epirotas apostados en los lomos de los elefantes, los cuales lanzaban sin cesar flechas y lanzas contra los romanos.
Pero aquí los romanos aprovecharon para poner en marcha su arma secreta contra los elefantes, ¡sus carromatos!. Estos avanzaron hasta los elefantes, los cuales detuvieron su marcha, asustados por las picas que salían de los enormes armatostes, las cuales amenazaban con herirles. Los romanos veían con satisfacción como su arma secreta había surtido efecto, los elefantes se habían detenido ante el despliegue de sus carromatos. Pero los romanos subestimaron a los epirotas, ya que preveían que estos no reaccionarían, ¡y esto no ocurrió así!.
Los epirotas evaluaron la situación y decidieron que los elefantes se acercarían a los carromatos romanos pero a una distancia prudente que no pusiera en peligro a los elefantes. Luego la infantería apostada en los elefantes empezó a lanzar de todo a las tripulaciones que manejaban los carromatos, para dejar inermes a las máquinas. Los epirotas con gran tino empezaron a herir a sus oponentes, y las máquinas dejaron de maniobrar o se manejaron torpemente por las bajas que sufrían sus tripulaciones. La infantería ligera epirota que acompañaba a los elefantes empezó a infiltrarse entre los carromatos hiriendo a los bueyes que trasportaban las máquinas pesadas. Los carromatos romanos empezaron uno tras otro a dejar de funcionar, una máquina parada era un blanco fácil para la infantería epirota. En consecuencia, el pánico empezó a cundir entre las tripulaciones de los carromatos romanos y estos pronto empezaron a abandonar las máquinas para replegarse a las líneas romanas. Con esto los romanos perdían un arma que aunque torpe, en un principio había funcionado bien, pero su lentitud fue aprovechara por los epirotas para buscar un punto flaco y efectivamente, ¡hallarlo!.
Sin embargo, no habían acabado las dificultades para Pirro, aunque se había conjurado el peligro por el centro, más al este del dispositivo epirota, donde combatían los lucanos, brutios y tarentinos, la tercera y cuarta legiones abrían una brecha de grandes proporciones.

Segundo esquema de la batalla de Asculum
Efectivamente, mientras que en anterior combate los epirotas habían retrocedido lentamente hasta la llegada de los elefantes, en este los aliados de los epirotas eran derrotados y puestos en fuga por los legionarios, cuyos componentes irrumpieron en masa en la brecha enemiga inundándolo con sus efectivos.
Pirro vio con gran horror que el frente se había toro por ese lado y que la derrota era inminente. Un general cualquiera habría ordenado el repliegue salvando lo posible, pero Pirro estaba hecho de otra pasta. Decidió jugarse el todo por el todo poniendo toda la carne en el asador. Utilizó parte de su guardia montada con caballería del flaco derecho más infantería ligera y elefantes también apostados en ese flanco derecho. Marchando al centro- derecha de su ejército, donde los romanos habían irrumpido como una marea; acudía a marchas forzadas para taponar en lo posible la brecha causada por el enemigo.
Cuando estaba a punto de llegar Pirro se encontró con un jinete que le comunicó un suceso que podría decirse que era , ¡el colmo de los colmos!. Los romanos estaban a su retaguardia saqueando su campamento. ¡Efectivamente!, una unidad romana formada por los “Arpii”, procedentes de Apulia y compuesta por 5.000 hombres acudía al campo de batalla para ponerse a las órdenes de los romanos en la batalla que se iba a entablar con los epirotas. Cuando estos llegaron a las inmediaciones de la batalla, estos vieron que esta estaba en su cénit; con las unidades mezcladas no sabiendo quien es quien y una polvareda que no dejaba ver bien donde estaban las unidades romanas, juzgaron no meterse en medio, esperando a una prudente retaguardia que finalizara la misma, para saber entonces a qué atenerse.
Los arpinos se habían situado sin saberlo en las cercanías retaguardia del campamento de Pirro. Estos avistaron el campamento, y optaron con cautela a acercarse a una prudente distancia y capturar a unos griegos que estaban en las cercanías recogiendo leña. Les preguntaron quienes eran y les informaron que pertenecían al campamento de Pirro; posiblemente también les informaron que las fuerzas en su interior no eran más que de unos destacamentos de vigilancia, ¡nada que oponerse a los 5.000 arpinos!. En consecuencia, aunque no intervendrían, se llevarían un jugoso botín con el saqueo del campamento epirota. ¡Efectivamente!, los arpinos cayeron encima del campamento epirota atacando en todas direcciones y saltando por las empalizadas del campamento he inundando el mismo acabando con todos los que se les oponían; los defensores tuvieron la rapidez de reflejos suficiente, para enviar un jinete para que avisara a Pirro de lo sucedido y acudiera con refuerzos. Pirro avisado, decidió mandar sus fuerzas para dirigirse al campamento para proteger su preciada base de retaguardia. A lo lejos divisó humo en el campamento, señal de que estaba siendo saqueado. Pirro juzgó magistralmente con gran rapidez la cuestión.
Estaba muy lejos del campamento, al llegar no habría podido impedir el saqueo; por el contrario tenía entre manos otra cuestión, el centro de sus líneas se había desbordado, si se perdía la batalla, la posible salvación del campamento no podría resultarle de ninguna utilidad, en consecuencia, decidió abandonar a su suerte el campamento y marchar corriendo al centro del dispositivo de su ejército. Cuando llegó la cosa si bien era grave, no era aún muy crítica. El enemigo había irrumpido en el centro del ejército epirota; pero llegó muy a tiempo para evitar que estos maniobraran para atacar a sus unidades por la retaguardia de sus flancos, lo cual esto sí, habría provocado su derrota segura.
La visión por parte de los romanos de que unidades epirotas se lanzaban de frente contra ellos obligó a las unidades romanas a detener su avance y a apostarse en una loma cercana. La tercera y parte de la cuarta legión se vieron de pronto de lanzarse victoriosas irrumpiendo en el centro del dispositivo enemigo a quedar cercadas en una loma por unidades epirotas surgidas de retaguardia.

