Napoleón Bonaparte

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Cuando Napoleón nació en Ajaccio, el 15 de agosto de 1769, Córcega era francesa desde hacía un año solamente en 1768, los genoveses  habían vendido a Francia esta bella isla montañosa y poblada de árboles. Las rebeliones incesantes de los corsos, pueblo orgulloso. (entra y descarga la version en PDF)

 

El origen del Gran Corso

Cuando Napoleón nació en Ajaccio, el 15 de agosto de 1769, Córcega era francesa desde hacía un año solamente en 1768, los genoveses  habían vendido a Francia esta bella isla montañosa y poblada de árboles. Las rebeliones incesantes de los corsos, pueblo orgulloso, habían cansado a los genoveses. Su padre Carlos Bonaparte, era de origen italiano, era un notable de la isla, perteneciente a una nobleza sin gran abolengo. La familia era de la Toscana y vivían modestamente en Córcega de unas tierras mediocres, sus tíos sacerdotes, gentes de recursos, sostenían el clan, casó a los dieciocho años con Leticia Remolino, hija de un funcionario genovés, fue una mujer que durante su vida mostró el orgulloso carácter de los corsos, y cuando tuvo riqueza se mostró parca y moderada era porque había conocido la pobreza. Dio a luz a trece hijos, de los que solo ocho sobrevivieron.. Eran firmes partidarios de Paoli, independentista corso, solamente después de la derrota de éste, aceptó su marido un salvoconducto francés y pudo asó volver a Ajaccio, donde dio a luz a su segundo hijo, Napoleón.

Paoli, este revolucionario corso fue el primer ídolo de la juventud de Napoleón, había llegado a ser jefe a los treinta años y citaba constantemente a Plutarco y sus obras, las cuales se convirtieron en el catecismo de Napoleón.

El 11 de mayo después de estar unos meses en el seminario de Autun le conceden una beca en la Escuela Militar de Brienne, donde ingresó con solo 11 años. Estuvo cinco años sin ver a sus padres, era un alumno corriente, no le gustaba el latín, buen matemático y su ortografía era deficiente… le gustaba la historia, la geografía y era un buen lector. Debido a sus buenas notas como matemático fue enviado como artillero a la Escuela Militar de Paris, en 1784.

En 1785, Napoleón deseaba ser destacado al sur para estar cerca de Córcega; fue destinado en Valence, allí tuvo ocasión de conocer a la  tropa y conocer la manera de hablarles, fue inmediatamente seducido por la calidad de vida de esta escuela frecuentada por la nobleza de Francia. Allí hizo algunas amistades que le valieron para más adelante. Hizo su primer examen para ingresar en artillería y de las 36 plazas consiguió la número 12, siendo nombrado alférez en el regimiento de la Fère.  Siendo nombrado oficial a los dieciséis años y quince días después en enero de 1786, le dieron por fin, el uniforme de oficial y las charreteras. Después de un corto periodo de tiempo en Ajaccio, en junio de 1788 tiene que incorporarse a su regimiento, esta vez en Auxonne, una pequeña ciudad de Borgoña, donde manda un regimiento, siendo su jefe el general du Teilcon éste tenia grandes ideas sobre el arte de la guerra y le hace leer el Essai General de la táctique del Conde de Guibert , siendo el verdadero codificador de la guerra moderna, la teoría que luego pasara a ser la guerra napoleónica- adquirir la superioridad en un punto esencial, atacar ese punto con todas sus fuerzas, obtener un efecto sorpresa por la rapidez de sus movimientos.

Su capacidad de trabajo no tiene límites y sabe aprovechar todos los momentos para aprender algo nuevo. Analiza la historia de Federico II y la “ república”  de Platón, cuéntase que en un arresto, el único libro que tenia a mano era Las Instituciones de Justiniano, cuya excelente memoria retiene y un día asombrará al Consejo de Estado al citar las leyes romanas. 

 

La revolución

En la Borgoña durante este periodo, siendo bajo su mando, la represión más dura, manda detener a cuatro monjes de Citeaux, por alborotadores y los encierra en la abadía y pone fin a la rebelión. Amenazando con disparar y todos saben que no dudara en hacerlo. Es bien sabido que el prefiere la injusticia al desorden, pero esa no es su revolución , lo único que le interesa es liberar Córcega donde pasa largos periodos de tiempo, en su Ajaccio natal, donde participa en algunos motines y corre el riesgo de perder su puesto en el ejército. Con honda preocupación, vuelve a Paris, donde gracias a la ayuda de tres diputados corsos:  Salicetti, Chiappe y Casabianca, consigue su reincorporación al ejército con el grado de capitán. El continua pensando que la anarquía en Francia  puede ser un buen pretexto para conseguir la libertad de Córcega. Al cerrar la Escuela de chicas de Saint-Cyr, de fundación real, él ha de llevar a su hermana Elisa a Ajaccio, proporcionándole un buen pretexto para volver a su isla.

 

Su primera campaña en Cerdeña

Siendo enero de 1793, los ejércitos franceses victoriosos han rechazado la invasión, conquistando Bélgica, Niza y Saboya y el gobierno quiere anexionarse Cerdeña, perteneciente a la casa de Saboya, contando aparte  las tropas francesas con voluntarios corsos. Napoleón es nombrado teniente coronel de los voluntarios y participara como comandante de la artillería, compuesta por dos cañones y un mortero. Pero al mando de los corsos estaba Cesari, un primo de Paoli, con la secreta misión de hacer fracasar la operación. Napoleón que se tomó muy a pecho su primera acción de armas, desembarcó en la isla de San Steffano y dirigió con habilidad la artillería. Cesari, siguiendo las instrucciones de Paoli, capitula y Napoleón se ve obligado a embarcar, abandonando sus tres piezas de artillería. Siendo sorprendente su reacción  muy ambigua, por un lado firma un manifiesto de los voluntarios corsos contra la vergonzante retirada y por el otro, escribe una carta amable a Cesari.

Pero la enemistad con Paoli les obliga a marchar de su isla e inician un largo peregrinaje acabando en Marsella, con su sueldo de capitán y la ayuda  que el gobierno francés ofrece a los refugiados corsos, malviven en dicha ciudad. Convirtiéndose su madre en amante de un comerciante marsellés y desposándose José con una de las hijas de este. Napoleón estuvo a punto de casarse con Desiree, la segunda de sus hijas, la que luego seria Mme. Bernadotte y reina de Suecia. Gracias a la ayuda de su amigo Salicetti, consigue ser jefe de batallón y destinado al sitio de Tolón. Esta ciudad se sublevó , pidiendo ayuda a los ingleses, lo cual era un peligro para la revolución, mientras en Lyón ondeaba la bandera monárquica y la guerra civil continuaba en la Provenza. Los ingleses, españoles y sardos podían formar un ejército en Tolón , remontar el valle del Ródano y reunirse con las tropas del Piamonte y con los lioneses rebelados. Las tropas francesas estaban al mando del general Carteaux el cual pretendía asediar Tolón, este general valiente pero poco inteligente, no entendía los razonamientos del joven artillero, que la posición clave de Tolón era la punta de la Eguilette y por tanto era allí y no sobre la ciudad donde se habían de concentrar todos los esfuerzos. Napoleón en sus tiempos de viajero había estudiado la rada de la ciudad y desde la punta de Eguilette se podían tirar cañonazos contra los barcos enemigos y obligarlos a retirarse. Pero si Carteaux no lo entendió así, su sucesor Dugommier se dejó convencer por la tenacidad de Bonaparte. Éste disparó personalmente el cañón, fue herido y consiguió el ascenso a general de brigada.

En marzo de 1794 fue nombrado comandante de artillería del ejército en Italia, esto le permitió familiarizarse con la geografía de un país, donde llevaría a cabo una de sus mejores campañas. Pero en los tiempos de la revolución las amistades eran frágiles e inseguras, los Robespierre eran derrocados y su amigo Salicetti le mandó detener. En 1795 le retiraron de Italia y le destinaron al ejército de la Vendée.

El rechaza este destino, le quieren imponer una arma que no es la suya… la infantería… aparte tampoco quería cambiar el teatro de operaciones, Italia por una guerrilla local. Se siente tentado de ir a servir al Gran Turco , que ha pedido a Francia oficiales de artillería y la paga es buena, pero veintiún días más tarde la Convención iba a necesitar un general más enérgico, ya que querían evitar que la derecha monárquica, muy activa en Paris, llegara al poder. Si los equipos de la derecha que han hecho el Termidor, atacan la Convención, ¿Quién la defenderá?. La Convención al atacar a Robespierre, ha perdido el apoyo de los “gorros frígidos”. Solo les queda el recurso del ejército, son llamados los generales Pichegru y Menou para protegerla. La tarde del 4 de octubre de 1794 , Menou parlamenta con los alzados, si ganan estos la Convención esta perdida, pero esta decide defenderse y destituye a Menou y nombra a Barras como general en jefe del ejército del interior, pero Barras necesita un técnico a su lado y piensa en Bonaparte.

La Convención disponía de 8.000 hombres; los rebeldes de 30.000, pero separados por el Sena, mientras Bonaparte tenía una posición central, más fácil de defender. Los rebeldes enviaron un batallón para apoderarse de unos cañones que había en el campo de Sablons, cerca de Neuilly. Pero Napoleón se les adelantó y encargo a su jefe de escuadrón Murat, con 300 caballos que fuera a buscarlos, cuando tuvo la artillería , ametralló a los faccionarios en la puertas de la iglesia de Saint-Roch, fue una matanza brutal, entre trescientos y cuatrocientos hombres sucumbieron a la metralla, también salio airoso en la plaza del Carrusel y en el puente Royal, la Convención se había salvado. De aquí en adelante seria el “general Vendimiario” por la rapidez de sus decisiones.

Napoleón espera volver a ser destinado a Italia y así se lo comunica a Carnot, miembro del Directorio y encargado de los temas militares. El Directorio que quería anexionarse Bélgica y por ende, ponerse en contra de Inglaterra, tiene una gran necesidad de victorias. “Si estuviera allí, comenta Bonaparte, los austriacos serían vencidos”.

 

Cuadro de Josefina, pintado por Pierre-Paul Prud´Hon, Museo del Louvre en Paris, fue encargado por Napoleón el día después de ser coronado

 

Josefina de Beauharnais

 

Josefina Rosa Tascher de la Pagerie, una bonita criolla, nacida en la Martinica,  de treinta y dos años,  y  madre de dos hijos: Hortensie y Eugène, viuda del general Alejandro de Beauharnais, general en jefe del Ejército del Rhin, guillotinado por el Terror, su amistad con Teresa Tallien, le salvó de seguir la misma suerte que su marido y con la que compartió durante un tiempo el mismo amante Barrás. Empezó a ser cortejada por Napoleón y fue un asiduo visitante de su mansión en la calle de Chantereine, era pues una presa fácil para una cortesana, con sus caricias, vestidos etéreos, que dejaban traslucir unos pechos aún firmes y sensuales, que enloquecen al joven e inexperto (en estas lides) general, el cual se enamoró locamente de ella.

Las mujeres hasta entonces no le habían hecho mucho caso, pero Josefina dominaba los hábitos mundanos, conocía perfectamente la vida sensual, no tenía mucho dinero pero contaba con buenas relaciones, una de ellas el señor de Ségur, le aconsejó a Napoleón que se casara con la joven, olvidando la diferencia de edad, el matrimonio se celebró y Barrás como regalo de boda le dio el mando supremo del ejército en Italia, ya que le consideraba peligroso en Paris.

La noche del 9 de marzo de 1796, el 19 Ventoso del año IV, en la sala del Hotel Mondragon que sirve de sala de casamientos, Josefina y los testigos Barrás y Tallien, esperan a Napoleón que ocupado en los preparativos de su marcha al frente del ejército de Italia, le hacen llegar tarde al casamiento y enseguida conmina al alcalde Leclerc que les case con prontitud. Pero la ausencia de éste pronto le hace olvidarlo, mientras Napoleón está enzarzado en las batallas en Italia y a ella, debido a las victorias de su marido, la llaman Nuestra Señora de las Victorias. Acude cada vez más asiduamente a las fiestas de Barrás y ofrece, ella misma, escandalosas recepciones en su morada. El varonil Murat, se relaciona con ella durante un corto periodo de tiempo, pero luego le siguen otros.

Las continuas cartas de su marido la atosigan… como muestra una de ellas: ”Si me quisieras me escribirías dos veces al día, pero solo tienes tiempo para escuchar las tonterías de los señoritos que desde las diez de la noche y hasta la una de la madrugada,  te cuentan todas las chilindrinazas de Paris. En los países que hay decencia, a las diez de la noche, todo el mundo está en su casa; en esos países se escribe al marido, se piensa en él, se vive para él. Adiós Josefina, eres un monstruo que yo no puedo explicar”.

Barrás intercede por el general y insiste a Josefina que acuda junto a él, ella ya no sabe que excusa darle y se inventa un embarazo imaginario, cosa que ilusiona a Napoleón y después una grave enfermedad que la retiene en cama, atendida por tres médicos. El propio Murat, es el encargado de poner al corriente a Napoleón de estas artimañas. Y cuando por fin consiente en ir a Italia a encontrarse con su esposo, el cual cabalga a galope tendido hasta Milán, para ese encuentro, ella está en Génova en una fiesta con Charles Bonaparte.

 

Otra vez Italia

El 27 de marzo de 1796, llegó a  Niza, su ejército activo constaba de 40.000 hombres, mal equipados, casi sin zapatos, ni ropa. Sus enemigos los austriacos y piamonteses disponían de 80.000 hombres. Los víveres tampoco llegaban. Sus soldados disparaban solo para cumplir con su honor, pero no avanzaban jamás. Sus generales Masséna, Augereau y Berthier, no estaban conformes que un advenedizo les mandara. Pero desde los primeros momentos, Napoleón se mostró severo y poco comunicativo con ellos, pero a los soldados les devolvió la esperanza: “Soldados, sé que estáis mal alimentados, y casi desnudos. Yo os llevaré a las mesetas más fértiles del mundo. Ricas provincias, grandes ciudades caerán en vuestro poder. Allí encontraremos honor, gloria y riqueza “.

Desde las dos primeras semanas siguió los principios de Guibert: ser más fuerte que nadie en un punto y atacar por ese punto. Esto le permite vencer, por separado a los diferentes ejércitos, abrir el camino del Piamonte y firmar un armisticio con el rey Víctor Amadeo. Los austriacos eran mandados por un general, muy conocido en la época, Beaulieu… ¿Pero que podía hacer ante un general, que no respeta los principios básicos de la guerra, que se arriesga escandalosamente y está en todos los lugares al mismo tiempo?. El 10 de mayo con la victoria de Lodi, se ganó la confianza del ejército entero. Ya era dueño de la rica Lombardía, de Milán. Los demás estados italianos querían negociar con él, la nobleza italiana no lo veía con buenos ojos, pero el pueblo harto del yugo de los austriacos se alegro.  Pero el Directorio le propuso compartir el mando con Kellerman a lo que el corso contestó: “Solo o nada”.

El Directorio para conservar la paz en el interior, debía ofrecer unas victorias en el exterior, conservar Bélgica y adquirir la orilla izquierda del Rhin, pero esto dependía de Austria , para convencerla a negociar se habían de instalar sólidamente en Italia y poder ofrecer algo a cambio a los austriacos ; el norte de Italia por las fronteras naturales de Francia. Napoleón de dedica a ello y tiene su plan en Italia, fundar dos repúblicas, de las que él será protector y entregar Venecia a los austriacos. Pero estos no aceptan y envían contra Bonaparte a sus dos mejores generales, Würmser y Alvinzi, pero este se bate con furia inusitada, una furia debido a que a pesar de sus cartas ardientes a su esposa, esta le engaña con varios amantes . En ese momento Würmser manda un nuevo ejército contra él, y los italianos están preparados para alzarse contra él , si las cosas le van mal. Pero Napoleón se sale del atolladero y Würmser se refugia en Mantua y Alvinzi , que viene en su ayuda también es derrotado. El famoso paso del puente de Arcole, en el que el delgado general de rostro heroico, blande una bandera tricolor, esta perpetuado en un bello cuadro. 

El general Bonaparte en Pont d´ Arcole, óleo de Jean Gross, Museo del Louvre. Paris. La obra conmemora la victoria de Napoleón en la campaña de Italia de 1796

En enero de 1797, Alvinzi es derrotado en Rívoli, y Würmser capitula, pero llega otro gran general austriaco, el archiduque Carlos que corre la misma suerte que sus predecesores, con su derrota el camino de Viena está abierto, si el ejército francés  del Rhin se moviera sería posible llevar la guerra a Austria. Pero estos no se mueven… En Italia la retaguardia no está segura. Es preciso terminar y Napoleón firma el principio de paz de Leoben. En Francia se preparan unas elecciones, que seguramente ganará la derecha, la misma que él destrozó a cañonazos en Saint-Roch.

El Directorio se envalentona y habla de establecer una república en Viena. Bonaparte no esta de acuerdo con estas locuras, pero si lo está con Tayllerand, ministro de Exteriores y firma la paz de Campoformio, por ella el emperador de Austria, renuncia a Bélgica, la orilla izquierda del Rhin es una cosa pendiente, Francia la conseguirá si los estados alemanes dieran su consentimiento e Inglaterra firmara esta paz , pero ésta es hostil a cualquier potencia demasiado poderosa en el continente.

Napoleón duda en si apoyarse en el ejército para derribar al Directorio, pero el ejército es republicano y no esta seguro si le apoyaría en este paso decisivo. El Directorio le da el mando del ejército, encargado de invadir Inglaterra, pero éste no existe. Los miembros del Directorio ya le temen y le envían a negociar con los estados alemanes y cuando está a punto de conseguirlo, lo vuelven a llamar a Paris. Hace veintiún meses que partió de la capital, siendo un desconocido y ahora vuelve como un héroe nacional. Ya empieza a colocar a su familia, José es comisario en Parma, Luciano, comisario de guerra. La calle Chantereire donde tiene su morada ha sido bautizada con el nombre de calle de la Victoria. En Paris se le relaciona con los intelectuales: Laplace y Berthollet, se aleja del poder, sabe que el Directorio le vigila de cerca, no comparte esas pasiones francesas que son la monarquía y el jacobismo, sabe que su iniciativa política es prematura.

En Paris no puede hacer nada y si continua sin hacer nada está perdido, el Directorio juzga inoportuna su gloria. Tiene el mando del ejército contra Inglaterra, pero no tiene flota para llevarlo a cabo. Hoche había perdido un año preparando un desembarco en Irlanda. Napoleón lo rechaza en tres semanas. Acaricia otro sueño atacar Inglaterra en Egipto, tampoco esa empresa es fácil. Nelson con su escuadra es el dueño y señor del Mediterráneo y tendría de transportar a su ejército de 40.000 hombres, pero ¿Cómo? El almirante Brueys sabía que si se encontraba con Nelson, la flota francesa entorpecida por sus propios convoyes, seria aniquilada. El riesgo era inmenso y Napoleón lo aceptó. Embarcó en el Orient el 19 de mayo de 1798. En aquellos tiempos los medios para iluminar una flota eran rudimentarios. Brueys no sabia donde estaba Nelson y éste desconocía el paradero de Brueys. Éste se apoderó de Malta y siguió camino a Alejandría,. Nelson se cruzó a cuatro millas de la flota francesa, sin verla por la noche, y al no verla corrió a buscarla en Siria. Si la hubiera visto, Napoleón, su ejército, su estrella y quince años de gloria se hubieran ido a pique.

