R. A. F., Facción del Ejército Rojo

Año: 
2008
Género: 
Drama
Época: 
Actualidad
Duración: 
150 min.
Nacionalidad: 
Alemania
Director: 
Uli Edel
Reparto: 
Moritz Blebtreu
Reparto: 
Martina Gedeck
Reparto: 
Bruno Ganz

Alemania, década de los 70: atentados mortales, la amenaza del terrorismo y el miedo al enemigo interior sacuden los mismos cimientos de la todavía frágil democracia alemana. Los hijos radicalizados de la generación nazi, dirigidos por Andreas Baader (Moritz Bleibtreu), Ulrike Meinhof (Martina Gedeck) y Gudrun Ensslin (Johanna Wokalek), libran una violenta guerra contra lo que perciben como el nuevo rostro del fascismo: el imperialismo americano respaldado por el ‘establishment’ alemán, buena parte del cual tiene un pasado nazi. Su objetivo es crear una sociedad más humana pero, al emplear medios inhumanos, no sólo provocan terror y derramamiento de sangre, sino que también pierden su propia humanidad. El hombre que los comprende es también el encargado de darles caza: el jefe de la policía alemana Horst Herold (Bruno Ganz). Y, aunque logra tener éxito en su implacable persecución de los jóvenes terroristas, sabe que no suponen más que la punta del iceberg.

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Comienza la historia a finales de los convulsos sesenta, entre playas nudistas que reclaman la liberación sexual y manifestaciones estudiantiles contra el imperialismo yanqui. Fogonazos para retratar a una generación perdida, idealista y desencantada con la sociedad que sus mayores han forjado,

que clama por una nueva moral y por descolgarse de un sistema que consideran burgués y acomodado. Son los grupos anarquistas que pronto se organizan en comandos y se disponen para la lucha, que acuden a los campamentos jordanos para adiestrarse y no dudan en perpetrar las más brutales acciones en lo que consideran una guerra urbana. Gritan contra la presencia americana en Vietnam o a favor del pueblo palestino, citan a Mao cuando se ven acorralados por las fuerzas de seguridad del estado y consideran como traición la estrategia de las nuevas células terroristas. Actitudes agresivas y drásticas del colérico Andreas, o más tácticas e ideológicas de la periodista Ulrike, que responden al mismo fanatismo ideológico, puesto al servicio de una causa revolucionaria que se levanta por encima y aplastando a la persona.

Cine histórico-político que no entra a retratar a sus personajes más allá de la acción seca y brutal, con un guión centrado de manera abrumadora en el relato de los hechos, pero bien rodado y montado con ritmo trepidante que no deja respirar al espectador, al que llega a agotar con tanta violencia y reiteración —aunque sea verídica y real, pero repetitiva porque el discurso terrorista es bien simple—.

Las interpretaciones de todos son intensas y de gran fuerza, pero frías y sin lugar para la emoción, con una Martina Gedeck que arranca los mejores momentos cuando su personaje se transforma y abandona a sus hijas para pasar de la teoría de la pluma a la praxis de la pistola, o durante su enajenación en la celda de aislamiento. También con la presencia de Bruno Ganz como jefe de policía juicioso que da en el clavo en su análisis del problema, o teclea su máquina de escribir mientras escépticamente recibe felicitaciones por una operación que algunos presumen como definitiva.

Uli Edel trenza un discurso con una puesta en escena muy realista e impactante, a la vez que mira e intenta comprender —no disculpar, lo mismo que el jefe de policía— la respuesta equivocada de esta facción radical a un problema social verdadero. En su intento de reconstrucción histórica, incluye todas las situaciones comunes del terrorismo y buena parte de las estampas emblemáticas de esos años, sirviéndose incluso de imágenes de archivo que van desde las cargas policiales contra los estudiantes de mayo del 68 a las famosas escenas de los niños vietnamitas desnudos. Demasiado ambiciosa y prolija al retratar la historia de la RAF a través de una duración excesiva, pero gustará al espectador interesado en los dramas del siglo pasado y, especialmente, en los movimientos terroristas. Y también a quienes vivieron una década de mitos tan reales como sangrientos.