Tercer esquema de la batalla de Asculum
Pirro no podía desalojar a sus enemigos de la elevación; la caballería y los elefantes no podían maniobrar en esas elevaciones. La loma puede decirse que salvó de su destrucción a las unidades romanas. Pero Pirro no se mostró inactivo contra sus contrincantes; reforzó el cerco con tropas sacadas de su flanco izquierdo, en particular caballería atamana e infantería samnita.
En el resto del frente las cosas permanecían equilibradas, solo en el centro del despliegue, la acción era mucho mayor. Pirro optó por hostigar a los romanos de la loma, enviando a arqueros, jabalineros y honderos; los cuales lanzaron una lluvia de proyectiles que si bien causó muchas bajas a los defensores, no hizo que estos se rindieran, aguantando impávidamente el acoso epirota.
Los romanos sabedores del cerco de su tercera y cuarta legión reunieron caballería para romper el cerco enemigo, pero fue en vano. La presencia de los elefantes en el cerco imposibilitaba que estos se acercaran, ya que si no estaban acostumbrados a olor de elefantes, los caballos se encabritaban y perdían el control, cosa que pasó ahora.
El combate finalizó con la llegada de la noche, el resto de la tarde no varió nada, conservando los oponentes sus posiciones. Con la llegada de la noche, los epirotas retrocedieron a su campamento y los romanos bajaron de la loma retirándose a sus líneas. La batalla había oscilado unas veces a favor de Pirro y otras a favor de los romanos. Con el envolvimiento de la tercera y cuarta legiones romanas, Pirro se podía en líneas generales apuntarse la victoria táctica, si bien por un estrecho margen.
Los epirotas pasaron una noche horrible; ¡efectivamente!, su campamento había sido saqueado a conciencia y cuando volvieron fatigados de la batalla se encontraron que no había víveres, ya que los arpianos habían arramblado con todo. Las medicinas habían desaparecido, en consecuencia, muchos heridos sucumbieron por no poder prestárseles una atención médica adecuada; sin contar con que tuvieron que acampar al raso, en una fría noche, ya que las tiendas para protegerse del frío también habían sido robadas. ¡Los arpinos habían efectuado una buena labor de saqueo!, a la par que efectuada con comodidad, ya que nadie les importunó.
Al día siguiente Pirro efectuó una prudente retirada a las líneas amigas, ¡más no podía hacer!. Juzgó que moralmente había vencido (o se auto-convenció) y más no se podía hacer. La batalla le había costado un gran número de bajas entre sus valiosas tropas griegas, ¡sus mejores unidades!.
El ejército había pasado una mala noche en un campamento desprovisto de todo, lanzarlo al combate al día siguiente probablemente habría sido un suicidio, por lo que optó por una prudente retirada. Los romanos acudieron al campo de batalla al día siguiente para enfrentarse a los epirotas, pero encontraron con que el enemigo había evacuado la posición, por lo que juzgaron que eran los vencedores, ya que el enemigo había abandonado el campo de batalla.
Pirro se alzaba con otra victoria sobre las armas romanas, pero nuevamente Pirro, no tenía motivos de felicidad, había infringido a los romanos 6.000 bajas, por 3.500 de Pirro, pero nuevamente como en la anterior batalla, una buena parte de ellas se había llevado una parte de sus tropas veteranas, oficiales veteranos incluidos, ¡otra victoria amarga!.
Personalmente pienso que las cifras están dadas a la baja, siempre se á dicho que las pérdidas de las batallas de Heraclea y Asculum fueron sangrientas y se saldaron ambas con grandes pérdidas para Pirro, de ahí el dicho de “victorias pírricas”. Tener 3.500 bajas entre 40.000 hombres, no me parece catastrófico, ¡no sé, es mi parecer!. Pero Dionisio de Halicarnaso dice que ambos bandos sufrieron 15.000 bajas, entre las fuerzas de Pirro había un buen número de sus mejores fuerzas, lo cual concordaría razonablemente con la exclamación de Pirro, ¡Otra victoria como esta y estamos perdidos!, pero vuelvo a repetir, ¡esto es un razonamiento personal!.

Cuarto y último esquema de la batalla de Asculum
La verdad es que en esta batalla Pirro intentó variar un poco la táctica, intentando en la medida de lo posible guardar sus unidades de élite en retaguardia, parece que en el centro formaron sus peores tropas y en las alas las mejores y en reserva lo mejor de lo mejor que tenía, “sus elefantes, la caballería y su guardia personal”.
Pero parece que la táctica le funcionó a medias, ya que sus mejores fuerzas a la postre tuvieron que empeñarse en la dura batalla para evitar el desastre y lograr la victoria, ¡eso sí, victoria con un estrecho margen!, y al precio de grandes pérdidas en sus mejores tropas.
Pirro consciente de que la situación no podía seguir así, aprovechó la victoria para proponer a los romanos una paz favorable que no fuera dura para los intereses romanos. Pero fue inútil, ¡no le escucharon!, oscamente aceptaron las bajas y prosiguieron la lucha. Solo habría una paz posible en cuanto las tropas de Pirro abandonaran el suelo de Italia. Roma no perdió el tiempo, firmaron una alianza con Cartago en contra de Pirro, esto enfureció a las ciudades de la Magna Grecia, ya que tenían fundadas esperanzas de firmar un acuerdo con Cartago en contra de Roma, y ahora se encontraban con que tenían por enemigos a ambas potencias.

Así pudo ser un combate entre un romano y un epirota
Poco a poco Pirro empezó a perder apoyos en las ciudades griegas de Italia, así que tras permanecer cierto tiempo, decidió marcharse en el 278 a. de C. de Italia a una nueva aventura, ¡Sicilia!.
La isla de Sicilia también formaba parte del entramado del que Pirro soñaba alguna vez gobernar, esta isla así como la Magna Grecia, también poseía habitantes descendientes de griegos asentados hace muchos años. Los habitantes de la isla llamaron a Pirro porque la potencia llamada Cartago, había puesto sus ojos en la isla hace mucho tiempo, y había decidido apoderarse de la isla.
Al principio los habitantes greco-sicilianos habían aguantado la embestida, pero últimamente los progresos cartagineses habían sido alarmantes. Los cartagineses, que antes solo poseían el extremo occidental de la isla, habían pasado a la ofensiva desde el año 289 a. de C., la situación era grave, porque ahora los cartagineses contaban en la isla con la ayuda de los mamertinos, (mercenarios de origen itálico asentados hace varios años en Sicilia) los cuales controlaban la rivera Occidental del estrecho de Mesina.

Elefante de guerra de las fuerzas de Pirro
En una ofensiva continuada, los cartagineses empujaron a los greco-sicilianos hasta el puerto de Siracusa, única ciudad que ahora controlaban, habiendo visto los habitantes de Sicilia los progresos del afamado general Pirro en la Magna Grecia, decidieron contratar sus servicios para librarse del yugo cartaginés.
Pirro por aquel entonces, tras la batalla de Asculum, había visto su autoridad degradada por los habitantes de la Magna Grecia, los cuales soportaban mal el autoritarismo de Pirro y la disciplina militar que les imponía. Pirro optó por hacer frente a este nuevo proyecto. Llevó una buena parte de sus tropas a Sicilia, y dejó el resto a cargo del general epirota Milón, estableciendo este su cuartel general en Tarento y al hijo de Pirro en Locrii, estas dos ciudades conformaban las principales posesiones que controlaba Pirro al sur de Italia.
Esto desesperó a los tarentinos y aliados, porque dejaba a estos a merced de los romanos. Estos le pidieron que les devolviera la ciudad si abandonaba sus planes de defensa de la Marga Grecia. Pero Pirro se negó tanto abandonar a sus aliados como a dejarles solos, por si los romanos los derrotaban y luego ante una posible retirada de Sicilia Pirro se encontraba bloqueado y con su base más cercana en las lejanas costas de Epiro, una situación peligrosísima que quiso evitar, conservando Tarento como base principal, se aseguraba una base de retirada segura y cercana.
La llegada de Pirro a Sicilia fue un balón de oxígeno para las agobiadas autoridades greco-sicilianas. Poniendo a Pirro al frente de todas las tropas de la confederación siciliana, este aunó todos los esfuerzos y pacificó las disensiones que había en algunos de sus miembros, esto se consiguió poniéndole a él, al mando de todas las fuerzas.
Pirro inició una ofensiva triunfal. Ya había pactado con antelación su llegada con algunas de las principales ciudades de la isla, caso de Agrigento, Siracusa y Leoncio, las cuales unieron sus fuerzas al estratega griego.