 

Napoleón ante la Esfinge, por Jean-Léon Gérome, 1868

El desembarco tuvo éxito, los mamelucos, milicia turco-egipcia fueron vencidos y Napoleón se dispuso a organizarlo todo, llevaba un ejército de juristas, administradores, naturalistas y artistas, todo los necesario para fundar el Egipto moderno y lo logró, le dio un sello francés, pero muy respetuoso con el Islam, siendo llamado Bunaberdis Bey por los mamelucos. Manda celebrar las fiestas musulmanas. Es famosa su arenga a los soldados: “ Desde lo alto de estas Pirámides, cuarenta siglos nos contemplan” . Pero el 1º de agosto, Nelson encuentra a Brueys en la bahía de Abukir(1) y lo destroza. Brueys perece en el hundimiento del Orient, el buque que transportó a Napoleón. Pese a estar aislado su ejército, Napoleón no parece darle importancia , piensa en quedarse en Egipto y reinar allí. El país le proveerá. Al día siguiente de Abukir funda el Instituto de Egipto. A la pregunta de cuanto tiempo pasará en Egipto, el contesta: “Unos meses o seis años, tenemos veintinueve ; entonces tendremos treinta y cinco. Estos seis años me bastan para llegar a la India“ . Los turcos pretenden echarlo de Egipto, pero él les derrota , pero no puede conquistar San Juan de Acre, un antiguo camarada de Brienne, Phelipeaux, emigrado y el inglés Sidney Smith, al carecer de una artillería potente. Furioso, ordena quemar las cosechas en Acre y matar a los prisioneros que no pueda transportar. Él había elogiado a Louvois por el incendio del Palatinado: “Un hombre de Estado no tiene derecho a ser sentimental”. Si a esto le añadimos las infidelidades de su esposa, aireadas por los ingleses, con la publicación en la prensa de unas cartas ridículas.

 

Explosión del Orient en la batalla de Abukir

Pero Napoleón ya esta cansado de su aventura por tierras egipcias, y ya en julio de 1799 esta preparando el regreso, teme el bloqueo de los británicos por mar, pero él ha calculado el riesgo varias veces y se embarca en una fragata, consigue pasar y llega a la rada de Ajaccio en octubre de 1799, allí le llegan las noticias que Masséna y Brune, con sus victorias sobre los rusos, ingleses y holandeses, han alejado el fantasma de la invasión. Bonaparte se hace de nuevo a la mar y desembarca en Frejus donde se ve realmente sorprendido por el calor del recibimiento del pueblo. Su hermano José le pone en antecedentes de la hostilidad manifiesta del pueblo hacia el Directorio. Sieyés, Fouché y Talleyrand están convencidos del golpe de estado, pero necesitan a Bonaparte, pero otros tres miembros del Directorio, no dan su consentimiento (Gohier, Moulin y Barras), solamente Sieyés y Roger Ducos  conocen el proyecto y están a favor. Sieyés era un maestro en el arte de hacer cumplir la ley, violándola. El 18 Brumario , el Consejo de Senadores será convocado muy temprano, pero se olvidará convocar a la oposición. Los Senadores, informados de la conspiración que amenaza los Consejos, deciden el traslado de los Quinientos a Saint-Cloud, donde les protegerán las bayonetas de Bonaparte. Lejos de Paris, la propuesta de la nueva constitución no tiene contestación posible, rodeados de soldados, no tendrán más remedio que aceptar y los tres cónsules : Bonaparte, Sieyés y Roger Ducos se harán con el poder.

El primer día la operación se resolvió bien, Bonaparte habló demasiado y mal. Sieyés hubiera querido detener a los más hostiles, pero Bonaparte se negó a ello, ya que si la operación se hubiera presentado como un golpe de estado, cualquier otro general la hubiera podido repetir al día siguiente contra un gobierno que no tenía nada de legitimo. En el Consejo de Senadores, la acogida fue buena, pero la torpeza del orador, consternó a sus partidarios y en la de los Quinientos, los jacobinos vociferaron contra él. Nada más aparecer, a Napoleón, valiente en las batallas, le horrorizaban los tumultos y turbado ante una asamblea hostil sufrió un sincope. Los granaderos tuvieron que sacarlo de la sala, y él una vez repuesto se subió al caballo y dijo  a los soldados que habían querido asesinarlo. Estos, estupefactos, entre el respeto a sus diputados y las órdenes de su general, no sabían si detenerlo u obedecerlo. Luciano como presidente de los Quinientos salvó la situación, tenia derecho a pedir el uso de la fuerza contra cualquier diputado hostil e hizo uso de su poder. A golpe de redoble de tambor, Murat y sus granaderos se precipitaron en la sala. El golpe de Estado había tenido éxito. En las pastelerías de Paris se vendían bonapartes de azúcar, con esta inscripción: “Francia le debe la victoria, Francia le deberá la paz” . Bonaparte fue ascendido a Primer Cónsul jefe del poder ejecutivo, con sus fieles Sieyés y Ducos, en segundo plano.

 

La guerra con Austria 

En la primavera de 1800, Austria volvió a reanudar las hostilidades. Masséna es sitiado en Génova. Napoleón reúne un ejército en Dijón, para socorrerlo, pero le da el mando a Bethier, ya que según la constitución, él no podía mandarlo. Después en lugar de ir hacía Génova, fue contra Milán. Allí cometió el error de dividir a sus fuerzas en tres cuerpos y sus líneas fueron rotas por el viejo general austriaco Melas que estuvo a punto de vencer en Marengo. Al mediodía la batalla estaba perdida, pero la irrupción de Desaix, lo salvó y luego la muerte de éste, dejó todo el honor para el Primer Cónsul y Melas le entregó la Lombardía. Napoleón asistió a un Te Deum en la catedral de Milán. Este Te Deum respondía a una estrategia política, quitar a los Borbones la clientela católica.

 

Su partida a Paris fue inmediata , las noticias que llegaban  de la capital eran inquietantes, Brumarianos descontentos incitaban a Sueyés. Barras conspiraba con los monárquicos. Todos estos pájaros de mal agüero se dispersaron al conocer la victoria de Marengo. Su entrada en Paris fue triunfal.

 

Luis XVIII animado por la moderación de Bonaparte creyó que estaba preparando el camino de la monarquía…. era un iluso... En un mensaje enviado al Primer Cónsul, éste le espetó: “No deber desear su vuelta a Francia, tendría de caminar sobre cien mil cadáveres”. Entonces los monárquicos intentaron asesinarlo, Bonaparte entregado a su principio de fusión y Josefina, ávida de nobleza, no recelaron de los monárquicos y acusó a los antiguos partidarios de Robespierre y deportó 150. Más tarde su ministro de la policía, Fouché encontró a los verdaderos culpables, pero los deportados no volvieron. Napoleón tenía miedo de los jacobinos, eran los únicos que había odiado en su vida.

 

El asesinato del zar Pablo I 

 

Este hecho, dramático, ocurrió el 23 de marzo de 1801, el asesinato del zar Pablo I. Napoleón lo atribuye a las intrigas inglesas, él mismo se había librado por unos segundos, el 24 de diciembre, de la explosión de un carro cargado de explosivos en la calle de Saint-Nicasie. Aparte sus tropas en Egipto habían capitulado, pero a ambos países les interesaba negociar, los ingleses estaban preocupados por una expedición inglesa a Santo Domingo y por el coste de la guerra. Napoleón no olvidaba que Nelson en un solo día, había podido disolver en Copenhague(2), la liga de los países neutrales. Su potencia marítima era la clave. Por el tratado de Amiens (1802), Egipto sería devuelto a Turquía y Malta a los caballeros de la Orden, pero Francia conservaba sus conquistas europeas. Pero ambos países se resistían a cumplir lo firmado, Inglaterra se comprometía a evacuar Malta, pero no tenía intención de hacerlo y Bonaparte sabía que Inglaterra no se resignaría y tendría que defender Bélgica y la orilla del Rhin. Ahí entra en escena, Fouché y su eficaz red de espionaje, alerta al Primer Cónsul, que de Inglaterra han desembarcado, los monárquicos Georges Cadoudal y el general Pichegru y contando con el general republicano Moreau en una conspiración para acabar con la dictadura de Napoleón. Pero Napoleón bien informado no tarda en detenerlos y decapitar la conspiración. Indultando a Moreau, y desterrándole a América, Pichegru se ahorcó en su celda y Cadoudal y trece conspiradores más, son condenados a muerte. Estas noticias de la fallida conspiración son seguidas con mucho interés en Europa, conscientes de la implicación británica.

 

Pero en los interrogatorios de los conspiradores, sale a relucir un Borbón… esto enciende las alarmas, ¿un Borbón en los conspiradores?. Inmediatamente Talleyrand le pone en conocimiento de que hay un Borbón, llamado Condé , duque de Enghien, que reside cerca de la frontera, en el gran ducado de Bade... Seguro que él es la cabeza oculta de la conspiración, ya que recibe una pensión de los ingleses y se decide obrar con rapidez y energía para que los Borbones dejen de intranquilizar a los franceses y de conspirar para recuperar el poder.

 

Como si de una gran batalla se tratara empiezan los preparativos para poder secuestrarlo; unos trescientos dragones penetran en el gran ducado de Bade y se apoderan del duque ¿traidor?. Todo en el más riguroso secreto y cuatro días más tarde el duque se encuentra en las mazmorras de la fortaleza de Vicennes. Sin pruebas decisorias de su implicación, solo la declaración de uno de los conspiradores. Napoleón es incitado por Tayllerand para llevarlo frente a un consejo de guerra. El propio Napoleón redactó las preguntas que debían hacerle al duque.

 

El duque de Enghien fue condenado a muerte y fusilado, hay que hacer constar que la fosa se había cavado ya en Vicennes antes del consejo de guerra. Este crimen político escandalizó a toda Europa, franceses incluidos, por la rapidez del proceso y la ilegalidad de la acción, secuestrando a Condé en un país vecino. Chateaubriand dimitió, pero Napoleón esperaba con esta acción atemorizar a los monárquicos y que se olvidaran de conspiraciones. Unos días más tarde de esta acción sangrienta, el Senado le propuso ser Emperador de los franceses y hasta un embajador extranjero, comento: “Este muchacho sabe sacar partido de todo “.

Napoleón I , emperador de Francia en traje de coronación, por François Gérard, en la Galería del Arte Moderno, en Dresde

 

Napoleón I, Emperador

Ya que la restauración de la monarquía hubiera provocado a los franceses; el Imperio parecía una continuación lógica del Consulado, lo que en verdad extrañó fue que escogiera ser coronado por el papa Pío VII, en Notre-Dame. Al llegar este a Paris tuvo una tremenda sorpresa ya que Josefina con su habilidad característica le hizo saber que no estaba casada con Napoleón, por la Iglesia. Este matrimonio religioso se celebro en el Louvre, la noche antes de la coronación.

 

 

 

Toma parcial en todo su esplendor del monumental cuadro de David

 

Por fin, el solemne momento ha llegado para Napoleón, el 2 de mayo de 1804 todo está preparado para la coronación imperial. Toneladas de flores se reparten por todos los rincones de Notre-Dame y las piedras, fuentes y estatuas de todo Paris han sido frotadas con cerdas de jabalí. Napoleón se presentó, vestido con un solemne manto imperial a la antigua usanza,  de púrpura, salpicado de abejas de oro, en él estaban bordadas ramas de olivo, (paz) de laurel, (gloria)  y de roble (fuerza), rodeando la letra N, la espada que ceñía Napoleón , se había engastado en su empuñadura, el Regent , uno de los diamantes más famosos del mundo. Napoleón en un momento mira a su hermano José, como si le dijera; ”Ah, si nos viera nuestro padre”.

El papa está sentado, rodeado de sus cardenales y cuando todos esperan que Napoleón se arrodille ante él y sea coronado. Napoleón que nunca había inclinado la cabeza ante nadie toma con sus manos la corona que estaba depositada en el altar y se la coloca él mismo, luego corona a Josefina, arrodillada a su lado. El papa informado del detalle a última hora no tiene el valor de impedirlo,, pero después de la ceremonia hace su protesta y exige que el gesto no se mencionara en el Moniteur, se le dio esta satisfacción, pero el Emperador se había salido con la suya. El Corso quiso aparecer ante todos como el digno sucesor de Carlomagno, el primer emperador de los francos. Por ello estuvieron presentes en Notre-Dame sus reliquias, llamadas así de manera simbólica, conservadas en Saint Denis. Jacques-Louis David, el pintor oficial de Napoleón, las obvió de su famoso cuadro, apenas vista en el grupo de asistentes de la izquierda, para no restar protagonismo al nuevo Emperador y paradojas de la historia, mientras los símbolos napoleónicos fueron destruidos en su caída en desgracia, los de Carlomagno aún sobreviven en nuestros días. 

 

 

La coronación de Napoleón ,en francés la sacre, pintada por Jacques-Louis David, pintor oficial de Napoleón, cuadro de impresionantes dimensiones 629 x 979 cm. el pintor creyó equivocadamente que seria el mayor cuadro del Louvre, pero este honor recaía en el cuadro del Veronés, las bodas de Canaán, de 666 x 990 cm.


 

El código civil napoleónico

Su afán de gobernar le llevó , desde sus primeros días en Versalles y viendo la ausencia de leyes procedentes del periodo revolucionario. Napoleón impulsa de inmediato la redacción de un código civil, llamado de Napoleón o napoleónico en el que se establecen unos principios que estarán vigentes, durante más de un siglo, en Francia y también en los países conquistados y aún hoy en día inspira la legislación de los principales países civilizados.  En el código se especifica por primera vez el derecho de gentes; no más títulos hereditarios, todos los hijos tienen el mismo derecho a la herencia , todos los padres se verán en la obligación de sufragar los gastos de sus hijos, matrimonio civil y las limitaciones del divorcio, entre algunas novedades para consolidar algunos de los principios revolucionarios. Se centraliza la administración del Estado y por todo el país, se nombran prefectos, subprefectos, alcaldes , todos elegidos por el Gobierno.

 

Napoleón posa para Jacques-Louis David, colección National Gallery, de Washington

Pero no hay ninguna duda que lo que más influyó al pueblo francés, fue la gran capacidad de trabajo de Napoleón y que fue capaz de hacer cumplir a sus más fieles colaboradores. Éste trabajaba más de dieciocho horas diarias y no permitía que sus colaboradores se quedasen rezagados en su dedicación al Estado.

 

La Legión de Honor

En su encubierta restauración de las costumbres monárquicas, Napoleón improviso una herramienta para formar una aristocracia renovada constantemente por sus méritos propios .Y para este fin creó en 1802, la orden nacional de la legión de Honor, algo parecido a las antiguas órdenes de caballería de los reyes de Francia y se formaba para colmar las pequeñas ambiciones de los ciudadanos y desviarlos de cualquier tentación de intentar una rebelión. Ya en la corte se cambiaban las botas y el sable de combate, por las medias de seda y la elegante, pero menos peligrosa, espada. Josefina se rodea de todo tipo de cortesanos/as de la nobleza. Aparte otras grandezas afloraron a las manos de Napoleón, las de Presidente de la República Cisalpina, protector de Suiza y de la Confederación Germánica.

 

 

Mapa de la Europa en 1812, con el auge del Imperio napoleónico


La tercera coalición

Después de su espectacular coronación en Notre-Dame, Napoleón creyó que ya sería aceptado en todas las casas reales de los soberanos legítimos. Nada más lejos de la realidad, el Emperador de Austria, junto con la Inglaterra de Pitt (su premier) están formando lo que Napoleón llamará la tercera coalición, agrupándose a partir de 1804, el zar Alejandro, de Rusia , Inglaterra, Austria, Suecia y Nápoles, objetivo claro de esta coalición, retornar a Napoleón a sus fronteras naturales. Y para el “gran corso” el objetivo es a partir de este momento, aplastar a Inglaterra, para no ser aplastado por los ingleses.

Hay algunos historiadores que no creen que Napoleón hubiese levantado el campamento en Boulogne, con más 100.000 hombres prestos a invadir la pérfida Albión. Napoleón había mandado construir 2.000 barcos, porque creía que la empresa es factible. Para conseguirlo era preciso distraer la flota británica, fuera del Canal de la Mancha, durante tres días, o solo uno, para lanzar 130.000 soldados sobre Londres, donde les recibirían como libertadores. Pero sus almirante se mostraban reticentes y la escuadra francesa seguía bloqueada en los puertos de Brest y Tolón. Él había ordenado a Villeneuve hacer una maniobra de distracción, con la flota franco-española, para atraer a Nelson a las Antillas y volver a toda vela, pero Villeneuve no consiguió llega a la cita con los demás almirantes franceses  y se refugió en Cádiz. Es muy posible que la maniobra de Villeneuve fuese debido a su prioridad conservar la única gran flota que poseía Francia. Napoleón echaba fuego por la boca, hablando del “infame Villeneuve”. Para enmascarar el “plan inglés”, Napoleón acudió a Italia y se coronó, rey de los lombardos, con Eugène de Beauharnais, como virrey.

La campaña de Napoleón contra las potencias de la tercera Coalición es considerada como la mejor de las que realizó el Emperador y la batalla de Austerlitz está considerada la obra maestra del liderazgo napoleónico. Sus enemigos estaban seguros de derrotar al postrevolucionario ejército de Napoleón. Los dos principales arquitectos de la coalición, el premier británico William Pitt y el zar de Rusia, Alejandro I, iban a atacar a Francia con uno de los mayores ejércitos, unos 400.000 hombres desde Nápoles en el Mediterráneo hasta Hannover a Pomerania en el Báltico. Napoleón solo podía moverse rápido y golpear con fuerza y dividir a sus enemigos, antes de que los austriacos, más lentos, estuvieran preparados, Napoleón tenía un total de 350.000 hombres, pero solo la Grande Armée, enfrentada a Inglaterra en la costa franco-belga del canal de la Mancha, con 194.000 efectivos podía esperar enfrentarse y derrotar al ejército austro-ruso del Centroeuropa .

El 8 de septiembre de 1805, bajo el mando del general austriaco Karl Mack, invadió Baviera y el ejército de este estado , que contaba con 22.000 hombres no opuso resistencia, y los austriacos ocuparon Munich cuatro días después, Mack traslado a sus hombres hacía el este, a Ulm e Ingostald para vigilar  la Selva Negra, por donde estaba seguro que los franceses penetrarían en Alemania. Más al norte, los enclaves de Anspack y Bayreuth bloquearon un ataque, al menos es lo que creyó Mack. Pero en eso se equivocó, Napoleón no iba atreverse a molestar a los prusianos violando su territorio, para que estos se unieran a la tercera Coalición. Lo que hizo Napoleón, fue enviar a Murat y su caballería, con el Cuerpo V de Lannes , a través de la Selva Negra, para distraer a Mack y envió los otros cinco cuerpos de Ejército de su “Grande Armée d´Allemagne” describiendo un gran círculo por Franconia y el norte de Baviera. Murat cruzó el Rin, por Estrasburgo entre el 25 y 27 de septiembre, mientras el resto de la Grande Armée cruzaba el río Neckar el 1 de octubre, tratando de cruzar el Danubio y cortar la retirada de Mack hacía el este. Napoleón desconocía donde se encontraba el ejército principal de Mack y esperaba que se retirara hasta Viena antes de que fuera demasiado tarde.

Cuatro días más tarde, Mack tuvo noticias de que los franceses habían cruzado el Anspack de camino al sur de Donauwörth, donde tres días después , los austriacos habían perdido 600 hombres , defendiendo esta vital posición. Esto dejó al ejército principal de Mack, aislado y rodeado en Ulm, Mack ordenó a los suyos abrirse camino hacía Bohemia, contando con la debilidad defensiva de los franceses y el 11 de octubre se enfrentó a ellos con singular éxito , pero a pesar de su ataque los soldados y oficiales ya no creían en él. La situación de Mack era bastante complicada y pensó que no valía la pena el derramamiento de sangre y capituló en Ulm, con sus 24.000 hombres. En total , la campaña de Baviera les costó a los austriacos 60.000 de sus mejores hombres. Las más que insignificantes bajas que había sufrido en la contienda animaron a los franceses, los cuales  quedaron asombrados de que con un rápido avance les ahorro una batalla campal, contra un enemigo que, como se demostró en Wagram, cuatro años después, no podía ser menospreciado. Ulm, más que Austerlitz fue el principal exponente del don de mando de Napoleón y como sus enemigos se habían visto obligados a capitular sin pérdidas importantes de vidas por ambos lados.

