Un capítulo de bastante peso en la actividad económica de la época omeya fue el de la extracción de los recursos naturales, ya se tratara de bosques, salinas o minas. Muy importante fue la extracción de sal, destinada tanto a los usos domésticos como a la salazón de determinados alimentos, entre ellos básicamente las carnes y los pescados. La sal procedía en primera instancia de las zonas marítimas, ya fuera la costa mediterránea, desde Alicante hasta Cádiz. Pero también era importante la sal gema, que se extraía, entre otros lugares, de las proximidades de Zaragoza y Tarragona.
También alcanzaron un gran desarrollo actividades como la provisión de madera, de piedra de construcción y de mármol. Por lo que se refiere a la industria maderera los árboles que principalmente se explotaban para ese uso eran la encina, el castaño y el pino, cuya madera se utilizaba para la fabricación de navíos.
Por lo que respecta al uso de la piedra dedicada a la construcción conviene recordar como una buena parte de los materiales utilizados en la edificación de Madinat al-zhara procedían de la sierra de Córdoba. El mármol blanco era extraído de la zona de Mácael y el semiblanco de las Alpujarras y de Sierra Morena.
En lo que se refiere a la minería propiamente dicha hay que afirmar que al-Andalus no solo continuó la vieja tradición de tiempos romanos, sino que incluso la mejoró notablemente, siendo llevada a cabo bajo el control directo del poder estatal.
El mineral más importante extraído fue el hierro, actividad concentrada en el norte de las provincias de Sevilla y Córdoba, pero también en algunos lugares de Levante y de los Montes de Toledo. También era importante la obtención de plomo.
Importantísimo era el cinabrio, obtenido en Almacén y que con el tiempo al-Andalus se convirtió en un destacado exportador. También era importante la obtención de cobre, procedente de minas de Granada, Almería, Toledo y Huelva (Riotinto y Tarsis). También se extraía estaño y azufre.
En cuanto al oro se obtenía del lavado de algunos cursos fluviales en particular del Segre, Tajo, Genil y Darro. El oro se empleaba en la acuñación de dinares, pero también en la joyería y de los brocados.
También se explotaban diversos yacimientos de plata localizados en la zona de Murcia y el oeste peninsular También habían yacimientos de piedras preciosas y famosos eran los cristales de roca y los lapislázuli de la zona de Lorca, los rubíes de Almería o Baza.
El capítulo que alcanzó mayor desarrollo en al-Andalus, en lo que a artesanía se refiere, fue el relacionado con la producción de tejidos. Todo parece indicar que el punto de partida de la industria textil se encuentra fundamentalmente en la medias tomadas a mediados del siglo IX `por el emir Abd al-Rahman II, el cual decidió promocionar las manufacturas reales destinadas a la fabricación de tejidos. De ahí deriva el hecho de que las manufacturas cordobesas actuaran, en cierto modo, de locomotora que iba abriendo camino.
Los tipos concretos más sobresalientes eran los tejidos de seda de la ciudad de Córdoba, en particular los inigualables brocados. Claro que no por ello hay que olvidar los tejidos de lino que se fabricaban en Zaragoza. El “tiraz” cordobés llegó a alcanzar cotas espectaculares debido a su reconocida calidad. Las materias primas mas utilizadas eran la lana y la seda y después el lino.
Aparte de la producción textil también destacaban otras muchas actividades artesanales como el trabajo de las pieles y los cueros. También el sector de la artesanía el trabajo del oro, de la plata y el de las piedras preciosas. En Córdoba era célebre el trabajo del marfil, del que se obtenían hermosas tallas. Importante era también la fabricación del papel y cuyo núcleo principal era la ciudad de Játiva.
También fue importante la fabricación del vidrio desde la segunda mitad del silo IX. También la fabricación de productos cerámicos. Abundaban los carpinteros, herreros y esparteros. También la fabricación de armas, que contaba con centros importantes en ciudades como Córdoba, Málaga o Toledo.
Es conveniente señalar que los trabajadores de un mismo oficio solían agruparse en una especie de corporaciones, a cuyo frente de hallaba el “amin”, que resultaba ser una especie de síndico.
Asimismo dentro de las citadas corporaciones había una jerarquía que iba desde los maestros hasta los aprendices, teniendo un escalón medio a los obreros cualificados. Estas asociaciones anticipaban, de alguna manera, la estructura de las futuras corporaciones de oficios de la Europa cristiana, antecesora a su vez de los gremios.
Autor: histoconocer