Monedas con la efigie de Pirro
La flota cartaginesa había en vano intentado impedir el desembarco de los hombres de Pirro. Este al mano de una respetable fuerza compuesta por 30.000 infantes, 2.500 jinetes y apoyado por una buena flota de 200 naves, Liberó la ciudad de Siracusa del asedio cartaginés y se lanzó sobre las posesiones cartaginesas, tomando más de 30 ciudades, muchas de las cuales ofrecieron su apoyo a Pirro sin oponer resistencia.
¿Unieron sus fuerzas a Pirro?, ¡posiblemente!, quizá aumentaron sus fuerzas en algunos miles más de hombres, (quizá dos o tres mil, pero posiblemente no muchos más) pero no puedo asegurarlo con certeza, ya que no hay cifras.
Derrotó a los mamertinos y fue arrinconando poco a poco a las fuerzas cartaginesas, al final se apoderó prácticamente de toda Sicilia, solo el enclave cartaginés de Lilibea resistió la embestida de Pirro, otras ciudades habían caído bajo su poder, como por ejemplo la ciudad de Erice, ciudad a la que sometió tomándola al asalto con él al frente como ejemplo de valor.
Las autoridades de la isla de Sicilia proclamaron a Pirro, rey, pero este aspiraba en secreto, dar la corona a su hijo Heleno, y la de la Magna Grecia a su otro hijo Alejandro. Los agobiados cartagineses viendo que militarmente nada podían con Pirro intentaron establecer con él, una paz negociada, a cambio de conservar el enclave de Lilibeo, los cartagineses le ofrecían renunciar a toda pretensión en la ciudad y la entrega de dinero y naves de guerra. Los cartagineses obraron astutamente con la esperanza de que Pirro así abandonara Sicilia, de esta manera podrían volver a retomar el control de la isla.
Pero Pirro a instancias de sus aliados greco-sicilianos rechazó tal oferta y se lanzó sobre Lilibea poniendo así fin al dominio cartaginés en la isla. Pero la ciudad resistió el asalto debido a que estaba poderosamente fortificada y lo que es peor, fue rechazado con muchas bajas, lo que tuvo un pésimo efecto en sus aliados sicilianos.

Infantería egipcia de la época del rey Ptolomeo I de Egipto, tropas como estas lucharon al lado de Pirro
Pirro decidió crear una gran flota y trasladar la guerra contra Cartago a sus dominios en África, pero ya entonces los sicilianos estaban empezando a llevar mal el dominio de Pirro en la isla. Con el fin de la campaña militar, empezaron a soportar mal la disciplina y carácter autoritario de Pirro, ¡hecho que la Magna Grecia había comprobado en sus carnes!.
Pirro gobernó la isla siciliana con carácter autoritario, ignoraba a las autoridades indígenas de las ciudades poniendo al mando gente de su confianza, quitándoles y poniéndoles nuevos a voluntad. La autoridad judicial también sufrió su intolerancia, ignorando a los jurados populares otorgaba la autoridad judicial a gente de su confianza.
A los que creía que conspiraban contra él, los desterraba, confiscaba sus bienes y en determinados casos los ejecutaba. Ni siquiera los que le habían facilitado su llegada a Sicilia estaban libres de su trato despótico; las tropas de Pirro ocupaban todas las ciudades de la isla y en definitiva, ¡no había más autoridad que la suya!. Fue un buen administrador sin duda alguna, pero lo efectuó con una dureza y despotismo que en las regiones orientales de Grecia pudiera ser una costumbre, pero en las ciudades greco-sicilianas de Italia y Sicilia, gobernadas con un cierto grado de participación ciudadana, fue un yugo que no estaban dispuestos a soportar por mucho tiempo.
Los habitantes de las ciudades greco-sicilianas, muy celosas de su autonomía, veían ya en Pirro, a un dictador, y esta era una cosa que no iban a soportar. Empezaron a plantearle problemas de todo tipo a Pirro, y este muy quisquilloso respondió represaliando a los revoltosos, hecho que no gustó nada a los sicilianos, los cuales decidieron aumentar la presión de hostigamiento (¡que no guerra declarada!). A la par las principales ciudades griegas se pusieron en contacto con los cartagineses, estos facilitaron su tránsito por la isla (decididos a poner fin al gobierno despótico epirota por el más suave de los cartagineses). Estos últimos desembarcaron un numeroso ejército que unido a los rebeldes sicilianos progresaron por el oeste de la isla.
Pirro, alarmado por el cariz que estaban tomando los acontecimientos acudió presto con sus tropas para hacer frente a la fuerza enemiga, a la cual derrotó en batalla. Pero la situación no ofrecía mucho futuro, quizá Pirro con su nueva flota hubiera debido intentar tomar Lilibea y echar por completo a los cartagineses de la isla a la par que someter a los sediciosos siciliotas, he intentar un trato más justo con ellos.
Pero Pirro estaba más que harto del comportamiento hostil de los habitantes de la isla, decidió que la empresa de Sicilia ya no daba más de sí, así que aprovechando los lamentables llamamientos de auxilio de los tarentinos, en el año 276 a. de C., decidió volver a la Magna Grecia con sus tropas. La ofensiva de los romanos en territorio de las colonias griegas había tenido muchos progresos, de hecho solo les quedaban a las ciudades de la Magna Grecia las ciudades de Tarento y Rhegium.
Los tarentinos desesperados, enviaron a Sicilia mensajes de socorro a Pirro para que volviese, y este cansado de la desconfianza que los sicilianos empezaban a profesarle cada vez con más aversión, decidió prestar oídos a sus súplicas y abandonar la isla en la que llevaba un año para volver a la Magna Grecia, con la intención de enfrentarse nuevamente a las fuerzas romanas.

Efigie de Ptolomeo II de Egipto, este rey prestó tropas a Pirro en su expedición a Italia
La vuelta de Pirro a Italia no fue fácil, la flota cartaginesa derrotó a la de Pirro cuando esta efectuaba el cruce a Italia, deplorando este el hundimiento de unas 70 unidades navales de su flota. Posiblemente algunas fuerzas de Pirro perecieron ahogadas, pero es imposible contabilizas su número, posiblemente unos 2.000 hombres como mucho.
Durante la ausencia de Pirro ese año del 278 a. de C., la cosa no había marchado bien para sus fuerzas y la de sus aliados acantonados al sur de Italia, la presión romana había sido constante.
Las fuerzas epirotas y aliadas se guarecieron en las ciudades o se escondieron en los bosques de las fuerzas romanas. El acoso romano tras un paréntesis para recuperarse de las bajas de Ausculum fue lento, porque estos no tenían experiencia en expugnar fortalezas, al contrario que los griegos, que la tenían de sobra.
Lo mismo sucedió con el acoso sobre los aliados en los bosques, fue lento y farragoso. No obstante aunque con lentitud, los romanos progresaban continuamente; uno de los cónsules de ese año, Cayo Fabricio, se apuntó un buen tanto al conseguir que la ciudad de Heraclea, una de las colonias de Tarento, (donde hace poco tiempo se dio la primera batalla entre romanos y epirotas, se pasó al bando romano) se pasara al bando romano a cambio de unas favorables condiciones.
Al año siguiente, el 277 a. de C., las cosas empeoraron aun más para las fuerzas epirotas a pesar de alguna victoria; en la región del Samnium los romanos sufrieron fuertes pérdidas al atacar una altura fortificada. Más tarde los romanos giraron al sur derrotando a lucanos y brucios.
Los romanos atacaron la ciudad de Crotona, pero su guarnición resistió el asalto y los romanos procedieron a asediarla; el general epirota Milón salió de Tarento con algunas fuerzas en socorro de la guarnición de Crotona, consiguiendo que los romanos se retiraran de la ciudad.
Pero los romanos eran obstinados y al poco tiempo volvieron a la ciudad, Fabricio recurrió a la astucia para apoderarse de la ciudad; consiguió que las tropas epirotas efectuaran una salida de la ciudad, momento que aprovechó para entrar en la misma, con lo que otra de las pocas ciudades que le quedaban a Pirro en el sur se perdió. La siguiente ciudad en caer fue Locrii, esta se había pasado al bando de Pirro asesinando a la guarnición romana que la protegía, y los habitantes de la ciudad procedieron de la misma manera para pasarse a los romanos, degollando a rodos sus defensores. Con este último acto, solo Tarento quedaba en manos de Pirro (sin contar Rhegium, que no se cuenta por no estar ni en manos romanas ni epirotas), pero los romanos, inexpertos sitiadores, no podían asediar dicha ciudad, con lo que esta estaba relativamente segura.
Tras el desembarco en territorio italiano, justo en la punta de la bota italiana (teniendo en cuenta que la península italiana tiene forma de pie) Pirro marchó a Tarento para hacerse cargo de las operaciones. Pero, ¡para colmo de males!, cuando desembarcó en Italia le esperaban unos 10.000 mamertinos con los que trabó combate. Si bien en un principio fue sorprendido por estos, (los cuales demostraron gran coraje en la batalla) Pirro reaccionó con furia, derrotándolos completamente.
Se cuenta que Pirro fue herido en combate en la cabeza (no es raro, ya que temerariamente y dando ejemplo Pirro combatía en primera fila con sus hombres) al recibir un fuerte golpe de espada en la misma que le hizo perder el casco, al punto uno de los “mamertinos” le retó en singular combate, comentando jocosamente si todavía estaba en condiciones de luchar.