El 11 de noviembre, los últimos soldados austriacos, unos 11.000 abandonaron Viena en dirección a  Bohemia , donde los aliados contaban con 80.000 hombres. Los soldados de la Grande Armée entraron en la capital austriaca , éstos no incendiaron la capital a diferencia de los rusos en 1812, a su llegada a Napoleón revisó la situación, había perdido 50.000 hombres y se enfrentaba al archiduque Carlos con 85.000 hombres en Italia y al ejército principal en Bohemia. Si estos coordinaban los ataques, él podía se cogido entre dos fuegos, pero Carlos muy a la defensiva con su pasividad garantizó el no movimiento de tenaza de los aliados.

 

El águila imperial de Napoleón

 

Austerlitz

Napoleón solo tenía 53.000 hombres en su llegada a Brünn (Brno) el 23 de noviembre, y para entonces en aquellas latitudes el tiempo ya era frío. Como era su costumbre, llegó, examinó el terreno y halló el sitio ideal para entablar batalla, en torno a los altos de Prätzen, cerca de la pequeña población de Austerlitz. Inmediatamente hizo ocupar dichos altos, por Soult y Lannes y después Wischau y Austerlitz. Tuvo una reunión con el conde Dolgoruki, edecán del zar, fingiendo ansiedad y una inusitada falta de autocrítica . Todo esto para engañar a los aliados haciéndoles ver que estaba en una posición débil y aparentando evitar la batalla, poco después el 30 de noviembre, ordenó a Solut, una retirada precipitada de los altos de Prätzen y de Austerlitz. Los aliados vieron la ocasión propicia para atacar. Sin que los aliados se hubieran dado cuenta, los generales Bernadotte y Davout habían reforzado al Emperador y habían igualado bastante a los aliados. El 2 de diciembre, Napoleón disponía de 73.000 hombres y 139 cañones y los aliados 85.400 hombres y 278 cañones. Éstos tenían aún superioridad numérica, pero estaba compensada por la presencia de Napoleón y su Grande Armée. 

Los aliados habían decidido atacar el ala izquierda de los franceses y envolver a la mayor parte de su ejército, mientras el general Bragation al norte atacaba la carretera de Olmütz-Brünn, con unos 59.000 soldados habían de abandonar los altos de Prätzen, tomar Tenitz y Sokolnitz y después reunirse en Kobelnitz, dejando a los franceses reducidos a una línea desde Turas a Pantowitz. Después el cuerpo de ejército de Kollowrath, con 24.000 hombres atacaría la bisagra de la línea francesa de Pantowitz y los franceses serían dispersados.

Las brumas invernales cubrieron el campo de batalla, dando al traste con los planes aliados, el general ruso Langeron señalaba que todos los planes aliados dejaban fuera de ellos, los altos de Prätzen completamente indefensos. Esta misma noche, Savary, jefe de los espías de Napoleón, le informó que el enemigo estaba en movimiento. A las 5.00 horas Napoleón dejó a Legrand y Davour, con 18.600 hombres para defender su ala izquierda y concentraba el grueso de su ejército , unos 65.000 hombres a la derecha.

A las 6.00 horas de la mañana, las fuerzas avanzadas austriacas se toparon en Telnitz, con los llamados, “primos del Emperador“ una legión corsa de élite y durante una hora disputaron un feroz combate, hasta que los corsos se retiraron. El general ruso Doctorov, con unos 13.600 hombres podía haber sorprendido a Napoleón, atacando su flanco vulnerable, pero esperó a su compatriota Langaron, éste en una confusión de movimientos de tropas en Prätzen se vio retrasado. Este retraso permitió a los franceses reagrupar sus fuerzas y 10.000 franceses contuvieron a 50.000 aliados.

 

Soldados austriacos defendiéndose de un ataque

Napoleón desde su puesto de mando, a las 8,45 de la mañana, observó que los aliados habían abandonado los cruciales altos de Prätzen, los cuales dominaban todo el campo de batalla. Napoleón preguntó a Soult , que esperaba escondido en el pie de la colina, cuanto tiempo tardaría en ascender y ocupar la cima, éste le contestó que unos 20 minutos. Napoleón esperó a que el último soldado aliado abandonase la cima, para ordenar a Soult que iniciara el avance.  Este lo hizo en total silencio, pero no pudo evitar que un oficial  ruso los viera y informara a Kutusov, este inmediatamente ordenó a su segundo, Miladorovich que tomara la cima, pero ya era demasiado tarde y hacía las 11.00 estaba en poder de Soult pese los fallidos intentos rusos de desalojarlos.

 Tanto Kutusov como el zar estuvieron a punto de perecer por el fuego de artillería francés. El zar , reaccionó con prontitud y envió  a su hermano, Constantino con sus 8.500 guardias imperiales, de elevada estatura, que estaban en reserva, los cuales avanzaron hacía los altos y penetraron en la primera línea de los franceses y esto provocó que algunos de ellos se desbandaran y estuvieron a punto de arrollar el puesto de mando de Napoleón, pero el fuego de mosquetes y de artillería les repelió. A las 14.00 horas ya no existía la posición central rusa y su resistencia estaba desorganizada. Davoult dio una orden que mancilló su hoja de servicios, ordenando a sus soldados que no perdonasen a ningún prisionero ni herido aliado. A pesar de esto, gran número de soldados aliados consiguieron escapar cruzando los terrenos congelados. Al llegar la nieve, los franceses estaban demasiado agotados para dar el golpe de gracia a sus enemigos.

Napoleón pese a ello había asestado un golpe tremendo a la tercera Coalición, que dejó a los austriacos, aplastados, a los rusos, humillados y a Inglaterra sin sus aliados continentales. Napoleón había perdido en la batalla unos 9.000 hombres, el 12% de sus tropas, y los aliados , unos 12.000 muertos y 30.000 heridos, cayeron en poder de los franceses, 20 generales, 46 estandartes, 186 cañones y 400 arneses de artillería . Este fue el cénit de la Francia de Napoleón. Una brillante conmemoración el 2 de diciembre, de su coronación. Napoleón , espetó a sus soldados, os bastará decir yo estuve en Austerlitz, para que os contesten : “este es un valiente”. Por el contrario, Pitt murmuró al morir : “Yo fui herido de muerte en Austerlitz” . La paz fue más dura para Austria, a la que arrancó Alemania e Italia, en Italia, hecha de Nápoles a los Borbones y pone a José en el trono. En Alemania fundó la Confederación del Rhin y agrupará a  dieciséis reyes y príncipes reinantes. A Rusia , nada, quería ganarse la confianza de Alejandro. 

 

Napoleón y el Emperador austriaco Francisco II discutiendo las condiciones de paz, después de Austerlitz, lienzo d Antoine-Jean Gross

 

Pero su estrella solo brillaba cuando él , en persona, mandaba las tropas, al día siguiente recibió la terrible noticia del desastre de Trafalgar, su “infame Villeneuve “ cansado de sus reproches había salido de Cádiz y su armada franco-española había sido aniquilada por Nelson, que había perecido en la batalla. Resultado, Inglaterra, reina y señora de los mares del continente.

Mientras en Paris, su hermana Carolina, la mujer de Murat, para intentar molestar a Josefina le ha buscado una nueva amante a su hermano Napoleón, ella es Eleonora Denuelle de la Plaigne , con sus diecinueve esplendorosos años, con unos negros ojos y un busto importante, lo encandila, pero ella no esta contenta con esta situación, pero surge lo imprevisto para Napoleón, ¡queda embarazada¡ ¡No se dudaba de la capacidad creadora del emperador!. Él no se hace demasiadas ilusiones y la instalará en una mansión en la calle de la Victoria, la visitará de vez en cuando, pero ha de partir a la guerra con los prusianos. Al volver recibirá la noticia, ha tenido un hijo, León, al que solo al verlo reconoce como suyo, es el vivo retrato de su padre.

 

Prusia

Napoleón ya creía en una paz duradera, después que Fox había sucedido a Pitt, como premier de Inglaterra, pero aún siendo de partidos políticos diferentes, éstos normalmente tienen la misma política exterior. Esta vez el peligro vino de parte de Prusia, debido a Hannover que Napoleón había prometido a la vez a ingleses y prusianos, peo la verdadera razón era que ni prusianos, ni austriacos, ni rusos aceptaban un tratado impuesto por la fuerza, lo que buscaban era ganar tiempo para reorganizar los ejércitos respectivos. El rey de Prusia , Federico Guillermo envió a Napoleón un ultimátum que expiraba el 8 de octubre, éste le dijo a Berthier : “ Nos han dado una cita en el campo del honor el 8 de octubre. Jamás un francés ha faltado a una de ellas” . Napoleón se siente en Paris asfixiado entre intrigas y bribonerías, más a gusto se encuentra a caballo entre sus soldados.

 

Soldados prusianos atacando las posiciones de Napoleón

Su guerra relámpago, llamémosle Blitzkrieg en honor al ejército alemán, el equivalente a otro Austerlitz. Finge primero, ataca por un lado, un enemigo que en franca retirada encuentra sus líneas de comunicación cortadas, y así, suma y sigue, primero en Saalfed y después Jena. Los prusianos son aplastados, la reina Luisa de Prusia huye. Su ego sube enormemente ha vencido a los prusianos, soldados de Federico el Grande, los mejores del mundo, tengamos en cuenta que si Napoleón se hubiera querido reencarnar en alguien, este era Federico el Grande; llega hasta copiar su vestuario de este rey filósofo. Su mayor alegría, dormir en el mismo palacio de Postdam y enviar la espada de su héroe a Paris, para el Hotel de los Inválidos. Su entrada en Berlín es apoteósica, a los compases de la “Marsellesa”. Ya solo le quedamos dos enemigos a batir, pero poderosos; Inglaterra y Rusia.

 

Movimientos de tropas en la frontera polaca

 

Polónia

Aquí también, si se hubiera presentado como el libertador de Polonia, el pueblo hubiese estado con él. La condesa Maria Walewska, esposa de un viejo multimillonario después de varias citas infructuosas, y aconsejada por su familia se entregó a él y como buena patriota que era hizo lo humanamente posible para liberar a Polonia, por cierto, (Napoleón tuvo un hijo con ella), y podía tener sucesión lo que acabaría en su divorcio. Por fin, Napoleón había encontrado una mujer que no pretende nada para ella, a excepción de compasión para su pueblo.

Pero los rusos tampoco eran invencibles y si hubieran seguido su estilo tradicional de agotar al enemigo en sus estepas heladas, la campaña de Napoleón en Rusia, hubiera acabado en 1807 y con un desastre, pero a los verdaderos militares de vocación, no se les puede ir diciendo que se retiren continuamente, practicando la táctica de la “tierra quemada”, por eso el general Benigssen quiso presentar batalla y fue en Eylau, en una batalla sangrienta, donde el cuerpo de ejército del general Augereau fue destruido; la caballería rusa estuvo a punto de hacer prisionero a Napoleón, en el cementerio de Eylau y gracias en parte a una de las más espectaculares cargas de caballería de todos los tiempos, mandada por Murat, se consiguió una victoria sangrienta, dudándose de quien había sido el vencedor (se contabilizaron 10.000 muertos o heridos más en los franceses, los vencedores, que en los vencidos, los rusos y prusianos). El mariscal Ney diría sobre la batalla: “Quel massacre, Et sans resultad”. Napoleón se instaló en Varsovia, un poco por María Walewska y desde allí organizaba su Imperio, mediante cartas, organiza fiestas en Paris, informa a Fouché de las fechorías de Madame de Stäel, da ideas a los pintores sobre sus cuadros. Y por fin le llega la batalla de Friedland (14 de junio de 1807), el aniversario de Marengo. En uno de los más claros ejemplos del valor de la artillería en  la guerra moderna. Esta vez la victoria no ofrece ninguna duda y Alejandro, irritado con sus aliados, quiere entrevistarse con el Emperador.

 

Pintura de Simon Fort, donde se muestra una de las mayores y espectaculares cargas de caballería del mariscal Murat en Eylau 1807

Se reunieron en Tilsit, en una tienda montada sobre el lago Niemen. Este encuentro fue muy cordial entre los dos mandatarios, Alejandro dijo encontrar en Napoleón, un hombre de mundo y de letras, no la revolución con botas y Napoleón se marchó de Tilsit con la seguridad de haber ganado un amigo. El tratado de paz fue moderado, Prusia perdió algunos territorios (Al águila negra prusiana se le rompieron las alas) y Alejandro viera, con disgusto, la creación del ducado de Varsovia, una concesión a María Walenska . Cuando en Santa Elena le preguntaban por el periodo más feliz de su vida :” Respondió sin dudar, en Tilsit, me sentía imparable, victorioso, dictando leyes y teniendo a reyes y emperadores haciéndome la corte “.

En el 16 de diciembre de 1809, Josefina se resistía a divorciarse de Napoleón, pero aconsejada por Fouché y por su hijo Eugène que acababa de regresar de Italia, por fin consiente. Asisten al acto toda la familia Bonaparte que esperaba desde hacía tiempo echar de su casa a la advenediza y vieja criolla que había seducido a su hermano durante años. Después de un frustrado intento de emparentase con el zar, casándose con una de sus hermanas,  pone sus ojos en Austria, en su archiduquesa María Luisa, una joven de dieciocho años, desciende de una prolífica familia; sus abuelas han tenido dieciocho y veintidós hijos. Pronto Viena da su consentimiento y representado por su fiel Bethier, en la ceremonia, contrae matrimonio el dos de abril y su esposa parte inmediatamente hacia Paris. Pocos días después recibe noticias de Varsovia, Maria Walewska ha tenido un hijo varón,  pero un año después la archiduquesa queda embarazada y el veinte de marzo de 1811, María Luisa dio a luz al fututo Rey de Roma.

La invasión de Rusia Esta en su mente y lo ve con una claridad diáfana, él mandará la Grande Armée en persona, con la flor y nata de sus mariscales, con cerca de 600.000 hombres (la mitad extranjeros). No lo duda un instante aplastará a las tropas rusas con sus hábiles maniobras y el zar pedirá la paz, la rapidez es fundamental, no quiere exponerse a adentrarse en las inmensas llanuras rusas. Esta guerra fue, junto con la de España los verdaderos talones de Aquiles de Napoleón.

 

Perseguir a las tropas rusas era como perseguir fantasmas, ellos se retiraban sigilosamente, durante la noche surgen como los espectros, un ejército fantasmal que actúa en silencio, sin apenas ruido. Los abastecimientos de la Grande Armée son muy difíciles, los veteranos aprietan los dientes fieramente. Lo que Napoleón no sabe que al igual que España, el zar, sus generales, los soldados y todo el pueblo de la madre Rusia, van a batirse en retirada y llevar a Napoleón donde él nunca quiso entrar : El corazón de la inmensa Rusia. Los generales rusos Bragation y Barclay de Tolly le rehuían. Napoleón quería , como en otras campañas forzando las marchas llevar a sus soldados detrás del enemigo, pero sus soldados no iban con la misma soltura atravesando las inmensas praderas rusa. Una tarde le dice a Murat: ”Mañana volverá a brillar el sol de Austerlitz“, pero mañana el ejército enemigo había desaparecido. Entran en Smolenko, los rusos han abandonado e incendiado la ciudad. Las tropas rusas están bajo el mando de Kutusov, un ruso de la vieja estirpe, maravillosamente recreado por León Tolstoi, en su “Guerra y Paz”, este hombre se duerme en los consejos, no cree en las maniobras, pero tiene una fe inquebrantable en la madre Rusia.

 

Pero no todo han de ser huidas en Rusia, por fin el 7 de septiembre, Napoleón encuentra a los rusos atrincherados en Borodino, pero con las cargas de Ney, Murat y Eugène y después envueltos por Davoult, deshacen al enemigo.  Napoleón duda en emplear sus tropas de la guardia y da tiempo a los rusos a batirse en retirada, las pérdidas son inmensas por ambos lados- La no decisión del Emperador indigna a sus generales, pero él ve que detrás entre Francia y la Grande Armée hay un distancia insalvable y Alemania y Austria podrían volverse contra él en cualquier momento. Napoleón se ve obligado a marchar contra Moscú, en contra de su propio criterio. Pero allí la sorpresa es mayúscula, la ciudad arde por los cuatro costados, él sin embargo está convencido de que Alejandro pedirá la paz, debido a su enorme fuerza personal, Napoleón se sobrepone a las circunstancias, ; “Moscú es una excelente posición política”. Mientras organiza la Comédie Française (Decreto de Moscú) y al ver que Alejandro no da el paso previsto, lo hace él, ofrece la paz a Kutusov, esta es rechazada y empieza el calvario de la retirada de las tropas francesas de Rusia, acosadas sin tregua y con saña por los cosacos, el pueblo y como no por..¡El general Invierno¡ (35º grados bajo cero)

 

El ejército no puede detenerse en Smolensko y sigue hasta el Beresina, sin abastecimientos y con 14.000 hombres rezagados., este paso del Beresina es trágico, bajo los constantes ataques rusos, rompiendo el hielo. El Emperador se salva, pero desde Paris llegan malas nuevas, una conspiración del general Malet le ha derrocado, por una sola noche, por ende ha de volver a las Tullerias, para desde allí recomponer su Imperio. Deja al mando a Murat, ya que es rey, aunque sea menos capaz que Bethier , pero el rango es inalterable. Y emprende el viaje por casi toda Europa, de incógnito, con unos pocos compañeros. La retirada de Rusia había sido precipitada y esto no estaba en la tradición de la Grande Armée.

 

 


La retirada de Moscú, Grabados de la época

Poco después en Rusia , Murat cede el mando de los restos del ejército a Eugéne. Los demás mariscales se burlan :” Nos mandaba el Emperador, después un rey, ahora un virrey”. El ocaso de Napoleón camina a marchas forzadas…¿España? no le preocupa…” Si treinta mil ingleses desembarcan en Calais o en Bélgica me harían más daño que si me obligan a tener un ejército en España”. En el 1813, Prusia le declara la guerra, aún gana algunas batallas….Lützen y Bautzen, pero continua su caída libre.

 

 

 

 

 

 

Escuela francesa, la batalla de Leipzig. Esta obra del siglo XIX  da una idea bastante aproximada del alcance de la batalla

 

Leipzig

Esta batalla , llamada también “la guerra de las naciones”, duró durante cinco largos días en octubre de 1813, del 14 al 19, fue la mayor durante las guerras de Napoleón., tanto por las cifras numéricas como por el terreno. Su Grande Armée se enfrento a una coalición de naciones, unidas contra él. Con la presencia de Francisco de Austria, el zar Alejandro y los reyes de Prusia, Sajonia, Suecia y Nápoles.

 

En plena desintegración del imperio de Napoleón, después de la fallida invasión de Rusia, tras la cual solo pudo contar con la décima parte del ejército que había intentado la invasión. A principios de 1813, Prusia se alió con el zar, en la declaración de la “guerra de la libertad”, en marzo de este año, respaldada, como no, por los ingleses y por el conde Bernadotte, uno de los mariscales de Napoleón, a la sazón, príncipe heredero de Suecia. Napoleón consiguió una serie de victorias menores, pero se vio incapaz de derrotar a los aliados, al este de Alemania, y firmó un armisticio el 4 de abril. Austria aprovechó la ocasión para declararse a favor de los aliados.

 

Mapa de las operaciones en la batalla de Leipzig

 

Las rivalidades políticas quedaron enterradas bajo la superficie, pero los aliados acordaron actuar con tres ejércitos separados; El de Bohemia, el más numeroso, comandado por el príncipe Karl Phillipe Schwarzenberg, de poca imaginación, pero con el tacto necesario para preservar la armonía entre los aliados y fue descrito por Blücher como el comandante en jefe que tuvo a tres monarcas en su cuartel general y aún así consiguió derrotar al enemigo. El mariscal Blücher estaba al mando del ejército de Silesia, formado por rusos y prusianos, mientras una fuerza mixta similar, formada por un cuerpo de ejército suizo y un pequeño contingente de fuerzas británicas, mandadas por Bernadotte. Enfrente tenían al ejército francés, en el frente norte a Ney y Marmont, en el frente oriental a Mac Donald y en el frente occidental a Poniatowski (del Gran ducado de Varsovia) y Augereau.