Busto de Pirro
Pirro se puso hecho una furia ante el tono bromista del mamertino y levantándose sin casco y con la cabeza sangrante por la herida recibida se abrió paso entre sus hombres dirigiéndose contra su oponente, (el cual debía ser una mole), dado el aturdimiento de Pirro le correspondió al mamertino tomar la iniciativa golpeando con la espada primero, pero Pirro en un alarde de agilidad, después de parar el primer golpe de espada de su oponente, le partió literalmente en dos con la suya, acto que dejó a los mamertinos (viendo a su “campeón” muerto) helados y sin fuerzas para proseguir el combate.
Pirro intentó tomar Rhegium, pero los campanos con ayuda de los mamertinos rechazaron a los hombres de Pirro, incluso los defensores de la ciudad hicieron una salida atacando a los epirotas e hiriendo a Pirro; muy probablemente la anécdota anterior se refiera a esta refriega.
Pirro a continuación marchó contra la localidad de Locrii, tomándola por asalto y cumpliendo amplia venganza sobre los habitantes de la ciudad, ya que anteriormente estos habían masacrado la guarnición epirota para entregarse a los romanos. El templo de Perséfone de dicha ciudad fue saqueado a conciencia, en parte por venganza en parte para recuperar sus mermadas finanzas. Finalmente después de estos actos, Pirro llegó a la ciudad de Tarento con su ejército, formado por 13.000 infantes y 3.000 jinetes. Pirro sondeó la situación y no le gustó lo que vio, tenía un ejército desmoralizado, su situación entre las ciudades de la Magna Grecia tras su marcha se había debilitado bastante, en definitiva, ¡no había respuesta popular a su petición de aunar esfuerzos!.
Para colmo de males se enteró de que su flota había sido hundida en una tempestad a su salida del puerto italiano de Locrii, (localidad que había reconquistado recientemente, ya que anteriormente había estado en su poder y los romanos la habían recuperado). Pero Pirro no se arredró y decidió buscar aliados que pudieran recomponer sus maltrechas filas y posteriormente marchar en una arriesgada maniobra a Roma. Entre los samnitas fundamentalmente y otros pueblos encontró reclutas con los que potenciar sus fuerzas, desgraciadamente no pudo obtener refuerzos de su reino de Epiro, debido a que las tribus galas estaban incursionando en el norte de Macedonia y Epiro.
Es bastante posible que los epirotas, ante las incursiones de saqueo de los galos en el norte de su reino dirigieran sus fuerzas al norte para rechazarlas, posiblemente tuvieran éxito en su empresa, ya que Pirro no juzgó la situación tan desesperada para retornar de Italia a Epiro, ¡el dejar bien guarnecido el reino de Epiro, ayudó a Pirro a evitar males futuros!. También había que contar, con que la flota romana andaba vigilante en los puertos controlados por Pirro. La batalla decisiva se dio en la localidad de Benevento, nombre que se dio también a la batalla del 278 a. de C. .
Pirro dividió sus fuerzas en dos grupos, (según Dionisio de Halicarnaso, las fuerzas de Pirro triplicaban a las de Manio) uno se dirigió a la región de Lucania con unos efectivos posibles de unos 10-15.000 hombres, (restando fuerzas de guarnición y especulando con que Pirro para la batalla se llevaría lo mejor de sus fuerzas) para evitar que uno de los dos cónsules romanos llamado Servio Cornelio reforzara al otro cónsul llamado Manio Curio, con él cual, batallaría Pirro con su otro ejército.

Asalto de Pirro a la ciudad cartaginesa de Lilibea, en la isla de Sicilia
En esta batalla, Pirro pudo contar con un importante ejército de 20.000 infantes y 3.000 jinetes, junto a 20 elefantes, pero la calidad del mismo era inferior, ya que había perdido la mayoría de las excelentes unidades que le acompañaron en el desembarco en Italia hace dos años, ahora el grueso de su ejército lo componían aliados y mercenarios de Italia, cuya calidad era muy irregular.
El comandante romano llamado Manio Curio Dentato, solo podía oponer 17.000 infantes y 1.200 jinetes, pero sus tropas eran de buena calidad, como posteriormente se comprobó amargamente Pirro.
Pirro la víspera de la batalla intentó una maniobra audaz, efectuando una incursión nocturna que esperaba sorprendiera a los romanos. Mandó unos exploradores para que localizaran el campamento romano, hecho efectuado con éxito. Pero el ataque se demoró bastante y lo peor, fue detectado por los romanos, el ataque fue un fracaso, perdiendo 10 insustituibles elefantes (2 por muerte y 8 capturados por los romanos) en la posterior batalla de día siguiente. En la batalla del día siguiente ocurrió lo que no había sucedido en otras, la iniciativa en el ataque la tuvo Manio, limitándose Pirro a la defenderse vigorosamente. Tras formar ambos ejércitos enfrente uno de otro, los romanos pasaron al ataque.
El primer ataque romano se estrelló, gracias a la ayuda de los elefantes que le quedaban a Pirro y a la ruda defensa de los hoplitas epirotas. Pero un segundo ataque rompió las líneas defensivas de Pirro, los romanos utilizaron flechas de cera ardiendo contra los elefantes. Este hecho fue un éxito, porque los paquidermos se desbandaron aplastando por igual amigos y enemigos, los romanos aprovecharon el momento para lanzar una ofensiva general que rompió las líneas de Pirro y declinando la batalla a su favor. Técnicamente la batalla fue considerada un empate, aunque oficiosamente fue una victoria romana, ¡pero pequeña!, ya que los romanos no efectuaron un ataque general que aplastara por completo a las fuerzas de Pirro. ¡Aun así!, moralmente fue una victoria romana, la primera de los romanos contra su temido rival.
Las bajas fueron considerables en ambos bandos, sufriendo los romanos 9.000 bajas y Pirro 11.000, pero la desgracia de Pirro fue que entre las bajas figuraban sus mejores tropas, ¡de hecho!, poco después de la batalla, decidió que ya había sufrido suficiente en suelo romano. ¡Su situación en Italia sin refuerzos era insostenible!, no podía recibir refuerzos de Epiro y sus requerimientos de ayuda a Macedonia y Siria habían caído en saco roto, hubiera podido, ¡quizá!, cuando cruzó Sicilia haber solicitado refuerzos de la isla, pero dada la situación en que salió de la misma, ¡casi a empujones y a un paso de su expulsión por las armas!, dejó un mal sabor de boca entre los isleños.