Napoleón esperaba derrotar a sus enemigos de uno en uno, pero éstos los evitaron con habilidad, cuando por fin atrapó a Schwarzenberg en Dresde, no fue capaz de lograr la victoria decisiva que buscaba y tuvo de retirarse a la parte oeste de Sajonia. Después de la deserción de Baviera (8 de octubre), surgió la necesidad de contar con Sajonia su principal aliado en el centro de Europa. En Dresde se dejaron dos cuerpos de ejército y el resto continuo hasta Leipzig, la segunda ciudad de Sajonia.

 

El 14 de octubre

La victoria estaba al alcance de la mano de Napoleón si lograba derrotar a Schwarzenberg antes de la llegada de los otros ejércitos y sus posibilidades de victoria mejoraban debido a la naturaleza del terreno. Leipzig, se encuentra en la confluencia de los ríos Elster y Pleisse. El terreno entre los ríos en la parte sur de la ciudad era pantanoso y boscoso, igual que casi toda la zona oeste.

 

Debido a la negativa del zar, Alejandro I a desplegar a sus soldados al oeste del Pleisse. Schwarzenberg solo desplegó a 32.000 austriacos en estos sectores y mantuvo el resto de su ejército al este del río. Blücher y el ejército de Silesia avanzaban por el noroeste de dicha ciudad, con Bernadotte a su retaguardia. Napoleón desplegó al  grueso de su ejército en el campo de batalla principal, al sudeste de la ciudad ; su línea exterior estaba al mando del rey de Nápoles, Joaquín Murat, con 41.000 hombres.

Los húsares prusianos en plena carga,  grabado de la época

La vanguardia de Schwarzenberg se encontró con Murat en la población de Liebertwolkwich a primera hora del 14 de octubre. Murat lanzó una serie de contraataques con su caballería durante la mañana y sus previsiones de victoria convencieron a Napoleón de resistir y luchar en lugar de retirarse hacia el oeste ahora que el camino estaba abierto. Las bajas de ambos fueron de unos 2.000 hombres, pero mientras los aliados las repusieron con los refuerzos, los franceses no.

Napoleón completó su despliegue el 15 de octubre aumentando sus fuerzas al sudeste de Leipzig, hasta unos 120.000 hombres, frente a los 100.000 de Schwarzenberg, pero el príncipe esperaba que las reservas rusas y prusianas se le uniesen, mientras Blücher se aproximaba a toda velocidad desde el noroeste de la ciudad.

Napoleón solo tenía 40.000 hombres al norte de Leipzig y una pequeña fuerza en Lindenau que protegía la ruta de escape al oeste.

Operaciones en la batalla de Leipzig el 16 de octubre, no el 6 como aparece, erróneamente en el mapa

 

16 de Octubre

La batalla principal de este día se desarrolló en dos partes diferenciadas. Schwarzerberg atacó a Napoleón al sudeste de la ciudad, mientras Blücher atacaba la población de Möckern, al norte, La primera oleada del príncipe austriaco se produjo contra una serie de pueblos, protegida por los franceses, desde Markleeberg hasta Kolmberg, pasando por Wachau. Los franceses respondieron con un intenso bombardeo, (su artillería estaba mandada por Drouat, el mejor general de artillería de Europa, después de Napoleón),intensificado a las diez de la mañana cuando se disipó la niebla, (se calcula que se lanzaron 80.000 proyectiles).Schwarzenberg se dio cuenta de que no disponía de recursos suficientes para continuar el ataque y se retiró alas 11 de la mañana a su punto de partida. Los austriacos situados al oeste del Pleisse se retiraron después de una serie de éxitos iniciales, al no poder defender Lindenau o forzar su cruce en Connewitz.

Consciente de su debilidad, Napoleón contraatacó con la esperanza de hacer girar a los aliados alrededor de Sheifershain. Al principio, los éxitos locales le animaron a mantener más tropas hasta que el ataque se generalizo en torno a las 2 de la tarde. Murat lanzó 10.000 jinetes de su caballería para abrir huecos en las delgadas filas aliadas, pero con la llegada de las reservas, éstos le rechazaron. A la llegada de estos refuerzos,

Schwarzenberg resistió hasta tres asaltos más de la infantería y Napoleón se negó a comprometer a sus reservas en un asalto final y dejó este sector a las 2 y media de la tarde para concentrar sus fuerzas en el norte de Leipzig.

Caballeria Francesa cargando en la batalla de Leipzig, escuela francesa del siglo XIX

Los mariscales Ney y Marmont solo disponían de dos cuerpos de ejército para mantener la posición de Möckern contra todo el ejército de Silesia, al mando de Blücher e ignoraron las órdenes de Napoleón para unírsele al sur de la ciudad, pero el ataque austriaco a Lindenau les obligó a enviar tropas a última hora de la mañana. Por suerte, el ejército de Blücher estaba demasiado diseminado a lo largo de la carretera de acceso y solo 20.000 prusianos estaban en su posición para el ataque de las tres. Los franceses retornaron Möckern hasta tres veces hasta ser definitivamente expulsados con 10.000 bajas. Los prusianos perdieron unos 8.000 hombres y la llegada de la noche les impidió continuar su avance.

Así pues, Napoleón se mantuvo firme en sus posiciones, pero fue incapaz de aprovechar su superioridad local al sur de la ciudad. Perdió 25.000 hombres a manos de 30.000 aliados. El 17 de octubre no dejó de llover en todo el día, y los ejércitos estuvieron reposicionándose para la gran batalla final. El número de soldados del ejército de Schwarzenberg ascendía ahora a unos 170.000 hombres, Bernadotte llegó , finalmente con sus 60.000 soldados como refuerzo de los 40.000 hombres que quedaban a Blücher. Los aliados estaban convencidos de que Napoleón se retiraría al nordeste e indicaron a Bernadotte que marchase describiendo un arco amplio en esta dirección, cruzando el río Parthe para atacar Leipzig desde esta posición. Entonces Blücher estaría solo hasta la llegada de Bernadotte. Napoleón estaba considerando la posibilidad de escapar hacia el oeste y reforzar a sus tropas en Lindenau y acercar a la ciudad a sus 150.000 hombres restantes.

 

18 de octubre

Schwarzenberg no se situó completamente para atacar la nueva posición francesa desde Connewitz hasta Holzhausen, pasando por Probsheida hasta poblaciones después de duros enfrentamientos. Mientras unos 5.000 sajones y los habitantes de Wüttemberg se pasarían a loa aliados, a las cuatro y media de la tarde, a los que Napoleón culpó de la suerte de la batalla, pero fue más decisiva la llegada de las tropas de Bernadotte al sur del Pathe, que junto con el avance de las tropas de Blücher, obligaron a los franceses a retroceder hacia la ciudad.

A los franceses, apenas sin munición, su intendencia les había abandonado a las 11 de la mañana, durante todo el día continuaron su retirada hacía la ciudad atravesando Leipzig y unos dos kilómetros de terraplén cruzando los pantanos hacía Lindenau. Los aliados empezaron a bombardear esta ruta a la mañana siguiente y mientras continuaban el ataque hasta la propia ciudad. La situación era tan crítica que el ingeniero francés encargado del puente (decisivo) sobre el Eslter se asustó y decidió volarlo y así impidió el paso a 20.000 franceses y polacos que todavía estaban en Leipzig.

Napoleón huyó con 80.000 hombres pero derrotó a un ejército austro-bávaro que le cortaba el paso en Hanau. Resistió en Francia hasta que la abrumadora superioridad numérica de los aliados, le obligó a capitular.

Leipzig fue un gran exponente de una batalla napoleónica, una acción muy dura, con una duración de varios días de combate a medida que iban llegando las fuerzas de reserva de ambos contendientes. La caballería, aún jugo un papel táctico clave, junto con la artillería y la infantería. Las bajas según unas fuentes, por los aliados de 22.600 rusos, 16.000 prusianos, 14.900 austriacos y 200 suecos entre muertos y heridos y por los franceses; 13.000 muertos, 23.000 heridos, 5.000 desertores, 325 cañones y 900 carros perdidos. Efectivos contendientes: Aliados 342.000 soldados y 1.500 cañones y franceses 195.000 soldados, (el 14 de octubre solo disponían de 177.000 hombres y 700 cañones) Aquí varían en mucho las cifras, según otros autores, Quinstrop,

alemán da a los aliados 193.920 hombres y a Napoleón 181.110 hombres; según Vaudecourt, francés, 349.000 hombres aliados y 156.800 soldados franceses y Bowden, estadounidense, 361.100 hombres contra 219.100 franceses . 

Francisco I de Austria, Federico Guillermo III y el zar de Rusia , Alejandro se reúnen después de la gran derrota de Napoleón en Leipzig, obra del siglo XIX

Después de la batalla de Leipzig en la que cien mil franceses se enfrentaron a trescientos mil aliados, toda Europa va por él. Seiscientos mil rusos, austriacos, alemanes, ingleses invaden Francia por todas partes. Solo él puede salvar su país, sus mariscales ya pensaban en una salida negociada, sus soldados casi niños. Pero él se multiplica, está en todas partes, bate a los austriacos, hostiga a los prusianos, se bate en Montmirail y en Champaubert, batallas dignas de Austerlitz , el circulo de hierro se cerraba sobre él y sus reclutas.

Cuando Napoleón en marzo de 1814 aún soñaba con brillantes maniobras en Lorena, en la retaguardia del enemigo, le llegó la noticia de que Blücher y Shwarzenberg estaban a las puertas de Paris y José había capitulado, Napoleón dijo indignado: “Si yo hubiera llegado cuatro horas antes, esto se hubiera evitado” . Envió a Caulaincourt a negociar las condiciones con el zar, el rey de Prusia y Shwarzenberg. Alejandro les ofreció lo que quisieran bajo el punto de vista económico, con la condición de que Napoleón no residiera en Francia ni en Italia.. Calaincourt propuso Cerdeña, Corfú… Alejandro,  Elba. Un delegación de mariscales, con Ney a la cabeza , se entrevistó con Napoleón en Fontainebleau, para pedirle su abdicación. ¡La única salvación que veían era la vuelta de los Borbones, con Luis XVIII a la cabeza, Napoleón les espetó; “Nos batiremos”,

los mariscales no responden. Por las memorias de Calaincourt sabemos que intentó suicidarse, pero el veneno le falló. Se despidió de sus veteranos, en la escalera del patio del Cheval Blau, cuando abrazó el águila imperial, a sus soldados les  saltaban las lagrimas: “Voy a escribir las cosas grandes que hemos vivido…” .

Monumento a la victoria en Leipzig, con 91 metros de plataforma de observación es el más grande de Alemania

En su camino hasta el exilio, desde Fontainebleau a Elba, fue bastante bien recibido por el pueblo, excepto en el sur donde los monárquicos furiosos le querían colgar. Tuvo de disfrazarse de oficial austriaco hasta embarcar en Frejus en una fragata inglesa.

Mientras en Viena María Luisa iba de fiesta en fiestas y los monarcas  hablaban de cómo recomponer Europa, él se consagraba en su pequeño estado a su actividad acostumbrada : construía carreteras, un  hospicio, un hospital,  mandaba laborar las tierras incultas, pero sin la compañía de su mujer ni de su hija. Por la isla solo apreció María Waleswka con su otro hijo, pero él los rechazó.

¿Por qué a principios se decidió en volver a Francia? Su mujer retenida en Viena, sin pagarle la pensión prometida. Temiendo por su vida, Tayllerand repetía sin cesar: ”Hay que acabar con el hombre de la isla de Elba”, José desde Suiza le prevenía contra los asesinos, pero él con solo cuarenta y cinco tenía fuerzas suficientes

para volver a desafiar a Europa. En Paris, oficiales y soldados de la Grande Armée fueron reducidos a medio sueldo para pagar a los emigrados. Éstos el 15 de agosto de 1814 habían celebrado el día del Emperador. Todo ello probaba que Luis XVIII era muy impopular y los republicanos y bonapartistas conspiraban para derrocarlo, cosa que según las noticias que le llegaban de Paris, debía apresurarse para evitar que el duque de Orleans le tomara la delantera.

Napoleón arengando a sus soldados, fotograma de “Waterloo”, película de Sergei Bondarchuk ,1970

Su vuelta a Francia fue espectacular, él con solo un millar de soldados, desembarco en el golfo Juan( cerca de Cannes) un 1º de marzo de 1815, su plan dirigirse por carretera a Grenoble, ciudad afín a sus ideas, evitando la Provenza monárquica que no le había dejado buenos recuerdos. Cuando unos soldados quisieron detenerlo , él ofreció su pecho , ninguno le disparó, Grenoble le abrió sus puertas, también Lyon y regimientos enteros se le unieron , formando un pequeño ejército , en su marcha hasta Paris.

Ney juró que saldría en su busca y lo traería encerrado en una jaula de hierro, pero una carta y dos palabras, le reconquistaron. El 20 de marzo, ante la huida de Luis XVIII y sus ministros, durmió en las Tullerías. Ya era dueño de Paris, sin disparar un solo tiro.

Sabía que los monarcas europeos vendrían a por él y lo pondrían fuera de la ley. Él se mostraba indulgente con todos, los mariscales que le habían traicionado, Chateaubriand le había censurado…muy bien ,  Benjamin Constand le había censurado… no pasaba nada . Confió la policía a Fouché, llamó a Carnot para tranquilizar a los republicanos. La nueva Constitución fue aprobada, eso si con abstenciones, el lo celebró con una ceremonia similar a la de Carlomagno en los campos de mayo. Él y sus hermanos vestidos a la romana.

  

Waterloo

Entre mayo y junio de 1815, Napoleón había conseguido reunir medio millón de hombres, los aliados , más de un millón. Wellington había suscitado nuevas rebeliones en la Vendée, que le inmovilizaron unos 25.000 hombres, que le hubieran supuesto una refuerzo extraordinario.

El primer contacto se produjo en Ligny, el 16 de junio y después ……..el 18 de junio en Waterloo.

Los tres principales protagonistas, Duque de Wellington, Napoleón Bonaparte y el príncipe Blücher

Para ganar el conflicto, Napoleón era consciente de que había de ser rápido y preciso y dar un golpe mortal a los aliados, que alguno o todos sus oponentes se decidieran a firmar la paz. Bélgica y sus fuerzas aliadas eran el objetivo, más accesible del Emperador y 123.000 hombres de su Armée du Nord por Charleroi, se pusieron en marcha, bajo sus órdenes, en dirección Bruselas, donde Wellington no había esperado el ataque. Delante tendría a Wellington con un variopinto ejército unos

38.000 belgas, alemanes y holandeses, 30.000 británicos hasta un total de 92.300 hombres en tres cuerpos de ejército, al mando del general Hill y el príncipe holandés de Orange, la caballería al mando del conde de Uxbridge, el cual era también lugarteniente de Wellington, (las relaciones entre ambos jefes eran muy distantes, Uxbridge se había fugado con la cuñada de Wellington) y contaban, además con los 117.000 prusianos, bajo el mando del legendario, mariscal de campo y príncipe Gebhard Blücher, él cual nunca había sido un gran estratega pero se podía confiar que acudiría a los franceses y acudiría en ayuda de Wellington.

Wellington y Ponseby, fotograma de la película “Waterloo”

El mismo día 16 de junio, tuvo lugar el primer encuentro en Ligny, entre el ejército principal de Napoleón, unos 71.000 hombres y los prusianos de Blücher con unos 84.000 hombres. Estos habían decidido dispersarse por un terreno pantanoso, pero Napoleón tampoco estaba en su mejor momento táctico, retrasando la batalla hasta la tarde, durante casi dos horas continuo la salvaje lucha, frecuentemente a bayoneta, cuerpo a cuerpo y disparándose a quemarropa. Los prusianos perdieron 19.000 hombres y abandonaron el campo, Napoleón más escaso de efectivos, perdía unos 14.000 hombres. El Emperador mandó al mariscal Grouchy en pos de Blücher con unos 30.000 hombres, pero este no presiono estrechamente a los prusianos y éstos de retirarse hacía Alemania, marcharon hacía el oeste para socorrer a Wellington como le habían prometido.

Después de vencer a los prusianos, Napoleón marcho hacía Quatre Bras , donde halló a los ingleses que habían contenido a Ney, se retiraban del campo de batalla de forma ordenada, sin que Ney hiciera ningún esfuerzo por perseguirlos, ni acosarlos. Es significativo que Ney y su estado mayor se aposentaron para cenar. El rapapolvo del Emperador a sus oficiales fue monumental, lo cual no  contribuyó a elevar la moral de Ney.

El día siguiente, la tarde-noche del 17 de junio, las tropas de Wellington llegaron a una montaña llamada Mont St. Jean, a 3 km. al sur de Waterloo, pueblo donde Wellington montó su cuartel general. Este monte presentaba unas excelentes posiciones de “vertiente opuesta” al ejército aliado, enfrente Napoleón que contaba con unos 74.500 hombres y había establecido su puesto de mando en la posada de la Belle Aliance. Delante tenían tres granjas aisladas,(Hougoumont, La Haye Sainte y  Papellone) ofrecían excelentes bastiones defensivos, Los dos ejércitos estaban muy igualadas numéricamente, pero mientras los de Napoleón eran veteranos curtidos, los de Wellington eran reclutados recientemente y solo había unos 28.000 británicos.

La artillería era abrumadoramente favorable a los franceses, 252 cañones frente a los 155 cañones ingleses, también el calibre era superior 12 libras contra las 9 libras inglesas.

Encuentro entre las dos caballerías en Waterloo

El campo de Waterloo era muy compacto y denso y en el 18 de junio, un solo día cambiaria para siempre el curso de la historia de Europa. Wellington había formado a sus divisiones en tres cuerpos. En el extremo de su flanco izquierdo estaba la división alemana del príncipe de Saxe-Weimar, apoyada por la caballería inglesa, con los Life Guards, dragones reales de lord Uxbridge y la brigada Ponsoby (Royals, Iniskillings y los Scots Greys, primero, sexto y segundo de dragones) a su espalda. En el extremo opuesto estaba la división holandesa y belga del príncipe de Orange, después venia la división de Clinton (detrás de la carretera de Braine L´Allend), la división de Cooke, en la confluencia de la carretera de Bruselas, la división de Alten (frente a la granja de la Haye) con el cuerpo de reserva de Wellington y, finalmente, alineada a lo largo de la carretera de Ohain, la división del general Picton (curiosamente este general no tenia el uniforme en la batalla, por lo cual iba vestido de civil). Los franceses estaban alineados a lo largo de una línea paralela de Wellington, perpendicular a la carretera de Charleroi a Bruselas, con el flanco izquierdo en la carretera de Nivelles. La caballería de Piré estaba en el extremo izquierdo, con el Cuerpo de Caballería III de Kellerman y la caballería de la guardia, bajo el mando de Guyot, en la retaguardia, mientras que la infantería de Jerónimo Bonaparte estaba frente  la granja amurallada de Hougoumont. El centro estaba formado por las divisiones del Cuerpo del Ejército I de general y conde J.B. d´Erlon, con la caballería de Milhaud detrás. El flanco derecho estaba apoyado en la posición de Le Haye.

Napoleón debía acelerar el primer movimiento y además lograr una rápida victoria , atento a la posibilidad de que Blücher lograra unirse a Wellington, ya que los dos ejércitos unidos sería una tarea imposible para Napoleón. Es de destacar que el plan de Napoleón era como en Borodino, escaso de imaginación y basado en el empleo de la fuerza bruta, en un ataque frontal en lugar de superar al enemigo tácticamente. Napoleón pretendía romper la línea de Wellington a través de la granja de La Haye Sainte en el centro y ocupar la encrucijada que había detrás continuar avanzando y ocupar la granja de Mont S. Jean.

Napoleón había preparado el ataque para las 10,30 h. de la mañana, pero un inoportuno chaparrón dejó el terreno demasiado blando para la caballería y para el fuego de la artillería. Se pospuso el ataque, con fatales consecuencias, para las 13.00 h. y a las 10.50 h. los cañones franceses comenzaron a machacar Hougoumont, a la derecha de Wellington, defendido por los soldados de la Legión Alemana del Rey(llamados KGL por los ingleses) y por un destacamento de tropas de Nassau.