Falange macedonia, unidades similares militaron en el bando de Pirro
Esto posiblemente hurtó a Pirro la posibilidad de recibir refuerzos, tanto en el cruce a Italia como a la posibilidad de recurrir ahora a su ayuda. Pirro por lo tanto, y tras meditarlo seriamente, procedió a reembarcar a su reino de Epiro con su diezmado ejército, el cual estaba compuesto por unos 8.000 infantes y 500 jinetes, ¡nunca más retornaría a Italia!.
Pirro tenía el tesoro exhausto y el ejército muy mermado, pero en cuanto se recuperó un poco, emprendió en el 274 a. de C. la conquista del reino de Macedonia, el cual estaba en manos de Antígono II, fue una victoria fácil para Pirro. Lo que en un principio era una expedición de saqueo, se convirtió en (dada la poca resistencia que se le opuso) una de conquista. Varias ciudades se pasaron a su bando con 2.000 hombres, solo los guerreros galos que militaban en el bando de Antígono II opusieron resistencia a Pirro, (ya que los soldados macedonios se pasaban masivamente a su bando) pero este los derrotó al igual que a la falange macedonia dejando el camino expedito para la conquista total del reino.
La victoria hizo recuperar a Pirro parte de su moral, un tanto decaída tras las campañas italianas. En el año 272 a. de C., Clomeno, un rey espartano destronado de Esparta, le propuso ayudarle a reconquistar su trono. Pirro accedió a ello, ya que con ello veía que el Peloponeso entero podía caer en su poder, pero la resistencia de los espartanos fue tan fuerte que Pirro tuvo que dar por abandonada la empresa. Pirro había desembarcado en las costas del Peloponeso al mando de una fuerte expedición compuesta por 25.000 infantes, 2.000 jinetes y 23 elefantes. Como rey de Macedonia, Pirro podía contar sin restricciones con el concurso de las fuerzas macedonias y en particular con el de las valiosas falanges macedonias. Entabló negociaciones con los espartanos, pero sin dejar clara su postura enfiló directo a la región de Laconia en territorio espartano.
Para desgracia de Pirro, su ausencia fue aprovechada por Antígono II que en el exilio había rehecho sus fuerzas. La regencia de Macedonia fue ocupada por su hijo Ptolomeo, mientras Pirro se ausentaba para la nueva campaña. Pero el nuevo regente no estuvo a la altura de las circunstancias, ya que Antígono le expulsó de casi todo el reino macedonio, posiblemente Pirro fue informado de ello, pero no dejaría su campaña a medias, cuando acabara, llegaría el momento de ajustar cuentas con su rival.
¡Pero sigamos!, los espartanos de la embajada le reprocharon su actitud poco caballeresca, a lo que Pirro les respondió que cuando ellos hacían la guerra no declaraban formalmente la guerra al enemigo. Pirro se presentó a las puestas de Esparta, su rey llamado Areo, estaba ausente en Creta ayudando a unos aliados suyos y la oportunidad de tomar la ciudad Espartana era única, por lo que Clomeno le urgió a entrar inmediatamente en la desprotegida ciudad. Pero el día tocaba a su fin, así que Pirro decidió posponer el ataque al día siguiente para prevenir posibles saqueos nocturnos en la ciudad, los espartanos no perdieron el tiempo, al mando de un líder llamado Acrótalo, y con la ayuda de todos los habitantes de la ciudad, mujeres y niños incluidos, procedió durante la noche a fortificar y parapetar la ciudad lo mejor posible.

Guerreros samnitas de la época
Desde luego, los espartanos a los que se iba a enfrentar Pirro, ya no eran las orgullosas falanges y el ejército duro y disciplinado de antaño que en el siglo VII o VI a. de C., podían desplegar hasta 9.000 guerreros o que en el siglo V a. de C. adquirieron gran fama enfrentando en el año 480 a. de C. a Leónidas con sus 300 espartanos y el rey persa Jerjes I de Persia contra sus 200.000 hombres.
Tampoco eran los que un año más tarde en el 479 a. de C., en número de 5.000 aplastaron a los persas en la batalla de Platea o que en el siglo V a. de C. ganaron la guerra del Peloponeso imponiendo su hegemonía a toda Grecia. En el siglo IV a. de C., concretamente en la batalla de Eleuctra contra el ejército tebano en el 371 a. de C., estos perdieron su hegemonía para siempre.
En esta batalla ya solo podían movilizar 1.200 hombres, pero incluso la muerte en batalla de 400 de ellos fue una pérdida catastrófica para los espartanos, debido a que su baja natalidad había menguado ostensiblemente y al desgaste producido por las guerras contra sus siervos ilotas (los cuales nunca llevaron bien el régimen de servidumbre con episodios de maltrato y terror, a los que los obligaban los espartanos de pleno derecho) juntando un terremoto en el 464 a. de C. en el Peloponeso que mató a muchos hombres y mujeres espartanos.
La guerra del Peloponeso (431-404 a. de C.) entre Atenas y Esparta junto los aliados de ambos bandos también contribuyó al desgaste del pueblo espartano, la puntilla a su poder fue en el 330 a. de C. durante la época de Alejandro Magno, Esparta en connivencia con los persas levantaron un ejército de aliados suyos contra los macedonios.
El regente de Macedonia, un general llamado Antípatro con 40.000 hombres se enfrentó contra el del rey espartano Agis III y sus 22.000 hombres, cuyo núcleo central lo formaban los endurecidos hoplitas espartanos. Vencieron los macedonios, pero la pérdida más terrible fue la mortandad de los espartanos en la batalla.
Aunque los espartanos y su rey batallaron con gran valor, el peso numérico se inclinó del lado macedonio. No hay estadísticas que digan cuantos hoplitas espartanos formaban en la batalla, pero parece que la cuarta parte pereció en combate, esto para los espartanos fue un golpe de muerte a sus menguadas fuerzas.
Los espartanos ya no volvieron a entrar en un combate de envergadura con ninguna nación nunca más y declinaron progresivamente a lo largo del tiempo. Los espartanos que se enfrentaron a Pirro estaban en una situación muy apurada, no podían salir afuera a batir al ejército de Pirro por la sencilla razón de que solo contaban con unos cuantos cientos de combatientes entre soldados y civiles que movilizar.

Muerte de Pirro en la ciudad de Argos
Pero las virtudes del antiguo hoplita espartano cobraron vida entre los defensores de la ciudad y las mujeres espartanas animando a sus hombres demostraron ser las antiguas mujeres que decían a sus hombres antes de partir a la batalla, “vuelve con el escudo (vencedor) o sobre el escudo (muerto)”.
¡Por lo tanto y volviendo al combate!, al día siguiente Pirro se lanzó sobre la ciudad de Esparta; pero los espartanos, reforzados por sus aliados Argivos y mesenios, fue rechazado tras un combate muy disputado. Al día siguiente un nuevo asalto se saldó con igual fracaso en una lucha a la desesperada de los defensores, muy inferiores estos en número a los atacantes, pero en el que combatieron con extrema fiereza, secundados por las mujeres, que animaron apasionadamente a los defensores y ayudaron en la defensa llevando armas a los combatientes y cuidando de los heridos.
Ni siquiera el hijo de Pirro llamado Tolomeo al mando de 2.000 bárbaros galos y fuerzas escogidas de los “Caonios” lograron penetrar las sólidas defensas espartanas. La llegada del rey espartano con 2.000 soldados cretenses y fuerzas de Antígono desde Corinto, llevaron a Pirro a suspender el asalto a Esparta, pero no abandonar el Peloponeso, donde invernó hasta la llegada de la primavera donde reanudaría las operaciones.
Poco después, en ese año del 272 a. de C., se vio otra oportunidad de aventura para Pirro, había un litigio civil en la ciudad Griega de Argos entre dos altos mandatarios llamados Aristeas y Aristipo, y se dirigió allí (tomando partido por Aristeas, mientras casualmente su enemigo, Antígono, antiguo rey de Macedonia, tomaba partido de Aristipo) al norte tras abandonar el Peloponeso tras ser reclamada su presencia por autoridades de la ciudad.Los habitantes de Argos intentaron cortar la ruta de avance de Pirro, este intentó burlar las fuerzas enemigas marchando por caminos intransitables, pero fue sorprendida su retaguardia por el enemigo. Ordenó a su hijo que auxiliara a dichas fuerzas mientras él seguía camino de Argos, pero su hijo cayó en la refriega subsiguiente.
Pirro enterado del suceso y loco de dolor cargó contra el enemigo con gran furia ocasionándole muchas bajas. Pirro llegó a las afueras de la ciudad, pactó con su aliado Aristeas que este dejara abierta una de las puertas de la ciudad por la noche para que sus tropas entraran por sorpresa en la ciudad. Las fuerzas galas al servicio de Pirro penetraron sus problemas, pero al paso de los elefantes, estos al no entrar por la puerta dado su gran tamaño, armaron cierto alboroto que fue oído por los habitantes de la ciudad, los cuales, dado que las fuerzas de Pirro ya habían entrado en la ciudad, corrieron resguardarse a la fortaleza de la ciudad y a otros puntos fortificados.

Espada llamada "Kopis", una como esta llevaba Pirro en combate
Los socorros empezaron a afluir entre los defensores; fuerzas espartanas, cretenses y angevinas (de Argos) arrollaron a los galos de Pirro, este llegó en el momento oportuno desencadenándose un confuso combate generalizado en el que reinaba la confusión, ya que era de noche y casi no se distinguía entre amigo y enemigo, ambos contendientes tuvieron que cesar las hostilidades hasta que amaneciera.
Al amanecer vio Pirro que las fuerzas que tenía en frente eran numerosas, así que decidió retirarse de la ciudad en la que las luchas callejeras no podían depararle nada bueno. Mandó a su hijo Heleno (que estaba a las afueras de la ciudad con el grueso de las fuerzas de Pirro) para que asegurara la puerta por la que saldrían sus tropas, evitando que los enemigos atacaran en tromba cuando saliera Pirro con sus hombres.
La retirada de las tropas de Pirro y de él mismo fue un caos, los estrechos callejones impedían una retirada fluida, a la par que los angevinos y sus aliados hostigaban la misma con gran denuedo. Cerca de la salida Pirro se vio atrapado entre sus tropas, en la que los elefantes que entraron en la ciudad también ayudaron en el monumental atasco de las tropas de Pirro.
Las tropas amigas y enemigas llegaron a entremezclarse, así que Pirro tuvo que luchar a brazo partido abriéndose paso con gran determinación. Según parece, una mujer desde un balcón le lanzó una teja que sorprendió a Pirro, este quedó aturdido al caer del caballo, lo cual fue aprovechado por unos soldados argevinos para darle muerte, otra fuentes dicen que fue envenenado por un sirviente suyo, parece que no está definitivamente claro como murió.
Con esto se puso fin a la vida de un aventurero, que hizo temblar a Roma y que hasta la llegada de Aníbal 50 años más tarde, nunca hubo quien pusiera en aprietos a Roma durante el siglo III a. de C. Antes de acabar, respecto a su famosa frase, “otra victoria como esta y estaremos perdidos, he encontrado fuentes que la achacan a la batalla de “Hereclea”, y en otra a la de “Asculum”. Aunque parece que gana Asculum, el número de bajas para exclamar semejante frase, parece más factible con la primera batalla, salvo que las bajas de Asculum sean falsas o estén minimizadas, ¡que cado uno juzgue lo que quiera!.

Elefante y jinete de las fuerzas de Ptolomeo I de Egipto, tropas similares lucharon con Pirro
Reflexiones:
Pirro destacó en Italia por su talento militar y por ser el primer enemigo que llevó los elefantes a Italia como arma de guerra, algo que los romanos advirtieron con asombro. Fue también soldado de fortuna o aventurero militar, creo que los dos epítetos le van bien.
No se conformó con reinar el su país, Epiro, ya que era un hombre inquieto, en el que su talento militar no le pedía estarse quieto en su reino, y aprovechó las aventuras militares que le parecieron atractivas para explotarlas. En el lado militar la suerte le favoreció a medias, ninguna expedición que emprendió tuvo un final feliz. Lo que si demostró es que plantó cara a la incipiente potencia de Roma, la cual estaba en los inicios de crear el gigantesco imperio que fue, y que en un principio abarcaba la toma de la península italiana.
Movió sus tropas inteligentemente, y como táctico brilló a gran nivel, pero el enemigo al que se enfrentó fue un duro contrincante al que en la península italiana ninguno podía oponérsele. Algunos pueblos italianos se pusieron de su lado para quitarse de encima el yugo de Roma, el cual se estaba haciendo cada vez más asfixiante.
Las victorias de Pirro les dieron la razón, pero no se dieron cuenta que estas se lograban a un precio muy caro. Pirro no podía sostener este tipo de victorias, so pena de que perdiera todo su ejército, así que la campaña italiana se convirtió pronto en una rémora para él. A pesar de que Pirro fue en un buen táctico, creo que (¡personalmente hablando!) sus mejores unidades siempre las arriesgo en primera línea, sin guardar una parte como medida cautelar o protegerlas mejor en general para un futuro. Por lo menos en las tres batallas contra los romanos siempre acabó con lo mejor de su ejército deshecho.
De las unidades que desembarcaron en Italia de puede decir que en general fueron unas unidades de gran calidad, y respecto a las que reclutó en Italia, salvo excepciones, fueron de una calidad mediocre. Aunque ganó en Heraclea y Asculum, la calidad de su ejército posteriormente cayó en picado, no hay duda de que las 13.000 y 15.000 bajas en ambas batallas fueron casi en su totalidad entre las que desembarcó en Italia y que los aliados italianos no sufrieron mucho. Solo la pericia de Pirro evitó el desastre, en Sicilia sus tropas desarrollaron una buena labor (el comportamiento de Pirro en el gobierno de la isla, un poco tiránico, hecho todo al traste) y en la batalla de Benevento, no comportaron mal del todo pese a la derrota. Pero ya su ejército era en gran parte de tropas itálicas, ¡nada comparable al del inicio de la campaña!, y su calidad había mermado bastante.

Pirro espiando un campamento romano
Pirro también perdió la “batalla de los refuerzos”, sus unidades eran muy buenas e insustituibles, su erosión en las batalla fue muy perjudicial para Pirro, el bloqueo de los romanos sobre las costas de Epiro evitaron que Pirro recibiera refuerzos de calidad.
Ciertamente recibió refuerzos de sus aliados italianos, pero estos eran de inferior calidad a los que Pirro desembarcó en Italia, con lo que la derrota de Pirro se perfilaba en el horizonte.
Hasta la llegada de Aníbal (este si cuidó más a sus unidades de élite, sobre todo en Italia, procurando no desgastarlas demasiado ya que eran insustituibles) un siglo después, no hubo ningún general enemigo que plantara cara a Roma, por lo que en justicia, no hay que negar que, ¡Pirro fue un militar excepcional a todas luces!, que, ¡quizá!, no contó con un aporte regular de tropas que pudiera ayudarle a sostener la guerra contra Roma, aquí posiblemente encontró Pirro, ¡su talón de Aquiles!.