Para desviar la atención de Wellington de su flanco izquierdo, donde se iba a producir el ataque principal, Napoleón envió a su hermano Jerónimo a atacar Hougoumont para atraer así las reservas de Wellington,

pero el príncipe envió oleada tras oleada con escasos resultados, mientras Wellington enviaba escasos refuerzos. Lanzó sus cuatro regimientos completos y la mitad de los de Foy, pero para Wellington era vital este punto estratégico y envió a sus mejores soldados los guardias de Coldstream y los escoceses para respaldar a los defensores alemanes.

Mapa de posiciones en Waterloo a las 13:30

A la una de la tarde, cuando Napoleón se preparaba para el ataque, le llegó la mala noticia que Blücher con sus 30.000 hombres se aproximaba desde Wavre. Un hombre cauteloso se hubiera retirado, pero Napoleón apostó que Grouchy llegaría en menos de una hora…. tardó cuatro y entonces los prusianos ya habían ayudado a Wellington a derrotar a Napoleón. Como Napoleón  temía la aparición de los prusianos, había preparado al conde Lobau, con 20.000 hombres en su flanco derecho, de cara al este y a los prusianos. Esta era una medida sensata , pero debilitando el ataque principal contra Wellington.

A las 13,30 unos 84 cañones situados en la Belle Aliance abrieron fuego, pero al estar el terreno blando y mojado, sus proyectiles chocaban contra el suelo y se hundían en lugar de rebotar entre la infantería aliada. Pero aunque así hubiese sido, Wellington había colocado a la mayor parte de sus soldados un poco detrás de la cresta en lugar de hacerlo sobre ella. Hasta las 14.000 h. Napoleón no lanzó el Cuerpo de Ejército I de D ´ Erlon. Este esperando romper a los ingleses por el peso numérico, había dispuesto sus divisiones en tres enormes batallones , desplegadas una tras otra, aunque era muy vulnerable a la artillería y a los mosquetes aliados, esta avalancha azul se puso en marcha y arrolló a la desprotegida Brigada I de Holanda(belga y holandesa) de Van Biljand , esto hizo que la posición de centro izquierda de Wellington, se plegó ante el enorme poderío de la infantería francesa, obligándole a enviar lo mejor de lo que podía prescindir, la División de Infantería 5ª de sir Thomas Picton con 6.475 hombres formada por tropas inglesas (Brigadas 8º y 9ª ) y la hannoveriana (Brigada 5ª).

Los feroces contraataques de Picton , junto con la caballería de Uxbridge , incluyendo la Brigada 2ª de sir William Ponsoby, contuvieron a los franceses a costa de muchas dificultades y enormes bajas, tanto Picton como Ponsoby , perecieron en el ataque y Uxbridge perdió una pierna por un cañonazo,

aproximadamente el 40% de sus hombres fueron muertos, heridos o prisioneros. Pero el sacrificio mereció la pena, el ataque francés se frenó en seco, y empezaron a retirarse, dejando unos 3.000 prisioneros a los ingleses. A las 15.00 horas se había rechazado el primer ataque francés.

La caballería inglesa de Uxbridge en acción, fotograma de “Waterloo”

A las 15,30 horas , Napoleón ordenó a su artillería que barriese la La Haie Sainte y que Ney preparase un ataque que conduciría él en persona. Bajo el fuego de los cañones franceses varios batallones de primera línea británicos, retrocedieron un centenar de pasos, y Ney que observó este movimiento, creyó que los británicos se batían en retirada y sin informar a Napoleón atacó con 5.000 jinetes(la brigada de caballería del cuerpo de Milhaud, la brigada Vial que aún no había combatido) mientras lo que él creía que eran soldados en retirada,  en realidad era una reorganización de tropas de Wellington para ponerlas fuera del alcance de la artillería y organizar el resto.

Sin el apoyo de la infantería y de la artillería, Ney en el más puro estilo francés, de bravuconería, pendiente arriba para enfrentarse a un nutrido fuego de fusilería y artillería, pereciendo cientos de dragones, coraceros y lanceros mientras los infantes ingleses , formados en cuadro, los repelían una y otra vez.

El famoso cuadro inglés detiene  la caballería de  Ney, fotograma de “Waterloo”

El mariscal Ney se retiró, se reagrupo  y cargo de nuevo, volviendo a fracasar. A las 17.00 se les unió el general François Kellerman y su Cuerpo de Caballería III., enviado por Napoleón en un vano intento de salvar lo irremediable. Fue tal la intensidad del combate, que Ney perdió en el mismo cuatro de sus monturas hasta que ya cansado abandonó a pie la lucha. Mientras algunos de los cuadrados ingleses llegaron al limite, después de la incorporación de Kellerman.

Napoleón estaba anonadado con lo sucedido por la actuación de Ney y que los soldados “mestizos“ de Wellington hubieran sido capaces de resistir las acometidas. Pero Ney para poder expirar su estupidez tomó

La Haie Sainte, defendida hasta la muerte por la KGL. Tras perder el Regimiento 2º y a su comandante, el barón Ompreda, no pudieron resistir más y se retiraron con la casi deshecha Brigada 1ª hannoveriana. A esta hora, el centro de Wellington estaba al borde del colapso, con la amenaza de quebrar todo su ejército.

Mapa de posiciones en Waterlo a las 19:30

Los soldados de Blücher habían llegado a las 16.00 horas, al borde del campo de batalla(El Bois de Paris) y una hora más tarde, Napoleón enviaba a reforzar al Cuerpo de Ejército IV de Lobau (reducido ahora a 7.000 hombres) enviando a 4.000 hombres de la Guardia Joven. Hacia las 19.00 horas el prusiano Cuerpo I de Von Zeithen había llegado para respaldar a los hombres de Bülow. En un postrer intento de perforar el centro de Wellington, Napoleón envía a su Vieja Guardia, los cuales eran invictos en el combate, en dos columnas de 75 hombres cada una. Los soldados ingleses, ocultas en la cresta, pudieron sorprender a los franceses antes de que estos pudieran desplegarse en línea y los destrozaron con fuego de mosquete a quemarropa. Cuando la Vieja Guardia se replegó,

la moral de los franceses estaba ya por los suelos y al grito de “Sauve qui peur” (Sálvese el que pueda) huyeron en desbandada.

Blücher persiguiendo a los franceses,  Grabado de la época

A las 20,30 horas ,Wellington se reunió con su salvador Blücher en la Bella Aliance, mientras Napoleón huía en una diligencia .Los franceses habían perdido  30.000 hombres, (25.000 muertos y heridos y 17.000 prisioneros, según otras fuentes), los aliados 21.700,( aquí las diferencias son menores, 7.000 prusianos, 8.600 británicos, 4.000 holandeses/belgas y 3.000 alemanes). A las 5.00 horas del día siguiente, Napoleón estaba de regreso en Charleroi , camino de Paris, donde abdicó el 22 de junio, por segunda vez, hubiera podido forzar

el bloqueo y marcharse a los EE.UU., donde sus partidarios le esperaban en Nueva Orleans.

Fue embarcado en el  Northundeland y  desterrado en la isla de Santa Elena, donde los ingleses humillaron al que había sido su gran enemigo. El dictó sus memorias a Les Cases, este cuenta que le comento Napoleón: “ Debí haber muerto en Moscú”, a lo que contestó Las Casas: “ Sire, hubiera privado a la historia de su vuelta de Elba “ a lo que contestó el Emperador :” Puede ser verdad , pues pongamos que debí morir en Waterloo”….Napoleón falleció el 5 de mayo de 1821 en la isla de Santa Elena.

El fin de la Vieja Guardia, fotograma de “Waterloo”

 

Napoleón en la política española y la guerra de la Independencia

Por el tratado firmado en Aranjuez en 1801 entre nuestro Manuel Godoy y Luciano Bonaparte, uno de los hermanos de Napoleón, éste ocupaba el ducado de Parma y al mismo tiempo creaba el reino de Etruria, con Florencia como capital, en el que reinaría una rama de los Borbones, siendo Luis de Borbón coronado rey y teniendo que pasar por París para recibir el visto bueno de Napoleón, el cual se quería presentar ante su pueblo, como un “hacedor” de reyes y quería ver la reacción del pueblo de París, después del periodo republicano ante el ceremonial monárquico, experiencia en que él ya estaba pensando para ceñir la corona imperial.

Los reyes de Etruria (que antes eran los condes de Liorna) llegaron a París el 25 de mayo de 1801 y permanecieron en ella hasta el 1 de julio. Todos desde el Primer Cónsul, sus ministros, generales se desvivieron en agasajarles. Bonaparte se formó un mal concepto del rey epiléptico, pero pondero la inteligencia, firmeza y la bondad de la reina.

Napoleón si había demostrado hacía el rey de España, tantas deferencias era porque estaba decidido a presionarle para que acabara declarando la guerra a la vecina Portugal, puerto de refugio de los buques ingleses, cumpliendo los tratados de 29 de enero y de 13 de febrero, Carlos IV se vería obligado a facilitar, con la aún formidable flota española, la formación de cuatro escuadras y a declarar la guerra a Portugal. Ya que el príncipe regente se negaba a cerrar sus puertos a la marina inglesa, nuestro rey se vio en la necesidad de declararle la guerra,

una guerra  de corta duración (unos pocos días), que tomó el nombre humorístico de la “guerra de las naranjas”, nombre tomado del hecho  que Godoy en los campos de Elvas,  tomó unos ramos de naranjo y se los ofreció a la Reina de Portugal.

Manuel Godoy, por Francisco Goya, Academia de San Fernando , Madrid

No movían a Carlos IV, ni a Manuel Godoy ansias de engrandecimiento , sino una intención generosa de dar cobertura con nuestras tropas, los estados del príncipe regente y de Carlota Joaquina, que era hija de Carlos IV, ante la más que posible invasión por las tropas napoleónicas, que como habían dejado bien patente en Italia, estaban acostumbradas a vencer, saquear y sojuzgar. Y es por eso la prontitud con que Godoy, al mando de las tropas españolas cruzó la frontera e impidió que los soldados de Leclerc que estaban acampados en Castuera, invadieran la tierra portuguesa. En Lisboa estaban convencidos de la buenas voluntad de las tropas españolas, ya que éstas venían más en calidad de defensoras que no de invasoras y esto fue determinante en que esta campaña fuera un paseo militar y la guerra de las naranjas de tan corta duración.

El Primer Cónsul (Napoleón) envió un correo el 7 de junio a Badajoz con órdenes concretas para Luciano, para imponer al gobierno portugués unas condiciones muy duras que éste nunca llegaría a admitir. En vista de esto , Godoy firmó la paz en la fecha oficial del 6 de junio de 1801, nunca perdonó Napoleón al Príncipe de la Paz , esta singular actitud de independencia y desde entonces decretó “in rectore” la ruina del válido y quizás también la de los Borbones. El tratado entre España y Portugal fue refrendado, con posterioridad por el plenipotenciario portugués Luís Pinto de Sousa y por el Príncipe de la Paz, por el que se comprometía a cerrar los puertos portugueses a la marina británica, habiendo un artículo el IX, el cual tiene el mérito de Carlos IV, que se sintió paternal, con sus parientes de Portugal e Italia y de su ministro Godoy: ”Su Alteza Real el Príncipe de Portugal es garantizado por su Majestad Católica, de la conservación íntegra de sus territorios, sin la menor excepción y reserva”, Este primer conato de independencia sobre el Primer Cónsul de Francia, ya que en sus planes entraba la ocupación de algunas plazas lusitanas que fueran moneda de cambio con Malta, Menorca y la isla de Trinidad, poco después el tratado que firmaron el embajador francés Luciano Bonaparte y el mismo Luis Pinto da Sousa, se establecieron cláusulas semejantes.

Napoleón montó en cólera contra Luciano y Godoy, y estaba dispuesto a enviar un ejército francés, junto al español, para ocupar Oporto. Este tratado de 1801 y la guerra con Portugal señalan un momento transcendental en la historia de España. El Primer Cónsul , no quería aliados sino vasallos, concibió un aspecto despectivo contra el equipo que gobernaba España y las facultades del ejército y el pueblo para oponerse a sus dictados. Y en su  mente, creemos que empezó a gestar la idea de invadir la península ibérica, tal como había hecho con la península italiana, lo único que le frenó fue la necesidad que tenía de la formidable escuadra española, hacía cuya oficialidad, competente y disciplinada, profesaba una excepcional estima.

Las cosas no pintaban bien precisamente para los navíos reales al servicio de la República Francesa cuando se habían de medir sus fuerzas contra los navíos ingleses, ya que Inglaterra había preparado a conciencia sus navíos y a sus extraordinarias tripulaciones, concientes de que era su única tabla de salvación ante Napoleón.

El almirante Linois, con una pequeña escuadra francesa, tuvo que refugiarse en Algeciras, cerca de Gibraltar, salió en su busca el almirante inglés Saumarer y en el combate del 6 de julio de 1801 los bravos franceses, apoyados por las cañoneras y las baterías de la costa españolas consiguieron una buena victoria. Pero en el 12 del mismo mes , la victoria no sonrió a los aliados y se dio el caso insólito y triste para nuestros buques que dos de nuestros principales navíos (el “San Hermenegildo y el San Carlos), entre los cuales había pasado un barco ingles, disparando sus cañones a babor y estribor, nuestros navíos lo cañonearon furiosamente y creyéndose enemigos hasta que se reconocieron al resplandor del incendio del “San Carlos”, siendo ya tarde para rectificar y volaron por los aires ambas naves, con más de sesenta oficiales y guarda marinas y más de dos mil marineros, solo se salvaron un guardia marina y un puñado de marinos en una chalupa.  Después de esto , las catástrofes de Egipto en los últimos meses del 1801, quizás le hicieran ver al Primer

Cónsul la necesidad de cambiar la rectitud de su implacable política y se vio la conveniencia de poder repatriar sus tropas de Egipto y poder preparar  el asalto definitivo a su gran enemigo y rival en la hegemonía de Francia en Europa, Inglaterra.

El “Hermegildo y el “San Carlos” cañoneándose y hundiéndose entre ellos, lienzo de Cortellini en el Museo Naval de Madrid

Inesperadamente, Luciano Bonaparte volvía a negociar la paz con Portugal, con el acuerdo del Primer Cónsul, el 29 de octubre de 1801. Entonces corrió la voz que copiosas entregas de oro de México y de brillantes del Brasil engrosaron la fortuna personal de los Bonaparte, Carlos IV dio por buenos estos pagos por la seguridad precaria de la familia real portuguesa y para libertar a nuestros pueblos de la carga insoportable del ejército francés, paralelamente en Londres el 1 de octubre se comenzaron unas conversaciones de paz entre los gobiernos de Francia e Inglaterra, en cuyas preliminares, sin la presencia española, se indemnizaba al Reino Unido con la isla de Trinidad, en Venezuela. No tardó en producirse la protesta de nuestro embajador Azara y Bonaparte montó otro de sus acostumbrados brotes de cólera contra Godoy y Carlos IV, firmándose el tratado en Amiens el 27 de marzo de 1802, pero Napoleón puso especial empeño en que Inglaterra devolviese a España la isla de Menorca, lo cual compensó la pérdida de Trinidad, verdaderamente lejana y despoblada y también nuestra nueva adquisición de Olivenza. Después de Amiens, Godoy se encuentra entre Napoleón cada vez más exigente e Inglaterra que le supera en egoísmo y mala fe, debido a los frecuentes roces entre nuestro barcos, por el monopolio del comercio con América.

En el año 1803, Francia faltando a los tratados que cuando era Bonaparte el contratante carecían de valor, a quien España había cedido la Lousiana en S. Ildefonso en el 1800, la vendió a los EE.UU. no cumpliendo lo tratado en ese acuerdo, según el cual la República solo se desprendería del mismo en beneficio de España. Y con la vuelta al poder de Pritt en Inglaterra, enemigo acérrimo de Francia, la guerra entre estos dos países era cuestión de días. Godoy vio como mal menor aliarse con Francia, que verse invadida por los ejércitos napoleónicos, hasta entonces invencibles, y por ello se firmó con Tayllerand  y Azara un tratado, el 19 de octubre de 1803, que se mantuvo en secreto, pero el eficaz servicio de espionaje de Pitt, no tardó en desvelar lo cual significaba la guerra con el Reino Unido.

Estando oficialmente en paz, una escuadra inglesa, mandada por el comodoro sir Graham Moore,  atacó cerca del cabo de Santa María, en el extremo sur de Portugal a unas naves españolas, procedentes del Río de la Plata, portando el tesoro del rey y el de muchos particulares, mandadas por José de Bustamante, después del desigual combate las fragatas españolas fueron remolcadas al puerto de Plymouth, donde los marinos españoles fueron recibidos como héroes. Después de esta acción, la guerra fue inevitable.

Lo que dio paso a un nuevo Pacto de Familia, firmado en Paris el 4 de enero de 1805, el emperador necesitado de la escuadra española para la invasión de Inglaterra, resucitando el viejo plan de Felipe II, el cual  el emperador conoció a través del abate de Saint-Real,

con un desembarco en Irlanda. Luego se pensó en cambiar de plan, pensando en atraer a la escuadra de Nelson hasta las Antillas, mientras en el Canal de la Mancha se desplegaban los 100.000 soldados, que esperaban acampados en el campamento de Boulogne, prestos para invadir el suelo británico, pero un petulante Villeneuve, como jefe de la escuadra aliada y despreciando los consejos de los jefes españoles, sumados a la pericia y agilidad de los marinos ingleses, más expertos en la navegación en el Atlántico, llevaron a la escuadra aliada a encerrarse en la bahía de Cádiz, dando lugar a la tristemente famosa batalla de Trafalgar, de infausto recuerdo para nuestra historia.

El pueblo achacaba todos estos males a su gobierno, pasando a ser Godoy una de las figuras más odiadas de la historia,  para hacer frente al valido solo había una persona, el príncipe de Asturias, Fernando, al cual Godoy había apartado de la política, habían hecho de él un implacable enemigo. Su partido, los fernandinos, en contra de los reyes de España y Godoy, principalmente, pero los partidistas solo superaban al valido en moralidad, no en inteligencia. En los años 1805 al 1808, el príncipe Fernando era un muchacho egoísta y felón, más tarde enseñado por la vida, rebeló las cualidades que nunca le faltaron. Durante este breve tiempo el alma de la resistencia fue la princesa de Asturias, María Antonia de Nápoles, era el más temible enemigo del trío, Carlos IV, María Luisa y Godoy.

Durante el trienio de 1806 al 1808, la posición internacional de España era delicadísima y repercutió en la política interior, Napoleón la consideraba una colonia  de su Imperio, destruida la flota en Trafalgar ahora le interesaba el oro de América, Godoy ya incapaz de enfrentarse al corso, el cual le pedía cada vez más, dinero, contingentes

militares y  un mayor rigor en el bloqueo de Inglaterra. En 1806, Napoleón desposeyó del trono de Nápoles a Fernando, infante de España para colocar a su cuñado Murat en el mismo. Y en el 1807, Carlos IV se comprometió a enviar 17.000 hombres a Dinamarca, en una expedición heroica del marqués de la Romana.

El pueblo español hizo recaer la desgracia en el valido y aparte del odio popular la ceguera de los reyes nombrándole ese mismo año, gran  almirante de una escuadra que no era más que una caricatura de lo que había sido, con el tratamiento de alteza serenísima y presidente del  Consejo de Estado, su hermano Diego fue duque de Almodóvar y Grande de España y su amante, Josefa Tudó, condesa de Castillo-Fiel y vizcondesa de Rocafuerte, títulos que pasaron a su descendencia adúltera.

Napoleón fue deshaciendo la madeja en torno a España, una nación que se había puesto a su servicio y el fue utilizando sabiamente para sus propósitos la ineptitud de Carlos IV, las pasiones de María Luisa, la ambición de Godoy y el odio del príncipe de Asturias. Mientras en Portugal, el príncipe regente soportaba con más entereza la presión de Napoleón y se negaba al bloqueo a la marina inglesa, mientras los agentes del emperador y de Godoy, planearon el tratado de Fontainebleau el 27 de octubre de 1807, partiendo Portugal en tres partes: el “reino de Lousitania” , en el norte, para compensar a los reyes de Etruria, que habían sido desalojados por las tropas francesas, en el centro, desde el Duero al Tajo, reservado para obtener compensaciones cuando llegase la paz y el Alentejo y el Algarve una soberanía independiente para colmar los deseos de Godoy, además un ejército de 28.000 hombres, entraría en España y se les uniría otro contingente español de igual número de hombres, todos bajo el mando de un general francés para invadir Portugal, mientras un segundo ejército francés se acantonaría en Bayona. Es difícil precisar si Godoy se vio inmerso en la corriente de los acontecimientos o se dejó llevar por su ambición, para poner España en manos de Napoleón.

El 18 de octubre de 1807, el ejército francés, al mando del mariscal Junot, atravesaba el Bidasoa y entraba en Irún, siendo bien recibido por el pueblo, ya que creían que Napoleón iba a derribar Godoy para entronizar a Fernando. Los acontecimientos se precipitaron y un anónimo colocado,

casualmente, sobre la mesa del rey, advertían a éste de la gravedad de la conjura y que calía poner urgente remedio, bajo un pretexto los reyes se presentaron en la celda prioral que ocupaba el príncipe de Asturias y le incautaron sus papeles ,quedando él inmediatamente detenido. Los documentos eran de extrema importancia: una exposición del rey contra la reina, y también contra Godoy, acusándole de bigamia, pues vivía públicamente con Josefa Tudó, en el Retiro, usando sus criados insignias de la  casa real, también encontraron claves para la comunicación de los conjurados. El 28 de octubre se inició el proceso por el marqués Caballero, ministro de Gracia y Justicia, personaje objeto de repulsa de todos los historiadores de diferentes tendencias: Lafuente, Alcalá Galiano, Menéndez Pelayo, Pérez Galdós… en los interrogatorios el príncipe de Asturias se mostró torpe y acobardado, en este contexto el proceso de el Escorial no podía acabar sino en tragedia, pero lo hizo en una farsa grotesca. Mientras su padre Carlos IV, disfrutaba de la caza, el príncipe pidió audiencia a su madre, inspirado por el miedo y el egoísmo, pidió perdón a sus padres, cosa loable hasta cierto punto, pero expuso al marqués Caballero toda la trama de la conspiración, denunciando a sus cómplices… como el marqués de Ayerbe y el conde de Orgaz, o a personajes de más humilde condición que lo habían arriesgado todo por él.

Pero los acontecimientos iban avanzando tan inexorablemente como las tropas francesas por España a la conquista de Portugal, ocupando al mismo tiempo, el castillo de S. Sebastián, la ciudadela de Pamplona, el castillo de Montjüich en Barcelona… Del 19 al 30 de noviembre, los franceses habían tomado Portugal, y el príncipe regente, Don Juan, con su madre la reina loca María I, con su esposa Carlota  Joaquina y sus hijos, embarcaron en Lisboa rumbo al Brasil. Designando Napoleón a su cuñado Joaquín Murat, casado con Carolina Bonaparte, gran duque de Berg, como virrey. Con pavor se vivió en la corte de Madrid los incidentes ocurridos en Portugal, fácil le hubiese sido a la familia real española, seguir los pasos de sus homólogos portugueses y huir por el Levante o Andalucía, libres de franceses, pero el plan habría de ser ejecutado con prontitud, ya que Murat avanzaba sobre Madrid. Mientras la poca visión de los consejeros de Fernando, aún creídos que las tropas de Napoleón iban a poner en el trono a Fernando y los agentes del partido de Godoy se encargaron de excitar los ánimos en la población civil, mientras la noche del 17,en el llamado motín de Aranjuez,  un disparo en la detención del coche de la amante de Godoy, la condesa de Castillo-Fiel, fue la señal del motín que alteró los hechos en curso de la historia de España. El palacio de Godoy fue asaltado por las turbas y el rey, ese mismo día 18 publicó un decreto exonerando al valido, el cual fue descubierto escondido en el desván de su palacio, salvando la vida gracias a la intervención de Fernando,

entonces Carlos IV no tuvo otro remedio que abdicar , a las siete horas de la tarde de un 19 de marzo de 1808, a favor de su hijo que empezó a reinar bajo el nombre de Fernando VII.

Caída y prisión del Príncipe de la Paz en el motín de Aranjuez, colección particular en Madrid

El día 24 de marzo, el nuevo rey hacía su entrada triunfal en Madrid, teniendo en cuenta la formula del acclamatio del pueblo que hace legítimas las monarquías, la entrada del joven rey fue indescriptible. El rey era el dueño del corazón de los españoles, pero no de España, ni de la misma villa y corte que le había recibido con tanta pasión. El día antes, al frente del ejército imperial, Joaquín Murat, nombrado por Napoleón como jefe supremo del ejército en España y en una marcha rápida entró en ella el 7 de marzo. En Buitrago se enteró del motín de Aranjuez, pero tanto él como sus tropas fueron bien recibidas por el pueblo, ya que creían que venía a sostener a Fernando. En Madrid era el verdadero dueño de la situación y sus constantes desfiles de la caballería, deslumbrando a los madrileños, con sus uniformes de ricos atuendos y  bordados y plumeros espectaculares, cosa que el propio Tayllerand denominó el “Carnaval de la Gloría”. Sus informes optimistas a Napoleón, con una vanidad sin limites, quería ostentar el “Carnaval de la Gloria” en el propio trono de Carlos IV y Felipe II, le hicieron concebir el tremendo error del cual había de arrepentirse en el “Memorial de Santa Elena”.

Pero no le faltaron a Napoleón informes más exactos de la situación. Un oficial a sus ordenes directas, Claudio Felipe, conde de Tournon-Simione , enviado a la corte de Madrid, con varios pretextos, pero con la misión de informar a Napoleón de la situación en España. El día 16 de marzo de 1808, le escribía estas palabras: “Sire, la nación española no se parece a ninguna otra y no se la puede juzgar sino desde dentro. Es importantísimo que V.M.I. venga lo antes posible y no se decida a hacer ninguna intervención hasta ver las cosas por si mismo. Los españoles son nobles y generosos pero tienden a la ferocidad cuando se les trata como simple conquista. Reducidos por la desesperación, serán capaces de las más grandes revoluciones y de los más violentos excesos”. Napoleón poseído por la soberbia, desoyó estos sabios consejos y prefirió la versión optimista de Murat. La apoteósica entrada triunfal de Fernando VII en Madrid, debería haber alertado a Napoleón y Murat del entusiasmo del pueblo español por su rey y a Carlos IV y María Luisa, la repulsa general a su actuación.

La más eficaz de la soluciones para atajar la crisis sin violencia hubiese sido, que Napoleón se hubiera convertido en el protector de Fernando VII, el cual estaba dispuesto a todas las humillaciones en su afán de congraciarse con Napoleón, casándole con una princesa de la casa imperial, esta solución fue torpedeada por los informes de Murat, el cual estaba deseoso que la dinastía legitima, heredera de los Borbones y los Habsburgos, dejara vacante el trono al cual él aspiraba.

El general Savary, empleó toda clase de artimañas de mala fe para conseguir sacar a Fernando de Madrid, pretextando un encuentro con Napoleón el cual venía a España a arreglar las cosas. En la mañana del 10 de abril de 1808, el rey partió de la capital, acompañado de un séquito brillante, en Burgos sufrió la primera decepción al no encontrarse con el Emperador. Siguió hasta Vitoria, ya sospechando de alguna añagaza, se quedó en esta ciudad con el pretexto de celebrar las fiestas de la Semana Santa. En esta villa, tanto su alcalde como don Mariano Luís de Urquijo, traductor de Voltaire, le propusieron huir, Fernando se negó en redondo ya que hubiera provocado una guerra civil y desoyendo estos consejos el día 20 cruzaba el Bidasoa, estando confinado en el castillo de Marrac, Napoleón le dijo a uno de los consejeros del rey, que renunciara al trono de España y sería rey de Etruria. Por gran mayoría, el Consejo reunido en sus habitaciones optó por rechazar la propuesta.

El juego pasaba por tres equipos, a saber el imperial, Napoleón, Savary y Duroc, el otro Carlos IV y María Luisa y el de Fernando VII y sus consejeros… Carlos IV y su esposa , envalentonados por Napoleón, forzaban a su hijo a renunciar a la corona en un escrito, a lo que contestó Fernando condicionando la devolución a hacerla en Madrid, ante los supremos tribunales del reino, Carlos le contestó el 2 de mayo, en una misiva violentísima, al dictado del Emperador, haciéndole participe de las desdichas de nuestro país, para Carlos, María Luisa y Godoy la opinión del pueblo carecía de valor. Sabido es que en este mismo día el pueblo de Madrid se lanzó a la calle para echar a los franceses.

El día 5 de mayo , le llegaron a Napoleón las noticias del levantamiento del pueblo de Madrid del 2 de mayo, por un oficial que hizo el viaje a matacaballos de Madrid a Bayona, y en uno de sus frecuentes ataques de ira fue directamente a la residencia de los reyes. La escena fue muy violenta, Carlos IV, pacífico de ordinario, era propenso a ataques de cólera y María Luisa era fácilmente llevaba a la injuria, Napoleón exigió la presencia de Fernando y le espetó, con estas palabras: “Antes de la medianoche de hoy habéis de haber abdicado en la figura de vuestro padre y habéis de hacerlo saber en Madrid y sino fuera así, seréis tratado como rebelde”. Al día siguiente, abdicó Fernando, pero el día antes se había firmado por el mariscal Duroc, representante del emperador y por Manuel Godoy, la cesión de los derechos reales de Carlos IV a Napoleón, con la siguientes condiciones: Mantener la integridad de la corona, de que el príncipe elegido sería independiente y que la religión católica sería mantenida como única en el reino.

Pero pocos días antes, Fernando había recibido la visita del representante de la junta de Gobierno, comisionada por el rey en Madrid, Evaristo Pérez de Castro y había tomado una decisión, la más digna de su carrera, asesorado por Ceballos, expidió dos decretos, en el primero autorizaba a la junta a trasladarse al lugar que creyera más conveniente para ejercer las funciones de la soberanía y que las hostilidades contra los invasores deberían comenzar en el mismo momento que el rey fuera internado en Francia y el segundo dirigido al Consejo y en su defecto a cualquier audiencia y cancillería, en tierra libre de franceses, por una única vez estuvo a la altura de las circunstancias. Napoleón se portó con ellos de la manera más infame, trasladándoles de Fontainebleau a Compiegne y después a Marsella, por motivos de salud del rey, siendo la presencia de la corte española en Francia muy incómoda para Napoleón y optó por llevarlos a Roma, “la ciudad de todos”, llegando a la ciudad Eterna el 16 de julio de 1812, permaneciendo en ella hasta el 2 de enero de 1819, año en que falleció María Luisa, siguiéndole pocos días después Carlos IV, el 19 del mismo mes.

Godoy a la muerte de la condesa de Chinchón, su legitima esposa(1829) se casó con Pepita Tudó, pero al no ser aceptado por la nobleza romana, en 1832 se estableció en Paris. Ella se volvió a España y él se fue extinguiendo en la pobreza. En 1844 le fueron devueltos sus bienes y ya en el 1847 sus títulos y honores, muriendo el 4 de octubre de 1851, en el olvido de todos.

Napoleón no cumplió con lo pactado en Bayona con Fernando VII, que era hacerle señor del castillo de Navarre y de sus bosques, procuró que su estancia (prisión)  en el castillo de Valençay, propiedad de Tayllerand, fuera los más cómoda y agradable posible, pronto olvidando el monarca que era el objeto del sacrificio del pueblo español.

 

El castillo de Valençay, donde estuvo cautivo algunos años Fernando VII

 

Estalla el 2 de mayo

Ante los acontecimientos y desengañado, el  pueblo de Madrid y toda la nación se lanzó a una revolución desesperada, que se extendió por el suelo patrio con la rapidez de la pólvora. Fue un 2 de mayo de 1808 y el pretexto del pueblo de Madrid, fue el llanto del infante Francisco de Paula, un niño, que al subirlo al coche de su hermana mayor, la reina de Etruria, para trasladarlo a Francia. Con una improvisación , rayada en la locura, con las armas más improvisadas que tuvieran en sus hogares, todo el pueblo se lanzó como uno solo ante las magnificas, disciplinadas y fuertemente armadas tropas de Murat. Uniéndose al pueblo, a despecho de la junta y de los altos mandos militares, algunos oficiales, los capitanes de Artillería, Pedro Velarde y Luís Daoiz, el teniente de Infantería, Jacinto Ruiz de Mendoza y algunos más que dieron un poco de coordinación a las acciones del pueblo.  Siendo el núcleo principal de la resistencia, el parque de Artillería aledaño al palacio de los duques de Monteleón, manteniendo a raya las fuerzas francesas, durante varias horas.

Tanto este parque como el resto de la ciudad, fueron vencidos y Murat se encargó de reprimir con suma crudeza los intentos de rebelión. 

La lucha callejera en el dos de mayo en la Puerta del Sol , Madrid en un grabado de la época

El mismo 3 de mayo, en las cercanías del Pardo, se cargaron unos dieciocho carros de cadáveres de los fusilados, ejemplarmente plasmado por Goya, todo el terror del amanecer en la montaña del Príncipe Pío. Uno tras otro todos los pueblos de España se levantaron en armas contra el invasor. El mismo día 2 de mayo, en Móstoles, redactaron el famoso cartel de guerra, los dos alcaldes del pueblo : Simón Hernández y Andrés Torrejón, con la ayuda inestimable, al parecer, de Juan Pérez-Villamil, director de la Real Academia de la Historia y Esteban Fernández de León. El día 4 de mayo, había partido de Madrid, el representante de Fernando VII, el infante don Antonio, asumiendo Murat el mismo día la presidencia, fue confirmado el 7, por el mismo Carlos IV.

En 1808, Napoleón soñaba con mantener la supremacía en Europa y para ello contaba con colocar a sus hermanos en los puestos clave, José reinaría en España, Jerónimo en Westfalia, Luis en Holanda, Carolina, esposa de Murat en Nápoles, su hijastro, Eugenio de Beauharnais seria virrey de Italia, creándose en esta península pequeñas soberanías para Paulina y Elisa. Como en el reinado de Luis XIV,

Paris sería el centro cultural y político de toda la Europa occidental. Pero tuvo mal servicio por parte de sus familia, era un genio rodeado de medianías.

José Bonaparte había nacido en Ajaccio en el 1768, era el primogénito de su familia. Cursó los estudios de Derecho, pero necesitado de más ingresos se dedicó al comercio, en Marsella, casándose con Juana Clary, hija de un rico negociante , hermana de Desirée, la que posteriormente sería amante de Napoleón y más tarde  reina de Suecia. Cuando vino a España contaba con cuarenta años, tenía a juzgar por sus retratos una hermosa presencia, destacando unos hermosos ojos azules, pero el pueblo español empeñado en ver solo defectos en su figura y porte,  le negaba. Era uno de los más inteligentes de los napoleónicos , pero su mezquindad le empañaba otras virtudes. Hombre sensual, se le atribuyen , tanto en Nápoles como en España, numerosas amantes y bajo su apariencia bondadosa y paternal, su verdadero propósito era saquear España. Sabido es que una de las causas de la

derrota decisiva en Vitoria, fue el embarazo del fabuloso botín que portaba el ejército napoleónico.

Fue un reinado muy efímero el suyo desde su paso del Bidasoa, el 9 de julio de 1808 hasta la entrada de su hermano Napoleón en Madrid. Durante este reinado en 1 de junio de 1808, habían estacionado en España, 160.000 hombres y 21.000 caballos, con los mejores soldados, mandados por los mejores generales. Según el plan, confeccionado por Napoleón, según los informes de Murat, Dupont debería ocupar Andalucía ; Moncey , Valencia, apoyado por Chabrán, el cual desde Barcelona, por Tarragona y Tortosa, tomaría la zona del Levante, Lefevre-Deshounëttes ocuparía Pamplona, había de sujetar Zaragoza, Bessiéres que tenía el cuartel general en Burgos, envió a  Lassalle y Merle contra Valladolid. Durante junio de 1808, este plan se desarrolló con toda fidelidad , El general Cuesta que en Cabezón, cerca de Valladolid, fue derrotado por Lassalle, el cual entró en la ciudad el 16 de junio ; Merle y Ducos ocuparon Santander, con muy escasa resistencia, y Joaquín Blake, capitán general de Galicia y Cuesta fueron derrotados en Medina de Rioseco. Solamente en el Levante, Napoleón y Murat se dieron cuenta que no sería un paseo militar la conquista de España, Lefevre-Desnouëttes batió a Palafox , en campo abierto, el 12 de junio, pero le fue imposible penetrar en una ciudad, defendida solamente por un centenares de soldados, detrás de un tapial de escasa altura, y tuvo que montar un asedio que inmovilizo a su ejército.

Los somatenes catalanes, de gran tradición, destrozan el 6 de junio al ejército del general Schwartz, que se dirigía a Zaragoza y el 14 del mismo mes infligen a Schwartz y Moncey una nueva derrota, forzándoles a retornar a Barcelona. El general Duhesme en rechazado en Gerona, se vio obligado a iniciar una asedio, que fue inútil y Moncey se estrello ante las murallas medievales de Valencia.

 

Bailén

Era de un interés primordial para Napoleón que sus tropas llegasen a Cádiz, allí la escuadra del almirante Bosily estaba bloqueada por la escuadra inglesa y bajo el fuego de las baterías españolas de la costa. La expedición fue preparada con sumo interés por Napoleón y Murat desde Madrid, encomendándose la dirección de la misma a Pedro Dupont de L´Etang, ya en esos momentos conde, y que en esta operación opositaba al bastón de mariscal, contando para ello con 20.000 hombres de sus mejores veteranos.  Para ello Murat contaba con la adhesión de Solano, que fue asesinado en Cádiz por las turbas y con la de Castaños y Reding, que se pusieron a las órdenes de la Junta de Sevilla.

Murat confiaba ciegamente en sus tropas ya curtidas en cientos de batallas .El 4 de junio , escribía a Dupont, ya puesto en antecedentes de la sublevación en Sevilla: “El primer cañonazo que usted dispare sobre esos miserables, debe devolver la tranquilidad a toda Andalucía y  por ende a toda España”  y le aconseja dos medios de de éxito seguro en todas partes, pero no muy adecuadas en España : el terror y el soborno.

Dupont atravesó el Puente de Alcolea, defendido por Pedro Agustín de Echavarri y entró en la ciudad de los Califas, Córdoba el 7 de junio. Pero éste y sus soldados, escondían sus cualidades militares más destacadas con la codicia más desmadrada, ésta ciudad, rica siempre en sus culturas era una presa codiciosa para los ávidos franceses. El saqueo fue terrible y el botín cuantioso, pero éste dificultaba las operaciones militares y avivaba el sentido de revancha de los andaluces y se multiplicaron en partidas que pusieron en aprietos las comunicaciones entre Madrid y Andalucía. Ante las negras perspectivas, Dupont abandonó Córdoba y se estableció en Andújar (19 de junio), el saqueo y las violencias de las tropas francesas en Jaén, aumentaron el odio de los andaluces.

Todo este cúmulo de circunstancias fueron aprovechadas por gran habilidad por el general Francisco Javier Castaños, jefe del ejército organizado por la Junta Superior de Sevilla , contando con la ayuda del mariscal de campo marqués de Coupigny y el teniente general Teodoro Reding, suizo al servicio de España.

Todos juntos se dieron cuenta de las ventajas que ofrecía la inactividad de Dupont en Andújar, la creciente  desmoralización de sus tropas  y la furia de los andaluces contra los franceses.