Teatro de Dodona, construido durante el reinado de Pirro (297/272 a.C.), originalmente tenia una capacidad para 14.000 espectadores. La ciudad de Dodona albergaba un famoso santuario y oráculo de Zeus, es posiblemente el mas antiguo de Grecia y después de Delfos el mas afamado
Datos especulativos:
Estos datos que pongo como digo, son especulativos, solo se apoyan en las pruebas de las bajas sufridas, ¡nada más!. Como ya comenté, el problema de Pirro fue perder la “batalla de los refuerzos”, su reino epirota nunca pudo llevarle ningún refuerzo, ya que sus unidades eran superiores en calidad a las italianas aliadas a Pirro. De los 28.500 hombres desembarcados de Epiro hacia Tarento, probablemente, en la tempestad que sufrió la expedición, varios cientos o como mucho alrededor de un millar se ahogaron por culpa de la terrible tormenta que se abatió sobre la flota cuando estaba cruzando el mar.
Afortunadamente para Pirro, no tuvo que lamentar más bajas y estas arribaron a la península italiana sin más demora. Estos 27.500 hombres conformaron las mejores fuerzas de las que dispuso Pirro en Italia, durante la batalla de Heraclea, parece que Pirro incorporó a 6.000 infantes y 1.000 jinetes en sus fuerzas. Pero lo más probable es que se diera cuenta que sus aliados eran tropas de calidad mediocre, por lo que decidió ponerlas en lugar secundario en la batalla y que sus veteranas y más fiables tropas epirotas (aquí incluyó a sus tropas epirotas y a las de sus aliados, tropas también de calidad) llevaran el peso el combate. Así de las 13.000 bajas que sufrió, posiblemente 11.000 fueran para sus tropas epirotas y unas 2.000 para los tarentinos.

Jinete macedonio
Esto posiblemente resintió la calidad de sus fuerzas, pero había vencido a los romanos, hecho que hasta entonces no se había producido en la península italiana, a la par que trajo consigo que los samnitas, lucanos, brutios etc.. Que pensaban aliarse a Pirro, tras ver que este era un excelente líder, se pasaran a su bando en número de unos 20.000 hombres, engrosando las fuerzas de Pirro hasta los 40.000 hombres.
No obstante, lo que fue una máxima para Pirro, sus nuevos aliados demostraron ser tan mediocres e irregulares como los tarentinos, ¡ahora comprendía Pirro porque Roma vencía siempre a estas tribus!, por supuesto esto sin desmerecer la calidad de las fuerzas romanas, tan buenas como las epirotas (también comentar que los mercenarios itálicos que reclutó Pirro en la península italiana, no fueron mucho mejores que sus aliados).
Hasta la batalla de Asculum Pirro convivió con sus nuevas fuerzas aliadas el tiempo suficiente para comprender que no se había equivocado en su intuición de que no eran buenas fuerzas, por lo que se vio obligado en la nueva batalla que se iba a producir a emplear lo más granado de sus tropas en primera fila y a soportar el peso del combate.
Nueva victoria para Pirro, pero como él exclamó tras la misma, ¡otra victoria como esta y estoy perdido!. De las 15.000 bajas que sufrió bien pudieron ser 10.000 para sus veteranos y 5.000 para sus aliados, los cuales repito, jugaron un papel secundario (aquí rompiendo una lanza a favor de los aliados de Pirro, no niego que en las fuerzas militaran algunos buenos elementos, pero el conjunto fue deplorable). La victoria, también como en Heraclea lograda por estrecho margen, fue todo un palo para Pirro a nivel de la calidad de sus fuerzas, ¡ya solo contaba con la cuarta parte de sus tropas veteranas!, unos 6.500 hombres.
La posterior campaña de Sicilia debió ver también que se levó a lo mejor de sus fuerzas en la nueva campaña dejando de guarnición en Italia a fuerzas aliadas italianas. Las bajas aquí debieron ser sensiblemente menores que en las sangrientas batallas contra los romanos. Pero en alguna toma de alguna fortaleza debió sufrir algunas bajas entre sus veteranos, especialmente la fracasada toma de Lilibea donde sufrió muchas bajas, aquí sus veteranos como en otras campañas, tuvieron un papel destacado, es posible que como mucho, sus veteranos sufrieran unas 2.500 bajas.
Así que cuando retornó nuevamente a Italia con sus fuerzas, sus veteranos habían quedado reducidos a unos 4.000 hombres. Pero le esperaba un nuevo embate, la batalla contra los romanos en Benevento, en la misma, las fuerzas de Pirro sufrieron un durísimo golpe, y nuevamente los veteranos de Pirro por soportar el peso del combate sufrieron lo indecible. Entre sus 11.000 bajas, no sería descabellado pensar que sus veteranos sufrieran unas 3.000 bajas.

Tribuno romano del siglo III a. de C.
Así y cierto tiempo después, y en vista de que sus aliados en Grecia (no querían) y su reino de Epiro (no podía) les era imposible enviarle refuerzos, decidió embarcar con el resto de sus tropas unos 8.000 infantes y 500 jinetes rumbo al reino de Epiro, entre ellos, apenas había un millar de veteranos, de los que desembarcaron con él en Tarento seis años atrás.
También me he preguntado, ¿si con su flota embarcó en Tarento y desembarco en Epiro sin ser molestado?, ¿Por qué no embarcó a Epiro recogió todas las fuerzas disponibles y volvió?.
Esto ya es una reacción mía de impotencia en el querer saber porque nunca intentaron sus aliados o él mismo ir a Epiro a por refuerzos. Se razona que la flota romana bloqueaba sus puertos, pero en este caso no podría (digo yo) haber embarcado de vuelta, ¿entonces esto demuestra que el bloqueo no era firme, ya que dudo que los romanos teniendo la flota epirota a tiro, ¡no intentara al menos hostigarla o castigarla!.
Pero bien pensado, si Pirro hubiera vuelto, reclutado en su reino otros veinte mil hombres y vuelto a Tarento, ¿hubieran cambiado algo las cosas?, lo dudo mucho, Pirro no se arriesgaría a dejar completamente desprotegido su reino, a la par que el factor sorpresa se había esfumado, ya que los romanos estaban vigilantes y con sus fuerzas plenamente movilizadas.
Los aliados italianos de Pirro, salvo algunos casos, estaban hartos de Pirro y reconocían a Roma como en nuevo amo de Italia, por lo que aquí Pirro tampoco tendría ayuda, pero también cuenta que Pirro también estaba bastante cansado tras batallas seis años ininterrumpidamente, ¡había llegado la hora de descansar!. También se puede especular con el número de fuerzas con que desembarco Pirro en Sicilia, se puede hacer por deducción, pero también con la postilla de “dato especulativo”, ya que no existe dato referente en las fuentes existentes. Pero deduciendo se puede hacer un cálculo especulativo. Las fuerzas eran griegas y de mercenarios itálicos reclutados por Pirro en Italia. Los griegos eran más o menos unos 6.000 hombres (eran las tropas de mayor confianza de Pirro, y dudo que para esta aventura dejara algún contingente griego en Italia) por lo que queda calcular los mercenarios itálicos, ¿Cuántos eran?, ¡calculo que unos 11.000 más o menos?, ¿en qué me baso?, ¡en lo siguiente!.
Se tiene referencia en que cuando Pirro reembarcó de Sicilia para volver a Italia (los tarentinos le habían enviado mensajes de que los romanos se habían recuperado y que estaban en plena ofensiva recuperando los territorios perdidos a manos de Pirro y los mismos tarentinos no podían frenarles, ¡por lo que su regreso era perentorio!) y tras aplastar un contingente de mamertinos que le habían salido al paso, entró felizmente en la localidad de Tarento con 3.000 jinetes y 10.000 infantes.