El general Castaños, vencedor en Bailén, cuadro de autor anónimo, existente en el Instituto de España, Madrid

El general Castaños disponía de 24.400 infantes, 2.630 jinetes y 50 piezas de artillería y trataron de cortar la retirada de los franceses e incomunicarles con Madrid. Éste dividió el ejército en dos columnas, una marcharía hacía Andujar y la otra con 17.500 infantes, bajo el mando de Teodoro Réding, hacía Bailén para cortar la retaguardia francesa.

Dupont que estaba en Andujar, tras una agotadora marcha bajo el sol de julio y sin agua, aquí se les unen los 9.600  hombres de Vedel, sumando entre todos 21.000 infantes. 5.000 jinetes y 24 cañones, pero las tropas de Vedel son enviadas a Bailén a cubrir esa retaguardia y el resto de los franceses reanudan el camino del Guadalquivir, enfrentándose a Réding. Mientras las tropas de Védel parecen perdidas por la zona, las de Castaños se acercan por la retaguardia de Dupont…Mientras el general Chabert carga hasta por cuatro veces contra los hombres de Réding , que los rechazan, tanto los cañones franceses como los españoles están al rojo vivo, pero los españoles disponen de más agua para enfriarlos,  y poco después  son flanqueados por las avanzadillas de Réding, que Dupont cree erróneamente que son las tropas de Castaños, disponiéndose a capitular. Las negociaciones duraron dos días, quedando sobre el campo de batalla, por parte francesa ; 2.200 muertos, 400 heridos y 8.200 prisioneros(entre ellos 16 generales y 469 oficiales), más los 9.600 hombres de Vedel que llegaron más tarde , por parte hispana perdieron la vida 240 hombres y 730 fueron heridos. 

Los soldados españoles tuvieron que contener a sus compatriotas para evitar el linchamiento de los franceses. Pero no es de recibo la actuación de la Junta de Sevilla, con el incumplimiento de las condiciones de capitulación, por lo que el ejército francés, desarmado, no fue reintegrado a Francia, a excepción de Dupont y algunos oficiales, sino confinado en la isla inhóspita de Cabrera, en las Baleares(tuvo esta isla el dudoso honor de ser el primer campo de concentración de la historia).

Fueron varias las causas de la derrota de los franceses, el calor sofocante de julio en Jaén, el embarazoso botín de los franceses, la estrategia de los generales españoles y la ayuda total del pueblo andaluz., hombres , mujeres y niños como un solo hombre

se lanzaron a la lucha. Aparte los suizos a las órdenes de Dupont se pasaron a sus compatriotas de las tropas de Castaños. 

La capitulación de Bailén, por Casado del Alisal, Museo de Arte Moderno, Madrid

Las consecuencias de esta batalla fueron de una enorme repercusión en España y en toda Europa, siendo la primera vez en la historia que el ejército imperial francés era vencido en campo abierto. Por ello  el general Castaños era el primer interesado que en la corte de Madrid se enterasen de su victoria, permitió que uno de los ayudantes de Dupont, M. de Villontreys acudiese a Madrid, donde llegó el 29 de julio, reuniendo José Bonaparte consejo de guerra , donde se decidió la evacuación de la capital. Al día siguiente abandonó Madrid al frente de un ejército desmoralizado, entregado al pillaje por todos los pueblos de paso y para mantenerse en la línea del Ebro, llamó a Moncey para apoyarlo y éste hubo de dejar libre a la heroica Zaragoza.

El pueblo portugués, siguiendo el ejemplo del español, apoyándolo como en todas las grandes crisis históricas, se sublevó contra Junot. Apoyado por una división británica, al mando de sir Arturo Wellesley, el futuro duque de Wellington, obligando al mariscal francés a firmar la “convención de Cintra” el 30 de agosto, por la cual el ejército francés se comprometía a abandonar a Portugal, y a retornar a Francia en barcos lusitanos. La mayor parte de la península quedo libre de tropas francesas.

Mientras en Madrid la huida de José Bonaparte produjo una locura colectiva, y máxime con la entrada de las tropas vencedoras solo comparable a la entrada triunfal de Fernando VII,  la gente cantaba por las calles,

su himno de guerra, para escarnio con la música de la Marsellesa: “… a las armas, corred , patriotas, a lidiar, a morir, a vencer…"

El  paso del Bidasoa por las tropas del Emperador, grabado de la época en la Biblioteca Nacional , Paris

Cuando el 24 de agosto de 1808, el marqués de Astorga, alférez mayor del reino, proclamaba a Fernando VII, rey de las Españas, el pueblo español se creyó invencible, imaginando a los franceses incapaces de reponerse de la derrota….cuan lejos estaban de la realidad.

 

Reacciona Napoleón

Napoleón se enteró tarde de la derrota de Bailén y de la de Cintra, pero él era incapaz de reconocer sus propios errores -si lo hizo en Santa Elena-, echaba la culpa a José y a sus generales de las torpezas cometidas, se decidió a tomar cartas en el asunto. El 4 de noviembre de 1808 atravesaba la frontera y pernoctaba en Tolosa, pero entonces no traía consigo cuerpos de reserva sino cinco cuerpos de ejército, con los veteranos que habían vencido en Italia y Centroeuropa, contando con los mejores generales de Europa, los Ney,  Soult,  Moncey,  Lefevre, a las órdenes del “capitán del siglo”, la Junta española solo contaba con escasas tropas, reclutadas apresuradamente, mal armadas y mal equipadas. Víctor derrotó fácilmente a Blake, en Espinosa de los Monteros el 11 de noviembre. La división de Mouton también al ejército del marqués de Belveder en Gamonal y Burgos sufrió el saqueo el 10 de noviembre, el 23 del mismo mes, Castaños es derrotado por Lannes, en Tudela de Navarra y ese mismo día, Napoleón salió de Burgos camino de Madrid.

La cordillera del Guadarrama era franqueable por dos sitios : Somosierra, la más corta y la del Alto de los Leones, por Segovia. Envió a Lefevre por Segovia y él mismo, con 40.000 hombres, tropas de los mejorcito de Europa, llegó el 30 de noviembre a la ladera norte de Somosierra, defendida por el general San Juan, con 8.000 hombres, mal armados y equipados. El emperador en una hábil maniobra envolvente se hizo con una fácil victoria. Mientras los magníficos regimientos polacos y franceses de caballería con una carga ponderada tildada como uno de los más gloriosos episodios de las guerras napoleónicas, tres regimientos de infantería superaron las cumbres y cayeron sobre los desprevenidos soldados españoles por los flancos y la retaguardia. El camino de Madrid estaba libre.

La capital del reino, muy mal defendida fue presa fácil para las tropas de Napoleón y el 4 de diciembre, el general francés Berthier y el español Morla firmaron la capitulación y Napoleón se alojó en Chamartín,

en la quinta del duque del Infantado. Penetró en la ciudad por la puerta de Recoletos y por la calle de Alcalá, Puerta del Sol, y calle Mayor, dirigiose al Palacio Real, asombrándose de la poca curiosidad que el pueblo madrileño demostraba a su paso.

La rendición de Madrid ante Napoleón, por J.A. Gros Museo de Versalles, Paris

Mientras los grandes generales del Imperio seguían la conquista de España. El general Saint-Cyr en una marcha destacada como obra maestra, tomaba Rosas, el 3 de diciembre y acudió a reunirse con Duhesme en Barcelona y el resto de tropas españolas fueron batidas en la batalla de Llinás,

el 16 de diciembre. Mientras Castaños se retiraba a Cuenca, el general Palafox cometía el heroico error de encerrarse en Zaragoza, una gran ciudad apenas fortificada, donde se escribió una de las páginas más bella de nuestra historia.

La defensa de la iglesia de Santa Engracia en el primer sitio de Zaragoza, cuadro de L.F. Lejeune, Museo de Versalles , Paris

Moncey se presentó ante la ciudad el 20 de noviembre, pero hubo de retirarse, uniéndosele el cuerpo de Mortier, con casi 50.000 hombres al asedio de la ciudad. El 21 de diciembre se apoderaron del monte Torrero, pero les fue imposible ocupar el arrabal, debido a las importantes salidas de los defensores,

hasta que el 29 de diciembre el mariscal Junot se hizo cargo del sitio.

Agustina Saragossa y Domenech , llamada Agustina de Aragón, por Lucio Ribas, Museo del Ejército, Madrid. Esta joven nacida en Barcelona y muerta en Ceuta. Se cubrió de gloria en el primer sitio de Zaragoza, en la puerta del Portillo, al ocupar el sitio de unos artilleros muertos y disparar repetidas veces el cañón

Napoleón, en Chamartín veía con desagrado que su actuación en España, había abierto a su enemiga Inglaterra, todos los puertos de las costas a la escuadra inglesa, donde tenían nuevos puntos de ataque. Pero antes en octubre de 1808, el general inglés sir John Moore salió de Portugal con un pequeño ejército , pero muy disciplinado y ocupó Salamanca,

concibiendo el plan, muy audaz, de cortar las comunicaciones del Emperador con Francia. Napoleón reaccionó con una rapidez endiablada y en una marcha rapidísima impidió el contacto del ejercito de sir John con su escuadra  inglesa y lo derrotó en el interior.

El ejército francés cruzando la sierra de Guadarrama, Por Taunay, Museo de Versalles, Paris

El 22 de diciembre de 1808,  Napoleón atravesaba el Alto de los Leones con un ejército de 50.000 hombres en medio de una nevada impresionante. El 26 cruzó por Tordesillas el puente sobre el Duero y el 1 de enero, con 70.000 infantes, 10.000 jinetes y 200 cañones se apoderaba de Astorga. Pero Moore  que estaba a la expectativa  se había retirado por la carretera de Madrid a la Coruña, se encontraron con la vanguardia del ejército imperial, mandada por Lefevre-Desnouëttes y la envolvieron y derrotaron en la batalla de Benavente, en una hábil maniobra de la caballería inglesa y capturaron prisionero al general francés.

El Emperador preocupado por los sucesos en Europa, con el peligro de una nueva conflagración, tomó el camino de Francia, dejando a Soult la misión de perseguir a Moore, en su retorno el Emperador entró en Valladolid, donde ejecutó algunos patriotas, saliendo de allí el 17 y con su rapidez característica llegó a la frontera.

Mientras Moore apoyado por los ciudadanos de La Coruña se defendió de los ataques de Soult, hasta que llegó en su auxilio la escuadra del almirante Hope, pero para Moore ya fue demasiado tarde y pereció en la defensa de la ciudad. Sus restos mortales reposan en la ciudad en un bello monumento romántico, en homenaje a uno de los más valientes y caballerosos jefes británicos de los que combatieron en España.

Los intentos desesperados de contener a los franceses estaban dirigidos por la Junta Suprema Gubernativa del Reino, ahora con sede en Sevilla, después de salir de Madrid tras la victoria de Napoleón en Somosierra. A esta Junta le perdía la dificultad que tenía de comunicación con las otras Juntas provinciales y también la diversidad de tendencias entre sus miembros , unos con el espíritu tradicional religioso-monárquico que inspiró el movimiento y los otros con el espíritu de los ministros de Carlos III.

Así como la cuestión administrativa se condujo en una buena línea, administrando sus escasos recursos procedentes de las aportaciones de los particulares, especialmente de los compatriotas en América, y de los envíos del gobierno inglés, la cuestión militar no fue tan afortunada, cometiendo el error de no poner un jefe supremo en la defensa de Madrid y confiar las gestión a un triunvirato,

formado por los generales ; marqués de Castelar, Morla y Eguia. No dándose cuenta de que las circunstancias no eran favorables y confiando en la opinión popular, que después de Bailén nos creía poco menos que invencibles y achacando a los jefes los reveses. Castaños fue destituido después de la batalla de Tudela.

Soldados españoles en 1808, en este año los efectivos del ejército eran 7.000 oficiales ,y 130.000 suboficiales y soldados de tropa, además de 30.000 milicianos o reservistas, (3)  pronto desapareció el pequeño ejército y hubo de reclutar otro que tardó dos años en alcanzar veterania y eficacia

Ciertamente la guerra con los franceses no vino en el mejor momento para el ejército español, después de la guerra contra la República Francesa de 1793 a 1795 y tras los efímeros triunfos del general Ricardos, la moral del ejército cayó por los suelos y las improvisadas tropas revolucionarias francesas, a pesar de sus diferentes frentes de batalla, ocuparon todo el  nordeste de España hasta llegar al río Ebro. No había en 1808,  organizadores como Ensenada y Patiño, ni generales del talante de Montemar, se disponía de algunos cuerpos antiguos, con buena oficialidad de la época de Carlos III, pero los soldados procedentes de las levas  organizadas por las juntas provinciales, sin disciplina ni organización militar, pero eso sí con una virtud muy apreciable , la indiferencia ante las derrotas y su facilidad para reagrupase, tras las mismas.

Los generales imperiales acostumbrados a que después de una victoria , toda la región quedara sometida, veían con estupor que en España la cosa no funcionaba igual. Con un mérito increíble, ya que a pesar de ser batidos en innumerables ocasiones no se acobardaron nunca y en lugares como Zaragoza y Gerona, con unas

defensas tenaces y muchas veces rayando en la desesperación, inmovilizaron a grandes ejércitos y dificultando sus operaciones. Aquí en España fue donde se desarrolló con intensidad, la llamada “guerra de guerrillas”.    

Juan Martín Díaz, “El Empecinado” Museo del Ejército en Madrid, fue el primer guerrillero español ya que había peleado en la campaña del Rosellón , anterior a la guerra de la Independencia, recibió el grado de general, pero cayó en desgracia con Fernando VII por haberle pedido que restableciera la Constitución que el rey acababa de abolir. Murió en la horca en el 1825

 

Los Guerrilleros

Este tipo de guerra de pequeños grupos de paisanos , sin la dirección de militares profesionales, cuaja perfectamente con el valor anárquico, con la capacidad de resistencia y con la improvisación del pueblo español. Amparados en un terreno montañoso que junto con el de Suiza era el más montañoso de Europa y despoblado en gran parte. De aquí la gran tradición española de la guerra de guerrillas.

Viriato fue uno de los exponentes de la resistencia española contra Roma, y Francisco Espoz y Mina, Juan Martín Diez, llamado “El Empecinado“, Agustín Nebot en el Maestrazgo, así también como nobles, el marqués de Atalayuelas en Cuenca, médicos como Juan Palarea,llamado “el Médico", clérigos como el “cura Merino” y militares derrotados en campo abierto que se pasaron a esta modalidad de guerra, como Juan Diaz Porlier y Pablo Morillo, todos ellos surgieron de la desesperación del pueblo español ante la traicionera invasión francesa, al comienzo de la guerra y eran ya tantas las partidas de guerrillas que la Junta Suprema hubo de reconocerlas y reglamentar su actuación (28 de diciembre de 1808). Pero también hubieron los que con alma de bandidos se dedicaron al asesinato y al robo para lucrarse particularmente y eran temidos tanto por los franceses como por la gente del pueblo. Estos mal llamados guerrilleros fueron la preocupación del gobierno y hubieron de ser reducidos por el ejército regular español.

Los guerrilleros perfectos conocedores del terreno y contando con el apoyo del campesinado fueron vitales para cortar las comunicaciones del ejército francés, apoderándose de los convoyes y destruyendo los pequeños destacamentos de tropas. Con unas cifras reveladoras de su eficacia desde 1810 al 1814, los franceses utilizaron entre 15.000 y 60.000 soldados para combatir a Wellington y a los ejércitos regulares españoles, en esa misma etapa tuvieron que emplear entre 20.000 y 80.000 hombres contra la guerrilla.

 

Inglaterra en la guerra de la Independencia

Esta potencia rival de Napoleón se dio cuenta en seguida de las ventajas de tener abierto este nuevo frente en España, abierta a sus escuadras y apoyadas por el pueblo en armas. Los británicos en un principio se decantaban por el apoyo económico a los aliados continentales, con grandes sumas de dinero, y financiar a sus unidades especiales de auxilio a España y Portugal, antes de proceder a un reclutamiento masivo entre las capas populares del Reino Unido. Apoyados por la Royal Navy que después de Trafalgar se enseñoreo de todo el mar. Sus prioridades eran, primero Portugal, después España, para luego conseguir sus objetivos en los territorios ultramarinos hispano-lusos. Tanto el general Moore, como Lord Welligton y Beresford actuaron bajo estas directrices.

El 27 de junio de 1808 desembarcaron en Gijón los primeros contingentes de tropas , bajo el mando del mayor general sir Thomas Dyer, posteriormente las fueron dotando de contingentes más numerosos numéricamente y mejor dotados. John Hookam

Frere firmó con la Junta Suprema esta alianza el 14 de enero de 1809.

Sir Arturo Wellesley, el I Duque de Wellington, cuadro de Goya

Aquí tuvieron una influencia destacada los hermanos Wellesley, irlandeses. El mayor, Richard, marqués de Wellesley, estuvo en España desde junio a diciembre de 1809, y ejerció sobre la Junta una influencia en el orden militar, el cual tendía en unificar el mando, en un general inglés. Inglaterra en estos momentos era una gran potencia militar en el mar, pero no en tierra firme, aun asi sus tropas en España formaban un pequeño ejército, bien armado y que fue el núcleo principal de las operaciones, muy buenos oficiales y un caudillo indiscutible, el único capaz de enfrentarse al genio de Napoleón en toda Europa. Arturo Wellesley el futuro lord Wellington, aprendió el arte de la guerra en la India como coronel y a los cuarenta años fue encargado de expulsar a los franceses de Portugal. Venciendo a Junot en la batalla de Vimeiro e imponiéndole la paz de Cintra. Pero este insigne militar no fue capaz de comprender el carácter de los españoles y sufrió un amarga decepción al ponerse al mando de las tropas españolas. Él esperaba encontrarse ejércitos bien formados y halló multitudes, mal formadas y peor equipadas, sin instrucción ni disciplina.

Sus cartas rebelan esta decepción: ”Estos españoles hacen sus ejércitos con una cosa llamada entusiasmo y yo no sé que es esta cosa , pero si que este entusiasmo no produce armamento, ni vestuario , ni disciplina, nada de nada”. No llegó a darse cuenta que gracias a ese “entusiasmo”  de los españoles. incapaz de producir un

ejército regular, pero sí de poblar las serranías de cientos de guerrilleros y él, gracias a ello, pudo sostenerse con 30.000 ingleses contra los 300.000 hombres de Bonaparte. Fue amado hasta extremos de delirio por el pueblo español, que le llamaba “el Lord”.

La eficacia británica se hizo notar en 1809 a partir de la llegada de Arturo Wellesley y el general William Beresford. La recuperación de Oporto, el 12 de mayo y el éxito, junto con el ejército español, en Talavera de la Reina. Su caballería , al mando de Payne, o la infantería y sus fusileros a las órdenes de duros y experimentados generales, como Rowland Hill,  pusieron de manifiesto la dureza de las tropas británicas. La situación volvió a cambiar entre 1809 y 1810 cuando Wellington y su Gabinete en Londres decidieron retirar sus tropas hacía Portugal, dejando solos a los españoles. Las divergencias entre mandos civiles y militares y las diferentes estrategias entre los dos ejércitos  llevaron al desastre en Ocaña(*), forzaron al repliegue de Wellington a Portugal y la invasión de Andalucía por las tropas imperiales en 1810.

En ese repliegue sufrieron un duro castigo, por parte de Masséna, que después de ocupar Ciudad Rodrigo, defendida heroicamente por Andrés de Herrasti(10 de julio de 1810), entró en Portugal pero fue derrotado por el ejército anglo-portugués en Busaco, pero un hábil movimiento de Masséna obligó a sus vencedores a replegarse a  las formidables defensas lisboetas de Torres Vedras, donde ambos ejércitos

quedaron inmovilizados, hasta que los franceses se retiraron a España, mientras el ejército de Soult que se había apoderado de Badajoz, fue derrotado en Fuentes de Oñoro(3 de mayo de 1811).

Las tropas del mariscal francés Andrés Massena se retiran de Portugal , tras su derrota en las líneas fortificadas de Torres-Vedras, el 8 de marzo de 1811, grabado de la época, Biblioteca Nacional de Paris

La reanudación de las relaciones entre los británicos y los españoles se produjo a principios de 1811, aunque hubiera roces, como en la batalla de La Barrosa, donde los hispano-británicos dilapidaron una victoria sobre Víctor, debido a los enfrentamientos entre los generales Lapeña y Graham. Los británicos demostraron también su valentía en múltiples acciones, como por ejemplo, el 19 de enero de 1812 en la toma de Ciudad Rodrigo o el 6 de abril en el asalto de Badajoz, esta ciudad la más sitiada en la Guerra de la Independencia padece un cruel saqueo por parte de los aliados, al hallarse los soldados ebrios, sus oficiales son incapaces de contenerlos e incluso el mismo Wellington fue seriamente amenazado por los mismos.

Tras varios días de saqueo, terminó el 9 de abril, los bienes saqueados son puestos a la venta en un mercado, este triste episodio fue muy criticado, también en Inglaterra y es  tildado de vergonzoso,

fueron testigos presenciales del mismo los oficiales Robert Blakeney y William Grattan , así como el sargento escocés Joseph Donaldson que dieron cuenta de la barbarie de los soldados y del consentimiento de algunos mandos, los escalofriantes relatos del saqueo de Badajoz, constan en el “ Memory of a Sergeant The 43rd Light Infantry Turing the Peninsular War”  aunque las Cortes Españolas agradecerán al Vizconde de Wellington la reconquista de Badajoz, concediéndole la Gran Cruz de San Fernando. También los soldados británicos desencadenaron en España otros sucesos, menos disculpables con saqueos a la población civil española., como en el sangriento saqueo de San Sebastián del 31 de agosto.

Caballería británica en plena carga, fotograma de Waterloo

 

Zaragoza y Gerona

Zaragoza había sufrido su primer sitio del 2 de julio al 14 de agosto de 1808, terminando a consecuencia de la victoria de Bailén. Napoleón necesitaba conquistar Aragón, para que fuera posible la comunicación entre Navarra y Cataluña por donde penetraban los ejércitos imperiales. Los zaragozanos debido a la experiencia del primer sitio procuraron establecer un sistema de defensa más efectivo.

Tuvieron la ayuda al haberse refugiado en la ciudad fuertes contingentes de las tropas españolas derrotadas , pero con una oficialidad y valor comprobados, mientras los franceses de Moncey y Mortier se habían apoderado de las fortificaciones exteriores, a pesar del heroísmo de sus defensores. Palafox rechazó una propuesta de rendición y nuevamente los franceses arrecian en su sitio, que comenzó en realidad el 29 de diciembre de 1808.

Debido a las constantes salidas de los sitiados y a la acción de los guerrilleros aragoneses, se reforzó el ejército sitiador con nuevas tropas, mandadas por el mariscal Junot, duque de Abrantes y el 7 de enero de 1809 , los cañones franceses empezaron a vomitar fuego sobre las posiciones sitiadas, abriendo brechas por donde penetraban los soldados franceses , pero los defensores empeñados en taponar esas brechas a ellas  acudieron toda clase de personas del pueblo de Zaragoza. Al mando de esta plaza estaba un joven noble aragonés, José Palafox y Melci, hermano del marqués de Lazán, no era un militar muy ducho en acciones de estrategia, pero si de un valor, persuasión y obstinación personal muy notables. Ante los muros de Zaragoza iban desfilando los mejores mariscales del Imperio, como antes dos milenios antes, los enviaba Roma contra Numancia. Hubo otra vez cambio de mando el los franceses, el mariscal Lannes, duque de Montebello se hizo cargo del sitio e inmediatamente inició el asalto, el 26 de enero de 1809, precedido de un bombardeo demoledor e inmediatamente los granaderos imperiales, casa por casa y calle por calle, fueron desalojando a los sitiados de ellas, con enormes pérdidas en asaltantes y defensores.

Iniciándose una epidemia y añadiendo a ella el hambre, los defensores se vieron impotentes para contener a los franceses. El propio Palafox cayó enfermo y la Junta de la ciudad firmó una capitulación honrosa con Lannes. La ciudad había resistido un sitio de dos meses, cuarenta y dos días de bombardeo y veintitrés de combate casa por casa, habiendo sucumbido dos tercios del ejército y la mitad de la población.

Aún fue más porfiada la defensa de Gerona, en el tercero de sus sitios  que sufrió durante esta guerra, siendo de resaltar que la situación de la plaza era mucho más fuerte y contaba con magnificas defensas. La defensa tuvo un carácter más militar, pero los paisanos secundaron con entusiasmo el pequeño contingente de 6.000 hombres, mandados por un militar excepcional ; Mariano Álvarez de Castro , caballero del hábito de Santiago, dicho jefe fue para Menéndez Pelayo, una figura digna de haber sido historiada por Plutarco. Resistió desde el 5 de mayo al 10 de diciembre de 1809, a dos de los mejores mariscales de Napoleón : Saint- Cyr y Auguereau y la rendición

se debió también a el hambre y la carencia de todo lo indispensable para la defensa. La ciudad de Gerona , junto a la de Zaragoza inmovilizó ingentes contingentes de tropas en los dos sitios y dio a conocer la guerra de la Independencia  española en toda Europa.

D. Mariano Álvarez de Castro, por un autor desconocido, Museo de Historia de la ciudad. Gerona. El historial de este gran general español esta tejido de nombres como Gibraltar, Portugal, Colliure, Montjüich, pero lo que le dio la fama fue la defensa del tercer sitio de Gerona. Durante seis meses consiguió rechazar a los franceses, hasta que estos consiguieron hacerlo capitular, en condiciones honrosas. Este general fue llevado enfermo y prisionero a Figueres y al Castellet de Perpignan y regresar después a Figueres donde murió en 1810, quizás debido a los malos tratos que recibió

Mientras en la meseta se sucedían los reveses a las armas aliadas, el 13 de enero de 1809 hubo en Uclés un encuentro desgraciado. El conde de Cartaojal, con los fugitivos y con contingentes de la Mancha, formó un simulacro de ejército que fue vencido por los franceses el 27 de marzo. Y por estas mismas fechas, el general Cuesta, uno de nuestros más prestigiosos comandantes, recogía los desechos del general San Juan, batido por Napoleón en Somosierra y con refuerzos de Extremadura y Andalucía reunió una fuerza importante , que se enfrentó a Víctor en la batalla de Medellín y sufrió una grave derrota. Mientras el plan de Napoleón de invadir Portugal por el ejército de Soult desde Galicia y por Víctor, por el Tajo, no pudo realizarse por fracaso del mismo Soult y Ney en Galicia.

Y Víctor no pudo pasar la frontera debido a los continuos ataques de Cuesta, siempre vencido y siempre rehecho y la labor de las guerrillas que hacían imposible la comunicación entre ambos ejércitos.

Sir Arturo Wellesley creyó llegado el momento de marchar sobre Madrid y con su ejército de ingleses, apoyados por los portugueses y los animosos y mal organizados hombres de Cuesta, remontó el Tajo y se situó en los alrededores de Talavera de la Reina y allí acudió José Bonaparte con el ejército del Centro y el 27 de julio de 1809 fue vencido por el general inglés, con su habitual pericia y la capacidad de resistencia de los hispanos en una posición. 

Mientras en Wagram, el Emperador había obtenido una victoria decisiva sobre el emperador de Alemania, tras la cual se firmó el tratado de Viena en octubre de 1809. En aquel momento  era dueño de los destinos de Europa.     

El general Juan Carlos de Areizaga, militar valiente e inteligente, pero como siempre dotado de unas  tropas reclutadas a toda prisa,  mal equipadas y apenas instruidas se enfrentó en Ocaña(*) el 19 de noviembre  de 1809 a los mejores generales imperiales y el ejército español fue deshecho. Mientras José , el llamado rey de España, inició una expedición en Andalucía de donde salió triunfante, de enero a abril de 1810. Su detención excesiva en Sevilla dio tiempo al marqués de Alburquerque para llevar, a marchas forzadas a su división a la isla de León, y guarnecer la ciudad de Cádiz, que fue inexpugnable contando con la ayuda de la escuadra inglesa(febrero de 1810)., siendo un refugio seguro para la Junta Central que hubo de abandonar Sevilla a las huestes de José I. Siendo esta hazaña de Alburquerque la que hizo posible que en una España casi totalmente ocupada, hubiera un gobierno que aunase los esfuerzos de las tropas regulares y los guerrilleros.

La ya comentada victoria en Ocaña fue la llave para que José I, abriera  la puerta de Andalucía,  mientras la retirada a la isla de León de la Junta Central provocó en España un desconcierto que hizo resucitó el particularismo y resurgieron las juntas locales. La Junta Central proyectó el establecimiento de una regencia que unificase y prestigiase el poder.

El 29 de enero de 1810 se estableció una regencia de cinco personas y también la convocatoria de Cortes y elección de diputados, estando la primera regencia formada por el obispo de Orense Pedro de Quevedo, el general Castaños, Francisco Saavedra, el marino Antonio Escaño y Miguel de Lardizabal. Y mientras en toda España se luchaba contra Napoleón, en Cádiz,

el septiembre de 1810, la regencia y los diputados juraron en esta ciudad la soberanía nacional, prometiendo fidelidad a la Constitución que emanase de las Cortes.  

Detalle del monumento a las Cortes de Cádiz , 1812

Mientras los franceses habían ocupado todo el Levante español (Tortosa, 1810, Tarragona, 28 de junio del mismo año, Valencia, 9 de enero de 1812) , pero la fortuna ya le daba la espalda a Napoleón en Europa y hubo de retirar sus mejores hombres para la campaña de Rusia y esto lo aprovechó lord Wellington para adentrarse en el interior de España, mientras Marmont se vio obligado a abandonar Salamanca,  el 22 de julio de 1812 se dio en los  Arapiles, cerca de la misma ciudad, una batalla que fue una gran victoria para los aliados y el 12 de agosto de ese mismo año, los ingleses, españoles, portugueses junto con los guerrilleros de “el Empecinado” entraron triunfalmente en Madrid. Con estas perspectivas el ejército de Soult acudió en ayuda de José I, abandonando el sitio de Cádiz y Wellington, muy prudente, regresó a Portugal y las Cortes en una sabía decisión, decidieron unificar el mando, nombrándole generalísimo de los ejércitos aliados el 22 de septiembre.

Durante el año 1813 y debido al desastre de Rusia y al levantamiento de Alemania, el ejercito francés quedó a la defensiva, batiéndose en retirada ante los aliados, mandados por su gran caudillo ,  el Duque de Wellington, haciendo abandonar Madrid al “rey intruso” seguido por una legión de afrancesados y de un interminable convoy con un fabuloso botín procedente de los saqueos de las iglesias y palacios. El 16 de junio estableció su cuartel general, en Miranda de Ebro, en su vano intento de contener a los aliados .El 21 de junio de 1813, se dio la batalla definitiva en la llanura delante de Vitoria con una total derrota del ejército francés, que ante la posibilidad de ver cortadas sus comunicaciones, se batieron en retirada, abandonando su artillería y la mayor parte de su cuantioso y embarazoso botín, principal causante de la derrota. El gobierno británico elevó a Wellington  a la categoría de feldmariscal y las Cortes de Cádiz hicieron caer sobre él,

honores y riquezas. Fernando VII, le nombró Duque de Ciudad Rodrigo con  Grandeza de España y Capitán General de los Reales Ejércitos Españoles.

Heroica defensa del castillo de Burgos por las tropas francesas en octubre de 1812, Por Heim, Museo de Versalles, Paris. Las tropas imperiales se vieron obligadas a retirarse a Burgos, ciudad que estuvo en su poder durante toda la guerra. Ahora se cambiaron las tornas y los españoles fueron los sitiadores y los franceses los sitiados. Estos también dieron muestra de su heroísmo, como anteriormente Zaragoza y Gerona y lograron rechazar a los sitiadores

Pero los franceses aún ocupaban posiciones fuertes en la Península, en el norte, San Sebastián y Pamplona y casi todos los reinos de Aragón , pero ya su espíritu era de derrota eran ya incapaces de contener a los aliados. Los franceses, ahora bajo el mando de Soult, nombrado lugarteniente general por Napoleón el 1 de junio de 1813, habían de convertirse de sitiadores en sitiados en las plazas fuertes que aún poseían. Resistieron con valor en San Sebastián, después de una largo asedio y una heroica defensa, se rindió en septiembre de 1813. El 31 de octubre caía Pamplona, y en noviembre, Wellington y su ejército penetraban en Francia.

En el verano de 1813, Soult había sugerido al Emperador entronizar a Fernando VII y casarlo con una princesa de la casa imperial, esta idea que  en 1808 habría evitado una guerra cruenta, pero tras cinco largos años de conflicto, el pueblo español no hubiera aceptado la alianza con Francia, aunque fuera de la mano de Fernando VII. Y con el ejército inglés dueño de la situación esto hubiera sido imposible. 

Fernando VII de España llamado “el deseado” con uniforme militar , por Goya Museo del Prado, Madrid

Habiendo perdido lo mejor de su ejército en Leipzig, Napoleón envió desde Saint-Cloud al conde de Laforest, hábil diplomático, el 12 de noviembre al castillo de Valençay, para sondear al real prisionero Fernando VII para reconocerlo como rey de España y garantizando la integridad del territorio español. Volviendo a España cuando las Cortes de Cádiz hubieran ratificado el tratado y las tropas francesas  abandonarían España, cuando lo hicieran los ingleses.

Al fin, la noche de 10 al 11 de diciembre de 1813,

el duque de San Carlos y el conde de Laforest firmaban el tratado de Valençay, comprometiéndose el rey, a cambio de su libertad, a reintegrar en sus puestos y honores a los que habían servido a José I, a pagar a los reyes padres una pensión y celebrar con Francia un tratado de comercio, y en ese mismo momento, Fernando VII era libre y rey de España. El día 22 de marzo entraba en España por el Pirineo catalán , y aún cuando quedaban en España numerosos contingentes de tropas francesas la guerra de la Independencia había terminado.     

 

(La tumba de Napoleón bajo la cúpula de los Inválidos, Paris)

 

 

 

Autor: Leones2233

 
 

Notas

(1 y 2) Tanto de la batalla de Abukir, como de la de Copenhague, hay una descripción más detallada en mi trabajo sobre Horacio Nelson.

(3) La infantería española estaba compuesta de 35 regimientos de línea, 3 batallones y cuatro compañías , una de las cuales de granaderos, entre ellos había tres regimientos irlandeses, dos napolitanos, seis suizos y cuatro regimientos franceses(Regimiento de Infantería de Línea Borbón, Royal  Roussillón, Royal Provence y la Legión de la Reina)sumando unos 32.000 soldados extranjeros. La infantería ligera estaba dotada de doce batallones de seis compañías de 200 hombres y 12 regimientos de caballería y cuarenta y tres batallones de milicias de 600 hombres cada uno, cuatro regimientos provinciales de granaderos y los regimientos de la Guardia Real y la Guardia Valona. La caballería nuestra mayor fuerza la componían la caballería ligera (Cazadores y Húsares), al empezar la guerra España contaba con dos regimientos de húsares; El de María Luisa y el de los Húsares españoles.

El ejército expedicionario británico contaba con 74 regimientos ingleses de los cuales 21 eran de caballería y el resto de infantería en línea o ligera en total más de 150.000 hombres en la guerra. Durante esta campaña estuvieron presentes 51 regimientos de infantería en línea y 3 de la Guardia Real, entre ellos dos de sus unidades  elitistas ; el 95 reg. de Rifles ”Royal Hamilton” y el 50 Batallón del 60º Regimiento de la Guardia Real. También la King´s German Legión compuesta por 5 reg. de caballería y 6 reg. de infantería  en total  22.000 hombres del reino de Hannover. Oëls Jágers de Brünswich, Húsares con sus uniformes negros y los Chasseurs Britaniques, soldados franceses emigrados a Inglaterra. Su caballería, sin lanceros ni coraceros, pero autentica caballería pesada, sus Húsares eran llamados Dragones verdes, por el color de su uniforme, su armas eran el sable pesado francés, interviniendo en España 6 reg. de Dragones, 3 de la Guardia, 4 reg. de Húsares y 8 de Dragones ligeros.

El ejército napoleónico tendió a aumentar sus fuerzas en España, pasando de los 400.000 hombres en el periodo del Consulado, a unos 500.000 en 1808 y a 1.200.000 hombres en 181. Siendo una novedad las modificaciones establecidas por Napoleón con la creación de la división, aunque esta fue establecida en 1760 por el mariscal Broglie, Napoleón le dio un toque personal, ya que estas estaban compuestas de infantería, caballería y artillería y podían constituir un pequeño ejército con total libertad de acción y autonomía. También creó , en 1803 los cuerpos de ejército compuestos por un mínimo de dos divisiones y un máximo de cuatro. Cada división tenía 30 piezas de artillería y en 1807, la Grandee Armeé disponía de 300 piezas de artillería y 1.500 en 1813. Su infantería disponía de zapadores, granaderos, cazadores, carabineros, legiones de frontera y legiones de costa. La caballería de los ejércitos imperiales disponía de 75.000 hombres divididos en 78 regimientos. En 1803, Napoleón creó 12 regimientos de coraceros, la flor y nata de su caballería. En España combatieron 70 regimientos, de cuatro batallones y uno en depósito o reserva, incluyendo una compañía de granaderos y otra de “Voltigeurs”, unidades de élite. Combatieron también aquí los Cazadores de Montaña, Guardia Nacional, Gendarmes, Guardia de Paris, Fusileros y Compañías centrales, Granaderos Imperiales, Caballería de Línea(Coraceros y Lanceros) Caballería ligera (Húsares y Cazadores a caballo), Contraguerrilla (unidades reclutadas en España), Artillería pesada de sitio y ligera  de campaña, Zapadores extranjeros (alemanes, italianos, polacos y holandeses) e Infantería de Línea. La mayoría eran tropas bisoñas, pero luego llegarían los Dragones Húsares, La caballería de Lanceros del Vístula, y los Granaderos Imperiales. También combatieron a su lado, suecos, daneses, prisioneros rusos, austriacos, prusianos, soldados irlandeses y los suizos del príncipe de Neuchentel e Isembourg. José I creó regimientos de caballería integrada por voluntarios españoles, el de Granaderos de la Guardia Real, otro de Húsares, un Regimiento de Mosqueteros, y la Gendarmería de la Guardia, milicias urbanas, migueletes o escopeteros, entre ellos.  

Datos numéricos  de ; Los ejércitos enfrentados durante la guerra, por David Odalric de Caixal y Mata, Historiador ; La Real Hermandad de Veteranos de las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil,

 

 

Bibliografía


Napoleón Bonaparte, grandes biografías. Por Juan Van den Eynde, Periodista. Ediciones Rueda.

Napoleón, Grandes biografías por André Maurois, Planeta Agostini.

La coronación de Napoleón, por R. Bladé, Periodista, Historia y Vida, Barcelona

La vida privada de Napoleón, por Octave Aubry, Madrid, 1995.

Grandes Batallas, conflictos decisivos que han conformado la Historia, Parragon Books Ltda.  

La revolución francesa y el imperio napoleónico, por Claude Mazaric, Université de la Haute Normandie, Ruán , Historia Universal, Salvat editores 1980.

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La lucha entre genoveses y corsos duró 40 años(1729 al 1768) y de hecho Génova perdió su independencia menos de treinta años después de perder la isla. Génova no permitió nunca a los corsos su ciudadania y mientras Europa era floreciente , la isla entraba en depresión. Británicos y Austriacos también mostraron interés en la isla, hasta que el 15 de mayo de 1768, en el Tratado de Versalles, se forzó a Génova a vender la isla a Francia.

 

     Los corsos tomaron las armas para defender su isla contra los franceses, hasta que fueron derrotados el 9 de mayo de 1769, en la batalla de Ponte Nouvo. Pasquale Paoli, su líder, abandonó la isla, con destino a la Gran Bretaña, siendo recibido por el rey, con todos los honores. Mientras tanto, dejó en la isla para organizar la resistencia a su secretario, Carlo Maria Bounaparte, padre de nuestro héroe, que acabó reconociendo el poderío militar francés y se alió finalmente con  Francia.