Cabeza esculpida de Pirro
Restando a los, (¡calculo!) 4.000 supervivientes griegos, nos da la cifra de 9.000 mercenarios itálicos, pero no sería raro sumar unas 3.000 bajas en la campaña de Sicilia, por lo que el total de griegos y mercenarios italianos que desembarcaron con Pirro en Sicilia bien podían ser:
-6.000 epirotas, mercenarios griegos y griegos de las naciones aliadas a Pirro.
-12.0000 mercenarios itálicos reclutados en Italia por Pirro. (Aquí no se cuentan los que murieron en combate).
En resumen, una fuerza de unos 18.000 hombres formó la expedición siciliana. Tras la batalla de Asculum los supervivientes se cifraban en unos 25.000 hombres, pero tras la aceptación de Pirro de participar en la empresa italiana (¡hecho que no gustó nada a los aliados itálicos de Pirro!) dudo que los aliados itálicos prestaran tropas a Pirro y dejar desprotegidos sus territorios a la furia romana.
Por lo tanto Pirro solo pudo contar para la empresa siciliana con sus incondicionales griegos y los mercenarios itálicos, ya que estos últimos estaban con la persona que les pagase su sustento, y esos momentos ese era Pirro, en Sicilia con Pirro tendrían trabajo, si se quedaban en Italia hasta la vuelta de Pirro, ¡no!. También se especula con que si Pirro perdió muchos hombres en la isla, ya que tras el desembarco en Sicilia y la unión de los aliados que tenía en la isla llegó a conformar una tropa de unos 32.500 hombres que sumados a los que se le unieron posteriormente rondarían los 35.000 hombres. Esto y que regresó posteriormente a Tarento con 13.000 da la pérdida de unos 20.000 hombres.
Pero yo creo a tenor de los acontecimientos, que Pirro engrosó muchas fuerzas en Sicilia como aliadas, fuerzas que desertaron en masa de sus filas cuando fue obligado a marcharse de la isla más tarde por el comportamiento despótico que tuvo con los sicilianos en sus intentos de retener la isla a toda costa, ¡empresa en la que fracasó!. ¿Cuántas bajas sufrió Pirro en Sicilia?, es difícil cuantificar, posiblemente a lo largo de los dos años de estancia de Pirro en la isla pudo sufrir entre 5.000 -10.000 bajas. Aquí no hubo batallas espectaculares que contabilizaran las bajas; si hubo combates estos fueron meras escaramuzas sin importancia, lo que sí predominó fue la toma de ciudades al asalto, los asaltos fueron reñidos sobre todo cuando las ciudades estaban en manos de los cartagineses, ejemplo lo tenemos en el asalto fallido en Lilibeo, única ciudad en poder de los cartagineses que se resistió a Pirro en Sicilia.

Movimientos de Pirro en Italia y Sicilia
También es especulativo el número de fuerzas de que constaba el ejército de Epiro propiamente dicho, una cosa era el ejército permanente y otra si hubo reclutamientos entre la población para esta empresa, ¡que seguro que hubo!. Si se tiene en cuenta que 3.000 hombres fueron en avanzada y posteriormente se envió el grueso de la fuerza, unos 25.500 hombres, tenemos un total de 28.500 griegos expedicionarios, más los 10-12.000 que se quedaron en Epiro (entre estas fuerzas, había unidades que reclutó Pirro no epirotas) tenemos un total completo de 40.000 griegos en armas bajo las banderas de Pirro.
No epirotas son 9.000 macedonios y 9.000 egipcios (por supuestos no eran nativos egipcios, el ejército de Egipto lo conformaban macedonios y griegos mercenarios, los nativos no entraron en las filas combatientes ptolemaicas hasta el año 217 a. de C., y, ¡porque fue una urgencia nacional! ), luego están los mercenarios y resto de fuerzas aliadas, imposible de cuantificar, (la caballería de Pirro era de 4.000 hombres, distinguiéndose los valiosos jinetes tesalios, ya que la guardia de Pirro eran jinetes; es posible que estos fueran unos 1.000 hombres, con lo que los tesalios serían unos 2.000 hombres y los macedonios 1.000 más).
Si a los 18.000 macedonios y egipcios sumamos a los 2.000 tesalios, más 500 honderos de la isla de Rodas y unos 7.000 hombres entre mercenarios y resto de unidades aliadas menores, ¡bien podrían ser combatientes griegos no epirotas unos 28000 hombres. A esto si restamos los 40.000 griegos totales bajo las armas epirotas, quedan nativos de Epiro unos 12.000 hombres. No obstante también me planteo otra hipótesis, parte de las fuerzas reclutadas por Pirro permanecieron en Epiro, tenemos la referencia de que 9.000 egipcios fueron enviados por Ptolomeo II de Egipto, sin embargo en la batalla de Heraclea solo hay referencia de que 5.000 en los hoplitas por lo que es posible que 4.000 de ellos permanecieran en Epiro. La caballería de Macedonia era de 4.000 jinetes, pero parece que solo un millar fue con Pirro, por lo que es posible que permanecieran en Epiro 3.000 de ellos. Esto parece dar a entender de que unos 7.000 aliados de Pirro permanecieron en Epiro; no es probable que solo ellos guarnecieran el país, posiblemente otro contingente epirota de unos 4.000 hombres permaneció con ellos como fuerzas de vigilancia en el país, lo que concordaría con mi hipótesis de que unos 10-12.000 hombres permanecieron vigilando Epiro.
¿Pero no sería posible que los 7.000 egipcios y macedonios fueran en realidad un pequeño ejército destinado a proveer de refuerzos a Pirro cuando él lo necesitara?, esto sin perjuicio de ser fuerzas de defensa de Epiro. Con lo que Pirro, ¡a lo mejor! no contó, fue que los romanos bloquearían los puertos epirotas haciendo imposible el embarque de estas tropas. ¡No obstante!, estas tropas fueron usadas en repeler las correrías que las tribus galas hacían en el norte del reino, con lo que su uso al fin y al cabo fue Útil para Epiro, pero no para Pirro.

Caballería de Tesalia
Como punto final, también merece elogio el dispositivo romano de reclutamiento, ¡todo ciudadano romano entre 17 y 60 años era susceptible de ser movilizado!, así llevaba funcionando muchos años este sistema a la par que servir en el ejército romano era un orgullo inmenso para sus ciudadanos.
Cierto era que las clases más bajas no podían permitirse el servir en el ejército, pero esto hacía que los ciudadanos romanos de cierto nivel económico sirvieran regularmente en el ejército, conformando unas fuerzas de reserva que si bien no estaban activas, hacían que en momentos de peligro como cuando Pirro desembarcó en Italia, tuvieran un cierto entrenamiento a la par que un espíritu de lucha defendiendo su patria, ¡ casi fanático!.
Según el censo que cada cinco años se hacía para contabilizar los ciudadanos romanos que habían en sus territorios, arrojaba que en el 280 a. de C., en Roma había unos 287.222 ciudadanos romanos. Esto hacía que sus bajas en batalla fueran rápidamente taponadas, ¡e incluso incrementadas!. Como comentaron los epirotas respecto a cómo los romanos suplían sus bajas, “Roma era como una hiedra, que le cortas unas ramas y le crecen otras con rapidez”.

Jinete macedonio
Autor: Eljoines
Bibliografia
-Wikipedia.
-Satrapa1.
-http://www.bbc.co.uk/dna/h2g2/A3533726.
-http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/contextos/607.htm.
-“Vidas paralelas” de Plutarco.
-Theodor Mommsen, autor de “Historia de Roma”.
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Buenas tardes falta la batalla de Benevento